La desaparición del dragoneante
Por
Raúl Arcomano
rarcomano@miradasalsur.com
El trueno papetti. Un testigo lo vio mal en la cárcel de Paraná.
Detuvieron a un ex coronel por el secuestro y la desaparición de Jorge Papetti, un joven de 23 años que, en 1977, estaba haciendo la colimba en Concordia. Era militante de la JUP y le faltaba un mes para salir.
Fue uno más de los pibes que le tocó la colimba durante la dictadura. A Jorge Emilio Papetti no le iba mal en el regimiento 6 de Concordia, Entre Ríos, en el que estaba haciendo el servicio militar obligatorio: lo habían ascendido a dragoneante y le iban a dar una medalla al mejor soldado.
Estaba en quinto año de Geología en la Universidad de La Plata. Allí había estado militando en la Juventud Universitaria Peronista, la JUP, y formaba parte del centro de estudiantes. Trueno Papetti le decían en la universidad, por su voz ronca. Era un sospechoso, un subversivo, para la mentalidad de la dictadura. Le faltaba un mes para terminar, pero el 16 de marzo del ’77 lo chuparon. Lo sacaron de la formación y lo detuvieron delante de todos sus compañeros. La familia se enteró una semana después, cuando vieron que no regresaba al hogar.
El 22 de marzo la madre quiso saber qué había pasado y fue hasta el regimiento. El jefe en ese entonces era el teniente coronel Naldo Miguel Dasso. Cuando la mujer lo increpó por el paradero de su hijo, y le reclamó que si lo habían matado le entregaran el cuerpo, el militar le respondió: “Usted me está tratando de asesino”. Papetti tenía 23 años. Sigue desaparecido.
Esta semana detuvieron y procesaron por su secuestro y su desaparición al coronel retirado Gonzalo Jaime López Belsué. Lo resolvió el juez federal Pablo Seró, tras indagar al ex militar durante casi cuatro horas. López Belsué fue teniente primero del Regimiento de Caballería de Tiradores Blindados 6 “Blandengues” en Concordia, entre el ’76 y ’77.
Está acusado por numerosos testigos de haber participado ese año del secuestro y asesinato del soldado. El militar fue detenido por Gendarmería la semana pasada en el departamento de uno de sus hijos, en la Ciudad de Buenos Aires. Lo encontraron allí después de dos intentos de captura fallidos en otros domicilios donde no pudo ser hallado.
Dasso, en tanto, ya está imputado por delitos de lesa humanidad en la “megacausa Harguindeguy”, que investiga los crímenes y violaciones a los derechos humanos en las ciudades de Concordia, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú.
López Belsué tiene 65 años.
Hasta ahora no tenía ninguna otra causa abierta por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. El juez Seró lo imputó como coautor de los delitos de privación ilegítima de libertad agravada y aplicación de vejaciones y tormentos en perjuicio de Papetti, pero también de Ramón Rogelio Ayala y Jorge Martín Ramírez, secuestrados en marzo del ’77 en Concordia. Ante el juez, el represor admitió haber sido quien retiró al conscripto de la formación.
Dijo, sin embargo, que lo hizo cumpliendo una orden de Dasso.
La investigación de la desaparición del soldado Papetti no forma parte de la causa Harguindeguy. Es investigada por separado por la justicia federal. Tras la detención ilegal del soldado, Dasso le manifestó a los familiares que Papetti se había escapado en Villaguay cuando era conducido hacia el Comando de Ejército de Paraná.
La versión la desmintió en democracia un compañero de detención de Jorge. El hombre confirmó que la historia de la fuga era una farsa. A Jorge lo habían trasladado al Batallón de Comunicaciones, con asiento en Paraná, y luego a la Unidad Penal Nº 1 de la capital entrerriana. En ese lugar habría muerto, durante una sesión de torturas.
El escuadrón perdido. Ese testigo había sido secuestrado en su domicilio y trasladado al regimiento de Concordia el 18 de marzo de 1977. Allí le sirvieron el menú habitual: capucha, golpes y picana. Después le exigieron que reconociera a unos detenidos.
Sin capucha, vio a Papetti. Estaba muy lastimado, con una posible fractura de costillas y una fuerte tos. Ambos fueron trasladados de ese regimiento a un lugar cercano a la represa de Salto Grande. Fueron interrogados de nuevo, y de nuevo torturados. A la noche los llevaron a la cárcel de Concordia. “De allí, a la mañana, a la ciudad de Paraná, en un camión tanque acondicionado para transportar personas de modo clandestino.
En Paraná los alojaron en el Escuadrón de Comunicaciones Blindado 2 y de allí a la cárcel de Paraná, donde se realizaban las sesiones de tortura”, escribió el ex militar José Luis D’Andrea Mohr en El escuadrón perdido, el libro que retrata las historias de los 129 soldados que fueron secuestrados y desaparecidos mientras prestaban el servicio militar durante la última dictadura.
Jorge había sido detenido dentro del regimiento mientras estaba de guardia. Algunos compañeros oyeron sus gritos cuando se lo llevaban. Y les avisaron a sus padres.
“Al día siguiente, el padre del dragoneante se entrevistó con Dasso, jefe de la unidad, en presencia del segundo jefe, mayor Osvaldo Larocca. Dasso explicó que Papetti, sospechoso de extremismo, había sido trasladado a otra ciudad por ‘órdenes superiores’ pero que, a la altura de Villaguay, se había fugado después de haber obtenido permiso para ir al baño en una estación de servicio. El oficial no dio más detalles”, aportó D’Andrea Mohr.
Una de las hermanas de Jorge, María Ema Papetti, ya declaró en la causa Harguindeguy. La mujer confirmó la responsabilidad de Dasso en la desaparición de su hermano. Hubo otro testimonio importante que dejó en evidencia la responsabilidad de Dasso.
Fue el de Jorge Echeverría, que en 1976 pertenecía a la plana mayor del regimiento de Concordia, en el área de Inteligencia. El ex militar terminó reconociendo ante la justicia que Dasso fue quien ordenó la detención de Jorge. El soldado fue dado de baja por Dasso el 28 de mayo de 1977. El motivo: “Primera deserción calificada”.
María Ema también contó que sus padres, buscando a su hermano, llegaron a entrevistarse en Paraná con Juan Carlos Trimarco, comandante de la Segunda Brigada Blindada y máximo responsable militar en Entre Ríos. Trimarco los recibió con un arma sobre el escritorio, y contradijo la versión de Dasso: “Hablé con Dasso y le dije: ¡cómo les va a decir que (Jorge) se escapó!”, habría dicho, según declaró María Ema.
Una anécdota retrata la personalidad de Trimarco. El hermano de una víctima de la dictadura testimonió ante la Justicia que, en septiembre del ’76, el militar lo reunió en su oficina y le dijo: “Su hermano es un subversivo. No tiene nada que averiguar.
No quiero saber más nada de que usted u otro miembro de su familia anden haciendo preguntas”. Mientras le decía eso le apuntaba con un revolver en la cabeza.
Escribió D’Andrea Mohr en El escuadrón perdido: “Papetti, aquel muchacho estudiante de Geología, ingresó al escuadrón perdido. Dasso ascendió a general en 1984.
Junto con las palmas del grado le entregaron una réplica del sable corvo sanmartiniano. Ironía cruel: en el ejército de San Martín habría sido fusilado sin más trámites junto a los demás verdugos de conciudadanos inermes”.
Fuente:MiradasalSur

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