8 de julio de 2013

MEGACUSA ESMA: TESTIMONIOS DÍAS 68 Y 69.

03 07 2013
TESTIMONIOS
Día 68. "Pido juicio y castigo a los culpables"

Fue el reclamo de Mirta Bailet, esposa de Carlos Pérez, detenido-desaparecido en la ESMA. Además, declararon Teresa Uriarte de Castro, por el caso de María Elisa Hachmann, y Hebe Palma, por el de su padre, Horacio Palma. 

El caso de Carlos Alberto Pérez Millan (nro. 821)
Fue privado ilegalmente de su libertad el 4 de enero de 1977 con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, aproximadamente a las 4:00 horas, en Castelar, Partido de Morón, Provincia de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de personas fuertemente armadas, quienes dijeron pertenecer a la Policía Federal. Carlos fue llevado a la ESMA, donde permaneció secuestrado bajo condiciones inhumanas de vida y continúa desaparecido.

El testimonio de Mirta Ana Bailet, esposa de Carlos
“La madrugada del 4 de enero de 1977 estábamos durmiendo en Parque Leloir, Castelar. Tenía 32 años. Mi esposo 56 y de ese matrimonio nacieron dos hijas, maría Florencia y María Guadalupe Pérez Millan. La hora exacta a la que empezaron a romper vidrios, mi esposo me despierta y me dice: ´están rompiendo vidrios´. Entraron a mi casa ocho personas con armas largas, vestidos de alpargatas, boinas negras, panalones tipo fajina, diría yo. Automáticamente, me separan de mi esposo. Tenía a Guadalupe en brazos, tenía cerca de cuatro años, no entendía absolutamente nada, lloraba y gritaba. Automáticamente, no lo vi a Carlos. Me preguntaban dónde estaban las armas y los archivos. No sabía de qué me estaban hablando, sólo lloraba, aterrada. En ese momento, se despierta mi hija María Florencia, que estaba por cumplir dos años. Me amenazan con las armas. En mi casa no había armas”, relató Mirta.

Carlos 
“Se lo llevaban en calzoncillos, esposado. Yo le pregunté qué pasaba a uno que tenía los ojos muy claros y me dijo: ´salí, yegua, correte´. Las nenas lloraban mucho. Lo único que pidió Carlos fue ponerse los pantalones. Cuando lo vi salir tenía los pantalones y una chomba, esa fue la última vez que lo vi”, dijo Mirta.
Luego agrego que “cuando se van grito: ´te amo, te quiero´ y escucho la voz de mi madre llamándome. Primero fueron a su casa a buscarla, la llevaron al Parque Centenario, la encapucharon y le decían que tenía que llevarlos a donde estaba Carlos, con el gatillo permanentemente la gatillaban, le repetían: ´tenés que llevarnos para encontrar a ese hijo de puta´. Mi madre no entendía, les decía: ´es un padre bueno´”. Su madre luego fue liberada.
“Busqué intensamente a mi esposo, porque no entendía la palabra desaparecido. Mis abogados me hacían los hábeas corpus y yo los llevaba. Presenté en Mendoza, Rosario, Provincia de Buenos Aires y Capital”.

Daños irreparables  
Mirta también contó que “el año pasado me enteré por los sobrevivientes de la ESMA que mi marido estuvo ahí. Mi madre murió sintiéndose culpable por haber traído a esas personas a casa”. 
“Hasta el día de hoy no sé por qué fue detenido y desaparecido Carlos. Tenía un primo hermano que pertenecía a la Marina, le dijimos que preguntara por qué y nos dijo que no podía, porque era el fin de su carrera. Su madre murió desconociendo todo, porque era mayor de edad y le decíamos que estaba en Uruguay”, relató Mirta, quien dijo que Carlos “era familiero, nos arruinaron la vida, no sé por qué”.
Para finalizar su declaración, Mirta dijo que “necesito saber por qué detuvieron a un hombre como Carlos, por qué destruyeron a una familia. Dejaron secuelas muy grandes. Nosotros no sabemos nada de Carlos. El recuerdo que tengo es de un hombre del que me enamoré perdidamente. Fue un hombre bueno con todo el mundo, le daba la mano al que la necesitaba. Pido juicio y castigo a los culpables”. 

El caso de María Elisa Hachmann de Landín (nro. 176)
María y Edmundo Ramón Landín (caso nro. 175) fueron privados ilegalmente de la libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 5 de enero de 1977 a las 22:00 horas, en su casa en Brown 20, en la localidad de San Martín, Provincia de Buenos Aires. El grupo estaba armado e integrado por al menos nueve miembros del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, quienes se trasladaban en dos automóviles de color blanco. María fue introducida a los empujones en uno de los vehículos y su esposo en el otro. Ambos fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron secuestrados bajo condiciones inhumanas de vida. 
María y Edmundo fueron torturados e interrogados sobre el hijo de ambos. Pocos días después fueron liberados con los ojos vendados cerca del Hipódromo de Palermo. 

El testimonio de Teresa Marta Uriarte de Castro
La testigo amplió su declaración en el marco de las reglas de Casación para abreviar los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad. Por lo tanto, a Teresa se le solicitaron precisiones sobre su testimonio anterior, dado que fue testigo del secuestro de María Elisa Hachmann. 
Lo primero que le preguntaron fue la dirección exacta: “vivía en la calle Brown, entre Tornquist y Madero, en San Martín”.  Luego le preguntaron sobre el operativo de secuestro: “eran dos personas, una entró al kiosco y nos dijo que no miráramos, pero no le hicimos caso y vimos cómo sacaron a María de su casa en un Renault 12 blanco”. 
Teresa también dijo que esas personas vestían “una camperita negra oscura” y que estaban armadas. Además, relató que María y Edmundo tenían cuatro hijos, “tres varones y una mujer. El esposo era farmacéutico y ella maestra, los chicos estudiaban. Vivían con ellos. Supimos que dos de los chicos fueron secuestrados. La farmacia estaba enfrente de casa, todavía está la cortina, la usan de garaje ahora”.

El testimonio de Hebe Mónica Palma, hija de Horacio Palma (caso nro. 190)
A los testimonios ya aportados por los familiares de Horacio Palma, hoy se sumó el de otra de sus hijas, quien no estaba en la casa en el momento del operativo de secuestro. “Sabíamos cómo se manejaba la Triple A y en marzo del ´76 supimos que se desaparecía gente. Éramos peronistas. En el año ´74, cuando vimos que se hacía difícil militar, lo dejamos”.

Chacras de Coria   
“Papá era contador y empresario. La relación con las Chacras de Coria la conocíamos, pero no sabíamos que la desaparición de él tuviera algo que ver con eso”, dijo Hebe, quien agregó que luego supo que “en la ESMA les hicieron firmar escrituras falsas a papá y a Victorio Cerutti”. 
Hebe también declaró que “todo lo que tenía papá se lo quedaron, no pudimos recuperar nada”, y que “presentamos un hábeas corpus. Me arrepiento de no haber ido nunca a Madres de Plaza de Mayo. Cuando desapareció papá nos fuimos a vivir con mi marido e hija a Córdoba”.
Para concluir, Teresa dijo que “no nos dieron posibilidad a él de juzgarlo ni a nosotros de verlo. No sabemos dónde está. Esto nos ayuda, pero no repara. Si lo encontráramos nos haría bien. En el momento que desapreció tenía una sola nieta, ahora tiene doce nietos”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 4 de julio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.



04 07 2013
TESTIMONIOS
Día 69. "Saber qué pasó con los desaparecidos es primordial", dijo la sobreviviente Rosario Quiroga


Además declaró José María Areta, hermano de Jorge y Joaquín, quienes continúan desaparecidos. 


El caso de Rosario Evangelina Quiroga (nro. 421)
El 15 de diciembre de 1977 fue privada ilegalmente de su libertad por personal de las Fuerzas Armadas de Uruguay. Eran las 8:30 horas de la mañana. Vestían de civil. Quiroga fue secuestrada con Rolando Pisarello (caso nro. 422) en la ruta interbalnearia del balneario Lagomar, de Uruguay. Fue sometida a una fuerte golpiza que le provocó una herida en la cabeza. Luego fue conducida a una residencia en la localidad de Carrasco, donde permaneció durante dos días. Allí fue torturada con golpes y “submarino húmedo”, fue colgada de sus manos con los brazos hacia atrás mientras la subían y bajaban. Además, debió escuchar cómo torturaban a Jaime Drí y Miguel Ángel Estrella. 
Dos días después fue llevada a una habitación, donde le sacaron la venda de los ojos y le presentaron a varios oficiales argentinos, entre quienes pudo reconocer al Teniente de Navío Raúl Scheller, alias “Mariano”, al Mayor del Ejército Juan Carlos Coronel, alias “Maco”, al Oficial de la Prefectura Naval Héctor Febres, alias “Selva”, y al miembro del Servicio Penitenciario Carlos Generoso, alias “Fragote”. 
Fue trasladada en avión a la Argentina junto a sus hijas. Al llegar fue llevada a la ESMA con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Mientras,  Alfredo Astiz y Roberto González llevaron a las niñas ( privadas ilegalmente de su libertad en Uruguay el día posterior al secuestro de Rosario) a un colegio de monjas ubicado en la Avenida Cabildo y Juramento, en la Ciudad de Buenos Aires.  
Rosario era apodada “Elena” y militaba en el Movimiento Peronista. En su cautiverio en la ESMA se le asignó el número 046 y fue sometida a condiciones inhumanas de vida. Su pareja, Oscar De Gregorio, también fue llevado a la ESMA. Estaba gravemente herido y Rosario presenció su muerte. La sobreviviente fue víctima de acoso sexual por parte del hermano de Acosta, el Mayo del Ejército Eugenio Acosta Aubone. Además, fue sometida al trabajo esclavo. Fue liberada con Lisandro Rául Cubas el 19 de enero de 1979. Decidió viajar  a Venezuela, a través de un pasaje comprado por la Armada Argentina en la agencia Cavisa (Compañía Argentina de Viajes Internacionales S.A.).

El testimonio de Rosario Quiroga
La sobreviviente dio testimonio por videoconferencia desde Caracas, donde vive desde enero de 1979. La testigo amplió su declaración, en el marco de las reglas de Casación para abreviar los debates por delitos de lesa humanidad y resguardar a los sobrevivientes de posibles revictimizaciones. 
Rosario repasó el momento de su secuestro en Uruguay, recordó que el 15 de diciembre de 1977, alrededor de las 8.30 de la mañana, ella y Rolando Pisarello salieron de su casa para trasladarse a Montevideo en autobús. Fueron interceptados por un grupo de hombres armados vestidos de civil, quienes los ataron, amordazaron e introdujeron a los golpes en un furgón. En el operativo, a Rosario le abrieron la cabeza de un culatazo.
Ella y Pisarello fueron llevados a un centro clandestino de detención ubicado en las cercanías del aeropuerto de Carrasco: “era una casa con aspecto medieval, pero no supe determinar todavía dónde nos tuvieron secuestrados”, relató Rosario. Allí fueron alojados en el Sótano, sometidos a torturas e interrogados por oficiales del SID y oficiales argentinos integrantes del Grupo de Tareas que actuaba en la ESMA. Tres días después, el 18 de diciembre, a Pisarello “lo trasladan con su mujer, María del Huerto Milesi, y su hijita María Laura (de 4 meses) a la ESMA. Finalmente, es liberado en marzo o abril del 79”, sostuvo la testigo.

Los verdugos
La testigo afirmó que pudo reconocer a varios de los imputados por los crímenes de la ESMA, a muchos de los cuales veía con frecuencia en el centro clandestino. Reconoció haber visto a Raúl Scheller y a Carlos Orlando Generoso: “Mi impresión es que la voz de mando la tenía Scheller”, declaró.
“Los miembros del GT (Grupo de tareas), tenían una relación especial con la persona que habían buscado o secuestraban, y las visitaban con frecuencia durante el cautiverio”, dijo Rosario. Cuando la fiscal le preguntó los motivos por los cuales le hicieron escuchar durante su cautiverio una grabación de Oscar De Gregorio, la testigo explicó que “una de las metodologías que tenía el GT 3.2.2 era hacerle creer al secuestrado que iba a vivir, darle esperanzas de vida propia y de vida para cualquier otra persona de la que le dieras información. Saber que De Gregorio estaba vivo era una forma de dejarme tranquila de que ellos y yo íbamos a vivir. Era la forma concreta que tenían para sacarnos información”.

La llegada a la ESMA
La fiscal le pidió a la testigo que detallara su vuelo desde Uruguay a la ESMA. “El avión era pequeño y subimos por atrás. Viajé con mis hijas y (Héctor) Febres estaba sentado detrás mío. Había un piloto y alguien más, pero yo no podía ver. Me quitaron la frazada que tenía en los ojos para no impresionar a las niñas, pero me prohibieron levantar la cabeza o mirar".

La fuga de Horacio Maggio
Horacio Maggio, ex Delegado de la Comisión Gremial del Banco Provincial de Santa Fe y militante de Montoneros, había sido secuestrado el 15 de febrero del ´77. En marzo de 1978 logró fugarse de la ESMA. En octubre de ese año fue capturado nuevamente y asesinado. Su cadáver fue exhibido en el estacionamiento del Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada, donde algunos de los detenidos fueron obligados a desfilar ante él. “En octubre de 1978 estaba regresando de una visita que hice a mis hijas en San Juan, y en el camino me dijeron que lo habían matado. Tenían el cuerpo en una camioneta y nos llevaron a que lo viéramos para saber lo que les pasaba a los que se fugaban. Mostrar a Maggio era para ellos una gran cosa, una especie de triunfo”, relató Rosario. 

Traslados de un centro de detención a otro
La testigo recordó los casos de detenidos que fueron trasladados de un centro clandestino de detención a otro, una práctica que según ella se daba habitualmente: “A mi actual marido, Lisandro Cubas, lo trasladaron a Bahía Blanca; a Miriam Lewin y Pilar Calveiro las trajeron de la Fuerza Aérea a la ESMA; a Nilda Orazi la trajeron de los Pozos Federales; a Jaime Drí lo llevaron a la Quinta de Funes en Santa Fe; a Ana María de Poblete la trajeron de Córdoba. Hay infinidad de traslados de un lugar a otro, incluso a nosotros mismos nos trajeron desde Uruguay”.

Las embarazadas
“A todos los médicos se los llamaba ‘Tomy’. Atendían los partos en la ESMA cuando no venían complicados y, si no, hubo algunos casos que fueron trasladados al Hospital Naval”, relató la testigo, quien recordó entre los médicos a Jorge Magnacco. “También había otro médico al que le decían ´Manzanita´, porque tenía los pómulos rojos; era bajito y de cara redonda”.
Rosario hizo un repaso por las distintas embarazadas que pasaron por la ESMA y con las que tuvo contacto o referencia de que habían dado a luz en ese centro clandestino. Entre ellas, Patricia Mancuzzo (Paty), quien dio a luz a un bebé el 15 de abril de 1978, a quien llamó Sebastián Rosenfeld, hijo de su compañero Walter Claudio Rosenfeld. También mencionó a Alicia Alfonsín de Cabandié, una joven a quien le decían Bebe, cuyo hijo, Juan Cabandié, nació en marzo. 
La fiscal continuó mencionándole nombres de mujeres embarazadas para ver si la testigo las había visto en la ESMA. Rosario recordó cada uno de los casos: Alicia Pereyra, dio a luz a Federico Cagnola Pereyra; Ana María Moyano de Poblete, quien tuvo una niña; Susana Pegoraro, también tuvo una niña; Susana Siver de Reinhold, “una embarazada a la que no vi, pero supe que tuvo su niña el mismo día que mataron a Norma Arrostito. Fue un revuelo ese día. Creo que se llamó Laura Reinhold Siver”. También mencionó a María Hilda Pérez de Donda, quien dio a luz a Victoria Donda Pérez; Patricia Roisinblit de Pérez Rojo, “la vi embarazada hacia octubre del 78, en un cuartito cerca del pañol, y después supe que tuvo un niño de nombre Guillermo” (Pérez Roisinblit).

Abuso sexual en la ESMA
Rosario debió soportar el acoso sexual al que la sometía el hermano de Acosta, el mayor del Ejército Eugenio Acosta Aubone. “Acosta me tomó como su protegida, me visitaba todas las semanas y pretendía tener relaciones sexuales conmigo. Una vez le dije que tenía que pedirle a ´los verdes´ que me obligaran porque por propia voluntad no lo iba a conseguir. Se fue muy enojado conmigo. La pretensión de Acosta era que Néstor Savio (alias Norberto) fuera el marino elegido para mí. En una oportunidad me llevó a la Costanera, me habló de lo mal que se llevaba con su mujer… Hubo acoso, pero lo pude manejar”, relató Quiroga, quien reforzó la idea de que eso les ocurría habitualmente a las mujeres cautivas en la ESMA. “Era una regla. Siempre un marino estaba destinado a una secuestrada. Sí hubo abuso sexual en la ESMA. Hay que pensar que ellos eran los dueños de la vida de uno, así que el abuso estaba implícito”.

Trabajo esclavo
Antes de viajar a Uruguay, Rosario trabajaba como técnica en el Departamento de Procesos Técnicos de las Bibliotecas de la Universidad Nacional de San Juan. Por sus conocimientos de bibliotecaria, fue obligada a realizar trabajo esclavo durante su cautiverio en la ESMA. “Trabajaba en la Pecera junto con Nilda Orazi. Me encargaron que ordenara el archivo del diario Noticias. Había que acomodarlo por fechas, como se podía, en cajas. En una de esas cajas pude ver las fotos de Alicia Zunino de Rossini, a quien conocía de San Juan de toda la vida, y ahí pude constatar que había estado en la ESMA”, contó la sobreviviente.
La fiscal le preguntó a la testigo por el Teniente de Navío Juan Carlos Rolón. “Estuve en el Sótano desde diciembre de 1977 hasta abril del 78. A Rolón lo comienzo a ver todos los días cuando subo a la Pecera, porque era responsable de los que hacíamos trabajo esclavo. Conversaba con nosotros en todo momento. En alguna oportunidad nos dijo que había sido muy condescendiente con nosotros. ‘Cuando me llegue mi Nuremberg recuerden como los traté’, nos decía. También pretendía que varios secuestrados se quedaran trabajando con ellos en la Argentina una vez en libertad”.

Robo de bienes
Rosario relató además que durante su cautiverio fue llevada a una casa de su propiedad en Munro, en la calle Israel al 2200. “Linares y Roberto González me llevaron a la casa a buscar los papeles para apropiársela. Después, Febres, Roberto González y Rádice me llevaron a una escribanía para firmar un poder. Supe que posteriormente esa casa fue utilizada para que trabajaran algunos secuestrados”. 

Norma Arrostito
“La matan en enero del ´78. Yo estaba en Capucha y me bajaban al Sótano durante el día. La vi en los pasillos. Tenía grilletes con una cadena bastante larga, el ruido de su caminar era muy especial, creo que todos los que estuvieron con ella lo recuerdan. Su muerte fue sumamente hablada. Además, la usaban muchísimo cuando caía alguien para sacarle información. Norma Arrostito era EL personaje en la ESMA”, dijo Rosario Quirogaen la audiencia de hoy. 

Dagmar Hagelin
Rosario también contó que supo del secuestro de Dagmar Hagelin, “la suequita”, por parte del GT 3.2.2: “Sé qué la hirieron y por eso la desaparecieron. El que la hirió fue Astiz. Lo supe por otros detenidos, porque eso fue un año antes de que yo entrara a la ESMA”.

Rodolfo Cionchi
Se le preguntó a la testigo sobre el imputado Rodolfo Cionchi, alias Gordo Tomás, acusado de torturar al sobreviviente Enrique Fuckman y de asesinar a Daniel Echeverría. “Es uno de los oficiales que le decíamos Tomás o Dogor. Mi recuerdo es de un italiano con unos cuantos kilos, bien blanco y con los pómulos colorados. Lo veíamos en el Sótano”, dijo la testigo. Asimismo, reconoció a Miguel Ángel García Velazco, alias “Dante”, un oficial de Inteligencia que integraba el Grupo de Tareas 3.3.2: “Dante tenía un hermano mellizo al que le decían Serra y pertenecía al SIN” (Servicio de Inteligencia Naval). Vi a personal del SIN en la ESMA”, declaró Rosario.  
“Hormiga era una auxiliar de Inteligencia”, aseguró cuando se le preguntó por Orlando González. “Yo lo vi en la ESMA, en el Sótano. Ahora me enteré que es fotógrafo y recibió premios. Era delgado, de pelo negro, estatura mediana, y le gustaba mucho hablar con los secuestrados”.
Se le preguntó si Monseñor Graselli tenía contactos con marinos. “Sí –respondió Rosario-. Él fue quien me ayudó a conseguir la visa para ir a Venezuela. No podía desconocer que había detenidos en la ESMA”. Además, la testigo expuso ante las cámaras un certificado de defunción de su primer marido, José Luis Herrero, con la fecha y el motivo de la muerte falseada. “Este documento me lo mandó a Venezuela el propio Monseñor Graselli, por pedido de los marinos”, dijo. 
Por último, le preguntaron a Rosario quiénes la habían acompañado a Ezeiza el 19 de enero de 1979, día en el que viajó a Venezuela con un pasaje comprado por la Armada Argentina, después de ser liberada junto con Lisandro Raúl Cubas, su actual marido. “Me acompañó Juan Carlos Rolón”, afirmó. “Ese día liberaron a cuatro: Alberto Girondo, Alicia de Pires, mi marido y yo. Tenía 26 años, los había cumplido adentro de la ESMA”.  
Para finalizar, Rosario Quiroga sostuvo que “me gustaría que se investigue sobre cremaciones hechas en Chacarita. Acosta me dice a mí que al cuerpo de Oscar De Gregorio lo van a quemar en el cementerio de Chacarita. Sería excelente poder investigar si eso fue destino de todos los cuerpos de la ESMA y poder conocer el destino de todos los desaparecidos, saber qué pasó con ellos es algo primordial”.

El caso de Jorge Ignacio Areta (nro. 221).
Apodado “Iñaki” o “El Correntino”, fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 23 de diciembre de 1976, en el Partido de Morón, Provincia de Buenos Aires. Posteriormente, fue conducido a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de detención. José Areta continúa desaparecido. 

El testimonio de José María Areta, hermano de Jorge
“Tengo información fragmentada sobre los hechos. El 22 de diciembre de 1976, en un supuesto enfrentamiento con Fuerzas de Seguridad, habrían matado a mi hermano en la zona oeste del Gran buenos Aires. El enfrentamiento habría comenzado en Morón y terminado cerca del Hospital Posadas, en Ramos Mejía”, contó el testigo. 
Luego agregó que “toda la información que recabé fue por llamados telefónicos y revisando diarios de la época, que hablaban de un supuesto enfrentamiento. Jamás tuve otra información. En base a esos datos, pude armar el relato, pero no había nombres ni nada más. El diario La Nación de la época publica una nota el 26 ó 27 de diciembre de ese año, en la que narra un episodio que describe lo que pasó, es una coincidencia, pero sin nombres. Con ese pude reconstruir parcialmente la historia”. 

La ESMA
José María contó que recibió dos versiones sobre su hermano. Una sostenía que estuvo en cautiverio en la ESMA, y la otra que “entró muerto el 23 de diciembre” a ese mismo centro clandestino de detención, tortura y exterminio. 

Los Areta
Era militante de la JTP y Montoneros. Según recuerda su hermano, estaba en pareja con una compañera de militancia llamada Dona. Jorge “tenía 29 años, medía poco menos de un metro setenta, era rubio, usaba bigotes y tenía una cicatriz de una neurocirugía en el lado derecho”, relató José María, quien tiene otro hermano desaparecido: Joaquín Enrique Areta.  
Las querellas le mencionaron a algunas víctimas y el testigo reconoció a Susana Quinteros: “fue una novia de mi hermano de la que se había separado un par de años antes de su desaparición. Era estudiante de arquitectura. Tengo entendido que apareció muerta en un enfrentamiento en La Plata en 1976”.

Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 8 de julio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales. 
Fuente:Esp.MemoriayDD.HH.ExEsma                         

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