3 de noviembre de 2013

ROSARIO: Siempre estarás conmigo.

Sábado, 02 de noviembre de 20130
Siempre estarás conmigo
Daniel Gorosito, por siempre estarás conmigo. Hace 37 años, un día como el 28 de octubre de 1976, te llevaban, te sacaban de la ex Jefatura de Rosario, de calle Dorrego y San Lorenzo.
Daniel Gorosito, por siempre estarás conmigo. Hace 37 años, un día como el 28 de octubre de 1976, te llevaban, te sacaban de la ex Jefatura de Rosario, de calle Dorrego y San Lorenzo. Ese día te arrancaban de nuestras vidas, no te daban la oportunidad de crecer junto a tu familia, porque eras un hombre de sólo 23 años, con un proyecto de familia en la cual estábamos tu compañera Pety, yo (la Pelada) y en camino José. Ese día unos hombres, unos animales, decidieron que vos eras peligroso, que no podías seguir con vida. 

Esos animales, muchos hoy están muertos y otros desde que se recuperó la democracia estamos pidiendo juicio y castigo. En el 2003 empezaron esos juicios, pero la Justicia es muy lenta. Tu viejo, el Goro, no llegó ni a enterarse de eso, la abuela Rosa vive con Lidia, tu hermana, que la alejó de todos nosotros, pero eso es otro capítulo. 

Quiero recordar cómo fue tu vida, tu niñez, tu adolescencia y tus decisiones. Naciste en una familia muy humilde, con cuatro hermanos, sólo dos están vivas, un padre muy trabajador, de esos que se levantaban a las 4 para barrer las calles de Rosario, era barrendero, entre otros trabajos que tuvo.

Tu mamá, que los crió como pudo, con sus dificultades como las mujeres de esa época, sé que tus hermanas, sobre todo Noly, te cuidaba mucho y era la que más te protegía. Fuiste a la escuela Congreso de Tucumán, y la secundaria empezaste en la Técnica 6, la industrial. Empezaste tu militancia en la Juventud Guevarista, Tacuara Brandaza fue tu guía. 

Llegó el PRT, el ERP, ahí la conociste a mamá, una bella mujer, con una historia familiar muy marcada por la tragedia, otro capítulo, pero con muchos sueños y esperanzas. Yo soy tu hija porque vos me elegiste, me miraste y me elegiste, conmigo jugabas, me llevabas a la casa de los compañeros, era tu compañera con pañales, y te quitaron la posibilidad de que me vieras crecer. 

No pudiste conocer a José, un negrito hermoso, que el día que vi que me robaba mi teta le pegué (que atrevido). No te dieron la oportunidad de acompañarnos el primer día de la escuela, ni el último. Te negaron la posibilidad de ver crecer a tu nieto Lautaro, y ojalá vengan más (por José, yo ya no).

Graciela siempre me cuenta de tus rulos, de cómo te gustaba dibujar, de lo tranquilo que eras, de pocas palabras, pero con ella y el Tata no, los querías y ellos a vos. También Valeria y Cristina, las hijas de la tía Mini y el Tito me hablan de vos. ¿Por qué nos quitaron esa posibilidad? ¿Por qué nos dañaron de esa manera? ¿Por qué ellos decidieron sobre tu vida? ¿Quiénes se creyeron que eran? ¿Dios? 

Y sí, la respuesta a esas preguntas es sí, se lo creyeron. Por los compañeros sabemos lo generoso y leal que fuiste, hasta ese 28 de octubre les regalaste tu Biblia y tu campera porque sabías que ya no volverías. Y ellos se llenan la boca diciendo lo valiente que fuiste, que jamás de tu boca salió ningún nombre, que preferías la tortura antes que nombrarlos, y eso me llena de orgullo, saber que fuiste leal, compañero, y lamentablemente no todos se comportaron de esa manera. 

Fuiste un hombre de sólo 23 años con una claridad política, un referente, un cuadro político y te mataron por eso. Era tanto el odio que te tenía Feced, que no le alcanzó sólo con torturarte, te hizo desaparecer, pero él no contaba con que yo, Paula, iba a seguir buscándote, levantando tu nombre y tu foto. 

Y no estoy sola, está mamá y miles de compañeros que todos los días te recordamos, como recordamos a los 30.000. Y lo peor de todo, no nos han vencido, primero el taller “Había una vez...”, después “Hijos”, y ahora “Familiares”.

Donde esté y como esté te llevo conmigo siempre, porque encontrarte es lo único que le daría paz a mi alma. Hasta la victoria siempre, compañero Daniel Gorosito, presente ahora y siempre. “Sufre más aquél que espera siempre, que aquél que nunca esperó a nadie”, Pablo Neruda.

Paula Vanina Luna
Fuente:LaCapital-CartadeLectores 

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