Año 6. Edición número 267. Domingo 30 de junio de 2013
Por Miradas al Sur sociedad@miradasalsur.com
La Plata rugby club. Formación del equipo donde jugaban los jóvenes Jorge y Federico Moura./En la cancha. Jorge, a la derecha, raya al costado, en la cancha de La Plata rugby club./ Familiar. Típica foto de los Moura en la casa de City Bell, 1973. Jorge es el de bigotes./ Familiero. Jorge, con Federico y Clarisa en el parque trasero de la casa./ Hermanos. Jorge y Marcelo Moura./ La madre y su hijo. Velia Oliva Moura y Jorge.
Homenaje a Jorge Moura.
La historia de Marcelo, Julio y Federico está marcada por esa música. En un principio era un piano, pero más tarde una guitarra, la voz, batería y así la hermandad familiar que devendrá en los grupos Dulcemebriyo, Las Violetas y, finalmente, en el furor de Virus. En la vida de Jorge, si bien no es ajena a los mismos encantos de sus hermanos, el recorrido de sus inquietudes estaba marcado por otra música.
El encuentro de Jorge con el rugby acontece el día que acompaña a un entrenamiento a un primo, Pablo Martín, y encantado con el juego pidió probarse. Tenía 9 años, su primo 11. A partir de ese día comenzó a jugar en una categoría superior a la que le correspondía. “Jugó hasta los 17 años, y lo hizo de Apertura”, cuenta su mamá. Siempre en LPRC. “Lo hacía muy bien, parecía tener cierta habilidad innata para los deportes”, dice Velia como si todavía lo estuviera viendo con la casaca amarilla puesta. Más tarde serán Marcelo, Julio y Federico quienes seguirán los pasos de su hermano mayor. Julio cuenta que “Jorge fue el que más sintió el deporte ovalado… fue el primero que empezó a ir al club. Tenía muchas amistades y compañeros ahí y además le gustaban mucho los deportes. De a poco, el resto de nosotros empezamos a ir a verlo y nos fuimos enganchando hasta que terminamos jugando todos… jugaba de apertura… siempre fue capitán y pateador…”.
Padi Wilkinson fue un famoso entrenador de LPRC que enseñó a toda una camada de jóvenes entre 1968 y 1975 los mejores valores del rugby (véase Los diarios del Rugby: www.detectivessalvajes.blogspot.com.ar). Los jugadores de aquella época: Hernán Roca, Santiago Sánchez Viamonte y un “muchos otros” que incluye a Jorge, quedarían marcados a fuego por esas enseñanzas: compañerismo, honestidad, respeto, disciplina, lealtad, sacrificio y altruismo. El juego era limpio y colectivo. No había márgenes para individualidades. El
Try como consecuencia natural del avance en equipo. Nunca un acto egoísta.
Por entonces, apareció Patricia Orione. Rondaba los 16. Su familia estaba vinculada a LPRC. Una tarde que acompañó a su cuñado, éste le presentó “al más bueno de todos los chicos”; o eso le dijo durante el tercer tiempo frente a un muchacho timorato que se sentó a su lado. El “más bueno” era Jorge. A partir de ahí comenzaron a estar de novios. En los dos años que siguieron el mundo se repartió entre el club, el grupo de amigos del club, los bares, peñas, almuerzos y cenas en familia. En octubre de 1970 se casaron. Un año después nació su primer hijo Federico. El nombre “Federico” se repite tres veces en la familia Moura y en la vida de Jorge: El padre (Jorge Federico). Su hermano (Federico José). Y su hijo (simplemente Federico).
La música era el mundo de Marcelo, Julio y Federico que por entonces germinaban el Virus de los ’80. El rugby ya estaba lejos para Jorge. El calor de la casa de sus padres, también. A fines de 1971, Jorge asume fuertes compromisos militantes. Tras algún paso fallido por el Siloismo, junto con su compañero de rugby Hugo Pinino Lavalle, ambos se meten de lleno dentro de la juventudes guevaristas del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
En palabras de Velia, cuando hoy tiene que explicar la elección de su hijo y el papel de la militancia en su vida aclara con emoción: “Tenía el ideal de un mundo mejor, y estaba dispuesto a luchar por eso aunque tuviera que entregar su vida”. En palabras de Patricia Orione: “Hubo un momento en que Jorge ya estaba jugado”. Para Julio Moura: “Durante los años ’70, y al mismo tiempo que jugaba, Jorge comenzó a involucrarse activamente en política…”.
Corre 1972. Jorge decide dejar el hogar. El hecho coincide con el asesinato de un profesor de teatro con quien compartían militancia. Entonces, ingresa en la clandestinidad. Como cuadro en preparación del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) viaja en secreto al monte tucumano para entrenarse. Regresa pronto. Desde entonces su nombre de guerra dentro de la organización será “Manuel”.
La proletarización de Jorge vino de la mano del oficio de transportista. Consiguió trabajo trasladando jugo para la fábrica Sasetru. Mientras asumía ese oficio, vivía la militancia clandestina en una célula urbana del ERP. Fue ahí cuando se enamoró de Perla. Hija de una conocida psicoanalista platense, Perla Diez también era una comprometida militante. De esa unión nacerán más tarde, sus dos hijas Clarisa y Lucía.
En la memoria de la familia Moura está la historia de Guillermo Massera (cuñado de Jorge, esposo de su hermana más grande Virginia Moura, padre de uno de los que escribe esta nota). Guillermo, hijo de un constructor, tenía experiencia en el ramo, y le enseñó algunas tretas para manejar todo tipo de camiones y acoplados. Una de las pocas anécdotas que se saben de Jorge “transportista revolucionario” es su participación en un conocido operativo de diciembre de 1975. Al menos así lo cuenta Gustavo Plis Sterembeg en la página 239 de su libro Monte Chingolo, la mayor batalla de la guerrilla argentina (Planeta, 2003): “A las 18:50 el conscripto Bufalari estaba por cerrar el candado cuando el sargento Manuel del ERP giró el volante del Mercedes Benz hacia su izquierda llevándolo contra el portón. No logró tirarlo abajo, pero las dos hojas se abrieron violentamente… El portón semiabierto permitió el paso del camión y el resto de la columna guerrillera… sorprendido por la barrera de fuego, cuando las primeras balas se habían incrustado en el parabrisas, Manuel detuvo el Mercedes Benz…”. (Véase también En Busca de Abigail: http://diagonales.infonews.com/nota-194316-En-busca-del-desaparecido-numero-18-de-La-Plata-Rugby.html).
Por entonces, el sargento Manuel o Jorge Moura era buscado en forma intensa. La mañana del 8 de marzo de 1977, luego de secuestrar a Diana Carmen Diez y José Luis Alberto Rentani en calle 17 y 530, el operativo del ejército se trasladó a la calle Vergara y Bélgica, de City Bell. La cuadra quedó rodeada al acecho con gran despliegue. Pero antes, dos militares se disfrazaron de empleados de Segba y pidieron permiso para ingresar por un supuesto desperfecto, y así irrumpir desde adentro en la casa.
Por entonces, Perla Diez estaba presa en Devoto, sus hijas Lucía y Clarisa vivían con sus suegros en aquella casa. También estaban Marcelo y Julio. La historia del secuestro que reconstruye Perla desde la cárcel, la explica en el Juicio por la Verdad, en 2009: “… ese día estaba Jorge Federico Moura, Velia Oliva, sus dos hermanos Julio y Marcelo Moura. Una amiga Bernarda Luna y estaban mis dos hijas Clarisa Moura y Lucía Moura, de tres años y un año y pico… Se hace presente gente que aparenta ser personal de Segba y que piden acceso a la vivienda. Una vez tomada la vivienda, ingresa más personal armado y esperan que Jorge vuelva de su trabajo…. Se lo llevan aproximadamente a las 6 de la tarde… Simultáneamente había habido un operativo en casa de mi madre, en 6 y 80, también preguntando por él y diciendo que si no aparecía Manuel… se llevaban a mi mamá, Reina… Se comunicaban por radio, y a eso de las 5 dicen: “Ya lo tenemos a Manuel”. Entonces levantan el operativo en 6 y 80…”.
Julio Moura, que vivió el secuestro, dice: “Ese día a la mañana a Jorge lo vinieron a buscar a mi casa. Tocaron la puerta presentándose como el Comando de Operaciones Tácticas y entraron. A su vez, cuatro personas, también militares, fingían estar arreglando algo eléctrico en la esquina a modo de campana. Inmediatamente cerraron todas las puertas y ventanas de la casa herméticamente e intervinieron el teléfono. A mí me despertaron con una ametralladora apuntándome a la cabeza… al principio, tuve mucho miedo. Después me pude tranquilizar y manejar un poco más la situación. Pero cada tanto me amedrentaban diciéndome ‘vos sabés todo, nosotros te conocemos bien. Tu hermano es muy hábil, lo estamos buscando hace mucho tiempo’… Insistentemente me preguntaban por Jorge y al mismo tiempo hacían un simulacro de disparo… Pero realmente yo no sabía dónde estaba mi hermano porque ya no vivía en casa. Él manejaba un camión y venía de vez en cuando a quedarse por unos días con la familia... Fueron siete horas muy largas las que vivimos. Aunque ellos se lo tomaron sin desesperarse… La casa era una ratonera en donde lo esperaron con mucha paciencia. A la tardecita apareció mi hermano pero nunca llegué a verlo. Sólo escuché su voz que dijo ‘¿Qué pasa?’ e inmediatamente todos los hombres se fueron...”.
Días después del secuestro ocurre un extraño suceso, el cruce entre Jorge y su madre en el Parque Pereyra Iraola. Velia es llevada a ver por última vez a su hijo. La historia se cuenta en la página 415 del libro Monte Chingolo: “Jorge Horacio Moura (sargento Manuel) fue secuestrado por el ejército el 8 de marzo de 1977. Mientras estaba chupado y por no se qué tipo de relación de su madre con gente de muy arriba, se encontraron. Lo llevaron a una especie de furgoneta cerrada a un lugar, al costado de un camino, para que ella se despidiera del hijo. Manuel sale y le dicen que se despida, que no la iba a ver nunca más. Él mucho no podía hablar. Hacía gestos como que estaba desamparado. La madre lo besa y los militares le dicen: ¡Olvídese de lo que ha visto! Entonces cierran el furgón y se van. Lo llevan a Campo de Mayo porque estaba implicado en la ejecución de un militar”.
Pero el destino de Jorge es confuso. Perla trató de dar con datos y distintas fuentes. Dos versiones modificarían el relato de Plis-Steremberg. Una carta recibida por Reina Diez (madre de Perla) de parte de una amiga de la infancia de Jorge, quien dice haber visto a Jorge a principios de 1978 en un semáforo de 7 y 48, en la cabina de un camión del Ejército. La carta refiere “… nos miramos de una manera inteligente, nos cruzamos las miradas y él me da a entender que no lo reconozca, o sea, que no haga nada. Yo no hago nada. Cuando arranca, o sea cuando el semáforo da paso al camión, él me hace un guiño como diciendo soy yo…”. La segunda versión es la declaración Oscar Horacio Molino, sobreviviente que pasó por La Cacha entre los primeros días y fines de marzo. Molinos refiere haber hablado con una persona “Mouras”, que le contó secuencias de Monte Chingolo y de Silo. Pero estas dos versiones vuelven a quedar en la duda, y recobra fuerza la hipótesis que desliza Plis-Sterenberg a partir de una declaración de un sobreviviente de apellido Scarpatti, quien reconoce por fotos a Jorge, y dice parecer haberlo visto en Campo de Mayo.
Pasaron 36 años de la desaparición de Jorge Moura. Su historia compone el mosaico de los 19 jugadores de LPRC desaparecidos. El vínculo entre el rugby y la militancia aparece circunstancial, aleatorio, casi ficcional. Sin embargo, la efectiva convergencia merece destacarse como un evento que sólo pudo haber ocurrido en un especial espacio y tiempo. Un espacio de compromiso.
Nada más se sabe acerca del destino de Jorge. Hoy, Patricia lo recuerda con pasión. Perla, incansable militante, intenta dar con más pistas sobre su destino. Su madre y hermanos confrontan su ausencia física al amparo del afecto que irradia su recuerdo y la simbología de su lucha. El otro Federico tiene 43 años, dieciséis más que su padre cuando desapareció. Al igual que sus tíos, también eligió la música. “La música es la forma de conexión con mi pasado”, dice y es como si estuviera buscando la mejor melodía para hablar de Jorge, la partitura de un cuerpo, el sueño de la revolución.
Fuente:MiradasalSur

Que pena que Jorge Moura ya no este con nosotros , espero que el todo poderoso lo tenga en su gloria , los hermanos Moura si que fueron lo maximo, el Perú se conmociono con esta penosa noticia ,Federico su voz y su carta de presentación, pero Virus no podia ser solo uno de ellos, Virus son los tres o no son Virus , asi de simple , saludos desde la tierra de los Incas y gracias por habernos dado y siguen dando sus hermozos temas , LOS QUEREMOS MUCHO HOY Y SIEMPRE.
ResponderEliminarLo lamento por el resto de los hermanos musicos pero este Moura era un guerrillero asesino hdp !!!!
ResponderEliminarAhora homenajean a asesinos???? ah buehh el proximo seguro le toca a Hitler o Bin Laden
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