Fuerte impacto positivo de la gestión de cristina
Privatizarán los puertos brasileños
El Senado brasileño aprobó una nueva normativa para la privatización de sus puertos marinos. La propuesta del gobierno de Dilma Rousseff para la gestión y concesión portuaria pueden generar inversiones de unos 25.000 millones de dólares en los próximos años. La iniciativa fue volcada en lo que en Brasil se conoce como "medida provisional", un decreto temporal dictado por la presidenta que si no era aprobado en las Cámaras habría caducado ayer, 120 días después de su publicación.

La votación en el Senado, que le da fuerza de ley, se realizó inmediatamente después de que concluyó un maratoniano debate en la Cámara de Diputados, que la oposición logró postergar durante más de 48 horas mediante diversos artilugios legales.
Los senadores de la oposición protestaron con vehemencia porque sólo contaron con unas pocas horas para analizar las modificaciones hechas al decreto en la Cámara de Diputados y hasta solicitaron al Tribunal Supremo que impidiera la sesión.
No obstante, la votación, en la que el oficialismo impuso su clara mayoría, comenzó sin que la corte llegara a pronunciarse sobre el asunto y la propuesta fue aprobada por 57 senadores, contra sólo siete que la rechazaron y cinco que se abstuvieron.
Uno de los principales aspectos del decreto es que abre puertas a la inversión privada en los puertos públicos, que hasta ahora era objeto de severas restricciones.
Según las normas planteadas por el Gobierno, las concesiones de las operaciones portuarias para los inversores privados pasarán a ser por tiempo indeterminado, siempre bajo supervisión del Estado, lo cual altera la actual regla, que las limita a 25 años.
La propuesta contó con un pleno respaldo del sector privado, que identificó en ella nuevos alicientes para la inversión, pero ha sido rechazada por algunos gobiernos regionales, que temen perder poder sobre operaciones portuarias que les generan fuertes ingresos.
Según los empresarios, los puertos del país están obsoletos, no cuentan con las infraestructuras necesarias para atender el volumen de comercio del país y tienen elevados costes, todo lo cual conspira contra la competitividad de las exportaciones brasileñas.
La propuesta del Gobierno dividió a los sindicatos y mientras algunos afines al Gobierno la respaldaron, otros la rechazaron y hasta convocaron huelgas que paralizaron durante los dos últimos días algunos puertos del país, como el de la ciudad de Santos.
Fuente:TiempoArgentino
VIERNES, 17 DE MAYO DE 2013
Uso de Internet se extiende entre las clases menos favorecidas de Brasil, dice el gobierno
XINHUA
El uso de Internet se ha extendido a una buena parte de las clases medias y bajas de Brasil en los últimos años, y su número de usuarios aumentó de manera significativa desde 2005, aseguró el gobierno.
Así, mientras que la población de 10 años o más aumentó un 9,7 por ciento de 2005 a 2011, el número de usuarios de Internet aumentó un 143,8 por ciento hasta los 77,7 millones de personas en el período, y el número de propietarios de teléfonos celulares aumentó un 107,2 por ciento, divulgó el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
El acceso a Internet se incrementó en todos los grupos de población, sobre todo entre los más pobres, apuntó el IBGE. Entre la población con ingresos de hasta un salario mínimo, el acceso a Internet aumentó del 3,8 al 21,4 por ciento desde 2005 a 2011.
Entre los que tienen un ingreso de un cuarto a un salario mínimo medio, el acceso a Internet alcanzó el 30 por ciento en 2011, y entre los que tienen un ingreso de la mitad de un salario mínimo, que alcanzó el 39 por ciento. Según el IBGE, el acceso a Internet aumenta junto con el ingreso.
Además, el acceso a Internet aumentó tanto entre la proporción de la población con poca instrucción del 2,5 al 11,8 por ciento entre los que tienen hasta cuatro años de escolaridad, y graduados de la universidad, del 76,1 a 90,2 por ciento entre las personas con 15 años o más de estudio.
En las regiones del norte y el noreste del país, las más pobres, el acceso a Internet no llegaba a una décima parte de la población en 2005, y pasó a ser accesible para tercio de la población de las regiones en 2011. Los mayores porcentajes de usuarios de Internet se encuentran entre los adolescentes de entre 15-17 años (74,1 por ciento) y 18-19 años (71,8 por ciento).
El número de brasileños que tienen teléfonos celulares para uso personal llegó a los 115,4 millones en 2011, frente a los 55,7 millones en 2005.
Una vez más, el aumento fue más significativo en las regiones del noreste y el norte, con un 174,3 y 166,7 por ciento, respectivamente, dijo el IBGE.
El porcentaje de brasileños que tienen teléfonos celulares es más alto en la franja entre 30 y 34 años de edad, alcanzando el 83,2 por ciento.
La posesión de teléfonos celulares también aumenta con la escolaridad, al pasar del 36,6 por ciento entre las personas con menos de un año de la educación formal y el 94,7 por ciento entre los graduados universitarios.
Al igual que con el acceso a Internet, el porcentaje de propietarios de teléfonos móviles aumentó con el salario, con el 89,8 por ciento de la población con ingresos de entre tres y cinco salarios mínimos que tienen teléfonos celulares para su uso personal. Actualmente,
Brasil tiene 264 millones de líneas móviles activas, entre teléfonos celulares y módems.
Las ventas de teléfonos inteligentes en el país aumentaron significativamente en los últimos dos años, y de acuerdo con el gobierno, hay 65 millones de smartphones activos en el país.
Fuente:Argenpress
“CUALQUIER SEMEJANZA NO ES CASUALIDAD, ES CAUSALIDAD”
Por Nicolás Lantos
Cristina Kirchner y Lula aprovecharon la fundación de una universidad para resaltar la comunión de sus proyectos políticos y la fortaleza de la relación entre Argentina y Brasil. “Somos como Lula y como Dilma, afortunadamente”, resumió la Presidenta.
CFK Y EL EX PRESIDENTE DE BRASIL HABLARON DE LOS MEDIOS Y DESTACARON SUS COINCIDENCIAS
“Hemos derribado el mito de la rivalidad”
La Presidenta y Lula da Silva reivindicaron el proceso de integración regional y coincidieron en cuestionar el rol conservador de los grandes medios de comunicación. También destacaron la educación como factor de justicia social.
Por Nicolás Lantos
“Cuando uno los critica, (los medios) dicen que los estamos atacando. Pero cuando los medios nos atacan, dicen que es democracia”, dijo Lula.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ex mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva coincidieron ayer en criticar el rol de los medios de prensa como un factor de poder conservador en el proceso que se vive en Sudamérica desde hace una década. “Es increíble: cuando uno los critica, dicen que los estamos atacando. Pero cuando los medios nos atacan, dicen que es democracia. Eso no puede ser”, aseguró el dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), mientras que la jefa de Estado insistió: “Podrán tener diez mil titulares y editar 25 mil frases, pero nunca podrán borrar la vivencia de los argentinos sobre lo que pasó esta década”. Los dos compartieron el acto por la inauguración de la Universidad Metropolitana por la Educación y el Trabajo (UMET), donde también reivindicaron el proceso de integración regional que, en palabras de Lula, “está en el mejor momento que nunca”.
Durante la ceremonia, el tema excluyente fue la importancia de hacer llegar la educación a toda la población como herramienta para reducir la desigualdad, pero terminó derivando, una y otra vez, en el rol de los sectores conservadores y de los grandes conglomerados comunicacionales a la hora de oponerse a esos avances. En ese sentido, el brasileño destacó que “dar una oportunidad a los que nunca tuvieron oportunidades” es la única forma de empoderarse ante los embates de quienes históricamente ejercieron la toma de decisiones.
“Ampliar y multiplicar derechos otorga una legitimidad extraordinaria a cualquier gobierno”, porque “cuando se construye justicia social, pueden venir todos los diarios y los canales de televisión a decir lo contrario, pero la gente no se olvida” de los beneficios a los que accedió, aseguró el ex mandatario. “Venga quien venga después, nadie podrá negar el apoyo que dio el gobierno de los Kirchner a los pobres”, agregó, antes de comparar el proceso que encabezó y que ahora lleva adelante la presidenta Dilma Rousseff con los ciclos peronistas en la Argentina: “Los sectores conservadores de Brasil no entienden lo que pasó en esta década. Como no entienden lo que pasó acá en los años ’40 y lo que pasa ahora”, concluyó.
“Vos no te imaginás las cosas que dijeron del gobierno peronista, no sabés las cosas que dijeron de Eva y de Perón”, replicó CFK. “Pero no pudieron con ellos porque habían ampliado derechos. Ahora podrán tener diez mil titulares y editar 25 mil frases, pero nunca podrán borrar la vivencia de cada argentino de lo que pasó en esta década, los derechos, las obras, las escuelas, los millones de trabajadores que hoy tienen trabajo.” La Presidenta también se permitió una ironía: “Cada vez que nos quieren criticar nos dicen que no somos como Brasil. Pero la verdad es que por suerte sí somos. Somos como Lula, somos como Dilma”, celebró, levantando aplausos en la platea.
“Que cada uno elija”
CFK y Lula también coincidieron en hacer énfasis en la importancia de la educación como factor clave para la inclusión y la justicia social. “Algunos hablan de gobiernos populistas, yo prefiero decirles gobiernos que creen en la igualdad de oportunidades para que cada uno pueda elegir qué vida quiere tener”, señaló Fernández de Kirchner. Lula, por su parte, enumeró los ejes que sostienen una política inclusiva en este sentido: acceso de más jóvenes a la educación universitaria, valorización del trabajo docente, reducción de la brecha digital y una mayor interrelación entre el sistema educativo y el sistema productivo.
“No hacemos milagros, no hay milagros en política. La educación cumple una función fundamental en la tarea de hacer más justa a la sociedad –agregó Lula–. En Brasil luchamos contra todos los monopolios y eso incluye también al monopolio de la educación” por parte de las clases más altas, agregó, porque “eso no es otra cosa que el monopolio del poder”. En ese sentido, destacó la importancia de “beneficiar a todos, pero especialmente a aquellos a los que la educación les fue históricamente negada”.
La Presidenta marcó un contrapunto al recordar que en la Argentina “después del 2001 la clase media estuvo al borde de la extinción” y gran parte de la tarea acometida por el kirchnerismo en esta década pasó por recuperar ese sector, que siempre fue muy fuerte en este país, a diferencia de lo que sucedía en Brasil, donde las desigualdades eran más notorias. “Quiero recordarles a las clases medias que golpeaban con martillos las puertas de los bancos que, aunque a veces se olviden, fue este gobierno el que les devolvió los ahorros”, concluyó la Presidenta, destacando que “éste fue el gobierno en el que los trabajadores, los sindicatos y los organismos de derechos humanos volvieron a entrar en la Casa Rosada”.
Por último, ambos coincidieron en la necesidad de seguir alentando la integración regional que comenzaron, hace ya una década, Lula, Néstor Kirchner y Hugo Chávez. “Hemos derribado el mito de la rivalidad brasileño-argentina que impedía que creciéramos juntos y servía a intereses que estaban en contra de los nuestros. Los poderosos necesitan la división para seguir siendo poderosos, y ustedes quebraron esa pretendida desunión”, sostuvo Fernández de Kirchner. El brasileño, por su parte, remató: “Tenemos el derecho y la obligación de luchar por un mundo más justo. Será más justo cuando los derechos no sean patrimonio de aquellos que tengan dinero para comprarlos”.
LULA Y LOS CRITICOS AL KIRCHNERISMO
“Deberían recordar”Por Nicolás Lantos
Imagen: Pablo Piovano
- Críticas: Aunque ambos mandatarios criticaron durante el acto el rol de los medios de comunicación como cabeza de la ofensiva conservadora en la región, durante un encuentro que Lula mantuvo con unos cincuenta dirigentes argentinos antes de la ceremonia oficial, el brasileño fue todavía más duro, acusando a estos canales de “fomentar la antipolítica”, algo que, advirtió, puede resultar peligroso. “Los que critican a Néstor y a Cristina, antes de criticar deberían recordar qué había antes de eso. No hay salida sin la política. A mí me causa miedo cuando veo a algunos medios de prensa crear una imagen negativa de los partidos políticos, de los sindicatos. Eso es peligroso. Puede no gustarte cómo gobierna Dilma, puede no gustarte cómo gobierna Cristina, okey. Pero hacé política”, fue lo que sostuvo el ex mandatario al final del encuentro. También sostuvo que los procesos políticos que se dan en Sudamérica “son resultado de la madurez política de los pueblos, por eso no se puede fallar, porque fallar sería lo peor que podría pasarles a los pueblos sudamericanos”.
- Fútbol: Antes de comenzar su discurso, Lula hizo un breve comentario del partido en que el equipo del que es hincha fanático, el Corinthians, resultó eliminado de la Copa Libertadores ante Boca, quejándose del arbitraje que los perjudicó. CFK recogió el guante y le advirtió: “Tuviste suerte de que yo no soy futbolera, si hubiera estado Néstor te hubiera gastado todo el día, aunque él no era de Boca, era de Racing, te hubiera gastado igual”.
- Show: El auditorio donde se llevó a cabo el acto era tan pequeño que algunas figuras importantes tuvieron que permanecer de pie (como el intendente de Quilmes, Francisco “Barba” Gutiérrez) mientras que otras, cuyas identidades no serán delatadas, directamente abandonaron el lugar antes de que concluyera la ceremonia. Afuera, en la calle, mientras tanto, un millar de militantes resistía el frío para seguir por pantalla gigante los discursos. Para amenizar la espera, se organizó sobre la fachada del edificio un show de música, luces y acrobacia.
- Presencias: Uno de los datos llamativos del acto fue la cantidad de presencias sobre el escenario. Estuvo casi todo el gabinete nacional, junto a representantes de organismos de derechos humanos como la titular de Abuelas, Estela Carlotto. Del campo gremial se destacaban el secretario general de la CGT, Antonio Caló; junto al de la CTA, Hugo Yasky, además del estatal Andrés Rodríguez, el taxista Omar Viviani, el anfitrión y titular del Suterh, Víctor Santa María, Gerardo Martínez, de la UOCRA, y José Luis Lingieri de Obras Sanitarias.
- Santoro: Como parte de la ceremonia se descubrió un díptico del artista plástico Daniel Santoro que representa la unión entre el trabajo y la educación a partir de retratar a un obrero regresando al hogar, donde su mujer está con una niña de edad escolar. Uno de los dos cuadros que conforman la obra viajará a Brasil junto con Lula mientras que el otro permanecerá en Buenos Aires, donde será exhibido en un salón de la Casa Rosada. Así, explicaron fuentes del gobierno argentino, “se simboliza la unión y el compromiso común de ambos países por profundizar la justicia social y la educación de los sectores postergados, en el marco de una alianza estratégica única en la historia de la región”.
LA PRESIDENTA RECIBIO A LULA EN LA CASA DE GOBIERNO
Una cena en la Rosada para terminar el día
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner cerró anoche su jornada junto al ex mandatario del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la Casa de Gobierno. Luego de compartir el acto de inauguración de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo en el barrio de Congreso, ambos se trasladaron a la Rosada. Allí la Presidenta recibió a Lula en audiencia y luego compartieron una cena.
Cristina Fernández de Kirchner y Lula sentaron a apenas un puñado de colaboradores a su mesa. Según informaron fuentes oficiales, de la “cena privada” participaron junto a CFK el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. Con Lula estuvieron su asesor Luiz Dulci y el embajador brasileño en Argentina, Enio Cordeiro.
La cena se realizó en el Salón Comedor Presidencial. Antes de cenar, la Presidenta y el ex mandatario brasileño realizaron una recorrida por las instalaciones de la Casa Rosada. Ya en el salón comedor, CFK le obsequió a su visitante un dibujo enmarcado en el que aparecen juntos el ex presidente Néstor Kirchner y Lula. A los dos ex presidentes se los ve con un atuendo en el que se puede leer “América latina + Unida”.
Un día de distinciones
La actividad del ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva en la Argentina se reanudará hoy en el Congreso de la Nación, donde será declarado Doctor Honoris Causa por las universidades nacionales de Córdoba, Cuyo, Lanús, La Plata, San Martín, Tres de Febrero, San Juan y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Las casas de altos estudios fundamentaron el reconocimiento al mandatario brasileño en “su gran aporte al desarrollo del pensamiento social y político dirigido a la erradicación de la pobreza y la inclusión social de las poblaciones que se encuentran en condiciones de desigualdad, creando mejores oportunidades en los ámbitos de la educación, la salud y el trabajo”. Además, en la ceremonia que tendrá lugar en el Salón Azul del Palacio Legislativo, también será distinguido con la mención de honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento”. La iniciativa fue del senador del Frente para la Victoria Daniel Filmus, quien recordó que “ese doctorado constituye un título honorífico que concede una universidad a una persona que ha realizado una contribución social o científica particularmente relevante”.
OPINION
Nada menosPor Martín Granovsky
No viajó cualquiera a inaugurar la universidad fundada por un sindicato. Llegó a la Argentina nada menos que Lula, el nordestino que venció al hambre y la sed cuando su mamá emigró a San Pablo, el tornero, el secretario general de los metalúrgicos, el cofundador del Partido de los Trabajadores, el presidente de Brasil durante ocho años desde el 1º de enero de 2003 y el líder sudamericano de mayor proyección mundial.
La visita comenzó a gestarse cuando Pablo Gentili, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, participó en enero de un encuentro de intelectuales convocado por el ex presidente en el Instituto Lula. Gentili es argentino y a la vez tiene el reconocimiento del PT, a tal punto que es uno de los expertos consultados para cuestiones educativas. El puente lo completó muy pronto el ex ministro de Educación Daniel Filmus, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y uno de los dirigentes políticos argentinos que respeta más la amplia construcción de alianzas por parte del PT y las reformas encaradas por Lula y Dilma Rousseff. Filmus es, a su vez, miembro del Consejo Académico de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo que fundó el gremio de encargados de edificios (SUTERH) y que Lula y Cristina Fernández de Kirchner inauguraron ayer. Hoy Filmus y Gentili abrirán la ceremonia de entrega de siete doctorados honoris causa a Lula: de las universidades de La Plata, Córdoba, Cuyo, Tres de Febrero, San Martín, Lanús y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Elegir a Lula, y que Lula aceptara el convite, significa el comienzo de un nivel de relación que no existía entre el PT y la dirigencia sindical peronista, encabezada ayer por Antonio Caló, secretario de la CGT más cercana al Gobierno. La relación originaria, que de todos modos no se rompió porque Lula suma sin romper, era la que en los ’80 tejieron el secretario del PT y el secretario de la Central de Trabajadores Argentinos Víctor De Gennaro.
Tender lazos entre sindicalistas de la región es uno de los objetivos que Lula se propuso cuando se acercaba al final de su último mandato y ya había decidido que no buscaría una reforma constitucional para habilitar la rereelección.
Sus preocupaciones de estos días apuntan a fortalecer la coalición que encabeza el PT antes de las elecciones del 2014 y, afuera, que disminuyan las fricciones con los vecinos. “Entre Dilma y yo no hay diferencias”, dijo ayer antes del acto, en una reunión previa con invitados especiales celebrada en el octavo piso de la UMET. “Y no podrá haberlas, porque si existieran yo me pondría al costado.” En cuanto a la Argentina, comentó: “Les dije a Dilma y a Cristina que no deben tener ni una pelea”. También analizó que si Michelle Bachelet gana las presidenciales de este año habrá tres mujeres gobernando al mismo tiempo.
Otro tema recurrente de Lula últimamente, que ayer repitió, es su idea de que no existe el político perfecto.
“Les digo a los jóvenes que cuando se sientan desalentados por la política no desistan, porque el político perfecto que buscan y que algunos periodistas imaginan no existe: el político puede estar dentro de cada joven.”
EXCLUSIVO: REPORTAJE A LULA, QUE HOY RECIBIRA SIETE DOCTORADOS HONORIS CAUSA EN ARGENTINA
“Yo era un indeseable que llegué a una fiesta a la que nadie me había invitado”
Luiz Inácio Lula da Silva, la cabeza visible del actual proceso de cambio en Brasil, repasa los diez años de gobierno del Partido de los Trabajadores en diálogo con el actual secretario del Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales, Pablo Gentili, y su antecesor, Emir Sader, que lo entrevistaron como parte de un libro sobre esa experiencia.
Por Emir Sader y Pablo Gentili

Emir Sader y Pablo Gentili durante la entrevista con Lula da Silva.Imagen: Ricardo Stuckert/Instituto Lula.
–¿Cuál es su balance de los diez años de gobierno del Partido de los Trabajadores?
–Creo que estos últimos diez años forman parte del mejor período que vivió Brasil en muchas décadas. Si analizamos las carencias que todavía existen, podemos reconocer que aún queda mucho por hacer para garantizarle a nuestro pueblo la conquista plena de ciudadanía. Pero si analizamos lo que hicimos, observaremos que otros países no consiguieron, en treinta años, hacer lo que nosotros conseguimos hacer en una década. Quebramos tabúes y prejuicios establecidos. Y algunas verdades se esfumaron. Primero probamos que era plenamente posible crecer distribuyendo riqueza, que no era necesario esperar el crecimiento para distribuir. Segundo, que era posible aumentar los salarios sin inflación. Durante los últimos diez años, los trabajadores tuvieron un aumento real en sus ingresos, el salario mínimo creció casi 74 por ciento y la inflación estuvo controlada. Tercero, durante esa década aumentamos nuestro comercio exterior y aumentamos nuestro mercado interno sin que eso entrase en conflicto. Antes decían que no era posible que crecieran al mismo tiempo el mercado externo y el mercado interno. Esos fueron algunos tabúes que rompimos. Y, al mismo tiempo, hicimos una cosa que yo considero extremadamente importante: probamos que poco dinero en mano de muchos es distribución de la riqueza y que mucho dinero en mano de pocos es la puerta para todo tipo de injusticias.
–¿La ruptura de esos tabúes fue percibida por la sociedad?
–Creo que mucha gente de clase media y rica terminó entendiéndolo. Quienes ironizaban sobre el Programa Beca Familia, el aumento del crédito para la agricultura familiar, el programa Luz para Todos y otras políticas sociales que desarrollamos, aquellos que los despreciaban diciendo que eran limosna, que eran mero asistencialismo, percibieron que fueron esos millones de personas, cada quien con un poquito de dinero en la mano, los que comenzaron a dar estabilidad a la economía brasileña. Hicieron que creciese, que generase empleo y más riqueza. Es una lógica que todo el mundo debería conocer. ¿Qué país del mundo va a crecer si su pueblo no tiene poder de compra? Desde el punto de vista económico, creo que nosotros marcamos una nueva trayectoria en la vida brasileña.
–¿Cuál es el gran legado de estos diez años de gobierno?
–Recuperamos el orgullo personal, el orgullo propio, la autoestima. Conquistamos cosas que antes parecían imposibles. Pasamos a ser más respetados en el mundo: la gente mira hoy a Brasil y no ve sólo chicos de la calle, Pelé o el Carnaval. Sabe que Brasil tiene gobierno, que este país tiene política, que este país pasó a ser tratado como referencia para muchas cosas que fueron decisivas en el mundo. Llegaremos al 2016 como la quinta economía del mundo. Pero lo más importante es tener en claro que el mayor objetivo de Brasil no es ser la quinta o la cuarta economía mundial. Es importante mejorar día a día la calidad de vida del pueblo brasileño, desde el punto de vista del salario, de la vivienda, del saneamiento básico o de la educación. Ya no nos tratan más como ciudadanos de segunda clase. Recuperamos el placer y el gusto de ser brasileños. El gusto de amar a nuestro país.
–¿Qué es lo que le produce más orgullo de todo lo que hizo en su gobierno?
–Siento mucho orgullo, en este caso es un orgullo muy personal, hasta un poco de vanidad, por pasar a la historia como el único presidente que no tuvo diploma universitario, pero creó más universidades en este país. Creamos 14 universidades nacionales nuevas, 126 nuevos campus universitarios y 214 escuelas técnicas superiores. Esto entre 2003 y 2010. Ayer recibí la carta de un señor que agradece la formación de su hijo, en Biomedicina. Es un chofer de ómnibus y también él está estudiando Derecho. Los dos pudieron cursar estudios universitarios gracias al Programa Universidad para Todos (Prouni). Pienso que esas cosas pasaron porque, en su sabiduría, el pueblo consiguió después de tanto tiempo, de tantos prejuicos, probar que uno del pueblo podía gobernar este país. Pudimos concretar aquellas tres promesas de mi discurso de asunción: “Primero voy a hacer lo necesario, después voy a hacer lo posible y, cuando menos lo imagine, estaré haciendo lo imposible”. Lo sagrado es no tener miedo de conversar con el pueblo. Cuando tenés un 92 por ciento de aprobación en las encuestas de opinión pública, quizá no necesitás conversar con el pueblo. Necesitás conversar con el pueblo cuando las papas queman, cuando estás siendo acusado, acorralado. Lo necesitás porque cuando conversás con el pueblo y lo hacés mirando a cada uno a los ojos, ellos saben distinguir qué es mentira y qué es verdad. Y quién está de qué lado en toda esta historia.
–¿La reacción de la oposición y de ciertos sectores de la prensa a los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) son desproporcionadas frente a esos resultados?
–En 1979, cuando surgió la bandera de la lucha por la libertad de organización política, posiblemente yo era la única referencia nacional unánime del movimiento sindical. Recuerdo que por primera vez hablé de la necesidad de creación del Partido de los Trabajadores en un encuentro en Sao Bernardo do Campo. Cuando finalmente lo fundamos, dijeron que no sería posible tener un partido con las características del PT, creado y dirigido por trabajadores. Después dijeron que no pasaríamos de una cosa pequeñita, linda y radical. Y nosotros no nacimos para ser bonitos ni radicales. Nacimos para tomar el poder.
–Pero también el PT nació para ser radical...
–El PT era muy rígido, y fue esa rigidez la que le permitió llegar donde llegó. Sólo que, cuando un partido crece mucho, entra gente de todas las especies. O sea: cuando uno define que va a crear un partido democrático de masas, al partido puede ingresar un cordero y puede ingresar un jaguar. Pero el partido llega al poder. Nuestra llegada al poder no fue vista por la actual oposición como una alternancia beneficiosa para la democracia. Ellos no lo vieron así. Yo era un indeseable que llegué a una fiesta a la que nadie me había invitado. Lo cierto es que entramos a la fiesta. Y lo peor para ellos: gobernamos bien. Así fue que intentaron usar el episodio del mensalao para acabar con el PT y, obviamente, terminar con mi gobierno. En esa época, había gente que decía: “El PT murió, el PT se terminó”. Pasaron seis años y quienes se acabaron fueron muchos de los partidos de oposición. El DEM ni sé si existe más. Creo que no. El Partido de la Socialdemocaracia Brasileña está intentando resucitar al “joven” Fernando Henrique Cardoso porque no creó liderazgos y no promovió nuevos cuadros. Estas cosas supongo que aumentan el resentimiento contra nosotros. Sin embargo, las elites nunca ganaron tanto dinero como durante mi gobierno. Ni las emisoras de televisión, que estaban casi todas quebradas. Ni los periódicos, que también estaban casi todos quebrados cuando asumí. Las empresas y los bancos nunca ganaron tanto. Pero los trabajadores también ganaron. El trabajador sólo puede ganar si a la empresa le va bien. No conozco, en la historia de la humanidad, un momento en que a una empresa le vaya mal y sus trabajadores consigan conquistar alguna otra cosa que no sea el desempleo.
–¿Por qué esto no se traduce en un análisis favorable de los gobiernos de Lula y Dilma por parte de la prensa brasileña?
–Este país está andando bien, pero es verdad que eso no se ve en la prensa. Es increíble. Una vez el ex presidente de Portugal Mário Soares vino a Brasil a hacerme una entrevista. Cuando llegó traía Le Monde, Der Spiegel, el Financial Times y muchas otras revistas y periódicos internacionales. Me dijo: “Lula, estoy enloquecido. Vengo de un continente en que todos sólo hablan bien de Brasil. Pero cuando llego aquí leo la prensa brasileña y dice que en este país nada anda bien”. Una parte de la prensa nacional parece querer sustituir a los partidos políticos. O sea, el debate que debería hacerse en el Parlamento, entre los partidos y por la sociedad, está siendo monopolizado por la prensa. Es realizado solamente por algunas redacciones y, dentro de ellas, por algunos pocos columnistas que intentan fingir que no son políticos, que son imparciales. Creo que eso es malo, muy malo. Intentar negar la política es un desastre. Es un error que puede ser cometido tanto por la derecha como por la izquierda. No sirvió en ningún lugar del mundo porque lo que vino después fue peor. Feliz la nación que tiene como interlocutores instituciones fuertes, sean ellas partidos, sindicatos, iglesias o movimientos sociales. Cuanto más fuertes sean las instituciones y los movimientos sociales, más fuerte será la democracia y más garantías tendrá. Y es esto lo que los sectores conservadores no comprenden.
–Lula, Brasil cambió en estos diez años y cambió para mejor. Y usted, ¿en qué cambió?
–Una de las cosas buenas de la vejez es sacar provecho de lo que te enseña la vida. La vida me enseñó mucho. Fundar un partido en las condiciones en las que lo hicimos fue muy difícil. Ahora que es un partido grande, todo es más fácil, pero yo viajaba de Norte a Sur de Brasil para hacer asambleas con tres o cuatro personas. Salía de San Pablo para Acre, en el extremo Norte, para hacer una reunión con diez personas o para convencer a Chico Mendes de que entrara en el PT. Era muy difícil hacer caravanas, viajar para el Nordeste, tomar un ómnibus, estar una semana caminando, haciendo reuniones al mediodía, con un sol terrible, explicando lo que era el PT para que la gente se afiliara. Yo cambié. Cambié porque aprendí mucho, pero continúo con los mismos ideales. Creo que sólo tiene sentido gobernar si uno consigue hacer que las personas más pobres tengan más oportunidades. Las personas necesitan solamente de oportunidades. Teniendo oportunidad, todo el mundo puede ser igual. La gente sólo necesita una chance. Creo que empezamos a hacer esto en mi gobierno. Pero la tarea no está terminada. Uno no cambia generaciones de equívocos en pocos años. Necesita tiempo para poder hacerlo. Creo que el camino que elegimos es el correcto.
–Y el PT, ¿cambió?
–Existen dos partidos de los Trabajadores. Uno es el PT del Congreso, de los parlamentarios, el PT de los dirigentes. Otra cosa es el PT de la base. Yo diría que el 90 por ciento de la base del PT continúa igual a lo que era en 1980. Sigue queriendo un partido que no haga alianzas políticas, pero al mismo tiempo sabe que, para ganar, tiene que hacer acuerdos. Es una base muy exigente, muy solidaria y todavía desconocida por parte de la elite brasileña que conoce el PT sólo superficialmente. El PT es muy fuerte en los movimientos sociales y en el interior del país. Esa fortaleza no siempre se expresa en la cantidad de votos. Pero también está el PT de las elecciones. En Brasil, o hacemos una reforma política o la política va a tornarse más perversa de lo que ya fue en cualquier otro momento. Es necesario que las personas entiendan que no solamente deberíamos tener financiamiento público de la campaña, como también debería ser un delito el uso de dinero privado. Que es necesario hacer el voto por lista, para que la pelea se dé internamente en los partidos. Podríamos tener un modelo mixto (un voto puede ser para la lista, el otro para el candidato). Lo que no se puede es continuar como está actualmente. El PT necesita reaccionar e intentar poner la reforma política en la agenda pública. Algunas veces tengo la impresión de que los partidos políticos son un negocio, cuando, en rigor, deberían ser una institución extraordinariamente importante para la sociedad. La sociedad tendría que creer en los partidos y participar en ellos.
–¿Entonces el PT no necesariamente cambió para mejor?
–Cambió porque aprendió la convivencia democrática en la diversidad. Pero también creo que, en muchos momentos, el PT cometió las mismas desviaciones que criticaba en los otros partidos políticos. Ese es el juego electoral que está en danza: si el político no tiene dinero, no puede ser candidato y no tiene cómo ser elegido. Si no tiene dinero para pagar la televisión, no hace campaña. El PT tiene que aprender que, cuanto más fuerte sea, debe tornarse más serio y riguroso. El PT necesita volver a creer en los valores en que creíamos y que fueron banalizados por la disputa electoral. Yo, sinceramente, creo que éste es el tipo de legado que tenemos que dejarles a nuestros hijos y a nuestros nietos. Probar que es posible hacer política con seriedad. Uno puede jugar el juego político, puede hacer alianzas, puede hacer coaliciones, pero para hacer política no necesita establecer una relación promiscua con nadie. El PT necesita volver urgentemente a tener esto como un horizonte propio, como un ejercicio práctico de la democracia.
–¿Qué lamenta de esta última década?
–Si hay un ciudadano que no puede quejarse por estos últimos diez años, soy yo.
OPINION
Los diez años que cambiaron BrasilPor Eric Nepomuceno
Desde Río de Janeiro

Si en el primer año el programa llegó a tres millones 600 mil domicilios brasileños, faltando poco para cumplir una década alcanza a 13 millones novecientos mil a lo largo y a lo ancho de todo el país. Considerándose la media de cuatro integrantes por familia, se llega a 52 millones de personas, una población superior a la de Argentina. Casi medio México.
El presupuesto destinado al Bolsa Familia en 2013 es de doce mil 500 millones de dólares, con un valor promedio de 35 dólares por miembro de familia beneficiada. Es poco, por cierto. Pero para los que se benefician, es muchísimo. Es la salvación.
Actualmente siguen beneficiándose del Bolsa Familia un 45 por ciento de los inscriptos originalmente en 2003. Son 522 mil familias que jamás dejaron de recibir la ayuda del gobierno. No hay datos oficiales sobre los demás 55 por ciento que inauguraron el programa, pero se considera que la mayor parte de ellos alcanzó otras fuentes de renta que, sumadas, superan el mínimo determinado para que recibiesen el subsidio.
Hay registros que muestran que, en diez años, un millón y 700 mil familias –12 por ciento del total que recibieron beneficios en ese tiempo– de-sistieron voluntariamente del beneficio, por haber obtenido ingresos superiores a los 35 dólares por cada uno de sus integrantes, el piso mínimo permitido para que se requiera el Bolsa Familia.
Por cierto, vale reiterar: el valor destinado a cada familia puede parecer poco. En realidad, es poco. Pero para los que vivirían eternamente condenados a un estado de pobreza aguda y absoluta de no ser por el programa, es la salvación.
Las conclusiones de todos los estudios dedicados a analizar los efectos del Bolsa Familia son unánimes en asegurar que ha contribuido de manera decisiva para reducir las inmensas brechas y desigualdades sociales que siempre han sido una de las llagas más visibles del país.
Cuando se implantó, el programa fue blanco de críticas furibundas de la oposición y de los grandes conglomerados de medios de comunicación, que lo reducían a un mero asistencialismo sin mayores efectos. Hoy admiten, a regañadientes, el papel esencial del Bolsa Familia, el más visible de todos los programas sociales de los gobiernos de Lula da Silva y ahora de Dilma Rousseff, para aliviar las agruras de familias vulnerables, asegurando que al menos sus hijos tengan acceso mínimo a servicios de educación y salud.
Contrariando la tesis que decía que la transferencia de renta a través de programas del Estado iría a perpetuar la miseria (la crítica más sonada hace diez años era la siguiente: si reciben dinero del gobierno, ¿para qué trabajar?), el resultado obtenido hasta ahora indica lo contrario.
Para recibir el beneficio, los niños tienen que frecuentar la escuela, donde reciben atención de la salud pública. Deficiente, insuficiente, por cierto. Pero mejor que nada. Pasados diez años, muchos de los hijos de las familias amparadas por el programa ahora viven por su propia cuenta, escolarizados y con chances concretas en el mercado de trabajo.
Las estadísticas indican que 70 por ciento de los beneficiados con más de dieciséis años de edad lograron trabajo, contribuyendo para aumentar la renta familiar.
Las familias más numerosas, y que viven en condiciones de miseria, reciben beneficios superiores a la media, que es de unos 300 dólares mensuales. La propuesta es complementar la renta familiar hasta alcanzar niveles mínimos. Los que tienen hijos en edad escolar tienen que comprobar que los niños van a la escuela. Algunas familias llegan a recibir 650 dólares al mes, dependiendo del número de hijos menores. Suele ser normal, en áreas de miseria extrema, que una pareja tenga ocho, nueve, diez hijos. En tales casos, la supervivencia de todos depende directamente de lo que reciben del Bolsa Familia.
Pasados esos diez años no hay lugar a ninguna duda: el perfil de la pobreza cambió radicalmente en el país. Muchas casas de pobres han sido ampliadas, recibieron tejados nuevos, pasaron a tener pisos de cemento o cerámica. Son casas muy humildes pero que cuentan con refrigerador, lavadora, televisores y, en muchos casos, con una computadora con conexión a la Internet popular (a precios muy bajos, subsidiados).
Y saltan a la vista, entonces, algunas de las incongruencias típicas, quizá inevitables, de esta etapa de transición entre miseria y pobreza, o entre distintos perfiles de pobreza. Hay casas de barro, sin desagüe y en condiciones sanitarias muy precarias, ostentando antenas parabólicas de televisión. Otras cuentan con luz eléctrica muy precaria, pero hay teléfono celular. Funciona mal, es verdad. Pero a veces funciona.
Hay casas con piso de tierra, sin agua potable ni canillas, con el baño afuera como hace medio siglo, pero con televisión. En algunos estados brasileños, el analfabetismo es de tal manera crónico que impide hasta la instalación de industrias que generarían empleo y esperanza de futuro.
Sí, es verdad, la miseria y la humillación persisten, pero ahora persisten de manera menos contundente, menos permanente. Ya no es como una sentencia eterna, un destino de por vida.
Por mucho tiempo politólogos, sociólogos, antropólogos y un montón más de ólogos seguirán discutiendo las bondades y las fallas de un programa destinado a redistribuir renta, a través del Estado, a los desamparados de siempre. Se seguirá debatiendo los pro y los contra del asistencialismo de Estado. Y, mientras tanto, 52 millones de brasileños habrán eludido un futuro cruel y pasando de la humillación de la miseria a la pobreza digna.
Fuente:Pagina12



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