29 de julio de 2013

ENTREVISTA A CARLOS ULANOVSKY.

Entrevista a Carlos Ulanovsky
“Trabajo en eso que se llama envejecer bien”Por Deborah Maniowicz
24.07.2013
Publicó su primera novela pero desde hace 50 años se dedica al periodismo. Analiza los medios de comunicación y la relación con el Gobierno.

Foto: Horacio Paone

Carlos Ulanovsky es uno de los mayores conocedores de los medios de comunicación en la Argentina. En los últimos cincuenta años trabajó en míticas redacciones como el montonero diario Noticias y en La Opinión, publicó una veintena de libros analizando la historia de la prensa argentina en sus distintos formatos y fue uno de los fundadores de la escuela TEA, entre tantas otras cosas. Su única cuenta pendiente era escribir un libro de ficción y la saldó hace unos meses, cuando publicó Nunca bailes en dos bodas a la vez. A cincuenta años de sus inicios será homenajeado el 26 de agosto con el premio Sarmiento a la trayectoria en el Senado, y el 27 con el galardón Susini en Argentores.
“Estoy trabajando en eso que se llama ‘envejecer bien’, no convertirme en un viejo pelotudo. Los homenajes me alegran y me gratifican. Pensé bastante si no sería un imperdonable acto de narcisismo aceptarlos pero lo consulté con mis hijas y ellas me alentaron. Me los planteo como las presentaciones de los libros: como fiestas de cumpleaños en las que uno invita realmente a quienes quiere que estén”, dice. 

–En los homenajes se resalta constantemente que cumple “50 años de oficio”. ¿Por qué no considera al periodismo una profesión?
–Siempre lo vi como un oficio y muchas veces la vida me lo confirmó. Me siento semejante al tapicero o el electricista que se ganan la vida haciendo eso. Cuando me tuve que ir de la Argentina llegué a un par de lugares y cuando dije que era periodista me dijeron que me sentara en una máquina y lo demostrara. Y eso hice. Me senté a escribir y me gané la vida. Yo que no soy universitario ni tengo títulos terciarios siempre sentí que el periodismo me permitió desarrollar una carrera. Muchas notas fueron pequeñas introducciones a ciertas materias. Por ejemplo, cuando trabajaba en Clarín estaba de guardia un domingo y llegó un cable de dos líneas que decía: “Murió el psicoanalista Deleuze”. Y yo en mi vida había escuchado hablar de él y a las dos horas, después de algunos llamados y de haber ido al archivo, escribí 80 líneas sobre Deleuze. Y esa es la esencia del oficio: partir de la ignorancia casi total y entregar un trabajo digno. Siempre digo que mis 21 libros son 21 materias que hice para esta carrera informal.

–¿Cómo analiza que después de 38 años el gremio de prensa escrita haya tenido paritarias conjuntas de diarios, revistas, agencias y puntocom?
–La verdad que no seguí el proceso. Me enteré un día que fui a un acto en el Hotel Panamericano en el mismo momento donde había un paro y una movilización. Pero sí vengo advirtiendo y sufriendo en carne propia el tema de la precarización del oficio en todas sus ramas. Yo sitúo el inicio de ese momento con el cierre del primer diario Perfil, en 1998. Fue un hecho bisagra. Ahí los empresarios empezaron a apretar y luego vino el 2001 que agravó la situación. Yo, por ejemplo, había entrado a trabajar a La Nación en 1996 y mi situación se fue deteriorando año a año hasta que en el 2004 me pidieron interrumpir la relación de dependencia. Cuando hablo de que el momento actual es de baja creatividad periodística lo relaciono íntimamente con la precarización. El trabajo que antes hacían cinco personas en una redacción hoy lo hace una sola y las condiciones de trabajo también se han empobrecido de manera dramática. Y yo insisto en responsabilizar a quienes han enfatizado la precarización y no a los trabajadores. Dejé de colaborar en gráfica cansado de que o no me paguen o se tome de manera tácita que la nota que había hecho era en realidad una contribución. Y cuando el monto de la colaboración era respetable el tiempo que tardaban en pagar invisibilizaba la ventaja. Por otro lado, cuando perdí la relación de dependencia me hicieron firmar un papel que decía que no podía hacer más de 23 colaboraciones anuales y, Ley de Murphy mediante, nunca más las pasé. Dejé de colaborar y empecé a hacer libros. Me siento más gratificado y trabajo desde casa, donde puedo estar en pijama (risas).

–En varias oportunidades reitera que los medios de comunicación están atravesando un momento de transición. ¿Se refiere sólo a la irrupción de la era digital?
–Sí, claro, porque sigue estando la tensión entre el papel y el formato online y no se sabe bien adónde va a llevar. Imaginate que es un día laborable a las 7 de la tarde. Un millón de personas se enteran de que hay una huelga de ferrocarriles. Hay un millón de personas con teléfono celular, con la posibilidad de contar eso. Chau movileros y cronistas. Esto es comprometedor para nuestro trabajo.

–En los últimos años surgieron varios medios autogestionados como Mu, La Garganta Poderosa, El Teje, entre otros. ¿Forma parte de la transición?
–En esas revistas advierto que se está protegiendo el fuego sagrado de la creatividad. Veo La Garganta Poderosa y creo que está a kilómetros de cualquier medio consagrado. El solo hecho de haber pensado que el staff no iba a estar ocupado por gente concreta sino que el jefe de redacción es Rodolfo Walsh es un hecho de enorme creatividad y una renuncia del vedettismo que empezó a tener el periodismo. La propuesta de Mu también es interesantísima.

–¿Por qué se da ahora?
–Se da en los últimos treinta años... La democracia ha mejorado el porcentaje de libertad de expresión, que es enorme en la Argentina. Por eso me causa gracia cuando escucho a algunos que dicen que vivimos en una dictadura, en un lugar donde no se puede ejercer la libertad de expresión. 

–En el IV Congreso de Cultura, en Chaco, usted dijo que “estamos ganando la batalla cultural”. ¿A qué se refiere?
–Porque en materia cultural se hicieron un montón de cosas. Cuando escucho decir que las cautelares impiden la vigencia total y efectiva de la Ley de Medios pienso en los ciento y pico de programas que ya se hicieron a partir de concursos del Incaa y el Ministerio de Planificación. Esa es la prueba de que la Ley de Medios está vigente. Me da la sensación de que hay un cambio cultural en todo sentido. Por ejemplo, me pareció un gran cambio cultural recuperar los feriados de carnaval. También me parecen importantísimos los subsidios que da el Estado al cine, el teatro y la televisión. Tecnópolis forma parte de la batalla cultural ganada al igual que la conversión de la ex ESMA.

–¿Cómo analiza la relación del Gobierno con los medios?
–Es un momento bravo. Las redes sociales tienden a proteger lo perverso del anonimato. Ayer veía en 6, 7, 8 un bloque dedicado a los tweets y mensajes de Facebook de La Nación y Clarín en relación al nieto de la Presidenta y era muy triste porque era la prueba de un montón de compatriotas que no es que piensan distinto sino que persiguen el hacer daño. Por otro lado, sucede que si trabajás en una radio como Mitre te va a resultar muy difícil hacer algo plural. Y también advierto cosas negativas en los oyentes de la radio donde yo trabajo (Radio Nacional), donde si vos ponés al aire o traés gente que se aleja mínimamente del pensamiento oficial son capaces de enojarse muchísimo y eso está muy mal porque te condiciona y te limita la libertad de la cabeza.

–Hace unos días también dijo que “nunca vi como hoy, medios y periodistas que actúan y se manifiestan como si fueran verdaderos partidos políticos”.
–Algunos tienen frases propias de un político, como Lanata que recomienda a la audiencia votar “al que sea para que esta gente se vaya” y agrega: “Yo haré todo lo que esté a mi alcance para que esto ocurra”. En este momento muchos periodistas están cumpliendo un rol político. 
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“La novela levantó mi autoestima enormemente”
En un casamiento el músico se afana a la novia. La novela cuenta qué ocurre con ellos en esas seis horas que están afuera de la fiesta y lo que pasa dentro de la celebración en ese trance”. Con esas palabras Carlos Ulanovsky resume la temática de su primer libro: Nunca bailes en dos bodas a la vez, una comedia de enredos que publicó bajo el sello Emecé Editores.

–Leí que en realidad esta no es su primera novela, que una vez viviendo en México envió Soñar despierto a un concurso y como no ganó se deprimió…
–La envié a un concurso con toda la ilusión de que iba a ganar, ya que alguna gente que la había leído me dio mucha manija y cuando me enteré que no gané me provocó una enorme desilusión y eso me parece que influyó en mi vínculo posterior con la literatura. Pensé “esto no es lo mío”.

–¿Les teme a las críticas? 
–Una de las cosas buenas que tiene el periodismo es que uno se expone constantemente. Hoy con ese tema de las redes sociales todo es más salvaje. Pero sí, uno siempre tiene temor a las críticas desfavorables. Pero me gratificó tanto poder hacer esta novela, encontrar el tiempo para escribirla, terminarla, mandarla a una editorial y que me la aprueben que levantó mi autoestima enormemente.

–¿Cuánto tiempo le llevó escribirla?
–La escribí en el 2011 aunque la trama ya la tenía pensada de antes. Mantuve una rutina estricta de escribir todos los días lo máximo que podía.

–¿Hay elementos autobiográficos?
–Sí. El músico toca la batería y yo hubiera querido ser baterista... Cuando era chico e iba a fiestas con orquestas en vivo pasaba horas viendo al baterista y cuando les dije a mis viejos que quería estudiar, mi mamá trajo un piano a la casa sin consultarme y tanto mi hermana como yo tuvimos que estudiar piano. Después nunca estudié por temor a que no me guste.

–¿Tiene pensado publicar más libros de ficción?
–Tengo una novela terminada que se llama Nada más aburrido que ver filmar y tiene que ver con un director de cine, que yo imaginé como si hubiera sido (Leopoldo) Torre Nilsson, al que durante la dictadura lo prohíben o lo empiezan a hostigar hasta que el tipo se ve cercado, limitado. Es una novela de humor aunque con ese ingrediente político. Y ahí también aparecen elementos autobiográficos porque cuando pienso en ese personaje pienso en lo que me pasaba a mí durante la dictadura y los miedos que sentí. Calculo que en dos meses, cuando termine algunos proyectos, me voy a sentar a armar la edición final.
Fuente:Veintitres

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