23 de noviembre de 2013

Los desaparecidos están, no se esfumaron ni son no personas.

Viernes, 22 de noviembre de 2013
Los desaparecidos están, no se esfumaron ni son no personas
Por Gustavo De Marinis
@Monodemarinis
demarinis.gustavo@diariouno.net.ar
“Si es un desaparecido es una no persona, no existe, no tiene entidad. Son entes que se esfumaron en el aire. Si está desaparecido no está muerto ni vivo, no existe, no está mas”, decía con firmeza Jorge Rafael Videla, durante su gobierno de facto, la primera vez que aceptó hablar ante la prensa internacional sobre, precisamente, los desaparecidos.

Videla, fallecido en mayo pasado y máximo referente de la dictadura cívico-militar que tomó el poder por asalto entre 1976 y 1983, estaba equivocado. Los desaparecidos sí están y aparecen cada vez más.

Por muchos años, los responsables de la represión ilegal que dejó como peor saldo la desaparición de cerca de 30 mil personas lograron lo que Videla ambicionaba: que no se supiera nada. Contaron, ya en democracia, con la complicidad y el silencio de una parte de la Justicia y de la dirigencia política que los amparó. Fueron favorecidos por las leyes de obediencia debida y punto final, más el indulto.

Pero no contaron con que nunca iban a bajar los brazos y jamás iban abandonar la lucha las Madres de la Plaza y, junto a ellas, los muchachos y las muchachas de HIJOS y Hermanos, y los ex presos políticos, Familiares de Desaparecidos, amigos y militantes.

Tampoco contaron con que, un día, la Justicia y el Gobierno iban a dejar de mirar para otro lado.
Empezaron los juicios y los desaparecidos empezaron a aparecer, no con vida, claro. Resulta que no se esfumaron, como pretendía Videla. Cada audiencia de cada debate en cada juicio por delitos de lesa humanidad en la Argentina hizo (hace) posible saber qué pasó con los desaparecidos que no desaparecieron por sí solos, sino por obra y acción de personas que hoy están dando cuentas de sus actos. Y todo dentro de la ley, como corresponde, como ellos no lo hicieron cuando dispusieron de las vidas de docentes, profesionales, artistas, estudiantes, embarazadas, gremialistas, niños, políticos…

Comenzamos, de a poco, lentamente pero sin pausas, a saber qué pasó con los desaparecidos, dónde estuvieron, qué les hicieron, quiénes fueron responsables de lo que les pasó. También comenzamos a saber adónde quedaron o en qué lugar los tiraron, a recuperarlos.

Aquí mismo, en Mendoza, en pocos días hubo noticias esperanzadoras para hallar cuerpos, restos o huesos. Cerca de la Laguna del Diamante, el Equipo Argentino de Antropología Forense halló piezas que serían de desaparecidos. En San Martín, gracias a una nota publicada en este diario por Enrique Pfaab –quien además con valentía y compromiso ciudadano hizo la denuncia en la Fiscalía Federal– se supo que un cementerio de la zona también podría haber desaparecidos.

Muchos, pero muchos años, quienes tenemos desaparecidos en la familia o entre nuestros amigos o compañeros tuvimos la esperanza de que algún día nos reencontraríamos con ellos. De a poco fuimos entendiendo que con vida no sería posible, pero igual, por ese ejemplo que nos dieron y nos dan las Madres, nunca perdimos la esperanza ni bajamos las banderas, para que la verdad se conociera, para reparar la memoria de los nuestros y por justicia. Y también por encontrarlos.

Cuesta explicar con palabras el valor emocional y afectivo que significa reencontrarnos, aunque sea, con unos huesos. Será quizás porque cada cuerpo o cada resto que se identifica nos moviliza sobremanera a quienes buscamos a los 30 mil.
Fuente:DiarioUnoMdza.

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