4 de junio de 2012

ENTREVISTA - LA ESCUELITA II, JUICIO HISTóRICO.

04-06-2012
ENTREVISTA - LA ESCUELITA II, JUICIO HISTóRICO 
"Hablar de una sola muerte numerosa es hablar de genocidio" 
Ana María Careaga, quien estuvo detenida en un centro clandestino y actualmente dirige el Instituto Espacio para la Memoria, destacó la importancia del juicio que se realiza en Neuquén.
Neuquén -La inclaudicable lucha de los organismos de derechos humanos durante más de treinta años es lo que hizo posible "todo lo que se ha avanzado en los derechos humanos en nuestro país", afirmó Ana María Careaga, directora del Instituto Espacio para la Memoria (IEM) cuyo objetivo es resguardar y transmitir la historia de los hechos ocurridos durante el terrorismo de Estado en los años 70 hasta la recuperación de la democracia. Víctima del terrorismo de Estado -a los 16 años estuvo secuestrada cuatro meses en el centro clandestino "El Atlántico" y su madre murió en uno de los vuelos de la muerte (ver recuadro)- esta licenciada en Psicología resaltó el proceso judicial que se está llevando a cabo desde el 28 de marzo en Neuquén contra 24 represores imputados por delitos de lesa humanidad ocurridos en la región durante la última dictadura militar.

¿Los testimonios de las víctimas del terrorismo de Estado se transforman en un relato colectivo? 
Una de las cosas que impacta mucho en estos juicios es que cuando uno recorre las distintas instancias judiciales se va reconstruyendo la historia de lo que pasó durante esos años. Cada relato que brinda la persona sobre los delitos que fueron cometidos en su contra no conforman una historia única, propia de ese sujeto sino que es una historia similar a otra. En esa repetición se da cuenta de lo que fue el terrorismo de Estado como plan sistemático, como metodología que era aplicada a todos. En esa repetición podemos ver la reconstrucción de una etapa de la historia argentina. Es una historia única e irrepetible como vivencia traumática para ese sujeto y a su vez es una sola historia colectiva. El periodista y escritor Tomás Eloy Martínez dijo “una sola muerte numerosa”. En la historia de cada sujeto se está contando la historia argentina. Hablar de una sola muerte numerosa es hablar de genocidio.

¿Que el sistema judicial le brinde este espacio a las víctimas, después de habérselo negado durante tantos años, es una manera de sanación o reparación? 
Sí. Es una instancia judicial y una instancia del Estado. En nuestro país los delitos fueron cometidos desde el Estado, se aplicó el terrorismo de Estado, el Estado que es responsable de resguardar la vida de las personas en esos años se convirtió en el lugar donde se los atacó, desde donde se cometieron estos delitos aberrantes, delitos de lesa humanidad. Que el mismo Estado reconstruya estos hechos, que la persona pueda sentarse en una instancia judicial, reconocida legalmente, y pueda relatar los hechos de los que fue víctima para que se haga justicia. Es un acto reparatorio muy importante. 

Igualmente, hay una parte de esta historia que es irreparable para las víctimas. 
Seguramente lo es, porque lo que ocurrió en los más de 500 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio desplegados, afectó a miles de personas y a sus familias con sucesos aberrantes de los que no hay retorno. Nadie le va a devolver a los familiares la vida de sus seres queridos, o a los hijos los años que no compartieron crecer con sus padres. Hay una parte de esta historia que es irreparable. Pero las herramientas que estos sistemas tienen para la parte reparable están vinculados con la Justicia: que quienes fueron los autores materiales de estos delitos sean juzgados, que estos delitos sean ventilados de cara a la sociedad y que se aplique una pena para los que vulneraron la ley. Ponerle palabras que den cuenta de la magnitud del terrorismo de Estado es reparatorio para esa persona que puede contar lo que le pasó poniéndolo en una escena pública hechos que sucedieron en forma individual. En parte, constituyen algo de lo privado en su vida pero que al ser puesto en este escenario público constituye también algo que está dirigido a la sociedad.


Durante mucho tiempo funcionó como mecanismo de defensa de la sociedad la negación absoluta de lo que había pasado durante los años de dictadura.
Creo que hubo distintas etapas históricas en donde determinadas frases y expresiones que de algún modo representaban la llamada opinión pública también funcionaban como mecanismos de defensa. Cuando se secuestraba gente se decía “por algo será”, después con el advenimiento del estado de derecho y el conocimiento de lo sucedido a través de la prensa fue “qué terrible, qué horror, yo no sabía nada”, y después en la época del menemismo se instaló la idea de que había que mirar el futuro y que no se podía vivir del pasado.

La negación como mecanismo de defensa. 
Sí, para no hacerse cargo de algo que efectivamente no tuvo solamente a las víctimas que sufrieron la represión en carne propia sino al conjunto de la sociedad que vio vulnerado sus derechos. Porque el llamado Proceso de Reorganización Nacional apuntaba a un profundo cambio cultural y de los valores solidarios para poder generar las condiciones de instalación de modelos económicos que se profundizaron después. De hecho, la etapa del gobierno de Carlos Menem fue uno de los más claros en ese sentido. La otra cara de la represión fue lo que ésta generó, un movimiento de derechos humanos de enormes valores cuya máxima expresión simbólica sean las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que dan cuenta de una resistencia que siguió reclamando junto a otros actores sociales durante muchos años y que hoy se está materializando en estos juicios. Este discurso de reclamo en la actualidad le es devuelto a la sociedad de manera institucionalizada. Aunque en muchos aspectos es tarde, porque hay madres que se han muerto sin obtener justicia, sin saber qué pasó con sus seres queridos, y muchos represores se han muerto. Pero este reclamo finalmente se pudo materializar en estas instancias de justicia, imperfectas por cierto, que hay que seguir profundizando y acelerando pero que tienen un aspecto reparatorio que es muy importante a nivel individual como colectivo. 

Secuestrada por Astiz 
El 13 de junio de 1977, Ana María Careaga, con 16 años y embarazada, fue secuestrada y llevada al centro clandestino El Atlético, donde permaneció cuatro meses. Tras ser liberada se exilió en Suecia, donde se enteró del secuestro de su madre, Esther Ballestrino de Careaga, ocurrido en diciembre de 1977 por un grupo de tareas de la ESMA en la Iglesia de la Santa Cruz, en una reunión de familiares de secuestrados. En esa reunión participó un joven rubio que aseguró ser el hermano de un desaparecido. Se trataba del marino Alfredo Astiz, quien al terminar la reunión señaló a Esther y a dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet. Su madre estuvo secuestrada en la ESMA y después su cuerpo fue arrojado al mar. Tras permanecer enterrada como NN, en el 2005 se identificaron sus restos junto con los de Azucena Villaflor de De Vicenti y María Ponce de Bianco, otras dos fundadoras de Madres de Plaza de Mayo.
Fuente:LaMañanaNeuquen

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