8 de diciembre de 2013

SAN LUIS: Piden que no participen jueces complices de la dictadura de los 30 años de Democracia en el Poder Judicial‏-Una víctima le refriega en la cara su superioridad moral a su verdugo.

Acusan a jueces por haber sido colaboradores de la dictadura 
Piden a Rodríguez Saá que no participe de los “30 años de Democracia” en el Poder Judicial 
San Luis (Pelr) 05-12-13. En distintos lugares de nuestra provincia, anda circulando copia de una carta, fechada el 29 de noviembre pasado, que le fue enviada al senador nacional Adolfo Rodríguez Saá, firmada por “adherentes solidariamente a Ex Presos Políticos y Familiares de Desaparecidos y Asesinados por la Dictadura Militar de los años 1976 /1983”, donde le solicitan que no participe de los actos por los “30 años de la Democracia” que organiza el Poder Judicial local, puesto que “Omar Esteban Uría (hoy presidente del Superior Tribunal), Horacio Guillermo Zavala Rodríguez y el camarista Carlos Guillermo Maqueda” fueron directos colaboradores de la dictadura militar en nuestra provincia. En el texto, recuerdan que Maqueda fue “asesor del genocida Carlos Plá”, quien ya fue condenado por delitos de lesa humanidad y en estos días está afrontando un segundo juicio por delitos de la misma índole.

Haciendo un repaso del pasado de estos tres funcionarios judiciales, al “Señor Senador, le pedimos que no facilite con su presencia y aporte como conferencista, a que estos hipócritas vean satisfechos sus oscuros objetivos”, señalan en su tramo final de la carta.

“Los abajo firmantes, adherentes solidariamente a Ex Presos Políticos y Familiares de Desaparecidos y Asesinados por la Dictadura Militar de los años 1976 /1983, como así allegados solidariamente a nosotros en el dolor” le explican a Rodríguez Saá que “ha llegado a nuestro conocimiento la insólita noticia de que el Superior Tribunal de Justicia de San Luis ha organizado actos conmemorativos por cumplirse Treinta Años de Democracia en la República Argentina, lo que llena ciertamente de profunda y legítima alegría y esperanzas a la inmensa mayoría del Pueblo de la Nación Argentina”, pero no comprenden que se haga en el Poder Judicial “por estar contaminado ese Alto Cuerpo en su integración con dos Ministros -uno de ellos hoy Presidente-, que fueron activos y convencidos adherentes y colaboradores de esa tan terrible dictadura”. A renglón seguido, aclarando que hablan de “Omar Esteban Uría y Horacio Guillermo Zavala Rodríguez” y agregan que los mismos “hoy día se encuentran formalmente denunciados por quien fuera un empleado judicial cesanteado, a quien no se le brindó ni respetó adecuadamente el debido ejercicio de su Derecho de Defensa (y vaya si esto no nos recuerda a las épocas del oscurantismo de la Dictadura)”. 

Posteriormente sostienen que “las estructuras democráticas y el sistema Republicano de Gobierno se van a consolidar definitivamente cuando los sectores civiles que siempre han estado de acuerdo en acompañar a los Militares asaltantes del Poder Constitucional, erradiquen de su pensamiento que esas formas ilegítimas de gobierno no deben utilizarse Nunca Más. El prestigioso intelectual argentino Pacho O´Donell ha afirmado reiteradamente su pensamiento de que no era ni fue posible en la Argentina que los militares asaltaran el Poder como lo hicieron, si no hubieran contado con el muy importante apoyo de civiles golpistas”.

“Pero no podemos, en modo alguno, permitir que estos dos civiles, de profesión abogados, que eligieron ocupar importantes cargos públicos bajo la forma Dictatorial de Gobierno, sabiendo que se arrojaba al tacho de residuos la Constitución Nacional y Provincial, sean ahora los que propicien celebrar con entusiasmo y alborozo este tercer decenio de Sistema de Gobierno que se esfuerza por garantizar a los ciudadanos argentinos la apoyatura de las Garantías y los Derechos que nos son dados por la Carta Magna, y que fueron tan brutalmente negados a nuestros familiares -que recordamos día a día, con inocultable dolor-, desde hace más de treinta y cinco años”, señalan en otro párrafo de la carta dirigida a Rodríguez Saá.

En el penúltimo párrafo, es donde ‘recuerdan’ el pasado colaboracionista con la dictadura militar de quien hoy es Camarista, por Carlos Guillermo Maqueda, al señalar que “permitir que estas ‘altas autoridades judiciales’ (premiadas injusta, inmerecida y vergonzantemente por el Sistema Democrático para ocupar esos cargos), como quien también ocupa otro altísimo cargo judicial que es el Camarista Carlos Guillermo Maqueda, Asesor Directo del perverso Genocida Carlos Esteban Plá, sea otro de los que estén aplaudiendo y vivando a la Democracia; no nos merecemos nosotros semejante humillación, semejante destrato, semejante burla a la memoria de nuestros queridos familiares desaparecidos y en muchos casos asesinados; no es la forma que pretendemos nosotros se los recuerde, no de la mano de estos personajes que pretenden entrelazar las nuestras y en gestos de hipocresía repugnante, hacernos creer que también sienten penas y tristezas por los muertos y desaparecidos por la Dictadura más Cruel, Perversa, Sanguinaria y Genocida que haya asolado la República Argentina”.

“Por todo esto, Señor Senador, le pedimos que no facilite con su presencia y aporte como conferencista, a que estos hipócritas vean satisfechos sus oscuros objetivos”, le solicitan en el último párrafo a Adolfo Rodríguez Saá.
Informe: Carlos Rubén Capella 

Juicios por crimenes de lesa humanidad 
Además de torturadores, ladrones 
San Luis (Pelr) 06-12-13 En la jornada de este jueves por la tarde, se escucharon tres testimonios; en el último de ellos, Rosario Inés García, la hermana del gremialista de la Cerámica San José, Roberto García, desaparecido en 1976, indicó que las fuerzas represivas comandadas por el entonces capitán Carlos Pla, además de destruir de todo a su paso cuando allanaron la casa de su padre, donde ella vivía y en la de su suegro, ubicada cruzando la calle, en ambas robaron de todo: "dinero, alhajas, herramientas...". A raíz de los testimonios escuchados ayer se pidió que se llamase a nuevos testigos, entre ellos a personas que en ese momento hacían el servicio militar obligatorio. Por la tarde también se escuchó el relato del cautiverio de Miguel Landro, que centró sus acusaciones sobre el ex obispo de San Luis, Juan Rodolfo Laise y un ex policía, Luiz Enriz, que no aportó demasiado a lo que se había conocido por otro ex uniformado, sobre los primeros minutos del secuestro de Pedro Valentín Ledesma.

En el caso de Rosario García, también se refirió a la actitud amenazante que mantuvo el ex subjefe de la policía en 1976, Carlos Pla, durante el allanamiento a la casa de su padre, donde ella también vivía junto a su esposo y sus dos hijos de corta edad. Debió hacer varias pausas porque se quebró en llanto al momento de hacer su relato.

Apuntó contra "Garro", aunque no lo dijo, presumiblemente hablaba de Juan Amador por la descripción que hizo de él a lo largo de su relato, quien era "amigo de la familia" y en algún momento, "porque le habían prometido un ascenso" se transformó en el informante de las actividades de su hermano.

"El lo entregó a mi hermano", dijo Rosa, quien vio a Roberto por última vez el 2 de julio de 1976, "el día de mi cumpleaños".

Sobre Pla dijo que como uno de sus hijos, de cinco meses de edad, lloraba, ella se levantaba a darle el chupete y en un momento la amenaza: "Quedate quieta, porque yo no respondo por mis muchachos y están bastante nerviosos", asegura.

Por su parte, Luis Enriz, policía por aquellos días, contó como había sido trasladado él junto a no menos de cien efectivos al sur de la provincia, de alguna manera castigados por no comulgar con las ideas de sus nuevos jefes militares y que, como no conseguían vivienda en Buena Esperanza a dónde lo habían mandado, debió volver a San Luis y se encontraba de guardia en la Comisaría 2° la noche que formalmente liberaron y posteriormente secuestraron a Pedro Valentín Ledesma, a quien un grupo de tareas se lo arrebató a su padre a las pocas cuadras del edificio policial y aún continúa desaparecido.

Enriz habló de un Torino verde, que presuntamente había descripto Segundo Ledesma, al que siguieron en un Jeep de la policía y entró por una tranquera a las dependencias del GADA, por donde hoy se encuentra la calle Pellegrini atravesando el predio del Ejército.

Dijo que no había visto a quienes iban dentro del vehículo, solo que era un auto como el que había descripto el padre de Ledesma y que entró en el Ejército.

Enriz había sido mencionado por otro testigo, también policía, con quien habían estado hablando sobre el tema en 2012 mientras esperaban en un consultorio médico.

Landro, por su parte, se disculpó varias veces, porque "el alemán" se había "llevado los nombres", en una referencia metafórica e irónica a la falta de memoria que produce el Alzheimer, y no aportó demasiados nombres de quienes lo torturaron. Se acordó si de Pla y Víctor Becerra, a quien por momentos lo mencionó como El japonés, pero si hizo un detallado relato sobre una lista que le habían entregado "un allegado de Laise" donde figuraba su nombre y el de otros compañeros suyos que hacían trabajo social y alfabetización a través del programa DINEA, alguno de los cuales fueron detenidos, aunque reconoció que no fueron todos. 

A Laise lo describió como una persona despiadada, "un verdadero demonio", que actualmente se encontraba "escondido en Roma", en alusión a la actual residencia en proximidades del Vaticano.

También dijo que su liberación se produjo en el año 1978 y que fue el coronel Raúl Benjamín López quien se la comunicó, ya que entonces era el jefe de la Policía y que luego debió ir al Ejército a buscar su documento.

Cuando le preguntaron si creía que López estaba al tanto de los tormentos a los que fue sometido en cuatro oportunidades, señaló: "Estimo que si". Estuvo un año y cuatro meses detenido.

Según trascendió, el testimonio de Landro no fue pedido por la querella, sino por la defensa de uno de los imputados.
Informe: Gustavo Senn
Envío:Agnddhh



06.12.2013
Maestra rural describió el rosario de torturas y vejaciones a que fue sometida
San Luis: Una víctima le refriega en la cara su superioridad moral a su verdugo

Lucy María fue secuestrada en momentos en que izaba la bandera en una escuelita rural de cartón y chapas. San Luis.- Lucy María era a los 20 años una maestra rural de un paupérrimo pueblo de esta provincia, cerca de la frontera con La Pampa. Era muy delgada, y radioaficionada, hobby que le había trasmitido su padre y que le permitía comunicarse con su novio, que estudiaba en Chile. Esa afición precipitó su ruina a causa de las sospechas de un grupo de tareas de la Fuerza Aérea acerca de que su novio fuera militante y ella lo ayudara trasmitiendo mensajes revolucionarios. Después pasó a manos de la policía y del Ejército, fue torturada, violada individual y grupalmente y llegó a pesar 30 kilos. Hoy le recordó con amarga ironía a uno de sus torturadores, el comisario Humberto Godoy, su clarividencia: "Usted me amenazó diciéndome que volveríamos encontrarnos y aqui estamos. Pero yo no tuve un juicio justo y usted está amparado por la justicia de la democracia".

Lucy María, sobreviviente del terrorismo de estado, agradeció de pie hoy a uno de sus torturadores por su clarividencia cuando, en medio de una tortura durante su cautiverio, le dijo "vamos a volver a encontrarnos", y le espetó: "aquí estamos, pero usted está amparado por la justicia de la democracia. Yo no tuve un juicio justo".

El testimonio de Lucy María frente a su verdugo, Nelson Humberto Godoy, ex jefe departamental de la Policía de San Luis durante la última dictadura cívico militar, tuvo lugar hoy durante la décima jornada del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en San Luis.

"Aquí estamos, -dijo María de pie frente a Godoy- pero usted está amparado por la justicia de la democracia, con todas las garantías que esta le ofrece. Yo no tuve un juicio justo, era una joven de 20 años que pesaba 30 kilos por el maltrato recibido".

"Debo agradecerle porque si yo antes dudaba, después de lo que pasó sigo pensando lo mismo. Le agradezco que haya reafirmado mis convicciones, aunque dolorosamente, y hoy sé que lo que usted nunca entendió es la solidaridad", le dijo.

Fue un momento de extrema tensión, ante el Tribunal Oral Federal que juzga, en San Luis, a 29 imputados por delitos de lesa humanidad, en el que cada persona presente en la sala de audiencias pudo percibir el nivel de daño causado a esa maestra rural, arrebatada del mástil de una escuela albergue ubicada en el sur de la provincia de San Luis en el límite con la provincia de La Pampa.

Lucy María fue detenida el 23 de setiembre de 1976 cuando izaba la bandera de la escuela de "cartón corrugado, sin luz ni agua corriente a la que asistían hijos de puesteros de entre 6 y 11 años y donde las funciones no eran sólo la docencia".

A los cuatro kilómetros del lugar la hicieron desnudar y fue obligada a "correr por el campo mientras me disparaban, no para matarme sino para amedrentarme".

Cuando se reanudó el viaje, le pidieron que contara chistes desde el piso trasero del auto. "Yo conté algunos, pero no les gustaron y eso me costó otra golpiza", recordó.

La condujeron luego a los hangares de la V Brigada Aerea, esposada y desnuda, obligada a hacer sus necesidades encima, y así fue interrogada sobre su actividad como radioaficionada, su novio chileno con el que se comunicaba por radio, su elección de la psicología como materia de estudio y el pasado vasco de su familia.

Estas realidades fueron encadenando la certeza de que "yo enviaba mensajes por radio entre la ETA y el MIR, sumado a mi condición de mujer en el mundo de los radioaficionados donde el 99% eran hombres, a la elección de una carrera universitaria mal vista y a la tarea de asistencia a los desposeídos", declaró.

"En el mundo de la radio me introdujo mi padre, que era radioaficionado. Mi novio estudiaba en la universidad de Chile y nos comunicábamos por radio, y la tarea rural la realizaba porque era maestra y nunca había ejercido. Y la elegí cuando dejé la carrera de psicología en los años duros del terrorismo de Estado", aclaró.

María fue trasladada luego a la ciudad de Villa Mercedes, en donde en dependencias de la policía provincial "fui encerrada en un calabozo de 2 x 1 metros plagado de ratas y cucarachas cuyas mordidas permanecieron largo tiempo en mi cuerpo".

Fue torturada reiteradamente con los mecanismos de la época como el "submarino", violada individualmente y en conjunto por oficiales del ejército y de la policía que, además, le dijeron que habían matado a toda su familia, incluida su sobrina de 3 años.

Los únicos cargos que recuerda se los hicieron sus captores durante "los interrogatorios" en los que me gritaban "puta, comunista".

"Me devastaron de tal manera a nivel psíquico y físico que nunca creí que me iba a recuperar. Solo esperaba la muerte y los enfrentaba para que me mataran. Eran una cofradía de perros rabiosos contra
una mujer de 20 años y 30 kilos a la que se le zafaban las esposas por la delgadez".

La víctima destacó la actitud de tres oficiales de la policía de la provincia que la ayudaron durante su cautiverio, dos hombres y una mujer que la asistían luego de las largas noches de tortura.

"Esperaban que los del ejército se fueran y me ayudaban porque les tenían tanto terror como yo", describió.

Fue "licenciada" (liberada) el 1 de enero de 1977 por Miguel Angel Fernández Gez, previa entrevista para la que "me vistieron, me lavaron la cara y me peinaron" y a la que asistió acompañada por su padre.

"Nos llevaron a dependencias del Ejército y nos hicieron cruzar hangares donde vimos muchos jóvenes estudiantes universitarios en el piso y en muy mal estado".

Antes de quedar en libertad, recordó que "Fernández Gez humilló y degradó a mi padre en esa entrevista, diciéndole que él había criado bien a sus hijos que eran católicos e iban a misa, diciéndole: 'Usted no lo hizo bien, la dejó leer mucho'".

"Vos qué querés hacer ahora", contó María que le preguntó el militar, y ante su respuesta de que quería reanudar su carrera universitaria, le contestó "sí, pero que debía traerle todos los viernes una lista con el nombre de subversivos".

En este contexto, María nunca se recibió de psicóloga y aún pesan sobre ella las huellas de las torturas, a pesar de la asistencia profesional con la que cuenta. Dijo que suele experimentar temblores y estremecimientos, secuelas del miedo y el horror que aún la asaltan en sus sueños.

Durante la jornada, se escucharon además los testimonios de Aida Alfonso y Ema Alfonso, hermanas de Manuel Armando Alfonso, víctima sobreviviente; la de Ramón Lucero Latorre, cuñado de Roberto García, dirigente gremial ceramista desaparecido y de Zulma Edith María, hermana de Lucy.
Fuente:Telam

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