EL HIJO DEL AUTOR DEL INFORME RATTENBACH CELEBRO LA DECISION DE LA PRESIDENTA
“Es una alegría que se haga público”
Augusto Rattenbach señaló que “esto era un reclamo que yo había hecho varias veces”. Ex combatientes también destacaron el anuncio.
Del documento se desprende que “el país no estaba preparado para una guerra”, dijo Rattenbach.
Augusto Benjamín Rattenbach, hijo del teniente general que presidió la comisión investigadora sobre la actuación de las Fuerzas Armadas en la guerra de Malvinas, expresó ayer su satisfacción por la decisión oficial de hacer público el Informe Rattenbach y recordó que él mismo formuló “varias veces” el reclamo. “Fue una gran alegría escuchar a la Presidenta ordenar que se haga público el documento cuya elaboración presidió mi padre”, dijo el coronel retirado, de 84 años. El anuncio de Cristina Fernández también fue celebrado por ex combatientes.
La Comisión de Análisis y Evaluación de Responsabilidades por el Conflicto del Atlántico Sur creada por el dictador Leopoldo Galtieri concluyó su informe en septiembre de 1983. Su presidente, teniente general Benjamín Rattenbach, “opinaba que la Junta Militar tenía la obligación histórica y moral de dar una inmediata explicación sobre lo actuado en Malvinas”, por lo que “al promediar la tarea elevó un borrador con un proyecto de comunicado al país, destacando las implicancias históricas y militares de la campaña de Malvinas”, que “ni siquiera fue formalmente contestado”, escribió Ra-ttenbach (hijo) hace un lustro. El motivo: “Las conclusiones apuntaban a responsabilizar directamente a funcionarios civiles y militares que todavía estaban en funciones”.
En 2007, Rattenbach reveló que antes de morir, en 1984, su padre descubrió que el informe que había trascendido parcialmente en el semanario Siete Días había sido adulterado para aliviar los cargos contra el represor Alfredo Astiz, entonces impune. El dato derivó en un proyecto de ley de los diputados radicales Federico Storani y Pedro Azcoiti para que el informe se publicara y difundiera de forma gratuita en regimientos, escuelas y bibliotecas, propuesta que terminó sus días archivada en las comisiones de Presupuesto y Defensa de la Cámara. El mismo año, el coronel Rattenbach dedicó un artículo al “contenido divulgado y al que se trató de ocultar” en los cuadernos Argentina Reciente. El informe siguió oficialmente bajo llave en el Edificio Libertador.
La decisión de la Presidenta, anunciada anteayer, fue bien recibida por el coronel Rattenbach. “Esto era un reclamo que yo había hecho varias veces, porque prácticamente al informe lo habían hecho desaparecer, entonces no servía para nada como testimonio del país”, explicó. El coronel, fundador en los ’80 del Centro de Militares para la Democracia (Cemida), recordó que el deseo de su padre fue “darles a los argentinos una explicación sobre la guerra de Malvinas”, pero chocó con la decisión de la dictadura en retirada. “Nosotros lo hicimos y lo escondimos, ellos (los británicos) lo hicieron y lo dieron a conocer a todo el mundo seis meses después de finalizada la guerra en Malvinas”, contrastó la actitud de Galtieri con la del gobierno del Reino Unido, que incluso elogió la actitud de las tropas argentinas. “El objetivo del informe fue evaluar la responsabilidad de los militares que dirigieron la operación sobre las islas Malvinas, pero también de todos los que integraban el Estado nacional, como la Cancillería y el Ministerio de Economía”, precisó ayer Rattenbach, y recordó que “no cayó bien entre los militares”. Del informe se desprende que “el país claramente no estaba preparado para una guerra”, coincidió con las declaraciones de la Presidenta.
Los ex combatientes reunidos en el Cecim de La Plata, en tanto, destacaron la decisión de CFK de desclasificar el documento. “Compartimos las declaraciones de la Presidenta cuando señaló que ‘la historia demuestra que aquello no fue la decisión del pueblo argentino, sino una decisión de una junta desesperada por tapar una realidad’”, afirmaron mediante un comunicado. Y recordaron que el informe fue publicado en 1988 por el Cecim, “lo que desencadenó un gran malestar entre las Fuerzas Armadas que pugnaban por mantener en secreto todo lo actuado en 1982”.
OPINION
La batalla del conocimiento
Por Juan Recce *
Argentina fue muy hábil en conseguir, por primera vez en la historia, una posición sin dualidades de parte de los países de Sudamérica. Ha sido un revés para el Reino Unido, políticamente muy trascendente y que reivindica el poder de David frente a Goliat. Argentina ha logrado comunicar adecuadamente a los países de la Unasur que tenemos un destino colectivo cuyos réditos prometen ser muy superiores a los que el Reino Unido puede ofrecer en el corto plazo. Sudamérica ha comprendido que Malvinas y Antártida como un único vector estratégico regional reviste la misma importancia para nuestro futuro que el litio del Salar de Oyuni para Bolivia, que la cuenca petrolera del Orinoco para Venezuela o la de Santos para Brasil. Renunciar a nuestro patrimonio de genomas, biodiversidad y riquezas minerales sería tan crítico para nuestro futuro como lo hubiese sido renunciar a nuestra Pampa Húmeda a mediados del siglo XIX. Imaginemos qué sería hoy de nuestro modelo de desarrollo si hubiésemos errado en aquella apuesta.
El revés diplomático ha desestabilizado las esferas de influencia del Reino Unido. De allí la furia británica. La restricción de ingreso de barcos con la bandera isleña es una acción espejo al blindaje jurídico que el Reino Unido realizó a través de la inclusión de Malvinas en los territorios europeos de ultramar. La legitimidad y el aval de un colectivo regional contra otro equivalente.
Los países hermanos de la región hicieron una apuesta a futuro sorteando costos en el presente. Hay que ser justos, no es fácil lograr esa congruencia cuando la interdependencia es densa y compleja y Goliat presiona. Los países hermanos de Sudamérica, presos de los condicionamientos de la historia, tuvieron durante mucho tiempo una posición incongruente entre la declamación y la acción. Por ello, hoy, su adhesión discursiva y material a nuestra causa ha sido doblemente noble y audaz. Estamos llamados a ocupar regionalmente un lugar importante en el moldeado de un vecindario global posoccidental. Todos coincidimos en que el Reino Unido, al igual que cualquier otro poder colonial, poco tiene que hacer en estas latitudes en que emerge una identidad estratégica común. Necesitamos romper el discurso británico. Malvinas y la Antártida son para el Reino Unido parte de un único sistema estratégico de poder, cuyos márgenes se amplían con sus territorios de ultramar ubicados en el centro del Atlántico Sur. Las islas de Ascensión, Tristán de Acuña, Georgias y Sandwich del Sur le confieren el control logístico del camino de Occidente a la Antártida. Aunque los británicos se esfuercen por decir que Malvinas y la Antártida son temas distintos, su punto de proyección logístico es Puerto Argentino.
Los kelpers no son un pueblo, son una comunidad trasplantada que, desde el punto de vista demográfico, geocultural e histórico, no reviste tal categoría jurídica. Malvinas es una pyme de escala insular con un régimen endogámico político-capitalista difícil de explicar. La restricción de ingreso de barcos con bandera isleña no afectará sustancialmente el PBI isleño. El bloqueo aquí no es económico, es logístico-defensivo, que es muy distinto. El verdadero bloqueo sería realmente económico si la comunidad internacional declarase finalmente a Malvinas paraíso fiscal. Mientras esto no suceda, la sustentabilidad y el desarrollo isleños están asegurados.
Los kelpers no son el punto en cuestión. A través del sistema Argos, el Reino Unido monitorea temperaturas, salinidad y corrientes submarinas de todo el mar antártico. A través del British Antartic Survey estudia y nomencla riquezas imperceptibles. Antes se hablaba del krill como el alimento del futuro, hoy es importante pero no tanto. La carrera es por el patentamiento de la diversidad biológica para fines farmacéuticos, es por el control de los recursos mineros sumergidos en la plataforma continental y obviamente por el control de los recursos hidrocarburíferos de los subsuelos.
Cuando las motivaciones suelen ser tan elevadas, el mensaje es tan “superliminal” que a veces corre el riesgo de volverse estéril y ser percibido como estático o de baja relevancia. Esto suele suceder con Malvinas. Al tema Malvinas hay que comprenderlo con múltiples lupas convergentes: el cambio climático, la biodiversidad de aplicación farmacéutica y la transformación de la matriz energética global. Estamos frente a un TEG de altísimo nivel.
Nuestra avanzada debe ser el Conicet. A diferencia de 1982, la batalla se da en el campo del conocimiento y la carrera no es armamentista, sino científica. Las victorias son patentes y descubrimientos, no enclaves territoriales. Debemos ocupar el Atlántico Sur con conocimiento, sólo así ganaremos profundidad estratégica, condición sine qua non para una Argentina próspera en las próximas dos generaciones. La economía real es una economía de conocimiento que amplía los horizontes de las “cosas” conocidas para su gerenciamiento a través de su posesión real. Nuestra economía real del futuro, no la inmediata, sino la de los próximos 30, 40 y 50 años está intrínsecamente vinculada a nuestra identidad sur. Pensar una Argentina potencia media, es decir, un país habitado por una clase media popular próspera y económicamente autosustentable es un sueño inseparable de la cuestión Malvinas y la cuestión antártica.
* Director ejecutivo del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI).
Fuente:Pagina12

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