24 de noviembre de 2013

CRISTINA FERNANDEZ, EN EL EJE DEL PODER Y DE LA POLITICA.

CRISTINA FERNANDEZ, EN EL EJE DEL PODER Y DE LA POLITICA
Difícil de negar
El impactante regreso presidencial desbarató operaciones y conjeturas. El nuevo gabinete ataca los déficit de conducción política y económica. Incentivos para el PJ y La Cámpora, homogeneización del equipo económico, apertura de relaciones con los gobernadores, los sindicatos de patrones y de trabajadores, la oposición y el Congreso. La restricción externa y una contradicción con la base social propia en el Código Civil y Comercial. El fantasma de Cafiero y el teléfono de Francisco.
Por Horacio Verbitsky

Imagen: DyN
“Hay algo difícil de negar. Por ausencia o por presencia, siquiera fugaz, Cristina Fernández sigue siendo el eje del poder y de la política en la Argentina”, sostuvo el miércoles 20 el principal columnista político del matutino Clarín. “Con un video casero, un discurso previsible y un recambio módico de funcionarios, retomó el poder. Aun en su crepúsculo, acariciando un perrito y repitiendo consignas, se puso a la política otra vez en el bolsillo”, coincidió ayer un analista central de La Nación. Son amargas confesiones de los medios que desde hace cinco años avizoran derrotas e ignominias y toman por la realidad sus siempre fallidas expresiones de deseos, compulsión que se exacerbó durante el mes y medio de ausencia presidencial. El gobierno ya les tomó el tiempo y les hizo comer varios amagues. La primera reacción ante el retorno de Cristina, idéntica a sí misma pero más descansada y sonriente, fue que el video era una operación de marketing sin anuncios de fondo. Tres horas después se conocieron los cambios en el gabinete nacional. El martes, otro comentarista y diversos dirigentes de la oposición política afirmaron que nada había cambiado ya que Guillermo Moreno seguía en su cargo. Un día después Clarín se consoló con una interpretación autocomplaciente: “Al final Cristina tuvo que echar a Moreno”, como si alguien se lo hubiera impuesto.

Círculo virtuoso
Esa centralidad de CFK volvió a ponerse de manifiesto con las simultáneas designaciones en la jefatura del gabinete de ministros y en el ministerio de Economía. En una misma movida resolvió de modo armónico los problemas de conducción política y económica que se habían ido acumulando, dada la antigua relación entre los nuevos ministros. Egresado de la maestría de Administración y Políticas Públicas que el politólogo Carlos Acuña dirigía en la Universidad privada de San Andrés, Jorge Capitanich tuvo como asesor en el Senado al ahora ministro Axel Kicillof, cuya especialidad es la obra de John Maynard Keynes, tiene bien estudiado a Marx y ninguno de sus bisabuelos fue rabino. De este modo Cristina reordenó el nexo entre dos alas fundamentales de su movimiento, La Cámpora y el Partido Justicialista, que se sienten contenidos con el cambio. Esto no equivale a decir que los roces desaparezcan por completo. Pero cada uno ha recibido un aliciente para no olvidar que forman parte de un mismo proyecto y que el aguzamiento de las contradicciones tendría consecuencias nocivas para todos. Además tiene la virtud de liberar a la presidente de una parte de su pesada rutina. “En vez de veinte horas por día sólo tendrá que trabajar diez”, se afirma con alivio en su intimidad. “Así, podrá dedicarse a las políticas y estrategias de fondo.” Menos sostenible aún era la situación en el inexistente equipo económico. En los meses previos a su operación, Cristina debió mediar demasiadas veces entre Hernán Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont, Kicillof y Moreno a quienes sumaban también sus opiniones y propuestas Amado Boudou, Julio De Vido y Débora Giorgi. La nueva conformación del gabinete implica una marcada homogeneización, ya que De Vido coincidió con Kicillof en la sintonía fina para que los subsidios vayan a los sectores más necesitados y no al consumo suntuario. No es de extrañar que los mismos sectores que reclamaban un ministro de Economía fuerte, se lamenten ahora por el ascenso de Axel. Cuando decían un ministro fuerte, querían significar una presidente débil. La nueva fórmula sólo cumple con el primer término.

Problemas estructurales
Más allá de las disposiciones coyunturales para frenar la enésima corrida contra las reservas del Banco Central, subsisten problemas estructurales sobre los que será ineludible actuar, para que la restricción externa no estrangule el crecimiento, con sus peligrosas consecuencias sociales. La economía argentina ha tenido una evolución excepcional desde la asunción de los Kirchner: estuvo cerca de duplicar el promedio de crecimiento de Brasil, casi triplicó el de México, cuadruplicó el estadounidense y fue siete veces mayor que el europeo. Pero en el promedio del primer quinquenio el crecimiento argentino rozó el 9 por ciento anual y en el segundo no superó el 5 por ciento. Las condiciones nacionales e internacionales hacen previsible que los próximos años incluso estén por debajo de esa última cifra. Que no haya una marea que haga subir todos los botes, como en los primeros años, cuando era posible compatibilizar las ganancias extraordinarias del capital con las mejoras de la ocupación y del salario, obliga a discutir sin más dilaciones el modelo de acumulación de capital y a actuar sobre las vertientes centrales de la reaparecida restricción externa. Hace dos años, cuando el precio del barril de petróleo superó los cien dólares, el gobierno empezó a prestar atención al peso de los combustibles sobre la balanza comercial. A partir de entonces el saldo energético pasó a ser negativo. La respuesta fue la recuperación de YPF, en lo que Kicillof tuvo un rol central. Pero si se observa el cuadro que se publica en esta página, elaborado por el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), el equipo de investigación económica social de la CTA, coordinado por Eduardo Basualdo, se apreciará que el déficit energético, que en 2012 fue de 2.500 millones de dólares, palidece ante el del complejo automotriz, que es casi del doble, y el del sector de bienes de capital que apunta a triplicarlo. Entre los tres, devoraron tres cuartos del superávit comercial de 2011 y la mitad del de 2012. El consumo suntuario, que será mejor gravado, y el turismo, son otras tantas vías de la hemorragia que requieren acciones prontas. Tanto el cuadro de situación automotriz como la tecnología del destornillador implantada en Tierra del Fuego, reflejan la enorme extranjerización de la economía argentina. Con una integración de partes nacionales que apenas excede del 20 por ciento, el complejo automotriz arrojó en 2012 un desequilibrio de 4400 millones de dólares, que llegó a 6850 millones en el caso del sector de bienes de capital. La industria automotriz fue un gran dinamizador de la producción, el empleo, las exportaciones y el consumo, pero no puede seguir siendo por tiempo indefinido el principal motor del crecimiento. Peor es el cuadro de Tierra del Fuego: su déficit es mayor, los niveles de empleo son menos significativos y no han tenido éxito los intentos de avanzar en la integración de partes nacionales, aún las más elementales. Los armadores de la isla aceptaron adquirir tornillos nacionales, pero luego los tiraron en vez de colocarlos en los productos, ante la amenaza de los proveedores de cancelar el trato. Esto encarece los precios en vez de reducirlos y debilita el argumento de quienes creen posible pasar de la maquila a la industria nacional, entre quienes no se cuenta Kicillof. Es ostensible la dificultad de compatibilizar los lineamientos generales del nuevo ministro con estas políticas de la ministra de la Industria Automotriz Débora Giorgi. Que las tasas chinas sean cuestión del pasado tiene, entre tantas desventajas, un beneficio colateral. No sólo es más difícil armonizar los intereses de capitalistas y trabajadores, también pone en conflicto a sectores del capital entre ellos. Un ejemplo que no debería reducirse a su carácter anecdótico fue la convocatoria de la AEA (la entidad de lobby de los mayores grupos económicos locales, siempre ávidos de una devaluación) que desató una crisis interna en la UIA (donde están representadas las empresas extranjeras, con preponderancia en los servicios, anclados al mercado interno). Esta división entre los sectores dominantes (con la excepción de Techint, que siempre se las ingenia para quedar a ambos lados de la línea, presentándose ya sea como transnacional o como paradigma de la industria nacional) abre espacio para la afirmación de un proyecto propio que, como proclamó Cristina, implique el resurgimiento del aparato productivo. En las actuales circunstancias, la soberanía industrial sólo se entiende como una meta hacia la cual dirigirse.

LA OPOSICION FRENTE A LOS CAMBIOS EN EL GOBIERNO
Expectativas y dudas
Por Miguel Jorquera

Federico Pinedo, Mario Negri y Hermes Binner.
Los cambios en el gobierno nacional y “los gestos” del flamante jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien propuso entablar una relación más fluida con el Congreso, despertaron “expectativas” entre los dirigentes del arco parlamentario opositor, aunque todos prefieren esperar a ver cómo se plasman “las intenciones” en los hechos. De todas maneras, la figura del ministro coordinador desató elogios variados entre los opositores consultados por Página/12. “Es una figura de peso y una expresión de los gobernadores del PJ alrededor de la Presidenta”, lo definió el diputado radical Mario Negri. “Tiene un gran conocimiento de cómo funciona la economía acá y en el planeta”, afirmó el diputado macrista Federico Pinedo. “Lo conozco mucho y es un hombre de diálogo”, agregó el electo diputado socialista Hermes Binner. “Es muy bueno. Capitanich fue gobernador, no sé muy bien la gestión, pero en ese sentido puede ayudar mucho”, opinó Sergio Massa desde España en su gira internacional como presidenciable. Tampoco faltaron los reclamos. “Que el Ejecutivo devuelva al Congreso las facultades delegadas”, proclamó Negri. “Que el Gobierno reciba al gobernador Antonio Bonfatti”, pidió Binner. “Queremos políticas de Estado contra la inflación y el narcotráfico”, sostuvo Pinedo.

Capitanich retomó la iniciativa oficial en varios frentes, entre ellos el parlamentario. El miércoles se reunirá en el Senado con los jefes de todos los bloques políticos de la Cámara alta. Un encuentro que se encargó de armar el jefe del bloque kirchnerista, Miguel Angel Pichetto, donde los senadores del oficialismo le cederán protagonismo al flamante ministro coordinador. El jefe de Gabinete expondrá sus propuestas para una relación y un trabajo más fluido con el Congreso.

“Las expectativas siempre son positivas. Pero por ahora lo que vemos son sólo señales y cambios estéticos y en los modos. Lo importante es que esto se traslade a lo político, si no sería una defraudación”, marcó el radical Negri. El diputado cordobés no dudó en señalar a Capitanich como “una figura de peso en la Jefatura de Gabinete y una expresión de los gobernadores del PJ alrededor de la Presidenta”. “Aunque no lo digan creo que es una consecuencia lógica sobre el resultado electoral. Pero lo importante y lo central son los cambios reales”, advirtió Negri y señaló que una expresión del reencausamiento de la relación del jefe de Gabinete con el Parlamento “debe ser la devolución al Congreso de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo”.

Para Negri, la otra prioridad es “la lucha contra la inflación, a la que primero hay que reconocer y eso todavía no ha ocurrido”. “Hay que saber cuáles son las metas, las definiciones sobre política cambiaria y lo que han definido como ‘atracción de inversiones’, para lo que se necesita un marco de confianza que no es la herencia que deja (Guillermo) Moreno con la destrucción del Indec”, remarcó Negri a Página/12 antes de soltar su duda: “Espero que esto que dicen iniciar no sea sólo gestual”, señaló.

“Tiene una gran experiencia en la administración y un gran conocimiento de cómo funciona la economía. Lo que marca una gran diferencia con sus antecesores. La primera señal es de racionalidad y de equilibrio en lo macroeconómico”, dijo Pinedo sobre Capitanich. “Que el jefe de Gabinete diga que va a cumplir con la Constitución ya es una noticia que hay que celebrar. Marca un cambio de época, veremos qué hace”, completó.

En cuanto a la relación con el Congreso, Pinedo consideró “razonable que empecemos a establecer políticas de Estado con temas inminentes como el narcotráfico y la inflación. Espero que se pueda avanzar y sacar estos temas de la pelea partidaria y que se haga de buena fe”. Sobre el ministro de Economía, Axel Kicillof, consideró que “se conoce mucho con Capitanich, más allá de sus diferentes formaciones, y que va a actuar en la misma línea. Creo que va a haber una política y no dos”.

Desde España, Massa fue más escueto y calificó la designación de Capitanich como “muy buena” y dijo que su experiencia como gobernador “puede ayudar mucho”. En cambio, como parte de su primera gira internacional como candidato presidencial, le apuntó a Moreno –el saliente secretario de Comercio– y atribuyó su renuncia al “triunfo” de la gente que aportó con su voto a la derrota oficialista en las legislativas de octubre. El empresario y diputado electo por el Frente Renovador José Ignacio de Mendiguren valoró “la capacidad de trabajo” de Capitanich –con quien compartió el gabinete durante el interinato de Eduardo Duhalde– y consideró que Juan Carlos Fábrega, el presidente del Banco Central, “conoce muy bien los instrumentos del sistema financiero”.

“Es tiempo de renovación para atender una realidad que nos permita transitar los próximos dos años más tranquilos. Y si hay diálogo es muy importante. Es positivo en lo que resta para la finalización del mandato de la Presidenta, dos años que van a ser mucho o poco tiempo de acuerdo a cómo se los aborde”, expresó Binner, quien reclamó “resolver” temas como “la inflación, la caída de las reservas y el déficit fiscal para que funcione el Mercosur y fijar un rumbo común con el resto de la región”.

“A Capitanich lo conozco mucho de nuestra relación como gobernadores, es un hombre de diálogo con el que hemos conversado problemas comunes entre el Chaco y Santa Fe como los temas algodonero, azucarero y de los bajos meridionales”, dijo Binner sobre el jefe de Gabinete antes de hacer su propio reclamo: “Habrá que ver qué políticas lleva adelante, pero sería muy importante para el diálogo que, por ejemplo, reciba al gobernador Bonfatti, que hace dos años que reclama una entrevista y no lo consigue”. “Estaríamos en el buen camino”, sostuvo Binner sobre el diálogo que Capitanich propondrá al Congreso. “Hay que armar una mesa de negociación para acordar temas y abordar ideas y propuestas que todos los sectores aporten, de acuerdo con su saber y entender. Y que luego esto se trate y dirima con el voto del cuerpo legislativo”, propuso el líder del PS.

OPINION
De la sorpresa a la acción
El regreso de la Presidenta, sorpresa de la oposición. Los cambios de gabinete, búsqueda de cohesión y objetivos políticos. Encuentros con empresarios y gremialistas, un revival deseable. Los desafíos para los años que vienen. Una ley impositiva que vale como señal. Los primeros pasos de los ministros entrantes, nueva manera de comunicar y medidas en puerta.
Por Mario Wainfeld

Es notable (tienta decir “espectacular”) la fascinación por lo adjetivo que aqueja a la mayor parte de la oposición mediática y política. Los bonsáis le impiden ver el bosque y hasta pensar en él. En la semana que pasó, se comieron todos los amagues del oficialismo.

Esperaban un regreso letárgico y enfermizo de la Presidenta: se toparon con “otra” Cristina Fernández de Kirchner. Otra, contrastada con sus ilusiones o agorerías, la misma para quienes la han visto andar. Con acciones y juego comunicacional premeditados, el kirchnerismo los sorprendió siempre, de modo sucesivo y acumulativo. Se entretuvieron con el perrito bolivariano y el pingüino gigante, subestimaron el sentido de los primeros anuncios de cambio de gabinete. Se ensañaron con la continuidad del secretario Guillermo Moreno cuya salida los dejó alelados (sí que contentos) el martes. Desdeñaron el primer discurso de Cristina calificándolo como “más de lo mismo”. Las primeras movidas de los ministros entrantes revelan que la oxigenación y el relanzamiento son muy otra cosa que cosmética y que avanzan.

El kirchnerismo no es un “modelo económico” cerrado y escrito en un paper o en letras de piedra. Es un proyecto político con un puñado de objetivos indeclinables, que trata de ir plasmando con decisiones variadas. Las ideas fuerza buscan enamorar, las herramientas son (ni más ni menos) recursos contingentes para lograrlo. Hay un sentido estratégico, que requiere versatilidad en las tácticas.

El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, es empoderado como no lo fue ninguno de los que acompañó la gestión de la Presidenta. El ministro de Economía, Axel Kicillof, pudo armar un elenco de colaboradores homogéneo y afín. Son intentos fuertes, en el mejor sentido posible, de reparar disfunciones de los últimos años. La salud de la Presidenta pudo incidir su parte, la otra es remozar al Gobierno como se hizo en tantas ocasiones: en 2005 y 2009 para evocar las más cercanas.

En el plano político, la mandataria refuerza vínculos con los sectores juveniles que “siguen bancando este proyecto”. E interpela al universo de los gobernadores e intendentes, con la unción de Capitanich. Tras la amplia y relevante victoria del diputado electo Sergio Massa en las elecciones, muchos observadores se regodearon fabulando un éxodo masivo de la dirigencia territorial peronista, imantada por la nueva estrella surgida en Buenos Aires. Su eslogan era que los compañeros salen carpiendo en pos de otros horizontes cuando “huelen sangre”. No es un disparate, aunque sí una lectura incompleta. Los “gobernas” y los intendentes tienen una pituitaria más sofisticada, a fuer de políticos astutos. Los motiva el aroma del poder, al que apodan (con el cariño que le prodigan) “derpo”. El Gobierno no es un actor vacilante y en retirada. Conserva iniciativa y centralidad y abre una brecha de participación en la “mesa grande”. No se desangra así como así.

La entrada de Coqui Capitanich en un cargo con decisión, ejercida con criterio de agenda amplia y escucha atenta, le complica el escenario a Massa, acaso un poco menos que al gobernador Daniel Scioli. Subraya que el kirchnerismo disputará las preferencias de los jefes territoriales y que tiene recursos para hacerlo. Las ambiciones de relevarlo de un modo u otro no están truncadas, pero les queda mucho por recorrer, cuesta arriba.

El cuadro general, simplificado al mango por lecturas tan interesadas como poco agudas, se complejiza. La suerte del 2015 no está echada para ningún lado pero el kirchnerismo es un rival duro de matar, entre otros motivos porque sabe (cuanto menos, ensaya) recalcular sin cambiar el rumbo esencial.
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El ágora y la gestión: Cristina Kirchner volvió al balcón y al “relato”. Sus flamantes ministros emergieron en escena con activismo, comunicando como no lo hacían (por motivos diversos) quienes los precedieron en el cargo. Tienen capacidad técnica, destreza dialéctica y temple para desempeñarse. Empezaron a construir agenda, concentraron la atención periodística. Se trata de logros instrumentales que sólo se redondean con la acción efectiva del Gobierno... pero suman.
Los primeros pasos traslucen que el Gobierno reconoce problemas y dificultades de la etapa. Los cónclaves con las corporaciones sindicales y empresarias más afines al oficialismo no son una novedad ya que retoman una práctica ensayada por la Presidenta después de las primarias de agosto y suspendida por su licencia. La novedad es que, en términos de truco, Capitanich se hace “pie” de los encuentros, a los que convocó en cuestión de horas.

Es peliagudo buscar soluciones conjuntas a problemas colectivos, sobre todo por la dispersión del movimiento obrero que no conviene a nadie interesado en algo parecido a un “proyecto nacional”, pero es imprescindible intentarlo. La mayoría de los problemas a tratar no son pasibles de una cura quirúrgica o inmediata. Lo que se puede ir construyendo es un tratamiento prolongado, con intervención de los actores sociales, sin hacerse ilusiones sobre resultados inmediatos.

Los momentos más linealmente virtuosos de la economía social kirchnerista han quedado atrás. El crecimiento mismo, meta obsesiva e irrenunciable, genera disfunciones en otras variables. El empleo formal, en los primeros años, crecía en buena sintonía con el de PBI pero hoy reacciona de modo distinto. Las importaciones trepan más que las exportaciones cuando sube el Producto Bruto. Los requerimientos son, entonces, distintos y más arduos.

Construir algo parecido, así sea en versión acotada y temática, a un acuerdo social es un anhelo interesante que exige sintonía fina, paciencia y muñeca. La idea que lanzó el jefe de Gabinete, una suerte de acuerdo general sobre precios y salarios, es casi utópica si se la extrema pero si la “mesa” conjunta gana en permanencia y dinámica se habrá producido un avance. Lo demás es trabajo duro, articulación de intereses, conducción firme desde el Estado. Sencillo de decir, complicado para concretar... detectar el problema y generar el ámbito para tratarlo es buena insinuación.

Ya se dijo: algo se venía construyendo y quedó en pausa. Un ejemplo clavado es la batida contra el trabajo informal, cuya discusión tripartita continuó durante la licencia presidencial y cuyo producto ahora verá la luz. Una rémora grave del proyecto, de las más severas, que en el mejor de los supuestos sólo se irá reparando como lo predica el laboralista y filósofo estoico Mostaza Merlo: paso a paso.
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Heterodoxias: Una política heterodoxa, entiende el cronista que las valora, no consiste en reemplazar dogmas desacreditados por otros más virtuosos. Implica, más bien, la inteligencia de no prendarse para siempre con ciertos instrumentos, de renovarse en función de realidades que mutan a tremenda velocidad. Uno de los vicios de la convertibilidad, amén de su básica perversidad, era generar una praxis única, que cerraba el paso a distintas políticas, con “s” final. Las panaceas, los remedios universales y perpetuos no existen.

Las acciones mencionadas en el párrafo anterior prueban que el oficialismo sabe que debe reducir la inflación, en un contexto ceñido por parte de sus valiosas políticas públicas, como lo es el incentivo a la puja distributiva, paritarias periódicas incluidas.

El rechazo al endeudamiento externo se viene matizando, a partir de discursos presidenciales en que se lo aceptó si es para “el desarrollo” o las actividades productivas. Los anuncios de créditos “atados” se orientan en ese sentido. Desde hace meses, la Nación viene cooperando más con el endeudamiento de las provincias. Esa es una demanda colectiva de los gobernadores, sean los K o los opositores. Seguramente, integrará el menú cotidiano de los paliques de Capitanich con sus colegas, que hablan una misma jerga.

Otro intríngulis es el combo de sangría de divisas, baja de las reservas del Banco Central, incidencia del dólar ilegal en la economía, déficits sensibles que impactan en la balanza comercial (y siguen las firmas).

El proyecto de ley para gravar las compras de autos de alta gama y otros productos suntuarios incursiona en esa áspera geografía. La medida tiene dos objetivos alternativos: desalentar esos consumos o gravarlos con severidad. El primero es más valioso a los ojos del cronista, por motivos que van más allá de lo fiscal. Pero es imposible predecir las reacciones de jugadores avispados, movidos sólo por el interés propio y que cuentan mucha con plata en el bolsillo.

La propuesta, que ya ingresó en la Cámara de Diputados, tiene un alcance micro. No equivale, ni ahí, a una reforma impositiva progresista, ni bastará para recuperar la solvencia en divisas. Pero se orienta en el sentido más interesante, si es que la acompañan una serie de acciones similares, encuadradas en una política congruente y decidida.
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Distensión y posesión de pelota: Capitanich y Kicillof dialogaron con periodistas, en diferentes estilos. Comunicar más puede fortalecer al Gobierno, suma al saber ciudadano y distiende (un cachito) los ánimos. El jefe de Gabinete anunció que se diferirá para el año que viene la aprobación final del Código Civil y de la ley de Responsabilidad del Estado. Tendrán, todo lo indica, “media sanción” pero luego el debate se prolongará, lo que ahorra un factor de disputa o lo diluye en el tiempo.

La Casa Rosada emitió señales múltiples: un recambio inédito del gabinete, convocatorias al diálogo, medidas sugestivas, mejor trato con los periodistas. Son parte parcial de un conjunto que se irá viendo más pronto que tarde.

Al kirchnerismo le place ubicarse en la cancha como Barcelona. O, si al lector le parece muy ampulosa la comparación, con Ñuls o San Lorenzo. Trata de tener siempre la pelota, sacársela al rival como requisito para lanzarse a la ofensiva. Si quisiera defender, la posesión también le vendría bien. Lo esencial es ser dueño de la iniciativa, imponer el ritmo, jugar en el terreno que vaya eligiendo.

Los mayores desafíos que enfrenta distan de ser nuevos. El problema de la vivienda, la carencias del “sistema de salud” (por nombrar algo que casi no hay), el transporte, el empleo “en negro” son, en la subjetiva lectura del firmante, las cuestiones de Estado más acuciantes. El narcotráfico, que entró por primera vez como ítem de la agenda de campaña, es una realidad agobiante. Las soluciones concretas no son fáciles ni unidireccionales, el modo mejor de encararlas es más y mejor gestión estatal.

Dos años le quedan al mandato de la Presidenta quien, su reingreso lo comprueba, no ignoró ninguna de las circunstancias adversas o críticas de este año lo que incluye al veredicto electoral.
Hizo relevos necesarios, les dio a los nuevos ministros consignas inteligentes para que afronten la etapa. A diferencia del fútbol, el partido siempre se está jugando. A semejanza con él, meter cambios de jugadores y de tácticas es un recurso necesario y hasta imprescindible. Lo demás, se va definiendo en el rectángulo de juego.
Fuente:Pagina12


24.11.2013 
Escenario
Cambian los nombres, no la política 
La presidenta cambió el Gabinete, para ampliar la base de su gobierno. La sociedad Capitanich-Kicillof: cuando el límite es el ajuste. 






Por: Roberto Caballero
Después de 47 días, Cristina Kirchner reapareció en público. No volvió "un trozo de ella", como aventuró el consultor Jorge Giacobbe desde las páginas de Clarín, hace una semana. Volvió entera a tomar el timón de su gobierno, tras una sorpresiva irrupción en Twitter, filmada por su propia hija Florencia.

En la jura de nuevos ministros, vaciló un poco, con la voz emocionada, envuelta además en el protocolo que marcaba el escribano Natalio Echegaray. Pero de inmediato habló ante sus militantes durante 40 minutos en los patios internos de la Casa Rosada. No quedaron dudas entonces: Cristina sigue siendo Cristina. Al segundo día, estaba reunida en la Quinta de Olivos con Martín Sabbatella monitoreando la aplicación de la Ley de Medios.

Los cambios que produjo en su Gabinete tienen múltiples lecturas. Algunos, como Carlos Kunkel, dicen que obedecieron al resultado electoral. "Perdimos un millón de votos", se justificó el diputado reelecto, viejo compañero de militancia de Néstor y Cristina, para explicar las partidas de Juan Manuel Abal Medina, Hernán Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont y Guillermo Moreno. "Se viene una etapa racional", vaticinan los consultores del establishment, ambivalentes, un poco desorientados, mecidos entre la felicidad de la profecía autocumplida y la desconfianza hacia un gobierno que en todos estos años, cada vez que cambió, no lo hizo en defensa de los intereses corporativos, ni de sus presupuestos ideológicos, ni de sus deseos, sino que acrecentó la intervención del Estado en procura de un mayor control de la economía y de la distribución del ingreso.

La militancia quedó a dos aguas. El shock de la salida de Moreno, símbolo de la lealtad al proyecto político inaugurado por Néstor Kirchner, dejó desconcertado a más de uno. La personalización de las políticas públicas tiene ese efecto desconcertante. Tal vez quien suplante a Moreno haga las mismas cosas, sólo que de un modo diferente. Pero Moreno era, para la consecuente militancia kirchnerista de todos estos años, un fetiche que en sus voluptuosas y airadas formas adquiría la voluntad de un titán que podía enfrentarse a todo, incluso a sus propios errores.

Decir que defendió el bolsillo de los trabajadores mejor que Hugo Moyano frente a los formadores de precios lo eleva a la categoría de mitológico personaje de este tercio último de la democracia, lo cual es mucho hablando de un secretario de Comercio, y decirlo al mismo tiempo que se admite cierto agotamiento de una fórmula que fue exitosa pero comenzó a crujir finalmente, es un homenaje a sus insobornables virtudes pero también responder con inteligencia táctica a una verdad superior, la de los hechos.

Cuando Jorge Capitanich advirtió que, ahora que Moreno no está, no se viene un "viva la pepa", le estaba haciendo un sentido reconocimiento: Moreno no se hizo el guapo con los más débiles, sino que le puso límites a la voracidad de los grupos empresarios. 

El desafío del kichnerismo gobernante es transformar eso que hacía el secretario que parte a Roma en una política realmente consistente y no en un esfuerzo fruto del coraje personal de un funcionario aislado. Algo así como salir del superhéroe y avanzar hacia la certeza institucional de carácter colectivo. Tamaña prueba.

De ser cierto lo que Kunkel dice, la lectura de Cristina Kirchner sobre los resultados electorales pondría en las cabezas de Moreno y los funcionarios salientes alguna responsabilidad por la derrota. Tal vez no sea tan así. Los números fueron los esperados. Las supremacías parlamentarias están garantizadas. Quizá Cristina esté curándose en salud, pensando más en los dos años que faltan para terminar su mandato y un poco más allá, y no tanto en lo que pasó, que es pasado, como Martín Insaurralde, que ahora pasea con su novia por Miami, después de abrazarse con Sergio Massa, que a su vez viajó a España a abrazarse con Mariano Rajoy, que es el pasado en términos económicos. A propósito: esa foto no es la imagen del diálogo, ni la escultura humana que muestra el fin de las diferencias entre "Argen" y "Tina"; es una patada a los ojos de miles de pibes que pegaron carteles y fueron amenazados por patotas nocturnas mientras duró la campaña para que el intendente de Lomas pasara de desconocido a conocido, de ser nadie a ser algo. Su pago simbólico es de una mezquindad difícil de explicar.  

Volviendo a los cambios en el Gabinete, de Juan Manuel Abal Medina a Jorge Capitanich lo que cambia es que la presidenta decidió que los gobernadores oficialistas tengan hoy un mayor protagonismo en el dispositivo político que la sustenta. Esto no constituye una crítica personal a Abal Medina, un funcionario que no dormía para que al gobierno le salieran bien las cosas e incorporó la modernidad juvenil y el profesionalismo al funcionamiento estatal de estos años, territorio difícil y empedrado si los hay, donde la cultura dictatorial primero y el neoliberalismo en los '90 dejó indescriptibles secuelas. 

Es más bien una decisión táctica, la de su salida al Chile de Bachelet, para no abandonar el rumbo estratégico. No por eso, menos dolorosa. Corresponde decirlo: su apellido es un linaje peronista indiscutible y su papel junto a Néstor Kirchner en Unasur, la de un militante convencido de la unidad latinoamericana.

Si en la Jefatura de Gabinete hubiera estado Juan Pérez, habría tenido que partir igual. No se juzgaban antecedentes, ni los esfuerzos denodados, ni lealtades previas: lo que cambió es la valoración de los gobernadores exitosos, a los que Cristina decidió incorporar ahora al gobierno para que la ayuden a frustrar el entrismo corporativo en el peronismo del cual Massa es su emergente más rutilante, con alguna capacidad de daño a la alianza que mantiene la gobernabilidad del proyecto político inaugurado en 2003. 

Si Capitanich no fuese el nuevo jefe de Gabinete, ¿cuántos de los gobernadores triunfantes seguirían siendo oficialistas dentro de dos meses? Tal vez, todos. O quizá ninguno. Con la decisión presidencial, de seguro, la lealtad de los mandatarios provinciales se cotizó muy alto.

Lorenzino se quería ir. La tarea que le asignaron es más difícil que la que tenía, evitar el estrangulamiento externo de las finanzas nacionales, pero sin duda estará más cómodo ahora. Sabe mucho de eso. Lo demostró con el reciente acuerdo en el CIADI, lo lleva adelante con el juicio de los fondos buitre en Nueva York, y normalizar la deuda con el Club de París es un objetivo importante que le encomendaron. 

Lorenzino debe garantizar que si Argentina vuelve a tomar crédito externo para obras de infraestructura y sostenimiento de las reservas, lo haga a tasas razonables, que tengan que ver con el comportamiento de su macroeconomía, y no con el castigo político del sistema por su autonomía soberana recuperada con el kirchnerismo en el poder.

La llegada de Axel Kicillof es realmente trascendente. Desde el radical José Vital Sourrouille, pasando por el neoliberal Domingo Cavallo, que el Palacio de Hacienda no tenía al frente a un teórico de la ciencia económica. 

En este caso, además, un teórico que reivindica la intervención del Estado para garantizar la inclusión social. Un heterodoxo que 
no negocia nivel de empleo, tasa de actividad, merma del mercado interno y que rechaza el ajuste convencional para combatir lo que algunos llaman variación de precios y otros inflación. 

Es, doctrinariamente hablando, el economista kirchnerista por excelencia. No tiene una mirada de parches, se trata de un sistémico que pone en tela de juicio todas las teorías preexistentes, es decir, los lugares comunes del mercado, del empresariado e, incluso, de los economistas afines al gobierno. Le gusta hablar de competitividad según cada área, de las cadenas de valor, de la concentración y de la tasa de ganancia. 

Nada de lo que dice cae bien entre los sectores corporativos, pero se ganó el respeto de muchos de ellos: saben que habla en serio. Porque cree, y habla con el corazón y con el bolsillo, a la vez.

El tándem que hacen con Capitanich es interesante. Al nuevo jefe de Gabinete le gusta hablar de números, es un fiscalista, lo atrae el cuaderno Gloria, quiere saber qué sale y qué entra en las arcas, interpreta los presupuestos, y además tiene experiencia de gestión en el Estado, en este caso del Chaco. 

Con un ojo en las finanzas y otro puesto en el armado político, decidió hablar todas las mañanas y aprovecha que los gobernadores lo sienten propio. Su impulso le extiende a Cristina una revitalización en la gestión atendible, esperable, de cara a los dos años que empezaron ahora. 

Capitanich sabe mejor que nadie que si las cosas le salen bien y no traiciona las expectativas presidenciales, es un candidateable para 2015. Esa legítima aspiración debería funcionar en los hechos como un ordenador de todo el espacio que representa y hoy tiene lugar en el gobierno, gracias a Cristina, que lo convocó.

Los que ya hablan de una pelea sórdida con Kicillof por el manejo futuro del poder se equivocan. Entre el '95 y '98, Capitanich fue subsecretario de Coordinación Técnico–Administrativa de la Secretaría de Desarrollo Social y Kicillof, por entonces un brillante estudiante de Economía especializado en Keynes, uno de sus asesores clave. 

Dos años después, Kicillof trabajó para la consultora M-Unit, fundada por Capitanich. Juntos escribieron el libro Federalismo Fiscal y Coparticipación Federal, en el '99. No piensan igual en todo, pero se entienden bastante, tomando en cuenta que uno expresa al peronismo conservador del interior y atravesó como funcionario los gobiernos de Menem, Duhalde y Kirchner; y el otro la heterodoxia económica, política y cultural del último kirchnerismo, el más audaz en términos ideológicos.

Cristina eligió a dos que pueden entenderse. A Capitanich le asignó una tarea política y de comunicación superlativa. A Kicillof le 
desmalezó toda el área económica para que haga y deshaga según su convicción. El primero sabe que tiene que garantizar la gobernabilidad, el segundo impedir cualquier solución que huela a ajuste. Ahí es donde se acaba todo el pragmatismo.
Mientras tanto, Cristina Kirchner gobierna y la oposición vegeta.  
 
 
Carrió no es nazi, es banal
La DAIA (Delegación de Asociaciones Israelistas Argentinas) salió al cruce de Elisa Carrió por sus declaraciones donde comparó a Adolf Eichmann, cerebro de la desaparición de 6 millones de judíos en campos de concentración del nazismo, con el ex secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Hace ya un tiempo largo que Carrió descarriló. Su afán por ocupar espacio en la agenda pública con afirmaciones escandalosas es un clásico. Una denuncia por aquí, otra por allá, es su manera de hacer política. El electorado porteño decidió premiarla hace poco. Eso no habla de Carrió, habla de los porteños que eligieron acompañarla con su voto. Pero hay cosas con las que es imposible meterse y salir indemne. El Holocausto judío, la Shoá, es la mayor tragedia de la humanidad. Usar cualquiera de sus símbolos para dirimir pleitos parroquiales, es una ofensa grave. Aun el más polémico de los funcionarios de un gobierno democrático, desde una mirada opositora, es imposible de asociar con los criminales que llevaron adelante el mayor exterminio del Siglo XX. Cuando eso se hace, y además se hace de modo alegre como Carrió lo hizo, la que pierde es la autora de la afirmación y también las políticas de Memoria, Verdad y Justicia impulsadas por los que trabajan de modo incansable para que un genocidio de esas características no vuelva a repetirse nunca más creando conciencia. Convertir a los protagonistas de una masacre en sujetos cotidianos promueve una mirada superficial sobre situaciones excepcionalmente trágicas que trascienden la lógica de lucha política en sociedades avanzadas. Ni Moreno es Eichman, ni Carrió es nazi. De la diputada eternamente reelecta, sí puede afirmarse que es banal, extremadamente banal. Lo dijeron las autoridades de la DAIA. Suscribimos. 
 
Clarín llega al directorio de la afsca
Gerardo Milman es el candidato del FAP para ocupar uno de los sillones en el directorio de la AFSCA. Sus antecedentes en comunicación son escasos, más bien nulos. Pueden leerse en las solicitadas que se están publicando en los diarios las últimas semanas, donde aparece la mayoría de las veces defendiendo al Grupo Clarín SA contra la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Milman fue defensor de Fibertel SA, de Cablevisión SA, y la mayoría de sus intervenciones están avaladas o suscriptas por la Fundación LED –creada por la ex diputada radical Silvina Giúdice, para petardear desde la óptica de Clarín la nueva ley que vino a remplazar la norma de la dictadura cívico-militar–, y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que agrupa a las patronales hemisféricas que combaten a los gobiernos democráticos desde el viejo paradigma que consideraba la información como una mercancía. 

Algo hay que reconocerle a Milman: fue un soldado leal a los medios concentrados y hasta donde pudo, como diputado con mandato a vencer el 10 de diciembre, batalló contra el articulado antimonopólico de la 26.522, finalmente confirmado por el histórico fallo de la Corte Suprema que dijo que toda la ley era constitucional. 

Pero Milman se quedaba sin trabajo, al igual que Giúdice, pese al centimetraje que ganaron en Clarín y La Nación por los servicios prestados a la causa de Héctor Magnetto. Y la ley que tanto combatió, creó un cargo en la AFSCA, que el FAP decidió entregarle para salvarlo de la desocupación. 

Se quedaba sin trabajo porque la gente no lo votó y ganaría ahora un nuevo puesto y un nuevo salario para expresar la voluntad del Grupo Clarín SA en el directorio del organismo democrático que debe velar por el cumplimiento de la ley que viene a adecuarlo después de cuatro años de dilaciones. Son las vueltas de la vida. Cristina Kirchner tiene la última palabra, pero hasta donde se sabe, su postulación sería finalmente autorizada. 

En adelante, que nadie se haga el distraído: Clarín va a tener voz y voto en el directorio de la AFSCA gracias a Gerardo Milman. Su voz allí será la de Magnetto.
 
 
Dos estoicos militantes
Entre las arduas tareas de un conductor político, la de cambiar para no traicionarse a sí mismo debe ser de las más difíciles. Es un escenario que pocos entienden porque son pocos los que conducen. La multitud opinante está desprendida de la responsabilidad de gestionar, no le atañe directamente. Pide, exige, demanda, quiere, desea. Avala o rechaza. Levanta o baja el pulgar. Apoya o deja de hacerlo. 

Para el kirchnerismo de los últimos tres años, las salidas de Juan Manuel Abal Medina de la Jefatura de Gabinete y de Guillermo Moreno de la Secretaría de Comercio Interior son una noticia agria. Simbolizan el desconcierto, la prevención natural ante una nueva etapa que comienza.

Eran dos funcionarios clave del andamiaje oficial, con estilos y modales diferentes, pero sin duda importantes en cada una de sus áreas. 

Dos estoicos, cuya entereza ante la adversidad fue puesta en juego más de una vez. Tras la muerte de Néstor Kirchner en 2010, Cristina tuvo en ellos la decisión y la lealtad que todo escenario complejo demanda, con una extraordinaria generosidad de su parte. 

Por razones tácticas, ahora abandonan la primera plana del gobierno, liberando espacio para otra apuesta, en una fase diferente.

Los secretarios y ministros suelen ser fusibles de una maquinaria mucho mayor, a la que habitualmente se la llama "proyecto". 

Los hombres, es sabido, ocupan el último lugar porque en el imaginario peronista antes están la patria y el movimiento, y este es indudablemente un gobierno peronista. 

Cristina Kirchner calificó de "militantes" a los ministros y secretarios recién llegados, en su reaparición en la Casa Rosada, tras 47 días de ausencia. 

La nominación también vale para los que ahora parten a Roma y Chile. Moreno y Abal Medina fueron y son eso: dos estoicos militantes que estuvieron donde debían cuando hizo falta.

Los que cuestionan sus méritos, aprovechando el innovador escenario donde aparecerían como perdidosos, no entienden y nunca entenderán que para los que creen en algo, la gloria o el llano son sólo recodos de un largo e interminable camino hacia un objetivo superior.

Que siempre da revancha.
Fuente:TiempoArgentino

Cristina, con equipo nuevo
Año 6. Edición número 288. Domingo 24 de Noviembre de 2013
Por Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com

(TELAM).
La primera observación, por más que haya pasado casi una semana, es que la Presidenta está bien de salud, animada, con la energía de siempre y con la determinación de no perder la iniciativa política. Si se soslaya eso no puede entenderse la buena recepción que tuvieron los cambios de Gabinete, tanto en casi todo el arco político como al interior del espacio del peronismo y del kirchnerismo más identificado con Cristina. Es difícil saber si habrá más modificaciones en el elenco de ministros o bien reestructuración de algunas carteras en las próximas semanas. También es prematuro aventurar si para la conmemoración de las tres décadas de continuidad democrática habrá un acto masivo. Lo que sí parece despejado, tras casi seis semanas cargadas de especulaciones, es que Cristina tomó nota de cada una de las demandas políticas y asumió un cambio de rumbo.

La segunda observación es que en su aparición pública, al poner en funciones a los tres nuevos ministros, no esquivó su determinación de buscar inversores externos por vía de las grandes empresas norteamericanas, como Chevron, y también de abrirse a medidas destinadas tanto a aliviar la falta de divisas a través de la apertura al mercado de capitales como de buscar la tan esquiva inversión externa directa.


La tercera observación, más incómoda, es que la llamada heterodoxia económica o neokeynesianismo, o cualquiera otra denominación que pretenda alejar del ideario neoliberal, se encuentra frente a un hecho contundente: los problemas del sector externo son delicados y los paliativos o soluciones que buscará el Gobierno serán los llamados mercados, ni más ni menos que el desvencijado y especulativo capital financiero. Los riesgos de esa apertura no son ni más ni menos que limitar la capacidad soberana de la Argentina y de reconocer que el ideario latinoamericano no está acompañado de medidas concretas que potencien las reales y concretas ventajas comparativas que exhibe la región.


En síntesis, el Gobierno retoma la iniciativa política y recurre a recetas tradicionales que le dan oxígeno, tales como la apertura al diálogo con empresarios y sindicalistas, el compromiso del nuevo jefe de Gabinete de asistir al Congreso mensualmente y su contacto directo con los periodistas sin vueltas ni exclusiones. El desafío, a la vez, es hacer frente a una economía que tiene muchos signos de agotamiento y requiere medidas urgentes.

Panorama post-electoral. El Gobierno dejó de lado el plan de reelección de la Presidenta y decidió convocar a Jorge Capitanich, un hombre de probada capacidad que a la vez tuvo una muy buena performance en las legislativas chaqueñas de octubre pasado. A su vez, Capitanich es parte del armado de los gobernadores justicialistas y no oculta sus ambiciones presidenciales. Ésta es la gran novedad política: se trata de un jefe de Gabinete con peso propio. La palabra “lealtad”, tan utilizada en el peronismo, tendrá un significado diferente. Ya no será la defensa extrema de la figura presidencial sino que requerirá capacidad de trabajo y eficiencia. Capitanich habla con voz propia, será un aliado que tratará de conciliar su clara afinidad con el kirchnerismo al tiempo que intente conducir medidas económicas y políticas que no detonen sus posibilidades futuras. Capitanich suma el reconocimiento de la oposición y sus buenos vínculos con el empresariado y con organismos internacionales como el Banco Mundial. Es un buen interlocutor para esta evidente etapa de acercamiento a las políticas de Estados Unidos y a los centros financieros internacionales.


Lo dicho no es una apreciación ideológica ni pretende una descalificación. En efecto, conviene detenerse en el panorama actual. Entre las PASO y las elecciones legislativas, el Gobierno llegó a un acuerdo para resolver los laudos con cinco empresas extranjeras que tenían sentencias favorables del tribunal arbitral del Banco Mundial (Ciadi) a cambio de renunciar al litigio por un total de 677 millones de dólares. Argentina pagará con bonos en dólares (Bonar 2017 para el capital, y Boden 2015 para los intereses). En paralelo, a través del Fondo de Inversión Gramercy, el Gobierno intenta llegar a un acuerdo consensuado con aquellos tenedores de títulos de deuda en default que no entraron en ninguno de los dos canjes (2005 y 2010). La operatoria pergeñada por el Gobierno fue pedir a las entidades financieras que sí canjearon deuda (básicamente bancos norteamericanos) para que cedan el 20% de los intereses en los próximos cinco años y así poder conformar una suerte de fondo común con el que se pagaría a quienes no entraron. Una estrategia activa para intentar evitar el posible fallo adverso de la Justicia de Estados Unidos impulsado por el llamado fondo buitre NML Capital de Paul Singer. El claro propósito de este acercamiento es la respuesta argentina al pedido de Barack Obama de resolver los conflictos con el Ciadi y esperar el apoyo de su gobierno en la apelación a la Corte Suprema de ese país. Respecto de Chevron, es sabido que los presidentes norteamericanos hacen lobby a favor de las petroleras de ese país. Se podrá discutir si esto es pragmatismo o pérdida de soberanía, lo que parece evidente es el claro sinceramiento del Gobierno respecto de quiénes son los interlocutores y el camino elegido para amortiguar conflictos.


Respecto de atraer dólares, hasta el momento, las señales de acercamiento al sector financiero internacional dieron algunos resultados. Se destrabaron créditos del Banco Mundial (BM) por 3.000 millones de dólares (mil millones de dólares anuales entre 2014 y 2016) destinados a infraestructura rural y servicios de educación y salud y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó el pasado 30 de octubre un crédito por 300 millones para financiar obras viales en el norte argentino.


La historia de los movimientos nacionales latinoamericanos está signada por variaciones que van desde la confrontación directa con los poderes imperiales llegando hasta la aceptación lisa y llana de sus intereses. Sería anticiparse demasiado evaluar si el camino elegido por Cristina Fernández de Kirchner permitirá, a la vez, profundizar el modelo en el sentido de redistribuir la riqueza a favor de los más necesitados y, al mismo tiempo, alinearse con estos intereses concentrados.

Competitividad. Los dos años de restricciones cambiarias impulsados por el Banco Central (el llamado cepo cambiario) y de manejo discrecional por parte de Guillermo Moreno de las llamadas licencias no automáticas de importación no lograron frenar el drenaje de divisas. Por el contrario, las reservas del Central cayeron a 33.000 millones de dólares. En lo que va del año, nada menos que 10.000 millones. Pero sería injusto creer que la reticencia de los exportadores de granos a liquidar dólares, o el incremento del turismo argentino al exterior, o el retiro de cuentas bancarias en dólares son las causas principales del estreñimiento de divisas.


La potente industria automotriz significa un altísimo nivel de importación de las autopartes con mayor valor agregado. El financiamiento bancario para la compra de cero kilómetros llevó a que el parque automotor argentino se renueve como si estuviéramos en el mejor de los mundos. Las plantas de armado de televisores y teléfonos móviles de Tierra del Fuego, con grandes beneficios fiscales que deberían auditarse con seriedad, implican altísimos niveles de importación. Aquí se ensambla, en eso consiste el valor agregado por más que las etiquetas digan industria argentina. La Argentina está inundada de teléfonos celulares y de plasmas, también financiados vía tarjetas de crédito. Creer que el consumo de estos productos es un proyecto económico en sí es desconocer que son segmentos funcionales a las notables ganancias que tienen las multinacionales automotrices y de productos electrónicos antes que un descubrimiento argentino.


Los subsidios al consumo de electricidad, gas y agua llevaron a que en la Ciudad de Buenos Aires y parte del Conurbano, salvo excepciones, las facturas lleguen con importes cinco veces menores a los que pagan otros ciudadanos del país. Esto impacta de modo directo en el déficit de la balanza comercial energética y significa una erogación millonaria. En 2012, en ese rubro se fueron 60.000 millones de pesos. Por otra parte, quienes más se benefician con estas medidas son sectores medios y medio altos. Algo similar que con la reposición de autos. Aerolíneas Argentinas significa un drenaje de dinero para el presupuesto público y eso debería justificarse vis a vis con otros rubros del transporte tanto de cargas como de pasajeros. Transportar carga en camión es carísimo y potencia el drama de los accidentes viales.


Es decir, la sintonía fina siempre se interpretó como la implementación de medidas redistributivas a favor de los más carenciados. Estos, en verdad, son los que sufren la falta de cloacas, los malos trenes o el trabajo precario. Para mantener los planes universales se busca un alto aporte de los impuestos directos y las retenciones. Es decir, aumentar el consumo y el saldo comercial favorable con la mayor exportación de soja y girasol. El camino difícil es mejorar la ecuación por vía de apostar por una industrialización que no copie el consumismo funcional a las grandes multinacionales. Algo que este gobierno, en diez años, hizo, pero sin poner la energía y los recursos suficientes.


Cabe consignar que con la sojización se pierde competitividad en otras producciones agropecuarias. En el trigo, por ejemplo, que en octubre el precio de la tonelada llegó a pagarse 4.500 pesos por la estrechez de la oferta. No bien entró el grano de la cosecha (principalmente de Santa Fe), bajó a 1.440 pesos. La estrechez hizo saltar el precio del kilo de pan a 26 pesos pero la caída no produjo un brusco descenso del precio. Y estamos hablando nada menos que del pan. Es más que ingenuo pensar que estas cosas las resuelve un secretario de Comercio con modales enérgicos. Porque la realidad es que el acuerdo de precios que llevó a cabo Guillermo Moreno por 500 productos con los supermercados (grandes formadores de precios con poder económico real) fue un fracaso. Nada hizo el secretario de Agricultura Norberto Yahuar con la cadena de valor de la industria lechera salvo decir que los supermercadistas son unos chorros (junio de 2013).


Parece evidente que la llegada de Axel Kicillof va en la dirección contraria a una cadena de desaciertos. Una mejora en la gestión tiene que estar acompañada de un programa y de planes muy concretos. Todo indica que no habrá desdoblamiento cambiario pero sí habrá desgravaciones fiscales y nuevos impuestos como para armar un menú donde se pueda favorecer, por ejemplo, a las economías regionales que se quejan del retraso cambiario y desfavorecer, por ejemplo, a quienes quieran importar autos de lujo.

El desafío de dos años. El asunto es que, a esta buena recepción inicial a los cambios de equipo, deberán seguir resultados. Si los hay, y el país necesita que los haya, no van a ser ni inmediatos ni impactantes. En 2014 empezará a regir un nuevo índice de precios. Se descuenta que el Gobierno deberá nombrar funcionarios insospechables al frente del Indec. Demos el crédito de que así será. Pues bien, ¿cuáles serán los reales niveles de precios y cómo afectarán a esta convocatoria de Capitanich de tratar de bajar las expectativas para el diálogo paritario que empezará mucho antes del estreno del nuevo índice? ¿Y cómo se comportará el mercado paralelo del dólar? Un reordenamiento de la gestión pública de asuntos tan sensibles como la emisión monetaria, los salarios, los precios al consumidor, el precio de las divisas y tantos otros sólo son viables con metas razonables tras un diagnóstico preciso. Es decir, metas alcanzables que requieren de un clima social y político favorable. Un clima donde el Gobierno deberá corregir rumbos. Pero el Gobierno no está solo. Suponiendo que estos cambios permitan aquietar las movidas aguas del frente interno, habrá que preguntarse si la oposición política y el empresariado le darán oxígeno al oficialismo.


De allí la importancia de que, en estos próximos dos años, la Presidenta mantenga no sólo la iniciativa, sino también la imagen positiva registrada a su regreso.

Los cambios políticos desde todos los ángulos
Año 6. Edición número 288. Domingo 24 de Noviembre de 2013
Por Felipe Deslarmespolitica@miradasalsur.com

Ricardo Rouvier./ Mario Secco./Fernando Chino Navarro./Darío Díaz Pérez.

La opinión del analista Ricardo Rouvier de los intendentes del Conurbano Darío Díaz Pérez y Mario Secco, y del diputado por el FpV y referente del movimiento Evita, Fernando Chino Navarro respecto del regreso de la Presidenta y los cambios en el Gabinete nacional.

Momento clave
Ricardo Rouvier Sociólogo

El Gobierno está en un momento clave de su gestión, y obviamente, esto involucra también al kichnerismo. Esto no significa un callejón sin salida, ni un momento final; pero, sí es un tiempo de decisiones. El frente económico-financiero y el frente político presentan turbulencias y tareas a desarrollar. El horizonte muestra nubarrones en cuestiones de coyuntura y estructurales que el kichnerismo en su reformismo puso más al desnudo. El estrangulamiento del sector externo repite un síntoma de la economía nacional desde hace décadas, que refuerza la necesidad de la sustitución de importaciones, el aumento de las exportaciones y un tipo de cambio acorde. Los subsidios y las tarifas están siendo observadas por el gobierno. El maestro Aldo Ferrer en varias notas advierte sobre el cepo al dólar, la baja de reservas del Banco Central y la disminución del superávit primario, al mismo tiempo que desestima cualquier calamidad.


La inflación es una planta depredadora, que requiere ser controlada, no desde el Rodrigazo liberal, pero sí desde una visión heterodoxa.


Y queda la gran cuestión política sobre la garantía de continuidad del kichnerismo como proyecto político, considerando que cualquiera sea dicha continuidad, siempre significará una pérdida respecto del original, a lo fundacional. Justamente, hay que evitar la brecha de lo diferente, achicar distancias para que el modelo siga vigente, no en el retórica sino en la realidad. Esto requiere de mucha arquitectura política además del nombre del elegido o la elegida.


La Presidenta ha comprendido claramente el desgranamiento electoral del 27 de octubre y fortalece el Gobierno, para sostener el proyecto. El gabinete elegido tiene mayor densidad que el anterior; el recambio más importante es la designación de Capitanich a la Jefatura de Gabinete, porque es el nombramiento de más claro sentido político que lanza varias señales: una dirigida a los gobernadores distinguiendo a un par justicialista en un lugar significativo; otra, estableciendo un puente con el PJ institucional; puente que estaba poco transitado desde el fallecimiento de Néstor Kirchner. De este modo, la Presidenta, luego de la elección del 27 de octubre, reagrupa la tropa, mantiene al peronismo detrás suyo, y evita su atomización que favorece a las alternativas de centro derecha.


Otra señal es para Scioli que recibe el mensaje de que no es el candidato único del kichnerismo; y que de aquí en más hay un espacio competitivo. La conducción económica se había vuelto insular en nuestro país, y eso debilitaba al proyecto como conjunto racional y colectivo de políticas. La elección de Kicillof supone centralizar en su figura la política económica, sobre la cual sobrevolará también el jefe de Gabinete. Y la elección del Ministro de Agricultura consolida la experiencia y lo profesional; ahora abrirá el diálogo con los actores. Los productores más grandes vuelven sobre la pretensión de anulación de las retenciones.
Estos últimos días, nuevamente la Presidenta ha ocupado el centro del ring, y las expectativas públicas concentran su mirada sobre lo que el Gobierno va a hacer. Las semanas de licencia presidencial habían marcado un vacío que no podía llenarse. En el tiempo, esto generaba incertidumbre. Las tareas por realizar son múltiples, y sobresalen, más allá de las urgencias económico-financieras, las políticas, que tienen que ver con la continuidad en la búsqueda de los objetivos estratégicos que superan el 2015. Estrategia y táctica están en plena tensión. Senderos y caminos en función de una meta que acaba de ser ratificada por la Presidenta. Desafíos y respuestas, luchas sobre el final o la continuidad del ciclo. Éste es un momento estratégico, como decíamos al comienzo, y de gran dinámica en el escenario político: el futuro está en disputa..


Entrevista. Mario Secco. Intendente de Berisso
Una gran pelea por delante
Por Felipe Deslarmes
–¿Cómo recibió los cambios en el Gabinete nacional?
–Nosotros lo tomamos a esto con la madurez que tenemos que tomar, entendiendo que los compañeros cumplieron un ciclo, una etapa y que tienen que cumplir otra función. Somos agradecidos de todo lo que hicieron y también vamos a darle la bienvenida a los compañeros que hicieron méritos para estar a donde juraron y desde donde van a estar desarrollando este proyecto; les deseamos el mayor de los éxitos para que el país siga adelante. Estos compañeros nuevos aportan nuevo oxígeno al Gobierno. Vienen con todas las pilas puestas porque tienen ganas de demostrarse y eso está bárbaro, al menos, para los que todos los días remamos desde cada distrito y defendemos nuestro proyecto nacional. Defendemos nuestro proyecto sin pensar en un “Plan B” ni nada por el estilo. Nosotros quemamos las naves por convicción absoluta, cuando algunos que juegan a la “cinturita” del “hoy estoy, porque están, y por eso estoy con ellos”. Yo apuesto a la profundización, como dice Cristina, que es quien a mí me conduce… y nadie más. Los que todos los días remamos para que este país siga creciendo, nos ilusionamos tremendamente de que siga bajando la desocupación, de que luchemos por parar la inflación, que nos permitirá volver a ese ciclo espectacular de los mejores años del kirchnerismo, cuando crecimos de una manera brutal, por encima de cualquier año de la historia del país. Estos 10 años del kirchnerismo, sólo se pueden comparar con la década del ’45 al ’55, cuando gobernó el General Perón. No hay otra década igual de crecimiento de 10 años consecutivos con recuperación de derechos… Nosotros somos estatistas; decimos que el Estado tiene que manejar los destinos del pueblo y no los cuatro vivos vinculados con multinacionales como si fuera su negocio. Eso es lo que enfrentamos. Los mismos que quieren manejar la comunicación, los de la timba financiera, los de los bancos internacionales, que siempre están boicoteando nuestro modelo económico y que hasta quieren manejar la Justicia. Tenemos una gran pelea por delante con todos los monopolios para defender al pueblo argentino.


–¿Por qué decide Cristina ponerlo a Capitanich como jefe de Gabinete?
–Porque es un gobernador exitoso, de gran apoyo popular, y un compañero que se luce por sus conocimientos de economía. El foco estará en la economía y en la seguridad. Porque hay cosas que ya se han solidificado, como en Educación, que tiene un presupuesto que nunca tuvo. Como la asistencia que aporta la Asignación Universal por Hijo, la recuperación de las jubilaciones arrancadas a las AFJP de las garras de los vivos de siempre. Es mucho lo que se ha logrado para la inclusión y vamos por más. Entonces, cuando ahora la gente puede pedir mejorar un poquito más la economía y la seguridad, se puede. Son temas en los que todavía falta ajustar, pero que el pueblo argentino sabe muy bien que los únicos que pueden hacer eso están en el kirchnerismo.


La economía, en definitiva, como un garante de la soberanía…


Por supuesto. Pero aparte vamos a decir que la Presidenta de la Nación fue muy clara cuando dijo: “Uno puede tener ideas, el tema es llevarlas a la práctica”. Muchos tienen un montón de ideas y dicen un montón de huevadas, pero después, ¿qué llevan a la práctica? Si cuando les toca gobernar funden al país, nos saquean en la cara a los argentinos… Cuando tienen que gobernar hacen la de ellos y cubren a estos grupos de vivos. Y nosotros no; nosotros llevamos a la práctica lo que quiere el pueblo argentino.


–¿Le dolió que se fuera Moreno?
–Por supuesto. Y no solamente a Guillermo, a quien aprecio muchísimo. También me dolió la salida de Juan Manuel Abal Medina, de la compañera Mercedes Marcó del Pont. Moreno era el que más expuesto estaba. Guillermo es un militante brillante… nadie puede sacarle eso a Moreno. Para mí, como militante, es un verdadero maestro. Dejó bien claro a la juventud cómo se juega, haciéndose cargo y no llorando por ahí diciendo que “me mandó la Presidenta”. Guillermo Moreno se hizo cargo de todo y ha dado una muestra espectacular al resto de los militantes. Para hablar de él, hay que sacarse el sombrero.


Entrevista. Fernando Chino Navarro. Diputado.
“Este proyecto sólo puede avanzar”
–¿Cómo vio los cambios en el Gobierno Nacional? –Desde que nos encontramos con Néstor Kirchner, y luego con Cristina, tenemos el absoluto convencimiento de que, más allá de los vaivenes de la coyuntura, éste es un proyecto político que sólo tiene una posibilidad: avanzar. Y luego de los resultados electorales, alguna modificación se iba hacer, más allá de que creemos que es importante tener un análisis de por qué se produjo esa pérdida de votos. Nunca vacilamos ni dudamos respecto de que Cristina Fernández de Kirchner como Presidenta iba a seguir avanzando en la dirección que se inició el 25 de mayo de 2003: construir un Estado política y económicamente más justo. Es decir, más mercado interno, más consumo, más y mejor trabajo con mejores salarios y más industria nacional. Un Estado para 40 millones de personas, pero que no es neutral cuando hay situaciones de conflicto o tensión entre los distintos sujetos y actores de la vida política de perspectiva nacional, siempre en defensa de los intereses de la mayoría de los trabajadores, de los más humildes y de los sectores medios.

–En ese contexto, ¿cómo cree que afecta a este proyecto la salida de Moreno?
–Primero, quiero expresar un claro reconocimiento a los compañeros que han dejado sus funciones, desde Juan Manuel Abal Medina, a Mercedes Marcó del Pont, Norberto Yahuar, Hernán Lorenzino, Guillermo Moreno y los compañeros que trabajaron junto a ellos conformando los respectivos equipos. Hicieron una tarea valiosa y reconocida. Y en la política, como en la vida, a veces hay que adaptarse a nuevas realidades, a nuevos desafíos. En ese sentido, la Presidenta ha tomado decisiones que compartimos. Ha conformado un equipo económico homogéneo, con un ministro joven, que sabe, que tiene una clara determinación de que la economía tiene que regirse por políticas que tengan que ver con la inclusión y la distribución de la riqueza, más allá de las medidas macro que deban tomarse o corregirse, pero siempre con el foco puesto en la distribución de la riqueza y en la inclusión. Capitanich es un jefe de Gabinete que tiene peso político, que tiene historia de gestión y que hizo bien al peronismo. Tiene experiencia y hoy puede apuntalar la tarea de la Presidenta, dialogando, actuando con todos los sectores que se encuentran en el seno del Gobierno y con todos los actores que están por afuera. En Agricultura, ha puesto a un hombre con una vasta experiencia en todo lo que tiene que ver con el quehacer del sector como lo es Casamiquela. Es un equipo muy sólido. Que en el Banco Central haya puesto a Fábrega me parece que es importante, porque además de ser un hombre experimentado en el mundo financiero, tiene una especial vocación por direccionar la línea de créditos hacia las pymes, hacia los sectores de la producción nacional.

–¿Cómo recibió la noticia de que se abriría crédito, pero exclusivamente para obra pública?
–Es la continuidad de política que llevaron adelante Néstor y Cristina. Siempre hemos recibido dinero de organismos multilaterales, pero dirigido no a la especulación financiera, entrando en el juego financiero de los organismos, sino para apuntalar la política de desarrollo, de producción y de obra pública. Estamos plenamente de acuerdo.


–¿Qué expectativas tiene respecto de los próximos dos años?
–Se escribieron tantas canalladas, tantas mentiras, tantas calumnias respecto de la salud de la Presidenta… Y volvió con la determinación, el compromiso y el valor para tomar las decisiones que tuvo siempre cuando lo requiere la Nación. Ya desde antes de que volviera, decíamos desde el Movimiento Evita que “lo mejor está por venir” y que por primera vez, en 160 años, los sectores populares tenemos la posibilidad de poder construir, de poder parir en el seno del nuevo proyecto, la continuidad, la referencia, para que, a partir del 2015, continúe este proyecto político que inició Néstor y continuó Cristina.


–¿Cuáles considera que van a ser los desafíos del Movimiento Evita en este nuevo escenario?
–Acabamos de terminar el 4º Congreso Nacional que se realizó en la Universidad Nacional de San Martín, donde participaron más de 2.200 compañeros que ofrecieron documentos respecto de la situación nacional. 


De dónde venimos y dónde estamos es tema de debate permanente. Miles de compañeros en cada rincón de la patria, porque el Movimiento Evita es una fuerza federal, seguimos trabajando, corrigiendo lo que haga falta porque, como fuerza, tenemos cosas para corregir porque cometemos errores, porque en el día a día de la política no siempre son todos aciertos. Hemos decidido profundizar el rumbo que venimos llevando adelante desde 2005, cuando nos constituimos como fuerza, como agrupación, como organización, como movimiento político. Estimulamos el espíritu crítico porque estamos convencidos de que la política lo requiere. Debemos seguir trabajando, afianzando la fuerza, basándola siempre en los sectores más humildes. 

Por eso estamos desarrollando, y con muy buen resultado, la producción de tierra para que las familias humildes que no califican porque están fuera de la economía formal, también puedan acceder a su lote y construir su vivienda. Tenemos dos experiencias muy importantes en La Matanza y en Córdoba, llevadas adelante por los compañeros. Trabajamos en los barrios más críticos para sacar de la esquina a los jóvenes que no trabajan ni estudian, y defenderlos de caer en la droga y en la ilegalidad. Enfrentamos con franqueza, y con mucha agresividad, junto con los estamentos del Estado, al trabajo informal. Debemos consolidar la Central de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), que ya está integrada por el Movimiento Evita y por muchas otras organizaciones, muchas oficialistas y otras que son críticas, pero con un objetivo común: dignificar al trabajador informal, darle más derechos y transformarlo en un trabajador con dignidad. Por supuesto esto articulando con el Estado Nacional, Provincial y Municipal. Tenemos que avanzar en la formación de los compañeros. Necesitamos una política más firme respecto de los sectores medios, porque muchos de éstos están con este proyecto y a veces el Evita no tiene una mirada clara al respecto; precisamos distinguir quiénes están con la Patria y quiénes oscilan entre apoyar cualquier política antipopular (a veces por falta de información) y enfentarlas. Hay que continuar y mejorar el desarrollo de los centros de estudiantes, de las organizaciones obreras en las fábricas, impulsar una mesa política que cuente con el compromiso de intelectuales, pensadores e investigadores para darle más volumen a nuestras propuestas, porque a veces tenemos en claro cuál es el problema, pero no siempre tenemos en claro cuál es la solución.

Entrevista. Darío Díaz Pérez. Intendente de Lanús.
“Es una demostración de la profundización del proyecto”
–¿Cómo recibió los cambios en el Gabinete nacional?
–Con muchísimo optimismo. Nuestra Presidenta hizo una lectura de la realidad, de la demanda, de nuestra gente y del tiempo que viene por delante. Creo que de alguna forma se adelantó al nuevo tiempo para que el proyecto que llevamos adelante se profundice, que no se “amesete”. Las primeras modificaciones que hizo, ya lo van demostrando. En primer lugar, para jefe de Gabinete, el lugar desde donde se dinamiza toda la gestión pública, ha puesto a un hombre de una experiencia indudable como es el gobernador de Chaco, Capitanich. Eso, además, aporta una dinámica más dialoguista sobre los sectores activos de nuestra sociedad. Algo que lo posiciona en un momento donde se necesita todavía más inclusión de los distintos sectores de nuestra comunidad. Otro cambio notorio es el del Ministro de Economía; también es una demostración de la profundización del proyecto en manos de un dirigente joven, un doctor en economía que viene mostrando una aptitud que sobresalía dentro del Gabinete.


–¿Cómo vivió la salida de Moreno, una de las noticias que más festejó la derecha?
–Y… la viví con dolor, para qué voy a mentir. Realmente, Moreno ha sido uno de los patriotas que tuvimos. Moreno fue el cuadro político, no sólo más lúcido, por lo que tuvo que atender, sino de mayor coraje. No retrocedió ante nada y le demostró, a propios y extraños, que con mucha transparencia, mucha honestidad, tentado por los buitres de los sectores dominantes en lo económico, no pudieron con él. Ésa es la moral que nosotros reivindicamos para todos nosotros, la que creemos debe ser la que guía de todo el Proyecto Nacional. Haber tenido que correr a un cuadro político como Guillermo Moreno, a mí me duele como militante político, pero entiendo que hay procesos evolutivos y que nuestra Presidenta también necesita otro tiempo.


–¿Qué expectativas tiene?
–Creo que viene un tiempo de mucho más diálogo, de mayor apertura, de más inclusión para los sectores que deberían estar formando parte de la gestión nacional pero, además, de demostrar que no se dará ni un paso atrás. No han podido influir, ni en nuestra Presidenta ni en nuestros dirigentes, los sectores económicos de capital concentrado. Eso me llena de orgullo y es, para mí, una de las demostraciones de que estamos en el buen camino.


–Algunos sectores pretendieron hacer ver como que se daba un paso atrás o que se aceptaba cierta presión externa…
–Es bueno que ellos piensen eso, nos deja más tranquilos. Nosotros estamos firmes, confiados, contentos de que estamos dando un gran paso adelante y de que vamos en camino a profundizar todas y cada una de las cosas que nos propusimos: desde la recuperación de la soberanía en todos los rubros, energía, transporte, hasta el Estado interviniendo fuertemente en la economía y no dejarlo librado a los buitres de la economía.


–¿Qué otros desafíos quedan pendientes?
–Creo que el gran desafío que tenemos todos, además del Gobierno, pero particularmente quienes pertenecemos a esta estructura política, es generar una organización propia que nos permita seguir proyectando este esquema, este modelo, este proyecto, por muchísimos, muchísimos años. Hablo de organización de las estructuras políticas…. y lo digo como dirigente político; es una gran deuda que debemos ir consolidando para que vaya a la par de la gestión.
Fuente:MiradasalSur

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