5 de junio de 2014

LA PLATA-LA CACHA: ESTELA CARLOTTO DECLARO SOBRE EL SECUESTRO Y ASESINATO DE SU HIJA LAURA.

"Espero ablandarles el corazón y que nos digan dónde están nuestros nietos"
05.06.2014 
Estela de Carlotto habló ante el tribunal que juzga a 21 imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura

 La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo recordó el secuestro de su hija y la apropiación de su nieto Guido, en un relato que apuntó a la búsqueda que no se detiene.
Yo soy católica y espero que mi fe se les transmita a aquellos que están siendo juzgados para ablandarles el corazón y que nos digan dónde están nuestros nietos."

Luego de pronunciar esas últimas palabras, el público de la sala abrazó a la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, con un extendido aplauso.

La referente de Derechos Humanos acababa de recordar el secuestro de su hija Laura Carlotto y la apropiación de su nieto Guido ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata que juzga a 21 imputados por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura cívico-militar en el centro clandestino de detención La Cacha.

"Nuestros nietos son desaparecidos con vida", recordó Carlotto en su testimonio, que estuvo atravesado por la búsqueda de su nieto, de quien contó que supo de su nacimiento en 1980 gracias a un matrimonio de sobrevivientes de La Cacha.

Su relato se extendió durante una hora ante los jueces Carlos Rozanski, Pablo Jantus y Pablo Vega en la vigésimo octava audiencia del debate oral que tiene por imputados a policías, militares, penitenciarios y civiles, entre ellos el ex coronel Gustavo Adolfo Cacivio, reconocido por sobrevivientes y señalado de ser el famoso represor apodado "El Francés", que tuvo actuación en distintos centros clandestinos de detención.

La titular de Abuelas relató las circunstancias de la desaparición de su hija, secuestrada a finales de noviembre de 1977 en La Plata, y abundó en su búsqueda posterior y en las complicidades que detectó en diferentes sectores de la sociedad, como la Iglesia. Carlotto recordó que mientras buscaba a su hija acudió a la diócesis de La Plata y que el obispo local, monseñor Plaza, les otorgó una audiencia a la que concurrió su marido. "Tuvo una reunión donde no habló monseñor Plaza, habló un secretario, pero estaban los tres, y le pidieron una cantidad de dinero imposible.

Estábamos en el infierno. Y salió de ahí viendo cómo hacer para conseguir ese dinero. Pero cuando le contó al amigo que le había hecho el contacto le dijo que no paguemos nada porque aparte de nuestra hija íbamos a perder nuestro bienestar y no íbamos a conseguir nada".

Además, recordó que eso ocurrió con otras abuelas y madres que también creyeron en la Iglesia a la que pertenecían. "Monseñor Plaza más que ayudarnos usaba la información que le dábamos para entregar gente. Entregó a su propio sobrino", dijo.

Y apuntó: "Pero fueron sobre todo las cúpulas, no las bases de la Iglesia. Después nos enteramos que los prelados, los obispos eran cómplices, salvo honrosas excepciones, que serán cuatro o cinco." La Abuela también recordó que le rogó al represor Reynaldo Bignone para que su hija fuera juzgada, pero no asesinada. "No la maten, júzguenla", imploró.

Pero quien luego fuera dictador no escuchó el ruego. "Hay que hacerlo", fue la respuesta. Laura Carlotto, estudiante de Historia y militante de la Juventud Universitaria Peronista, fue secuestrada cuando estaba embarazada de tres meses, estuvo detenida en La Cacha, fue asesinada y su cuerpo fue restituido en 1978 a su familia por las gestiones que realizaron su madre y su padre.

En ese centro fue vista por otros detenidos que sobrevivieron. Por ellos, y por las pericias realizadas en democracia sobre sus restos, que determinaron que había dado a luz a término por las marcas en los huesos de su cadera, la titular de Abuelas supo que había nacido su nieto, Guido, a quien todavía busca. Carlotto recordó que ante la tumba de su hija prometió "seguir buscando a mi nieto, que nació aproximadamente el 26 de junio de 1978, es decir que en pocos días cumple 38 años".

"Estoy muy emocionada", dijo la Abuela en la calle lluviosa al salir del tribunal. Y recordó que en su trayectoria de lucha la búsqueda personal se mezcla con la de todas las abuelas.

"Pero esta vez tuve que hacer esto, recordar y renacer la historia propia", concluyó ante los periodistas.
Fuente:TiempoArgentino
Envío:Agnddhh




ESTELA CARLOTTO DECLARO SOBRE EL SECUESTRO Y ASESINATO DE SU HIJA LAURA
“En su tumba tomé fuerzas para luchar”
“¿Dónde está el bebé?”, les gritó la ahora presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo a los policías que le informaron que su hija estaba muerta. Ayer repitió el reclamo a los represores que son juzgados en La Plata. Pero no sólo por Guido, sino por todos los nietos apropiados.
Por Ailín Bullentini
“Enriqueta Estela Barnes de Carlotto”, se presentó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal número 1 de La Plata antes de advertir que ese nombre, el suyo, incluye dos historias: la de la integrante de la asociación civil que busca “nietos secuestrados por razones políticas” y la de una madre que, a casi 36 años del asesinato de su hija, Laura Carlotto, espera a la Justicia. Ambos recorridos se entrecruzaron de manera constante durante su declaración como testigo en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura en el centro clandestino conocido como La Cacha, que funcionó en las cercanías de la cárcel de Olmos. La mayoría de los 21 represores imputados en la causa, entre militares retirados, ex policías y civiles, escucharon a Carlotto desde un extremo del escenario de la sala teatral que funciona como ámbito judicial. “Tal vez alguna de mis palabras les llegue al corazón y puedan decir dónde están los nietos que faltan recuperar”, les dedicó la titular de Abuelas.

Las razones del testimonio de Carlotto frente a la Justicia en el marco de causas que investigan las violaciones a los derechos humanos que idearon, planificaron y llevaron a la práctica quienes participaron del último gobierno de facto en el país no son desconocidas. Sin embargo, nunca la Justicia analizó tan de cerca el camino recorrido por Laura, la mayor de sus cuatro hijos, desde que tanto ella como el resto de su familia le perdieron el rastro, en noviembre de 1977. Según pudo reconstruir Carlotto con el correr de los años, Laura habría estado encerrada en La Cacha, uno de los centros clandestinos que funcionaron en La Plata durante los primeros años del terrorismo de Estado y cuyo funcionamiento es, hoy, el objeto de análisis del juicio que se desarrolla bajo la vista del TOF número 1.

Grabado a fuego
“El subcomisario nos mostró un documento en perfecto estado de Laura y nos preguntó si la conocíamos y qué relación teníamos con ella. ‘Es nuestra hija’, le contestamos, y entonces vinieron esas palabras que quedaron grabadas a fuego en mí: ‘Lamento informarles que ha fallecido’.” Carlotto se enteró así de lo que temió desde bastante antes.

Era agosto de 1978 y se encontraba frente al responsable de la subcomisaría de Isidro Casanova, quien le informó que debía reconocer el cuerpo de su hija mayor. “Asesinos, me la mataron, estaba secuestrada.

¿Dónde está el bebé?”, recordó ayer que entonces gritó sin mesura.

Habían pasado más de ocho meses de la desaparición de Laura, quien para cuando fue secuestrada “estaba clandestina con su pareja en la ciudad de Buenos Aires”. Había tomado esa determinación cuando secuestraron a su padre, Guido Carlotto, en la puerta de su casa. Era agosto de 1977. “Guido la fue a buscar porque no regresaba. Le había pedido la camioneta para mudarse de una casa a la otra. Encontró todo roto y de ahí se lo llevaron, estuvo secuestrado 25 días”, remarcó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo quien destacó que fue entonces cuando aprendió “a buscar a una persona desaparecida”. Recorrió oficinas eclesiásticas –fue a ver a los cómplices de los delitos de lesa humanidad monseñores Antonio Plaza y José María Montes–, políticos e incluso a Reynaldo Bignone, hermano de una amiga suya del área de educación. Estela Carlotto, entonces, era docente. Lo devolvieron tras pagar un rescate de 40 millones de pesos de entonces, lastimado, con 15 kilos menos, en un descampado de Lanús.

Según los cálculos de Carlotto, a su hija mayor la secuestraron unos días antes del 16 de noviembre de 1977, fecha de la última carta que recibió de su hija. “Me llamaba y me escribía una carta semanal”, destacó. Durante aquellos meses de incertidumbre, la entonces futura Abuela recorrió varios despachos, pagó gruesos rescates y asomó, sin saberlo, las narices en el infierno en el que su hija y otros 30 mil quedaron sumidos para siempre. “Fui a verlo a (Reynaldo) Bignone al Comando en Jefe del Ejército para pedirle por mi hija y el hombre entró en crisis”, apuntó sobre la segunda entrevista que tuvo con quien fue el último presidente de facto del país, en diciembre de 1977. “Le pedí que si ellos consideraban que había cometido algún delito la juzgaran y la condenaran, que nosotros ‘su familia’ la íbamos a esperar, pero que no la mataran. Me respondió que había que hacerlo”, describió. Les devolvieron el cuerpo de Laura tres días después de haberles comunicado su muerte. “Contrario a las leyes de la vida enterré a una hija, pero en su tumba tomé fuerzas para seguir luchando por los 30 mil compañeros desaparecidos”, apuntó y despertó el aplauso del público que fue a escucharla ayer.

Fuerzas renovadas
Para el momento en que recibió los restos de su hija mayor, Carlotto ya sabía que tenía un nieto del que desconocía el paradero y estaba muy cerca de convertirse en una Abuela de Plaza de Mayo. El horizonte que el matrimonio Barnes Carlotto se había figurado tras el encuentro con Bignone no era esperanzador. “Creía que Laura ya estaba muerta”, apuntó Carlotto. Sin embargo, la cuestión cambió a fines de noviembre. “Una señora que fue liberada del lugar de secuestro en dónde estaba Laura, que no sabía dónde era, pero que se escuchaban ladridos y de tanto en tanto el silbido de algún tren, se acercó al negocio de mi esposo para decirle que la había visto, que estaba en el sexto mes de embarazo y que le decía a su papá que si el bebé nacía varón se llamaría como él, Guido, y a su mamá, o sea a mí, que la buscara en junio en la Casa Cuna”, relató.

¿Había nacido el bebé? En 1980 se encontró en San Pablo, Brasil, con Alcira Ríos y Luis Córdoba, un matrimonio que confirmó el nacimiento de Guido. “Me dijeron que estuvieron en La Cacha con Laura, que ella les contó las circunstancias del parto, que era un bebé y que había nacido alrededor del 26 de junio”, añadió Carlotto ante el TOF número 1, y calculó que “con lo cual, Guido por estos días estaría cumpliendo 36 años”.

En 1985, la ciencia aportó la certificación final. Fue la intervención del aún incipiente Equipo Argentino de Antropología Forense el que, en base a la exhumación del cuerpo de Laura, en el marco de la causa judicial que entonces investigaba su asesinato, constató “que fue asesinada de espaldas” y que “a 30 centímetros de distancia entraron las balas en su cabeza; que su pelvis tenía las marquitas que el bebé deja en esos huesos de las mujeres que son madres, que tuvo el bebé a término y que fue privada de la libertad, porque en su dentadura había un deterioro grande”, relató Carlotto.

Entonces fue la primera vez que la Abuela de Guido vio los restos de su hija asesinada, ya que cuando le entregaron el cuerpo, tres días después de haberle comunicado su muerte, su marido le aconsejó “quedarse con la buena imagen”. “En ese cementerio pude verla, ver sus huesos, ver su ropa, e hice un cierre del duelo.

Tomé más fuerzas para seguir cuando el doctor Snow (Clide Snow, mentor del EAAF) me llamó aparte y me dijo: ‘Estela, tú eres abuela’.”

La lucha
Carlotto reconoció que su testimonio fue un momento difícil: “Siempre hablamos por todas, y nos cuesta revolver la propia historia”, advirtió, aunque remarcó la importancia del juicio en curso. “Como integrante de Abuelas queríamos que llegaran estos momentos en los que la Justicia dé respuestas a nuestros reclamos, para que la verdad triunfe y que los responsables sean castigados como consecuencias de esos delitos”, reflexionó y puntualizó: “Cuando algunos dicen que hay que olvidar, que hay que perdonar, que todo esto ya pasó, todas esas palabras vacías, mi reacción es pedir lo imposible. Yo no tengo nada que perdonar, es Laura quien tiene que hacerlo. Que la traigan, que la escuchen. Olvidar, jamás”.
Fuente:Pagina12
Envío:Agnddhh




04.06.2014
En el juicio oral por La Cacha, declaró hoy la titular de Abuelas
"No la maten, júzguenla", le habría dicho Estela Barnes de Carlotto al general Reynaldo Bignone

EBC al retirarse, luego de efectuar una extensa declaración en la testimonial del juicio por La Cacha.
La Plata.- La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, recordó que le rogó al represor Reynaldo Bignone que su hija Laura fuera juzgada, al declarar hoy ante la justicia. "No la maten, júzgenla", fueron las palabras que Estela de Carlotto le dijo a quien llegó a ser dictador cuando buscaba a su
hija Laura Carlotto, ante lo cual Bignone respondió "hay que hacerlo". Estela de Carlotto brindó hoy su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que investiga delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención de La Cacha, en la capital bonaerense.

Durante la audiencia explicó que le pidió al represor: "si ya la mataron entréguenme el cuerpo, no quiero volverme loca buscándola" y recordó "el 25 de mayo del 1978, la Comisaria Novena nos manda un parte diciendo que se citaba a los padres de Laura Carlotto para presentarse en la Comisaría de Isidro Casanova". "Eso nos generó mucha emoción de pensar que nos entregarían a Laura, pero también pensamos lo peor", explicó ante el tribunal, y narró tristemente que "al llegar, el comisario nos mostró un
documento de Laura y me dijo `lamento informarles que ha fallecido`".

Carlotto explicó que "yo ahí perdí la cordura y les dije `asesinos, la mataron, dónde está el niño`, y me dijo que no había ningún niño, y mientras intentaban calmarme me dijo que me llamó para entregarme el cuerpo de Laura, y eso ocurrió". "La partida de defunción decía NN, y ella estaba destrozada, mi esposo no quiso verla", declaró y explicó que "al día de hoy saco conclusiones y pienso que ellos (los militares) pensaron en que nuestra familia con eso se destruiría, pero se equivocaron porque una madre nunca olvida, y una abuela nunca para de buscar".

La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, sostuvo que "en su tumba tome fuerza para decirle que voy a seguir luchando, por los 30.000  compañeros desaparecidos y para buscar a su hijito".

En otro tramo, aclaró que "yo no sabia que Laura estaba embarazada al momento de su secuestro, pero esta noticia como otras que recibimos, fue de una señora que fue liberada y se acercó al comercio de mi esposo para decirle que ella había estado encerrado en el mismo lugar que Laura". "Le explicó que no sabía donde era el lugar físicamente, y que Laura estaba con el sexto mes de embarazo y mandaba como mensaje a su papa que era Guido el nombre que quería ponerle a su hijo, y a mí me pidió que lo buscara (al bebé) en Casa Cuna, para que cuidara de su hijo", agregó.

Repudió que "la historia oficial de estos asesinos fue que Laura nunca estuvo detenida ni embarazada, y que fue abatida porque andaba en un coche armado hasta los dientes y que no se detuvo en un control policial".

"Pero hoy sabemos gracias a los peritos que fue asesinada, y que previo al asesinato se defendió porque le quebraron un brazo, que tuvo un niño a termino por las marcas en los huesos de su cadera, que fue asesinada de espaldas y a 30 centímetros de distancia le pegaron un tiro en la cabeza", resumió.

Estela de Carlotto sostuvo que "también supimos que estuvo detenida en La Cacha, y en estos años se ha podido reconstruir la historia de estos centenares de centros clandestinos, sus nombres, personajes que cometieron estos crímenes aberrantes". "Todo esta lucha y esta tarea de los peritos sirvió para mostrar la verdad ante el mundo entero, y en ese cementerio yo pude verla, ver sus huesos, su ropa de cautiverio, y logré hacer un cierre del velo, pero con mas fuerzas para seguir buscando a mi
nieto, que nació aproximadamente el 26 de junio de 1978, es decir que en pocos días cumple 38 años", apuntó.

Finalmente, remarcó que "yo tengo 13 nietos más, pero me falta Guido. Yo soy católica y digo que a lo mejor, de mis palabras algo puede llegar al corazón de los que hoy están siendo juzgados y que digan, donde está Guido, dónde están los nietos".

Laura Carlotto, estudiante de Historia que militaba en la Juventud Universitaria Peronista, fue secuestrada en noviembre de 1977 cuando estaba embarazada de tres meses y estuvo detenida ilegalmente en ese centro clandestino de detención, ubicado en Olmos, en las de afueras de esta capital.
Fuente:Telam





4-6-2014
La Cacha
En La Plata
Estela de Carlotto: "Tengan el valor de decir dónde están nuestros nietos"

La presidenta de Abuelas declaró en el juicio por los crímenes de La Cacha, donde estuvo su hija mayor. Recordó los capítulos más dolorosos de su vida. El secuestro de su marido, el cautiverio y la muerte de Laura, y la búsqueda de Guido.
Por: María Eugenia Ludueña

Matías Adhemar
Apenas el presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de La Plata, Carlos Rozanski, anunció la declaración de Estela Barnes de Carlotto, la sala se llenó de aplausos. Fue la primera testigo de esta audiencia por los delitos de lesa humanidad cometidos en La Cacha. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo había llegado antes del mediodía y bajo la lluvia. Estaba acompañada por tres de sus nietas, que siguieron el testimonio en primera fila.

Hoy no era un día fácil. Fue convocada como una de las 250 testigos de este juicio porque su hija Laura estuvo secuestrada en ese centro clandestino de detención, a metros del penal de Olmos y en las antiguas instalaciones de Radio Provincia, desde una fecha que aún no se pudo determinar y hasta el 24 de agosto de 1978. Después de Estela, el tribunal escuchó a dos sobrevivientes que compartieron con su hija el cautiverio en La Cacha, Norma Aquín (secuestrada y torturada cuando estaba embarazada) y María Inés Paleo. Las dos usaron la misma palabra para describir las condiciones en que vivían: "un infierno".  


El auditorio de la sala ex AMIA estaba repleto de estudiantes, militantes y organizaciones de derechos humanos. A las doce y media, apoyándose en su bastón, Estela subió al estrado. Se ubicó frente al tribunal y de espaldas al público, en la silla de los testigos: a menos de dos metros de distancia de las butacas de los que nunca aplauden, los imputados. Entre ellos estaban hoy diez de los veintiún acusados en este juicio. El excomisario Miguel Osvaldo Etchecolatz, de traje oscuro, estaba armado con lápiz y papel para tomar notas de algunos tramos de la declaración de Estela. Al igual que varios de sus compañeros de banquillo.

“Primero quiero decir que tengo dos historias en estos 36 años de lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Una como Abuela de Plaza de Mayo y otra como madre de Laura Estela Carlotto. Este juicio amerita que hable como la mamá de Laura, como una mujer que tenía otros sueños y una familia sin sillas vacías”, dijo Estela al abrir su declaración. Es una testigo bien entrenada: ya declaró en varios juicios, entre ellos, el de Plan Sistemático de robo de bebés y niños. Sabe que no se trata de dramatizar sino de recordar cada detalle importante para obtener justicia. Pero cada declaración significa remover los capítulos más dolorosos de su vida, heridas eternas: cómo fue el secuestro de su esposo, cómo supo de la desaparición de su hija, de su estadía en La Cacha, de su parto en un sitio que todavía se desconoce, de aquella citación en la comisaría de Isidro Casanova donde escuchó la peor noticia y perdió la serenidad.

Estela empezó su relato con lo que fue el punto de inflexión en su vida familiar: el secuestro de María Claudia Falcone, estudiante de 16 años, en la Noche de los Lápices. Por aquellos días otra de las hijas de Estela, Claudia, estaba casada con el hermano de María Claudia, Jorge Falcone. Casi un año después fue el secuestro de Guido. Estela aprendió a buscar. Lo liberaron tras 25 días de cautiverio. “A partir del secuestro de mi esposo Laura se fue a vivir a Buenos Aires. Teníamos un trato a distancia, yo era directora de una escuela, ella me hacía un llamado y enviaba una carta semanal. Mi esposo era comerciante (tenía una fábrica de pintura). Era común que saliera de la ciudad a comprar materiales y se encontraba con mi hija. La última llamada que recibimos fue el 16 de noviembre de 1977 y la última carta en la misma fecha”, recordó.

"No la maten, júzguenla"
La madre de Laura contó que, ante la falta de noticias de su hija mayor, militante de la Juventud Universitaria Peronista en la Facultad de Humanidades, empezó a rastrearla por los mismos lugares donde había buscado a su marido. Esa estrategia incluyó el pago de un rescate y una entrevista con el general Reynaldo Bignone. “Me atendió en el comando en Jefe del Ejército. Le fui a pedir por mi hija y encontré a una persona desquiciada. Le rogué: ‘Si cometió un delito no la maten, júzguenla’. Tenía un arma sobre el escritorio”.

Salió de ahí pensando que su hija estaba muerta. Le había dicho a Bignone: “si ya la mataron, entréguenme el cuerpo, no quiero volverme loca como mis compañeras, las abuelas que recorren esos lugares buscando a sus hijos y nietos”. Después Estela recordó que una mujer que había estado en La Cacha y había sido liberada, Elsa Campos, se acercó a la pinturería de su marido y les transmitió dos mensajes de Laura. Uno para su madre (que buscara a su bebé en la Casa Cuna) y otro para su padre (que si era varón lo llamaría Guido, como él).

Después contó que el 25 de agosto de 1978 recibió una citación para presentarse con urgencia en la comisaría de Isidro Casanova, “a efectos que se le comunicarán”, decía el papel. “El viaje de La Plata a ese lugar fue un infierno. Fuimos con mi hermano y mi marido. Allí nos recibió el subcomisario. Exhibiendo un documento de identidad de Laura en perfecto estado, preguntó si la conocíamos. Las palabras que dijo las llevo grabadas a fuego: ‘lamento informarles que ha fallecido’. Yo, que soy de bastante templanza, perdí la normalidad. Les grité: ¡asesinos!, ¡la mataron! ¿dónde esta el niño?’.  Me respondieron: ‘No hay ningún niño, hay un cuerpo. Firmen acá’”. Recordó Estela. Y en voz alta mencionó una hipótesis acerca de por qué a diferencia de tantas familias, la suya recibió el cuerpo. “Cuando le pedí a Bignone, habrá dicho ‘cuando la maten se la entregan a la madre porque yo se lo prometí’ “.

Con hablar pausado, Estela expresó: “Estaba destruida, mi marido no quiso que la viera. La velamos a cajón cerrado. Se habrán creído que la familia  quedaba destruida, se equivocaron. ¿Qué madre olvida? ¿Qué abuela no busca? En la tumba de Laura tomé fuerza para seguir luchando por los 30 mil compañeros desaparecidos y para buscar a su hijo”, dijo Estela, y la sala estalló en un aplauso. Entonces agregó: “no es ningún acto heroico de una mujer distinta, sino de una madre. Cuando dicen ‘olviden, perdonen, eso ya pasó’, creo que son palabras vacías. Es Laura la que tiene que perdonar. Olvidar, jamás”.

“En pocos días mi nieto Guido cumple 36 años”
Sobre el embarazo de su hija, recordó que en 1985 “con autorización del juez Hortel pude pedir la exhumación de Laura. Con el incipiente Equipo Argentino de Antropología Forense, bajo tutela de Clyde Snow, quien acompañó también la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, quedó documentado que Laura fue asesinada, que se ha defendido, que le quebraron un brazo, que le dispararon en la espalda a 30 cm de distancia, que las balas entraron en su cabeza y que la pelvis tiene marquitas porque tuvo un niño en esos huesos”. En esa oportunidad Clyde Snow la llamó aparte y le dijo: “Estela, eres abuela”.

En su declaración, la madre de Laura contó cómo otros testigos le contaron que su hija había tenido un varón. En 1980, a partir de un viaje a San Pablo (Brasil) para entregar información al Papa sobre la búsqueda de bebés robados, Estela conoció a Alcira Ríos y su marido, que habían estado en cautiverio con Laura, pero la conocían bajo el apodo de Rita. “Habían sido testigos del relato de nacimiento del hijo varón que les hizo mi hija, con fecha aproximada del 26 de junio de 1978. En pocos días mi nieto Guido cumple 36 años”, dijo Estela conmovida.

“Trabajamos con la Justicia. Confiamos en la Justicia, esperamos los tiempos de la Justicia que a veces son muy injustos. No es fácil para mí estar hoy acá. Estoy acostumbrada a luchar pero esto significa remover lo mío, mi historia. Tengo 13 nietos más pero me falta Guido. Soy católica. Y a lo mejor algo de mis palabras puede llegar al corazón de los que están siendo juzgados. Espero que mi fe se transmita para ablandarles el corazón. Les pido: tengan el valor de decir dónde están nuestros nietos. Tenemos poco tiempo”, advirtió. Muy cerca, Etchecolatz sostenía entre sus manos lápiz y papel, inmutable.

Fuente:Infojus

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