11 de junio de 2014

CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER INAUGURO AYER EL MUSEO MALVINAS EN LA EX ESMA.

CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER INAUGURO AYER EL MUSEO MALVINAS EN LA EX ESMA
“La soberanía se construye sobre la paz”
La Presidenta llamó a “no abandonar jamás” el reclamo argentino por las islas para terminar “con el último vestigio del colonialismo inglés sobre el Atlántico Sur”. Advirtió que las potencias coloniales “ahora son más sutiles en sus mecanismos de dominación”.
Por Nicolás Lantos

La Presidenta inauguró el Museo Malvinas junto a Amado Boudou y miembros de su gabinete.Imagen: Leandro Teysseire
“Tenemos la razón y la verdad”, recordó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner luego de llamar a “no abandonar jamás” el “reclamo histórico” que mantiene la Argentina por las islas Malvinas y ratificar el compromiso de que “la soberanía sólo se construye sobre la base de la paz, la memoria y la diplomacia”. En ocasión de la conmemoración del Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre el Atlántico Sur, la mandataria inauguró ayer el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, que forma parte del Espacio por la Memoria en el predio de la ex ESMA y es “la construcción histórica” en honor a ese archipiélago “más importante de la República Argentina”. Durante su discurso, CFK destacó que “terminar con el último vestigio del colonialismo inglés sobre el Atlántico Sur es una política de Estado que ningún gobierno debe abandonar”.

El nuevo museo “no es una construcción edilicia”, sino “histórica y colectiva”, remarcó la Presidenta, motivo por el cual decidió omitir “las cifras de lo que costó” el emprendimiento “porque son sólo detalles” comparados con “el costo de vidas de argentinos” que murieron en la guerra de Malvinas. Por eso, explicó, se tomó la decisión de hacerlo en el ámbito del Espacio por la Memoria: “La historia es una sola y no se puede separar, no se puede tomar la historia como beneficio de inventario. Por eso hemos decidido que este museo tenga lugar en este sitio de la memoria. Y nosotros, que tenemos en la memoria unos de los pilares fundamentales de nuestras políticas, hemos querido hacerlo aquí”, enfatizó.

La jefa de Estado destacó que el museo es “profundamente político” y que en ese sentido contará con espacios dedicados al repaso de los distintos momentos de la historia de la lucha por la soberanía del Atlántico Sur, así como otros donde se denunciarán “los vestigios de colonialismo” en el mundo. “La peor colonización no es la militar o la económica –sostuvo CFK–. Todas ellas sólo pueden llevarse a cabo si previamente nos han colonizado culturalmente.” Las potencias coloniales, agregó, “ahora son más sutiles e invisibles en sus mecanismos de dominación”, mientras que, por el contrario, la Argentina “es un país de paz, que en su historia ha hecho de la paz una diplomacia”.

Durante su mensaje, CFK volvió a destacar la presentación que hicieron 106 parlamentarios británicos en apoyo de la posición argentina en la causa iniciada por fondos buitre que tramita en la Justicia de los Estados Unidos. “Fíjense qué manera diferente de mirar la realidad y de abordar los intereses nacionales. Siento una profunda envidia de esas naciones que actúan de acuerdo con sus propios intereses, como país, no como partido o sector ni región. Qué paradoja, en el día de la reafirmación de los derechos soberanos, tomando como ejemplo la conducta de 106 británicos, pero nobleza obliga”, agregó.

Durante el acto, la mandataria estuvo acompañada por el vicepresidente Amado Boudou y los ministros de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman; de Defensa, Agustín Rossi; de Cultura, Teresa Parodi; de Educación, Alberto Sileoni, y el de Turismo, Enrique Meyer. También se encontraban los secretarios general de la Presidencia, Oscar Parrilli; Legal y Técnico, Carlos Zannini, y de Comunicación Pública, Alfredo Scoccimarro; además del presidente de la Radio y Televisión Pública, Tristán Bauer. Entre los invitados se destacaban varias figuras del kirchnerismo, desde el diputado nacional Andrés Larroque hasta el legislador porteño Pablo Ferreyra, pasando por el dirigente de Miles, Luis D’Elía, y el titular del Sedronar, Juan Carlos Molina.

El Museo Malvinas, que abrirá sus puertas al público este sábado, expone la historia de las islas del Atlántico Sur a través del arte, la tecnología y el registro documental. El recorrido se inicia en una sala con una pantalla de 360 grados donde se emite un video que repasa los hechos que marcaron a las islas desde el año 1520, con el primer avistaje de Malvinas por los miembros de la expedición de Fernando de Magallanes, hasta la actualidad, con el reclamo de soberanía como política de Estado de los gobiernos democráticos. Frente a un ventanal que ocupa casi la mitad del edificio hay un espejo de agua sobre el que se monta una escultura que homenajea al crucero ARA General Belgrano.

Durante la recorrida se avanza desde los tiempos del primer gobernador argentino en las islas, Luis Vernet, pasando por la lucha del gaucho Rivero y sus hombres por resistir la primera invasión británica al archipiélago. También se relata la historia del periodista y militante peronista Dardo Cabo, quien lideró en 1966 el Operativo Cóndor en un avión de Aerolíneas Argentinas, y una de las siete banderas que flamearon ese 28 de septiembre sobre suelo isleño se extiende sobre una de las paredes del salón. Hay también una sala en el primer nivel dispuesta exclusivamente para los más chicos; una mediateca con música y videos alegóricos a las islas del Atlántico Sur.

Hay televisores antiguos con noticieros de la época de la guerra de 1982 que dan cuenta de cómo los medios exacerbaron la propaganda triunfalista, un espacio para el informe Rattenbach y portadas de los diarios que dan cuenta de que a partir de 2003 el Estado argentino demanda el ejercicio de la soberanía sobre las Islas Malvinas, y el cumplimiento de los acuerdos internacionales, al tiempo que denuncia el colonialismo británico. El paseo concluye con una muestra de las cartas a los soldados de Malvinas y otra sobre la flora y la fauna naturales.




OPINION
La fuerza sanadora de la memoria
Por Luis Bruschtein


Las tres plazas forman el relato popular de Malvinas. La del acto de la CGT contra la dictadura el 30 de marzo. La del 2 de abril con Galtieri en el balcón. Y la del 14 de junio con el pueblo volcado a las calles para repudiar a la dictadura. Las tres plazas están en el Museo Malvinas que se inauguró ayer.

Las tres interpelan a la historia, a los argentinos, al pasado, al presente y al futuro desde lugares diferentes. La última fue el pueblo con bronca, la sensación de engaño, de haber sido llevado de la nariz por un discurso patriótico, entrañable. El discurso enloquecedor de los represores. Reclamaban sacrificios y la vida por una patria que ellos habían ensangrentado y entregado, con 30 mil desaparecidos y una deuda externa monumental.

Un discurso enloquecedor. Si se mata al pueblo, no se puede ser patriótico, si se endeuda a la Nación hasta condicionar su economía, no se puede ser patriótico. Los medios que hasta unos días antes glorificaban a Gran Bretaña y los Estados Unidos retorcían sus editoriales para gritar su patriotismo. Enloquecedor por su contradicción irremediable. El pueblo con un sentimiento patriótico, y otro sentimiento que se había comenzado a expresar el 30 de marzo. Militantes de la resistencia contra la dictadura que estaban dispuestos a participar, aunque estuvieran sus asesinos y los asesinos de sus compañeros y hasta los partidos de izquierda estaban dispuestos a la lucha. Y una inmensa mayoría que sentía esas incongruencias, ese choque inevitable, como un río subterráneo que corroe, que desgasta y carcome pero que al mismo tiempo arrastra por la vorágine de acontecimientos.

El 30 de marzo reventaron esas contradicciones con una derrota que puso en evidencia la mentira. La reacción, la bronca. En el afán de alejarse de la dictadura, un sector importante de la sociedad inició un proceso de desmalvinización que fue potenciado a su vez por los represores y los grandes medios interesados en tapar rápidamente el desastre de la derrota. Para otro sector, la idea de lo patriótico se volvió políticamente incorrecta. Muchos se sintieron traicionados por ese sentimiento patriótico y lo asociaron con la dictadura que, paradójicamente, era exactamente lo opuesto, aunque lo había usado.

El Gobierno buscó reconstituir el tejido de esa herida recuperando el discurso patriótico, separándolo del discurso de la dictadura. Lo asumió como propio, como hizo con el de los derechos humanos. Un discurso patriótico que repudia a la dictadura y la pone en lo antipatriótico; que reivindica la soberanía argentina en Malvinas pero rechaza a la dictadura; que recuerda a sus combatientes, soldados, suboficiales y oficiales, pero que también denuncia a sus represores, incluidos los que estuvieron en Malvinas como Astiz o Giachino. Mientras el discurso de Malvinas se asocie con la dictadura y los represores, no será confiable y mantendrá alejado al pueblo.

El lugar hace la diferencia también. La complejidad de la ex ESMA como centro de la memoria que reivindica a los derechos humanos en el lugar donde fueron avasallados impregna también al Museo de Malvinas. La memoria tiene esa fuerza sanadora y reparadora que permite una síntesis entre lo patriótico y lo humanista.
Fuente:Pagina12                       

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