30 de junio de 2013

RAYUELA-50 AÑOS.

Rayuela: 50 años
La obra cumbre de Julio Cortázar, aquella que revolucionó la literatura y escritura de la época, cumple 50 años: fue publicada por primera vez un 28 de junio de 1963 por la editorial Sudamericana. Inauguró el renombrado "boom latinoamericano" y fue elegida como una de las 100 mejores del siglo XX. Télam preparó una serie de notas y materiales audiovisuales para homenajear a este gran libro.
 Inauguró el renombrado "boom latinoamericano" y fue elegida como una de las 100 mejores del siglo XX. Télam preparó una serie de notas y materiales audiovisuales para homenajear a este gran libro.

Con un total de 155 capítulos, una de las particularidades de Rayuela es la propuesta de lectura que ofrece: la tradicional, del capítulo 1 al 56, y la del Tablero de dirección, saltando y alternando capítulos.

Para quienes quieran revivir algunas de sus más memorables partes, pueden ingresar a "10 fragmentos de Rayuela", una lista con extractos del ibro. Por otro lado, en la lista "10 fragmentos de Cortázar leídos por él mismo", se pueden escuchar, en la voz del propio escritor, extractos de Rayuela y otras obras.

Haciendo clic acá, puede conocerse la historia detrás de la tapa de la primera edición de Rayuela. E, ingresando acá, todas las actividades previstas para celebrar la obra y el centenario del nacimiento de Cortázar, que se cumple el año próximo.


Audios

Dos producciones especiales, del área de audiovisuales de Télam, que recuerdan a Cortázar y su obra:




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Cortázar habla sobre Rayuela.





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Figuras de la cultura hablan de Rayuela de Julio Cortázar a 50 años de su lanzamiento.

Carlos Daniel Aletto
Cuando Julio le puso la tapa a “Rayuela”
La historia de la escritura de una novela suele terminar en la entrega de originales a su editor. Esto no sucede con Rayuela. Julio Cortázar dejó constancia de su preocupación por el diseño de la portada. A 50 años de su publicación repasamos este rasgo clave de la poética cortazariana.
Portada de la primera edición de Rayuela (1963)
Portada de la primera edición de Rayuela (1963)
Hace 50 años, durante la primera edición de Rayuela, Julio Cortázar se muestra interesado en que Francisco “Paco” Porrúa, su editor, “meta fuertemente mano en la cubierta del libro”. Remarca que no quiere “una escenita vistosa” como la que había aparecido en la tapa de Los premios, sino que elegiría algo semejante a una pintura de Dubuffet, “con un graffiti mostrando el dibujo clásico de cualquier rayuelita de barrio.” El “art brut” de Dubuffet es afín con el temperamento lúdico de Cortázar y en especial, con la atmósfera cultural que rodea a los personajes de Rayuela. Incluso Cortázar no descarta enviarle a su editor unos dibujos personales aunque asegura que “yo con la acuarela en la mano soy de abrigo, te juro”.
Affluence (1961) Jean Dubuffet

Affluence (1961) Jean Dubuffet
Cortázar siempre manifestaba, no sólo con la tapa de Rayuela, sino en incontables oportunidades su deseo de intentar actuar en el campo de las artes plásticas, sobre todo en la pintura. Para ese entonces, obsesionado con la idea de lograr un diseño que permitiera que las tapas estuviesen impregnadas del contenido del libro, recorre las librerías de Saint-Germain-des-Près, para mirar los álbumes de Brassai y otros fotógrafos, en busca de una rayuela. También le insinúa a su editor que puede pedirle a Aldo (un niño prodigio argentino, magnífico pintor) que le fabrique una rayuela, porque “…sea como sea te mandaré algún boceto, foto o proyecto. Tenemos que impedir por todos los medios que nos encajen la rosa en el zapato”, concluye.

Tiempo más tarde le envía a Porrúa una rayuela fotografiada y le cuenta que su amigo Julio Silva le está haciendo una maqueta en base a esa misma foto. Cortázar trata por todos los medios que la tapa lleve impreso el clima del libro “…una rayuela dibujada con tiza en una vereda o un patio. Todo más bien pobre, gris, conventillo, día nublado, mufa...”

Pero no piensa solamente en la atmósfera del libro, sino también en el lector, tanto como Morelli, el personaje de Rayuela que traza la poética en la propia novela.

Cortázar le escribe esta interesante propuesta a Porrúa:

“Y AHORA VAMOS A PONERLE LA TAPA AL LIBRO. ¿Conque estudiando la cosa con Esteban y, por un breve minuto, creyendo que la rayuela quedaría mejor de pie? Enormes cronopios, yo también empecé por ahí y la tuve parada un rato largo hasta que se le cansó la Tierra a la pobre. No, che, yo creo que así no va. No va, como vos lo has visto muy bien, porque esa tapa tiene su segunda, y a mí me gustaría que, de ser posible, la tuviera sin vueltas. Vos te sospechás un significado mufoso en el Cielo atrás del libro, y es cierto, pero todavía más que eso. Muy rápidamente explicado, imagináte que acabás de comprar, haciendo un loable sacrificio, un ejemplar de Rayuela, y que sin perder un instante te has sumido en su lectura. Si sos un hombre normal, sostendrás el libro con la mano izquierda, mientras la derecha se ocupa de dar vuelta las páginas, ir y venir con la pipa, alternándola con los tragos de caña Mariposa que te habrá servido tu mujer, y de cuando en cuando hacer una ademán de admiración que agita el aire de la estancia. Bueno, quedamos en que tu mano izquierda sostiene el libro. Parte de la palma y la raíz de los dedos se apoyan en la carátula, es decir en la Tierra. Pero la parte más espiritual de tu mano, la punta de los dedos, la sed y la ansiedad que viven en la punta de tus dedos, buscan del otro lado el Cielo, tal vez alcanzan a rozarlo, a entrar por un momento en él. ¿Sentís la cosa? Tu mano también lee el libro, con esa visión extrarretiniana de que hablan los hombres sabios, y que en realidad es otra tentativa de aprehender lo que, dentro del libro, buscan tus ojos. ¿Simbología fácil? Puede ser. Pero yo he sido siempre sensible a las tapas de los libros, y a veces he descubierto en ellas cosas extrañamente asociadas al texto, siempre que las ediciones no fueran de Santiago Rueda. Bromas aparte, creo que mis sinrazones se entienden bastante bien... O sea que, en la medida de lo posible, yo me planto en la idea de la rayuela acostada, y libramos los dos la batalla. Espero poder mandarte la maqueta lo antes posible; ahora mismo le rajo un úkase a Silva, que se me ha quedado de lo más silente en París.”

En este extenso (pero iluminador) párrafo se advierte cómo el autor concibe la percepción de su lector, a partir de la visión de la tapa. Cuando Silva le envía, desde París el proyecto, con la rayuela vertical, Aurora Bernárdez, en ese momento su esposa, lo convence de su eficacia diciéndole que “basta mirar la maqueta de Silva para comprender que es mucho más eficaz que el lector vea la rayuela completa cuando agarra el libro, y no que el dibujo se deslice como un gusano alrededor del libro.” Aunque el escritor sigue pensando que acostada es mejor, no se obstina, pues confía en las sugerencias de sus amigos. La preocupación de Cortázar no termina en el diseño sino también en el color de la tapa y pretende que la parte negra entre bastante en la contratapa y le preocupa si encarecería la impresión, pero está convencido que los colores sobre el fondo negro quedan muy bien.

Es evidente la importancia que el escritor concedía a los colores; así, cuando le contesta a Porrúa, quien le había escrito para avisarle que no había recibido la maqueta, para mandarle una “semi-maqueta en blanco y negro, correspondiente a la carátula y al lomo” dice lo siguiente:

El color corresponde exclusivamente a las letras. Mi nombre (en la tapa) va en azul, Rayuela en amarillo y Editorial Sudamericana (al pie) en rojo. Supongo que se podría cambiar de orden, pero no de colores. Los colores tienen que ser todo lo brillantes que se pueda, para contrastar con el fondo negro.

Más tarde corrige los colores y en una carta posterior, insta a Porrúa a despreocuparse de la cuestión, admitiendo otra alternativa: “Si el anaranjado que encontraron las chicas es bonito, adelante con los faroles. No te hagas más problemas, por favor.” Aunque nunca cesan sus indicaciones, reconoce que deja la decisión final en sus manos: “Vos serás entonces plenipotenciario para decidir en última instancia.”
 

Francisco Porrùa
Francisco Porrùa
Cortázar queda conforme con la portada de la primera edición, en especial después de haber visto, con pocas horas de intervalo, dos o tres novelas en las últimas ediciones de Losada, con tapas "que parecen para escuelas de deficientes mentales”; así lo certifica en una correspondencia, donde, además, se muestra satisfecho porque la tapa termina cerrando con el espíritu de la novela y pregunta ante un diseñador que la pensaba muy inocente: “¿qué quería? ¿Una escolopendra gigante enroscada en el busto de Gilgamesh? La rayuela es un juego inocente, che, y mi libro respira pureza, boyscoutismo y Día de la Madre («la madre, concepto que encumbro», como dice Bioy Casares).”

Poco después, cuando Julio Cortázar le entrega el original de Final del juego a Francisco Porrúa le dice: “...ahora pienso dedicarme a la pintura y a la fiaca. Dentro de once meses tendré 50 años, ya es tiempo de empezar a hacer algo en serio.” Y así fue: sus próximos libros tendrían una fuerte relación con la imagen.

Pasaron 50 años de la primera edición de Rayuela y el año que viene es el centenario del nacimiento de Julio Cortázar, momento de justos homenajes institucionales, aunque sus lectores día a día reconocen la preocupación de Julio no sólo por sus textos, sino también por el diálogo permanente con las imágenes. La tapa de esta novela es sólo la punta del iceberg de toda una obra dedicada a la literatura y su relación con el arte.

Julio Cortázar hablando sobre Rayuela

aniversario

Homenajean en México a Cortázar en el 50 aniversario de "Rayuela"
Julio Cortázar y su novela Rayuela fueron homenajeados en la capital mexicana con una exposición que conmemora el 50 aniversario de la obra.

Con cinco representaciones enormes del juego de la rayuela, 55 pequeñas y 11 textos, la exposición fue presentada en la librería del Fondo de Cultura Económica.

María Luisa Passarge, organizadora junto al fotógrafo Rogelio Cuéllar, aclaró que la presentación se hizo con el deseo de que sirva para atraer a los jóvenes hacia el escritor argentino, impulsor del "boom" de la literatura latinoamericana, comentó.

La novela, publicada el 28 de junio de 1963, cuenta la historia de Horacio Oliveira y su relación con "la Maga" es considerada una de las grandes obras del siglo XX.

Para la organizadora, Cortázar, de quien será el centenario de su nacimiento en 2014, fue "el más lúdico, el más juguetón" de los protagonistas de ese auge latinoamericano y alguien que "influyó muchísimo" en generaciones posteriores.

Cada artista invitado contribuyó a crear las cinco rayuelas de 11 piezas cada una, además de pintar sus representaciones en pequeño de este popular juego que da nombre a la novela de Cortázar, con materiales como óleo, grafito, arenas, acrílico y alambre, entre otros.

Los dos organizadores empezaron hace cuatro meses a convocar a los artistas y, posteriormente, llamaron a 11 escritores para que colaboraran en el catálogo.

Uno de ellos fue Juan Villoro, para quien Julio Cortázar es uno de esos escasos escritores que "parecen regalarte su amistad con lo que escriben", con sus "historias situadas en el frágil umbral entre la realidad y la fantasía", explica en su texto.

Esas historias, entre las que se encuentran su primera obra, Presencia (1938) y su libro de cuentos Bestiario (1951), entre otras, hicieron a Cortázar ganador de premios como el "Medici extranjero" y la Orden de Rubén Darío, máxima distinción literaria de Nicaragua, según despacho de EFE.

El artista Gustavo Monroy comparó Rayuela, ambientada en París y Buenos Aires, con el retrato de Dorian Gray, ya que al leerla "vuelve uno a ser joven" y la obra "no envejece".


aniversario
A 50 años de su primera edición se publica nueva edición de "Rayuela"
Incorporada definitivamente al paisaje cultural como una de las obras decisivas de la literatura argentina tras surgir como exponente de las vanguardias narrativas de los 60, Rayuela revalida la vigencia de Julio Cortázar en una edición conmemorativa lanzada por estos días en coincidencia con el 50 aniversario de su publicación.

Los méritos no han perdido impacto en la resignificación de época: baluarte de experimentación semántica y sintáctica que interpeló el rol del lector a la vez que ofició como una sutil representación contracultural evocadora de los contrates de una década vertiginosa, la obra que Cortázar comenzó a soñar en 1958 siguió el mismo derrotero de las vanguardias artísticas surgidas con pretensión subversiva y luego asimiladas por el canon.

Rayuela irrumpió en escena para demostrar todo lo que podía acontecer de novedoso si se abandonaba la solemnidad, la corrección e incluso la lógica, elecciones que postularon una ruptura con las formas clásicas de la narración que se agigantó con la propuesta de sacudir al lenguaje con nuevas expresiones, tal vez como una pretensión de ilustrar la imposibilidad de nominar la totalidad del mundo.

"Personalmente, creo no haber escrito nada mejor que `El Perseguidor`; sin embargo, en `Rayuela` he roto tal cantidad de diques, de puertas, me he hecho pedazos a mí mismo de tantas y de tan variadas maneras, que por lo que a mi persona se refiere ya no me importaría morirme ahora mismo", escribió Cortázar a su amigo Jean Bernabé en una misiva que integra el segundo volumen de Cartas, publicado por Alfaguara al igual que esta edición conmemorativa de la novela.

"Sé que dentro de unos meses pensaré que todavía me quedan otros libros por escribir, pero hoy, en que todavía estoy bajo la atmósfera de Rayuela tengo la impresión de haber ido hasta el límite de mí mismo, y de que sería incapaz de ir más allá”, define el escritor.

Ya desde la primera página, titulada "Tablero de dirección", Cortázar explicita su idea de romper el orden establecido y propone dos maneras alternativas de transitar las 600 páginas que siguen: de corrido -en cuyo caso el libro terminaría en el capítulo 56 siendo el resto "prescindible"- o según un itinerario no lineal en el que ubica como primero al capítulo 73, en cuyo caso todos los capítulos serían "necesarios".

"A mí se me ocurrió, y sé muy bien que era una cosa muy difícil, un texto donde el lector en lugar de leer consecutivamente una novela tuviera opciones, lo cual lo situaría ya casi en pie de igualdad con el autor, porque él también había tomado diferentes opciones al escribir el libro", explica el escritor en una entrevista publicada poco después de la aparición del libro.

La obra donde la Maga y Oliveira juegan al amor mientras deambulan de París a Buenos Aires y sobre todo, donde los lectores juegan a construir su propia novela dialogando o peleando con el surrealismo, lo fragmentario y lo poético, fascinó a tantos como sublevó a otros, aunque el tiempo ha disuelto el afán combativo de la mayoría de los segundos para cerrar filas en torno a una novela que está considerada entre las cien mejores del siglo XX.

Antes de entregar el manuscrito de Rayuela, que entró en contacto con los el 28 de junio de 1963, Cortázar tenía un bien ganado prestigio como cuentista a partir de obras como Bestiario (1951), Final del juego (1956) y Las armas secretas (1959) y había publicado ya otra  novela, Los premios (1960).

Aún no se había instalado la idea del "boom latinoamericano", cuyo disparador se produjo dos años más tarde con La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa y más tarde con Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez, pero de alguna manera el escritor argentino ya se había adelantado con su novela rupturista y experimental.

Ya sea por su ambición literaria y vital, su renovación de los pactos narrativos o su afán poético, Rayuela fue intensamente leída a través del tiempo con una curiosidad, asombro e interés que se condensa en esta edición conmemorativa que incluye un apéndice donde Cortázar narra la historia del experimento que buscó el más allá de todas las fronteras.

El lanzamiento de Rayuela viene acompañado de otras celebraciones relacionadas con el autor, ya que el 26 de agosto del año que viene se celebra el centenario de su nacimiento y unos meses antes, el 12 de febrero,  se cumplirán 30 años de su muerte.

En Buenos Aires habrá homenajes y celebraciones, entre ellas dentro de unos días se le colocará el nombre Rayuela a la Plaza del Lector, donde se encuentra la Biblioteca Nacional, en tanto que la Fundación Juan March de Madrid, donde se encuentra la biblioteca personal del escritor donada por su albacea Aurora Bernárdez, está terminando su proceso de digitalización que estará disponible en internet.

Obra cumbre
10 fragmentos de Rayuela
Se cumplen 50 años de la publicación de la novela de Julio Cortázar que revolucionó la literatura y escritura de la época y la convirtió en una de las 100 mejores del siglo XX. Con un total de 155 capítulos, una de las particularidades de Rayuela es la propuesta de lectura que ofrecía: la tradicional, del capítulo 1 al 56, y la del Tablero de dirección, saltando y alternando capítulos. Algunos de sus más memorables fragmentos, a continuación.
Cortázar hablando sobre Rayuela.

1"¿Encontraría a la Maga?...

...Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."  


2"¿Por qué stop?...

...Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa."


3"Pero el amor, esa...
...palabra...Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero."

4"Desde la ventana...

...de su cuarto en el segundo piso Oliveira veía el patio con la fuente, el chorrito de agua, la rayuela del 8, los tres árboles que daban sombra al cantero de malvones y césped, y la altísima tapia que le ocultaba las casas de la calle. El 8 jugaba casi toda la tarde a la rayuela, era imbatible, el 4 y la 19 hubieran querido arrebatarle el Cielo pero era inútil, el pie del 8 era un arma de precisión, un tiro por cuadro, el tejo se situaba siempre en la posición más favorable, era extraordinario. Por la noche la rayuela tenía como una débil fosforescencia y a Oliveira le gustaba mirarla desde la ventana. En su cama, cediendo a los efectos de un centímetro cúbico de hipnosal, el 8 se estaría durmiendo como las cigüeñas, parado mentalmente en una sola pierna, impulsando el tejo con golpes secos e infalibles, a la conquista de un cielo que parecía desencantarlo apenas ganado. «Sos de un romanticismo inaguantable», se pensaba Oliveira, cebando mate."


5"Me desperté y vi la luz....

...del amanecer en las mirillas de la persiana. Salía de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar a un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica de cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persiana, el alba. En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano. Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma."


6"Toco tu boca....

...con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

Cortázar lee este fragmento del Capítulo 7.

7" -Está en cualquier...

... buen tratado de filosofía -dijo tímidamente Gregorovius, que había hojeado entomológicamente las carpetas y parecía medio dormido-. No se puede revivir el lenguaje si no se empieza por intuir de otra manera casi todo lo que constituye nuestra realidad. Del ser al verbo, no del verbo al ser. -Intuir -dijo Oliveira- es una de esas palabras que lo mismo sirven para un barrido que para un fregado. No le atribuyamos a Morelli los problemas de Dilthey, de Husserl o de Wittgenstein. Lo único claro en todo lo que ha escrito el viejo es que si seguimos utilizando el lenguaje en su clave corriente, con sus finalidades corrientes, nos moriremos sin haber sabido el verdadero nombre del día. Es casi tonto repetir que nos venden la vida, como decía Malcolm Lowry, que nos la dan prefabricada. También Morelli es casi tonto al insistir en eso, pero Etienne acierta en el clavo: por la práctica el viejo se muestra y nos muestra la salida. ¿Para qué sirve un escritor sino para destruir la literatura? Y nosotros, que no queremos ser lectores-hembra, ¿para qué servimos sino para ayudar en lo posible a esa destrucción? -¿Pero y después, qué vamos a hacer después? -dijo Babs. -Me pregunto -dijo Oliveira-. Hasta hace unos veinte años había la gran respuesta: la Poesía, ñata, la Poesía. Te tapaban la boca con la gran palabra. Visión poética del mundo, conquista de una realidad poética. Pero después de la última guerra, te habrás dado cuenta de que se acabó. Quedan poetas, nadie lo niega, pero no los lee nadie -No digas tonterías-dijo Perico-. Yo leo montones de versos. -Claro, yo también. Pero no se trata de los versos, che, se trata de eso que anunciaban los surrealistas y que todo poeta desea y busca, la famosa realidad poética. Creeme, querido, desde el año cincuenta estamos en plena realidad tecnológica, por lo menos estadísticamente hablando. Muy mal, una lástima, habrá que mesarse los cabellos, pero es así. -A mí se me importa un bledo la tecnología -dijo Perico-. Fray Luis, por ejemplo... -Estamos en mil novecientos cincuenta y pico.-Ya lo sé, coño. -No parece."


8"El desorden en que....

...vivíamos, es decir el orden en que un bidé se va convirtiendo por obra natural y paulatina en discoteca y archivo de correspondencia por contestar, me parecía una disciplina necesaria aunque no quería decírselo a la Maga. Me había llevado muy poco comprender que a la Maga no había que plantearle la realidad en términos metódicos, el elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su denuncia. Para ella no había desorden, lo supe en el mismo momento en que descubrí el contenido de su bolso (era en un café de la rue Réaumur, llovía y empezábamos a desearnos), mientras que yo lo aceptaba y lo favorecía después de haberlo identificado; de esas desventajas estaba hecha mi relación con casi todo el mundo, y cuántas veces, tirado en una cama que no se tendía en muchos días, oyendo llorar a la Maga porque en el metro un niño le había traído el recuerdo de Rocamadour, o viéndola peinarse después de haber pasado la tarde frente al retrato de Leonor de Aquitania y estar muerta de ganas de parecerse a ella, se me ocurría como una especie de eructo mental que todo ese abecé de mi vida era una penosa estupidez porque se quedaba en mero movimiento dialéctico, en la elección de una inconducta en vez de una conducta, de una módica indecencia en vez de una decencia gregaria".


9"A la luz del fósforo....

...se veía el gorro de astrakán, una bata grasienta, unos ojillos rabiosos. El gorro proyectaba sombras gigantescas en la caja de la escalera, la Maga estaba fascinada. Oliveira se levantó, apagó el fósforo de un soplido y entró en la pieza cerrando suavemente la puerta. -Salud -dijo Oliveira-. No se ve ni medio, che. -Salud -dijo Gregorovius-. Menos mal que te lo sacaste de encima. -Per modo di dire. En realidad el viejo tiene razón, y además es viejo. -Ser viejo no es un motivo -dijo la Maga. -Quizá no sea un motivo pero sí un salvoconducto. -Vos dijiste un día que el drama de la Argentina es que está manejada por viejos. -Ya cayó el telón sobre ese drama -dijo Oliveira-. Desde Perón es al revés, los que tallan son los jóvenes y es casi peor, qué le vas a hacer. Las razones de edad, de generación, de títulos y de clase son un macaneo inconmensurable."  


10"Estos sujetos....

...creen con otros locos que no estamos en el mundo, que nuestros gigantes padres nos han metido en un corso a contramano del que habrá que salir si no se quiere acabar en una estatua ecuestre o convertido en abuelo ejemplar, y que nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo, como los famosos obreros que en 1907 se dieron cuenta una mañana de agosto de que el túnel del Monte Brasco estaba mal enfilado y que acabarían saliendo a más de quince metros del túnel que excavaban los obreros yugoslavos viniendo de Dublivna. ¿Qué hicieron los famosos obreros? Los famosos obreros dejaron como estaba su túnel, salieron a la superficie, y después de varios días y noches de deliberación en diversas cantinas del Piemonte, empezaron a excavar por su cuenta y riesgo en otra parte del Brasco, y siguieron adelante sin preocuparse de los obreros yugoslavos, llegando después de cuatro meses y cinco días a la parte sur de Dublivna, con no poca sorpresa de un maestro de escuela jubilado que los vio aparecer a la altura del cuarto de baño de su casa. Ejemplo loable que hubieran debido seguir los obreros de Dublivna (aunque preciso es reconocer que los famosos obreros no les habían comunicado sus intenciones) en vez de obstinarse en empalmar con un túnel inexistente como es el caso de tantos poetas asomados con más de medio cuerpo a la ventana de la sala de estar, a altas horas de la noche." 


Rayuela: capítulo 68
Quizás su obra cumbre, publicada en 1963.

Capítulo 68 de Rayuela.
Fuente:Telam

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