25 de marzo de 2012

Testimonio de un viaje al infierno de la dictadura del ‘76.

ENTREVISTA - LILA MACEDO
Testimonio de un viaje al infierno de la dictadura del ‘76
Sobrevivió a la tortura y el horror. Sufrió el cautiverio cinco años en la cárcel de Devoto. Fue presa política en el ´74, antes del golpe.
Sábado, 24 de Marzo de 2012
- ¿Cómo vive cada 24 de marzo?
-Es un día especial para todos, pero en particular para los que vivimos y padecimos esta página negra de la historia que se llamó la “guerra sucia”, por la desigualdad de condiciones en la que se llevó a cabo. Es un día donde esa llaga y esa herida escondida y disimulada a la luz del día quedaron abiertas en el alma, aunque se manifiesta dejando escapar los tristes recuerdos vividos. Duelen todavía, pero de una manera distinta. Hoy puedo decir, aunque se me cierre la garganta y se me oprima el pecho, que triunfa la esperanza. Que lo que sucedió nos acongoja, pero nos suma fuerzas para emprender un cambio que debemos hacer entre todos. Sin mezquindades, con una mente amplia y un corazón abierto y para arribar a la misma meta, que es la justicia social.

-¿Cómo y cuándo se produjo su detención?
-El 11 de agosto de 1974 sucede la Masacre de Capilla del Rosario, de la cual quedan sobrevivientes. Una vez que esos sobrevivientes son alojados en una “tapera” me movió la fuerza interior que tiene que ver con la solidaridad y la humanidad y decidimos autoconvocarnos con un grupo de compañeros de la universidad, militantes y amigos y comenzamos a ayudar a quienes habían quedado desprotegidos, con una vida destruida. Así llegamos, despojados de todo miedo y temores, llegamos a ver a los sobrevivientes de la masacre y nos contactamos con los familiares. Hasta que un buen día llegamos y no estaban más. Desde ese 11 de agosto de 1974 pasaron exactamente tres meses y el 11 de noviembre me detienen. Estaba en mi lugar de trabajo, eran las 11 de la mañana, se presenta un operativo constituido por la Policía Federal y de la Provincia, donde me leen un decreto que decía que “en virtud del Estado de Sitio y por orden del Poder Ejecutivo” quedaba detenida. Y me preguntan si oponía resistencia. ¿Qué resistencia podía oponer? Una chica de 18 años que sólo llevaba ilusiones no tenía otras armas que no sean las ganas de vivir y de cambiar el mundo. Así es como me detienen…

-¿Qué sintió en ese momento?
-(…)No me puse nerviosa, no me desesperé, creo que me invadió un equilibrio y la paz de sentir que no había hecho nada malo. Me llevaran ante el tribunal que me llevaran, sentía que no era culpable de nada. Esa tranquilidad y paz en mi conciencia me dio valor y me acompañó. Lo único que alcancé a decir en los pasillos del Ministerio de Bienestar Social, era que avisen a mi familia.

-A dónde fue trasladada…
-Me llevaron a la Central de la Policía Federal de la calle San Martín; después de un interrogatorio me trasladaron a la cárcel del Buen Pastor en Córdoba. Cuando se da el golpe de Estado me llevan a Devoto. Pero no nos llevaron a todos, sino que fuimos preseleccionadas y nos trasladaron hacia el Aeropuerto, ahí estaba un Hércules de la Fuerza Aérea. Nos vendaron, nos esposaron de a dos y nos hicieron subir al avión. Así viajamos hacia el infierno, sin destino. Porque nunca nos dijeron a dónde habíamos sido trasladadas, con el tiempo nos enteramos que estábamos en Devoto.

-¿Cómo fueron esos días en el penal de Devoto?
-Fue conocer el infierno, pero dentro de ese infierno estuvo la solidaridad de los compañeros detenidos, ahí no importaba de dónde veníamos, sólo buscábamos sobrevivir.


-¿Cuándo la liberaron?
-No recuerdo ni siquiera la fecha en que salí. Pero debe haber sido en el `79. Solo sé que fue muy difícil, era de noche cuando me sacaron del penal de Devoto y me llevaron a Coordinación Federal. Ahí me tuvieron un tiempo, tampoco sé precisar la fecha, porque no teníamos derecho a ningún tipo de información, es más, no sabíamos ni la hora. Me tuvieron un tiempo, que fue eterno. Mi familia nunca supo donde estaba. Ahí también fui muy maltratada, estaba en peores condiciones que en Devoto, era una celda muy pero muy chiquita que no tenía ni siquiera luz, caminaba sobre cartones de huevos vacíos. No tenía noción del espacio, del tiempo, ni del lugar. Fue horrible. Por la noche, me verdugueaban, me maltrataban, me inventaban declaraciones para que las firmara y como no lo conseguían, recibía el castigo.

-Cuando se produce su detención en Catamarca gobernaba Hugo Mott…
-Fui detenida por un gobierno constitucional y a nivel nacional por Isabel Perón y López Rega liderando la Triple A, que tenía sus corresponsales directos en Catamarca, principalmente a Hugo Mott, al ministro de gobierno Toro y a Emilio Castellanos, que era el secuaz de Mott, que se convirtió en uno más de los genocidas de la Masacre de Capilla de Rosario. Yo estuve entre todos los ciudadanos que luchamos para que vuelva el peronismo, estábamos felices, caminábamos felices porque Perón había vuelto. Los compañeros de campaña de mi padre eran los mismos que traicionaron a Perón y que me detenían a mí. Pero no fui la única, éramos muchos. La persecución no era ideológica en Catamarca sino personal. En ese momento, recuerdo que la prensa lo interpelaba a Toro porque Mott no daba la cara. Cuando le preguntan el por qué de nuestras detenciones, Toro responde: “La orden era matarlos, pero como no quiero firmar una partida de defunción y tampoco tirarlos muertos en una zanja, preferimos tenerlos presos detrás de una reja”.

-¿Pudo cruzarse alguna vez cara a cara con Mott?
-Yo busco su cara, él no me la da. Muchas veces lo desafié con pruebas en la mano a un debate oral y público, pero jamás aceptó. Yo no tengo que pedirle explicaciones, porque están cantadas. Aunque nadie se haya animado a decirlo. Pero yo estoy de vuelta en la vida, no tengo qué perder…

-¿En qué le cambió la vida la dictadura militar? ¿Qué dejó en su persona, en su ser como mujer?
-Yo homologo lo que fue la dictadura militar con el gobierno constitucional que me detuvo, por eso digo Dictadura Cívico Militar. Yo soy de origen muy rebelde, en un primer momento sentía bronca e impotencia, pero con el tiempo fui adquiriendo madurez y sensatez, pero también más valor y fuerza para luchar. Al horror lo guardo en mi memoria y trato de no sacarlo, porque no es bueno, no tengo sed de venganza; pero sí tengo memoria. Yo no olvido.

Con ella, la verdad y la justicia
Hoy, 24 de marzo, es el Día Nacional de la Memoria. Revivimos los años del horror, la “guerra sucia”, el golpe del ’76. Pero esa guerra fue un golpe militar que también tuvo sus aliados civiles. Genocidas que se escondían en el poder.
Lila Macedo fue arrestada en el `74, cuando apenas tenía 18 años. En Catamarca gobernaba Hugo Mott. Su solidaridad con los sobrevivientes de la Masacre de Capilla del Rosario fue el argumento que usaron para detenerla y quitarle su libertad. Lila vivió el encierro cinco años en la Unidad Penal de Devoto. Pero la tortura y el “castigo” los sufrió en Coordinación Federal.
Lila es la primera presa política de Catamarca. Trabajaba en el Ministerio de Bienestar Social, estudiaba Ciencias Económicas en la UNCA y militaba dentro de la Juventud Peronista. Su padre, Luis Beltrán Macedo, era Presidente Provisorio del Senado, en representación del departamento La Paz. Lila asumió su identidad política desde la cuna, porque nació en una familia peronista.
En el ´79 recuperó la libertad y retomó su lucha por los Derechos Humanos y por encontrar verdad y justicia. Su actividad nunca se detuvo, pasaron 36 años, es madre dos hijos y pronto será abuela.
Fuente:ElEsquiu

No hay comentarios:

Publicar un comentario