Para un preso que no pudo fugarse de la U-6, en la Base hubo “un escuadrón de la muerte”
Fue uno de los militantes varados en el penal de Rawson mientras el resto se iba rumbo al aeropuerto. Hoy está convencido de que para decidir los fusilamientos, la Marina actuó como los paramilitares de Brasil. Nunca pensó como ahora que le podía desear la cárcel a un grupo de hombres.
Contemplación. Uno de los tantos veteranos que concurre a presenciar en soledad el juicio por la Masacre.
Por Rolando Tobarez
Aquellos camiones que nunca llegaron impidieron que el 15 de agosto del ´72 Rubén Suárez pudiera fugarse de la Unidad 6 de Rawson junto con los otros 25 militantes que sí pudieron. Con mucho frío y en la puerta del penal, fue uno más del grupo de casi 100 presos al que no le quedó otra que hacer caso a su disciplina militante y volver a la celda para encerrarse por su cuenta. Sin plan B. En esa tristeza alguien rescató una radio. Fue el único entretenimiento mientras esperaban el regreso al penal de los 19 compañeros que se habían rendido en el Aeropuerto. Una semana después la radio moría pero alcanzaron a escuchar la versión de la fuga y el resto del relato militar.
“Lamentablemente en ese mismo momento nos dimos cuenta de inmediato de que los habían fusilado”, le contó ayer el testigo al tribunal que juzga la Masacre de Trelew. Explicó que ante la represión un preso político está entrenado para planificar y resistir, no obrar a tontas y a locas. Y que sólo un improvisado podía pensar en escaparse de la Base Almirante Zar. Esos 19 no improvisaban nunca. “Los conocí a todos y la fuga era una mentira desde el vamos porque tenían otra expectativa de vida. En el penal sabíamos perfectamente que había sido una masacre”.
Según Suárez, tarde o temprano los presos políticos de Rawson serían liberados. Eso mismo pensó Agustín Tosco, el cordobés líder de Luz y Fuerza, que por eso mismo avaló la fuga pero no se sumó. “Decía que a su sindicato no le sería útil si pasaba a la clandestinidad”. De algún modo la masacre le dio la razón. Enterados de la balacera, los presos de la U-6 gritaron como poseídos de impotencia. Tosco arengó y los calmó. “Nos sacó de la locura y nos dijo que si nosotros nos dejábamos caer, nuestros compañeros iban a morir en serio”.
Antes de los hechos hubo una elección interna para saber quiénes tendrían prioridad para escaparse. Primero, los 6 líderes que tomaron el avión de Austral; luego, los 19 que serían fusilados y el resto. “Cada uno dijo a quién prefería y quién se merecía la libertad. Hasta hoy me siento culpable de haberlos elegido porque luego los eligió el escuadrón de la muerte”. Suárez era un metalúrgico principiante de 21 años, no un activista experimentado.
En el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson hubo cerca de 50 personas. Y la mirada callada de Jorge Bautista, Luis Sosa, Emilio Del Real, Rubén Paccagnini y Carlos Marandino, acusados por los 19 fusilamientos en la Base.
El testigo citado por el Centro de Estudios Legales y Sociales interpretó que en esos años los militares se dividían en dos: los laderos del presidente Agustín Lanusse, que apoyaban el Gran Acuerdo Nacional, y los uniformados que ansiaban un golpe a la brasilera, lo llamó. “Eran agresivos, bárbaros que querían la eliminación física del enemigo con escuadrones de la muerte y paramilitares, que fueron los que actuaron en Trelew. Su deseo era mantener el poder aterrorizando a la gente”. Se sabe cuál grupo prevaleció esa madrugada.
Suárez relató sus años de activismo político y de torturas, en capítulos que se repiten con cada audiencia. Y sin nombrarlos pidió condenas para los marinos. “Pasé los mejores años de mi vida en la cárcel, que no enseña ni educa sino que te hunde más. Y aunque me lo planteé seriamente porque no se la deseo a nadie, lamento mucho tener que decir que a los animales y a determinadas personas hay que encarcelarlas”.
Los cuatro defensores le hicieron una pregunta cada uno al testigo. Quedó claro que los presos decidieron fugarse sin aguardar amnistías porque lo sentían su deber. Y que mientras iban a la puerta de salida escucharon los disparos que mataron al guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, aunque no lo supieron hasta después.
-Una sola pregunta: ¿el jefe militar de la zona quién era?, dijo Fabián Gabalachis, defensor de Paccagnini
-Leí que en el momento de la negociación era Betti, no sé si es correcto, respondió Suárez.
-¿Y quién colocó a un gendarme al frente de la U-6?
-Desconozco. Y ya van dos preguntas, ironizó el testigo.
-Es verdad, no hay más preguntas, concedió con una sonrisa el panelista.
FuentedeOrigen:DiarioJornada
Fuente:Agndh
06/06/20
Tenía 5 años cuando mataron a su padre, Rubén Pedro.
No quiso perderse la chance de decir lo que recuerda ante el tribunal.
Contacto en Francia. Una postal de Hernán durante la teleconferencia que le permitió dar testimonio.
Lo primero que impresionó cuando apareció en pantalla fue su parecido físico a Viggo Mortensen, el actor hincha de San Lorenzo que protagonizó la trilogía “El Señor de los Anillos”. Se trata de Hernán Bonet, el hijo de Rubén Pedro, fusilado en el ´72. Declaró por teleconferencia ya que reside en Francia.
De saco y camisa negra, sin corbata, sentado en una oficina del Consulado argentino, Hernán admitió que su relato tiene escaso valor probatorio para el juicio. Es que en ese agosto tenía poco más de 5 años.Todo lo reconstruyó con algo de memoria, lo que le contaron amigos y lo que leyó.
Con el acento francés oculto en su castellano, dijo que hablar del caso “para mí es muy importante porque viví la clandestinidad, el exilio y el refugio político”. Con hablar pausado le subrayó al tribunal que cada etapa ya es parte de su vida. Hoy tiene 3 hijos pero “el nene de 5 años al que le mataron el padre sigue presente dentro mío. Siempre fui conciente de eso. Por eso esta lucha que no vamos a abandonar y por eso pedimos justicia”. En la familia nunca hubo secretos de militancia y los nenes sabían bien que su apellido real era peligroso y que los perseguían para exterminarlos, como a los Santucho y varios más. “Yo tenía claro que mi padre luchaba por la injusticia y por una sociedad con menos pobreza y con mi madre siempre nos contaron lo que hacían”.
Según la hora París, el testimonio se inició a las 14.10 y culminó a las 14.55. En Rawson eran 5 horas menos. Hernán tiene una hermana un año y medio menor, Mariana. Recordó los esfuerzos de Alicia, su mamá, para explicarles por qué el jefe de la familia estaba preso. Por qué se lo llevaron a Rawson y tras la balacera de la Base Zar, qué significaba que estuviese muerto. Sin comprender, los nenes le preguntaban cómo era posible respirar dentro un féretro o cómo no se defendió si sabía manejar armas.
Pidió permiso al juez Guanziroli y leyó un par de cartas carcelarias de Rubén Pedro. Los 5 acusados ni se mosquearon al escucharlas. “Me contaba que en la cárcel hacían gimnasia, tocaban la guitarra, jugaban fútbol y vóley y que como el hombre de la casa, tenía que cuidar a mi mamá y a mi hermana”. Para Hernán los demás presos políticos eran sus tíos y tías. Y había preferidos, como Eduardo Capello, que para Mariana era “tío Chupete”.
Un mes después del 22 hubo más cartas, esta vez de su madre. Escritas para hijos que serían padres años después. “Ahora van a pedir por su papá y no habrá respuesta porque sus 30 años fueron agujereados por las balas y fue un mártir que apenas tuvo tiempo de ser héroe”, decía una, que el tribunal ya tiene en mano.
Hernán volvió a Trelew en noviembre de 2006. Todavía lo conmueve que los viejos conocidos lo hayan recibido como uno más de aquella tragedia. Su hijo, el nieto de Rubén Pedro, conoció Chubut en 2011. “Es mi hijo mayor y descubrió de manera directa la solidaridad y cómo la memoria de esto sigue viva”.
Ninguno de los defensores preguntó nada. La historia de Hernán dijo poco de los fusilamientos pero mucho del aire de represión que ese chico respiró. Dijo que él sigue andando. Luego un profundo silencio de su parte. No se supo si era su emoción personal o el delay del otro lado del Atlántico. Ambas cosas suceden con las teleconferencias.
FuentedeOrigen:DiarioJornada
Fuente:Agndh
Masacre: aparecieron fotos inéditas de los fusilados en Trelew y citarán a dos nuevos testigos para la causa
Declaró Hilda Bonardi, viuda de Humberto Toschi. Le dio al tribunal fotos de Jorge Ulla, otra víctima, que muestran un disparo a muy corta distancia en el pecho. Contó la reunión en Rawson donde Lanusse prometió a los familiares que los presos saldrían intactos.
Postal del juicio. Una imagen de la audiencia desarrollada ayer en la ciudad de Rawson.
Por Rolando Tobarez
La viuda de Humberto Toschi aportó cuatro fotografías del cadáver de Jorge Ulla, una de las víctimas de la Masacre de Trelew, que muestran con claridad al menos un balazo en el pecho. Las imágenes, inéditas hasta ayer, la recibió la semana pasada Hilda Bonardi y se las aportó el médico Julio Ulla, hermano de la víctima, otro de los 19 fusilados en la Base Almirante Zar el 22 de agosto de 1972. Se trata de fotos color tomadas con el cuerpo dentro del féretro y que ya quedaron incorporadas a la causa. La mayoría de las partes, incluido el tribunal, desconocía su existencia. Y tomó por sorpresa a las defensas.
Según miembros de la querella, el balazo muestra el tradicional círculo de pólvora que rodea el orificio del impacto y que podría demostrar que se trató de un disparo a muy poca distancia. “Es la primera vez que me hacen conocer estas fotos”, aseguró la viuda, que ayer fue la única testigo en la reanudación del juicio en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson. “Esto demuestra que este proceso abrió muchas puertas ya que el hermano de Ulla jamás las había mostrado hasta que me las mandó”.
El médico que envió el histórico material vive en Santa Fe y el fiscal federal Fernando Gélvez pidió que sea citado por el tribunal que juzga a los 5 marinos acusados por los fusilamientos. La idea de la querella es que el hombre brinde más detalles de las circunstancias en las cuales fotografió el cuerpo baleado de su hermano. El pedido de Gélvez fue aceptado por los jueces y Ulla vendrá a la provincia.
Otro dato inédito que brindó Bonardi fue una reunión en Rawson con el presidente de facto Agustín Lanusse. El encuentro se concretó en Casa de Gobierno, en la primera quincena de mayo de 1972, 3 meses antes de la Masacre. Enterados de su visita a Chubut, familiares de los presos políticos de la Unidad 6 pidieron una audiencia que el militar concedió.
Aunque no hablaron, en esa charla estuvieron presentes los ministros del Interior, Arturo Mor Roig, y de Bienestar Social, Francisco Manrique, ambos del gabinete de la dictadura. Bonardi agregó la presencia de Nores Martínez, ministro de Bienestar Social del gobierno provincial. “Le pedimos a Lanusse que se aceleren los procesos contra los presos políticos y que volvieran a tener a sus jueces naturales ya que entonces estaban a disposición de la Cámara Federal (conocida como ´Camarón´)”. Según la viuda, también le exigieron que no haya más torturas a los detenidos en cárceles y comisarías.
Lanusse respondió entonces que los presos seguirían bajo jurisdicción de esa Cámara porque era decisión tomada. Pero a cambio –de acuerdo a la versión que se escuchó ayer- garantizó a sus familiares la integridad física de los militantes. “Lo que en apariencia fue lo más positivo que nos dijo, resultó ser la gran mentira a juzgar por lo que sucedió después”. Cuarenta años después, Bonardi dijo que esa visita de Lanusse en realidad se organizó como un reconocimiento del área para preparar el operativo de eliminación de los guerrilleros. “Vinieron a ver el terreno para saber en qué condiciones estaba y saber cómo terminar de cortar sus vínculos, aislarlos más o desaparecerlos”.
“No me cabe duda de que la decisión de fusilarlos fue parte de un plan ordenado, muy bien pensado y tramado para asestar un golpe a quienes burlaron las decisiones del poder militar”. Para la viuda de Toschi, mediante los fusilamientos la dictadura “logró instalar la pedagogía del terror que ya practicaban y no me cabe ninguna duda de que fue la génesis del terrorismo de Estado que se comprobó después”.
El tribunal también decidió citar como testigo a Eduardo Toschi, cuñado de Hilda. Es porque después de los fusilamientos, el hermano del fusilado reconoció su cuerpo en una comisaría y una escribana que lo acompañaba certificó sus heridas en una escritura oficial: 2 balazos sin orificio de salida en el abdomen, magulladuras en el hombro y en las rodillas y maceramiento en los dedos. “La mortaja estaba completamente empapada de sangre”, dijo Hilda. “Y cuando esos datos se cotejan con las autopsias de Rubén Bonet y otros testimonios, se verifica que los disparos vinieron de un solo lado”.
Pedidos urgentes
El tribunal ordenó enviar un oficio urgente al Ministerio de Defensa de la Nación para que rastree nuevamente en sus archivos el sumario militar que Bautista elaboró al investigar los fusilamientos, como juez ad hoc. Es un material de 400 fojas que nunca apareció pese a los insistentes pedidos de las querellas y que todas las partes consideran muy valioso para definir el rumbo del juicio.
Otro material que nunca apareció pero que los jueces insistirán son los expedientes del juicio civil que Alicia Bonet le inició a la Marina por el crimen de su esposo, Rubén Pedro, a una semana de la Masacre. En esa época, a esa acción se adhirieron otros familiares. Esa causa incluye la autopsia de Bonet que probaría que recibió un tiro de gracia en la nuca, entre otros datos útiles. En este caso el pedido fue para los tribunales porteños.
FuentedeOrigen:DiarioJornada
Fuente:Agndh
“Los familiares tenemos miedo pero igual atacaremos a estos héroes de la Armada”
La viuda de Toschi, cara a cara con los marinos acusados.
Otro testimonio clave. Hilda Bonardi, viuda de Humberto Toschi, sentándose para declarar ante el tribunal.
Hace unos días, en la puerta del Hotel Touring Club de Trelew, la viuda de Toschi debió cederle el paso a “un señor anciano de bastón”, tal cual lo describió. Quiso el destino que fuese Jorge Bautista, el marino que investigó los fusilamientos y que está acusado de encubrirlos. Iba acompañado por su abogado, Gerardo Ibáñez. “Tuve que soportar cruzarme con uno de los partícipes del asesinato de mi marido, que encima anda libre por la calle”, se quejó la testigo. El dato causó un silencio profundo en las cerca de 50 personas que escucharon el testimonio, con muchos jóvenes de La Cámpora incluidos.
Con copias de Jornada en la mano, aseguró que los familiares que participan del juicio “tenemos mucho miedo” cuando leen que “una institución como la Armada tiene como héroe a Sosa, a un asesino, porque si tienen como héroe a alguien así quiere decir que lo van a proteger y que van a destruir a todos aquellos que lo puedan atacar”. Este diario fue el que publicó esos dichos de Sosa, leídos en la audiencia de su primera declaración ante el juez Hugo Sastre. Mirando fijo al tribunal, Bonardi se envalentonó: “Aunque tengamos miedo, nosotros vamos a atacar a estos héroes”.
“Ellos tienen a sus familias pero yo tengo un hijo sin padre y un nieto sin abuelo. Tuve que reinventarme cada día y por eso les pido encarecidamente que aceleren este proceso hasta llegar a una condena, y que la cumplan como corresponde”. Recordó que Roberto Bravo no logró ser extraditado de EE.UU. y que Horacio Mayorga quedó fuera del juicio por razones de salud. “No queremos restar más imputados y que tengan un juicio como no tuvieron los fusilados”.
Tras unas tres horas de testimonio, la viuda bajó del escenario con ojos brillosos pero tranquila. De inmediato el abogado Ibañez le exigió al tribunal que ponga límites a los testigos de la acusación. “No quise interrumpir a la señora pero no podemos permitir que los testigos nos desborden porque no tienen derecho a sentarse para decir lo que quieran”. El defensor de Bautista advirtió que los familiares casi hacen alegatos contra los marinos cuando deberían limitarse a contar lo que saben. “Esa no es su función y los pedidos de condena ya lo harán las querellas; no lo dije antes porque lo último que quería era perturbar a la testigo, pero esto es desigualdad de armas”.
Al presidente del tribunal, Enrique Guanziroli, no le cayó bien la queja del abogado porteño. “La costumbre de este tribunal y mía en particular es tratar de no coartar la espontaneidad de los testigos”, le respondió. “No es el estilo de este presidente porque así los relatos son mucho más ricos y es más vasta la amplitud de pruebas, que también puede beneficiar a su defendido”.
FuentedeOrigen:DiarioJornada
Fuente:Agndh
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