10 de febrero de 2014

PANORAMA ECONÓMICO.

TEMAS DE DEBATE LOS EFECTOS DE UNA HISTORICA ESTRUCTURA PRODUCTIVA DESEQUILIBRADA
El huevo de la serpiente
Las señales del mercado


Producción: Tomás Lukin
debate@pagina12.com.ar
Por Norberto E. Crovetto *

La formación de la economía argentina desde nuestra independencia se hizo al calor del mercado global armado por Inglaterra. Esa primera globalización nos ubica, por la extraordinaria productividad del campo, como proveedores de carne y granos. La provisión de materias primas y alimentos baratos es crucial para el desarrollo industrial de los países centrales. Producimos más barato las carnes y los granos que en los países centrales, luego resulta más barato intercambiarlas por manufacturas importadas que producirlas internamente. Se impone políticamente una organización económica cuyas señales ordenan la economía en base a los principios de las ventajas comparativas, siendo nuestro rol el ser “granero del mundo”. Las señales de mercado son instituidas orientando la actividad económica en cumplimiento de la división internacional del trabajo.

Desafortunadamente, la economía no suele mantener en el tiempo su equilibrio y las señales del mercado pierden fuerza en su carácter primordial de orientación y coordinación; producto de las crisis y guerras mundiales el país se industrializa. Una vez resueltos los desequilibrios y reencauzada la actividad económica mundial y bajo un nuevo dominio político (el ascenso de EE.UU. en lugar de la Gran Bretaña), se reordenan los mercados y sus señales. Nuevamente se impone el rol de ser el “granero del mundo”, pero ahora en conflicto con el proceso de industrialización, generándose una economía que Diamand ha denominado Estructura Productiva Desequilibrada (EPD), por la cual coexisten productividades relativas entre los sectores industrial y primario diferentes de las internacionales. La mejor productividad del campo que la internacional resulta en un producto industrial relativamente más caro que el de nivel internacional. O de otra manera, gracias a un costo menor en los países centrales del producto industrial dado por la importación de alimentos, aquél resulta relativamente más barato que el producido en nuestras tierras.

Estas han sido, en apretada síntesis, las causas de los ciclos y estancamiento de la economía argentina. Las recurrentes crisis del sector externo (devaluaciones y fuga de capitales) son su manifestación más visible, que, como el iceberg, tiene una cara oculta en la construcción histórica de un tipo de estructura productiva particular (EPD), y que se comparte con los países de herencia colonial con pocas excepciones. Gran parte del endeudamiento externo, hoy sustancialmente resuelto, tuvo su origen en ese mecanismo. En el contexto actual, volver a endeudarse con libertad absoluta del egreso de divisas es aumentar los niveles de “fuga de capitales”.

Se pueden aplicar políticas desde la demanda, pero ellas encuentran un límite en la creciente importación sin su correlato en las exportaciones industriales. La mejora en la distribución del ingreso con señales de mercado “viejas” conduce al callejón de la crisis del sector externo. El problema central de la restricción externa se dramatiza en la inflación y puja distributiva; tampoco se resuelve sin conducir las señales de mercado en la dirección deseada. La construcción del mercado tuvo que ser planificada (Polanyi).
Si se observa la evolución histórica de muchos de los países industrializados, de los viejos (Alemania, Italia) y de los nuevos (los asiáticos) se rescata el hecho de que todos han provocado cambios modificando desde la política los mercados y sus señales, de modo que se orienten y coordinen en la dirección de resolver y remover los obstáculos para el desarrollo.

¿Cuáles son las condiciones para modificar las señales de mercado a favor de un crecimiento industrial e inclusivo? En primer lugar la fortaleza macroeconómica, cuya piedra angular es el equilibrio a largo plazo de la balanza comercial. Por lo tanto, los ingresos de divisas por bienes y servicios reales y los egresos por importaciones y servicios reales y financieros deben tener un tratamiento en lo más alto de la política económica, tanto desde el punto de vista de la multiplicidad del tipo de cambio como de los acuerdos sectoriales, de modo que la tendencia natural a importar se equilibre con exportaciones industriales crecientes. No se trata en este caso de compensar con exportaciones “agropecuarias”, pues en ese caso “no aumenta” sino que sustituye un exportador por otro. También la política fiscal debería tener como uno de sus principales objetivos —aunque no el único— el apoyo al equilibrio del sector externo, en la inversión pública, en los subsidios a los procesos industriales y el desarrollo tecnológico. En la política industrial, el desafío mayor, dada la fragmentación productiva global, pasa por sustituir exportando. Este crecimiento tiene que ser inclusivo. Es la condición para alcanzar una capacidad de decisión política propia. Difícilmente se alcance tal poder con un pueblo empobrecido: la miseria no suele ser buena consejera para la salud económica y social de los países.
* Facultad de Ciencias Económicas, UBA.



Más intervención estatal
Por Martín Harracá y Pablo Wahren *
Los últimos acontecimientos en materia económica han puesto en el tapete una discusión muy necesaria: el rol de los principales grupos económicos en la vida política y económica del país. El Gobierno denunció en diversas ocasiones a aquellos sectores que mediante su comportamiento han fomentado, en el frente externo, la caída de reservas y en el interno, una aceleración de la inflación. Sin embargo, las políticas actuales suponen concesiones a los principales sectores de poder económico.

Los exportadores de granos se han negado a liquidar su cosecha, motivando la caída de reservas, pero también es cierto que el Gobierno convalidó la devaluación. De esta manera, quien acaparó ganó, al poder vender en la actualidad la cosecha a 8 pesos por dólar. Mientras los exportadores amasan mayores fortunas, la devaluación se traslada a precios y erosiona el poder adquisitivo de los salarios, ya sea por mayores costos importados o por la acción especulativa de empresarios con poder de mercado que han aprovechado para subir sus precios a pesar de que sus insumos sean locales. Otro tanto ocurre con los bancos que han contribuido a la incertidumbre cambiaria mediante su accionar en el mercado paralelo y hoy se les ofrece la oportunidad de seguir aumentando sus ganancias a través de la política de incrementos en la tasa de interés.

Así, medidas compensatorias como el plan Progresar, con lo necesarias y progresivas que puedan llegar a ser, quedan opacadas frente a las consecuencias distributivas de la devaluación, y tampoco aportan a evitar las causas que las hicieron necesarias. Si hacemos un ejercicio muy simple, y suponemos que se va a exportar en dólares exactamente lo mismo que en 2013, sólo la devaluación del mes de enero ya implica una transferencia a los exportadores de más de 100.000 millones de pesos. La cifra es equivalente al monto destinado a subsidios en 2013 y supera ampliamente los fondos destinados al plan Progresar.

Creemos que debe adoptarse otra estrategia, que parte de la premisa básica de que no es posible combatir la especulación y el acaparamiento de productos mediante acuerdos e incentivos a los mismos sectores que la generan. La primera propuesta que señalamos se relaciona con el comercio exterior. Sólo 20 empresas controlan casi el 50 por ciento de las exportaciones totales argentinas. Eso implica un virtual monopolio privado de la principal fuente de divisas de la Argentina, resulta urgente la conformación de un Ente Regulador del Comercio Exterior, acompañado por la puesta a disposición del Estado de los principales puertos y terminales que desde los ‘90 están en manos privadas. Operando como único exportador de todos los productos agrícolas, hidrocarburíferos y minerales del país, y con capacidad de intervención sobre otros rubros de exportación e importación, esta herramienta pondría en manos del Estado valiosísimos instrumentos de política económica que permitirían: 1) desacoplar precios internos de los internacionales; 2) incentivar producciones de mayor valor agregado o estratégicas mediante subsidios cruzados; 3) quitar presión a pequeños productores regionales que hoy se ven afectados por mono u oligopsonios; 4) evitar fraudes, triangulaciones, acopios y distintas maniobras ilegales frecuentemente detectadas en las grandes exportadoras y 5) disponer de una importante masa de renta en pesos apropiada por las exportadoras que hoy genera presión al dólar, para orientarla hacia política fiscales expansivas y de inversión en sectores claves.

Bajo una lógica similar, el otro frente que se debe abordar es el del comercio interior, apuntando a combatir la inflación y las estructuras concentradas en ciertas ramas estratégicas de la economía. Una alternativa es la creación de una empresa estatal con amplia inserción geográfica, orientada a la distribución de productos de consumo popular. Esa iniciativa generaría miles de puestos de trabajo genuinos. Esto permitiría poner un coto a las ganancias extraordinarias de las grandes cadenas de supermercados, estableciendo precios de referencia para bienes de la canasta básica. El otro aspecto neurálgico para controlar la inflación es la auditoría de costos y ganancias de aquellas ramas productoras de insumos difundidos, que también están fuertemente concentrados (lo que en cierta medida facilita la tarea fiscalizadora). Un hito en este campo podría ser la recuperación de la ex Somisa, empresa fundada por el Estado y adquirida por el grupo Techint mediante una estafa prolongada en el tiempo. Es posible comenzar a disputar la preponderancia de ciertos sectores económicos de poder, pero para ello debemos preguntarnos qué actores necesitamos, construyendo qué política económica y qué Estado.
* Docentes UBA.



SE DESINFLA LA COMPRA DE DOLARES PARA AHORRO
Lejos de la histeria
En diez días hábiles, el promedio fue de 17,7 millones diarios.Imagen: Rafael Yohai
Luego de varias semanas de fuerte corrida contra el peso, el mercado cambiario parece haberse estabilizado por una combinación de distintos factores. La decisión oficial de fijar un tope del 30 por ciento del patrimonio a los activos líquidos en moneda extranjera que los bancos pueden mantener en cartera se llevó todas las miradas porque forzó a las entidades a inyectar más de 1100 millones de dólares en la plaza entre el miércoles y el viernes. Además se prevé que en total tendrán que vender unos 3900 millones de dólares. No obstante, la semana pasada hubo otro dato que también llevó tranquilidad al Gobierno: el descenso de la compra de dólares por parte de los ahorristas, quienes habían llegado a adquirir 28,9 millones el miércoles 29 de enero y el viernes demandaron apenas 8,4 millones de dólares. En diez días hábiles, las compras suman 176,9 millones, lo que arroja un promedio 17,7 millones y con tendencia a la baja.

Las ventas minoristas del viernes representaron menos de un tercio de lo que se vendía hace 15 días. La misma tendencia se observa si se toma en cuenta el conjunto de las operaciones validadas, donde se incluyen no sólo a quienes ya compraron sino también a quienes hicieron la consulta en la AFIP, pero todavía no fueron al banco o la casa de cambio para hacerse de los dólares. La AFIP validó el viernes operaciones por 6 millones, mientras que el lunes 27 de enero, cuando se habilitaron de nuevo las ventas, se habían validado operaciones por 52,6 millones.

Si bien sólo puede comprar divisas una porción de los trabajadores registrados (los que ganan más de 7200 pesos netos mensuales) y a la vez rige un tope de 2000 dólares por mes, igual las compras de los últimos días están muy por debajo de lo que podría adquirir el universo de potenciales compradores. Las causas por las cuales durante la última semana las compras de ahorristas cayeron por debajo de los 10 millones de dólares diarios son difíciles de precisar, pero hay algunas variables que podrían haber influido.

Una es la fuerte suba de tasas que impulsó el Gobierno. A principios de año, por un plazo fijo de menos de 50 mil pesos los bancos pagaban un interés cercano al 20 por ciento anual y ahora está rondando el 30 por ciento. Por lo tanto, si el dólar sigue estable en torno a los 8 pesos, el plazo fijo es una opción tentadora, al menos en el corto plazo. Otro factor a tener en cuenta es lo dicho por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien el martes pasado dijo que podría llegar a quitarles el subsidio a los servicios públicos a quienes hayan adquirido dólares para ahorro, porque esto último revelaría que no necesitan ayuda del Estado.

Hasta el momento se efectivizaron 330.575 operaciones por un total de 176,9 millones de dólares, lo que arroja un promedio de 535 dólares por operación. Como los montos son relativamente bajos, es lógico suponer que varios potenciales interesados en adquirir divisas no van a poner en riesgo los subsidios que reciben en los servicios públicos sólo para comprar, por ejemplo, 300 o 400 dólares un 25 por ciento más barato de lo que tendrían que pagarlos en el mercado ilegal (9,42 pesos, sumándole la retención del 20 por ciento, versus 12,15 pesos que cotiza el blue, según las cotizaciones del viernes).
Fuente:Pagina12



10.02.2014
Stand by, la decisión Tomada 
Se encuadra en una lógica global de la Rosada, donde la prioridad es frenar la remarcación en los súper.
El 4 de febrero la carta abierta de Carlos Tomada llegó a las casillas de correo de militantes y periodistas bajo el título "no es hora de personalismos". Era un manojo de párrafos donde el ministro de Trabajo explicaba los motivos que lo alejaban de las ambiciones partidarias en el distrito porteño. 




Por: Diego Schurman
El 4 de febrero la carta abierta de Carlos Tomada llegó a las casillas de correo de militantes y periodistas bajo el título "no es hora de personalismos".

Era un manojo de párrafos donde el ministro de Trabajo explicaba los motivos que lo alejaban de las ambiciones partidarias en el distrito porteño.

"Es de público conocimiento que nuestro gobierno está afrontando un duro hostigamiento de la derecha política, de los poderes concentrados y de los medios opositores como no ha conocido ningún gobierno desde el año 1983", escribió en uno de los tramos más salientes. 

Aunque en el texto no figuran nombres propios, la realidad se ocupó de dejar en claro quiénes obligaron al funcionario récord del kirchnerismo a concentrarse exclusivamente en las tareas de su cartera, que timonea desde el 2003. El listado es largo pero Eduardo Duhalde, Jorge Yoma, Luis Barrionuevo y el propio Hugo Moyano fueron los más explícitos a la hora de alentar una salida anticipada de Cristina Kirchner.

Aquel diálogo antológico entre Hugo Biolcatti y Mariano Grondona, que en medio del conflicto del campo auguraron la caída de la presidenta, suena extraño cuando lo acuña la política o el sindicalismo, acaso los sectores más afectados cuando las democracias se vuelven débiles o inestables.

Con muchos de esos viejos zorros gremiales, que muestran la misma avidez desestabilizante que cierta dirigencia rural, Tomada deberá lidiar en el marco de las paritarias. Se trata de un mojón que signará el derrotero del gobierno en un año que comenzó más que complicado por los escarceos económicos. 

El funcionario tiene en un papel el listado de halcones y palomas, es decir, de los sindicatos díscolos e inflexibles y de los dispuestos a buscar un punto de equilibrio entre sus intereses y los de la Casa Rosada. En el primer lote figuran camioneros, gastronómicos y obreros de estaciones de servicio, por citar los más representativos del moyanismo-barrionuevismo. A estos hay que sumarle los estatales de ATE, que conduce Pablo Micheli, líder de la CTA opositora. Entre los maleables, el jefe de la cartera laboral ubica a metalúrgicos (UOM), trabajadores de la construcción (UOCRA), estatales de UPCN,  bancarios, empleados de comercio, de alimentación  y de sanidad, además de un cúmulo de gremios del transporte, ya sean aeronáuticos, ferroviarios o de choferes de colectivos (UTA).

Finalmente, en un tercer grupo, ocupando un lugar intermedio, figuran los telefónicos, los trabajadores textiles y los de Luz y Fuerza.

Los acuerdos que se alcancen entre marzo y abril, en la primera etapa de las paritarias, serán casos testigos a tomar en cuenta para el resto de los convenios colectivos, que deberán suscribirse de mayo en adelante.

El gran interrogante sigue siendo el porcentaje de incremento que se pondrá en la mesa de discusión. El rango del 20 al 25% que imaginaba el gobierno al iniciarse el año está muy lejos de las pretensiones de los gremios, aún de los amigos. 

En todo caso, el 25% podrá representar el piso pero, al parecer, no hay límites para los techos. Antonio Caló, titular de la CGT oficial, dijo que en su sector, el metalúrgico, no le aceptarán cerrar por menos del 30 por ciento.

Cuatro gremios docentes (UDA, CEA, AMET y SADOP) no trepidaron la última semana en reclamar el 61% de mejora, monto al que no suscribió CTERA, el sindicato más representativo entre los educadores.
Ni la CGT opositora se animó a tanto. Después de barajar entre el 30 y el 35%, prefirió abandonar la lotería. Juan Carlos Schmid, mano derecha de Moyano, le dijo a TN que es muy difícil hacer alguna precisión al respecto porque hoy por hoy "nadie tiene una referencia" como para poder elaborar un número. 

Curiosamente, aquí hay un punto de comunión con el gobierno, que prefiere demorar el inicio del proceso de negociación hasta que las aguas se calmen. "La variable de precios es fundamental. No puede haber precios no cuidados con paritarias cuidadas", le escucharon decir a Tomada sobre la delicada coyuntura. El "stand by" propiciado por el ministro de Trabajo se encuadra en una lógica global de la Casa Rosada, donde la prioridad es frenar la remarcación en los súper, asegurando el cumplimiento del plan Precios Cuidados, que incluye a 194 productos de primera necesidad.

El  "apagón de consumo", promovido el último viernes por la agrupación kirchnerista Unidos y Organizados, buscó apuntalar la tarea oficial, haciendo honor al pedido que Cristina. No fue sin polémica: complementaron la medida desplegando afiches con el rostro de ejecutivos de cadenas de híper y electrodomésticos, bajo el lema "estos son los que te roban". 

La necesidad de poner freno a la estampida de precios busca aventar el fantasma del "Rodrigazo", que de estar en las arengas de los opositores pasó rápidamente a integrar el vocabulario –eso sí, puertas adentro– del propio oficialismo.

El Rodrigazo evoca un período controvertido de la economía en tiempos de Isabel Perón en el que su ministro de Hacienda, Celestino Rodrigo, puso fin a dos años de congelamiento de precios y tarifas, y los gremios salieron a reclamar fuertes mejoras salariales, abonando su cuota al espiral inflacionario del momento. La pregunta del millón que se hace el Poder Ejecutivo es cómo transitar el "mientras tanto", qué ofrecer en el corto plazo a una sociedad que ve enflaquecer sus bolsillos producto de las alzas y la devaluación.  En los últimos meses hubo aumentos en los alimentos, el transporte, las tarifas, los peajes, el combustible y la canasta escolar, por nombrar algunos rubros. Ante esa realidad, la presidenta se enojó con los formadores de precios pero también con los gremios amigos. Cristina quiere una actitud más proactiva de la CGT y la CTA oficialista en la lucha contra la inflación. Caló y Hugo Yasky dieron denodadas muestras de lealtad pero tienen un límite infranqueable: sus propios afiliados. 

En Tierra del Fuego peligra la renovación de los contratos de cerca de 3000 metalúrgicos. ¿Qué cabriola debería hacer Caló para no hacer oír su queja y evitar el enojo de sus representados? 
  
Tomada lo sabe y por eso no descarta lo que antes rechazaba, sea el desdoblamiento de las paritarias o el otorgamiento de una suma fija "puente" a los trabajadores hasta que cada gremio logre une mejora vía convenio colectivo.
  
Por ahora el ministro quiere ganar tiempo, y eso -ya se dijo- es una decisión tomada.


10.02.2014 
del mundo a nuestras costas 
La crisis del dólar y la política nacional
Las variables macroeconómicas cruzan a las políticas. El bloque de clases dominantes no está interesado en conservar el "modelo K". 
Por: Alejandro Horowicz
Diagnosticar una crisis, determinar sus motivos, constituye un asunto políticamente relevante. Cristina Fernández hizo su lectura: recordó a los empresarios que el modelo les garantiza la ganancia porque tienen asegurada la demanda. "En vez de fugar al exterior divisas, que las inviertan en su país", pidió en su reaparición pública, e insistió en la necesidad de construir una burguesía "con conciencia nacional".

Contar con una "burguesía nacional" fue la idea fuerza de los programas peronistas clásicos, salvo cuando los trabajadores hacían política. El segundo peronismo produjo las propuestas de Huerta Grande y La Falda, programas donde el Estado y el movimiento obrero sustituían esa fantasmática burguesía. El tercer peronismo, José Ber Gelbard, aportó un programa nacional de la burguesía; fracaso primero, para terminar destrozado después por María Estela Martínez de Perón. El fatídico '75 parió un nuevo programa del bloque de clases dominantes, el cuarto peronismo. El ingeniero Celestino Rodrigo, en público, y José Alfredo Martínez de Hoz y sus amigos, en privado, implementaron la nueva visión. No se trató de una perspectiva de circunstancias. Desde esa lejana fecha hasta el estallido de 2001 tanto la economía como la política argentina se la pasaron sin ninguna burguesía patriota. Más bien los términos resultaron inequívocamente antitéticos. 

Los cambios del mercado mundial liquidaron tan académico debate. En la Europa de los 27 nadie conoce a la burguesía europea; en China la burguesía no hace política, y una aceitada bancocracia global pone en entredicho el maridaje entre capitalismo y democracia política. Al menos, en Europa. Entonces,  se vote lo que se vote, casi los mismos funcionarios hacen lo mismo en la Eurozona, sin que la crisis dé muestras de amainar. El dólar se vio espectacularmente reinstalado como valor de referencia, y el euro corre el riesgo de morir de muerte natural. Mientras tanto, esas economías aletargadas se hunden irremediablemente, sin que nadie políticamente relevante atine a nada.

Y ahora los ramalazos de esa crisis terminan por llegar hasta nuestras costas. Una sensación termina por imponerse: el país está parado en el mismo lugar. Una idea patética cuaja: no hay destino colectivo. Desde ese abordaje la moneda estadounidense, adquirirla constituye la última salvaguarda, la autodefensa de los castigados hijos de doña Rosa. Mentalidad semicolonial, gritan los críticos culturales del gobierno K; es el capitalismo, idiota, sostienen los izquierdistas canónicos. Propongo otra cosa: observar la crisis acá. 

Entender cómo se manifiesta. 
Más allá de la ultimísima paridad cambiaria, las reservas del Banco Central prosiguen su marcha descendente. El viernes 31 de enero, el BCRA contabilizó 27.742 millones de dólares, que termina siendo la cifra menor del quinquenio 2008-2013, y si este monto se compara con el pico alcanzado en mayo de 2011, la caída asciende a 24.318 millones de dólares. No siempre fue así. Entre enero de 2003 y mayo de 2011 las reservas no cesaron de expandirse hasta alcanzar los 52 mil millones de dólares, y entonces el mercado global ya funcionaba como una aspiradora monetaria. El excedente aun alcanzaba, pero el incremento de las reservas se detuvo por las crecientes importaciones de combustible. El superávit de la balanza comercial terminó siendo devorado por las compras de energía.

La falta de suficiente producción interna de petróleo, en virtud de una inadecuada política de inversiones, terminó siendo responsable de la incapacidad de sostener una  economía que avanzaba a tasa china. Repsol no hizo las inversiones requeridas para sostener el crecimiento de la demanda, y ante la extrema pasividad de las autoridades, la posterior recuperación de la actividad extractiva –vía nacionalización de YPF– no guardó adecuada relación con las necesidades de la industria y los consumidores particulares; esta imprevisión, la creciente necesidad de importar, se hizo sentir con mucha antelación y produjo una reversión de la tendencia a acumular reservas líquidas, dando paso a una sangría permanente de divisas. Por eso, el stock de dólares del BCRA terminó  registrando una caída superior al 46%, en el transcurso de 33 meses. 

Vale la pena observar con cierto detenimiento la marcha del descenso. Durante 2012 las reservas se mantuvieron en torno de los 43 mil millones de dólares, para derrumbarse en diciembre de 2013 hasta los 30.599. La política del BCRA tuvo por objetivo implícito, en el lapso consignado, controlar la paridad cambiaria, evitar una devaluación del peso frente al dólar, y el costo de esa política monetaria –sumado al incremento de la importación de combustibles– se tradujo en caída neta de reservas. Existe, más allá de los tecnicismos, una correlación directa entre paridad cambiaria y la distribución del ingreso nacional. Basta mirar la historia de las devaluaciones para comprobar su efecto desolador sobre el ingreso popular. Los precios de los bienes transables, bienes que se realizan en el mercado global, se alinean con la nueva paridad cambiaria, arrastrando a los demás, mientras los ingresos de los asalariados se incrementan en menor proporción. Con criolla ironía el general Perón daba cuenta de ese comportamiento: "Los precios suben por el ascensor, los salarios por la escalera." Ese es precisamente el ajuste, una redistribución regresiva del ingreso popular, dado que el sector empresarial no está dispuesto a reducir su tasa de ganancia en dólares, por muchas invocaciones que se les haga reclamando consciencia  nacional. 

Durante 29 meses, el gobierno se resistió al ajuste, pagando la paridad cambiaria con reservas, y está claro que ya no puede sostener el mismo comportamiento. Ese y no otro es el motivo de la reciente devaluación. 

Basta recordar que la última vez que el BCRA perdió un monto equivalente, alrededor de 20 mil millones de dólares, fue durante  la convertibilidad. Esto es, cuando en defensa del 1 a 1 permitió que los bancos saquearan las reservas, que llevaron al default y a la crisis de 2001. 

Con un agregado decisivo, la convertibilidad actuaba como un chaleco de plomo,  ya que al trabar las exportaciones, terminó arrojando una balanza comercial negativa para todo ese período. Sólo el ingreso irrestricto de capitales –mediante el endeudamiento permanente– permitió la sobrevida del elemental sistema monetario diseñado bajo la responsabilidad de Domingo Cavallo y Carlos Saúl Menem. En cambio, cuando se computan las exportaciones del lapso 2003-2013 se comprueba que trepan hasta los 649.310 millones de dólares, mientras las importaciones totalizan 513.714 millones; de modo que el saldo de la balanza comercial arroja un superávit de 135.596 millones de dólares. Y aun así las reservas del BCRA no totalizan 28 mil millones de dólares. Esto es, apenas algo más del 20 por ciento de una balanza comercial única. Es que la fuga de capitales es un dato constante, estructural.

Conviene hablar claro. De ninguna manera esta situación es homologable a la de 2001. El Banco Central puede defender las reservas si acepta que el mercado fije la paridad cambiaria. No tiene capacidad de actuar en ambas direcciones. Y en ese punto, las variables macroeconómicas se cruzan con las políticas. El bloque de clases dominantes no está interesado en conservar el "modelo K". Y esta preferencia coincide con el comportamiento del sistema político, que no muestra ninguna aptitud para sostenerlo a futuro. ¡Acompaña el PJ el modelo K! Es razonable esperar que el próximo presidente surja de la interna del PJ. Sergio Massa no se arrimará a Mauricio Macri, ambos se observan como enemigos. Y si se neutralizan mutuamente, cubrir ese vacío será tarea pejotista. Por eso, Daniel Scioli tiene una chance cierta.  La pregunta es: ¿actuará como heredero del intento K, o volveremos al programa del '75? Veremos. Si el gobernador lograra la presidencia terminará quebrando una maldición implícita de la historia nacional: impedir que el jefe del Ejecutivo bonaerense arribara a la poltrona de Rivadavia.  
Fuente:TiempoArgentino

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