17 de junio de 2012

COLECTIVO CULTURAL.

ESPECIAL DÍA DEL ESCRITOR y DÍA DEL PADRE

La verdad es la única realidad
Francisco "Paco" Urondo

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos,
aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,
como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Este poema fue escrito en la cárcel de Devoto (1973). Parafraseando la famosa frase de Juan Domingo Perón: “la única verdad es la realidad”

Milonga del marginado paranoico
Parece mentira
que haya llegado a tener
la culpa de todo lo que ocurre
en el mundo; pero es así. Han tratado
de disuadirme psicólogos y sociólogos de mi tiempo,
me han dado razones de peso técnico largamente
formuladas y
parcialmente ciertas. Pero
yo sé que soy culpable de los dolores
que aquí siento y recorren el mundo; de las soledades
que lo van vaciando: quisiera saltar
como Juan L. Ortiz, vociferar
como Oliverio Girondo, pero: primero, ellos me ganaron
de mano; segundo, no me sale bien y aquí
empieza todo nuevamente: otro sufrimiento
igual a diapasones y recursos
que conozco perfectamente y que no vale la pena
repetir: primero, para no emularlos; segundo, porque
tendré que ir
reconociendo que no he sabido
hacerme entender. Y esto es agudo como un ataque
que nos traga la lengua; pido entonces disculpas
por la mala impresión, por las exageraciones.




No puedo quejarme
Estoy con pocos amigos y los que hay
suelen estar lejos y me ha quedado
un regusto que tengo al alcance de la mano
como un arma de fuego. La usaré para nobles
empresas: derrotar al enemigo– salud
y suerte–, hablar humildemente
de estas posibilidades amenazantes.

Espero que el rencor no intercepte
el perdón, el aire
lejano de los afectos que preciso: que el rigor
no se convierta en el vidrio de los muertos; tengo
curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después
de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas
afinidades tan desencontradas,
porque mis amigos suelen ser como las señales
de mi vida, una suerte trágica, dándome
todo lo que no está. Prematuramente, con un pie
en cada labio de esta grieta que se abre
a los pies de mi gloria: saludo a todos, me tapo
la nariz y me dejo tragar por el abismo.




Muchas gracias
Sirve y me inclino
ante tu palabra, luz de mi pensamiento. Abrirán
las puertas, dejarán entender: los artistas, los
intelectuales, siempre
han sacudido el polvo de la realidad; descubrieron
caminos, emancipaciones
que no siempre lograron recorrer: era
prematuro en algunos casos, en otros fue distinto
– convengamos–, otras palabras son, bajar
la corredera de la mira, buscar con el guión
y dar justamente sobre algo que puede
moverse; un bulto,
un meneo a menos de cien metros
de tu corazón vulnerable, también enemigo.

La suerte ha dejado aquí de andar
fallando: se encendió la luz y pudo verse el caos, las
flagrancias: esa mano
allí, esta codicia; el miedo y otras mezquindades se pusieron
en evidencia y el amor
no aparecía por ninguna parte. Recompuestos
de la sorpresa, rendidos ante los hechos, nadie
pudo negar que en este país, en este
continente, nos estamos todos muriendo de vergüenza.

Aquí estoy perdiendo amigos, buscando
viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente
la vida, queriendo respirar
trozos de esperanzas, bocanadas de aliento; salir
volando para no hacer agua, para
ver toda la tierra y caer en sus brazos.



Francisco Urondo (Paco Urondo como se lo conoce) santafecino de nacimiento (1930) fue un poeta, periodista y militante político, del país y del extranjero, entre ellos, Primera Plana, Panorama, Crisis, La Opinión y Noticias. 
A mediados de los años 60, Urondo comienza a transitar el camino de la militancia polÍtica, ingresando primero al Movimiento de Liberación Nacional (Malena) formado por intelectuales como Ismael y David Viñas, entre otros. Posteriormente se integra a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y más tarde a Montoneros. Dos meses después de producido el golpe militar de 1976, la conducción de Montoneros destina a Urondo a la provincia de Mendoza.
"El hombre para morir debe dejar su mañana algo que tanto le seduce, alguna bufanda que le acompañó toda su vida, algunas picardías que le bailaron en los ojos / El hombre para morir debe abandonar -con tristeza, sí- los temblores y los sufrimientos de su carne, debe olvidar su caricia, su supuesto abandono / El hombre para morir debe dejar sus papeles en orden y algún dolor, el aire y los abismos de su vida / El hombre para morir tiene que entrar en la humildad: tiene que vivir mucho".
Hoy por hoy se recuerda más al militante armado aquí recordamos al poeta aunque Paco Urondo se unen la poesía y política sino díficil separarlas.
Murió en junio 1976, enfrentando a la dictadura militar.
"Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez.
Fuente:Literatura.org y Rincon Barda Sureña.

LA VENTANA
Andrés Fidalgo
Del lado de acá
el orden, la rutina;
este yo introvertido
que me espía
por un agujero de la tarde.

Y la nostalgia de aventura,
largos viajes
y lucha.

Del lado de allá,
la libertad en rebeldía;
calles y noches cortas
para el vagabundeo.

Y el anhelo
de ser raíz tranquila,
de volverse familia.

Capa sutil
el vidrio guillotina,
sigue cortando en dos
toda mi vida.






PRÓLOGO

El viento silba en las ramas,
el río canta a su vez.
Yo tengo algo que decirles
y quiero cantar también.

Lo que el paisaje murmura
contra no se sabe quién,
lo asimilé con paciencia
y puedo explicarlo bien.

El viento, el pájaro, el río,
cantan sin decir por qué;
yo comprendo ciertas cosas
que ellos no pueden saber.

Alguien quiere silenciarnos
y de eso les cantaré…




LOS ALQUIMISTAS
Desde lugares diversos
llegaron en grupos ruidosos,
hediendo
con verdadero mal olor
de críos sin cambiar,
de adultos apartados del agua
y de agria coca fermentada.
(El colorido exterior, lo pintoresco,
el exotismo,
quedan para “uso oficial exclusivo”
del turismo).
Se derramaron por los surcos
en largo río gredoso,
con la vivaz mirada del pájaro
momentáneamente libre;
machetearon, deschalaron, cargaron,
y no de sol a sol
según figura en las planillas,
sino inhumanamente,
desde la cinco de la escarcha
hasta el anochecer con su relente.
Luego, como si nada,
prepararon
picanteadas sabrosas; cantaron y bailaron.
Bebieron
cualquier cosa que trajera
noticias quemadoras del alcohol;
se mancharon
hasta las fibras íntimas,
hasta lo intransferible de
“la criatura divina”.
Y entre fugaces enardecimientos
se acoplaron
marido y mujer, los concubinos,
desconocidas con desconocidos…
Así, de modo vario
cumplieron
su obligación de proletarios:
dejar la nueva fuerza del trabajo
que continuará el ciclo.
Por último,
durmieron confundidos
hombres sudorosos
con perros con mujeres con pulgas con chicos
(en galpones de barro
por los cuatro costados),
para levantarse
y proseguir girando
triturados
en el trapiche inmenso.
Al fin, un claro día
sacudido a pitadas
y gritos de alegría,
se fueron
más sucios y enfermos
que cuando vinieron.
Pero de todos ellos quedó una montaña,
con millones de kilos de azúcar
angelicalmente blanca.

Andrés Francisco Fidalgo nació en Buenos Aires en 1919 y pasó su infancia y adolescencia en la provincia de Córdoba.
Fue poeta, ensayista e incansable abogado defensor de presos políticos y gremiales. Padeció cárcel y exilio y el asesinato de una de sus dos hijas, la poeta Alcira Fidalgo Pizarro, durante la última dictadura cívico-militar. Vivió en Venezuela entre los años 1976 y 1982.
Su biografía indica que en 1950 se instaló en Jujuy y formó parte, junto a los poetas Jorge Calvetti, Néstor Groppa, Mario Busignani y el artista plástico Medardo Pantoja de la revista literaria “Tarja” (1955-1960), “Órgano de un movimiento intelectual que honra a la provincia norteña y a la vez vivifica en cierto modo al de todo el país pues une al culto por la tradición vernácula el sentido de la belleza pura. Tarja es una expresión de una inquietud vitalmente lozana y de una cultura en que lo selecto se armoniza con lo popular”, según afirmaba el diario “La Nación”, en su edición del 12 de mayo de 1957. Ocupó alto cargos en el Poder Judicial de la Provincia de Jujuy como el de Juez de Instrucción. También fue distinguido como Profesor Extraordinario Honorario de la Universidad Nacional de Jujuy, en la Cátedra Libre de Derechos Humanos.
La poesía de Fidalgo es decididamente afirmativa, se planta en sus ideales con la tozudez de un diamante en bruto que sigue brillando en la desolación de los páramos que deja a su paso la injusticia. Su vida, su obra, piedra de luz arrojada hacia el futuro con una fe que nunca pudieron quebrar los genocidas.
Su obra poética comprende: Serenata (1943), Toda la voz (1971), Aproximación a la poesía (1986) y Coplas y variaciones (1989).
Murió en 2008 en su casa del barrio Ciudad Nieva, de la capital Jujeña, en compañía de su hija Estela.
Fuente:Telam

Ventana sobre el miedo.
Eduardo Galeano



Ventana sobre el miedo (Eduardo Galeano)

El gran negocio del crimen y el miedo sacrifica la justicia

por Eduardo Galeano

En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. La muerte de cada malviviente surte efectos farmacéuticos sobre los bienvivientes. La palabra farmacia viene de pharmakos, que era el nombre que daban los griegos a las víctimas humanas de los sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis.

La industria del miedo
El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florece el mercado de las policías privadas y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo y prisioneros del miedo.

Clases de corte y confección: cómo elaborar enemigos a medida
Muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven. Nunca hubo tanta concentración de recursos económicos y de conocimientos científicos y tecnológicos dedicados a la producción de muerte. Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial.

Afortunadamente para ellos, la amenaza de la paz se está debilitando, ya se alejan los negros nubarrones, mientras el mercado de la guerra se recupera y ofrece promisorias perspectivas de carnicerías rentables. Las fábricas de armas trabajan tanto como las fábricas que elaboran enemigos a la medida de sus necesidades.

El miedo global

* Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

* Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

* Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

* Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

* La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir.

* Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.

* Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

* Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

* Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

* Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir…

El hambre desayuna miedo.
El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza.
Si usted ama, tendrá sida.
Si fuma, tendrá cancer.
Si respira, tendrá contaminación.
Si bebe, tendrá accidentes.
Si come, tendrá colesterol.
Si habla, tendrá desempleo.
Si camina, tendrá violencia.
Si piensa, tendrá angustia.
Si duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad.
Fuente:Centaurea0

RELATOS RADIALES
MORDISQUITO
ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO.
¡Mirá! ¡Yo puedo negar todo, vos podés negar todo!
¡Todos podemos negar todo! Pero hay algo que no se
puede negar: la evidencia. Y vos sabés lo que es la evidencia.
La evidencia es lo que está ahí, lo que te hace
señas para que lo veas, lo que te grita para que lo oigas.
Claro que si vos cerrás los ojos y cerrás los oídos, ni escuchás
ni ves nada. ¡No ves vos, no escuchás vos!, pero la
evidencia sigue firme, sigue erguida, sigue… ¡como fierro,
sigue! Mirá: yo podría abrumarte tirándote encima
un baúl de hechos evidentes, una montaña de conquistas
evidentes, ¡una cordillera de milagros evidentes! Pero,
en vez de salirte al paso con una evidencia de lo que está,
yo te salgo al paso con una evidencia ¡de lo que no está!
¿No me entendés? No me extraña, porque cuando vos
no querés entender a vos los razonamientos te rebotan
en la cabeza como el jején en el tubo de la lámpara. Y yo
levanto una lámpara, ¿sabés?; la levanto para iluminar
las calles de mi patria, de tu patria, ¡y mostrarte una evidencia
que no está! Los mendigos… ¿están? ¿Vos ves los
mendigos? Sobre las calles —y al decirte calles te digo
corazones y te digo espíritus— se desató el arroyo de la
dignidad recuperada, se desató con una bárbara alegría
de potro que transpira salud, y esa correntada se llevó a
los mendigos, vos lo sabés; pero no se los llevó para ahogarlos,
sino para bañarlos, y llegaron a la costa limpitos,
peinados con la raya al medio, cantando, no el huainito
de la limosna, sino el chamamé de la buena digestión.
No; no te encojas de hombros y contestáme; yo te hice
una pregunta: ¿vos ves los mendigos? ¿Dónde están los
mendigos? Antes el pordiosero era una realidad en serie,
como los automóviles. Los mendigos eran una vergonzosa
institución nacional. Y fijáte que yo no te hablo
con medias palabras; a mí no me interesa que quieras
quedar bien con un partido o con otro. A mí me interesa
que tu honradez reconozca para siempre los beneficios
de que goza hoy tu dignidad. Y te digo todas las palabras
que tengo, bolsas de palabras, barrios de palabras;
el mendigo era en este país una vergonzosa institución
nacional. Porque había gente que, así como unos hacen
tangos, pañoletas o mandados, ellos hacían pobres.
¡Fabricaban pobres! Y los pobres se te aparecían en los
atrios de las iglesias, en las escaleras de los subtes, en la
puerta de tu propia casa, famélicos y decepcionados,
con la cabeza como un paquete de pelo y debajo del pelo
la dignidad en derrota. ¿Y ahora los ves? Decíme, ¿los
ves? ¡Claro que no los ves! ¿Y eso no te conmueve? ¿O
es que los extrañás? Porque si los extrañás, ¡estás frito!
Ahora las manos se extienden, no para pedir limosna,
sino para saber si llueve, para ordeñar la vaca llena de
leche o el racimo lleno de clarete reserva. Acordáte cuando
volvías a tu casa, de madrugada, y descubrías en los
umbrales, amontonados contra sí mismos, a los pordioseros
de tu Buenos Aires. Ahora la exclusividad de los
umbrales han vuelto a tenerla los novios; ahora no hay
limosneros en los umbrales, ni en los andenes, ni en los
cementerios. ¿Vos vas a los cementerios? ¿No?; te pregunto
porque hay gente que va al cementerio sólo una
vez en la vida, y cuando va, la aprovecha y se queda; pero
los que solemos ir para irnos acostumbrando de a poco
y que el inquilinato póstumo no nos agarre desentrenados,
vemos lo que vos no querés ver: que ni siquiera allí
encontrás mendigos. ¿Y entonces dónde podés encontrarlos
sino en un pasado cruel y desaprensivo que te empecinás
en reconquistar? ¿Y para qué querés un pasado de
indignidad y de miseria si tenés un presente de abundancia
y de respeto? ¿O me vas a decir que no te diste cuenta
de que si trabajás te respetan y te hacen la vida honorable
y placentera? Yo te hablo con evidencias y te seguiré
cargando con evidencias. ¡Sé honrado! No me digás que
ves mendigos, porque, si los ves, es que me la querés
contar, y a mí, ¡a mí no me la vas a contar!

Del libro de Horacio Çaro-Relatos radiales de Enrique Santos Discépolo-Mordisquito

Enrique Santos Discépolo es uno de los ídolos del tango argentino. Sus letras y músicas son de las más reconocidas mundialmente y fueron muchos los cantantes que las interpretaron e interpretan aún hoy. Enrique Santos Discépolo era conocido en el ambiente como ‘Discepolín’ y fue además una importante personalidad del ambiente teatral. No podíamos dejar de dedicarle un espacio al gran poeta, compositor musical, autor teatral y cineasta argentino Enrique Santos Discépolo. Conocido en el ambiente tanguero como ‘Discepolín’, nació el 27 de marzo de 1901 en reconocido barrio porteño de Once. Huérfano desde muy jovencito quedó a cargo de su hermano mayor Armando, quien no dudo un instante en involucrar a Enrique en el mundo artístico y cultural. En 1917 se estrenó como actor y al año siguiente ya había escrito tres obras teatrales: ‘El señor cura’, ‘El hombre solo’ y ‘Día feriado’. Recién en 1925, luego de tener un importante recorrido en el mundo teatral, Enrique Santos Discépolo escribe su primer tango, “Qué vachaché”; y compone la música de “Bizcochito”. Los años siguientes lo mantuvieron actuando con éxito en las dos capitales rioplatenses, Montevideo y Buenos Aires, al tiempo que escribía tangos tales como: “Esta noche me emborracho”, “Chorra”, “Malevaje”, “Soy un arlequín”, “Yira-yira”, etcétera. La década de 1930 sería quizá la más fructífera en su producción artística. Comenzó la década escribiendo varias obras musicales y en 1935 viajó a Europa. Cuando regresó comenzó a involucrarse en el cine como actor, director y guionista; pero su amor por el tango jamás quedaba de lado y al mismo tiempo daba a luz algunas de sus póstumas creaciones: “Cambalache” (1934), “Alma de bandoneón” (1935), “Desencanto” (1937), “Uno” (1943), “Canción desesperada” (1944) y “Cafetín de Buenos Aires” (1948). Definitivamente Enrique Santos Discépolo fue un hombre dedicado a sus amores, las obras teatrales, el cine y, por supuesto, el tango. El 23 de diciembre de 1951, el gran poeta que tantas letras diera a Carlos Gardel, dejaba de existir en su céntrico departamento, donde compartía con Tania su amor.
Fuente:ZorzalCriollo



Homero Manzi. 
Rebelde de sur vestido 
Por Osvaldo Vergara Bertiche 
HOMERO MANZI Militancia y Poesía en Tiempo de Tango 

I) Homero Nicolás Manzione Prestera
Nació el 1° de Noviembre de 1907 en un pueblito de la Provincia de Santiago del Estero, llamado Añatuya, pueblo característico de nuestro país del interior, "callado y desvalido, mísero villorrio sin ladrillos, sin médicos, sin Registro Civil...".

Cuando ya era conocido como Homero Manzi, y recordando su lugar natal decía que "no era Añatuya"; era para él; lo que implica el cariño por el terruño; simple y cariñosamente... "Aña... mía".
Fue el sexto de los ocho hijos del matrimonio formado por Luis Manzione y Ángela Prestera. Madre uruguaya, padre argentino... como el tango mismo.

Vivió en esa provincia hasta cumplir nueve años y luego fue enviado a Buenos Aires bajo la tutela de su hermano Luis.

Ahí el descubrimiento de Boedo: "todavía un arrabal de ese Buenos Aires, donde no faltaban tambos ni baldíos, donde señoreaba algún ombú, y las mitológicas herrerías ya inmortalizadas en el inconsciente colectivo... la esquina del herrero / barro y pampa".

"Se metió con su espíritu poblado de versos en ese barrio mistongo, que se derramaba en cafetines, lustrabotas y mendigos con calles amenazadas por la inundación".

La influencia que ejerce su hermano Luis, lo llevó a dedicarse a la literatura. Ya demostraba grandes dotes de escritor. Su acercamiento con el padre de su amigo Cátulo Castillo (José González Castillo) lo llevó a comprender los sentimientos del suburbio.

A los catorce años interviene en los teatros del barrio inducido por la publicación de la revista Billiken; además había escrito los versos del vals "Por qué no me besas", con música de Francisco Caso.

"Atorranteó atardeceres con Cátulo Castillo y Julián Centeya, y allí enfrentó el dilema con que lo desafiaba el país semicolonial: buscar como tantos la gloria oficial, el buen pasar, la fama que difunden los medios de comunicación en poder de la clase dominante o jugarse entero por su verdad, a la intemperie, corriendo el riesgo del silenciamiento, de la discriminación, en fin, recibir la maldición del sistema", y a los 17 años comienza a interesarse en la política, abriendo un ateneo de la Unión Cívica Radical.
A los 19 años ingresa a la Facultad de Derecho. Como docente dicta las cátedras de Castellano e Historia en los colegios Domingo F. Sarmiento y Mariano Moreno.

Homero Nicolás Manzione Prestera no dudó. Se jugó en la resistencia yrigoyenista contra la dictadura del General Uriburu y contra el gobierno usurpador del General Justo. "Conspiró, fabricó bombas caseras, conoció el infierno de la cárcel, soportando la incomunicación total en la Penitenciaría Nacional de la Avenida Las Heras". Su casa de la calle Garay y Danel se convirtió en centro clandestino de lucha popular y desde allí con sus amigos desarrolló, no sólo la pelea contra el conservadorismo vacuno sino también contra la claudicación de la dirección alvearista del partido Radical.

Junto a Arturo Jauretche, Raúl Dellepiane, Juan Luis Alvarado, Jorge del Río, Juan Molás Terán, Gabriel del Mazo y Oscar Correa, acompañados por Raúl Scalabrini Ortíz, que no era afiliado radical pero que asocia a esta patriada, fundan F.O.R.J.A. (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), el 29 de junio de 1935.

Éste fue un movimiento ideológico surgido, justamente, de la crisis de la Unión Cívica Radical. Crisis que se acelera a raíz de la muerte de Hipólito Yrigoyen. Sin dudas, un intento de recuperar el partido al servicio de las ideas que el Caudillo había puesto en marcha en su larga carrera política. La mesa de Homero Manzi es un homenaje a Homero Manzi en el centenario de su natalicio (2007). Son relatos seriados realizados por Roxana Rocchi, Ariel Sotelo, con el aporte de Daniel Giovannini, reproducidos en el ciclo Café, bar, billares, una creación de Norberto Folino y Ricardo Horvath en radio La Voz de las Madres, "la primera de la izquierda", AM 530, de lunes a viernes de 13,30 a 15 hs.

La acción de F.O.R.J.A. se desarrolla hasta la declaración de Octubre de 1945, en la que la mayoría de sus miembros se incorporan al nuevo movimiento revolucionario nacional conducido por Juan Domingo Perón.

Juan José Hernández Arregui señala que "los rasgos tipificadores del movimiento son los siguientes: ·
* Un retorno a la doctrina nacionalista, aunque vacilante de Yrigoyen, filiada en el orden de las conexiones históricas, a las antiguas tradiciones federalistas del país, anteriores a 1852.

* Retoma en su contenido originario, los postulados ideológicos de la Reforma Universitaria de 1918. ·

* Su pensamiento no muestra influencias europeas. Es enteramente argentino por su enraizamiento con el doctrinarismo de Yrigoyen, es hispanoamericano bajo la influencia de Manuel Ugarte y Raúl Haya de la Torre y el aprismo".

En su posición antiimperialista, F.O.R.J.A. enfrenta tanto a Gran Bretaña como a Estado Unidos en un doble enfoque nacional y latinoamericano.

La voz de Manzione se levantó en la tribuna esquinera, erguido sobre cajoncitos de cerveza, apostrofando las entregas y latrocinios de la Década Infame.

"Nos dicen - sostuvo Manzione - que hay una cosa intocable entre los distintos eslabones de la economía: el gran capital, especialmente cuando se trata de accionistas extranjeros, y por eso es necesario crear la mentalidad opuesta, la mentalidad nacional, que frente a ese argumento diga sencillamente esto ¡qué se vayan a la puta que los parió esos accionistas!"

Una y otra vez, desde F.O.R.J.A., denunció el sometimiento del gobierno al imperialismo británico, la complicidad de Alvear con los hombres del régimen, la expoliación que sufría el país, especialmente las provincias como la suya, porque - decía Homero - "Santiago del Estero no es un provincia pobre, sino una provincia empobrecida".

Una y otra vez reclamó mejores salarios, respeto a los derechos populares, en fin, como reclamaba F.O.R.J.A.: "las cuatro P: Patria, Pan y Poder al Pueblo".

El sistema lo silencia; lo condena como a "Jauretche y Scalabrini Ortíz al sótano de la calle Lavalle al 1700 donde tenía su sede F.O.R.J.A.".

Expulsado de la Facultad de Derecho, exonerado como Profesor de Literatura, silenciado como poeta, discriminado en el radicalismo por rebelde y antiimperialista, Homero Nicolás Manzione Prestera fue convertido en "maldito", pero el poeta que había dentro de él "le jugó una mala pasada al sistema".

"Mucho de mi yrigoyenismo se lo debo a Homero Manzi, que tenía 20 años por esos días. Él me dio una de las explicaciones más orgánicas y tal vez más poéticas del caudillo y de lo que significó", contaría Jauretche tiempo después.

"Si por sus ideas le cerraban el camino a ser hombre de letras, él se dedicó a hacer letras para los hombres, y se transformó de Homero Nicolás Manzione en HOMERO MANZI". "Homero se nos fue al mundo de la noche" señaló Jauretche, y allí no pudieron con él.

II) Homero Manzi
Sus versos recrearon los barrios de tango con "el farol balanceando en la barrera y el codillo llenando el almacén"; pintaron los arrabales en tiempo de milonga (con música de Félix Lipesker): "Arrabales porteños / de casitas rosadas / donde acuna los sueños / el rasguear de las guitarras. Donde asoma la higuera / sobre las tapias, / adornando los muros / con sus fantasmas. Sombra, / telón azul del suburbio / donde se juega el disturbio /cuando un amor se envenena / y al dolor de la traición, / se hace rencor, / rencor y pena. Sombra, / donde los labios se juran / mientras la noche murmura / con su voz de bandoneón. Arrabales porteños, / en tus patios abiertos / las estrellas se asoman / y te bañan de silencio. Y la luna amarilla / siembra misterios / caminando en puntillas / sobre tus techos".

Su poesía se nutrió de los compadres de los cafetines, de las muchachas en las ventanas. Sus versos acunaron a la "negra María", consolaron a la mulata abandonada, convocaron al "Papá Baltazar" de los chicos pobres y también a "Malena" con su "voz de sombra" en el paisaje indeleble de un "Sur, paredón y después", con las "chatas entrando al corralón" y chapaleando barro bajo "el cielo de Pompeya", con gorriones y fabriqueras, con el eco de un bandoneón... "mariposa de alas negras", brotando del último organito de una ciudad entristecida.

Así, el Manzi poeta violó la censura que le impuso la oligarquía pro-británica; se escabulló por el camino abierto del cancionero popular.

El otro, el Homero Nicolás Manzione Prestera, condenado al olvido, al que no se lo menciona en ninguna historia política "oficial", permaneció "maldito". Manzione y Manzi, cualquiera de los dos o los dos juntos, llevaron por siempre en alto la bandera del pensamiento nacional, el amor al Pueblo, el sueño de la grandeza de la Patria....
Ese Homero Nicolás Manzione Prestera, declaró como Homero Manzi, en 1947: "Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios". Aníbal Troilo recuerda a Homero Manzi en 1971

Don Arturo Jauretche, el que "avivaba zonzos", implacable crítico de la colonización intelectual decía "Nada grande se puede hacer con la tristeza. El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza". Y Manzi encarna ese pensamiento.

Porque Manzi encarna, justamente, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías. El medio de su poética fue siempre la canción, desde los motivos camperos hasta la música urbana, en la que alcanzó su mayor realización. De esa manera gozó de inmensa popularidad, sin renunciar nunca a sus convicciones de poeta. Apeló a la metáfora, incluso surrealista, pero no avanzó demasiado por ese camino, camino que quizás hubiera dificultado la comprensión de su mensaje por el hombre común.

Utilizó muy poco el lunfardo para expresarse, pese al compromiso popular de su obra literaria. A diferencia de otros grandes autores, sus letras no ofrecen directas crónicas de la realidad social ni imparten consignas morales contundentes, pero mantienen una coherencia plena de sentimiento y racionalidad.

El amor profundo por su madre como el rescate permanente del pasado, que se refleja en su obra, le hacen decir en un vals con música de Antonio Sureda: "Hoy vuelves del recuerdo, madre mía, / envuelta en la penumbra del pasado, / trayendo la nostalgia de los días / que en horas de placer hube olvidado. / Y al ver que fue tu amor, tu amor perdido / el único cariño sin engaño, / te llora más el corazón vencido / y busca en el olvido / tu palabra de perdón. / En el silencio triste / de mi fracaso, / resuenan tus canciones, / rondan tus pasos. Y siento que retornas / pálida y buena, / para borrar las penas / de mi soledad. / Y en el milagro extraño / de ser tu niño, / revivo la presencia / de tu cariño. / Perfume de tu pelo, / luz de tus ojos, / calor de tu consuelo, / rumor de tu voz. / Vendrás, siempre, vendrás, / a consolar mi mal / cuando mi cerrazón busque luz, / cuando mi corazón te nombre más. / Y sé que volverás / la mano en bendición, / trayendo tu perdón / en un beso de paz".

Otra vertiente particular en la obra de Manzi fue su mimetización con la fiebre romántica que contrajo el tango en los años ’40, tendencia a la que legó piezas de extraordinario valor, como " Torrente", "Después" o "Ninguna".

En "Abandono"; tango con música de Pedro Maffia; el ayer, el recuerdo, la ausencia, la pena, el remordimiento y el dolor se amalgaman para "oír que te nombran las voces muertas del ayer feliz".

"Llega el viento del recuerdo aquel / al rincón de mi abandono
y entre el polvo muerto del ayer / también volvió tu querer.
Yo no sé si vivirás feliz / o si el mundo te ha vencido
viviendo sin querer vivir / buscás la paz de morir.

Duda de tu ausencia y de mi culpa / pena de tener que recordar
sueño del pasado que me acusa / manos que no quieren perdonar,
dolor amigo de estar con tu sombra / remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran /
las voces muertas que se obstinan en volver.

Ya no sueño que retornarás / al fracaso de mi vida
ni tampoco que en tu palpitar / tendré un afán para andar.
Sólo quiero que si estás también / en la cruz del abandono
sepas olvidarme en su perdón... / total, mirá lo que soy.

Pena de tu ausencia sin retorno / pena de saber que no vendrás,
pena de escuchar en mi abandono / voces que me acusan al llegar.
Dolor amigo de estar con tu sombra / remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran / las voces muertas del ayer feliz".

"Sur", su tango, de 1948, con música de Anibal Troilo, probablemente sea la obra suprema del género de aquella esplendorosa década y resume el sentido más profundo de su obra.

"Malena", "El pescante", "Milonga triste", "Che bandoneón", "Solamente ella", "Mañana Zarpa un Barco" y "Tal vez será mi alcohol" (que la censura obligaría a convertir en "Tal vez será su voz"), entre otros tantos temas, quedaron como irrefutables testimonios de su alta inspiración.

Todos los investigadores coinciden en que Manzi, renovó la letra del tango, reemplazando en sus temas los amores tumultuosos y dramáticos por la cotidianeidad de los barrios: "Si no entendés, / escuchá lo que te digo, que los barrios son testigos / de que cuento la verdad". Arturo Jauretche habla sobre Homero Manzi

En 1926, Roberto Fugazot le cantó "Viejo ciego", un bello poema de corte a lo Carriego al que le pusieron música Cátulo Castillo (en la primera parte) y Sebastián Piana (la segunda). Desde entonces con este último músico comenzó una larga y exitosa etapa de colaboración de la que surgieron inicialmente el tango "El pescante" (1934) y una serie de milongas arrabaleras, candomberas y federales, además de bellísimos valses como "Esquinas porteñas" y "Caserón de tejas".

Los músicos más famosos llevaron luego los versos de Manzi al pentagrama: Aníbal Troilo ("Barrio de tango", "Sur"), Lucio Demare ("Mañana zarpa un barco", "Malena"), Hugo Gutiérrez ("Después", "Fruta amarga"), José Dames ("Fuimos"), Charlo ("Oro y plata"), Alfredo Malerba ("Mi taza de café", "Ropa blanca"), Francisco Pracánico ("Monte criollo"), Mariano Mores ("Una lágrima tuya"), Raúl Fernández Siro ("Ninguna").

Manzi construye un poema de imágenes enormemente audaces para canciones populares: "Desazón de llorar lo que fue y mirar lo que llegó sin poderlo comprender", ("Así es el tango", con música de Edgardo Donato), "Fui como una lluvia de cenizas y fatigas / en las horas resignadas de tu vida...", de hecho éste último, "Fuimos", cautivó al público y a los intérpretes, quedando instalado como un paradigma del tango elaborado y estéticamente ambicioso.

Él mismo declararía sobre su aporte a la música popular por: "haber renovado la milonga, haber creado una milonga suburbana, de la ciudad, diferente de la campera".
Dentro de este género musical, la producción de Manzi se resume en los siguientes títulos: Arrabal, Betinotti, Campo afuera, Carnavalera, Luna, Mariana, Matungo, Milonga de los fortines, Milonga de Puente Alsina, Milonga del novecientos, Milonga sentimental, Milonga triste, Negra María, Oro y plata, Papá Baltasar, Pena mulata, Recordando y Ropa blanca

Cuando junto a Sebastián Piana dan a luz "Milonga del novecientos"... "Varón, pa’ quererte mucho / varón, pa’ desearte el bien / varón, pa’ olvidar agravios / porque ya te perdoné..." éste, al mismo tiempo, lo convoca para escribir las canciones de la película "Sombras porteñas" (1936). Manzi comienza, entonces, a vincularse con la industria cinematográfica argentina, justamente cuando ésta daba sus primeros pasos.

En ciertos círculos de pretendido refinamiento intelectual hablar de Homero Manzi no tiene la misma acogida que suele brindarse en aquellos otros lugares de apasionados por el tango, por el buen tango, y por la consustanciación con el sentimiento nacional de Nación.

Es que la existencia de Homero Manzi obliga en parte a una identificación con una personalidad que abarcó desde diversos ángulos un compromiso con las causas populares, sus emociones y sus luchas

Es posible percibir en los versos de Manzi una nostalgia por lo abandonado, tal vez provocada por la soledad en la que se caía por lo dejado atrás o, por lo que frecuentemente sucedía cuando se intentaba salir de la miseria: los "fracasos de seda" frase utilizada en el tango "Ronda de ases".
Aníbal Troilo - Palabras a Homero Manzi

"Percal y horario, ropa y costura,
gorrión cansado, jaula y miseria,
pena de agosto, tardes sin sol,
alas que vuelan, carta de adiós,
luto de otoño, pan de amargura,
luces del centro, trajes de seda,
flores, recuerdos, mármol, dolor.
fama y prontuario, plata y amor".
Vemos que en Manzi existe un tácito enfoque sobre los valores inherentes a los sectores populares.

Es significativo ver como puede reconstruir la vida de éstos sólo a partir de las palabras. Podríamos decir que en diferentes tangos estos términos están puestos en reemplazo de cualquier tipo de especificación acerca de lo que se está hablando: el "destino de percal", frase usada en el tango "Che, Bandoneón", se puede interpretar como el destino, justamente, del trabajador humilde, sacrificado, humillado... explotado.

Las condiciones socioeconómicas imponían la miseria a aquel que estaba atrapado en la explotación, de la que muchos intentarán escapar, siguiendo caminos que no eran los propios. Así, el trabajo era abandonado para buscar las grandezas y el placer que el cabaret prometía. Podríamos pensar que había quienes pretendían asimilar el tipo de vida que llevaban los sectores hegemónicos.

Si bien como poeta puso su pluma al servicio del tango, que deja cantar sus textos, Manzi interpreta fundamentalmente a la ciudad a través de sus barrios y su gente, sufriendo por esta razón, entre tantas otras, el desprecio de cierta crítica corta de vista.

Su busto, como simbología de agradecimiento, se levanta en la principal avenida de su Añatuya natal y nomina una calle de Santiago del Estero, más allá del tango, por ser referente de los valores culturales santiagueños.

Y es evidente que para adentrarse en la vida y obra de Manzi se necesita de una sintonía espiritual, la compenetración entre este epopéyico personaje y quienes le admiramos. Existe un verdadero gozo espiritual y plenas coincidencias ideológicas con Manzi y no nos arrepentimos de ello, más bien nos sentimos gratificados por encontrar en él, entre su cautivante prosa y su militancia, un paradigma de claro pensar y proceder.

Manzi fue siempre una constancia temática "engrandeciendo espacios que eran hasta entonces considerados con desdén por vastos sectores intelectuales de la Argentina".
Es que había decidido "hacer letras para los hombres" sobreponiéndose a una poesía descarnada, metafóricamente adornada con polichinelas y princesas de ajenas latitudes.

Sus temas en cambio fueron la permanente "nostalgia por lo irrecuperable, aunque carente de melancolía: la simple persecución del recuerdo, una lucha a brazo partido de la memoria contra las destrucciones del tiempo". Y este cantar, con el latido de su pueblo, sensible a todas las emociones, sin ser sensiblero ni ramplón, se mantuvo desde siempre y por siempre.

Desde su aproximación al martinfierrismo y en la colaboración fundacional con la revista "Criterio", aporta todos sus conocimientos literarios, su brillante prosa y su magistral poética.

Manzi pudo salvar todos los escollos: "superó a Carriego porque tenía una sólida formación cultural que le permitió crear imágenes de alta sustancia y originalidad ciertamente emparentadas con García Lorca o Guillén; no desvirtuó su autenticidad como Borges y no se adscribió a las polémicas elitistas porque su yrigoyenismo nacionalizó su intelecto" quitándole las anteojeras importadas que desviaron la sinceridad poética de algunos otros de su tiempo, todo ello en su popularizada función de letrista y en su labor literaria o cinematográfica.

En esa trayectoria nunca estuvo ausente la figura de Jauretche, "pensador despatarrado, socarrón, antiacadémico, pero capaz de pensar el país con originalidad", el cual vivió en hermandad con Manzi.

Homero Manzi, luchó siempre con entusiasmo y tozudez por la consolidación de una cultura nacional de raigambre latinoamericana. Merecen recordarse en este sentido fragmentos de reflexiones expuestas en dos ocasiones, la primera hacia 1940, cuando presentó en Buenos Aires, un espectáculo musical a cargo de Andrés Chazarreta y donde Manzi, santiagueño como el músico, vibró hondamente reivindicando nuestro arte popular.

"El folklore argentino - dijo - es un tesoro desparramado por los campos, despreciado por las clases cultas del litoral, pero acunado con amoroso acento por las gentes humildes de la campaña. Mientras Buenos Aires, abriendo cada día más su puerta a la entrada del alma ajena, desoía las voces de la tierra, mientras la pericia de la ciencia oficial creaba un gusto extranjero y arbitrario, mientras los puertos recogían las voces confusas que llegaban de ultramar, pocos eran los espíritus que en lo musical, pegaban el oído a la tierra con reconcentrada actitud de rastreadores.
La música de la ciudad estaba trazada sobre el pentagrama oscuro de las pasiones humanas. En cambio, la música de nuestro campo estaba conformada sobre la naturaleza. Con excepción de la vidala, canción cuya universalidad habrá de consumarse un día, todas las expresiones musicales del folklore norteño trasuntan las formas del paisaje y animan sus movimientos en la fuerza de la naturaleza. La música del campo es objetiva, la de la ciudad subjetiva.

En la ciudad, los bandoneones lloran a cuenta de la pena del hombre. En el campo, las arpas y violines rústicos hablan con la voz del viento, trinan con los pájaros y mueven sus ritmos con el rudo compás de las bestias en galope o con la hamacada euritmia de los pastos castigados en el vaivén de los vientos.

El santiagueño ama en primera instancia a su tierra, tiene una patria chica para ubicar su corazón. Conoce su cielo, abierto y celeste durante el día cuando apenas lo transitan el sol y las majaditas de nubes blancas, oscuro y profundo en la noche, cuando los tachonan los tucu-tucu inmóviles de las estrellas.

Conoce sus ríos madres que traen el pan en las entrañas, conoce sus montes, intrincados, misteriosos, aguerridos, conoce la tremenda ansiedad de sus sequías, ejemplo bíblico que le afirma la sobriedad y conoce el terror de sus tormentas calientes, cuando braman los huracanes del sur y del norte cargando, sobre los lomos enfurecidos, nubes negras que desparraman la bendición del agua, por eso la voz del folclore santiagueño tiene la sinceridad del testimonio cultivado en largo trance de amor.

Buenos Aires vive sorda a la belleza que destila este polo mediterráneo en la silenciosa colmena de su vida espiritual. La gran ciudad del plata, enceguecida de orgullo por las caricias de la gloria material, no sabe que lejos de ella, hay argentinos que aparentan las majadas de la leyenda".

Manzi está convencido del triunfo de la cultura nacional sobre la colonización cultural, y agrega: "Las canciones de la tierra volverán a nutrirnos de savia auténtica y en la voz de las vidalas reconoceremos el arrullo de la urpila, despenadora impenitente de las tardes, cuando se abren en colores pálidos las flores del cardón y reconoceremos en cada danza, en cada ritmo, un pedacito del paisaje agreste donde ponen adornos los algarrobos, donde adelantan cuchillos de espinas los vinales, donde corren y revientan los ríos para secarse luego, donde cantan las hachas mordiendo las carnes duras del quebracho, donde pastan las majadas, donde se clavan las puntas del arado, donde galopan los caballitos criollos, donde ladran perros inverosímiles, donde se sufre, se trabaja, se ama, se baila y se canta".
La segunda reflexión, la hace después, el 6 de mayo de 1948, ratificando, en una hermosa página, esa concepción de la cultura: "lo popular".

Dice Manzi: "Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos. 

Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando, tal vez en dorado fracaso, su propia historia y a la que de pronto iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas, ordenaron: ¡Cambia tu piel! ¡Viste esa ropa! ¡Ama a este Dios! ¡Danza esta música! ¡Vive esta historia!. Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando quince siglos de desventaja, nuestra pobre América que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas, nuestra pobre América que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos, y cuando los evangelios habían escrito su mensaje, cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos y cuando el Dante había cumplido su divino viaje.

Nuestra pobre América que comenzó su nueva industria, cuando los toneles de Europa estaban traspasados de olorosos y antiguos alcoholes, cuando los telares estaban consagrados por las tramas sutiles y asombrosas, cuando la orfebrería podría enorgullecer su pasado con nombres de excepción, cuando verdaderos magos, seleccionando maderas con cavidades y barnices, sabían armar instrumentos de maravillosa sonoridad, cuando la historia estaba llena de guerreros, el alma llena de místicos, el pensamiento lleno de filósofos, la belleza llena de artistas y la ciencia llena de sabios.

Nuestra pobre América, a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación. Todo estaba bien hecho, todo estaba insuperablemente terminado ¿para qué nuestra música? ¿para qué nuestros dioses? ¿para qué nuestras telas? ¿para qué nuestra ciencia? ¿para qué nuestro vino?. Todo lo que cruzaba el mar, era mejor, y cuando no teníamos salvación apareció lo popular para salvarnos, creación de pueblo, tenacidad de pueblo.

Lo popular no comparó lo malo con lo bueno, hacía lo malo y cuando lo hacía creaba el gusto necesario para no rechazar su propia factura y ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que surgía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos. Mientras tanto, lo antipopular, es decir, lo oculto, es decir lo perfecto, rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trababa esa esperanza de ser que es el destino triunfador de América.

Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre Argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo".

Obrando en consecuencia, Homero Manzi, prologando un libro de Héctor Gagliardi, se pregunta si es un poeta, un payador o un cantor y termina confesando "pero se, eso si, que él canta y que su pueblo lo escucha".

También vale la pena recordar este otro escrito de Homero Manzi titulado "Argentina, Patria del Bandoneón" y que lo redactara en colaboración con su hijo Acho.

"El Bandoneón llegó a Buenos Aires en el bagayo de un inmigrante alemán, quién jamás pudo suponer que con él traía el instrumento que andaba buscando la emoción porteña para poder desparramarse por el mundo.

Y así fue que una noche, allá por el 1900, cuando todavía los muchachos se recostaban en las paredes de las esquinas para que no se derrumbaran y se ataban el pescuezo con un pañuelo para que no se les cayera la cabeza al escupir fuerte por el colmillo, el alemancito se sentó en el patio de su conventillo, para llorar en manga de camisa, sobre las notas largas de su Bandoneón, un dramita de inmigración, de ausencia y de distancia.

Y sin quererlo, las notas litúrgicas de su fueye, desangradas en la desolación de los patios porteños, repercutieron en el corazón de las costureritas sentimentales y temblaron en los dedos ligeros de las barras, como si hubieran nacido para repicar compadronamente sobre el doble teclado de aquel lindo aparato.

Dicen que un día, Domingo Faustino Sarmiento trajo de Italia una yunta de pajaritos grises, y al poco tiempo Buenos Aires era una jaula de gorriones.

Así también un día el arrabal se pobló de bandoneones. Buenos Aires se le entregó, a condición de que primero, se le entregara el bandoneón. Y así fue que empezó a rezongar como si llevara adentro el alma atormentada de un garavito. Y se emocionó en la noche de las cortadas, como si hubiera nacido a la luz de un farol, y compadreó en el alarde de una serpentina, como si en él chiflaran los gorjeos de las patotas. Y entonces, ya no fue más bandoneón.

En el registro civil de los almacenes, lo bautizaron mandoneón, y para ser más chorro y más porteño, le acomodaron un mote de prontuario; alias... Fueye.

Y en los barrios de Buenos Aires, aparecieron las manos que habrían de estirarlo como nadie. Vicente Greco, Pacho, el ruso Antonio, Pepín, Santa Cruz, Chiape y el pibe de oro, ese pibe que a los doce años con un par de brazos que apenas podían abrazarlo, sacó al fueye sonidos secretos, dulzuras desconocidas, armonías inéditas: Pedro Maffia. Luego vendrán otros, y luego también serán superados, para nuestro bien.

El bandoneón es un alma que tomó forma de gusano a fuerza de arrastrarse detrás de un amor imposible. Cuando estaba por morirse de pena en una esquina olvidada del mundo, las caricias de las manos criollas, lo ayudaron a sufrir su congoja. Al hambre de su pena solitaria, el tango le entregó el pan de una amistad derecha y compañera.

El suburbio lo emborrachó en sus copas para hacerlo olvidar. Los compadritos lo llevaron a sus fiestas para ahuyentarle los recuerdos malos. Y Juan de Dios Filiberto, que tiene algo de fueye en su arrugada silueta, le compuso un himno de homenaje: Quejas de Bandoneón

El bandoneón es un órgano de Iglesia con alma requintada, que siguiendo la estrella rea de su destino, se escapó de una catedral disfrazado de fueye, para poder ambular por la noche de la calle Corrientes. Por eso desde que él se entreveró en el tango, las milongas adquirieron una solemnidad religiosa, y por eso cuando sus hermanos recogen los sonidos y talla solo el bandoneón, la canción de los barrios parece un misal taura. Y por eso también, Pascual Contursi, poeta de suburbios, le rezó un Padre Nuestro: Bandoneón Arrabalero.

Enrique Santos Discépolo, se ha ganado el título de inspector honorario de las emociones de Buenos Aires. Envuelto en un mínimum de materia, recorrió las calles o se sentó a tomar un café, dispuesto a requisar cuanta emoción circulara sin patente. Nervioso, flaco, afiebrado, pura nariz y talento, de pronto ha encontrado algo que buscaba; una canción, un grito, un gesto; se lo pone debajo del brazo y en su casa lo hace bailar sobre el piano, para inspirar las teclas. Es el drama que un borracho olvidó sobre una mesa o un lio que descubrió por la rendija de una persiana. Una noche oscura, al cruzar una calle del suburbio, Discépolo tropezó con el alma del bandoneón que se había escapado de la caja; entonces hizo un tango: Alma de Bandoneón.

Pedro Maffia, inició su vida en el piano. Pero aquel armatoste era demasiado grande para la honda humildad de su espíritu. Sus dedos ligeritos resbalaban inútiles sobre la dentadura del teclado. Es que Maffia, necesitaba un instrumento mas pequeño, para hacerlo llorar de emoción en el temblor de una caricia. Un instrumento que lo pudiera tener entre los brazos, para llevarlo más cerca del corazón. Tal vez por ello eligió el bandoneón. Y por ello también, cuando aún era un pibe, ya sabía pasearlo como nadie por los carcomidos tinglados de los cafés de Buenos Aires, entre el humo de la admiración. Ese instrumento se le adentró tanto en su cariño, que al ejecutarlo era como si estrujara un pedazo de su alma. 

Cuando un instrumento se ha moldeado de tal forma al perfil filosófico de una ciudad, solo cabe hacerlo nuestro definitivamente, para que en sus días futuros, pase de una mano a otra, como entrando en cada casa a hacerse amigo y maestro a la vez. Las esperanzas que se derramaron en él, dieron nacimiento a más hermanos.

Quizás alguien piense que no encaja en el desequilibrio del modernismo, porque tiene cara de viejo y está vestido de negro, que es su manera de pasar desapercibido.

Si algún día sus hermanos fueran a dejar de ver nacer nuevos bandoneones de las manos de sus creadores, un día se terminará de hacer el último bandoneón. Lo demás va a ser historia, y cada uno de ellos, aferrándose a las manos de quienes lo acarician, pedirán que ésta patria que los cobijó, sepa que no puede repartirse en versos si no hay quién aprenda a darle vida en aires porteños.

Haceme dos cajas con punta en ochava,
que puestas de frente, aferren los pliegues
y encierren el aire para mi pulmón.

Que asomen mis teclas con mueca sonriente,
y que al apretarlas, un peine de bronce,
libere los flecos de mi propia voz.

Que un muchacho loco me aprenda en sus dedos
y que de sus manos nazca una emoción.
Y en mi frente negra, que se frunza el ceño
de la filigrana de un fileteador.

Que mi nacarada suerte peregrina,
sepa que las manos que mi fueye estira,
dejan por sentada mi ciudadanía,
en cada latido de mi corazón

¡Si alguien inventó un día esa jaula de pájaros..! ¿Qué otra alma sensible podrá volver a adivinar sus secretos para envolverla en el fervor de aquel primer encuentro..?

La historia, que debería ser nuestra historia, esa a la que se ajustan las descripciones de los vencedores, es la que nació en Alemania y se escribió en Argentina antes de 1900. Y los argentinos hemos vencido sobre el destino de un instrumento sentenciado a morirse de sueño. Y porque ya llegó al tinglado de los más famosos escenarios del mundo y es escuchado con respeto, se abre ante nosotros el verdadero dilema. Lo que antes era el tesoro de un país, hoy es la búsqueda desenfrenada del resto del mundo por conseguir los mejores exponentes de lo que nos dio ese sabor sentimental.

Y los bandoneones salen gota a gota del país, sin pasaje de regreso.

Cada día son menos los que nos quedan, cada día son menos los mejores instrumentos, que tendrían que ser nuestro mejor orgullo.

Cada vez que me entero que en el exterior se vende un bandoneón traído por un tanguero que quiere hacerse de unos pesos, se arruga dentro de mi pecho este pequeño fueye que nos dejó su apariencia de juguete navideño, que se resiste a pensar que vamos entregando la ilusión que nos dejó alguno de esos tres Reyes Magos.

Se van vendiendo uno a uno, y ya quedan los imprescindibles para continuar la tradición. Que su voz no se pierda en los vientos de otros cielos. Que la ausencia de su voz no nos resulte un ausente más entre tantas presencias que damos por perdidas.

A ver, argentinos... no vendamos también el alma... ¡Este es un bien, no renovable..!"

Intentar una semblanza de Homero Manzi (Homero Nicolás Manzione Prestera) en un breve trabajo puede ser irreverente y ambicioso. Pero mucho más difícil es explicar esa fusión por la que transitó: del yrigoyenismo al peronismo. ¿Y por qué no?. Simplificando todo análisis histórico, y basándonos en una conjetura meramente emocional ¿no sentimos y vivimos que el yrigoyenismo, el peronismo, el fútbol y el tango forman parte de nuestra cultura nacional?.

Manzi perteneció a ese grupo de hombres lúcidos y claros, que reconocieron el papel protágonico de los movimientos nacionales en los países dependientes y semicoloniales, al producirse el despertar de la conciencia de los pueblos oprimidos. Vista desde el mirador de la historia política, el significado de la acción desarrollada por éste se acrecienta.

Existe diferencia con aquellos luchadores y pensadores de la liberación nacional de otras partes del mundo, ya que nuestro territorio no estaba efectivamente dominado por las armas. Éstos, los nuestros, sabían que, en el caso de la Argentina, como en el de la mayoría de los países latinoamericanos, el control se ejercía mediante otros medios y así dedicaron toda su vida y obra a dilucidar los mecanismos de colonización cultural a la que estábamos sometidos para un mejor dominio.

El crítico palestino Edward W. Said en "Cultura e Imperialismo" lo ha afirmado de este modo: "Hay algo más en el dominio imperialista que no tiene que ver con el poder de fuego, sino con ideas y actitudes", las cuales hacen que algunos dominados acepten, incluso de buen grado, la situación de subordinación. Otros... NO!

Todo ese grupo, al que pertenecía Manzi, aplicaba una metodología para el estudio y la comprensión de la realidad nacional, un método inductivo, casuístico si se quiere, que partía directamente de los hechos y no de las teorías, fueran éstas las que fuesen.

Le debemos admiración y atención porque no se escapaban de los hechos concretos "por la tangente del sueño o de la imaginación", como tampoco se ataban "al hecho concreto que se deja cerrar por el círculo de lo cotidiano al margen del futuro y del pasado".

Forjar un pensamiento nacional significaba recurrir a la historia como medio de formular un nuevo proyecto político para el país. A juicio de éstos, ese pasado estaba, en su última etapa, en Yrigoyen y su época.

Representaba las tradiciones federales y populares, había defendido el derecho a la autodeterminación de los pueblos y contra las agresiones externas.

Yrigoyen representaba la posición nacional frente a las "directivas británicas que ejecutaba la oligarquía argentina" y "la presencia del pueblo en el Estado como instrumento vivo de la Nación". Perón, años después, encarnaba, justamente, la continuidad histórica de ese proceso, profundizándolo por el camino de la revolución y transitando hacia la comunidad organizada y la integración continental.

Más utópico, además de atrevido, es analizar su poesía. Podemos pensar que toda poesía fundamental es filosófica; a veces contiene una suerte de ensayo en cada verso. Podemos garabatear que ella está aun en lo que no se dice, que es una memoria que vuelve del pasado y va hacia el futuro.

Sus poemas se sienten hondo, muy hondo. Tal vez enmarcando nuestra propia historia, todos llevamos en el recuerdo o en una foto color sepia aquella "melena de novia"; todos fuimos aquel que Manzi descubre "recostado en la vidriera"... esperando; quién no contempló "las lunas suburbanas"; quién no caminó "sin querellas" tomado de la mano de algún amor.

Homero Manzi era dueño de un gran talento y no lo administró en pequeñas dosis. Se dio entero. Le quedó tiempo para ejercer la presidencia de SADAIC, tener un hijo, volcó "hasta la última arruga del cerebro con la generosidad de quien sabe que hay mucho más en la moviola". Dejó de yapa poemas inéditos, proyectó libros para películas que no alcanzó a realizar con temáticas dispares: Rubén Darío, Jorge Newbery, Antártida.
Sus obra marca guarismos sobresalientes y enciende las luces de la ciudad donde inmortalizó en una esquina todas las esquinas.

Autor de 52 Tangos: Abandono, Así es el tango, Barrio de tango, Canto de ausencia, ¡Che bandoneón!, Cornetín, Dale dale, De ayer a hoy, De barro, Desagravio, Después, Discepolín, Dónde irás ilusión, El pescante, El último organito, Eufemio Pizarro, Fruta amarga, Fueye, Fuimos, Gato, Hermana, Horizontes, La mariposa y la flor, Malena, Mañana zarpa un barco, Manoblanca, Mi taza de café, Monedas de poeta, Monte criollo, Muchacho de cafetín, Ninguna, No te engañes, Nobleza de arrabal, Noches provincianas, Pajarito, Pianito de juguete, Por qué, Ramayón, Recién, Ronda de ases, Sosteniendo recuerdos, Sur, Tal vez será mi alcohol (Tal vez será su voz), Tango, Tango de antes, Tapera, Te lloran mis ojos, Torrente, Triste paica, Una lágrima tuya, Veinticuatro de agosto y Viejo ciego.

De 18 milongas; de 2 candombes: Calún Gangué y Juan Manuel; de 13 valses: A su memoria, Desde el alma, Esquinas porteñas, Gota de lluvia, Llorarás llorarás, Lluvia, Más allá, Paisaje, Romance de barrio, Romántica, Serenata gaucha, Tu pálida voz y Valsecito de antes; de una marcha: Se va la murga; de un aire de bailecito: De mi casa a tu casa y de 3 canciones: Duerme, Pampa Luna y Pluma de nido. Homero Manzi realizó películas, teatro y comedias musicales.
Fragmento conferencia realizada por Osvaldo Vergara Bertiche, en el CCBR de Rosario.Año2004.
Fuente:ElOrtiba


Están golpeando 
Estaba en un frasco. Quiero decir, enfrascado en la lectura. Por la mañana me atrapa el nuevo trabajo de Alejandro Horowicz, "Las dictaduras argentinas" (Edhasa,2012), profundo, fascinante, y por la tarde, antes de irme a la radio, tengo cita con Petros Márkaris y su comisario Kostas Jaritos, inmersos en el clima de fin de fiesta que plantea "Con el agua al cuello" (Tusquets,2012). Crímenes de banqueros en la Grecia actual.

Por eso me sorprendí cuando mi esposa dijo: "Están golpeando". Pensé: "Tengo que ir al otorrino. Carajo, la vejez me está llegando". Le pedí amablemente a mi perro, Galileo, que no se escape (tiene un sentido compulsivo de la libertad) y abrí la puerta de calle. No había nadie. Además, por qué iban a golpear si tenemos timbre. Eso le dije.

Con la paciencia que la caracteriza me contestó: "No, fijate. Están golpeando a periodistas". Pensé que el "polémico" Moreno y el "polémico" D'Elía se habían encontrado en Plaza de Mayo con Lanata. Tuve que dejar por un rato al amigo Jaritos porque en "6,7,8" emitían por enésima vez la agresión a sus muchachos. Es que cometieron el "error" de ir a mostrar un cacerolazo vip de las señoras, señoritas, señores y señoritos de los barrios ricos de Macrilandia. Se convocaron a través de las redes sociales y llegaron a Santa Fe y Callao, por segunda vez en quince días. El enojo: extrañan el sushi, sus hijas mueren por una Barbie y los únicos arbolitos que funcionan están muy ocupados en atender a sus perros meones.

La paliza que vi por televisión es un aviso. Clasificado. Dice: "Hay piñas, patadas y palazos para periodistas militantes del oficialismo. Ofertas por pago en dólares. Preguntar por el Sr. Jorge."

Tan grave como la agresión me parecieron las "solidaridades" de Lanata, Luis Majul y Magdalena Ruiz Guiñazú con los agredidos. Repudiaron, pero. La culpa, según estos próceres, la tiene el gobierno. Porque es intolerante, porque atenta contra la libertad de expresión, porque pone en peligro las instituciones, porque no permite la importación de queso brie y así. El mismo argumento que pretende justificar a los violadores: "Y qué querés. Si la mina usaba una minifalda terrible y el escote le llegaba hasta el ombligo. En realidad, estaba pidiendo que se la cojan".

Si trato de explicarle al camarógrafo herido que, me parece, que fue víctima de un gesto de debilidad, me manda a la mierda. Y con razón. Pero la impotencia de clase ante la ley de revalúo fiscal de las propiedades rurales bonaerenses, la fecha de caducidad de la cautelar contra la Ley de Medios y la histeria tóxica (buen título para el próximo libro de Stamateas. De nada) del mercenario Lanada, hacen un cocktail propicio para estas demostraciones de valentía.

Es cierto que, cada vez que habla en público, Cristina insiste en que gobierna para los cuarenta millones de habitantes, pero sus medidas de inclusión ponen nerviosos a los que estaban acostumbrados a manejar el país como una estancia. Y creo que está bien que se enojen, pero no así. Es tan pobre el discurso, ahora le dicen relato, que llegan a la histeria en subte, sin importarle quién lo maneja.

En la Grecia de Jaritos se suicidan los jubilados, como los nuestros en 2001 y 2002. Un historiador lúcido desmenuza qué nos pasó a través de los Golpes de Estado que supimos conseguir. Y, mientras tanto, hoy se pone en marcha la Ley de Identidad de Género sin que se caiga el cielo ni se hunda la tierra.

Sí, están golpeando, son pocos, son apocalípticos y crueles. De sólo pensar que los próximos agredidos pueden ser mis compañeros, o yo mismo, me sube la confianza en el sendero. Aunque, claro, prefiero el debate a la pelea.
Julio Rudman 
http://www.julio-rudman.blogspot.com
Amengual 920, Godoy Cruz, Mendoza, Argentina




Sentimientos de un padre
(Poesías no comerciables)

MIS HIJOS                       1961      
Dos manojitos de aromas
Don Quijote y Sancho Panza,
bañados en mieles
y rociados con pétalos de azahares,
quizá iguales
a otros pequeños mortales,
inspiran en mi ánimo
la eterna sonrisa,
y ajenos a su éxito
como el frescor de la brisa,
corretean y se abisman en la vida
y su variación infinita.


EQUILIBRIO                         1966                                            
                                                                                          
Con la seguridad                                                                
del trapecista del circo                                                       
y la grácil elegancia                                                                                                         
de la ecuyere,                                                                      
con la regularidad                                                               
del día                                                                                 
y de las noches                                                                   .
que se suceden sin interrupción,
con la callada belleza
del sol y del rocío                                                                                 
y con la modesta alegría                 
de los pichones mañaneros                                               
vive Marina,                                                                        
que a los seis años                                                            
vitaliza mi voluntad                                                             
pues preanuncia un futuro añorado.                                 .
Y pienso,                                                                            
cuántas generaciones de hombres
trabajando y sufriendo,
aprendiendo a ser hombres,                                              
hicieron falta                                                                       
para que a siglos                                                                
del viejo sufrimiento,                                                           
sobre montañas de sangre reseca,                                   
que fertilizaron                                                                    
el humus de la tierra                                                           
y  en esta hora de cataclismos,                                          
el amanecer                                                                         
como un toro indomable
se revele biológico en nuestros pibes,                                     
a los que dedico                                                                 
este canto de amor 
enternecido.   

DIANA CAZADORA         (2005)
Sin arcos ni flechas                                                           
entre los montes de Grecia.                                              
Diana con el Alma                                                             
en el Lucero.                                                                    
Sonríe a su tropa                                                              
Incluso al perro y al gato.                                                
Diana pacífica cazadora
de la buena vida                                                                            
habita su Olimpo.   

AÑORANZA
Colonia O. de Ocampo, Nov.1989
Mi esposa:
El campo es tranquilo.
El monte se embellece
con flores amarillas
que no miramos juntos  
como a tantas cosas
que nos pasaron en la vida.

Estoy solo
y recuerdo.
No es lo mismo
que estar juntos
pero es algo.

El desasosiego
otro viejo compañero
no puede ponerme tan triste
encuentra el lugar ocupado
(mete violín en bolsa
y se toma las de Villadiego).

CORAL    (2006)
(a la nieta triste)
La pajarita esponja el frío
en la rama curvada.
Emite un trino
y calla.
Cuando regrese la primavera
se prolongará el canto,  
halago para las sonrisas
de los que añoran su vuelo.

RISAS  (2006)
(a un nieto)
La niña ríe
y ríe mi nieto
y ríe la abuela
y yo también
porque se gustan.
Así de sencillo.

AMORES (2004)
Hay amores de un instante.
Ondas,
dibujo irrepetible
brisa en el mar.
Éxtasis,
esfumado azul
trazo deletéreo
nube sutil.
Gasa,
efluvio oloroso
carne ingrávida.
Pero por debajo de la superficie
sigue circulando la marea.

REQUIEM    1963
Hoy se agostó una flor
una cálida flor
queda y silenciosa
un pequeño capullo de algodón
¿Qué se hará del amor
en que oscuro presentimiento
revivirán ahora los sentimientos?
¿Ahítos flotarán
prendidos a la nada
y los disipará el tiempo?
¿O cicatrizarán angustiosamente
a caparazón cerrada
refugiados y autoprotegidos?
Porque hoy la desgracia
que no sabe de genealogías
de tardes o tempranos
alteró violentamente el equilibrio de los vivos
cuando tronchó una flor.

LOS PADRES VIEJOS (2008)
Añoramos la dulzura de los chiquilines.
Entre adultos es otra la distancia.
Cada uno en lo suyo,
en su propio vuelo.
Las sensaciones ya no son piel a piel.
El afecto depende de actitudes y palabras.
¡Qué perdure!
BERNARDO SCHIFRIN
Fuente:EdicionesAguaClara


Aclaración:Las fotos que ilustran este post son bajadas de la Web.

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