“Lo difícil es probar dónde estuvieron”
Las huellas de las víctimas que habían dado a luz antes de ser asesinadas
En el juicio por la represión en Campo de Mayo, hijos de desaparecidos contaron cómo secuestraron a sus padres.
Por Alejandra Dandan
“¿Usted dice que las huellas están, pero todavía no identificaron el cuerpo? ¿Y dice también que de los 336 cuerpos (que hay en las fosas comunes del cementerio de Avellaneda) ninguno corresponde a restos de fetos humanos?”, preguntó el presidente del Tribunal Oral de San Martín Héctor Sagretti. Patricia Berardi, del Equipo Argentino de Antropología Forense, volvió a decir, entonces, lo que había dicho hasta ese momento, que la burocracia del cementerio ingresó en los papeles a un cuerpo identificado como NN, pero con las huellas de Marta Alvarez, secuestrada cuando llevaba ocho meses de embarazo. Y confirmó aquella otra realidad: en el segundo día del juicio por los crímenes de siete embarazadas en jurisdicción de Campo de Mayo volvió a aparecer así la certeza de que a las embarazadas las mataban después de dar a luz.
En la segunda audiencia del juicio que se hace en San Martín se reconstruyeron las historias de dos de las siete mujeres: Marta Alvarez, secuestrada el 19 de abril de 1976 con su esposo y otros tres compañeros en Grand Bourg, y María Eva Duarte, madre de dos hijos, embarazada y secuestrada con su compañero en su casa de Los Polvorines. Declararon el hijo de Marta, Gastón Mena , y los de uno de los compañeros de vivienda, Francisco Enrique Tiseira. Declaró la mujer de Francisco. Y la madre y el hermano de María Eva.
“Yo soy Leopoldo Tiseira, hijo de Francisco Enrique Tiseira, detenido el 19 de abril de 1976, en Gran Bourg, provincia de Buenos Aires”, se presentó Leopoldo al lado de su hermano Horacio, a la salida del juzgado. “En la casa donde se hizo el operativo de secuestro se llevan a mi padre y a otros dos matrimonios, y en ese momento estábamos todos los hijos. Se llevan a todos los mayores, y entre ellos a Marta Alvarez, que estaba con un embarazo notorio, de unos ocho meses.”
Leopoldo tenía dos años. Horacio, uno. En la casa además estaba Gastón Mena. “Mi mamá llega a la casa al día siguiente y nos tiene que llevar a cinco chicos como pudo, en colectivo, a la casa de la abuela. Prácticamente no se podía encargar de nosotros porque buscaba a la familia de Gastón. Gastón se quedó un mes con nosotros hasta que pudieron ubicar a la familia.”
Los hermanos pudieron reconstruir lo que pasó con su padre y la caída, porque entre los que se llevaron ese día estaba uno de sus tíos, Julio Visuara, que se escapó de Campo de Mayo. Es uno de los pocos relatos de sobrevivientes del centro. Su testimonio lo reprodujo en un cable la Agencia Ancla, llegó a la CADU, al Parlamento de Estados Unidos. A Julio volvieron a secuestrarlo en 1978 y está desaparecido.
“Nuestro tío Julio Visuara se fuga y por su relato supimos que todos estuvieron en Campo de Mayo”, dice Leopoldo. “Lo difícil es poder demostrar dónde estuvieron; primero no era fácil fugarse y cuando se fuga cuenta todos los detalles: desde que llega la patota a la casa, las golpizas, las torturas, las violaciones en Campo de Mayo, las descripciones del grupo que se los llevó y los apodos de los torturadores. El tío cuenta que nuestro padre es quien desde una ventanita saca las primeras conclusiones: ve el tren, la ruta 8, el colectivo 176 y dice: ‘estamos en Campo de Mayo’.”
La ventana contiene otra historia. “Por esa ventanita, mi tío estuvo por suicidarse al escuchar que habían violado a su mujer y cómo habían sido los interrogatorios. Cuando quiso hacerlo, mi padre no lo dejó. Le dijo: ‘¿Cómo vas a hacer eso?’. Y lo convence de que de-sista. Y eso, dice él, que es lo que lo rearmó anímicamente como para que decida escaparse.”
Francisco es uno de los cuerpos que identificó el EAAF. Y a partir de sus datos registrados por su nombre real, los antropólogos llegaron a ver cómo y dónde habían ingresado al resto del grupo todos como NN. Los mataron el 6 de mayo de 1976, en Ezeiza. Sus restos tenían lesiones en el cráneo: cuatro impactos de proyectil de armas de fuego. Los antropólogos también identificaron a Norma Benavídez y Francisco Hugo Mena. Faltan dos identificaciones del grupo, entre ellos Marta Alvarez y otra mujer de la que no tienen muestras de la familia. En lo que pareció un llamado más allá de la sala, Berardi dijo que “la familia no se ha acercado, así que no vamos a saber nunca cuáles son sus restos”.
Fuente:CasaPueblos
En el juicio por la represión en Campo de Mayo, hijos de desaparecidos contaron cómo secuestraron a sus padres.
Por Alejandra Dandan
“¿Usted dice que las huellas están, pero todavía no identificaron el cuerpo? ¿Y dice también que de los 336 cuerpos (que hay en las fosas comunes del cementerio de Avellaneda) ninguno corresponde a restos de fetos humanos?”, preguntó el presidente del Tribunal Oral de San Martín Héctor Sagretti. Patricia Berardi, del Equipo Argentino de Antropología Forense, volvió a decir, entonces, lo que había dicho hasta ese momento, que la burocracia del cementerio ingresó en los papeles a un cuerpo identificado como NN, pero con las huellas de Marta Alvarez, secuestrada cuando llevaba ocho meses de embarazo. Y confirmó aquella otra realidad: en el segundo día del juicio por los crímenes de siete embarazadas en jurisdicción de Campo de Mayo volvió a aparecer así la certeza de que a las embarazadas las mataban después de dar a luz.
En la segunda audiencia del juicio que se hace en San Martín se reconstruyeron las historias de dos de las siete mujeres: Marta Alvarez, secuestrada el 19 de abril de 1976 con su esposo y otros tres compañeros en Grand Bourg, y María Eva Duarte, madre de dos hijos, embarazada y secuestrada con su compañero en su casa de Los Polvorines. Declararon el hijo de Marta, Gastón Mena , y los de uno de los compañeros de vivienda, Francisco Enrique Tiseira. Declaró la mujer de Francisco. Y la madre y el hermano de María Eva.
“Yo soy Leopoldo Tiseira, hijo de Francisco Enrique Tiseira, detenido el 19 de abril de 1976, en Gran Bourg, provincia de Buenos Aires”, se presentó Leopoldo al lado de su hermano Horacio, a la salida del juzgado. “En la casa donde se hizo el operativo de secuestro se llevan a mi padre y a otros dos matrimonios, y en ese momento estábamos todos los hijos. Se llevan a todos los mayores, y entre ellos a Marta Alvarez, que estaba con un embarazo notorio, de unos ocho meses.”
Leopoldo tenía dos años. Horacio, uno. En la casa además estaba Gastón Mena. “Mi mamá llega a la casa al día siguiente y nos tiene que llevar a cinco chicos como pudo, en colectivo, a la casa de la abuela. Prácticamente no se podía encargar de nosotros porque buscaba a la familia de Gastón. Gastón se quedó un mes con nosotros hasta que pudieron ubicar a la familia.”
Los hermanos pudieron reconstruir lo que pasó con su padre y la caída, porque entre los que se llevaron ese día estaba uno de sus tíos, Julio Visuara, que se escapó de Campo de Mayo. Es uno de los pocos relatos de sobrevivientes del centro. Su testimonio lo reprodujo en un cable la Agencia Ancla, llegó a la CADU, al Parlamento de Estados Unidos. A Julio volvieron a secuestrarlo en 1978 y está desaparecido.
“Nuestro tío Julio Visuara se fuga y por su relato supimos que todos estuvieron en Campo de Mayo”, dice Leopoldo. “Lo difícil es poder demostrar dónde estuvieron; primero no era fácil fugarse y cuando se fuga cuenta todos los detalles: desde que llega la patota a la casa, las golpizas, las torturas, las violaciones en Campo de Mayo, las descripciones del grupo que se los llevó y los apodos de los torturadores. El tío cuenta que nuestro padre es quien desde una ventanita saca las primeras conclusiones: ve el tren, la ruta 8, el colectivo 176 y dice: ‘estamos en Campo de Mayo’.”
La ventana contiene otra historia. “Por esa ventanita, mi tío estuvo por suicidarse al escuchar que habían violado a su mujer y cómo habían sido los interrogatorios. Cuando quiso hacerlo, mi padre no lo dejó. Le dijo: ‘¿Cómo vas a hacer eso?’. Y lo convence de que de-sista. Y eso, dice él, que es lo que lo rearmó anímicamente como para que decida escaparse.”
Francisco es uno de los cuerpos que identificó el EAAF. Y a partir de sus datos registrados por su nombre real, los antropólogos llegaron a ver cómo y dónde habían ingresado al resto del grupo todos como NN. Los mataron el 6 de mayo de 1976, en Ezeiza. Sus restos tenían lesiones en el cráneo: cuatro impactos de proyectil de armas de fuego. Los antropólogos también identificaron a Norma Benavídez y Francisco Hugo Mena. Faltan dos identificaciones del grupo, entre ellos Marta Alvarez y otra mujer de la que no tienen muestras de la familia. En lo que pareció un llamado más allá de la sala, Berardi dijo que “la familia no se ha acercado, así que no vamos a saber nunca cuáles son sus restos”.
jueves, 30 de agosto de 2012
Gastón Mena supo a los 10 años que era hijo de desaparecidos
“Yo no soy tu mamá, soy tu tía”
Por Alejandra Dandan
El fiscal Marcelo García Berro le pidió que contara todo lo que pudiera sobre el secuestro de sus padres, Marta Alvarez y Francisco Hugo Mena. “Lo que yo recuerdo empieza a partir de los seis años”, dijo Gastón Mena. “Vivía en José C. Paz con la persona a la que yo le decía mamá, Lidia Ester Mena, y la que yo le decía papá, Oscar Felipe Alvarez. Más allá del maltrato, a partir de los 6 hasta los 8 o 9 empiezo a meterme en un campeonato de fútbol Evita y a jugar a la pelota en el barrio. Las personas mayores me decían que jugaba igual que Pelé. Yo pensaba que me lo decían por Pelé el brasileño, pero después me di cuenta de que era porque a mi viejo Hugo Francisco Mena le decían Pelé o Mariano. Ya en el último campeonato yo tenía 10 años (y ganaron), viendo todas las diferencias en la casa, una persona mayor me dice: ‘Si tu papá estuviera vivo estaría muy orgulloso de vos’. Ese día salí corriendo a la casa, estaba la persona que yo le decía mamá y le digo: ‘Quiero saber la verdad’. Estaban Oscar y los dos hermanos. Me dijo: ‘El no es tu papá, es tu tío; yo no soy tu mamá, soy tu tía y ellos son tus primos’. Yo tenía casi 11 años. Ahí me cayó toda la angustia, porque entendí por qué eran las diferencias que yo veía. No me dijeron más nada. Me dijeron eso, la persona que yo le decía mamá, me dijo: ‘Lo único que te voy a decir es que tus papás son desaparecidos’. Para mí era algo nuevo en el diccionario de un pibe de 11 años.”
Cuando llegó el Mundial y la Argentina dejó afuera a Inglaterra, Gastón salió a festejar y volvió tarde a la casa. “Recibí tal paliza de Oscar y me echa de mi casa. Desde los 11 años a los 17 estuve en la calle. Tuve la suerte de que una persona me dio contención y amor. Me puso una (maestra) particular para terminar mi colegio. Teniendo 18 años, un día me dice: ‘Quiero saber por qué estuviste en la calle’. Yo le dije: ‘Lo único que sé es que soy hijo de desaparecidos’.” La mujer lo acompañó a Abuelas de Plaza de Mayo. “Conocí a gente que sabía de mí y yo no sabía de ellos”, dijo Gastón. “Empecé a armar todo ese rompecabezas. Recibo una foto. Estaba mi papá, un bebé y mi mamá. Es la primera vez que veo los rostros de mis viejos.”
Se encontró con su abuelo paterno, luego con una tía, y con una tía abuela con los años. Con cada uno reconstruyó una historia distinta de lo que había pasado con sus padres. El jueves pasado, dijo en la audiencia, recién supo dónde habían estado secuestrados sus padres. “¿El jueves pasado?”, le preguntó el fiscal. “Sí”, dijo él. “Es una nueva etapa del proceso del armado del rompecabezas. No tengo más cosas para decir.” Luego preguntaron los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo, Florencia Sotelo y Mariano Gaitán. Gastón habló de la búsqueda de su hermano o hermana. Las defensas no preguntaron nada. Cuando el tribunal le preguntó si quería decir algo más, dijo: “Que se haga justicia”.
Por Alejandra Dandan
El fiscal Marcelo García Berro le pidió que contara todo lo que pudiera sobre el secuestro de sus padres, Marta Alvarez y Francisco Hugo Mena. “Lo que yo recuerdo empieza a partir de los seis años”, dijo Gastón Mena. “Vivía en José C. Paz con la persona a la que yo le decía mamá, Lidia Ester Mena, y la que yo le decía papá, Oscar Felipe Alvarez. Más allá del maltrato, a partir de los 6 hasta los 8 o 9 empiezo a meterme en un campeonato de fútbol Evita y a jugar a la pelota en el barrio. Las personas mayores me decían que jugaba igual que Pelé. Yo pensaba que me lo decían por Pelé el brasileño, pero después me di cuenta de que era porque a mi viejo Hugo Francisco Mena le decían Pelé o Mariano. Ya en el último campeonato yo tenía 10 años (y ganaron), viendo todas las diferencias en la casa, una persona mayor me dice: ‘Si tu papá estuviera vivo estaría muy orgulloso de vos’. Ese día salí corriendo a la casa, estaba la persona que yo le decía mamá y le digo: ‘Quiero saber la verdad’. Estaban Oscar y los dos hermanos. Me dijo: ‘El no es tu papá, es tu tío; yo no soy tu mamá, soy tu tía y ellos son tus primos’. Yo tenía casi 11 años. Ahí me cayó toda la angustia, porque entendí por qué eran las diferencias que yo veía. No me dijeron más nada. Me dijeron eso, la persona que yo le decía mamá, me dijo: ‘Lo único que te voy a decir es que tus papás son desaparecidos’. Para mí era algo nuevo en el diccionario de un pibe de 11 años.”
Cuando llegó el Mundial y la Argentina dejó afuera a Inglaterra, Gastón salió a festejar y volvió tarde a la casa. “Recibí tal paliza de Oscar y me echa de mi casa. Desde los 11 años a los 17 estuve en la calle. Tuve la suerte de que una persona me dio contención y amor. Me puso una (maestra) particular para terminar mi colegio. Teniendo 18 años, un día me dice: ‘Quiero saber por qué estuviste en la calle’. Yo le dije: ‘Lo único que sé es que soy hijo de desaparecidos’.” La mujer lo acompañó a Abuelas de Plaza de Mayo. “Conocí a gente que sabía de mí y yo no sabía de ellos”, dijo Gastón. “Empecé a armar todo ese rompecabezas. Recibo una foto. Estaba mi papá, un bebé y mi mamá. Es la primera vez que veo los rostros de mis viejos.”
Se encontró con su abuelo paterno, luego con una tía, y con una tía abuela con los años. Con cada uno reconstruyó una historia distinta de lo que había pasado con sus padres. El jueves pasado, dijo en la audiencia, recién supo dónde habían estado secuestrados sus padres. “¿El jueves pasado?”, le preguntó el fiscal. “Sí”, dijo él. “Es una nueva etapa del proceso del armado del rompecabezas. No tengo más cosas para decir.” Luego preguntaron los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo, Florencia Sotelo y Mariano Gaitán. Gastón habló de la búsqueda de su hermano o hermana. Las defensas no preguntaron nada. Cuando el tribunal le preguntó si quería decir algo más, dijo: “Que se haga justicia”.
Fuente:CasaPueblos
Envío:Andrea Benítes-Dumont


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