Abogados querellantes realizaron las réplicas
05/12/2013 Megacausa Jefatura II - Arsenales II
Abogados querellantes realizaron las réplicas
El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán continuó ayer con las audiencias de alegatos en el juicio oral en el que se investigan crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, en el marco de las causas conocidas como Arsenales II – Jefatura II.
Al terminar los alegatos los defensores, los jueces escucharon las réplicas de las querellas.
"No habrá una vida para reparar el daño que han hecho, no hubo un arrepentimiento, no hubo un acto humanitario" expresó Laura Figueroa Figueroa, quien además manifestó su molestia por las palabras con las que se refirió la defensora Jorrat a las víctimas del genocidio a quienes definió como “delincuentes y sabandijas”.
Luego siguió el turno de Emilio Guagnini quien representa a la querella de Carlos y Berta María Soldatt. Más tarde, Julia Vitar, abogada querellante por 11 víctimas junto a Inés Lugones. Posteriormente realizó la réplica Valentina García Salemi, junto a Daniel Weisemberg, ambos querellantes de ANDHES.
La última querella en hacer la réplica fue la de Secretaría de DD HH, Lobo Bougeau y Pablo Gargiullo quien expresó "la defensa mete en la misma bolsa a víctimasy victimarios, a secuestrados y secuestradores"
En el proceso se juzga a 41 personas y se investigan los delitos de allanamiento ilegal de domicilio, privación ilegítima de la libertad, torturas, abuso deshonesto agravado, violaciones agravadas y homicidio calificado, cometidos en perjuicio de 208 víctimas.
Cabe recordar que, en su alegato, la Fiscalía había solicitado prisión perpetua para 33 de los acusados, en tanto requirió penas de entre 4 y 25 años para los otro ocho imputados.
Está previsto que el debate continúe mañana.
Por otro lado para la sentencia prevista para el viernes 13, el TOF estableció que solo ingresará a la sala un familiar por imputado y por víctima, por cuestiones de espacio.
También habrá cupo limitado para periodistas.
Fuente:TucumanHoy
Envío:Agnddhh
Los testimonios y las historias detrás de los sobrevivientes
Revivieron los insultos, los golpes, los gritos, las torturas y, sobre todo, el miedo. La mayor parte de los 72 sobrevivientes de los centros clandestinos de la Jefatura y el Arsenal pasaron frente a los jueces. Brindaron nombres de compañeros de cautiverios, mencionaron a sus presuntos victimarios y describieron las condiciones de vida-y de muerte- en esos sitios.
Las historias saltaron de los expedientes fríos para tener rostros y para mostrar familias bañadas de lágrimas por la ausencia. Sin embargo, también hubo momentos de reencuentro y de reconciliación. En una audiencia en mayo, Teresa Yackel había recordado que compartió cautiverio en el Arsenal con una mujer que le había contado que tenía un hermano militar y que estaba casada. Nunca pudo saber su nombre.
Margarita Laskowski, 24 horas antes, había mencionado a una prisionera embarazada a la que le decían “La Panzona”. Las habían liberado juntas. Mientras Yackel declaraba, Laskowski estaba en el público. Al escuchar el relato, se reconoció en él. Más de 37 años después, las mujeres pudieron conocerse y abrazarse.
En septiembre, en el reconocimiento a la base militar de Caspinchango (Monteros), Domingo Jerez y Juan Manuel Quinteros estuvieron juntos en el recorrido por el monte. En 1976, el primero, era un joven conscripto que cumplía funciones allí y el segundo, un secuestrado. Jerez precisó dónde habían torturado a Quinteros.
Fuente:laGaceta
Envío:Agnddhh
“No tengo nada que ver”, afirmó el escribano Benedicto
Un grupo de imputados pronunció sus últimas palabras antes del veredicto; hubo fuertes cruces entre las partes por las réplicas y dúplicas .
Las historias saltaron de los expedientes fríos para tener rostros y para mostrar familias bañadas de lágrimas por la ausencia. Sin embargo, también hubo momentos de reencuentro y de reconciliación. En una audiencia en mayo, Teresa Yackel había recordado que compartió cautiverio en el Arsenal con una mujer que le había contado que tenía un hermano militar y que estaba casada. Nunca pudo saber su nombre.
Margarita Laskowski, 24 horas antes, había mencionado a una prisionera embarazada a la que le decían “La Panzona”. Las habían liberado juntas. Mientras Yackel declaraba, Laskowski estaba en el público. Al escuchar el relato, se reconoció en él. Más de 37 años después, las mujeres pudieron conocerse y abrazarse.
En septiembre, en el reconocimiento a la base militar de Caspinchango (Monteros), Domingo Jerez y Juan Manuel Quinteros estuvieron juntos en el recorrido por el monte. En 1976, el primero, era un joven conscripto que cumplía funciones allí y el segundo, un secuestrado. Jerez precisó dónde habían torturado a Quinteros.
Fuente:laGaceta
Envío:Agnddhh
“No tengo nada que ver”, afirmó el escribano Benedicto
Un grupo de imputados pronunció sus últimas palabras antes del veredicto; hubo fuertes cruces entre las partes por las réplicas y dúplicas .
Llantos. Pedidos de perdón. Reivindicaciones. Juramentos de inocencia. Clamores al Tribunal. Y hasta una broma inoportuna. Las voces de los imputados cerraron la penúltima audiencia de la megacausa “Arsenales II-Jefatura II”. Once de los 41 pidieron ejercer su derecho a pronunciarse por última vez antes de la sentencia por crímenes contra más de 200 víctimas, que el Tribunal Oral Federal (TOF) dictará el viernes.
Los discursos fueron variopintos: los hubo encendidos y de enojo y también calmos y de angustia. Sucede que la gran mayoría de los acusados es la primera vez que serán juzgados por delitos de lesa humanidad. A excepción de los ex policías Luis De Cándido (condenado en Jefatura I, en 2010) y Javier Figueroa, los que hicieron uso de la palabra fueron incluidos en la causa por su presunta participación en los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención y exterminio del Arsenal “Miguel de Azcuénaga” y en otros más pequeños ubicados al sur de la provincia.
Juramentos y una chanza
De chomba clara y zapatillas, volvió a la sala tras meses de seguir el debate mediante una pantalla. El escribano Juan Carlos Benedicto fue el único de los cuatro civiles sospechosos que habló ante los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Juan Carlos Reynaga. Con la voz temblorosa, reiteró su inocencia (la había manifestado en noviembre, al inicio del debate). “La verdad que no tengo nada ver con estos hechos de los que se me acusan. Soy ajeno a todo, no tengo nada que ver. No tengo ninguna relación con esto. Es todo lo que tengo que decir”, expresó en su escueto paso frente a los magistrados.
La Fiscalía lo acusó como presunto miembro de una de las “patotas” encargadas de secuestros y torturas de detenidos, sobre todo, en el centro clandestino conocido como “El Reformatorio”. Le adjudicaron los delitos de presuntas asociación ilícita, tormentos y homicidio (el de Gustavo Fochi). La figura de Benedicto había tomado notoriedad porque tras ser detenido, a fines de 2010, se fugó en 2011 y estuvo seis meses oculto en Encarnación, Paraguay.
El ex militar y abogado Daniel De Urquiza declaró en el Penal de Ezeiza (Buenos Aires), desde donde un grupo de ocho imputados siguió las audiencias durante todo el año. Caracterizó al público, integrado por familiares de desaparecidos y de imputados, como “doliente”. “Pido perdón por cualquier tropelía, por acciones u omisiones por parte del Ejército. Tengo el honor de ser oficial”, afirmó. Recordó que peleó en la guerra de Malvinas y concluyó su discurso reivindicando las islas como argentinas.
Ariel Valdiviezo, ex militar, también desde Ezeiza, proclamó su inocencia. “No tengo de qué arrepentirme, porque nada hice. Estoy orgulloso de haber combatido al enemigo. No maté a nadie, sólo cumplí ordenes”, sostuvo.
El ex gendarme Tomás Güemes cargó responsabilidades a sus superiores. “Las semillas de aquellos jóvenes llamados idealistas germinó y hoy ocupan cargos públicos nacionales”, afirmó.
Ramón Cooke, ex militar, sólo manifestó su inocencia.
Con un manuscrito en su mano, el ex gendarme Celso Barraza se presentó frente al estrado. “Quiero expresar mi inocencia. Llevo 40 meses detenido por un simple abuso deshonesto. Soy inocente y pido que se haga justicia”, concluyó.
“Nunca he matado, robado o maltratado a nadie”, afirmó de brazos cruzados y con voz radial el ex gendarme Benito Palomo. Luego, agradeció la labor de los defensores oficiales.
“Puedo ser condenado por un delito que no cometí. Peor no quiero que se ensucie mi honor. Juro por lo más sagrado que tengo, mi esposa y mis ocho hijos y 15 nietos, que no cometí ningún delito en mis 78 años. Quiero rendir homenaje a todos los muertos”, el ex miembro del Ejército, Hugo Soto.
Figueroa se quebró ante el Tribunal al mencionar a sus familiares: “declaro ante Dios y su señoría; mi familia y mis descendientes que soy inocente de toda la acción antijurídica penada por la ley que se me impute. No tengo más nada que decir”.
De Cándido fue quien más permaneció en el banquillo. Con tonada cordobesa, repasó una dura historia familiar, defendió a ex policías imputados, aseguró que él había bautizado al SIC (Servicio de Informaciones Confidenciales) y mantuvo un insólito diálogo con el presidente del TOF. “Llevo 10 años pagando por algo que no cometí. Vivo en una celda con letrina. Teníamos un jefe, un comisario general que era responsable ¡Jamás lo vi dar la cara! Hay un montón de compañeros que serán juzgados sin haber tirado un tiro”, consideró en un primer momento. Después relató una detención de un que habría efectuado, dijo, por pedido de la madre del joven que apresó. “Era el armero del ERP en el cerro. Me dijo cómo mató al capitán (Antonio) Viola”, añadió. Por el apodo que aportó, se trataría, en realidad, de un adolescente secuestrado que figura como víctima en la causa “Operativo Independencia”.
Antes de retirarse, De Cándido le habló a Jiménez Montilla: “usted seguirá en la A y nosotros en la B Usted me entiende”. El juez sólo lo miró. “¿Me entiende?”, le inquirió. “La verdad que no”, respondió el magistrado atónito. Los presentes quedaron en silencio. “Me refería a San Martín ¡Estamos en la B”, bromeó sorpresivamente y generó algunas risas.
Durante la tarde del jueves y la mañana de ayer, las querellas y el Ministerio Público Fiscal (MPF) habían presentado sus réplicas y los defensores, las dúplicas a éstas. Hubo fuertes cruces por los pedidos de inconstitucionalidad de la imputación por asociación ilícita y por los pedidos de condena a perpetua; de exclusión de testigos clave y de nulidad parcial de los alegatos de los fiscales.
Los discursos fueron variopintos: los hubo encendidos y de enojo y también calmos y de angustia. Sucede que la gran mayoría de los acusados es la primera vez que serán juzgados por delitos de lesa humanidad. A excepción de los ex policías Luis De Cándido (condenado en Jefatura I, en 2010) y Javier Figueroa, los que hicieron uso de la palabra fueron incluidos en la causa por su presunta participación en los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención y exterminio del Arsenal “Miguel de Azcuénaga” y en otros más pequeños ubicados al sur de la provincia.
Juramentos y una chanza
De chomba clara y zapatillas, volvió a la sala tras meses de seguir el debate mediante una pantalla. El escribano Juan Carlos Benedicto fue el único de los cuatro civiles sospechosos que habló ante los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Juan Carlos Reynaga. Con la voz temblorosa, reiteró su inocencia (la había manifestado en noviembre, al inicio del debate). “La verdad que no tengo nada ver con estos hechos de los que se me acusan. Soy ajeno a todo, no tengo nada que ver. No tengo ninguna relación con esto. Es todo lo que tengo que decir”, expresó en su escueto paso frente a los magistrados.
La Fiscalía lo acusó como presunto miembro de una de las “patotas” encargadas de secuestros y torturas de detenidos, sobre todo, en el centro clandestino conocido como “El Reformatorio”. Le adjudicaron los delitos de presuntas asociación ilícita, tormentos y homicidio (el de Gustavo Fochi). La figura de Benedicto había tomado notoriedad porque tras ser detenido, a fines de 2010, se fugó en 2011 y estuvo seis meses oculto en Encarnación, Paraguay.
El ex militar y abogado Daniel De Urquiza declaró en el Penal de Ezeiza (Buenos Aires), desde donde un grupo de ocho imputados siguió las audiencias durante todo el año. Caracterizó al público, integrado por familiares de desaparecidos y de imputados, como “doliente”. “Pido perdón por cualquier tropelía, por acciones u omisiones por parte del Ejército. Tengo el honor de ser oficial”, afirmó. Recordó que peleó en la guerra de Malvinas y concluyó su discurso reivindicando las islas como argentinas.
Ariel Valdiviezo, ex militar, también desde Ezeiza, proclamó su inocencia. “No tengo de qué arrepentirme, porque nada hice. Estoy orgulloso de haber combatido al enemigo. No maté a nadie, sólo cumplí ordenes”, sostuvo.
El ex gendarme Tomás Güemes cargó responsabilidades a sus superiores. “Las semillas de aquellos jóvenes llamados idealistas germinó y hoy ocupan cargos públicos nacionales”, afirmó.
Ramón Cooke, ex militar, sólo manifestó su inocencia.
Con un manuscrito en su mano, el ex gendarme Celso Barraza se presentó frente al estrado. “Quiero expresar mi inocencia. Llevo 40 meses detenido por un simple abuso deshonesto. Soy inocente y pido que se haga justicia”, concluyó.
“Nunca he matado, robado o maltratado a nadie”, afirmó de brazos cruzados y con voz radial el ex gendarme Benito Palomo. Luego, agradeció la labor de los defensores oficiales.
“Puedo ser condenado por un delito que no cometí. Peor no quiero que se ensucie mi honor. Juro por lo más sagrado que tengo, mi esposa y mis ocho hijos y 15 nietos, que no cometí ningún delito en mis 78 años. Quiero rendir homenaje a todos los muertos”, el ex miembro del Ejército, Hugo Soto.
Figueroa se quebró ante el Tribunal al mencionar a sus familiares: “declaro ante Dios y su señoría; mi familia y mis descendientes que soy inocente de toda la acción antijurídica penada por la ley que se me impute. No tengo más nada que decir”.
De Cándido fue quien más permaneció en el banquillo. Con tonada cordobesa, repasó una dura historia familiar, defendió a ex policías imputados, aseguró que él había bautizado al SIC (Servicio de Informaciones Confidenciales) y mantuvo un insólito diálogo con el presidente del TOF. “Llevo 10 años pagando por algo que no cometí. Vivo en una celda con letrina. Teníamos un jefe, un comisario general que era responsable ¡Jamás lo vi dar la cara! Hay un montón de compañeros que serán juzgados sin haber tirado un tiro”, consideró en un primer momento. Después relató una detención de un que habría efectuado, dijo, por pedido de la madre del joven que apresó. “Era el armero del ERP en el cerro. Me dijo cómo mató al capitán (Antonio) Viola”, añadió. Por el apodo que aportó, se trataría, en realidad, de un adolescente secuestrado que figura como víctima en la causa “Operativo Independencia”.
Antes de retirarse, De Cándido le habló a Jiménez Montilla: “usted seguirá en la A y nosotros en la B Usted me entiende”. El juez sólo lo miró. “¿Me entiende?”, le inquirió. “La verdad que no”, respondió el magistrado atónito. Los presentes quedaron en silencio. “Me refería a San Martín ¡Estamos en la B”, bromeó sorpresivamente y generó algunas risas.
Durante la tarde del jueves y la mañana de ayer, las querellas y el Ministerio Público Fiscal (MPF) habían presentado sus réplicas y los defensores, las dúplicas a éstas. Hubo fuertes cruces por los pedidos de inconstitucionalidad de la imputación por asociación ilícita y por los pedidos de condena a perpetua; de exclusión de testigos clave y de nulidad parcial de los alegatos de los fiscales.
El TOF aplicará un sistema de cupos para la sentencia por la capacidad acotada de la sala. Habrá una silla para cada familia de víctimas fatales de ésta causas. En prioridad, le seguirán los sobrevivientes y querellantes. En el caso de los parientes de imputados, habrá un asiento por cada uno, es decir, 41. La acreditación será, con DNI, a partir del miércoles 11, a las 9.00 y hasta la 13 del jueves, en la mesa de entradas del Tribunal (Crisóstomo Alvarez Nº 708, primer piso).
Fuente:laGaceta
Envío:Agnddhh
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