6 de agosto de 2013

COLOMBIA.

LUNES, 5 DE AGOSTO DE 2013 
Crisis institucional en medio de una creciente movilización popular 
Por Alberto Pinzón Sánchez 
Una de las reglas de oro de la burguesía universal, es que cuando pierde, siempre responsabiliza de las pérdidas a los obreros. Regla aún más aplicable en los momentos de crisis capitalista. Y eso es lo que estamos viendo también en Colombia, este agosto del 2013, a raíz de la evaluación general de los tres primeros años de gobierno de JM Santos: Una Crisis, no solo económica o política sino ya institucional, en medio de una creciente y combativa movilización popular, que se pretende descargar sobre la mesa de la Habana. 

Muchas de las valoraciones que se han hecho a estos tres años de gobierno de JM Santos, han sido políticas y por lo tanto ligadas a los intereses de la clase dominante colombiana; aunque también ha habido algunas otras no tan abundantes, hechas desde la Izquierda. Sin embargo, faltaba el fetiche de los números, o la valoración cuantitativa que finalmente apareció el 28 .07. 13, en forma de encuesta patrocinada por RCN, La FM y Semana, tres de los medios de comunicación más comprometidos con el Poder dominante en Colombia. La publicaron impertinentemente completa, con miras a intoxicar a la opinión pública con una visión malintencionada, presentando la información (para ellos artículo de fe) como un asunto de imagen presidencial en campaña electoral. 

Pero a medida que se fueron conociendo los detalles, un poco más relevantes y se socializaron, empezó su ocultamiento y manipulación por parte de los tres medios dueños de la información. De entre los muchos porcentajes de la precepción de los colombianos sobre el desempleo, el pesimismo social, la mala evaluación del gobierno, el descarrilamiento de las locomotoras neoliberales del programa de gobierno, el pésimo manejo gubernamental de la protesta social, la reeleción y posibles rivales de JM Santos a derecha y a izquierda ect; apareció perdida una información sobre la confianza de los colombianos hacia “sus instituciones” , que una semana después ha sido suprimida. Decía así la encuesta original …

"Al consultar a los encuestados sobre su confianza en las instituciones; la Justicia salió mal librada con un 72% que dijo no confiar en esa institución; seguido por un 69% que afirmó desconfiar del Congreso de la República, y un 63% de las Altas Cortes. 

El 42% de los colombianos encuestados dijo desconfiar en las Fuerzas Armadas y, solo un 53% confía de éstas. 

Un 48% que dijo desconfiar en los Medios de Comunicación 

El 58% dijo que desconfía del Gobierno Nacional; 

El 50% desconfía de la Procuraduría

El 48% dijo no sentir confianza en la Contraloría” ..(1) 

Es un lugar común decir que una encuesta es una instantánea de un proceso, la cual para que sea completa debe ser correlacionada y contextualizada “cualitativamente” con datos de la realidad social. Paso este último que no se realiza en Colombia. 

Pues bien, si a esta información de la enorme desconfianza de los colombianos a “sus principales instituciones”, se agrega la creciente, consiente y combativa movilización social que se está dando en Colombia, por ejemplo en el Catatumbo o en las zonas de pequeña minería del occidente colombiano, no es difícil concluir que Colombia presenta una crisis institucional en medio de una definitoria y creciente movilización social, que empieza a rebasar la capacidad política del régimen para solucionarla. 

En medio de la contradicción entre las dos fracciones de la oligarquía colombiana cliente de los EEUU, visible en los dos modelos de desarrollo económico social neo-liberal en pugna, uno, el de JM Santos- Urrutia y otro, el de Uribe-Lafaurie , que no permitía ninguna opción “alternativa”; ha hecho irrupción por el medio, imponiendo después de casi dos meses de movilización social y popular, el modelo alterno Catatumbo y demostrando do plenamente que la lucha de masas organizada, unitaria y consiente, puede vencer en la calle la amenaza militarista y la represión fascista, e imponer el dialogo como forma de solucionar los problemas sociales más sentidos por la gente del común.

El bloque oligárquico del Poder ha visto la encrucijada en que está y como clase única que es, ha planteado finalmente el asunto de la Paz como fundamento de la salida de la crisis en que se debate, pero haciéndolo como si estuviera agarrado a un clavo ardiendo: La paz como asunto personal y electoral de JM Santos, y no como asunto de Estado. 

Y para superar los Zigzags o las ambivalencias ( frente a la Paz, frente a Uribe, frente a Capriles, frente a la OTAN, etc) que JM Santos ha tenido durante esto tres años como presidente, maniobrando para recomponer el régimen, para rendir a la Insurgencia guerreando en medio de la negociación, y para evitar las trasformaciones de fondo de la sociedad colombiana propuestas por la insurgencia; ahora, de repente “ se la Juega por la Paz” advirtiendo que “la Paz se politizó” ( lo cual era su plan original), es decir, viendo su reeleción embolata y para que “el espantajo” o coco” de Uribe no suba nuevamente al Poder; la insurgencia debe aceptar primero la rendición y luego, apoyarlo electoralmente. (Véase el editorial del periódico conservador Nuevo Siglo, del 04.08.13) 

Buceando un poco en las motivaciones que impulsan a JM Santos a buscar desesperadamente la reeleción presidencial en Colombia, la que el pueblo colombiano en un 60% rechaza, se puede encontrar: Primero, una motivación familiar que lo lleva a continuar (otros 100 años más) la hegemonía de esa familia afortunada y exclusiva sobre el bloque de clases dominante en Colombia. 

Segundo, una motivación económica, que no es muy difícil descubrir por ejemplo, para solo citar algunos casos notables, con su amigo Urrutia el embajador suyo en EEEUU, o con su otro amigo personal y de negocios el exministro israelí de exteriores, Shlomo Ben Ami, uno de los asesores del Gobierno en el proceso de paz. Ect 

Tercero, una motivación Jurídica, para eludir con el fuero presidencial, el proceso judicial que se adelanta en Ecuador por los hechos criminales de Sucumbíos, cuando se invadió esa hermana república para bombardear el campamento de Raúl Reyes. 

Y cuarto, una motivación política, neutral, basada en sus convicciones neoliberales aprendidas en su larga estancia en Inglaterra, que no tiene expresión en ningún partido político concreto y que le da lo mismo ser del partido Liberal de Gaviria o de Serpa o de Samper, o de Cambio Radical, o del partido de la U de Uribe, de cualquier otro multicolor sin Uribe , con tal de que le permita llegar a satisfacer su vanidad personal. 

La movilización combativa y unitaria de la gente del común (que se está dando y que viene) ha empezado a debelar todos estos misterios. ¿Será que podremos con ese umbral?

1) http://m.rcnradio.com/noticias/presidente-santos-sube-su-imagen-favorable-81275 

LUNES, 5 DE AGOSTO DE 2013
Aumentan asesinatos de defensores de derechos humanos en Colombia
PL
La cifra de asesinatos de defensores de derechos humanos en Colombia aumentó a un 27 por ciento, con 37 homicidios registrados en los últimos seis meses, según un informe difundido por la ONG Programa Somos Defensores.

"Bajan las agresiones, pero suben los homicidios, ¿qué pasa?", se pregunta en el reporte semestral la organización, que reveló que el índice de agresiones, aunque leves, disminuyeron de 163 a 153 con respecto al pasado año.

Sin embargo, apunta, los homicidios incrementaron en un 27 por ciento pasando de 29 a 37 asesinatos en comparación con 2012. La vida de los defensores y defensoras de derechos humanos en Colombia, señala el texto, es agredida cada vez más y con consecuencias fatales.

Además de las muertes, se registraron 86 amenazas, 21 atentados, seis detenciones arbitrarias, dos casos de uso arbitrario del sistema penal, y dos de robo de información, en la mayoría de los casos por grupos paramilitares, cuya participación en estos hechos aumentó 80 por ciento.

Entre enero y junio de este año, cada día fue agredido un defensor y cada cuatro fue asesinado uno de ellos, la mayoría en departamentos como Antioquia, Santander, Cundinamarca, Valle del Cauca y Chocó, agrega el informe.

Activistas sociales, líderes campesinos y personalidades políticas son víctimas de asesinatos, agresiones y amenazas.

En marzo último, la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos instó al Estado a implementar medidas eficaces para proteger la vida de los activistas y defensores rurales.
Fuente:Argenpress


EL GOBIERNO COLOMBIANO Y LA GUERRILLA DISCUTEN EL TEMA POLITICO
El tire y afloje de Santos y las FARC
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) propusieron la instrumentación de una comisión con compatriotas y extranjeros que estudie la historia de la confrontación desde el inicio de la violencia en ese país sudamericano. Poco antes de iniciarse otra jornada del diálogo de paz con el gobierno, la delegación guerrillera explicó que el propósito de la creación de ese ente reside en preparar el material requerido para evacuar el quinto punto de la agenda, referido a las víctimas. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (foto), aseguró por su parte que el tiempo empieza a conspirar en contra del proceso de paz con las FARC, que se inició en noviembre de 2012 en La Habana.

En un comunicado divulgado en el capitalino Palacio de Convenciones, la insurgencia recordó que el importante asunto de las víctimas debe ser asumido con sensatez, realismo y apego a la verdad, reseñó la agencia Prensa Latina. El equipo de las FARC solicitó que lo primero que haga la comisión sea iniciar la pronta revisión y complementación del Informe General del Grupo de Memoria Histórica, promovido por el gobierno. Y puntualizó que el ente deberá estudiar el tema de la violencia y su incidencia en los acontecimientos posteriores y en el surgimiento de la guerrilla colombiana.

Las FARC reiteraron que el Estado es responsable, por acción u omisión, de lo sucedido durante el conflicto, y agregaron que así lo reconoció el presidente Santos en la Corte Constitucional, tras sugerirlo el Informe General del Grupo de Memoria Histórica. En un informe difundido recientemente, este último indicó que en los últimos 54 años se registraron en Colombia 220 mil muertos, ocho de cada diez de ellos, civiles.

“Me gustaría que fueran más rápidos. Entiendo las dificultades para acelerar el proceso, pero estamos haciendo lo posible para hacerlo, porque el tiempo empieza a conspirar en contra”, dijo Santos en una entrevista de Caracol Radio. Para el mandatario, en las FARC hay voluntad de progresar en la agenda de negociación y es por eso que se mostró optimista con la posibilidad de alcanzar acuerdos. “Cuando vea que esto no tiene futuro, que no hay voluntad en la contraparte, ese día me levanto de la mesa y se terminan las negociaciones”, advirtió el jefe del Ejecutivo colombiano. Santos dijo, además, que para la guerrilla no hay alternativa al diálogo, ya que “si no hacen la paz ahora, les deja el tren de por vida”. “La guerrilla se está envejeciendo, ‘desideologizando’, dividiendo en compartimientos, y tener mando y control sobre una guerrilla después de 53 años de conflicto (sic) no es fácil”, dijo el presidente sobre el futuro que, a su parecer, les espera a las FARC si el proceso de paz no tiene éxito.

Santos reiteró finalmente que los hipotéticos acuerdos a los que se llegue con la guerrilla en Cuba serán consensuados. “El pueblo colombiano puede estar tranquilo de que cualquier cosa que nosotros acordemos en La Habana la vamos a refrendar ante el pueblo colombiano para ver si dice ‘me gusta el cuadro, lo compro’”, agregó. Las conversaciones entre el gobierno y las FARC siguen centradas en el tema de la participación política del grupo rebelde cuando se alcance la paz, que es el segundo punto de debate en la agenda pactada para el proceso.
Fuente:Pagina12


04.08.2013
Colombia
Santos aseguró que está "muy cerca" de comenzar el diálogo con el ELN
El presidente, Juan Manuel Santos, afirmó que las negociaciones con las FARC en busca de un acuerdo de paz “van bien” aunque “hay que acelerarlas” y reveló que están “muy cerca de comenzar” conversaciones similares con el ELN, la segunda organización guerrillera del país.
“Estamos muy cerca de comenzar esas negociaciones”, respondió Juan Manuel Santos a la consulta específica sobre la posibilidad de que el gobierno dialogue también con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en una entrevista publicada en su edición de hoy por el diario bogotano El Tiempo.

El mandatario volvió a condicionar esa posibilidad a que el ELN libere al geólogo canadiense Jernoc Wobert, al que secuestró el 18 de enero pasado.

“Si liberan al ciudadano canadiense y a otros secuestrados, habrá negociaciones inmediatamente”, aseguró Santos.

El gobierno inició el 19 de noviembre pasado, en La Habana, un diálogo con las FARC -la mayor organización guerrillera colombiana-, que aún está en marcha, en procura de alcanzar un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto armado que es incluso preexistente a ese grupo fundado en 1964.

(FL)“Si liberan al ciudadano canadiense y a otros secuestrados, habrá negociaciones inmediatamente”(A)Juan Manuel Santos, presidente de Colombia(A)(F)El ELN, creado poco después y bastante menos numeroso que las FARC, pidió en varias ocasiones ser incluido en las negociaciones, pero el gobierno denegó esa posibilidad hasta el 3 de julio pasado, en que Santos la admitió pero la supeditó a la liberación del canadiense.

El máximo líder del ELN, Nicolás Rodríguez, rechazó las condiciones impuestas por Santos en una carta divulgada ocho días después, pero el lunes pasado, en un comunicado difundido a través de internet, el grupo anunció la próxima liberación de Wobert.

En el interín, el 16 de julio Santos viajó a Cali para recibir allí a 30 miembros del ELN -entre ellos ocho mujeres, tres de ellas embarazadas- que decidieron desmovilizarse.

Con respecto a las FARC, el presidente afirmó que las negociaciones “van bien, con altibajos normales en procesos tan complejos”.

“Yo criticaría que van demasiado lentas y hay que acelerarlas”, agregó el mandatario, que en principio había fijado junio pasado como plazo para alcanzar el acuerdo y luego lo extendió a noviembre próximo.

“Veo que hay voluntad, pero, sobre todo, las FARC no tienen alternativa diferente a firmar la paz; los avances que hemos logrado me demuestran que hemos tomado la decisión correcta de iniciar este proceso”, sostuvo.

"Las negociaciones van bien, con altibajos normales en procesos tan complejos”
Juan Manuel Santos
Santos subrayó que, de lograrse la paz, “hay que hacer un gran esfuerzo para que esas personas tengan una nueva y mejor oportunidad en la vida”.

Pero “impunidad como la que tratan algunos de sugerir, no; no habrá borrón y cuenta nueva, ni total amnistía, ni total indulto”, advirtió.

El jefe del Estado reiteró que se busca aplicar en este caso la llamada justicia transicional, que permita la reincorporación de los guerrilleros a la vida civil.

“Es precisamente para permitir la transición de la guerra a la paz sin sacrificar los derechos de las víctimas: reparación, verdad y justicia; de eso trata el marco (jurídico) para la paz que estudia la Corte Constitucional”, destacó.

Los delegados del gobierno y las FARC anunciaron en mayo pasado un acuerdo sobre la cuestión de la propiedad de la tierra, el primero de los cinco temas de la agenda fijada para las negociaciones, y pasaron al segundo, acerca de la inserción de los guerrilleros desmovilizados en la vida política, que todavía está en discusión.

Las conversaciones se reanudaron el domingo pasado tras un receso de 19 días en el que subió la tensión entre las partes a raíz del recrudecimiento de los ataques de las FARC -en tres enfrentamientos en pocos días dejaron 22 militares muertos, seis heridos y 14 desaparecidos- y la reacción de Santos, que ordenó a las fuerzas armadas que “no dejen de disparar un solo instante”.

El jueves pasado, sin embargo, en declaraciones publicadas en un sitio web afín, tres de los principales líderes de las FARC afirmaron que la organización está dispuesta a pedir perdón a las víctimas del conflicto armado y ratificaron su “optimismo” acerca del diálogo que se lleva adelante en La Habana. 
FuenteTelam

Colombia acoge a UNITAS Caribe 2013, maniobras del Comando Sur de EEUU
Publicado el 8/03/13 en Contrainjerencia

Durante la segunda semana del próximo mes de septiembre, la Armada Colombiana será la anfitriona de los ejercicios UNITAS Caribe 2013, organizados por el Comando Sur (SOUTHCOM) de Estados Unidos.
En el 2012, 13 barcos de guerra de Brasil, Canadá, Colombia, México, el Reino Unido, República Dominicana y los Estados Unidos, participaron en la fase Atlántica del ejercicio anual.
El año pasado, fue en el medio de estos ejercicios que la nave estadounidense USS Anzio ha lanzado en aguas del Caribe un misil tipo crucero, “el primero lanzado por este barco en los últimos nueve años”.
En las maniobras, además del misil aire-aire, se dispararon fuegos de artillería, bajo el argumento de simular la respuesta ante una crisis entre dos naciones.

El misil lanzado fue un SM-2/RIM-66, utilizado para abrir fuego contra un objetivo aéreo no tripulado.
Este año, Colombia dispondrá de una flotilla de superficie y submarina compuesta por sus cuatro Fragatas FS 1500 (ARC Almirante Padilla -FM 51, ARC Caldas- FM 52, ARC Antioquia-FM 53 y ARC Independiente-FM 54) y sus dos submarinos oceánicos del tipo U209A-1200 (ARC Pijao-SO 28 y ARC Tayrona-SO29).

La operación UNITAS será el primer ejercicio en el que participarán las fragatas y submarinos colombianos después de la reciente repotenciación y modernización a los que fueron sometidos por la ARC a través de la primera fase del Plan Orión.

UNITAS es un ejercicio de naturaleza multinacional desarrollado por la Armada de los Estados Unidos.

FARC:
“Somos optimistas: es el momento de buscar la paz”
Publicado el 7/30/13 en Contrainjerencia

HERNANDO CALVO OSPINA / REBELION – Ni en La Habana han dejado su costumbre de madrugar. “Nos levantamos a las 4h30 para despertar a los gallos para que canten”, me dice entre sonrisas Ricardo Téllez, más conocido como “Rodrigo Granda”. Me han citado a las 7am para entrevistar a tres miembros del Secretariado, máxima instancia de dirección de las FARC. Ellos están al frente de los diálogos que adelanta la organización insurgente con la delegación del gobierno colombiano, en La Habana. A este gran salón de una casa de “El Laguito”, donde residen (1), llegan también “Iván Márquez” y “Pablo Catatumbo”. Granda enciende un cigarrillo y bebe la segunda taza de café. Márquez tiene un gran tabaco cubano en la mano, que encenderá “después del desayuno”. Catatumbo sorbe el café y me repite: “Si los tres vamos a decir casi lo mismo, ¿para qué entrevistarme?”. Es la primera vez que un periodista logra tener a estos tres dirigentes guerrilleros juntos.

Hernando Calvo Ospina : Comandantes, llevan siete meses dialogando, negociando con la comisión del gobierno con miras a un proceso de paz. ¿Aún son optimistas?
Iván Márquez : El optimismo de las FARC lo da la determinación de buscar una solución política a esta confrontación, que ya se acerca a los cincuenta años. Como ellos no nos pueden derrotar militarmente, ni nosotros a ellos, debemos buscar la alternativa. Además las circunstancias, las realidades de hoy, tanto en Colombia como en el continente, indican que es el momento de buscar una salida incruenta. Las guerras no son eternas. Y en este plano hacemos todos los esfuerzos que sean necesarios para llegar al entendimiento con el gobierno.

HCO : ¿Qué se siente al tener tan cerca al que se caracteriza como enemigo?
IM : Aunque estamos sentados en la misma mesa dos grupos con visiones muy encontradas, casi antagónicas, ahí tenemos que tolerarnos para entendernos. En una mesa de negociaciones se debe observar un respeto por la contraparte, y creo que eso se hace recíprocamente. Existen momentos con discusiones álgidas, fuertes, pero muy pronto las cosas vuelven a su nivel pues sabemos que debemos llegar a entendimientos.

HCO : Las negociaciones en la guerra se bailan entre dos contrincantes. A mí me parece que más emotividad le ponen ustedes.
IM : Tiene razón. En el gobierno siempre ha existido la tendencia a buscar el sometimiento de la guerrilla como sinónimo de paz, y no la paz a través de cambios estructurales. Se quiere una paz gratis para las oligarquías. Nosotros estamos haciendo grandes esfuerzos para hacer entender que se necesita generar una atmósfera para la paz, y que ella se puede lograr a través de transformaciones institucionales y políticas. Nosotros estamos seguros de que lo más importante para Colombia es garantizar una democracia real donde el soberano, que es el pueblo, determine las políticas estratégicas; donde la opinión de la gente sea tenida en cuenta sin que se le estigmatice y asesine.

HCO:   Quizás me equivoque, pero me parece que en varios momentos el presidente Juan Manuel Santos se ha querido echar para atrás.
Rodrigo Granda : No creo que se eche para atrás, pero sí parece acobardado. Es como si le tuviera miedo al ex presidente Álvaro Uribe, a los ganaderos, al poder narco-paramilitar y al sector cavernario en las Fuerzas Armadas. Santos se acobarda a pesar de tener el apoyo de un sector importante de los industriales, de los banqueros y las Iglesias. Por ejemplo, según informes que manejamos, Sarmiento Angulo, uno de los hombres más poderosos de Colombia, está con el proceso de diálogo (2). Las encuestas dicen que el 87% de colombianos también desea la paz. La correlación de fuerzas a favor de la paz es indiscutible. Fuera del uribismo nadie más habla de guerra. Pero parece que Santos no quiere enfrentar a esos sectores liderados por Uribe, entonces se envalentona con nosotros militarmente, y asume posiciones intransigentes que no permiten el correcto desenvolvimiento de los diálogos.
Sabemos que Uribe tiene preparados 13 mil paramilitares, que se conocen extraoficialmente como el “ejército anti restitución de tierras”. ¿Es que las Fuerzas Armadas y Santos no lo saben? ¡Claro que sí! ¿Es a eso que le teme Santos? ¿O es que él lo asume como parte de una posible maniobra contra nosotros?

HCO:  Es claro que Uribe intenta torpedear las negociaciones. ¿Será que quiere volver a la presidencia?
RG : Y lo desea para blindarse, porque tiene temor de ser enviado a Miami por narcotráfico; o a la Corte Penal Internacional de La haya por crímenes de Lesa Humanidad. A él le conviene que las negociaciones fracasen para presentarse ante el país como la solución. Aunque el “problema” de la guerrilla no lo resolvió en ocho años de gobierno.

Pablo Catatumbo : De todas maneras Santos y Uribe tienen la misma idea de las negociaciones: un proceso de paz por sometimiento. Están ciegos, sordos y bien errados, aunque se creen muy inteligentes. Y es ahí donde nosotros debemos seguir con sabiduría para demostrarles que están bien equivocados, y que así la guerra seguirá.

HCO:   Por las declaraciones que han dado, más documentos que he leído, ustedes están pidiendo reformas en las instituciones estatales y la modernización del mismo Estado, lo que puede ser contradictorio para una guerrilla comunista, marxista-leninista.
IM: En la mesa no estamos planteando cambios radicales a las estructuras políticas ni económicas del Estado. Ahí no se habla de socialismo ni de comunismo. Lo que buscamos es generar condiciones para llegar a un entendimiento con el gobierno. Un espacio donde encontremos las distintas visiones. Sabemos que por eso algunas organizaciones de izquierda, no sólo colombianas, ya dicen que nos volvimos una guerrilla reformista.

Hemos hecho propuesta mínimas, como las cien del sistema agrario, que como usted bien dice no son otra cosa que un proyecto de modernización del campo colombiano, pero es que allá estamos viviendo todavía en el feudalismo. Imagine que aún así encontramos resistencias del gobierno.

HCO : ¿Qué se ha firmado hasta ahora entre las partes?
RG : Aquí se han firmado algunas cosas, pero no son firmas definitivas porque nada está acordado hasta que todo esté acordado. Existen puntos en los que no logramos ponernos de acuerdo, y los dejamos para volverlos a discutir más adelante. De lo contrario no se avanza.

HCO: Diálogos en La Habana, y fuertes confrontaciones militares en Colombia…
RG : Es el gobierno quien no quiere un cese al fuego, por tanto el hecho de dialogar bajo fuego rige para las dos partes.

Nosotros sostenemos fuertes combates diarios, a un promedio de tres por día. Hemos hecho grandes acciones de carácter militar que ellos esconden a la nación. Ahora, ambas partes hemos decidido que todo lo que pase por fuera de la mesa no se debe reflejar ahí.

Nosotros hemos dado muestras de voluntad, como fue la tregua unilateral por navidad, aunque tuvimos que defendernos de las agresiones del ejército. Y lo que también se ha escondido es que en ese mismo lapso de tiempo las transnacionales pudieron aumentar sus ganancias, pues no tuvieron nuestra presión. Por eso es que uno de los motivos esenciales de acabar con las guerrillas, y como sea, es para que las transnacionales puedan robar lo que quieran con absoluta tranquilidad.

HCO : ¿Cuál es, hasta el momento, la principal intransigencia del gobierno en las negociaciones?
IM : Sin lugar a dudas es la determinación de no tocar la propiedad del latifundio, cuya mayor parte ha sido amasada a través del despojo violento. Eso le produce temor. Sus representantes, en los intercambios con nosotros, nos han dicho que se podrían “desatar los demonios del paramilitarismo”. Les tienen miedo a los ganaderos y latifundistas, a tocarles un tercio de los 30 millones de hectáreas que poseen, aunque ni vacas las transitan.

Pero una reforma agraria sin tocar la gran propiedad no es reforma. A la propiedad de la tierra hay que ponerle límites. El gobierno ni siquiera ha pensado en poner una tributación como forma de castigo para disuadir la tenencia de tierras improductivas. Cuando hemos propuesto gravar esas grandes propiedades, el gobierno responde que no hay censo confiable, pues no se sabe dónde están ni su extensión. Entonces sugiere que debe darse primero un catastro, el cual puede demorarse de 7 a 10 años. Lo que no dicen es que durante este tiempo los latifundistas pueden arrendar o vender esas tierras a las transnacionales, que es la estrategia en camino.

HCO : Si el gobierno colombiano se decidió a negociar con las FARC fue porque Washington estuvo de acuerdo. Ustedes saben que no es una exageración mía . ¿Cuál es la actitud política actualmente?
IM: Recientemente 62 congresistas de Estados Unidos, entre ellos dos republicanos, encabezados por Jim McGovern, suscribieron una carta de apoyo a los diálogos. Esta misiva fue enviada al secretario de Estado John Kerry. Este gesto altruista lo hemos saludado. Pero también la Casa Blanca y el Departamento de Estado han expresado su respaldo.
Claro, allá también existen sus divisiones de intereses pues el conflicto colombiano genera dinero. Las poderosas empresas constructoras de armamento no quieren dejar perder ese negocio.

HCO : Ustedes están decididos a dejar la lucha armada. ¿Qué tiene que ofrecerles el gobierno para que ello se logre? Y ustedes, ¿en qué se transformarían?
RG : El presidente Santos, durante el carteo inicial que tuvo con nosotros, nos dijo que deseaba abrir las compuertas a una democracia real en el país. Eso nos llamó la atención, porque nosotros nunca hemos dicho que la lucha armada sea el único camino para cambiar al país. Nos levantamos en armas, y seguimos con ellas, porque con violencia han cerrado las puertas a la participación política.

Es que si se abre la posibilidad de hacer política legal, sin la amenaza permanente del asesinato, en igualdad de condiciones y se hacen unas reformas políticas que puedan enrumbar al país hacia la democracia participativa, nos apuntamos. Porque se podría crear una correlación de fuerzas favorable al movimiento revolucionario, que encaminen las transformaciones radicales necesarias. Nosotros aceptamos ese reto.

PC : Se necesita construir un movimiento de masas fuerte que imponga los cambios, pues el establecimiento no regala. Esa es una tarea de nosotros, los militantes de izquierda y los demócratas. La sabiduría está en armar un bloque de poder que aglutine a todos los que estamos por una nueva Colombia. Ese es el reto, y no es pequeño.

Pero mire usted, mientras hablamos de ello en la mesa de negociaciones sigue la represión por todo el país. El gobierno no ha variado un ápice en cuanto al tratamiento de la protesta social: la estigmatiza, asociándola con las guerrillas para poderla criminalizar y arremeter a tiros. Y si existe algo que tenemos muy en claro es que no estamos dispuestos a repetir la experiencia de la Unión Patriótica, donde asesinaron a casi 4 mil militantes y dirigentes (3).

La historia, cuando no se manipula, no miente: los violentos han sido ellos. Cuando a los enviados del gobierno en estas negociaciones se la recordamos nos dicen que no están ahí para saber de eso. ¿Por qué? ¿De qué les da temor o vergüenza? Si no se conoce la historia de violencia política en Colombia, ¿cómo vamos a saber el por qué llegamos a la situación actual y cómo resolverla?

IM : Hay tres puntos en la agenda a tratar: garantías para ejercer la actividad política, la participación política y el cese al fuego bilateral y definitivo. En este último se hablará de la dejación de armas y en qué condiciones. Pero entiéndase bien: no es entrega de armas. No podemos extendernos ahora en estos puntos hasta que no se discutan en la mesa, y serán de los últimos en la agenda.

HCO : ¿Y qué va a suceder con el paramilitarismo?
IM : Tiene que erradicarse de manera definitiva, porque sin ello no habría ninguna certeza para una organización insurgente que se incorpore a la vida política legal. Esa es una condición insalvable para poder llegar a un acuerdo de paz. Y es el gobierno quien tiene que dar la orden a sus generales de detener esa estrategia contrainsurgente del estado.

HCO : ¿Ustedes están decididos a pedir perdón por la parte de sufrimiento que han causado en esta guerra?
PC : Hemos cometido errores, algunos graves, es cierto. Pero diga lo que diga la propaganda, la agresión a la población no ha sido una estrategia de las FARC. Al contrario, la hemos defendido del ejército y sus paramilitares, principalmente en el campo.

Yo no tengo problema en decirle a una señora, a una familia: “siento el dolor que le hemos producido con la muerte de su ser querido.” Pero esto es mucho más complejo. ¿Hay que pedir perdón? Muy bien. Entonces que se sienten con nosotros los gremios económicos que han financiado la guerra y a los paramilitares; que vengan todas las instituciones del Estado, pues ellas están encuadradas para la represión y la impunidad; también los grandes medios de comunicación, porque reprodujeron las estigmatizaciones de los organismos de seguridad que antecedieron a los asesinatos y masacres; los partidos políticos de derecha también deben sentarse y presentar sus grandes responsabilidades; los ex presidentes de la república que dieron las ordenes. ¡Es que ni la Iglesia católica puede eludir sus culpas! Y no pueden quedarse por fuera de ese acto de responsabilidades los gobiernos de Estados Unidos, Israel, ciertos países de Europa y los demás que han apoyado a los distintos gobiernos criminales de Colombia. Sentados todos, sí podemos ver quiénes han sido los terroristas y asesinos del pueblo.

HCO : Ustedes señalan, y con razón, al gobierno, sus Fuerzas Armadas y a los grandes medios de comunicación como responsables de la guerra sicológica y de propaganda contra la insurgencia. Pero creo que un importante sector de la llamada intelectualidad se ha ensañado contra la lucha armada que hasta ayer apoyaban.
PC: La mayoría de intelectuales en Colombia, y seguramente en el mundo, sufren de cobardía, de acomodamiento o ambos. Casi todos se dejaron meter por el sistema en la matriz de la mentira, y los utilizan para “teorizar”, crear y repetir falsedades. Muchos se la pasan haciendo discursos contra la manipulación de los medios, pero cuando el sistema arranca en campaña contra un objetivo, ellos empiezan como los loros.
En el caso colombiano, el sistema les metió a la cabeza que las guerrillas somos culpables de todo. A pesar de que muchos de ellos se creían, o se creen, de izquierda, corearon que somos responsables de la violencia, el narcotráfico, el secuestro, la pobreza, del alza de la gasolina y de los plátanos. Le aseguro que si mañana los pájaros dejan de cantar, esos “intelectuales” repetirán lo que diga el gobierno y sus medios: la guerrilla es culpable. Han caído en tal pobreza investigativa y de raciocinio tal que sus análisis y teorías no soportan el mínimo debate, por lo menos con nosotros. Bueno, ellos piensan que si debaten con nosotros después los matamos. Ni siquiera son capaces de caer en cuenta que si fuera así, en Colombia ya quedarían poquísimos “intelectuales”. El cerebro no les da para observar que quienes guardan su independencia intelectual y política, son a los que el gobierno señala de ser amigos o cómplices de la subversión.

HCO : Debo reconocer, y ya es para terminar, que no soy muy optimista con estos diálogos. Yo creo que Colombia y los colombianos se merecen una paz con justicia social, pero conozco al Estado colombiano, conozco a Estados Unidos que es su sostén y quien al final decide. Ojalá que esa larga noche que impuso el terrorismo de Estado se detenga y por fin amanezca. Lo deseo de todo corazón.
PC : Mire, las condiciones políticas en América Latina han cambiado. ¿Quién se iba a imaginar lo que pasó en Venezuela y Bolivia con la llegada de Chávez y Evo? ¿Quién iba a imaginar que llegarían otros gobiernos en América Latina para exigirle a Estados Unidos el respeto a la soberanía? Existen cosas impredecibles, como fue el fin de la Unión Soviética.

En Colombia existe un acumulado de hambre, exclusión, injusticias y represión. Llega un momento en que la gente no aguanta más. Existe un acumulado de procesos larvados que pueden saltar en cualquier momento. Existe una ebullición que podría estallar mañana mismo.

Además la problemática colombiana no es una isla. Los países vecinos están presionando al gobierno porque ya están cansados de que el conflicto les afecte. Venezuela tiene unos 4 millones de desplazados; Ecuador casi dos millones. Creemos que existen de 13 a 15 millones de colombianos en los países limítrofes, o sea, la tercera parte de la población colombiana. Y estos países deben darle vivienda, alimentación y salud. ¿Hasta cuándo? A ello súmele los gastos para resguardar las fronteras. ¡Todo porque el Estado colombiano insiste en no negociar un conflicto que no va a ganar! Nosotros les hemos pedido a los representantes de esas naciones que le exijan al colombiano que haga la paz para que regresen los compatriotas.

Somos optimistas. Los revolucionarios debemos de ser optimistas, hasta en las peores situaciones. Y nosotros creemos que la paz llegará a Colombia porque la merecemos. La otra perspectiva es la guerra total. Por eso digo que es el momento, aunque no es fácil. Este proceso de paz es demasiado complejo, pero creemos que es posible. Insistimos en luchar por la paz, y por eso no vamos a cruzarnos de brazos.
Yo sí tengo esperanzas, a pesar de que al poder y a la oligarquía colombiana les hace falta grandeza y humildad para empezar a solucionar este conflicto.
NOTAS:
  1. Como “El Laguito” se conoce un conjunto residencial en La Habana. Sus casas, casi todas de dos plantas, están separadas por arboles y jardines. En el centro hay un pequeño lago. Desde noviembre 2012, en este sereno entorno se alojan las delegaciones de las FARC y del gobierno colombiano.
  2. Según la revista Forbes (edición 2012) Luis Carlos Sarmiento Angulo figura como el primer multimillonario de Colombia, y ocuparía el puesto 64 en el mundo.
  3. La Unión Patriótica nació en 1985, como resultado de los diálogos entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC. Según dictaminó la justicia colombiana, contra ella existió un “genocidio político”.
(*) Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, residente en Francia y colaborador de Le Monde Diplomatique. Su página web: http://hcalvospina.free.fr/


Colombia: El martillo de la historia
Las guerras no terminan cuando se cuentan los muertos sino cuando se eliminan sus causas.
William Ospina / El Espectador (Colombia)




Por eso el tremendo informe que ha presentado el Centro de Memoria Histórica, con las cifras del conflicto que hace medio siglo arruina física y moralmente a Colombia, no puede ser el final de un proceso, sino el comienzo de un examen muy serio de cuáles son las causas que hicieron que hayan muerto por el conflicto 220.000 personas y sólo 40.000 en el campo de combate, que se hayan degradado hasta lo indecible los métodos de exterminio, se haya expulsado de sus tierras en medio del horror y el desastre a cinco millones de personas y se haya profanado una vez más la dignidad de la Nación.

Porque esas cifras escalofriantes son apenas la punta del iceberg de la catástrofe colombiana. No sólo hay que preguntarse qué ser humano muere bajo el balazo, el machete o la motosierra, sino qué ser humano se degrada y se destruye cometiendo ese crimen. Y si a algo nos deben conducir estas cifras tan necesarias es a la comprensión de que la guerra no es la estadística: que detrás de unas cifras que forzosamente los diseñadores gráficos convierten en bellas tipografías y en íconos de colores hay largas jornadas de terror, incontables horas de angustia, ríos de desesperación, miles de hijos huérfanos de sus padres y miles de padres huérfanos de sus hijos. Y noches de desvelo, y desembarcos monstruosos, y fiestas de sangre, y violaciones aterradoras, y torturas desesperantes, y el fuego del odio en los ojos, y el hastío de la maldad, y las moscas de la muerte.

Las cifras corren el riesgo de ordenar el caos y de invisibilizar el infierno. Las frases eufónicas y definitivas con que se reacciona ante estos hechos tienden a hacernos pensar que el horror ha terminado, que estamos pasando la página. Un informe valeroso, que tiene el deber de conmovernos y de hacernos reaccionar, corre el riesgo de ser considerado una suerte de veredicto histórico que declara concluido el episodio macabro. No de otra manera a lo largo de un siglo de afrentosa tiniebla hemos cantado contra toda evidencia: “Cesó la horrible noche”, cuando posiblemente la noche siguiente iba a ser peor.

Las cifras pueden hacernos creer que en un conflicto tan irregular como el que está viviendo Colombia, todo puede ser descrito en términos bélicos de confrontación. Llamamos “ejecuciones extrajudiciales” a los asesinatos cometidos por la Fuerza Pública, como si en un país donde está prohibida la pena de muerte hubiera la posibilidad de ejecuciones debidas a un juicio. Y hay que preguntarse si muchas otras muertes, que no ocurren en el campo de batalla entre paramilitares, guerrillas y Fuerzas Armadas, no son atribuibles al conflicto o no son potenciadas por él.

Resulta asombroso que la odiada guerrilla, contra la que se ha levantado la sociedad en masivas manifestaciones de rechazo a prácticas tan repudiables como el secuestro o el minado de campos, sea responsable apenas de una tercera parte de los hechos atroces consignados en el informe, y que casi dos terceras partes de esos hechos se deban a los paramilitares y a su alianza con lo que solemos llamar “las fuerzas del orden”.

Las preguntas más terribles vienen después. Al cabo de cincuenta años de matanzas, que aquí le atribuimos al conflicto, ¿no será necesario buscar causas más hondas? Esta estadística, que comienza más o menos en 1963, es la continuación de otra estadística, la de la Violencia de los años cincuenta, que le costó al país otros 300.000 muertos. Pero este medio millón de muertos mal contados, de masacrados, torturados, desaparecidos, secuestrados, y estos ocho millones de desplazados en los últimos setenta años, ¿no corresponden a una enfermedad más extendida y que es necesario analizar de un modo más profundo?

Finalmente: ¿qué responsabilidad le cabe a la dirigencia que ha tenido el país en sus manos durante los últimos cien años en este desangre inhumano? ¿No era a ella a quien le correspondía educar a la comunidad en pautas mínimas de civilización, incorporar a millones de personas a un orden de mínimas oportunidades y de garantías sociales, construir un Estado operante, formarnos a todos con el ejemplo y la responsabilidad, ya que ha sido tan aguerrida en la defensa de sus privilegios políticos y de su dignidad social?

¿O vamos a echarles la culpa, como nos gusta, de los males de la Nación, a las comunidades siempre postergadas, a los pobres que se murieron por décadas a las puertas de los hospitales, a los que han huido sin rumbo noche a noche perseguidos por los machetes, alumbrados por los incendios, y despreciados en las ciudades adonde llegaban, o a los 180.000 civiles muertos por este conflicto? ¿Qué van a decir ahora los grandes poderes y los partidos políticos que nos gobernaron?
Hay responsabilidades que van más allá de la estadística y del código penal. Altas responsabilidades históricas que corresponden a quienes tuvieron en sus manos el poder de construir un país civilizado, los recursos para modificar terribles realidades de injusticia y de marginalidad, el acceso al conocimiento y el contacto con el mundo para saber cómo se construyen de verdad sociedades orgullosas y dignas.

Frente a estas tremendas evidencias de la irresponsabilidad, de la mezquindad y de la pequeñez histórica, no bastará con mostrar ojos asombrados y rostros compungidos. Hay que modificar con urgencia el tremendo cuadro de injusticia y de impiedad en que vivimos, o esperar el martillo de la historia.

Publicado por Con Nuestra América -
.sábado, 3 de agosto de 2013
Envío:Amarelle                    

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