6 de abril de 2014

EL ENCUENTRO SOBRE ESPACIOS DE MEMORIA EN EL CONO SUR LATINOAMERICANO.

EL ENCUENTRO SOBRE ESPACIOS DE MEMORIA EN EL CONO SUR LATINOAMERICANO
Bajo otras miradas
Esta semana se realizó en la Universidad Tres de Febrero un coloquio internacional sobre este difícil aspecto de la construcción de la memoria que cruzó experiencias de varios continentes. En estas páginas, reacciones y pensamientos sobre la experiencia.
Por Cecilia Sosa *

Imagen: Télam
¿Cómo explorar las tensiones, aporías y efervescencias que habitan los llamados espacios de memoria en el Cono Sur? ¿Cómo involucrar públicos nuevos, no “directamente” afectados por el terrorismo de Estado, en procesos de reparación colectiva? ¿Es posible imaginar los sitios de memoria como espacios de gestación de formas de afecto y cuidado abiertos al futuro? Estas fueron algunas de las preguntas que resonaron en el coloquio internacional Espacios de Memoria en el Cono Sur Latinoamericano: Nuevos afectos, nuevas audiencias. Diálogos transculturales en el duelo, que se realizó la semana pasada en la sede del Centro Cultural Borges de la Universidad Nacional Tres de Febrero.

El encuentro fue posible gracias a un programa de cooperación internacional financiado por la British Academy que organizamos con Valentina Salvi; ella desde aquí, como profesora de Untref e investigadora del Conicet, y yo desde Londres, donde trabajo como investigadora posdoctoral en la Universidad de East London. Durante dos días, académicos, directores, gestores y, curadores de sitios de memoria y artistas presentaron miradas disímiles y acaso irreconciliables sobre estos sitios marcados.

Fueron jornadas atravesadas por debates, proyecciones, instalaciones, performances y también por silencios. Las intervenciones de Félix Bruzzone, Albertina Carri y Mariana Eva Pérez, algunos de los más talentosos creadores de la generación de los “hijos” (o “hijis” como los llama Mariana), mostraron cómo los bordes del testimonio y la ficción pueden desarmarse de manera furibunda o juguetona, pero siempre incómoda. El cruce de mundos quedó acentuado por la participación de académicos del Reino Unido que trabajan en escenarios diversos: Silke Arnold-de Simini (que investiga cómo los nuevos museos de la memoria europeos movilizan formas del trauma, empatía y melancolía), Joost Fontein (africanista e investigador de políticas de la muerte en Zimbabwe) y Carl Lavery (profesor de teatro y performance abocado a investigar el paisaje traumático de la isla japonesa de Hashima). Salvo Jens Andermann, apasionado latinoamericanista con base en Zurich, el resto se asomaba a la escena local por primera vez.
Y lo hicieron con entusiasmo, avidez y humildad sorprendente. Juntos participamos de la marcha del 24 marzo y visitamos el Parque de la Memoria, la ex ESMA y el Olimpo. Fue recorrer estos espacios con ojos nuevos. Aquí, ellos cuentan qué encontraron en Buenos Aires y ofrecen algunas postales de su visita.

Además, Claudia Feld, directora del Núcleo Estudios sobre Memoria, desarma algunas de las paradojas que atravesaron el coloquio y Felipe Aguilera ofrece su mirada como delegado por Londres 38, el sitio de memoria más beligerante de Santiago de Chile.
* Doctora en Drama, investigadora de la Universidad de East London.



Una memoria que cambió para siempre
Por Carl Lavery *


Mi presencia en Buenos Aires es para mí un sueño cumplido, uno anclado a mi memoria infantil de ver las selecciones argentinas de los mundiales del ’74 y el ’78 y quedar fascinado por los colores de la camiseta y el largo del pelo de los jugadores. Como los holandeses, los jugadores argentinos parecían hippies, hasta rebeldes.

Mi primera camiseta de fútbol fue la argentina y cuando jugaba en las calles de Belfast en los setenta no sabía, por supuesto, que la Buenos Aires que era para mí la ciudad de festejos y de Mario Kempes, estaba tan traumatizada por las desapariciones como mi Belfast natal. Qué raro entonces llegar aquí cuarenta años después y encontrarme en un lugar que fue para mí y mis amigos de la infancia una fantasía, una utopía futbolera, un lugar a donde escapar del trauma de Irlanda. La ironía es por supuesto que Argentina no era un refugio ni un descanso del trauma de la memoria, al contrario, tiene tanta sangre derramada como Irlanda, un país de colonialismo, violencia y guerra civil. Puede ser, pienso con melancolía, que al final todo lugar sea diferente pero igual.

Lo que me llamó la atención en mi viaje de investigación a la Argentina fue la importancia de estar acá, de cuerpo presente, con un cuerpo que ve y siente. Hay, creo, una importante relación entre memoria e imaginación, y la imaginación siempre es estimulada y provocada por el encuentro con la materia. Estar en Argentina, por tanto, fue imaginar el pasado y por lo tanto recordarlo. Es lo que me llevo de este viaje. Una memoria personal es estar en el Parque de la Memoria y quitar la vista del agua barrosa y tóxica del río, mirar el estadio donde se jugó la final del ’78. Fue en un día tibio y soleado, sin una nube. Un avión bajaba en Aeroparque. Y en ese momento, de golpe y sin aviso, volví al pasado, al mismo 1978, a un partido que recuerdo bien. Argentina ganó 3 a 1 contra Holanda, Kempes creo que hizo dos goles. Pero esa memoria más o menos inocente ahora cambió para siempre y no podré pensar en el partido sino en términos del río, o mejor, de los vuelos de la muerte que se hacían mientras yo veía el hermoso mundial de ese verano tan lejano.
* Profesor de teatro y performance de la Universidad de Glasgow. Especialista en memoria, medio ambiente y trauma social y ecológico.




Entre lo incierto y la determinación
Por Joost Fontein *


Agradezco haber pasado una semana en la hermosa Buenos Aires, aprendiendo sobre las intensas actividades que se realizan bajo la larga sombra de la dictadura militar. Soy nuevo en Argentina y me llevo mucho en qué pensar, sobre todo la impresión de permanente tensión o contradicción entre una profunda incertidumbre, una falta de cierre o hasta una imposibilidad de cierre, y la búsqueda de certezas, de estabilidad. Ambas cosas parecen coexistir y hasta parecen necesitarse.

Esto parece ser más evidente en la difícil presencia/ausencia de los desaparecidos. Madres, abuelas e hijos de los desaparecidos, tal vez la sociedad en conjunto, los mantienen como desaparecidos, negándose a llamarlos muertos porque eso implicaría un final, una resolución de algo que no puede/no debe resolverse.

Su ausencia se hace claramente presente en fotos y nombres que no se identifican con fechas de nacimiento y muerte, sino con fechas de desaparición. Esto se ve fotos, carteles y en la enorme bandera, como una serpiente, que sigue a las Madres en la Plaza de Mayo cada 24 de marzo. Que esta procesión casi parezca un funeral va al centro de la idea del desaparecido: que sus historias son inciertas e incompletas, que no pueden ser cerradas por funerales. La marcha parece un consuelo por lo incompleto.

La contradicción es que al mantener “incompletos” a los desaparecidos se los fija o determina en un estado de indeterminación. Eso invita a la dura pregunta de si con eso se puede deshacer/revertir la terrible incerteza creada con alevosía por la Junta Militar. La celebración/fijación de lo incompleto en los desaparecidos se transforma en una subjetividad problemática que se derrama en otras subjetividades, las de las madres, las abuelas, los hijos: vidas sobredeterminadas por la incerteza de los desaparecidos. No es fácil, en particular para los hijos, cargar con esta indeterminación. Por eso se repite la demanda de verdad, de conocimiento.
* Profesor de Antropología Social de la Universidad de Edimburgo. Investiga las imbricaciones políticas y materiales entre paisaje, objetos y restos humanos en Zimbabwe.



Constructores colectivos
Por Felipe Aguilera *


Para Londres 38, espacio de memorias, la participación en el Coloquio de sitios de memoria en el Cono Sur resultó particularmente enriquecedora, pues permitió conocer, compartir e intercambiar reflexiones y experiencias de construcción de memorias con otros proyectos, instituciones e investigadores/as de la región y de otras latitudes. Para Londres 38, espacio de memorias resulta importante reflexionar críticamente sobre las políticas de memoria que tienden a circunscribir la memoria y las violaciones a los derechos humanos a un grupo reducido de la población y a un período específico de la historia: las dictaduras militares. ¿Cómo lograr el acercamiento con otros grupos y actores sociales? ¿Cómo motivarlos a apropiarse de una historia y memoria que sienten lejana y ajena? Estas preguntas surgidas en el coloquio nos hacen sentido y las hemos abordado desarrollando actividades en el sitio de memoria y también intervenciones urbanas, instalando en el debate público la premisa de que la memoria es una construcción colectiva, una acción social de la cual todos y todas podemos participar en tanto sujetos portadores y constructores de memorias.
* Coordinador del Area de Memorias de Londres 38, Espacio de Memorias, Santiago de Chile.



Extrañeza y desfamiliarización
Por Silke Arnold-de Simine *


Toda la experiencia de estar en Argentina fue profundamente extraña: donde algo me parecía familiar, se daba vuelta y se hacía extraño, y viceversa. Aunque esta inestabilidad fue desconcertante, nunca me asustó y sentí que abría grietas creativas para pensar raro. Los muertos están presentes, pero ¿cómo? ¿Como hijos de sus madres, hijos del Estado que trató de matar el futuro? La marcha del 24 es un gesto de desafío contra ese intento de matar el futuro: miren a estos hijos, estamos acá. Me impresionaron las actuaciones participatorias en las conmemoraciones. La marcha tuvo un fuerte elemento de carnaval al tratar de reclamar el pasado para el presente y celebrar la derrota de la dictadura. Se siente que recordar el pasado es realizar el presente, pero también que el pasado se instrumento políticamente. Claustrofobia, masas, banderas, tambores: el cuerpo es penetrado por los ritmos y aunque diversos grupos lleven banderas distintas se siente la creación de un cuerpo nacional, una identidad nacional naturalizada por una cuestión familiar. En El Olimpo se trabaja con álbumes familiares enfocados en contar la historia de vida de los desaparecidos, de sus luchas como activistas en lugar de su condición de víctimas. ESMA y el Parque de la Memoria evitan cerrar la narración de modos muy diferentes: en uno el arte abstracto abre el espacio y ayuda a las asociaciones, en otro se recuerda por la materialidad del lugar. ¿Qué se puede hacer con estos lugares del horror? Hasta abandonarlos, dejarlos que se derrumben y desaparezcan sería una intervención. Pero hay un gran riesgo en aproximarse a la memoria del genocidio por medio de una “historia natural de la destrucción”.
* Profesora del Departamento de Cultura y Lengua Europea, Birkbeck College, University of London.



Las paradojas de estos sitios
Por Claudia Feld *


Los sitios de memoria se cuentan entre los emprendimientos memoriales más activos de los últimos años. En poco tiempo se han multiplicado los museos de la memoria, señalizaciones, monumentos, baldosas del recuerdo, iniciativas en ex centros clandestinos, y aumentan las propuestas y actividades en torno de estos sitios. Son menos frecuentes, en cambio, los ámbitos en los que estas propuestas son tomadas reflexivamente, más que para presentar resultados acabados para pensar de manera crítica las prácticas memoriales que se plasman allí. El coloquio ofreció justamente esa posibilidad de debate. Entre los muchos temas que se discutieron, quisiera rescatar las principales tensiones que se hicieron evidentes al pensar en algunas de las propuestas de “musealización”, históricas, curatoriales, estéticas y performáticas que se desarrollan en estos sitios. Una primera tensión hacía referencia a la oposición entre lo universal y lo particular: entre las lecciones aprendidas de otras experiencias –como la Shoá– y la especificidad histórica. 

Los contenidos son múltiples, pero se evidenció en el debate una tensión entre algunas propuestas más universalizantes y otras más particulares que trataban de realzar, precisamente, la especificidad de la historia de cada sitio, dejando en un segundo plano no sólo episodios anteriores, sino también las propuestas ya usuales de museos sobre el genocidio.

Una segunda tensión se propuso en torno de cierto sesgo “sacralizante” que puede observarse en los sitios, especialmente en los ex CCD recuperados: ¿cómo conservar el lugar, cómo reponer la historia, cómo no alterar las huellas de lo que allí ocurrió? Estas intenciones entran muchas veces en tensión con las propuestas de revisar la historia críticamente, proponer temas disruptivos, plantear propuestas que no se contenten con repetir lugares comunes ni con exponer versiones cristalizadas del pasado. Finalmente, se planteó una tercera tensión entre la necesidad de reponer los datos históricos concretos de lo ocurrido en esos sitios y la de hablar del presente, para que la memoria no se refiera sólo al pasado, sino que sirva de punto de partida y referencia para estar alerta hacia los acontecimientos actuales: las continuidades de aquellas violencias del pasado, las similitudes, las posibles reiteraciones, etcétera.

Está claro que estas son tensiones que se mantienen como tales en cualquier tipo de propuesta que se haga. No van a resolverse sino provisoriamente y de manera parcial. Pero puede señalarse como conclusión provisoria que al cobrar conciencia de estas tensiones es posible comprender mejor algunas de las arduas polémicas que se producen al interior de los sitios y públicamente. La paradoja mayor es que los hechos terribles que allí se rememoran reclaman al mismo tiempo nuestro recuerdo y nuestro rechazo.
* Investigadora del Conicet. Directora del Núcleo de Estudios sobre Memoria.



Los debates en casa
Por Jens Andermann *


Siempre resulta enriquecedor, para alguien que viene estudiando el devenir argentino de hace más de veinticinco años, venir a Buenos Aires a compartir reflexiones con amigos y compañeros sobre cuestiones que, más que un “objeto de trabajo”, ya son parte del propio mundo afectivo y de militancias y debates compartidos. El evento puso de relieve al mismo tiempo la enorme riqueza del trabajo intelectual y académico acumulado en los últimos diez años sobre memoria, política y duelo en la posdictadura argentina y latinoamericana, como también la enorme fragilidad que amenaza en nuestro presente lo que tal vez demasiado a menudo pensamos como batallas ganadas. La catástrofe sobre la que “hacemos memoria” sobrevuela nuestros quehaceres no sólo porque perduran heridas, desapariciones e impunidades, sino también porque acecha en la trama social un resentimiento ya no tan mudo que desea con ferocidad brutal el regreso de una violencia purificadora, un gran acto de venganza en nombre de los supuestos desheredados de la década K. En esos mismos días en que discutíamos los avances, límites y aporías de una cultura de la memoria, en las calles de Rosario el discurso de la mano dura y del pánico moral permanente cobró de manera salvaje la vida de un joven de 18 años.

David Moreira no fue la primera ni será, infelizmente, la última víctima de una violencia homicida que el discurso de memoria, verdad y justicia, aun cuando parecía hegemonizar el campo de lo decible, en realidad nunca desplazó: sólo logramos silenciar por algunos años su expresión más pública y obscena. De ahí, insisto, que tenemos que redoblar hoy en día esfuerzos para llevar adelante el diálogo que propusieron estas jornadas, por difícil que fuese a veces. Sólo al poner en diálogo y en disputa los aportes producidos en Latinoamérica sobre cuestiones de memoria y derechos humanos con líneas críticas provenientes de otros contextos culturales y geopolíticos, donde a menudo la tradición liberal y republicana se invoca en función de justificar “intervencionismos humanitarios” o de denunciar el fundamentalismo del otro, podemos empezar a reconocer los contornos del monstruo que nos acecha. Y viceversa, el debate europeo de la “posmemoria” haría bien en escuchar la experiencia latinoamericana: sería una suerte de vuelta al origen de gran parte de las discusiones producidas en los últimos treinta años, o como lo formuló en un encuentro anterior una de las teóricas principales de los Memory Studies anglosajones, Susannah Radstone, equivaldría a “traer la memoria a casa”.
* Profesor de estudios latinoamericanos de la Universidad de Zurich, Suiza.

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