5 de junio de 2014

MEGACAUSA ESMA: NUEVOS RELATOS QUE CONMUEVEN-TESTIMONIOS DÍAS 147 A 149.

miércoles, 4 de junio de 2014
Nuevos relatos que conmueven en la megacausa ESMA

Una de esas historias es la de Clara Laura Tauvaf, cuyo hermano declaró por primera vez esta semana en el marco del juicio por el tercer tramo de la megacausa por los delitos cometidos en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura cívico militar. El fiscal Guillermo Friele habló de este caso y de los avances en las últimas audiencias del juicio.

Para Guillermo Friele, fiscal de la megacausa ESMA junto a Mercedes Soiza Reilly, uno de los puntos más salientes de este tercer tramo del juicio es el acercamiento de un importante número de personas que se presentan por primera vez a prestar declaración testimonial: “esto cobra mucha importancia porque en realidad estos testimonios vírgenes también nos dan muchos puntos de referencia para construir nuestra acusación. Dan muchos detalles y a nosotros nos sirve desde la planificación que tenemos respecto de las caídas. Está viniendo mucha gente que no declaró nunca pero sí pertenecía a un determinado sector de la organización política Montoneros y con esto estamos construyendo cómo fueron las caídas, cómo se fueron sucediendo sistemáticamente esas caídas de los distintos sectores”.

En relación a por qué se está dando este acercamiento en este momento, Friele consideró, en diálogo con Oral y Público, que existen varias vertientes: “por un lado, muchos de los cautivos sobrevivientes quisieron sacar del disco rígido, de la memoria, de su cabeza, ese período en el que han sufrido tanto, es como que dijeron que esto les pasó pero que no lo querían contar; y lo que creo que es lo más significativo es que se van acercando ahora a los juicios porque observan que los testigos son cuidados, son escuchados. Nosotros decimos que a este juicio, como a todos los de lesa humanidad, hay que humanizarlos, y se humaniza a partir del tratamiento que se le da al cautivo, al sobreviviente o al familiar de aquella víctima que nunca apareció o fue asesinada, y esto se percibe en la población y a partir de ello yo creo que la gente se va acercando, pierde el miedo. Un miedo que tal vez se generó en su momento a partir de la desaparición del testigo Julio López en La Plata. Esto por ahí pasa desapercibido en general, pero no para las víctimas sobrevivientes y para los familiares, que siempre preguntaban si les podía pasar lo mismo que a López. Es decir: se generó una cierta psicosis respecto de las víctimas y sus familiares que tal vez obstaculizaba su acercamiento a estos juicios. Creo que con los años los operadores del sistema judicial estamos dando muestras de que podemos tratarlos con respeto, escucharlos y podemos hacerles notar el valor histórico y probatorio que tienen sus dichos para poder condenar finalmente, que es lo que nosotros buscamos desde la fiscalía, a todos los imputados, en este caso del juicio ESMA”.

La fuga desconocida de la ESMA

En Oral y Público ya entrevistamos en varias oportunidades al fiscal Friele y siempre le pedimos que rescate uno o dos testimonios de los últimos que haya escuchado en el juicio, ya sea por su relevancia para la causa o porque lo han conmovido. Esta vez, se refirió a una historia que hasta ahora había estado invisibilizada, la de la familia Tauvaf, que incluso no había tenido acceso a la justicia: “declaró uno de los hermanos de Clara Laura Tauvaf, que es la primera persona de la que nosotros tenemos registro que se escapó de la ESMA. No es un caso que haya sido conocido, nosotros teníamos una cierta información que para principios de la dictadura, es decir abril de 1976 a Laura la habían secuestrado y ella había logrado escaparse de la ESMA. Es una historia increíble que está relacionada también con la familia Lizaso porque todos militaban en el Peronismo Auténtico de Zona Norte. La famosa familia Lizaso que constituía la columna norte de Montoneros y que creó el Partido del Peronismo Auténtico. La familia Tauvaf nunca había declarado, y hoy uno de los hermanos nos contó toda la historia familiar, terrible, porque le allanaron ilegalmente tres veces el domicilio. Ellos vivían en José León Suárez. La primera vez se llevaron a Laura y a dos hermanos. En el interín, Laura se escapa de la ESMA, y termina en el Hospital Castex y a los dos días muere por circunstancias que nosotros desconocemos. El hermano que vino a declarar (Oscar Alberto), tenía doce años para ese entonces, y tampoco pudo darnos razones de por qué falleció Laura”.

Para Friele existe en esta historia otro trasfondo que aún no se ha podido reconstruir: “vamos a ver si la podemos construir por el lado de que tal vez algunos de los del grupo de tareas la descubrió internada en el hospital, porque se lesionó cuando se escapó de la ESMA, entonces terminó internada. Es un caso absolutamente invisibilizado que vamos a tener que trabajar mucho a partir del testimonio de este hermano, que además también fue secuestrado y llevado a la ESMA donde fue torturado cuando tenía doce años. Es una historia desgarradora, porque además Laura fallece finalmente, pero uno de los hermanos, Luis Ambrosio, también termina desaparecido y secuestrado en la ESMA. Es decir, una familia militante en el sentido de que iban a los barrios carenciados, ayudaban, trabajaban socialmente, militaban políticamente, desbastada por el accionar de la dictadura militar, por el accionar del terrorismo de Estado. Esta es una historia que es increíble, porque nunca tuvieron acceso a la justicia y recién en 2014 lo tienen, y es muy importante porque también nos lleva a entroncar los dos componentes de la familia Tauvaf que están desaparecidos con toda la caída de columna norte de Montoneros de comienzos de abril, mayo, junio de 1976, que es la familia Lizaso. Estamos construyendo todo un rompecabezas con estas historias increíbles que van apareciendo a diario en el juicio de la ESMA”, agregó el fiscal.

La de la familia Tauvaf no es la única historia de víctimas del Terrorismo de Estado hasta ahora desconocida, Friele manifestó que hace unos días aparecieron los nombres de otras dos personas que estuvieron secuestradas en la ESMA y que hasta ahora no habían declarado: “ya los hemos localizado y hemos solicitado el pedido para que presten declaración en el juicio, y nos van a posibilitar un montón de datos respecto de un período determinado de la ESMA. Ellos nunca declararon y fueron cautivos no cuatro, cinco horas, sino días, meses; y esto es lo que va apareciendo a partir de este juicio unificado”, especificó.

A pesar de tratarse del tercer tramo de una megacausa que ha tenido prácticamente años de audiencias, con declaraciones de cientos de testigos, continúa existiendo infinidad de casos y datos que aún no se conocen y que dan cuenta de lo inabarcable del horror y los alcances que ha tenido y aún tiene el Terrorismo de Estado.

Genocidas trasladados

Esta semana la Agencia para la Libertad, integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos, informó que 130 represores habían sido trasladados desde el Penal de Marcos Paz a la Unidad 31 de Ezeiza, donde están detenidas mujeres que son madres. En este marco, se señalaba que esta unidad ofrecía ventajas a los militares, ya que es una prisión de mínima seguridad en relación a Marcos Paz.

Al ser consultado sobre este tema por Oral y Público, el fiscal Guillermo Friele dijo: “nosotros nos enteramos de la decisión administrativa, lo que todavía no sabemos es a quién trasladaron. Nadie desde el tribunal nos ha notificado sobre el eventual traslado de algunos de los imputados que están detenidos en Marcos Paz. La verdad que a nosotros nos sorprendió en el sentido de que no sabíamos que iban a hacer esa movida. No conozco el origen de por qué decidieron el traslado”.

Según el despacho de Agencia para la Libertad la medida fue tomada por la Dirección Nacional del Servicio Penitenciario Federal, a cargo de Emiliano Blanco; mientras que desde la Procuración Penitenciaria de la Nación manifestaron su preocupación por esta decisión de “trasladar a una parte de la población femenina de la Unidad 31 de Ezeiza a fin de afectar el espacio que ocupaban al alojamiento de detenidos adultos mayores comprometidos en procesos por violaciones a los derechos humanos”, tanto por “la improvisación en la prevención y solución del hacinamiento carcelario, como (por) el escaso cuidado en la ejecución de medidas de esta clase en forma respetuosa de los derechos de las personas detenidas”.
Fuente:CasaPueblos
Envío:Andrea Benítes-Dumont




26 05 2014
TESTIMONIOS
147. "Nunca más supimos de mi hermano"
Ese fue el reclamo de Amalia Donadío, hermana de Alberto, quien sigue desaparecido. Además, declararon María Elina Bertella y Celina Rodríguez, sobrevivientes; y Laura Iadlis, cuñada de Graciela Alberti, quien sigue desaparecida. 

Los caso de María Luján y María Elina Bertella (567 y 568)
Ambas fueron privadas de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de octubre de 1979. El operativo fue realizado por el Grupo de Tareas 3.3.2. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. María Luján, apodada “Lu”, y María Elina, quien tenía 19 años de edad, fueron liberadas.

El testimonio de María Elina

“La noche del 10 de octubre de 1979, ya era de madrugada, ya era el jueves 11, alrededor de las 3 de la madrugada. Suena el timbre del departamento, estaba con mi hermana. Yo era estudiante de Medicina y ella de Ciencias de la Educación. Ella se levanta, nos levantamos las dos, nos miramos y supusimos algo raro. Decidimos no atender. El portero llama por nuestros nombres y dijo que quería hablar con nosotras. Decidimos no abrir. Termina diciendo que tiene un telegrama de Chacabuco. Empiezan a golpear con todo, a los gritos, era la Policía Federal: `Abran la puerta´, dijeron y nos invadieron entre 7 u 8 personas, sumamente agresivas, muy armadas, con granadas y armas largar. Gritan, nos insultan. A mí me dejan en el comedor, parada contra la pared. Nos sacan la plata que teníamos. Dicen que había drogas. Dicen que me van a llevar. Bajamos en el ascensor con dos personas más, después me enteré de que una era el responsable de las torturas, él me mostró el bolsillo lleno de granadas. Me arrodillan en la parte de atrás del auto, me ponen una capucha. Me daba cuenta de que se comunicaban con el auto en el que tenían a mi hermana. Pensé que nos iban a matar”, recordó María Elina.

La ESMA

“Me hacen bajar por una escalera, me sientan en una silla. Al lado había una persona, que supe que era un guardia. Me tienen ahí sin hacerme preguntas. Apenas llegamos me doy cuenta de que ya estaban torturando a mi hermana. Ese fue uno de los momentos más difíciles, no sé cuánto duró”, relató la testigo.
Luego contó que “me llevan a una habitación en un subsuelo y me empiezan a interrogar, me golpean. Hay un hombre que es el que pega y continuamente se dirige al comisario, que después supe que se llamaba Juan Antonio del Cerro, alias `Colores´. Era ingeniero electrónico y había inventado una picana súper potente. A cada respuesta mía, venía una trompada en la cara o el abdomen, que me dejaba sin respirar. En un interrogatorio, me subieron a una silla y me colgaron un cinturón. Me amenazaban con `la máquina´, que era la picana. No sé cuánto duró eso, pero fue una noche de terror la primera. De a poco me fui animando a levantar la capucha y ver algo: hay una habitación donde estoy sola, no sé bien qué es. Daba la impresión de que era un laboratorio. A partir de eso, una escarba en su memoria y aparecen cosas. Me acuerdo que había como un rompecabezas con nombres. Ese día me llevan a hablar con Luján, ella estaba destruida, la habían picaneado. Estaba en una cama de metal. Esa sala tenía piso de goma y algo para aislar el sonido. Ella se preocupa mucho por mí, porque soy la más chiquita. Después me llevaron otra vez a esa habitación, estuve siempre sola ahí, creo que por cuatro días”.

Medicina

María Elina sostuvo que “un día me despierto, uno me levanta la capucha, me mira y me dice: `Qué injusticia´. Me empieza a preguntar qué hago ahí siendo tan chiquita y yo le digo que estudio Medicina. Me dice que él es médico. Después me entero de que es `Tommy´, el médico que presenciaba las torturas. Me aconsejó cosas de la Carrera, hablamos mucho de Medicina, parecía que me quería sacar información, me preguntaba a qué grupo pertenecía. Yo le dije que a ninguno”.

Torturas 

La sobreviviente también recordó que en la ESMA, hubo “un momento terrible, cuando torturaban a mi hermana y salían y venían a torturarme a mí, para ver si alguna mentía. En todas las preguntas nos mantuvimos bastante bien, no teníamos mucho para decir. En lo que más insistían era en cómo detener a la pareja de Luján o ubicar a mi hermana mayor y mi cuñado”.
Asimismo, la testigo contó que en una oportunidad la llevaron a su casa a buscar ropa y libros de Medicina. Luego la regresaron a la ESMA, lugar que describió como “peor que las películas nazis o de terror”.

Delitos sexuales

María Elina describió que “me bañaba desnuda y él me miraba, me tenía que bañar con la puerta abierta, no sé si nos daban alguna toalla. No lo recuerdo. A ese `Pablito´ le decían `Lindoro´ (Víctor Roberto Olivera)”.

“Hasta cuándo”

“Creo que el 19 de octubre me dicen que prepare el bolso. En todos los interrogatorios que me hacían decía la verdad: que me importaban los pobres, que iba a la villa, que había mantenido la Biblioteca Popular en Chacabuco. Me preguntaban si yo era montonera y decía que no. Mi grupo de militancia era `Hasta cuándo´, en Chacabuco. La mayoría está desaparecida, pero en la época lindo, la del `73 y `74, se armaban guitarreadas en mi casa. Habían formado el centro de estudiantes de Chacabuco. El año pasado encontraron los restos del presidente. Eran todos estudiantes universitarios, yo secundaria. Paralelamente, íbamos a la Iglesia, estaba el grupo juvenil. Así se formó el grupo `Hasta cuándo´. Algunos después se fueron a la JUP y a Montoneros”, contó María Elina y agregó que “yo sigo siendo peronista”.
Luego relató el día de su liberación: “tengo borroso el recuerdo, pero me acuerdo de haberme despedido de Luján con el corazón partido. El tipo que me despide me devuelve mi DNI, las llaves de mi casa y me dice: `Es 19 de octubre, son las 21:30, recuperá la libertad. Tenés algo para contarles a tus nietos´. Me llevaron a mi departamento en un auto. Me llevó `Ariel´. Era muy perverso. Quisiera saber realmente quién era `Ariel´”. Al mes siguiente fue liberada su hermana.

El caso de Celina Rodríguez (559)

Horacio Guillermo Cieza, Gervasio Cieza (de 11 meses de edad) y Celina Rodríguez, quien estaba embarazada de seis meses, fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia y abuso de funciones, en la tarde del 11 de agosto de 1979, en la Ciudad de La Plata, en la Provincia de Buenos Aires. Los dos ex militantes de las Fuerzas Armadas Peronistas fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Al día siguiente fueron liberados.

El testimonio de Celina

En el marco de las reglas de Casación para abreviar los procesos judiciales de juzgamiento de delitos de lesa humanidad y evitar instancias de revicitmización, las anteriores declaraciones de la testigo se incorporaron por lectura.
Celina se refirió a su cuñado, Daniel Cieza, quien militaba con ella y su compañero y también fue llevado a la ESMA. Fue secuestrado y liberado al día siguiente: “estuvimos todos juntos en la misma sala. Nos dijeron por qué nos liberaban. Nosotros éramos peronistas. Nos hablaron de un proyecto de Patria diferente, un proyecto que iba a llevar adelante Massera y que seguramente iban a contar con nosotros para ese proyecto. Cuando pregunto qué estaban diciendo, el que mandaba se enojó conmigo”.

Los casos de los primos Alberto Eliseo Donadío y Ricardo Pedro Sáenz (467 y 510)

“Beto” fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia y abuso de funciones, el 2 de septiembre de 1978, en la casa en la que vivía en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por varios individuos armados, miembros del Grupo de Tareas 3.3.2. La víctima fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. El 2 de noviembre del mismo año fue liberado bajo libertad vigilada. El 6 de diciembre siguiente fue capturado nuevamente y llevado a la ESMA por segunda vez. Tenía 22 años de edad y sigue desaparecido.
Ricardo Pedro Sánez, el “Topo”, tenía 28 años de edad cuando fue secuestrado el 6 de diciembre de 1978, aproximadamente a las 18:00 horas, en el bar ubicado en Av. del Trabajo y Varela, en la Ciudad de Buenos Aires, junto a Lázaro Jaime Gladstein, Andrea Marcela Bello y Héctor Horacio Moreira. Ricardo y Héctor siguen desaparecidos.

El testimonio de Amalia, hermana de Alberto

Alberto fue secuestrado dos veces y en ambas ocasiones fue llevado a la ESMA. La diferencia entre la primera y la segunda es que sólo sobrevivió la primera. La segunda vez que lo capturaron le dijeron a su padre que “no se preocupe, lo llevamos porque no tenía documentos, pero en dos o tres días va a volver”. Alberto sigue desaparecido.
Ana Catalina De Monti, madre de Ricardo y tía de Alberto, también fue secuestrada. Luego apareció muerta.
“Siempre presentábamos hábeas corpus. Todos eran contestados negativamente. Ante la aparición de mi tía muerta, me voy a vivir con mi padre. En el año `81, sería marzo, suena el teléfono a la madrugada y atiende mi padre. Se corta. Me puede decir que había escuchado la voz de mi hermano, que era él quien hablaba y preguntaba por mí. Suena nuevamente y atiendo yo, también reconozco la voz parecida a la de mi hermano. Digo parecida porque no tengo pruebas para decir que lo era. Lo que me dice es que por favor lo vaya a buscar. Le pregunto a dónde, dónde estaba. Me dijo que estaba en la calle Craig y Directorio. Son calles del barrio, calles muy habladas en la familia. Le dije que se quedara ahí donde estaba, que no se moviera. Recién ahora, después de 36 años, puedo pensar de qué teléfono me estaba llamando si no existía el celular, con qué moneda me hubiera llamado de un teléfono público. Qué joven, qué tonta que fui en ese momento. Lo único que escuché es la voz de mi hermano. Fui con mi padre. Por supuesto, no había nadie. Caminamos muchas cuadras alrededor de esa esquina, no dimos con él. El mismo año `81, pasados unos meses, hubo otras llamadas, también de madrugada. Atendí directamente yo. Escuchaba el `hola, hola´, permanentemente, también de quien parecía ser mi hermano. Una vez se cortó y nunca más hubo llamadas de teléfono de madrugada y nunca más supimos de mi hermano”, recordó Amalia.

Beto

Tenía 22 años de edad y trabajaba en una fábrica. Era peronista y militaba en Montoneros: “era una persona muy bondadosa, muy compañero. No sólo compañero de sus amigos, de su padre, de mí de su primo. Le gustaban las artes, la música. Esas fotos son más o menos las últimas que hemos podido rescatar”, sostuvo Amalia, mientras se exhibieron las imágenes de su hermano.
Para finalizar, Amalia recitó unas palabras escritas por su hermano: “Alza tu voz, que el viento te las lleve de la mano”.

El caso de Graciela Alberti (581)

“La Negrita” o “Mimi” fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia y abuso de funciones, el 13 de marzo de 1980. El operativo fue realizado por el Grupo de Tareas 3.3.2. La víctima fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecida.

El testimonio de Laura Iadlis

En el marco de las reglas de Casación para abreviar los procesos judiciales de juzgamiento de delitos de lesa humanidad y evitar instancias de revicitmización, las anteriores declaraciones de la testigo se incorporaron por lectura.
Laura fue cuñada de Graciela, por eso en la audiencia le preguntaron sobre las gestiones que hizo la madre de Graciela para saber más información sobre el secuestro de su hija: “fueron a la comisaría y no le tomaron la denuncia”, contó.
“El trato que yo tuve con Graciela y la familia de ella no tiene que ver con la militancia, sino con la vida familiar. Yo fui la novia de su hermano. Para mí Graciela siempre fue Graciela. Supe que había usado el nombre de Raquel, que es el de su mamá”.

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 28 de mayo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.



28 05 2014
TESTIMONIOS
148. "No había ningún país del mundo donde hubiera nietos secuestrados por razones políticas"
Esas fueron las palabras de Rosa Roisinblit, con respecto al plan sistemático de robo de bebés, entre ellos su nieto Guillermo, quien nació en la ESMA y recuperó su identidad décadas después. La vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y su nieto declararon en la audiencia de hoy, y también lo hizo Oscar Amerio, por el caso de Dagmar Hagelin, quien sigue desaparecida. 

Los casos de Patricia Julia Roisinblit de Pérez Rojo (483), Guillermo Pérez Roisinblit (484), José Manuel Pérez Rojo (878) y Mariana Eva Pérez 
El 6 de octubre de 1978 José y Patricia, quien estaba embarazada de ocho meses y militaba en Montoneros, y Eva, la hija de ambos y de 15 meses edad, fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, cuando estaban en su casa, en Gurruchaga 2259, cuando estaban en su casa, en Gurruchaga 2259, 3º 20, en la Ciudad de Buenos Aires.
Mariana fue entregada a la tía de José, en Olivos, Provincia de Buenos Aires. José y Patricia, apodada “Mariana”, fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. El 15 de noviembre de 1978, dentro de la ESMA, nació Guillermo, hijo de ambos, a quien Patricia llamó Rodolfo Fernando. El parto clandestino fue asistido por el médico Jorge Luis Magnacco. Días después, Patricia fue trasladada. Ella y José siguen desaparecidos.
Rodolfo fue apropiado y conoció su identidad en el año 2004. Actualmente, lleva los nombres Guillermo Rodolfo.

El testimonio de Rosa Roisinblit, madre de Patricia y abuela de Guillermo y Mariana

“Apenas se llevaron a mi hija, embarazada de 8 meses, me puse en campaña de búsqueda de mi hija y mi yerno. Me presenté, muy ingenuamente, ante la justicia por la privación ilegal de la libertad de mi hija, sin darme cuenta de que yo también podía caer, porque era plena dictadura”, así comenzó su testimonio Rosa, actual vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Estaba muy ofuscada, apenada, desesperada. Me acerqué al grupo de las Madres, supe que había mamás igual que yo, que también tenían desaparecidas a sus hijas o nueras embarazadas, y algunas parejas que fueron secuestradas con sus hijos ya nacidos. Me acerqué a ese grupo de personas. A partir de ahí, siempre estuve unida a las Abuelas de Plaza de Mayo, que en ese momento si no se llamaba así: se habían autotitulado `Abuelas argentinas con nietitos desaparecidos´, un título un poquito largo. Como existían Madres, nos empezamos a llamar Abuelas. No había ningún texto para aprender cómo se hace para identificar a un bebé que no se sabe si nació o no nació. Con el maltrato y la tortura, bien podría suceder que los embarazos no llegaran a su término. Se presentó un caso, encontramos a un nieto cuyo embarazo de la madre era de dos o tres meses cuando fue secuestrada. A partir de ahí, integramos todos los casos de las madres embarazadas. No había ningún texto, ningún país del mundo donde hubiera nietos secuestrados por razones políticas. Han pasado 36 años, ojalá que nunca se repita”, pidió Rosa.

Abuela

“Me siento privilegiada, porque en mi búsqueda, aunque busco a todos los nietos, tuve el privilegio de encontrar a mi nieto, frente a todas las abuelas que vienen buscando todos los días desde hace 36 años, vienen a la casa de las Abuelas a encontrar a sus nietos. Esas abuelas están sin saber si el embarazo llegó a su término, si nació un varón o una niña, la fecha de nacimiento, el nombre en el registro. Yo sigo trabajando, porque hay una estimación de que hay alrededor de 500 nietos secuestrados. Nuestros nietos siguen vivos, son los únicos desaparecidos con vida. Yo no espero que mi hija esté viva, porque después de más de 30 años de gobiernos constitucionales, ya hubiera regresado a casa. Si no regresó es porque no está. Quiero saber qué pasó con mi hija, quién la condenó, quién la juzgó y a dónde está. Desde hace muchos años que tengo una querella contra el Estado para que me explique todo esto. Hace muchos años me presenté con otras cinco Abuelas en la causa (judicial) por el Plan Sistemático (de robo de bebés). Ahora el juicio ha tenido éxito, se falló a favor, se ratificó hace pocos días. Estoy muy satisfecha con ese resultado. Sigo sosteniendo, ahora más que nunca, que la ley de Obediencia Debida es inconstitucional. En todo el país hay juicios contra toda esa gente. Están juzgando no solamente a aquellos que respetaron las órdenes, sino también a los que las dieron. Puedo tener respuestas sobre mi reclamo. A pesar de encontrar a mi nieto, sigo en Abuelas de Plaza de Mayo todos los días buscando a los nietos que faltan, participando en todo esto, llevando la voz de las Abuelas afuera del país, buscando la verdad que reclamamos, la que forma parte de la trilogía Verdad, Justicia y Memoria”, relató Rosa.

Mariana

Cuando secuestraron a su mamá y su papá, los captores dejaron a la niña de 15 meses de edad en una casa familiar. Patricia se asomó por la ventana del auto en el que la trasladaban y pidió a los gritos que recibieran a la niña para ser llevada con los abuelos paternos. “Era una criatura de 15 meses, que no podía hablar, solamente decir `papá´ y `mamá´. ¿Qué podía pasar en la cabeza y corazón de esa criatura? Ella siempre supo la verdad. Apenas tuvo edad suficiente para que le expliquemos, cuando nos dimos cuenta de que podía comprender, le contamos la verdad. Ella siguió viviendo con sus abuelos paternos, pero yo viajaba los lunes, miércoles y viernes para ver a mi nieta y le traía libros de cuentos”, recordó Rosa. Luego contó que su nieta, Mariana, se incorporó durante un tiempo al equipo de trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo y “ahora es Licenciada en Ciencias Políticas y dramaturga. Estoy muy orgullosa de ella”.

Guillermo y el encuentro con su identidad

Rosa contó que en Abuelas de Plaza de Mayo recibieron llamados y una llamada anónima hablaba de “una chica de 26 años, avanzada estudiante de Medicina, que tuvo su parto en noviembre. Todos los datos indicaron que se trababa de nuestro caso”. En ese momento, Mariana trabajaba en Abuelas. “Dio la casualidad de que mi nieta atendió esa llamada telefónica. A pesar de que las Abuelas nos destacamos por hacer las cosas paso a paso, ella agarró unos papeles y folletos y corrió a buscar a su hermano. La señora le pasó el nombre del chico. Ella salió corriendo a buscar a su hermano. Se acercó al negocio (donde trabajaba él) y le preguntaron qué deseaba, porque era un negocio. Entonces, ella dijo: `Acá hay un chico que se llama Guillermo´. Vino Guille y le preguntó a Mariana qué buscaba. Cuando ella le dijo que creía que podía ser su hermano, él descreyó. Creo que mi nieta fue muy convincente, porque ese mismo día a la tarde él fue a la casa de las Abuelas y pidió que se le saque sangre, porque quería saber si esa chica era su hermana”.
“Yo tuve que salir, estaba en Boston, donde me doctoraban como Honoris Causa en Derechos Humanos. De repente, me llaman por teléfono, era el genetista. Me llamó y me dijo: `Rosa, es tu nieto´. Fue una gran fiesta. Volvía a la Argentina y me encontré con él. Me encontré con un muchacho alto, tuve que levantar la vista. `Yo soy tu otra abuela´. Me dijo: `Sí, ya lo sé Baba´, porque mi nieta me dice Baba. Fue un encuentro muy idílico, fue muy bueno el encuentro con mi nieta, conmigo también. Pasó algún tiempo hasta que los apropiadores fueron citados por la justicia por haberse apoderado de un bebé. Eso es un delito. Fue juzgado y condenado. Ahí a él (Guillermo) ya no le gustó. Aquel momento creó una situación bastante difícil para mí. Pero yo, despacito, llamaba por teléfono. Él estaba enojado conmigo y me preguntaba por qué lo llamaba, me decía que no me quería atender, pero nunca me cortó. Hasta que en un momento dado, yo le dije que a `esa señora que vos llamás mamá, es mi hija´. Él hizo un click y cambió. Poco a poco, fue reanudando la relación. Él está casado, tiene dos niños, que son dos amores. Él es un gran padre”.

Patricia

“Era estudiante de Medicina. A los 17 ó 18 años, cuando falleció el padre, decidió que tenía que tomar una decisión en el orden social. Se convenció de que ella quería militar en Montoneros. Empezó a militar con mucha seriedad”, relató Rosa Roisinblit.

Los nietos

“Si alguno de los que están inculpados se atreve a decir dónde pueden estar los nietos que falta encontrar, nos haría mucho bien. A lo mejor, le haría bien a ellos. Después de tantos años, hay que acceder a los deseos, exigencias, pretensiones de las Abuelas de Plaza de Mayo, porque es un pedido muy natural, que haría cualquier madre o abuela a la que le pase lo que nos pasó a nosotras”, dijo Rosa para concluir.

El testimonio de Guillermo   

Lo primero que contó fue sobre su hermana: “Me escribió una carta. `Me llamo Mariana Eva Pérez, soy hija de desaparecidos, estoy buscando a mi hermano, podrías ser vos´. Yo recuerdo haber sacado mi documento. Le dije: `Me llamo de manera diferente, Guillermo Francisco Gómez´. Ella sonríe, me deja el número de la casa de las Abuelas de Plaza de Mayo. Eso fue al mediodía. A las cuatro de la tarde termino mi turno laboral y voy hasta la casa de las Abuelas. Ahí me atienden, me explican la situación y cómo dieron conmigo. Llegaron por dos denuncias telefónicas, que se realizaron 14 y 21 días antes. Las hizo la misma persona y aportaba datos específicos sobre mí. Empiezo a preguntar cuál era la posibilidad de que fuera yo y me explican las dos maneras posibles para comprobarlo: el Banco Nacional de Datos Genéticos y el Banco privado en Estados Unidos. Ese mismo día doy una muestra de mi sangre y quedo en contacto con Mariana. El 2 de junio llegan los resultados, que dicen que era Rodolfo, con un 99,999 por ciento de exactitud”.

Pedir la verdad

“Previamente, tuve una charla con Francisco Gómez, quien hasta ese momento yo creía que era mi papá. En tres o cuatro oportunidades le pregunté por la situación. En las primeras tres me lo negó, en la cuarta rompe en llanto y me empieza a contar que sí, que mi mamá estuvo detenida en la zona de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires, de la Fuerza Aérea, donde él trabajaba los sábados y domingos, que le tocaba hacer turno y le pasaba comida de más de contrabando y la sacaba vendada, y a veces le sacaba la venda para dar una vuelta en la Dependencia, que cuando estaba embarazada de mí no le hizo daño, pero no era lo mismo con mi papá. Le contesté que se fuera a buscar un abogado, porque se había robado al nieto de la vicepresidenta de Abuelas. Después tuvimos el resultado del análisis y empieza a moverse la causa en el Juzgado de Cervini de Cubría. Él queda detenido con prisión preventiva”, contó Guillermo Pérez Roisinblit.
Luego, Guillermo relató que fue a la ESMA a ver el lugar de su nacimiento, acompañado por sobrevivientes. Supo que pudo estar entre tres y cuatro días con su mamá, pero que “no sabría si mi papá llegó a conocerme”.
“Tuve la suerte de que cuando recupero mi identidad tenía a mis dos abuelas vivas y a una hermana. Entonces, tengo mucha información sobre mis padres, pero no conservo ni un recuerdo. Tengo que armar las figuras materna y paterna a través de una veintena de fotos inmóviles”, sostuvo el testigo. “Eran jóvenes, tenían ideales, tenía 25 años los dos, militaban en Montoneros. A mi mamá le faltaban sólo cuatro finales para recibirse en Medicina, era muy inteligente. Mi padre era profesor de piano y solfeo. Los dos eran hijos únicos y no están. No sé qué pasó con ellos, no sé quiénes son los responsables, no tengo una tumba ni lugar donde llevarles una flor”, dijo Guillermo al concluir su declaración testimonial.

El caso de Dagmar Hagelin (ver audiencia 134).


El testimonio de Oscar Juan Amerio

“Más o menos el 27 de enero de 1977, aproximadamente a las 17:30 ó 18:00 horas, regreso a mi casa después de haber trabajado todo el día, y encuentro al señor Hagelin esperando ahí. Me comenta lo que había sucedido con su hija. Como tengo gran afecto por esta persona, le dije: `Vamos a recorrer el lugar´. Nos dirigimos a la subcomisaría de Palomar, me identifico, porque yo era suboficial del Ejército, y pregunto sobre un hecho que había sucedido en la zona. Me relatan que ellos mucho no me podían decir, porque recibieron información desde Morón que decía que había habido un operativo de las Fuerzas Armadas, con cuatro autos Ford y Chevy sin patentes. Me dijeron que me tenía que dirigir a Morón para saber más. Me identifico en la puerta, me desarman, me atiende el oficial, que me relata lo que había sucedido. Me muestran una carpeta que decía que el operativo había sido en la calle Sargento Cabral y que no podían actuar porque era de la ESMA”, contó el testigo.
Oscar relató que se solidarizó con Hagnar Hagelin por considerarlo “como un cuñado, él estaba con mi hermana. Hagelin me contó que la hija había ido a la casa de una amiga, una tal (Susana) Burgos, que había desaparecido. Había gente que la secuestró y se la llevó. Recorrimos el hospital de Haedo, pero no había noticias de ella. Había una mancha de sangre donde fue herida Dagmar, más o menos a 100 metros de la casa. Una vecina había tapado la mancha, pero la marca estaba, se veía claramente. Habían sacado del auto a un taxista, puesto a la chica en el baúl y se la llevaron. Después de recorrer hospitales, fuimos a la ESMA. Entro solo. Voy al puesto de entrada, pido ser atendido por el jefe de guardia. Me dice que había habido un operativo, que no podía decir nada, pero me aconseja que si quería seguir con mi profesión, no me meta. Eran aproximadamente las 10 de la noche. Salí, hablé con él (Hagnar), le dije: `Hasta acá llego, corre riesgo mi Carrera´. Hasta ahí actué yo”.

Próxima audiencia

El juicio continuará el jueves 29 de mayo desde las 9:30 horas, con más declaraciones testimoniales.





29 05 2014
TESTIMONIOS
149. "Ojalá que se haga justicia, es lo único que quiero"
Ese fue el pedido de Oscar Alberto Tauvaf, sobreviviente y hermano de dos desaparecidos. El otro testigo del día fue José Orlando Miño, ex detenido-desaparecido en la ESMA. 

El caso de José Orlando Miño (571)
José Orlando Miño, militante de Montoneros apodado “Rolo”, fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, junto a su pareja Amalia Gallardt (caso 572), el martes 13 de noviembre de 1979, a las 23:45 horas, en su domicilio particular, sito en la Avenida del Libertador 7086, piso 10, departamento “A”, de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por un grupo integrado por entre seis y siete personas vestidas de civil y armadas, quienes se identificaron como policías, e integraban el G.T. 3.3.2. En esa ocasión, José y Amalia fueron fuertemente golpeados.
Posteriormente, fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
Miño fue torturado e interrogado, con el propósito de obtener información para ubicar a un compañero, Jorge “Pata” Pared, lo que lo llevó a plantearle a sus captores que éste supuestamente iba a comunicarse al teléfono del trabajo donde aquél se desempeñaba, en el curso de la mañana siguiente. Esta supuesta confesión facilitó que el castigo disminuyera, aunque luego la sesión fue retomada.
Por dicho motivo, durante los días 14, 15 y 16 de noviembre de ese año, fue llevado desde la ESMA a cumplir con su horario de trabajo en el Estudio de arquitectura en el que se desempeñaba, con el objeto de recibir la llamada, para lo cual fue ubicado en una oficina junto con dos de sus secuestradores -pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3.2-, quienes intervinieron las líneas telefónicas correspondientes y aprovecharon, además, para continuar interrogándolo. Al finalizar dichas jornadas, Miño fue llevado a su departamento, esperando que Pared concurriera allí, y más tarde a la ESMA, donde fue torturado salvajemente durante la noche. Esta situación se mantuvo hasta última hora de la tarde del 16 de noviembre de ese año, cuando Pared y su esposa, Sara Isabel Ponti, fueron secuestrados.
Posteriormente, Miño fue obligado a visitar a la propietaria del departamento que alquilaba y rescindir el contrato que lo vinculaba, con el argumento de que se iría a trabajar al sur. Miño refirió que, en esa oportunidad, fue acompañado por “Pancho”, el segundo de Abdala.
El 24 de marzo de 1980 fue liberado bajo un régimen de vigilancia que se extendió por alrededor de tres meses. Durante dicho período, fue obligado a llamar por teléfono en días y horarios determinados para convenir con un oficial encuentros puntuales a los que debía concurrir. Además, en una oportunidad, en el marco de la búsqueda de un inmueble que alquilaría junto a Carlos Kunkel, para que ambas familias vivieran juntas allí, una noche y a través del portero eléctrico de su domicilio -ubicado en Bulnes y Valentín Gómez, de la Ciudad de Buenos Aires-, le dijeron a su esposa: “Dígale al Rolo que está en malas compañías, que no tiene que juntarse tanto con algunas personas”.

El testimonio de José

Miño ya declaró en la etapa anterior de la megacausa, por lo que esta declaración tuvo como objetivo esclarecer algunos puntos de ese testimonio anterior.
Sobre su secuestro, contó que “el martes 13 de noviembre por la noche fuimos detenidos con mi compañera, Amalia Gallardt. Ella estuvo 3 días en la ESMA. Ahí comprobaron que no estaba relacionada con ninguna ‘actividad subversiva’ y fue liberada. En esos tres días no tuvimos contacto. Ella me contó que fue vejada, torturada, picaneada. Amalia no tenía ningún tipo de participación política”. Gallardt tenía 24 años y estudiaba Arquitectura. Esa noche “golpean la puerta y cuando pregunto quiénes eran dicen ‘Policía, abran’. Entran varios hombres de civil, nos separan, requisan el departamento. Me pareció ver a Donda(Adolfo Miguel DondaTigel) y a otros dos. Me dio la impresión de que Donda estaba a cargo del operativo. En la patota vi gente joven. Después pude conversar con uno de la patota, que era de la Policía Federal Argentina y que estaba pidiendo la baja en ese momento”.

Los interrogatorios

“El tema principal de los interrogatorios era ubicar a Jorge Pared (Jorge Alberto Pared, caso 574), quien era un compañero chaqueño, que lo conocí en Buenos Aires, yo venía del interior. En el `79 conozco a Jorge a través de reencontrarme con Ana Testa (Ana María Isabel Testa, caso 570) y ‘el Negro’ Silva, hoy todavía desaparecido, y empezamos a tomar contacto. Yo estaba desvinculado de cualquier tipo de actividad política. Ana fue compañera mía en la Universidad del Noreste y éramos compañeros de la JUP (Juventud Universitaria Peronista)”, narró el sobreviviente. “El que manejaba la tortura fue Donda. Me pide que me saque la capucha, que lo vea. Yo tenía que tener la picana y yo mismo me tenía que flagelar. De (Ricardo Miguel) Cavallo recuerdo verlo bastante molesto, estaba como dirigiendo también. Tuve tres sesiones de tortura muy fuertes, martes, miércoles y jueves”, agregó.

El “trabajo” en el Estudio

“Desde el primer día de tortura yo había dicho que Pared podría llamarme por teléfono al Estudio donde trabajaba, cosa que no era real. Esa situación me permitió disminuir el castigo. Me llevaron a la mañana, hablaron con Róvere y Jorge Tallone (dueños del estudio), les dijeron que había un subversivo de tales características y que iba a ir con ellos para pinchar los teléfonos para ver si llamaba Pared. Mi horario de trabajo era de 9 a 17, me llevaban a mi departamento, por si Pared venía, y después a la ESMA. También me piden que me vea con mi ex mujer (Mirta Esquivel, 731) en el Estudio. En ese momento tenía dos hijos. Yo me conecto con ella y le pido que vaya al Estudio. Estaba rodeada la manzana y sitiada la esquina. Cuando Mirta va a subir al Estudio, Jorge Tallone(577) bajaba y le dice que tuviera cuidado porque ‘Rolo’, me decían así, hacía un par de días que estaba con gente extraña. Mirta se asustó y se fue. La apresaron y la llevaron al Estudio para que hablara conmigo. Yo vuelvo a la ESMA. Mirta me dice que la habían tenido un par de horas en la ESMA y que pusieron gente de la ESMA en su casa. Esto creo que fue el viernes 16. A Mirta también le preguntaron por Pared. A Tallone también lo detienen y lo llevan a la ESMA. Yo daba garantías de que Tallone era un buen tipo y no tenía nada que ver. Y lo dejaron en libertad”, dijo.

Jorge Pared y Sara Isabel Ponti “Gringa” Ponti (575)

“El sábado 17 los detienen en la calle, por lo que me enteré. Los llevaron a la ESMA. Yo pude verlo varias veces en la ESMA, pero no hablamos del secuestro. ‘El Pata’ (Pared) después de ser torturado fue llevado a Capucha y ‘la Gringa’ quedó en el subsuelo, donde estaba Ana Testa. A ‘la Gringa’ la vuelvo a ver cuando me bajan al subsuelo a trabajar. Se la veía mal anímicamente. Yo salgo el 24 de marzo del `80 y ellos todavía estaban ahí”, describió.

Horacio Martín Domínguez (561)

“Horacio también es arquitecto y fuimos compañeros en la JUP de Resistencia. Fue toda una sorpresa. Abdala (Luis D’Imperio) me dice: ‘Está Horacio Domínguez, ¿por qué no hablás con él, que se está haciendo golpear?’. Horacio estuvo tres años a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y al poco tiempo es secuestrado por una patota de la ESMA”, dijo.

El “grupo Villaflor”

“A todo este grupo lo dejamos de ver al poco tiempo de que fue reemplazado Abdala por (Oscar Rubén) Lanzón, creo que fue febrero del `80. Con el cambio se dio una situación muy fuerte, porque hasta ese momento, y en mi caso particular, dado que se dieron cuenta de que era una persona ‘recuperable’ para la sociedad, yo tenía franco para ir a ver a mi familia. Hubo una fecha en la que salimos todos de franco y cuando volvimos nos dimos cuenta de que no estábamos todos los que `trabajábamos´. En ese grupo que no estaba, estaban ellos”, contó.

Los represores

“Hormiga”: “Es Orlando González. Era fotógrafo. Era vox populi que, con ideas y trabajo de otros presos, presentó un trabajo y había ganado el premio Cóndor. El premio fue antes de mi desaparición. Me llamó la atención esa fotografía. Siendo fotógrafo, yo estaba participando. Estando en la ESMA, me entero de que el que sacó esa fotografía era ‘Hormiga’. Me dijeron que había tomado bocetos e ideas de otros. Ya en el `85 u `86, venía de Corrientes a Capital y en el colectivo en el que veníamos nos quedamos cerca de Entre Ríos, y me encuentro a una persona que estaba arriba del mostrador arengando al pasaje en forma de protesta, esta persona era ‘Hormiga’. Yo me acerco y se bajó del mostrador. Cuando llegamos a Retiro no lo vi bajar del micro. Yo lo veía abajo, más por el lado de Inteligencia. En una oportunidad viene a hablar conmigo con mi camisa puesta, con un saco cruzado muy elegante, que era mío también”, dijo.
“Panchito”: “Era un suboficial, secretario de Abdala. Él me llevó a lo de Mirta a ver a mis hijos. Aparecía los domingos con medialunas porque “éramos una gran familia ahí adentro”.
“Tommy”: “Yo conocí a (Carlos Octavio) `Tommy´ Capdevila, que era médico. En este caso, era un poco el que controlaba a los torturados, definía si se podía seguir o no torturando, qué cuidados había que tener. En un momento, vino a preguntarme cómo acceder a créditos del Banco Hipotecario para viviendas. Por comentarios, supe que atendió a `La Negrita´ (Josefina) Villaflor (caso 537), quien fue salvajemente torturada. Parece que confrontaba mucho con sus torturadores y en un momento le dejaron puesta una picana automática que no necesitaba controladores”.

Libertad controlada

“Yo salgo el 24 de marzo del `80 y tenía que hacer una vez a la semana un llamado telefónico y definían dónde encontrarme para hacer el seguimiento. Solíamos encontrarnos en uno de los bares cerca de la ESMA. Esto fue aproximadamente durante tres meses, después fueron diluyéndose”, narró.

Juan Carlos Silva

“Me dijeron que si lo veía le tenía que decir que se entregara a la Marina: ‘Si lo ves decile que se entregue, llevalo vos a la ESMA. Si cae en manos del Ejército, es boleta’. Yo era la garantía, porque estuve en la ESMA y estaba vivo. ‘El negro’ Silva era la pareja de Ana Testa”, contó.

Guillermo Amarilla (565)

“Era el responsable de la zona del Litoral, pero mi trato fue en una o dos oportunidades en el Chaco. Me junté con la cuñada de Amarilla, Susy Gelman, ella salvó su vida en un enfrentamiento en el que toman prisionero a Amarilla y a su hermano. Él está desaparecido”, dijo Miño.

Trabajo esclavo

“Para diciembre, ya estaba haciendo trabajos ahí. Mi primer trabajo fue la clasificación de los negativos del diario Noticias, que había sido clausurado. Uno con el trabajo podía fantasear que iba a vivir un día más al menos”.

Reflexión

“Reflexionando un poco, creo que es importante unificar las causas y profundizar lo que no dijimos en su momento, me siento bien”, finalizó Miño.

Los casos de Luis Ambrosio Tauvaf (730) y Clara Laura Tauvaf (731) 

Clara fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 26 de abril de 1976 a las 04:00 horas, en el domicilio ubicado en Salvador De Benedetti 39, José León Suárez, Provincia de Buenos Aires. El operativo fue realizado por un grupo operativo perteneciente al Grupo de Tareas 3.3.2.
Posteriormente, fue llevada a la ESMA, donde se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. A los pocos días logró escapar de dicho centro clandestino de detención, tortura y exterminio.
Por su parte, Luis fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, el 7 de junio de 1976, en su domicilio. Luego fue llevado a la ESMA, donde se lo mantuvo clandestinamente detenido y fue atormentado mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. Aún sigue desaparecido.

El testimonio de Oscar Alberto, hermano de Clara , Luis , Nélida Rosa y Jorge

“Yo tenía 12 años. El 26 de abril de 1976, a eso de las 4 ó 5 de la mañana, yo estaba en el fondo de mi casa, en José León Suárez, y entró un hombre armado y me dijo que fuera para adelante. En el comedor estaba toda la familia: Clara Laura, Luis Ambrosio y Nélida Rosa. También mi mamá. Había hombres de civil y uniformados. Nos preguntaron quién era Laura y quién era ‘el Gigante’. Nadie contestaba. Le entraron a pegar a mis hermanos y ella misma dijo: ‘Yo soy Laura’. Ese día se llevaron a Clara Laura, a Hugo, al marido, y a Nélida Rosa, mi hermana. A los días volvieron y ahí fue cuando me llevaron a mí y a mis hermanos Luis Ambrosio y Américo Urbano, y a un sobrinito, de dos años de edad. Nos llevaron en dos Falcon, me dijeron que me tirara boca abajo en el piso del auto y que no me levantara, porque si no me mataban. Llegamos hasta una especie de bar, o lo que en ese momento a mí me parecía un bar, nos hicieron tirar boca abajo. Ahí la vi boca abajo a Nélida y también a mi cuñado, Hugo Paes, que estaba bastante estropeado. En el bar había un montón de gente. Y se escuchaban ruidos de sufrimiento del otro lado, como que las estaban torturando. Mi cuñado les dijo: ‘Ustedes van a perder’, y el otro le contestó: ‘Ustedes ya perdieron’. Ahí quedamos una noche, se escucharon tiros: ‘Son los subversivos, pero no pasa nada’, decían. Al otro día, nos subieron a un camión del Ejército, éramos entre 15 y 20 personas, nos pusieron unas capuchas, traslucía la luz, de ahí fuimos a una ruta, donde yo podía ver sombras de puentes, de carteles. Me llevaron a un lugar, me esposaron las manos y las piernas y me dejaron en el piso ahí. No podía ir al baño, nada, me oriné encima, porque no me dejaban. Me dieron una factura con café con leche y después un sándwich. Después me llevaron a un cuarto, donde me golpearon con algo de hierro en los hombros. Me pedían que dijera algo, lo que sabía, y yo les decía que no sabía nada. Me pegaron y me dijeron que si no hablaba me iban a matar. Me preguntaron cuántos años tenía y uno dijo:‘¿Qué hace este acá, qué hace este de 12 acá?’. Me llevaron a otro cuarto y me sacaron dos fotos, una de perfil y otra de frente. ‘Vos desde ahora estás vigilado por el resto de tu vida’, algo así me dijeron. Me pusieron en un auto con las manos atadas con una soga y me dijeron que me iban a dejar en un lugar, que no mirara para atrás, porque me iban a matar. Habían pasado 4 ó 5 días. Me dejaron en un lugar y yo no sabía dónde estaba, no sabía cómo viajar. Finalmente, llegué a mi casa, contento. A los días volvieron y me dijeron que yo ya era una persona grande, preguntaron dónde estaba Laura, que como ya era grande ya me podían meter picana. Les decíamos que no sabíamos, que ellos se la habían llevado. Ahí nos pegaron. A Jorge, que estaba en el servicio militar, le dijeron que se lo iban a llevar. Mi vieja quedó mal, a mi viejo le decían que se levantara, mi papá era paralítico y era árabe y mi viejo no podía y no se le entendía. Ahí se la llevaron a Nélida otra vez. La gente comentaba que había mucha gente del Ejército que estaba por todos lados. Había una persona a la que le decían `Uno´. La segunda vez, esa misma persona vino. Era el que dirigía. A Luis Ambrosio creo que también se lo llevaron dos veces, él nunca apareció. Américo sí volvió. De mi hermana no sé nada. Mi vieja sufrió muchísimo. Lo que pasó fue muy feo. Llegaba la noche y no se podía dormir. A estos tipos no les importaba nada, hacían lo que querían. Espero que esto sirva para algo. Yo estuve en la ESMA, después me dijeron. Me dijo Nélida Rosa, ella estuvo mucho tiempo detenida. Me dijo mi mamá, que es la que hizo los hábeas corpus. Y me dijeron dónde estuve detenido, en la Escuela de Mecánica de la Armada”, declaró.

Primer operativo

“En el primer operativo se llevaron a Clara, a Hugo y a Nélida. Clara Laura tenía entre 25 y 30 años, era del Peronismo Auténtico. Vivía en la zona de Puente San Lorenzo, la Panamericana estaba a dos cuadras. Siempre había una discusión con ellos, porque mi mamá era muy peronista, militaba en una unidad básica, y siempre había discusión política porque Clara Laura andaba en otra casa y mi mamá le decía que saliera de ahí donde estaba. Hugo era más grande que ella. Nélida Rosa tenía 18 ó 20 años. Ella no militaba, siempre estaba con nosotros, con el novio”, detalló.

Segundo operativo

“La persona que dirigía era la misma persona del primer operativo. Yo vi a ese y es como que hubiera visto al diablo. En ese operativo se llevaron a mi sobrino, Hugo Ernesto Paes, debería tener un año. También se llevaron a Américo Urbano. Américo era el novio de Nélida. No llegaba a los 30 años. Era colectivero, pero no sé si militaba. A Luis Ambrosio también se lo llevan en el segundo. La seguían buscando a Laura. En el segundo operativo se quedaron en mi casa bastante tiempo”, contó.

El hospital Castex

“Después de esto, mi mamá me lleva a un hospital en San Martín, al Castex, y yo la vi a Clara Laura. Mi mamá dijo que estaba muy golpeada, muy estropeada. Para mí se iba a recuperar. La saludé, habló con mi mamá. A los días nos dijeron que había fallecido, pero nunca hubo un velorio, nada”, dijo.

La ESMA

“Yo supe dónde estuve por mi hermana Nélida Rosa y mi mamá. Y mi mamá me dijo que ya se sabía que había estado en la Escuela de Mecánica de la Armada. Nélida me contaba, no detalladamente, eran cosas muy feas, la violaron, la torturaron, le pasaron picana, y ella no quedó bien. Me contaba que habíamos estado ahí, en la ESMA”, narró.

“Yo rogaba que no viniera la noche, porque sabía que iban a venir”

“Mi vida después de que no vinieron más, para mí iban a volver, yo no podía dormir, temblaban. Yo rogaba que no viniera la noche, porque sabía que iban a venir. Todos estábamos así en la familia. Mi mamá habló con el juez y nos pusieron en un instituto en La Plata a mí y a mi hermano Juan Carlos. Ojalá que se haga justicia, es lo único que quiero”, dijo al finalizar.

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 4 de junio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma

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