La partera acusada de vender bebés
En 2005, una joven de 27 años se enteró de que quien creyó su madre era su apropiadora. Tras una investigación, descubrió otros casos. En todos había participado la misma partera. Ayer se inició el juicio. Una funcionaria advierte que ese tipo de hechos sigue sucediendo.
Empezó el juicio contra una partera acusada de apropiarse de bebés y venderlos. El caso empezó a configurarse cuando, en 2005, una joven de 27 años se enteró, casi por casualidad, de que quien había creído su madre en realidad se había apropiado de ella: la había comprado. La joven, llamada Clara Lis Pereyra, acudió a la Dirección de Búsqueda e Identificación de Personas Desaparecidas de la provincia de Buenos Aires. El nombre de la partera que firmaba su partida de nacimiento dio una pista y mediante Internet Clara ubicó a varias mujeres en su misma situación. Luego de idas y vueltas judiciales, la Corte Suprema de la Nación ordenó que la Justicia Federal investigara a la partera. Ayer declararon tres de las chicas apropiadas y también una mujer de 56 años a la que, cuando tenía 14, le fue sustraído su bebé en el momento del parto. Según advirtió la directora de Búsqueda e Identificación de Personas, “mucha gente piensa que anotar como propio un chico ajeno es un acto de bondad o una ‘adopción irregular’, pero no: es un delito; son bebés sustraídos y ocultados: sigue sucediendo, porque hay gente que lo hace. Y no se toman medidas estrictas para evitarlo”.
“Cuando terminé de declarar, me desarmé. Me puse a llorar como un bebé. Lloraba a gritos. Pero cuando empecé a respirar con más normalidad dije: ‘Siento alivio’”, contó anoche a este diario Clara Lis Pereyra. En la tarde, había declarado durante una hora y media ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 2 de San Martín, en el juicio por supresión, sustracción y ocultamiento de identidad de tres niñas contra Nilda Civale de Alvarez, obstétrica.
La acusada tiene 80 años y los delitos por los que se la acusa fueron cometidos entre 1969 y 1978: sus defensores habían interpuesto un recurso de prescripción, pero la Justicia lo rechazó. Adriana Gallo –directora de Búsqueda e Identificación de Personas Desaparecidas del Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense, que asesoró a Clara Lis Pereyra– comentó que “se trata de un delito continuado, que se sigue cometiendo hasta el día de hoy: las víctimas probablemente nunca sepan quiénes son”.
Además de Clara, declararon Andrea Belmonte y Patricia Uriondo, que también fueron vendidas al nacer. La acusada ejerció su derecho de negarse a declarar. También dio testimonio Marta Pérez, de 56 años: contó que, cuando tenía 14 años y estaba por dar a luz, la madre –la familia era muy pobre– le dijo que la partera iba a ir a buscarla; ella recuerda que la hicieron subir a un auto y la llevaron a un lugar, donde dio a luz. Ella recuerda perfectamente haber escuchado el llanto del bebé, ella quiso incorporarse para verlo, pero alguien, un hombre, le puso una mano en el pecho y le dijeron que no, que se quedara quieta; después la volvieron a subir al auto y la llevaron a su casa y nunca más supo de su hijo; ella recuerda que estuvo días y días llorando, que la mamá le decía que ya está, que ya pasó, pero ella lloraba día y noche.
Como Patricia Uriondo y Andrea Belmonte nacieron por la misma época en que Marta Pérez dio a luz, se hicieron cotejos de ADN por la posibilidad de que fueran hijas de ella, pero dieron negativo. “Ese también es un momento muy duro –observó Clara–: todas las partes se ilusionan y se empiezan a generar vínculos, sólo por el deseo de que el otro fuese tu pariente, hasta que llega el resultado negativo.”
Clara se había enterado de que la que creía su mamá era en verdad su apropiadora cuando, en 2005, un médico indagó qué tipo de cáncer había tenido su madre y, a partir de medias palabras de una tía, terminó por averiguar la verdad: el padre de la apropiadora la había comprado para que su hija –que ya padecía la enfermedad de la que falleció cuando Clara tenía un año y medio– realizara, antes de morir, su deseo de ser madre. Mediante Internet, Clara hizo contacto con otras mujeres cuya partida de nacimiento había sido firmada por la partera Civale. Cuando se hicieron estudios genéticos, resultó que no eran hijas de quienes habían creído sus padres.
Hasta ahora son ocho: tres son testigos en este juicio, y los otro cinco casos están en etapa de instrucción.
Adriana Gallo explicó que “cuando se produce una compra-venta de bebés, es prácticamente imposible encontrar a la madre; los testigos suelen ser reacios a dar información y los apropiadores rechazan nuestra intervención”. Pero en este caso, por cuestiones de competencia el caso llegó a la Corte Suprema, que ordenó intervenir a la Justicia Federal.
La funcionaria señaló que “mucha gente piensa que anotar un chico ajeno a nombre propio es un acto de bondad, o a lo sumo una ‘adopción irregular’, pero no es adopción: es un delito; son bebés sustraídos y ocultados. ¿Qué merece más castigo: el que le quita la cartera por la fuerza a una mujer o el que le quita su hijo? Es una cuestión cultural: si esto sucede es porque hay gente que lo hace. Y tampoco se toman medidas estrictas para evitarlo. No está reglamentada la norma que obliga a registrar la huella de la planta del pie del bebé en el parto. Los médicos suelen oponerse a la presencia de personal de identificación, y la huella muchas veces está mal tomada”.
“En cuanto a este juicio –agregó Gallo–, tal vez termine con condena, pero los caminos de la búsqueda de la identidad de origen siguen cortados. Apelamos a que, así como se presentó Marta Pérez, se presenten mujeres que hayan tenido hijos en esas condiciones: nadie las va a juzgar y sus datos serán resguardados.” El teléfono de la Dirección de Búsqueda e Identificación es: 0800-333-5502.
“Una práctica frecuente”
García Méndez recordó que “la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dispuso que la Argentina modifique su legislación a fin de sancionar la venta de bebés”. En efecto, el 27 de abril de este año, la CIDH ordenó al Estado argentino “adoptar las medidas necesarias para tipificar la venta de niños y niñas, de manera que el acto de entregar un niño o niña a cambio de una retribución o cualquier otra compensación, cualquiera que sea su forma o fin, constituya una infracción penal, de conformidad con los estándares internacionales”. El fallo se dio en el “Caso Fornerón”, por el cual Leonardo Aníbal Fornerón reclama ver a su hija, que, en Entre Ríos, fue apropiada a cambio de dinero. La CIDH dispuso que “el Estado debe establecer de manera inmediata un procedimiento orientado a la efectiva vinculación entre el señor Fornerón y su hija”.
Según García Méndez, “pese a la sentencia de la CIDH, Leonardo Fornerón, un simple policía entrerriano, todavía no pudo ver a su niña un solo día”.
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Agnddhh
24.11.2012
Comenzó en Olivos el juicio a Nilda Civale, la partera acusada de falsificar partidas de nacimiento y de robo de bebés
"A mí me compraron por el valor de un auto O kilómetro"
Lo dijo Clara Lis Pereyra,una de las víctimas de la obstetra. Otras cinco personas demandan a la mujer, de 80 años, que si encontrada culpable podría tener una pena de entre dos y 15 años de prisión.
Por: Diego Igal
La anciana de 1,50 de altura que baja del Clio oscuro no llega a un sepelio. Camisa, pollera y zapatos de color negro y un saco salmón con solapas color del luto, avanza flanqueada por dos treintañeras que la abrazan.
Apresuradas y con gesto adusto, entran al chalet de la localidad de Olivos, sede del Tribunal Oral Federal 2. Son las 8:10. La mujer se sienta al borde de la silla de la acusada junto a un abogado que, cabizbajo y con lentes, lee copias de un expediente y apunta en un cuaderno. Nilda Civale, viuda de Álvarez, que de ella se trata, cierra piernas y rodillas, enlaza las manos grandes y huesudas, las deja caer sobre el regazo, y recibe de una de las jóvenes, que es su nieta, caricias, secretos, tranquilidad y la custodia de las cámaras.
No lleva más bijouterie que dos horquillas negras que le recogen el pelo rubio apagado sobre la base de la cabeza y detrás de sus orejas grandes. Unos 90 minutos después, esta anciana que el 2 de octubre cumplió 80 años, será juzgada por haber suprimido la identidad, sustraido y ocultado a Patricia Uriondo y Andrea Belmonte, nacidas en 1969; y Clara Lis Pereyra, en 1978; además de colocar datos falsos en la partida de nacimiento que les dio a los compradores de cada una de ellas, documento que sin embargo firmó con nombre real.
Afuera de la sala, Patricia, Andrea y Clara esperaban declarar como testigos y querellantes, mientras compartían experiencias junto a otras cinco víctimas de la misma obstétra que demandan en una causa aparte aún en instrucción.
"A nosotros nos cambió el principio de nuestras vidas, ahora vamos a cambiar el final de la suya", dicen los autoproclamados "hermanos en la clandestinidad".
Civale no aceptó ser interrogada en la primera parte del proceso ni tampoco quiso hacerlo ayer en la primera audiencia –"por consejo de mi abogado (el presidente del Colegio de Abogados de La Matanza Alberto Fornaro) lo haré más adelante", se excusó–.
Declaró vivir sola y de su jubilación como jefa de departamento de obstetricia, especialidad que ejerció durante años, en especial, en la zona oeste del conurbano, de Ramos Mejía a González Catán, tanto en hospitales públicos como en consultorios y sanatorios privados.
Con lo cual, los casos como los que se ventilan ahora podrían ser decenas o quién sabe cuántos. Si es encontrada culpable será condenada con una escala que va de los dos a los 15 años de prision.
Pereyra abrió la ronda de 13 testigos que declararon ayer. Con su vozarrón de locutora profesional, relató durante una hora su historia cual mantra que puso a los presentes al borde del llanto.
Como una pregunta rutinaria de un médico la llevó a indagar de qué cáncer había muerto la que hasta entonces ella creía su madre; de cómo logró romper el pacto de silencio familiar y enterarse que la habían comprado por el equivalente a un 0 kilómetro; de la extracción de sangre en un hospital frío y como su realidad cambió para siempre recién a los 27 años.
Habló de los datos que recolectó sobre Civale: presuntas prácticas abortivas, vínculos con las Fuerzas Armadas y de seguridad, la zona donde operaba y de posibles restos óseos enterrados en los fondos de propiedades que ocupó la acusada, quien la miraba sin mirar y sin mover más que los párpados.
"Hoy es el primer día del resto de mi vida. Estoy muy contenta, festejando y disfrutando porque la justicia me acompañó siempre y está sentada aquí Nilda Civale de Álvarez, que no sé si será condenada, pero ella me condenó cuando nací", declaró la joven que ya se había quebrado varias veces y había conmovido a varios de las mujeres y hombres presentes.
Clara dijo luego que sueña con un registro para que se encuentren hijas, hijos, madres y padres.
Cuando terminó de declarar, el tribunal pasó a un breve cuarto intermedio y Clara se abrazó a Alejandro Inchaurregui a cargo del Grupo Búsqueda de Origen, quien la ayudó y mucho a llegar a esta instancia. Y lloró a moco tendido durante varios minutos.
El testimonio de Andrea, mamá de las dos nenas que correteaban afuera, no fue menos dramático: "Yo tengo diez años de vida", arrancó al recordar su búsqueda de identidad por los mismos caminos que Clara y que también conducían a Civale, igual que Patricia Uriondo, la única que pudo llegar a la acusada mediante un ardid (ver aparte).
Luego fue el turno de un médico que trabajó con Civale y dejó la sensación de saber más de lo que decía (se fue guiñandole un ojo a la nieta de la acusada), pero que también dejó constancia de la precariedad de antaño en la identificación de recién nacidos en el país en general y en González Catán en particular.
La lista de testimonios se completó con otros que robustecieron el de las víctimas, los nuevos casos (ver aparte) y el de las hermanas Pereyra, familiares de la mujer que recibió a Clara como madre.
Con las contradicciones de ellas comenzó a confirmarse la teoría de Inchaurregui (ex fundador del Equipo de Antropología Forense) de que en la Argentina está peor visto robar un auto que un recién nacido.
cara a cara con ella
Patricia Uriondo fue la única que logró interactuar con la partera acusada cuando comenzó a buscar su origen en 1995, tras la muerte de toda su familia de crianza y descubrir que era adoptada.
Una amiga de ella la llamó por teléfono y le sugirió que la precisaba para hacerse un aborto. Las citó en un domicilio de González Catán y cuando Patricia le mostró fotos de su familia de crianza y vio en una a su papá, con uniforme de suboficial mayor de la Policía Federal, Nilda Civale dio un respingo y advirtió: "Mirá que yo tuve una carrera intachable no me vengas a hacer quilombo ahora." Años después se encontró con una de las hijas de Civale (llamativamente ausente ayer, aunque sí estaba su otro hijo).
No hubo amenazas, pero sí la insinuación de si no quería dinero para cesar en la búsqueda de la verdad.
buscando una respuesta
Ayer Andrea volvió a llorar mucho. No tanto como cuando, hace diez años, Andrea Belmonte se convirtió en mamá y comenzó a sospechar que no era hija biológica de quienes la habían criado.
Y batalló hasta romper el pacto de silencio que incluso su madre adoptiva insistía en mantener. Comenzó a indagar y ni siquiera quien creía su hermano lo era: ambos habían sido comprados.
La hasta entonces familia nuclear estalló por los aires. Belmonte recurrió como Clara Lis Pereyra a Abuelas de Plaza de Mayo, pero como es nacida en 1969 no hay registros.
Hasta que apareció el nombre de Nilda Civale y el resto de los damnificados que luchan por encontrar su origen, con la única certeza de que “las respuestas que esperamos nadie nos la va a dar.
Me parece muy dificil que tengan una respuesta para darnos.”
una vida oculta en mentiras
Clara Lis Pereyra tenía 27 años cuando en 2005 comenzó a recorrer un camino que la cambiaría para siempre: el de descubrir no sólo que no era hija biológica sino que la habían comprado por el equivalente a un cero kilómetro.
Enfrentó pactos de silencio y amenazas, desnudó mentiras y recorrió zonas desconocidas, encontró "compañeras" de la misma senda hacia la búsqueda de la identidad, el origen, nada menos.
Su mamá biológica parió en el consultorio de Nilda Civale, quien la entregó a una prima de la mujer que le limpiaba el consultorio. Con ambas se cruzó miradas y sensaciones ayer, en la primera audiencia de un juicio que tiene una sola acusada: Civale.
Y eso sí le alivia la angustia enorme que tiene de no poder saber la fecha real de cumpleaños o "algo tan simple como si me parezco a mi mamá o a mi papá".
no pudo tocar al bebé
Marta Pérez tenía 14 años cuando en 1969, con trabajo de parto, conoció a Nilda Civale.
No sabe por qué la buscó en la casa ni por qué sus padres permitieron que se la llevara, la hiciera parir y luego le quitara el bebé sin saber el sexo ni tocarlo. No lo vio nunca más.
La tuvo en una casa internada y la amenazó con ir presa si volvía a pedir ver a su hijo. Ella es la única mamá que hasta el momento se presentó como víctima de la partera en la causa que tramita en Morón.
Los otros cuatro querellantes (Silvina Villanueva, Anabela Fernández, Cecilia Topich y Silvio Expósito, todos nacidos antes de la dictadura del '76) también tienen a Civale como denominador y la misma modalidad de adopción ilegal y por dinero.
FuentedeOrigen:TiempoArgentino
Fuente:Agnddhh
“Cuando terminé de declarar, me desarmé. Me puse a llorar como un bebé. Lloraba a gritos. Pero cuando empecé a respirar con más normalidad dije: ‘Siento alivio’”, contó anoche a este diario Clara Lis Pereyra. En la tarde, había declarado durante una hora y media ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 2 de San Martín, en el juicio por supresión, sustracción y ocultamiento de identidad de tres niñas contra Nilda Civale de Alvarez, obstétrica.
La acusada tiene 80 años y los delitos por los que se la acusa fueron cometidos entre 1969 y 1978: sus defensores habían interpuesto un recurso de prescripción, pero la Justicia lo rechazó. Adriana Gallo –directora de Búsqueda e Identificación de Personas Desaparecidas del Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense, que asesoró a Clara Lis Pereyra– comentó que “se trata de un delito continuado, que se sigue cometiendo hasta el día de hoy: las víctimas probablemente nunca sepan quiénes son”.
Además de Clara, declararon Andrea Belmonte y Patricia Uriondo, que también fueron vendidas al nacer. La acusada ejerció su derecho de negarse a declarar. También dio testimonio Marta Pérez, de 56 años: contó que, cuando tenía 14 años y estaba por dar a luz, la madre –la familia era muy pobre– le dijo que la partera iba a ir a buscarla; ella recuerda que la hicieron subir a un auto y la llevaron a un lugar, donde dio a luz. Ella recuerda perfectamente haber escuchado el llanto del bebé, ella quiso incorporarse para verlo, pero alguien, un hombre, le puso una mano en el pecho y le dijeron que no, que se quedara quieta; después la volvieron a subir al auto y la llevaron a su casa y nunca más supo de su hijo; ella recuerda que estuvo días y días llorando, que la mamá le decía que ya está, que ya pasó, pero ella lloraba día y noche.
Como Patricia Uriondo y Andrea Belmonte nacieron por la misma época en que Marta Pérez dio a luz, se hicieron cotejos de ADN por la posibilidad de que fueran hijas de ella, pero dieron negativo. “Ese también es un momento muy duro –observó Clara–: todas las partes se ilusionan y se empiezan a generar vínculos, sólo por el deseo de que el otro fuese tu pariente, hasta que llega el resultado negativo.”
Clara se había enterado de que la que creía su mamá era en verdad su apropiadora cuando, en 2005, un médico indagó qué tipo de cáncer había tenido su madre y, a partir de medias palabras de una tía, terminó por averiguar la verdad: el padre de la apropiadora la había comprado para que su hija –que ya padecía la enfermedad de la que falleció cuando Clara tenía un año y medio– realizara, antes de morir, su deseo de ser madre. Mediante Internet, Clara hizo contacto con otras mujeres cuya partida de nacimiento había sido firmada por la partera Civale. Cuando se hicieron estudios genéticos, resultó que no eran hijas de quienes habían creído sus padres.
Hasta ahora son ocho: tres son testigos en este juicio, y los otro cinco casos están en etapa de instrucción.
Adriana Gallo explicó que “cuando se produce una compra-venta de bebés, es prácticamente imposible encontrar a la madre; los testigos suelen ser reacios a dar información y los apropiadores rechazan nuestra intervención”. Pero en este caso, por cuestiones de competencia el caso llegó a la Corte Suprema, que ordenó intervenir a la Justicia Federal.
La funcionaria señaló que “mucha gente piensa que anotar un chico ajeno a nombre propio es un acto de bondad, o a lo sumo una ‘adopción irregular’, pero no es adopción: es un delito; son bebés sustraídos y ocultados. ¿Qué merece más castigo: el que le quita la cartera por la fuerza a una mujer o el que le quita su hijo? Es una cuestión cultural: si esto sucede es porque hay gente que lo hace. Y tampoco se toman medidas estrictas para evitarlo. No está reglamentada la norma que obliga a registrar la huella de la planta del pie del bebé en el parto. Los médicos suelen oponerse a la presencia de personal de identificación, y la huella muchas veces está mal tomada”.
“En cuanto a este juicio –agregó Gallo–, tal vez termine con condena, pero los caminos de la búsqueda de la identidad de origen siguen cortados. Apelamos a que, así como se presentó Marta Pérez, se presenten mujeres que hayan tenido hijos en esas condiciones: nadie las va a juzgar y sus datos serán resguardados.” El teléfono de la Dirección de Búsqueda e Identificación es: 0800-333-5502.
“Una práctica frecuente”
Por Pedro Lipcovich
“La compra de bebés es una práctica frecuente en la Argentina –señaló Emilio García Méndez, ex asesor regional para América latina de Unicef y titular de la Fundación Sur–: suele suceder que se internen la madre y la apropiadora, y la madre falsa sale con el hijo registrado como propio, luego de pagar a quienes intermedian.”
García Méndez recordó que “la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dispuso que la Argentina modifique su legislación a fin de sancionar la venta de bebés”. En efecto, el 27 de abril de este año, la CIDH ordenó al Estado argentino “adoptar las medidas necesarias para tipificar la venta de niños y niñas, de manera que el acto de entregar un niño o niña a cambio de una retribución o cualquier otra compensación, cualquiera que sea su forma o fin, constituya una infracción penal, de conformidad con los estándares internacionales”. El fallo se dio en el “Caso Fornerón”, por el cual Leonardo Aníbal Fornerón reclama ver a su hija, que, en Entre Ríos, fue apropiada a cambio de dinero. La CIDH dispuso que “el Estado debe establecer de manera inmediata un procedimiento orientado a la efectiva vinculación entre el señor Fornerón y su hija”.
Según García Méndez, “pese a la sentencia de la CIDH, Leonardo Fornerón, un simple policía entrerriano, todavía no pudo ver a su niña un solo día”.
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Agnddhh
24.11.2012
Comenzó en Olivos el juicio a Nilda Civale, la partera acusada de falsificar partidas de nacimiento y de robo de bebés
"A mí me compraron por el valor de un auto O kilómetro"
Lo dijo Clara Lis Pereyra,una de las víctimas de la obstetra. Otras cinco personas demandan a la mujer, de 80 años, que si encontrada culpable podría tener una pena de entre dos y 15 años de prisión.
Por: Diego Igal
La anciana de 1,50 de altura que baja del Clio oscuro no llega a un sepelio. Camisa, pollera y zapatos de color negro y un saco salmón con solapas color del luto, avanza flanqueada por dos treintañeras que la abrazan.
Apresuradas y con gesto adusto, entran al chalet de la localidad de Olivos, sede del Tribunal Oral Federal 2. Son las 8:10. La mujer se sienta al borde de la silla de la acusada junto a un abogado que, cabizbajo y con lentes, lee copias de un expediente y apunta en un cuaderno. Nilda Civale, viuda de Álvarez, que de ella se trata, cierra piernas y rodillas, enlaza las manos grandes y huesudas, las deja caer sobre el regazo, y recibe de una de las jóvenes, que es su nieta, caricias, secretos, tranquilidad y la custodia de las cámaras.
No lleva más bijouterie que dos horquillas negras que le recogen el pelo rubio apagado sobre la base de la cabeza y detrás de sus orejas grandes. Unos 90 minutos después, esta anciana que el 2 de octubre cumplió 80 años, será juzgada por haber suprimido la identidad, sustraido y ocultado a Patricia Uriondo y Andrea Belmonte, nacidas en 1969; y Clara Lis Pereyra, en 1978; además de colocar datos falsos en la partida de nacimiento que les dio a los compradores de cada una de ellas, documento que sin embargo firmó con nombre real.
Afuera de la sala, Patricia, Andrea y Clara esperaban declarar como testigos y querellantes, mientras compartían experiencias junto a otras cinco víctimas de la misma obstétra que demandan en una causa aparte aún en instrucción.
"A nosotros nos cambió el principio de nuestras vidas, ahora vamos a cambiar el final de la suya", dicen los autoproclamados "hermanos en la clandestinidad".
Civale no aceptó ser interrogada en la primera parte del proceso ni tampoco quiso hacerlo ayer en la primera audiencia –"por consejo de mi abogado (el presidente del Colegio de Abogados de La Matanza Alberto Fornaro) lo haré más adelante", se excusó–.
Declaró vivir sola y de su jubilación como jefa de departamento de obstetricia, especialidad que ejerció durante años, en especial, en la zona oeste del conurbano, de Ramos Mejía a González Catán, tanto en hospitales públicos como en consultorios y sanatorios privados.
Con lo cual, los casos como los que se ventilan ahora podrían ser decenas o quién sabe cuántos. Si es encontrada culpable será condenada con una escala que va de los dos a los 15 años de prision.
Pereyra abrió la ronda de 13 testigos que declararon ayer. Con su vozarrón de locutora profesional, relató durante una hora su historia cual mantra que puso a los presentes al borde del llanto.
Como una pregunta rutinaria de un médico la llevó a indagar de qué cáncer había muerto la que hasta entonces ella creía su madre; de cómo logró romper el pacto de silencio familiar y enterarse que la habían comprado por el equivalente a un 0 kilómetro; de la extracción de sangre en un hospital frío y como su realidad cambió para siempre recién a los 27 años.
Habló de los datos que recolectó sobre Civale: presuntas prácticas abortivas, vínculos con las Fuerzas Armadas y de seguridad, la zona donde operaba y de posibles restos óseos enterrados en los fondos de propiedades que ocupó la acusada, quien la miraba sin mirar y sin mover más que los párpados.
"Hoy es el primer día del resto de mi vida. Estoy muy contenta, festejando y disfrutando porque la justicia me acompañó siempre y está sentada aquí Nilda Civale de Álvarez, que no sé si será condenada, pero ella me condenó cuando nací", declaró la joven que ya se había quebrado varias veces y había conmovido a varios de las mujeres y hombres presentes.
Clara dijo luego que sueña con un registro para que se encuentren hijas, hijos, madres y padres.
Cuando terminó de declarar, el tribunal pasó a un breve cuarto intermedio y Clara se abrazó a Alejandro Inchaurregui a cargo del Grupo Búsqueda de Origen, quien la ayudó y mucho a llegar a esta instancia. Y lloró a moco tendido durante varios minutos.
El testimonio de Andrea, mamá de las dos nenas que correteaban afuera, no fue menos dramático: "Yo tengo diez años de vida", arrancó al recordar su búsqueda de identidad por los mismos caminos que Clara y que también conducían a Civale, igual que Patricia Uriondo, la única que pudo llegar a la acusada mediante un ardid (ver aparte).
Luego fue el turno de un médico que trabajó con Civale y dejó la sensación de saber más de lo que decía (se fue guiñandole un ojo a la nieta de la acusada), pero que también dejó constancia de la precariedad de antaño en la identificación de recién nacidos en el país en general y en González Catán en particular.
La lista de testimonios se completó con otros que robustecieron el de las víctimas, los nuevos casos (ver aparte) y el de las hermanas Pereyra, familiares de la mujer que recibió a Clara como madre.
Con las contradicciones de ellas comenzó a confirmarse la teoría de Inchaurregui (ex fundador del Equipo de Antropología Forense) de que en la Argentina está peor visto robar un auto que un recién nacido.
cara a cara con ella
Patricia Uriondo fue la única que logró interactuar con la partera acusada cuando comenzó a buscar su origen en 1995, tras la muerte de toda su familia de crianza y descubrir que era adoptada.
Una amiga de ella la llamó por teléfono y le sugirió que la precisaba para hacerse un aborto. Las citó en un domicilio de González Catán y cuando Patricia le mostró fotos de su familia de crianza y vio en una a su papá, con uniforme de suboficial mayor de la Policía Federal, Nilda Civale dio un respingo y advirtió: "Mirá que yo tuve una carrera intachable no me vengas a hacer quilombo ahora." Años después se encontró con una de las hijas de Civale (llamativamente ausente ayer, aunque sí estaba su otro hijo).
No hubo amenazas, pero sí la insinuación de si no quería dinero para cesar en la búsqueda de la verdad.
buscando una respuesta
Ayer Andrea volvió a llorar mucho. No tanto como cuando, hace diez años, Andrea Belmonte se convirtió en mamá y comenzó a sospechar que no era hija biológica de quienes la habían criado.
Y batalló hasta romper el pacto de silencio que incluso su madre adoptiva insistía en mantener. Comenzó a indagar y ni siquiera quien creía su hermano lo era: ambos habían sido comprados.
La hasta entonces familia nuclear estalló por los aires. Belmonte recurrió como Clara Lis Pereyra a Abuelas de Plaza de Mayo, pero como es nacida en 1969 no hay registros.
Hasta que apareció el nombre de Nilda Civale y el resto de los damnificados que luchan por encontrar su origen, con la única certeza de que “las respuestas que esperamos nadie nos la va a dar.
Me parece muy dificil que tengan una respuesta para darnos.”
una vida oculta en mentiras
Clara Lis Pereyra tenía 27 años cuando en 2005 comenzó a recorrer un camino que la cambiaría para siempre: el de descubrir no sólo que no era hija biológica sino que la habían comprado por el equivalente a un cero kilómetro.
Enfrentó pactos de silencio y amenazas, desnudó mentiras y recorrió zonas desconocidas, encontró "compañeras" de la misma senda hacia la búsqueda de la identidad, el origen, nada menos.
Su mamá biológica parió en el consultorio de Nilda Civale, quien la entregó a una prima de la mujer que le limpiaba el consultorio. Con ambas se cruzó miradas y sensaciones ayer, en la primera audiencia de un juicio que tiene una sola acusada: Civale.
Y eso sí le alivia la angustia enorme que tiene de no poder saber la fecha real de cumpleaños o "algo tan simple como si me parezco a mi mamá o a mi papá".
no pudo tocar al bebé
Marta Pérez tenía 14 años cuando en 1969, con trabajo de parto, conoció a Nilda Civale.
No sabe por qué la buscó en la casa ni por qué sus padres permitieron que se la llevara, la hiciera parir y luego le quitara el bebé sin saber el sexo ni tocarlo. No lo vio nunca más.
La tuvo en una casa internada y la amenazó con ir presa si volvía a pedir ver a su hijo. Ella es la única mamá que hasta el momento se presentó como víctima de la partera en la causa que tramita en Morón.
Los otros cuatro querellantes (Silvina Villanueva, Anabela Fernández, Cecilia Topich y Silvio Expósito, todos nacidos antes de la dictadura del '76) también tienen a Civale como denominador y la misma modalidad de adopción ilegal y por dinero.
FuentedeOrigen:TiempoArgentino
Fuente:Agnddhh


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