23 de junio de 2013

OPINIÓN.

Opinión
Cuando el negocio manda
Por Dante Augusto Palma


18.06.2013



Cobertura extrema. Los medios se ocuparon todo el fin de semana del caso Angeles, desplazando al choque de trenes en Castelar.
En la última semana sucedieron dos hechos que produjeron un fuerte impacto en la opinión pública: con apenas horas de diferencia, apareció el cuerpo de la joven de 16 años Ángeles Rawson y hubo un nuevo accidente en la línea Sarmiento que arrojó tres muertos y centenares de heridos. Como era de suponer, a pocos meses de una elección y mientras se espera que la Corte Suprema se tome un ratito para resolver la constitucionalidad de la Ley de Medios, el primer impulso de la prensa hegemónica fue señalar al poder político. En el caso Rawson, primero se intentó instalar la idea de un “hecho de inseguridad”. Bajo esta línea se hicieron informes acerca de lo difícil que es caminar por las calles de Colegiales, opinaron los vecinos, las chicas del colegio y los referentes mediáticos volcaron su indignación a través de las redes sociales en esta suerte de cibermilitancia zonza. Tras este primer direccionamiento, llegaron las cargas menos coyunturales y más culturales que funcionan en el nivel micro y transideológico. Una demostración de ello es el modo en que con una mirada machista y clasista, diversos comunicadores hicieron proyección psicoanalítica y lanzaron a correr que se había tratado de un caso de violación amparados en la inconfesable idea de que la única razón para matar a una joven agraciada de clase acomodada es el motivo sexual. Pero aun los medios más progresistas cayeron en una trampa que podría denominarse “contramirada”. Así salieron a denunciar un nuevo caso de femicidio como si toda muerte de una mujer pudiera encuadrarse en esa figura.
Lo cierto es que, al momento de escribir esta nota, el único detenido es el encargado del edificio y la segunda hipótesis mediática, caído el “hecho de inseguridad”, aquella que culpó al padrastro por portación de cara y poca idoneidad retórica, se ha ido diluyendo. Asimismo, si bien la Justicia dará noticias en estos días, los peritajes y las investigaciones han arrojado datos incontrovertibles: la joven no fue violada y el asesinato no habría sido realizado por un desconocido. Por último, el padre biológico (militante del Pro y miembro de una ONG, el CELTyV, defensora de militares genocidas), que con el cuerpo de su hija recién encontrado insólitamente hizo campaña afirmando “Hay que acordarse de esto a la hora de votar”, parece haber dado un consejo que, a juzgar por el avance de la investigación, sólo tendría validez para las próximas elecciones del SUTERH.

En el caso del accidente en Castelar, la reedición de una nueva tragedia de Once no podía hacer otra cosa que generar indignación. Pero, a diferencia de aquel episodio, algunas cosas parecerían haber cambiado pues evidentemente el Gobierno tomó nota de una deficitaria política de transporte, probablemente el área en la que peor se ha desempeñado en esta década, y es indudable que con la administración de Randazzo se ha avanzado enormemente. Por supuesto que lo más fácil es sacar la tajadita política y darles micrófono a los gremialistas que en el caso de ser anikirchneristas serán presentados como la reserva moral de Occidente. Pero lo cierto es que hay que esperar los peritajes pues puede que hayan fallado los frenos y que ahí sea Randazzo el que tenga que dar explicaciones; o puede haber sido una falla humana y allí las responsabilidades recaigan sobre el motorman. Al momento en que escribo estas líneas, la CNRT ha afirmado que no hubo intento de frenado con lo cual crece la última hipótesis pero seamos cautos y esperemos que se expida la Justicia.

Ahora bien, hecho este breve resumen, lo que a mí más me interesa es indagar el modo en que los medios han abordado estos dos hechos y las razones por las cuales uno de ellos tuvo preponderancia sobre el otro. Si se toma la línea editorial antikirchnerista, como se indicaba anteriormente, primero se intentó presentar el caso Rawson como un tema de inseguridad de lo cual se seguía una responsabilidad gubernamental. Y respecto del accidente de Castelar, se decidió privilegiar la voz de los gremialistas que, sin saber qué había pasado y apenas minutos después del accidente, se propagó por las radios afirmando que el motorman era inocente. Pues no importaba la verdad. Importaba quién cantaba primero.

Pero, sin duda, el caso de la tragedia ferroviaria afectaba mucho más, políticamente hablando, al Gobierno, que el homicidio de la joven, máxime teniendo en cuenta que, salvo lo ocurrido en el último año, la administración kirchnerista no tiene demasiado margen para defenderse tras las cuestionadas políticas llevadas adelante por Jaime y Schiavi. Con este mismo razonamiento, se podría suponer que, naturalmente, en ese pequeño espacio de medios cuya línea editorial es más afín al Gobierno, fuesen ganando lugar los detalles sobre el homicidio de la joven en detrimento de la causa del accidente. Sin embargo, el caso Rawson desplazó al accidente ferroviario no sólo en estos medios sino aun en los medios del Grupo Clarín, con lo cual la mirada lineal que interpreta que la agenda mediática de la actualidad argentina está atravesada por el clivaje kirchnerista/antikirchnerista se deshace o, al menos, debe relativizarse.

En este sentido, mi hipótesis es que, muchas veces, atravesados por los modos en que los medios operan políticamente en pos de una u otra ideología o candidato, olvidamos que subyace a estos una lógica eminentemente comercial. Dicho de otra manera: un caso policial en el que muere una joven que asiste a un colegio caro y en el que se implicó al encargado titular, al encargado suplente, a los empleados del CEAMSE, a un amigo acosador al que le gusta el animé japonés, al padrastro, a la madre, a un twittero pelotudo y a un hermanastro con denuncias de acoso sexual, es una atracción con ribetes de culebrón que vence cualquier otra noticia aun cuando se trate de una que podría dañar más al gobierno contra el que se combate. Por eso es un error interpretar que todas las decisiones editoriales están determinadas por una disputa política. También juega allí la noticia producto, la noticia como mercancía y la tiranía del rating. Es así: hay veces donde vende más el relato de un Sergio Lapegüe en vivo, confundiendo un gazebo con un detenido, que la indignación de abuelo bueno de Pino Solanas o los comentarios del “Pollo” Sobrero, una suerte de He-Man trotskista muy útil para que la derecha invente un Skeletor.
Podrá ser angustiante porque las lecturas conspirativas y reductivas son más tranquilizadoras pero no todo es parte de la disputa política: a veces el negocio manda y la audiencia prefiere una sórdida novela, con una pobre piba asesinada, que una lineal tragedia en la que encima, en una opción muy poco glamorosa por cierto, existe la posibilidad de que no esté el Gobierno detrás sino simplemente la trivial distracción de un motorman. Porque la noticia puede ocuparse de poner y sacar gobiernos pero siempre debe hacerlo con un rating capaz de atraer auspiciantes. 
Fuente:Veintitres

No hay comentarios:

Publicar un comentario