Está acusado por los casos Ragone y Palomitas
Lona no declaró y presentó un escrito
28.02.14
El exjuez federal de Salta se presentó al mediodía de ayer ante el juez subrogante Fernando Poviña.
LONA OBSERVA LA BANDERA QUE PORTA NORA LEONARD.
Tal como estaba previsto, ayer se presentó en el Juzgado Federal de Salta el exmagistrado de ese fuero, Ricardo Lona, para ser indagado por el secuestro y desaparición del exgobernador Miguel Ragone y por la masacre de Palomitas, ocurridos en 1976.
Lo hizo al mediodía ante el juez tucumano subrogante Fernando Poviña, quien se hizo cargo de estas causas impulsadas por los familiares de las víctimas y las organizaciones de derechos humanos. Lona se abstuvo de declarar y presentó un escrito con los descargos de ambas imputaciones.
Cuando el exmagistrado ingresaba al edificio de España y Deán Funes, se encontró con Fernando Pequeño Ragone, quien le preguntó dónde está el cadáver de su abuelo. Lona le respondió que nada sabe de lo sucedido con el exgobernador secuestrado y desaparecido en marzo de 1976. A la salida del juzgado,
Nora Leonard, hermana de una de las víctimas de Palomitas, también le pidió una respuesta sobre la matanza de 11 personas en el paraje homónimo, el 6 de julio de 1976. Lona, que se desempeñaba como juez federal en esta época, le respondió en los mismos términos que a Pequeño.
El fiscal Horacio Azzolín señaló que “más allá de que Lona no haya declarado era importante que se dé este paso y ahora esperamos que el juez resuelva sobre las imputaciones en su contra”.
Fuente:ElTribuno
Envío:Agnddhh
A 12 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE PABLO OUTES
PECADO Y PENITENCIA POR EDUARDO TAGLIAFERRO |
En julio del ‘76 el frío era más cruel que en otros inviernos, por ese motivo la voz del director de la cárcel diciéndole a Pablo Outes que se abrigara, no resultó sospechosa. “Va a tener frío, no olvide su gorra”, fueron las únicas palabras que se le escucharon decir a Braulio Pérez, un ex sargento del Ejército que dirigía el Servicio Penitenciario en la provincia de Salta. Pablo era un calvo hecho y derecho que se había afeitado la cabeza, en uno de los tantos intentos para que el pelo volviera a crecer con la fuerza de antaño. El viejo, como le decían a Pablo, era un veterano en el oficio de preso político. En 1962 siendo militante de la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente), fue uno de los manifestantes que repudiaron la visita de Felipe de Edimburgo, el príncipe consorte de la reina Isabel II de Inglaterra. El final de la protesta estaba cantado. Mientras Pablo iba en “galera”, el cortesano del imperio pedía refugio en la alcoba de Magdalena Nelson de Blaquier, una aristócrata diez años mayor que el duque.
Los largos años de resistencia peronista fueron la causa de que Pablo rompiera con el radicalismo. Luego de un par de arrestos, adhirió al Frente Revolucionario Peronista que lideraba otro comprovinciano suyo, Armando Jaime. Pablo Outes provenía de una familia tradicional, dentro de la tradicional sociedad salteña.
La militancia política lo atraía con un magnetismo al que no podía ni quería resistirse. Magnetismo que lo llevó, la mayoría de las veces, a vestirse con el traje de la oposición. Lo que en la historia de los 60 y 70 es casi lo mismo que decir de los perseguidos.
Cuando el embrujado poder del peronismo sin Perón llevó a su viuda, Isabel, a la cima del gobierno, Pablo ya estaba decididamente luchando por el antiimperialismo y por el socialismo. Lo detuvieron luego de que Isabelita decretara el estado de sitio a fines de 1974 y pudo salir del país utilizando el derecho de asilo previsto en el artículo 23 de la Constitución. Venezuela era un país muy lejano para un hombre que vibraba con los vinos salteños, su familia y la lucha política. En 1975 su calva se paseaba nuevamente por Valderrama y su sombra era seguida de cerca por los parapoliciales de Joaquín Gil, aquel hombre fuerte de la policía salteña precursor de la Triple A. Acorralado, y con la certeza de que si lo detenían nuevamente su futuro sería un asesinato lento y feroz, se presentó ante el juez federal Ricardo Lona. Ese juez, que en esa época recibió gran cantidad de denuncias por torturas, desapariciones y fusilamientos, se desempeña hoy como camarista de la justicia federal salteña, merced a la complicidad del poder político local.
Ricardo Lona, envió a Pablo otra vez a la cárcel, concretamente al pabellón E del penal de Villa Las Rosas. El pabellón era una construcción relativamente nueva y sólo alojaba a los presos políticos. Luego del golpe militar las condiciones de detención cambiaron drásticamente. Luciano Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, había dispuesto que aquellos presos políticos, a los que calificaba de subversivos, debían estar aislados e incomunicados.
La noche del 6 de julio del ‘76, antes de las 21, hora en que se apagaban las luces de las celdas, una patota del Ejército comandada por un teniente de apellido Espeche, entró a cumplir una orden del comandante de la guarnición Salta, coronel Carlos Alberto Mulhall. La comitiva militar marchaba acompañada por el hijo del director del penal, el oficial penitenciario Juan Carlos Alzugaray –un ex oficial de inteligencia de la Policía Federal que, más por miedo que por otra cosa, renunció a la fuerza y se alistó como carcelero–, el oficial jefe de guardia, Eduardo Carrizo y el alcaide responsable del penal, apellidado Soberón. La patota estaba formada por oficiales superiores, que no llevaban sus insignias identificatorias. De a una fueron abriendo las puertas de seis celdas. APablo Outes, que todavía se encontraba vestido, le dieron tiempo para tomar su gorra; al resto los sacaron desnudos y en algunos casos hasta descalzos. Todos iban resignados, salvo Rodolfo Usinger, un ingeniero rosarino que comenzó a gritarles “asesinos hijos de puta”. Usinger fue uno de los pocos que intuyó el final de ese operativo. A principios del ‘76 una comunicación de la organización Montoneros había alertado sobre un posible “operativo mantel blanco”, en el que los militares comenzarían a ejecutar prisioneros políticos. Usinger quizá recordó ese mensaje y por ese motivo opuso toda su resistencia. Roberto Oglietti, José Povolo, Leonardo Avila, Rodolfo Usinger, Alberto Sabransky y Pablo Outes fueron llevados a las celdas de la planta baja.
El penal quedó a oscuras y el barrio lindero a la cárcel también. Como el silencio inundó todos los rincones, el ruido de los motores del camión militar se escuchó nítidamente. Los seis detenidos del pabellón E, fueron subiendo en fila india al camión que estaba estacionado en el campo de deportes. Antes habían subido María del Carmen Alonso, Celia de Avila, Georgina Droz y Amarú Luque de Usinger. Los responsables del operativo los seguían en otro vehículo, entre ellos el hijo del director del penal, que se sumó a la comisión militar. Cuando llegaron a un cruce de la ruta a Tucumán, en la localidad de Palomitas, al sur de la ciudad de General Güemes, todos los trasladados fueron fusilados. La explicación oficial fue la habitual: hubo un intento de fuga. El hijo del director del penal había comenzado a transitar un camino sinuoso, que lo llevaría a consagrarse de verdugo y que tuvo en este fusilamiento la piedra que definitivamente lo llevaría al abismo. La matanza fue tan traumática para él que luego del fusilamiento de Palomitas no hacía otra cosa que repetir los detalles del operativo. Un grupo de tareas lo secuestró y no se supo más de él. En el pecado estuvo su penitencia, diría el antiguo cura de su pueblo. Penitencia que el responsable de esa matanza, el general Luciano Benjamín Menéndez, todavía no cumplió.
Fuente:Pag.12-Edic.del 06.06.2000
Envío:Agnddhh
Lona se negó a declarar, pero dijo que en Salta hubo “pocos” desaparecidos
Por Elena Corvalan
Casi nueve años después de la primera citación a indagatoria, el ex juez federal de Salta Ricardo Lona fue finalmente indagado por el juez federal Fernando Poviña, quien lo investiga por su presunta participación en el homicidio del ex gobernador Miguel Ragone y la matanza de 11 presos políticos conocida como Masacre de Palomitas, hechos cometidos en 1976.
Al entrar y al salir de los tribunales federales salteños el ex magistrado ahora imputado tuvo que escuchar que familiares de las víctimas le reclamaran la verdad. Para soportar esos disgustos contó con las demostraciones de afecto de empleados y funcionarios del Poder Judicial, que se prodigaron en saludos y abrazos.
Ya en la indagatoria dijo que en la provincia hubo “pocos” desaparecidos y que estos hechos “solo” se cometieron hasta 1977, una visión de la época que el fiscal federal ad hoc Juan Manuel Sivila calificó de cuanto menos “incorrecta”.
Según informaron los fiscales federales Horacio Azzolín y Sivila, Lona se negó a declarar en ambas causas y, en cambio, entregó un voluminoso memorial que por su extensión todavía no había sido leído por los participantes de la indagatoria.
“Tengo la sensación de que se maneja con los mismos criterios de defensa que venía sosteniendo hasta ahora: la imposibilidad de investigar de los jueces (durante la dictadura)”, estimó Azzolín, quien destacó que “lo importante” es que se haya llevado a cabo el acto de la indagatoria, “después de tantas veces que los actos se postergaban por alguna cuestión, que había planteos todos dilatorios, el doctor Poviña tiene un criterio diferente en eso y vela por la continuidad de los procesos”, sostuvo.
La indagatoria se realizó sobre el mediodía, tal como había ordenado el juez Poviña. Lona llegó a las 11,31, ingresó caminando por la entrada de la calle Deán Funes, de traje, acompañado por el defensor oficial Pablo Lhautier.
Temprano el defensor oficial Oscar Tomás del Campo, que se unió a la asistencia técnica del ex juez, había intentado una nueva suspensión del trámite con el argumento (“medio dilatorio, medio falaz”, en opinión de Azzolín) de que como se había unido a la defensa recientemente, necesitaba tiempo para conocer la causa. Como cada vez que se lo requiere en la Justicia, Lona añadió otras presentaciones: planteó la nulidad de la participación de los fiscales Azzolín y Jorge Auat, este último titular de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, porque “son foráneos”.
“Aparentemente es (…) porque no somos de Salta”, estimó Azzolín. “Somos argentinos, no somos foráneos, (pero) parece que nos dispensa el trato de foráneos”, ironizó el fiscal. También temprano el abogado Matías Duarte, que representa a los familiares de Ragone, había pedido que Lona quedara detenido.
Poviña no resolvió todavía este pedido y, al parecer, por el momento no hará lugar a esta pretensión. Lona fue citado a indagatoria por primera vez en marzo de 2005, en la causa Palomitas. Pero, como iba a suceder reiteradamente, esquivó el trámite con un recurso de último momento sacado de su bagaje de conocimientos del funcionamiento del Poder Judicial Federal.
Recién en julio de 2007 fue indagado por la jueza jujeña Gladis Comas, quien lo procesó, aunque esta decisión terminó cayendo. Finalmente Lona terminó imputado como partícipe de los hechos, tanto en Ragone como Palomitas se le atribuye omisión de investigar y participación en los homicidios. La indagatoria generó mucho movimiento en el edificio de los Tribunales.
Familiares y militantes de organizaciones de derechos humanos y políticas se convocaron en la puerta, con pancartas y carteles recordando a las víctimas del terrorismo de Estado. Los jóvenes coreaban un estribillo: “Lona, Lona botón, en la cárcel de Güemes te están esperando por represor”. Unos diez minutos antes de las 13, Lona abandonó los tribunales, caminando, como había llegado.
En el camino Nora Leonard, histórica dirigente de derechos humanos, lo volvió a confrontar reclamándole la verdad. “Le dije que nos devuelva el cuerpo, que nos diga lo que sepa”
El nieto de Miguel Ragone, Fernando Pequeño, impulsor de la investigación del crimen del ex gobernador salteño, le reclamó ayer al ex juez Ricardo Lona que diga dónde está el cuerpo de su abuelo y los cuerpos de los más de 200 desaparecidos de Salta. El encuentro entre querellante y acusado se produjo al final del pasillo del Juzgado Federal N° 1, cuando Lona se dirigía a la Secretaría de Derechos Humanos de ese Juzgado, donde se realizó el acto de indagatoria del ex magistrado, en el marco de las causas Ragone y Palomitas, en las que está acusado de ser partícipe de 13 hechos de homicidio (por Ragone, Antonio Arredes y los 11 detenidos asesinados en la Masacre de Palomitas) y una tentativa de homicidio (por Margarita Martínez de Leal).
Pequeño salió conmocionado del encuentro, no tanto por el diálogo, sino por haber sido testigo de la “devoción” que le profesaron al ex juez los empleados y funcionarios del Poder Judicial Federal de Salta. “Fue muy impresionante verlo entrar al ex juez Lona en el pasillo lateral del Juzgado Federal 1 porque absolutamente todos los empleados del Juzgado salieron a saludarlo, a abrazarlo, a besarlo, las señoras grandes con un devoción muy grande.
Realmente yo no podía entender porque parece que hay un afuera del mundo donde estamos nosotros y adentro que está el Juzgado Federal donde está Lona que lo protegen y lo cuidan”, contó. “Parece ser que 30 años de noticias en los medios y demás no hacen mella para que la gente que trabaja, que trabajó con él acá, se dé cuenta lo que este hombre ha sido”, reflexionó.
Pequeño esperó al ex juez para decirle devuelva el cuerpo de Ragone, que “nos diga lo que sepa”. “¿Sos Ragone?”, le preguntó Lona y le dijo que quería hablar con él. Pequeño respondió que estaba dispuesto, que desde 2006 intentaba hablar con él: “y me dijo que nosotros no entendíamos nada, que no entendía por qué le hacíamos esto a él. A lo cual le respondí que no éramos nosotros los Ragone, sino que había toda una sociedad salteña a la que le mataron más de 200 personas que quería saber qué había pasado”.
Como Lona le preguntó si había leído sus descargos en el expediente, Pequeño le retrucó que prestase atención a las declaraciones de los policías que lo implican. “Me dijo –contó Pequeño- que esos tipos no saben nada, que qué carajo saben, siendo muy despectivo realmente con todos los policías.
Yo contesté que si él hablaba de la manera que ellos contaban que hablaba con ellos en los 70 podía hablar igual ahora, que por qué no iba a visitarlo a su compañero (Joaquín) Guil en su casa y le preguntaba, entonces dijo que ese Guil era un hijo de puta y si no había contado a los familiares, qué podía contarle a él”. Guil era jefe del área de Seguridad de la Policía de Salta y ya fue condenado por el secuestro y desaparición de Ragone y por Palomitas.
Lona tuvo otro mal trago cuando se retiraba de los Tribunales: “Cuándo se va a hacer cargo de todo lo que ha hecho”, le recriminó Nora Leonard, hermana de Celia Leonard y cuñada de Benjamín Ávila, asesinados en Palomitas. “No me puedo hacer cargo de lo que no he hecho”, respondió el ex juez, obviando los testimonios, como el que la histórica Coca Gallardo, que dan cuenta del juez arrojando pedidos de hábeas corpus al basurero de su despacho.
Envío:Agnddhh
Indagan al ex juez Lona
Por Elena Corvalan
El juez federal Fernando Poviña tiene previsto indagar hoy al ex juez federal Ricardo Lona por su presunta participación en el secuestro y desaparición del ex gobernador Miguel Ragone (hecho en el que fue asesinado el comerciante Santiago Arredes y se intentó matar a la empleada Margarita Martínez de Leal) y en la matanza de 11 presos políticos conocida como Masacre de Palomitas.
En la década del 70, cuando se cometieron estos hechos, en el marco del terrorismo de Estado, Lona era el único juez federal de la provincia, y se le atribuye activa participación para la comisión de estos delitos de lesa humanidad. Se sabe que la indagatoria en relación a la causa Ragone está prevista para las 11.30. No trascendió el horario en que fue convocado para ser indagado por la causa Palomitas, pero se sabe que será cerca del mediodía.
Organismos de derechos humanos y familiares tienen previsto concentrarse sobre la calle España para esperar que se produzca la tanta veces pospuesta indagatoria del hombre fuerte del Poder Judicial Federal de Salta, quien desde 2005 viene esquivando presentarse ante la Justicia.
Ragone, que llegó el gobierno en 1973, como parte de la primavera camporista, fue secuestrado el 11 de marzo de 1976, cuando se preparaba para participar de las elecciones internas en el PJ de Salta con vistas a postularse para un nuevo mandato como gobernador.
La Masacre de Palomitas se cometió en la noche del 6 de julio de 1976. Once detenidos políticos en el penal de Villa Las Rosas fueron sacados de la cárcel con la excusa de que iban a ser trasladados a una cárcel de mayor seguridad y fueron asesinados en el trayecto, a un costado de la ruta nacional 34, unos 50 kilómetros al sur de Salta Capital, cerca de la pequeña localidad de Palomitas.
En ambos casos se han acumulado datos y pruebas que dan cuenta de la posible participación de Lona en estos hechos.Además, el ex juez está imputado en relación a otros crímenes de lesa humanidad cometidos en la provincia, aunque esa causa, conocida como Expediente 627, está todavía en espera de que la Cámara Federal de Apelaciones de Salta decida quién actuará como juez.
Envío:Agnddhh
28.02.2014
Justicia
Revocan el sobreseimiento de un ex juez salteño por omitir investigar delitos de lesa humanidad
Justicia
Revocan el sobreseimiento de un ex juez salteño por omitir investigar delitos de lesa humanidad
La Sala Segunda del máximo tribunal en materia penal revocó el sobreseimiento de Ricardo Lona porque "omitió investigar y archivó las denuncias por privaciones ilegítimas de la libertad" de Julio Víctor Apaza.
La Cámara Federal de Casación Penal revocó el sobreseimiento, por prescripción, del ex juez federal salteño Ricardo Lona, imputado por omitir investigar delitos de lesa humanidad, indicaron esta mañana fuentes judiciales.
En esta nueva oportunidad, la Sala Segunda del máximo tribunal en materia penal revocó, como lo había hecho anteriormente por otros delitos, el sobreseimiento de Lona porque "omitió investigar y archivó las denuncias por privaciones ilegítimas de la libertad" de Julio Víctor Apaza.
En una resolución de 12 carillas, suscripta ayer y a la que Télam tuvo acceso, los camaristas Angela Ledesma, Alejandro Slokar y Mariano Borinsky, reiteraron que los hechos que se le imputan a Lona revisten la categoría de "delitos de lesa humanidad" y, por ende, son imprescriptibles.
"A la luz de todo cuanto se ha expuesto cabe concluir que la extinción de la acción penal por prescripción dispuesta respecto de Ricardo Lona en estas actuaciones resulta arbitraria y prematura", enfatizaron en forma unánime los magistrados.
Los camaristas recordaron que el fiscal general ante la Cámara, Javier de Luca, puntualizó que "existe jurisprudencia de más alto nivel que obliga a investigar los hechos delictivos llamados `conexos` a los delitos considerados de lesa humanidad".
En este caso puntual al ex magistrado se "le atribuían los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento que habrían sido cometidos en al condición que ostentaba de único juez federal de la provincia de Salta de los que habría sido víctima Julio Víctor Apaza".
Según los camaristas, el tribunal inferior "desvinculó" los hechos imputados a Lona con el contexto en que se habrían producido, en el "ataque generalizado y sistemático" de los represores y sostuvieron que se trata de una "escisión arbitraria".
En esta nueva oportunidad, la Sala Segunda del máximo tribunal en materia penal revocó, como lo había hecho anteriormente por otros delitos, el sobreseimiento de Lona porque "omitió investigar y archivó las denuncias por privaciones ilegítimas de la libertad" de Julio Víctor Apaza.
En una resolución de 12 carillas, suscripta ayer y a la que Télam tuvo acceso, los camaristas Angela Ledesma, Alejandro Slokar y Mariano Borinsky, reiteraron que los hechos que se le imputan a Lona revisten la categoría de "delitos de lesa humanidad" y, por ende, son imprescriptibles.
"A la luz de todo cuanto se ha expuesto cabe concluir que la extinción de la acción penal por prescripción dispuesta respecto de Ricardo Lona en estas actuaciones resulta arbitraria y prematura", enfatizaron en forma unánime los magistrados.
Los camaristas recordaron que el fiscal general ante la Cámara, Javier de Luca, puntualizó que "existe jurisprudencia de más alto nivel que obliga a investigar los hechos delictivos llamados `conexos` a los delitos considerados de lesa humanidad".
En este caso puntual al ex magistrado se "le atribuían los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento que habrían sido cometidos en al condición que ostentaba de único juez federal de la provincia de Salta de los que habría sido víctima Julio Víctor Apaza".
Según los camaristas, el tribunal inferior "desvinculó" los hechos imputados a Lona con el contexto en que se habrían producido, en el "ataque generalizado y sistemático" de los represores y sostuvieron que se trata de una "escisión arbitraria".
Fuente:Telam
Envío:Agnddhh
Domingo, 02 de marzo de 2014
Lesa humanidad: Casación revocó el sobreseimiento del exjuez Ricardo Lona
La Sala II del máximo tribunal penal del país dejó sin efecto una resolución que había declarado extinguida la acción penal por prescripción. En la causa se investigan hechos que tuvieron como víctima a Julio Víctor Apaza
La Sala II de la Cámara Federal de Casación, integrada por los jueces Ángela E. Ledesma, Alejandro W. Slokar y Mariano Borinsky, revocó este jueves la resolución de la Cámara Federal de Salta que había considerado prescriptas las imputaciones por encubrimiento e incumplimiento de los deberes de funcionario público delitos de lesa humanidad atribuidos al ex juez federal Ricardo Lona.
A Lona se le imputa que, en su carácter de único juez federal de la provincia de Salta, omitió investigar y archivó las denuncias por privaciones ilegítimas de la libertad, desapariciones de personas y homicidios que llegaban a su conocimiento, entre ellas la de Julio Víctor Apaza.
El 20 de marzo del año pasado, la Sala II del máximo tribunal penal había dispuesto la prohibición de salida del país de Lona.
Fuente:CIJ.gov.ar
Envío:Agnddhh
La Cámara de Casación revocó el sobreseimiento, por prescripción, de la causa contra el ex juez federal salteño Ricardo Lona, imputado por omitir investigar delitos de lesa humanidad. La Sala II de ese tribunal revocó el sobreseimiento de Lona porque “omitió investigar y archivó las denuncias por privaciones ilegítimas de la libertad” de Julio Víctor Apaza. En una resolución de 12 carillas, los camaristas Angela Ledesma, Alejandro Slokar y Mariano Borinsky reiteraron que los hechos que se le imputan a Lona revisten la categoría de “delitos de lesa humanidad” y, por ende, son imprescriptibles. “A la luz de todo cuanto se ha expuesto cabe concluir que la extinción de la acción penal por prescripción dispuesta respecto de Ricardo Lona en estas actuaciones resulta arbitraria y prematura”, enfatizaron en forma unánime los magistrados. Los camaristas recordaron que el fiscal general ante la Cámara, Javier de Luca, puntualizó que “existe jurisprudencia de más alto nivel que obliga a investigar los hechos delictivos llamados ‘conexos’ a los delitos considerados de lesa humanidad”. En este caso puntual al ex magistrado se “le atribuían los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento que habrían sido cometidos en la condición que ostentaba de único juez federal de la provincia de Salta de los que habría sido víctima Julio Víctor Apaza”.
Fuente:Pagina12
Envío:Agnddhh
Una lucha iniciada por las entrañables Lucrecia Barquet, Coquita Gallardo y Mirta Perez cuando fundaron en 1980 la Comisión de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y Gremiales de Salta y que ahora empieza a llegar a quienes no es que fueron cómplices de la dictadura como se les endilga a los funcionarios judiciales y empresarios, sino activos participantes de la represión Salta y Jujuy.
Envío:Agnddhh
SALTA-MASACRE DE PALOMITAS: "LA NOCHE DEL CARANCHO".
del archivo de Agnddhh
"La siniestra noche del carancho"
Es un policía retirado que declaró en el juicio de la verdad y hoy vive protegido por disposición de la Justicia Federal.
En el escrito que confió a El Tribuno, el testigo protegido recordó pasajes de su infancia, de su ingreso a la Policía de Salta y del horror que presenció aquella ominosa noche del 6 de julio de 1976 cuando once presos políticos -siete hombres y cinco mujeres- fueron acribillados en el paraje Palomitas, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Salta, sobre la ruta nacional 34.
El testigo de identidad reservada, que comenzó a desanudar su miedo en el Juicio de la Verdad abierto en 2002, aseguró que hoy siente que tanto en los organismos de derechos humanos de la Provincia y la Nación, como en la Justicia Federal, "hay voluntad para llegar a la verdad" luego de 32 años de impunidad. También aseguró que siente que la Policía hoy lo cuida noche y día y que "no es la misma" que la de aquellos años de sangre y terror. Esta es la historia escrita con su puño y letra.
El carancho
"Lo conocí desde muy chico sobrevolando su hábitat. Tenía pantalón corto cuando terminé mi escuela primaria. Estaba en mí la decisión de trabajar o estudiar. Un 21 de marzo, siendo mi cumpleaños ignorado por varios, quizás por ser Semana Santa, salí con mi honda o gomera.
De pronto lo vi en un camino alternativo, disfrutando de un zorro apretado por un vehículo desprevenido. Era corpulento, de un plumaje marrón terroso, con garras y pico curvo, como aquel viejo pirata, y su cuello azulado.
Al levantar su cabeza dejó ver esos ojos amarillentos, impregnados de un verde fecal. Fue entonces que busqué en mi bolsito la mayor piedra para mi honda, y me acuerdo que rocé el bollo y el pedazo de queso antes de encontrarla.
Mientras ese corpulento bicho retrocedía, disparé. Mi débil mano y mi honda no hicieron mella. Entonces, carreteó, quizás por su buche lleno, antes de posarse sobre un altísimo algarrobo. Viéndolo hacer equilibrio, como un ducho trapecista, pensé: 'Si no pude con mi disparo teniéndolo cerca, mucho menos podré alcanzarlo donde está'. Sólo me restó contemplar su altivez y grandeza hasta que tomó vuelto, tan alto, como para vislumbrar de nuevo su territorio.
La Policía
Pasados los años, siendo aún joven, fui padre de una bella beba. Tenía que trabajar y por contactos políticos en 1973 ingresé a la Policía de la Provincia. No era mi idea, pero no me quedaba otra alternativa.
Por un puntaje alto me mandaron a la Brigada de Investigaciones, lo cual me alegró porque evitaba el azulado uniforme. Dejo aclarado que en mi legajo figuran mis ascensos por el buen proceder como fiel asistente de la Justicia.
La noche
Llegó ese 6 de julio de 1976. Recuerdo que trabajaba en el turno de las 22 a 6 de la mañana. Bien trajeado llegué, como siempre, media hora antes. Una voz en el teléfono me dijo que tenía que presentarme en la sección Infantería en forma urgente. Lo hice y me encontré en una sala totalmente a oscuras, aunque por el tragaluz podía contemplar a unos jefes conocidos por mí.
Me ordenaron que me pusiera un uniforme marrón terroso de la Policía de los años 50, al mismo tiempo que me decían que iba a ser una práctica de guerra y guerrilla. A pesar de las circunstancias, dije: 'Tengo que seguir aprendiendo'.
El ejercicio consistía en cortar la ruta entre Güemes y Salta, con un vértice en un paraje leñero llamado Palomitas, y tenía que hacerlo en 10 minutos. Recuerdo que me encontré con una docena de policías de mismo uniforme, los cuales eran desconocidos para mí.
Nos trasladamos al punto establecido y lo logré en 7 minutos. A toda velocidad fui a entregar mi trabajo, cuando me encontré con un uniformado de verde, imponente. Y me dijo: 'Su trabajo terminó. Vuelva a base'. Le respondí: 'Soy policía provincial, señor, y usted es militar', comprendiendo hasta ahí que todo era una práctica...
Palomitas
En una momento se abrieron las compuertas de un carro de asalto, a pocos metros de mí, y una voz firme dijo: 'Están en libertad, somos sus compañeros, huyan, a la izquierda tienen la ruta...' A pocos metros, salió corriendo la gente y los acribillaron por la espalda.
Los fogonazos de las armas iluminaban más que los vehículos estacionados. Entonces pasó lo que jamás podré olvidar: jóvenes de ambos sexos, primero de rodilla, dieron gritos de lamentos, dolor y ayuda. Hasta ahora creo recordar sentir el llanto de un bebé.
Ese verde corpulento me pegó un culatazo tan fuerte en mi rostro que hasta hoy tengo la nariz y boca desfiguradas.
En el momento se hacía sentir más la llovizna y, como llorando el cielo, se entreveró con mis lágrimas, mi sangre, el olor a pólvora y a carne quemada.
Cuando regresaba con esta tristeza, pasaron sobre nuestras cabezas dos aves llamadas zorros de agua, y como mudos testigos emprendieron su temerosa huida. Quizás por eso, cada vez que veo en las abuelas ese manto blanco en sus cabezas vuelvo a ese día cuando recordé el presagio del carancho del marrón terroso, el azulado y el verde fecal. Y recuerdo que ese día dije: 'Este carancho se dio el lujo de comer palomitas'.
Fuente:ElTribuno
Fuente:Agnddhh
Masacre de Palomitas, fusilamiento de presos politicos
EL LIMITE ES LONA
Opinion: Lucho Soria (Editor Agencia de Noticias DDHH).
EL LIMITE ES LONA
Opinion: Lucho Soria (Editor Agencia de Noticias DDHH).
El jueves fue una jornada historica en los tribunales de Salta y en la calle que implica una bisagra definitiva contra la impunidad de esa provincia, como antes en Jujuy.
"El limite es Lona", era la respuesta que siempre recibía de bocas de funcionarios judiciales a la pregunta de Sara Ricardone, compañera de Pablo Outes, cuando se demandaba por la marcha de los juicios tras la nulidad de la leyes de obediencia debida y punto final.
Es que Ricardo Lona, al igual que el empresario azucarero Pedro Blaquier, armaron un blindaje de protección ideológica en la Justicia Federal junto al bloque de poder politico derretido por acción de quienes nunca cedieron en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. Se equivocaron cuando imaginaron que la historia es una accion lineal.
"Foraneos"
Fue uno de los calificativos para cuestionar a quienes con Jorge Auat, titular de la Procuradoría de Crímenes contra la Humanidad del Ministerio Publico Fiscal decidieron obturar esas maniobras. En rigor, Lona se quedo con las ganas de musitar "agentes de ideologías foráneas". Y no es casual que el ex magistrado señalara que no eran salteños de pura cepa lo que ponian en duda su inocencia. Es que durante su gestión y después nombró a mas 70 empleados en todos los ámbitos de la Justicia Federal, y por las dudas también en la Justicia provincial.
Elena Corvalan lo reflejó en su crónica difundida por esta agencia: " Fernando Pequeño salió conmocionado del encuentro ( con Lona) no tanto por el diálogo, sino por haber sido testigo de la “devoción” que le profesaron al ex juez los empleados y funcionarios del Poder Judicial Federal de Salta. “Fue muy impresionante verlo entrar al ex juez Lona en el pasillo lateral del Juzgado Federal 1 porque absolutamente todos los empleados del Juzgado salieron a saludarlo, a abrazarlo, a besarlo, las señoras grandes con un devoción muy grande".
Precisamente Sarita estuvo en las puertas de tribunales en la movilizacion de los organismos de DH con la alegría de que Lona estaba sentado en el banquillo de los acusados frente al juez tucumano Fernando Luis Poviña. "No lo puedo creer" le decia a Elia Fernandez Alonso, cuya madre fue una de las militantes fusilada, lo que repetía a quienes se acercaban para saludarla.
Precisamente no esta demas refrescar un tramo de la nota de Irina Hauser en Pagina 12, del 25 de marzo 2013: "Un revuelo repentino quebró la calma en la Cámara de Casación Penal la semana pasada. “En cuanto Bergoglio le dé la orden a Cristina, ¡esto se termina!”, gritaba por los pasillos un hombre entrado en años. Era Ricardo Lona, un ex juez federal de Salta, quien podía vislumbrar que el alto tribunal penal estaba a punto de correr el manto de impunidad que lo amparó durante años.
En efecto, los camaristas de la Sala II de Casación se aprestaban a revocar su sobreseimiento en dos investigaciones donde se lo acusa de haber cooperado con el aparato represivo de la última dictadura, archivando en forma sistemática las denuncias sobre secuestros, torturas y desapariciones que recibía".
Todo indica que el Papa no le mandó ninguna indicación a CFK y ahora se quedo sin paragua, al igual que su amigo Pedro Blaquier.
Una lucha por Memoria, Verdad y Justicia por quienes nunca se dejaron ganar por la impotencia y el desánimo. Entre estas acciones y las pergeñadas entre las entrañas del poder por Lona, Blaquier, entre otros grupos de tareas civiles y las acciones de la militancia media una distancia enorme, no de palabras, sino de significación acerca de la cuál es la sustancialidad de la democracia en el contexto de la imprescriptibilidad de los crimenes de lesa humanidad.
Una lucha iniciada por las entrañables Lucrecia Barquet, Coquita Gallardo y Mirta Perez cuando fundaron en 1980 la Comisión de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y Gremiales de Salta y que ahora empieza a llegar a quienes no es que fueron cómplices de la dictadura como se les endilga a los funcionarios judiciales y empresarios, sino activos participantes de la represión Salta y Jujuy.
Envío:Agnddhh
SALTA-MASACRE DE PALOMITAS: "LA NOCHE DEL CARANCHO".
del archivo de Agnddhh
"La siniestra noche del carancho"
Es un policía retirado que declaró en el juicio de la verdad y hoy vive protegido por disposición de la Justicia Federal.
En el escrito que confió a El Tribuno, el testigo protegido recordó pasajes de su infancia, de su ingreso a la Policía de Salta y del horror que presenció aquella ominosa noche del 6 de julio de 1976 cuando once presos políticos -siete hombres y cinco mujeres- fueron acribillados en el paraje Palomitas, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Salta, sobre la ruta nacional 34.
El testigo de identidad reservada, que comenzó a desanudar su miedo en el Juicio de la Verdad abierto en 2002, aseguró que hoy siente que tanto en los organismos de derechos humanos de la Provincia y la Nación, como en la Justicia Federal, "hay voluntad para llegar a la verdad" luego de 32 años de impunidad. También aseguró que siente que la Policía hoy lo cuida noche y día y que "no es la misma" que la de aquellos años de sangre y terror. Esta es la historia escrita con su puño y letra.
El carancho
"Lo conocí desde muy chico sobrevolando su hábitat. Tenía pantalón corto cuando terminé mi escuela primaria. Estaba en mí la decisión de trabajar o estudiar. Un 21 de marzo, siendo mi cumpleaños ignorado por varios, quizás por ser Semana Santa, salí con mi honda o gomera.
De pronto lo vi en un camino alternativo, disfrutando de un zorro apretado por un vehículo desprevenido. Era corpulento, de un plumaje marrón terroso, con garras y pico curvo, como aquel viejo pirata, y su cuello azulado.
Al levantar su cabeza dejó ver esos ojos amarillentos, impregnados de un verde fecal. Fue entonces que busqué en mi bolsito la mayor piedra para mi honda, y me acuerdo que rocé el bollo y el pedazo de queso antes de encontrarla.
Mientras ese corpulento bicho retrocedía, disparé. Mi débil mano y mi honda no hicieron mella. Entonces, carreteó, quizás por su buche lleno, antes de posarse sobre un altísimo algarrobo. Viéndolo hacer equilibrio, como un ducho trapecista, pensé: 'Si no pude con mi disparo teniéndolo cerca, mucho menos podré alcanzarlo donde está'. Sólo me restó contemplar su altivez y grandeza hasta que tomó vuelto, tan alto, como para vislumbrar de nuevo su territorio.
La Policía
Pasados los años, siendo aún joven, fui padre de una bella beba. Tenía que trabajar y por contactos políticos en 1973 ingresé a la Policía de la Provincia. No era mi idea, pero no me quedaba otra alternativa.
Por un puntaje alto me mandaron a la Brigada de Investigaciones, lo cual me alegró porque evitaba el azulado uniforme. Dejo aclarado que en mi legajo figuran mis ascensos por el buen proceder como fiel asistente de la Justicia.
La noche
Llegó ese 6 de julio de 1976. Recuerdo que trabajaba en el turno de las 22 a 6 de la mañana. Bien trajeado llegué, como siempre, media hora antes. Una voz en el teléfono me dijo que tenía que presentarme en la sección Infantería en forma urgente. Lo hice y me encontré en una sala totalmente a oscuras, aunque por el tragaluz podía contemplar a unos jefes conocidos por mí.
Me ordenaron que me pusiera un uniforme marrón terroso de la Policía de los años 50, al mismo tiempo que me decían que iba a ser una práctica de guerra y guerrilla. A pesar de las circunstancias, dije: 'Tengo que seguir aprendiendo'.
El ejercicio consistía en cortar la ruta entre Güemes y Salta, con un vértice en un paraje leñero llamado Palomitas, y tenía que hacerlo en 10 minutos. Recuerdo que me encontré con una docena de policías de mismo uniforme, los cuales eran desconocidos para mí.
Nos trasladamos al punto establecido y lo logré en 7 minutos. A toda velocidad fui a entregar mi trabajo, cuando me encontré con un uniformado de verde, imponente. Y me dijo: 'Su trabajo terminó. Vuelva a base'. Le respondí: 'Soy policía provincial, señor, y usted es militar', comprendiendo hasta ahí que todo era una práctica...
Palomitas
En una momento se abrieron las compuertas de un carro de asalto, a pocos metros de mí, y una voz firme dijo: 'Están en libertad, somos sus compañeros, huyan, a la izquierda tienen la ruta...' A pocos metros, salió corriendo la gente y los acribillaron por la espalda.
Los fogonazos de las armas iluminaban más que los vehículos estacionados. Entonces pasó lo que jamás podré olvidar: jóvenes de ambos sexos, primero de rodilla, dieron gritos de lamentos, dolor y ayuda. Hasta ahora creo recordar sentir el llanto de un bebé.
Ese verde corpulento me pegó un culatazo tan fuerte en mi rostro que hasta hoy tengo la nariz y boca desfiguradas.
En el momento se hacía sentir más la llovizna y, como llorando el cielo, se entreveró con mis lágrimas, mi sangre, el olor a pólvora y a carne quemada.
Cuando regresaba con esta tristeza, pasaron sobre nuestras cabezas dos aves llamadas zorros de agua, y como mudos testigos emprendieron su temerosa huida. Quizás por eso, cada vez que veo en las abuelas ese manto blanco en sus cabezas vuelvo a ese día cuando recordé el presagio del carancho del marrón terroso, el azulado y el verde fecal. Y recuerdo que ese día dije: 'Este carancho se dio el lujo de comer palomitas'.
Fuente:ElTribuno
Fuente:Agnddhh

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario