14 de febrero de 2012

CÓRDOBA: JUICIO al COMANDO RADIOELECTRICO FASCISTA CORDOBÉS.

JUICIO al COMANDO RADIOELECTRICO FASCISTA CORDOBES
Juicio Azul
El proceso oral se inicia este martes 14, a las 9 en el TOF2, superados incidentes y recusaciones previas. En la causa, que se inició en 2008 y se elevó a juicio en 2010, se investigan los fusilamientos de Ana María Villanueva, Jorge Manuel Diez y Carlos Delfín Oliva. Tres policías en el banquillo.
2012-02-12
Por Katy García
“Este juicio tiene la misma relevancia histórica, social y política que el resto de las causas donde se juzga la violación masiva y sistemática de los derechos humanos ocurridos entre 1976 a 1983 en Córdoba”, evaluó Carlos Gonella, fiscal del Tribunal Federal Oral 2, a escasos días de iniciarse el proceso.

Para el representante del ministerio público, la Policía de Córdoba, y por ende el Comando Radioeléctrico, funcionó bajo el control operacional del Ejército en todas las provincias que formaban parte de la jurisdicción del Tercer Cuerpo. A juzgar por el número de víctimas y desaparecidos, Córdoba es la segunda zona donde se desató con mayor intensidad el terrorismo de Estado

“Me parece interesante hacer la distinción de lo sucedido en Córdoba en los meses previos al golpe de 1976. El grupo denominado Comandos Libertadores de América, versión local de la Triple A, estaba nutrido por policías, civiles y efectivos del ejército en un plano de relativa igualdad en la toma de decisiones”, destacó.

En ese sentido subrayó que “luego del Golpe de Estado todas las fuerzas fueron subordinadas orgánicamente en el plano nacional a las directivas del Ejército Argentino, si bien ya desde octubre de 1975 por directiva del Consejo de Defensa, esta fuerza comandaría la ‘lucha contra la subversión’ en Tucumán. Esto puede verse con claridad en los documentos oficiales del Ejercito”, describió.

En esa línea, Claudio Orosz - abogado querellante de la familia Villanueva - consideró que este juicio posibilitará “entrar en el hueso, e ir por otros ejecutores además de los conocidos de la OP3 (operaciones especiales) o los más cabezones de la D2; en este caso, queda claro que la policía estaba bajo el mando operativo de Luciano Benjamín Menéndez y que su cuerpo de ocupación territorial que era el comando radioeléctrico actuaba, secuestraba y fusilaba”, afirmó.

Y agregó que “para la familia que representamos este juicio es un gesto de justicia, tardía, pero justicia al fin. Fue la matanza de tres militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) que era la fuerza estudiantil mayoritaria de la Universidad Nacional de Córdoba”, sostuvo.

Estudiar, trabajar, militar
Ángel Tito Villanueva tenía 15 años y su padre superaba los 50 cuando su hermana Ana María Villanueva (23), su novio Jorge Manuel Diez Díaz (26) y Carlos Delfín Oliva (20) fueron ejecutados en la vía pública. A horas del hecho, un comunicado del Tercer Cuerpo publicado en el diario Córdoba informa que tres "delincuentes subversivos" murieron en un "enfrentamiento" que no ocasionó bajas en las fuerzas policiales.

A 35 años de los hechos el único varón y el menor de la familia, le contó a PrensaRed cómo vivió aquellas circunstancias cuando era apenas un niño y sus padres Ángel José Villanueva y Julia Elba Medina, oriundos de Río Cuarto y con un buen pasar económico, decidieron trasladarse a la capital cordobesa.
“Cuando cumplo 10 años y termino 5º grado, mis hermanas Ana y Elba que venían de los Estados Unidos donde pasaron seis meses por un programa de intercambio cultural estaban por empezar la facultad. Mi padre decidió que nos iríamos todos a Córdoba para seguir estudiando”, recordó.

Tito refirió con orgullo que ambas obtuvieron los primeros puntajes entre 700 postulantes. “Ana estuvo en una granja. Le gustaba el campo, los caballos y la vida silvestre”, dijo. Y en un viaje fugaz a la infancia se vio niño tomado de su mano y amorosamente llevado al Jardín de infantes. Más tarde recibiría de puño y letra una carta donde le explicaba las razones de su lucha.

En 1971, Ana María se inscribió en la carrera de abogacía y en 1973 se acercó al peronismo. Al año siguiente abrazó la militancia política, se inscribió en Ciencias de la Información y comenzó a trabajar en el Hotel Nogaró, relató.

“Para ella y toda esa generación la militancia implicaba estudiar, trabajar, e irse del hogar paterno. Vivian solos. Y ella lo hizo”, recordó Tito, querellante y testigo en el juicio.

Dejate de joder…
Aquél 2 de junio de 1976 y cuando habían pasado varias horas de la masacre, una patota de 18 hombres de civil llegó en los Falcon a comunicar que su hermana había muerto en un “enfrentamiento”.

Como era “costumbre” además de requisar la vivienda les sustrajeron objetos de valor desde un reloj de oro macizo hasta una decena de colonias “Paco” que Tito había recibido como regalo de cumpleaños días previos.

“Después que la secuestraron, torturaron y mataron, y además de robarnos cosas materiales, quisieron lucrar con su sepelio y entierro”, reveló. Un hombre de sobretodo, esa tarde les puso un diario sobre la mesa sugiriendo que la empresa funeraria fuera San Cayetano, SRL. “Papá contrató a Caruso, a Carlos lo llevaron a Chaco y la familia de Jorge utilizó esos servicios”, señaló y reflexionó sobre la falta de una investigación profunda que informe sobre el patrimonio, las conexiones y la propiedad de las empresas funerarias.

En plena dictadura -relató Tito- su padre comenzó a investigar. “Nos pintaron la casa tres veces y una de las leyendas decía: ‘dejate de joder que te quedan 5 hijos’. Y en los ochenta como su madre estaba enferma no se tramitó ante la justicia.

Y en 1998, un año antes de morir, le había dicho que las leyes del oprobio iban a caerse. “Yo ya no voy a estar, pero mucho de lo hecho te va a servir a vos para que se haga justicia con tu hermana”, le indicó, a modo de mandato.

En 2007, se acercó a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por razones Políticas y comenzó a participar y a interiorizarse en la causa. Asimismo pudo relacionarse con las familias de los otros militantes asesinados y entablar una relación.

Ahora que los ex policías Pedro Nolasco Bustos (57), Jorge Vicente Worona (65) y José Filiberto Olivieri (67) deberán responder por los crímenes cometidos se siente tranquilo.

"No siento temor. Fui varias veces a declarar. Uno revive todo y eso te afecta, te debilita. Pero verles la cara a los autores materiales de los crímenes me hace pensar, sin soberbia, que son unos pobres tipos”, expresó e hizo suyos conceptos de Primo Levi acerca de la muerte vilipendiosa.

“La justicia es un hecho social, se juzgan delitos de lesa humanidad que han dañado a la sociedad. Por eso, tiene la obligación de dar respuestas”, anheló.
Fuente:www.prensared.com.ar
Envío:Cecilio M. Salguero                                        


EMPIEZA EN CORDOBA EL JUICIO POR LOS ASESINATOS DEL COMANDO RADIOLECTRICO
“No creímos en los enfrentamientos”
Los policías Pedro Nolasco Bustos (57), Jorge Vicente Worona (65) y José Filiberto Olivieri (65) serán juzgados a partir de hoy por los fusilamientos de Ana María Villanueva, Jorge Manuel Diez y de Carlos Oliva, en junio de 1976.
Por Alejandra Dandan

“El Comando de la Policía era la tropa operativa de la época”, dijo Claudio Orosz, abogado de Hijos.Imagen: Télam

Tito todavía no puede hablar de un tirón, llora cuando vuelve a la escena del funeral de su hermana, en junio de 1976. Ana María Villanueva en un cajón sellado con un vidrio. Una solera blanca. No se le ve el cuerpo, dice Tito porque le habían puesto el vestido para taparla. El sólo se detuvo en la cara, y a esa imagen vuelve una y otra vez: la boca cerrada y la mejilla derecha donde le habían hundido una bala. En ese mismo momento se convenció de lo que recién ahora va a poder decirle a la Justicia, 35 años más tarde, que su hermana de 23 años, militante de la JUP, no murió en un enfrentamiento como se ufanó el III Cuerpo del Ejército al difundirlo en un comunicado, sino que la mataron en una ejecución con dos de sus compañeros mientras estaban aguardando una cita.

Hoy empieza en Córdoba el juicio oral a los únicos tres policías vivos del Comando Radioeléctrico de la provincia responsables del fusilamiento. El Tribunal Oral Federal 2 integrado por Fabián Asís, José María Pérez Villalobo y Carlos Lascano los juzgarán por las muertes de Ana María y de sus compañeros Jorge Manuel Diez, que también era su novio, y de Carlos Oliva. Pese a ser el cuarto juicio oral de lesa humanidad en la provincia, es la primera vez que se pondrá el eje en el Comando Radioeléctrico, el organismo de la policía cordobesa que fue la cara visible de la represión en la ciudad. “Lo singular es que el Comando de la Policía era la tropa operativa de la época”, dice Claudio Orosz, abogado de la querella de Hijos. “Manejaban las comunicaciones, la antena del centro, vigilaban todas las calles, tenían las tropas de choque y a partir de la intervención y del golpe ocupan la ciudad represivamente. Como decían los partes: la planificación estaba centralizada, pero la ejecución la tenían ellos porque estaba descentralizada.”

Los acusados son los policías Pedro Nolasco Bustos (57), Jorge Vicente Worona (65) y José Filiberto Olivieri (65). En la lista original estaba incluido el jefe del III Cuerpo Luciano Benjamín Menéndez, pero quedó afuera porque lo están juzgando en otros lugares.

La cita de la JUP
El 2 de junio de 1976, la JUP de Córdoba estaba desarticulada, dice Orosz. “Con la represión, los cuadros locales estaban bastante descolgados de la conducción nacional. Estaban sin prensa. La imprenta había caído, pero todavía había un mimeógrafo oculto en las afueras de Córdoba. Ana María, Jorge y Claudio se juntaron aquel día para desenterrar el mimeógrafo y ver si eventualmente se necesitaba. Eran cuatro, hubo uno que medio que llega tarde, de pronto pasa uno de la D-2 que los reconoce. Jorge se da cuenta, los tres se suben a un auto, otro, que era mi hermano, se cruza a la estación de un colectivo mientras los otros intentan arrancar para levantar la cita.”

El hombre de la D-2 logró hacer una señal tan rápida que segundos después dos móviles del Comando Radioeléctrico rodearon el Fiat 128. Les hicieron una pinza por adelante y por atrás.

“Les abren las puertas, ellos intentan escaparse”, explica Orosz. “A Ana la agarran primero y la arrastran de los pelos. Carlos se agarra de un palo de luz, aparentemente no se zafa, le tiran un balazo en la espalda para que se suelte y los suben al patrullero.” Desde la esquina de las avenidas Caraffa y Octavio Pinto, del barrio Cabrera, se los llevaron al lugar conocido como Chateau Carreras, que después iba a ser un estadio de fútbol inaugurado para el Mundial. Para entonces era un terreno boscoso, al lado del río, deshabitado. “Ahí los fusilan –sigue Orosz– y los hacen aparecer como muertos en un enfrentamiento y así lo publican los diarios de la época y la televisión.”

Tito, que es Angel Guillermo Villanueva, hizo una investigación durante años para saber qué pasó con su hermana. “Mi papá y yo cuando ese día vimos el cuerpo de Ana no creímos en el enfrentamiento”, dice. “Mi papá intenta averiguar algo. El se reúne con dos jóvenes compañeros de Ana y le dicen que un kiosquero vio que los secuestraban. Luego de eso dejó de averiguar porque nos pintan la casa de cal: ‘Dejate de joder que te quedan cinco hijos’, pusieron. Y nos pintaron ‘guerrilleros malditos’, y lo pintaron al año siguiente también.”

Con la sensación de que podía efectivamente haber sido un enfrentamiento, por la extensión de las noticias de los asesinatos normalizadas por las campañas de acción psicológica de la dictadura, la causa de los militantes de la JUP no se convirtió en ninguna otra causa hasta años más tarde. En 2010, Tito recién logró abrir el expediente que ahora ingresa a debate.

“El parte oficial decía: abatidos, ultimados”, dice Tito. “Nunca asesinados, nunca muertos, nunca palabras más cruentas. Abatidos en el Chateau Carreras, luego de un control policial. Decían que habían sido perseguidos en un camino de tierra, que habían atacado al móvil policial y que el personal repele el ataque.”

Tito nunca entendió por qué la represión se empecinó además en borrarle las huellas a Jorge, el novio de su hermana. No sólo por la falsificación del fusilamiento, sino porque pese a devolver el cuerpo a la familia, como sucedió con los otros, a Jorge siempre en los papeles le cambiaron alguna parte del nombre: “Desde que lo matan le cambian el nombre o apellido. Yo creo que es como ocultar su identidad, como querer borrarle las huellas. El nombre es sencillo, fácil de pronunciar y se escribe fácil”.

Ana María tenía un agujero en el estómago que podrían habérselo hecho con una Itaka. El diente postizo no lo tenía. Tenía el cuello con hematomas. Y aquella imagen en la cara.

“Ella todas las mañanas pasaba por casa”, dice su hermano. “Le daba una latita de café instantáneo a mi mamá o de chocolate. Ese día tenía que estar a las doce en un control. A mí me dijo, un día en un viaje largo, que tenían controles por seguridad a las nueve de la mañana, a las dos de la tarde y ocho de la noche.” Jorge dice que antes de no verla más quedaron en verse esa tarde del fusilamiento y dice que nunca más supo cuál era la diferencia entre Montoneros y la JUP, porque ese día iba a preguntárselo a Ana.

“Otra de las cosas que hizo el genocidio fue obligarnos a callar y a sentirnos culpables”, dice Tito. “Eso creo que empieza a cambiar con esto de los juicios, porque yo hablo con las generaciones más jóvenes y tienen otra cabeza. Ahora sí que no siento un estigma, ahora siento siempre que lo digo y lo voy a seguir diciendo. En lo personal, el juicio tiene muy poco de reparación para mí, porque mamá y papá murieron con los genocidas impunes, pero en lo social adquiere otra dimensión que es importantísima.”
Fuente:Pagina12


Envío:Agndh

No hay comentarios:

Publicar un comentario