3 de junio de 2012

Entrevista. Miguel De Luca. Politólogo.

Entrevista. Miguel De Luca. Politólogo. 
Año 5. Edición número 211. Domingo 3 de junio de 2012 
Por Demián Verduga 
dverduga@miradasalsur.com 
“En los regímenes parlamenatrios el mandatario tiene mucho poder.” 
Mitos y verdades sobre el parlamenatrismo.

Es, en sí mismo, más plural y democrático un sistema parlamentario que uno presidencialista? 
–Sobre este tema opinan demasiado seguido los abogados. Y muchas veces instalan la idea de que es un régimen en el que el primer ministro tiene poco poder. Esto no es así, más allá de que la etiqueta sea parlamentarismo. En varios países con este sistema, el mandatario tiene más poder que en el presidencialismo. El mejor ejemplo es Inglaterra. Cuando el primer ministro tiene mayoría parlamentaria, y no hace falta generar un gobierno de coalición, hace y deshace lo que quiere. Esto no se explica por una cuestión jurídica sino política. Si un primer ministro envía un proyecto al Parlamento y se lo rebotan, implica una quita de confianza. El mandatario se debilita y está obligado a llamar a elecciones. Cuando esto sucede, las bancas de los parlamentarios también entran en riesgo. Por eso, lo que finalmente se produce es una enorme disciplina del Parlamento para que el primer ministro no llame a elecciones.

–¿Cuáles son las mayores contradicciones de este sistema? 
–El modo de elección del mandatario es indirecto. Los ciudadanos votan parlamentarios y éstos designan al primer ministro, que en general es el líder del partido ganador. Cuando hay escenarios de mucha fragmentación política, como tuvo la Argentina en 2003, por ejemplo, la cuestión se complica. Se corre el riesgo de caer en la ingobernabilidad, porque nadie tiene la mayoría y hay que armar un gobierno de coalición. En Bélgica, por ejemplo, en las elecciones del 2010, hubo un resultado muy fragmentado y estuvieron más de 500 días con un gobierno de transición hasta que pudieron armar el de coalición. Si miramos el caso de Italia, encontramos que el primer ministro en general es muy débil por los niveles de fragmentación política que hay en ese país.

–El otro tema que siempre genera debate es el de la reelección indefinida. ¿Qué opina al respecto? 
–Hay ejemplos en muchos países de líderes que fueron reelegidos varias veces. Podemos mencionar el caso del primer ministro sueco Tage Erlander, que era el líder del Partido Socialdemócrata. Él gobernó Suecia durante 23 años seguidos, de 1946 a 1969. Otro ejemplo es el alemán Helmund Kohl, que estuvo 16 años, o el español Felipe González, que gobernó 13.


–Mencionó sólo naciones europeas, ¿cómo es este tema en los países de América? 
–En nuestro continente sólo Venezuela y Cuba tienen reelección indefinida. En Estados Unidos había, en términos legales, hasta la modificación constitucional que se hizo en la década del '50, que limitó sólo a dos mandatos, seguidos o separados, la posibilidad de ocupar la primera magistratura del país. El argumento central que se usó para justificar esa enmienda fue que el presidente corría con ventaja sobre los otros aspirantes, y que no era justo que contara con ese plus más de una vez. En nuestra historia, el tema de la reelección indefinida es complejo. Tenemos casos muy debatibles en las provincias, como el de San Luís con los Rodríguez Saá.


-¿Pero se puede afirmar que es una institución antidemocrática? 
-Jamás se puede decir eso, porque la decisión de quién va a gobernar finalmente recae en el pueblo. Ahora, si lo analizamos desde el punto de vista del republicanismo, alguien podría argumentar que uno de sus rasgos necesarios es la rotación en el poder y que la reelección indefinida complica esa rotación. Los ejemplos locales son claros: de cada 10 gobernadores que van a la reelección, nueve la ganan. Es una muestra de que en la competencia electoral el que tiene el poder corre con ventaja. Es un dato que no se puede soslayar.
Fuente:MiradasalSur

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