1 de abril de 2014

CAUSA LA PASTORIL-29 de MARZO de 1976 PRT-ERP- HACE SIETE AÑOS SE INICIÓ LA QUERELLA-TODAVÍA NINGUNO DE LOS IMPUTADOS FUERON CITADOS A INDAGATORIA.

Hace siete años se inicio la querella 
Todavia ninguno de los imputados fueron citados a indagatoria 
La causa continúa en el Juzgado Federal 3 en lo Criminal a cargo del juez Daniel Rafecas y secretaría de Albertina Caron. 

Los familiares aguardan el llamado a indagatoria de los responsables militares y de la policía de la provincia de Buenos Aires y de la Federal que atacaron aquella Quinta asesinando compañeras/os y secuestrando a otros que fueron llevados - entre otros - a los centros clandestinos de la Comisaría de Moreno y al lugar conocido como Puente 12-Cuatrerismo-Brigada Guemes. 

Existe documentación y decenas de testimonios que dan cuenta del ataque a la Quinta, de los homicidios y del secuestro de los militantes del PRT-ERP y del funcionamiento de la comisaría de Moreno como Centro Clandestino.

Un par de años atras, el hijo del abogado combatiente tucumano Juan Domingo Del Gesso, ingresó a la quinta junto al compañerazo Miguel "El Gordo" Fernández, director de DH de la Municipalidad de Moreno, quien habia conseguido permiso de sus actuales dueños

Juan Lisandro, recorrio el jardín de la quinta, permanecio en silencio donde estuvo su padre y de pronto levantó sus manos y corto una flor del aire y se la puso en el corazón y se la llevo con el, mientras se abrazaba con Miguel... 

Lesa humanidad: el juez Rafecas dictó el procesamiento con prisión preventiva de un ex jefe de Inteligencia 
Se trata de Carlos Alberto Martínez, quien integrara el Estado Mayor General del Ejército. 
Es en el marco de la megacausa por crímenes en el Primer Cuerpo de Ejército. Es considerado partícipe necesario del secuestro de 1194 personas, entre otros delitos 
Fuente:http://www.cij.gov.ar/nota-10589-Lesa-humanidad--el-juez-Rafecas-dict--el-procesamiento-con-prisi-n-preventiva-de-un-ex-jefe-de-Inteligencia.html 


Cronicas del archivo de la agencia de Noticias 
La cúpula del ERP-PRT se encontraba sesionando: La Pastoril, el mayor ataque contra la guerrilla en Moreno
Abril 9, 2010 
Por rodrigo-solorzano
Los gritos de alarma resonaron por la amplia vivienda. Era la advertencia más temida. Muchos de los casi setentas concurrentes pensaron que era un simulacro. Algunos de ellos estaban durmiendo la siesta, después de un opíparo almuerzo. Los estampidos de las armas de fuego, de distintos calibres, los volvió a la realidad. Santucho, Urteaga, Menna y los demás integrantes del buró político del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) fueron los primeros en escapar junto a invitados de otras organizaciones guerrilleras latinoamericanas. Había un plan de evacuación. Después saldrían los miembros del Comité Central. Últimos, los encargados de la contención y la logística. Eran las 14:30 del lunes 29 de marzo de 1976. Ha solo cinco días del golpe de estado más anunciado en la historia argentina. El oscuro velo había caído. Se desataba una de las mayores tragedias que recuerde la historia morenense. 

La Reja era en aquella época uno de los lugares de descanso más atractivos para los fines de semana. Muchas familias invirtieron en la zona, construyendo chalets, imponentes piletas y mucho verde. El paraíso al alcance de la clase media argentina.

A principios de marzo de 1976. Carlos Gabetta (hoy director del mensuario Le Monde Diplomatique) fue el encargado de alquilar la quinta “La Pastoril”. Gabetta pertenecía al servicio de inteligencia del ERP. La construcción está enclavada sobre la calle Monsegur casi esquina La Patria (hoy Padre Fahy), a pocos metros del complejo deportivo del Sindicato del Seguro, en la zona sur. Tiene un parque de una hectárea de extensión, una amplia casona con planta alta y pileta de dimensiones olímpicas. 

Aquel marzo se presentaba cálido. Carlos Gabetta recuerda que “llegamos unos diez días antes del golpe, junto a mi pareja María Elena Amadio y otro matrimonio de compañeros. Con nosotros vinieron los chicos. Nos comportábamos como típicos burgueses. Tomábamos sol y nos bañábamos en la pileta. Todo parecía normal”. 

La guerrilla argentina venía de la mayor operación militar de su historia. Y también de su peor derrota. El 23 de diciembre de 1975, cuando aún se encontraba al frente del ejecutivo nacional María Estela Martínez de Perón, “Isabelita”, el ERP entró a sangre y fuego al Batallón de Arsenales “Domingo Viejobueno”, situado en Monte Chingolo, al sur del Gran Buenos Aires. El saldo fue desastroso. Más de setenta militantes erpianos murieron. Algunos en el combate, otros fusilados, y los restantes torturados. En “Monte Chingolo, la mayor batalla de la guerrilla argentina” su autor, Gustavo Plis-Sterenberg relata suplicios increíbles. Además sitúa la cantidad de muertos en la población civil en un número cercano a los 40, cuando los partes oficiales señalan solamente 8. Las bajas en las fuerzas de seguridad, entre ejército y policías, no llegaron a la decena. Las autoridades de inteligencia estaban advertidas del ataque. Habían logrado infiltrar a un agente dentro de la estructura guerrillera. El 13 de enero, Jesús Ranier, el soplón, fue ajusticiado por decisión unánime de un tribunal revolucionario. Pero el golpe al ERP había sido impactante. 

En marzo la quinta había sido alquilada por expreso pedido del buró político. Allí se iba a realizar un importante cónclave que incluía a miembros de la llamada Junta Coordinadora Revolucionaria, una suerte de articulación regional sudamericana para aquellas organizaciones que buscaban la toma del poder a través de las armas. A Moreno llegaría Edgardo “Pollo” Enríquez, hermano de Miguel Enríquez, este último máximo dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, uno de los hermanos Peredo (no se logró identificar cual de ellos) fundadores de Ejercito de Liberación Nacional de Bolivia, miembros de los Tupamaros uruguayos y, en base a algunas versiones, Montoneros. El buró político del ERP-PRT (Ejercito Revolucionario del Pueblo y su brazo político, el Partido Revolucionario de los Trabajadores) estaba liderado por Mario Santucho y éste último estaba secundado por Benito Urteaga y Domingo Menna. 

“Nosotros pensábamos que finalmente la reunión no se iba a hacer” señala Carlos Gabetta “con la llegada al poder de los militares, el miércoles 24 de marzo, creíamos que lo mejor era suspenderla”. Pero no primó la precaución. El cónclave se llevaría a cabo. 

El área de inteligencia del ERP había suscripto un informe donde se evaluaba como fecha posible del golpe el 19 de marzo. Incluso se definían quienes serían los titulares de la junta de manera precisa. Videla, Massera y Agosti eran quienes consideraba el trabajo como los miembros de la junta. Además se adelantaba la virulencia de la represión que se desataría. El error de cálculo fue de solamente cinco días. Estas consideraciones fueron elevadas al Comité Central pero, pese a esto, se decidió la continuidad de los planes. 

No midieron el impacto de tener alojadas a más de setenta personas. En una zona tranquila, los almacenes de barrio mantenían una clientela fija y regular. Pero a finales de ese marzo sus ventas crecieron exponencialmente. Las verdulerías, las carnicerías y las panaderías también disfrutaron de ese incremento. Pero los movimientos llamaron la atención de los servicios de inteligencia. Pero la caída se iba a producir por una denuncia que habla de imprevisión. 

Cuando Gabetta llegó a “La Pastoril” le preguntó al casero del lugar, indirectamente y dando algunos rodeos, si pertenecía al “partido”. Ante la respuesta negativa, supo que se encontraban ante un nuevo escollo. Sabía que la presencia masiva de miembros de la conducción llamaría la atención. Tenían que desembarazarse del trabajador. Gabetta cuenta que le daban plata para que saliera a pasear con su familia, pero era una solución momentánea. 

Otro de los concurrentes a la reunión fue Daniel De Santis, responsable de la regional zona sur (que comprendía desde Avellaneda hasta La Plata) y posteriormente miembro del Comité Central. De Santis cobraría notoriedad años después, cuando ya radicado en Europa, se enfrentaría a Luis Mattini (sobre quien recayó la conducción del ERP una vez que fueron muertos Santucho, Urteaga y Menna; Mattini también asistió a la reunión en la quinta) por la dirección ideológica que debería tener el partido. 

De Santis relata que fue recogido en la zona de Ituzaingó, a la vera de la vieja avenida Gaona. Lo subieron a una combi con los vidrios tapados para que no advirtiera el destino. Allí se encontró con otros militantes. Una hora después ingresaron a la quinta. “En un acto de liberalismo decidimos armar un picado de fútbol” diría De Santis 34 años después. El encargado de parar los equipos fue Leopoldo, miembro del Comité Central, quien había realizado las divisiones inferiores en Gimnasia y Esgrima de La Plata, de donde era oriundo. Seguramente era llamativo ver a 18 jugadores (eran 9 contra 9) jugar vestidos de pantalones largos y zapatos. Era el domingo 28. 

Ya en la mañana del lunes, con la presencia de todos los integrantes de la cúpula del ERP-PRT comenzó la discusión. El desayuno consistió en mate cocido y pan con mermelada. Se pensaba largar la consigna de “Argentinos a la armas”, cuestión que finalmente vería la luz en una editorial del periódico el Combatiente, órgano oficial del ERP el día siguiente, firmada por Mario Roberto Santucho. 

José Manuel Carrizo, el jefe del estado mayor, tomó la palabra y anunció como sería el orden de evacuación ante un ataque de las fuerzas de seguridad. Después comenzó la discusión. 

El análisis que realizó Santucho, leído por Benito Urteaga, señalaba que la junta militar no llamaría a elecciones en el corto plazo. Era el tipo de gobierno llamado para quedarse, en búsqueda de los objetivos planteados por las fuerza burguesas imperialistas. El peronismo estaba acabado como representación popular y, además, la represión colocaría al pueblo argentino ante un desafío histórico, en la senda de la lucha revolucionaria ya desatada. Se entraría en una nueva etapa, donde el pueblo argentino velaría por su futuro y se levantaría en armas contra el régimen. Además sostenía que el gobierno militar no tenía posibilidades de asestar una profunda derrota al movimiento de masas al no poder tomar la iniciativa estratégica. La realidad se encargaría de denostarlo.

Solamente Eduardo Castello, de la regional Córdoba, manifestó ciertos reparos. Sostenía que existía la posibilidad que el golpe de estado provoque cierto reflujo en la resistencia popular. Santucho le señaló que esto podía ocurrir, pero que sería solamente momentáneo. Después de este intercambio, al que la mayoría de los asistentes presenció en el más absoluto silencio, se dio por terminada la primera parte y se llamó a un cuarto intermedio de tres horas para almorzar y descansar. 

La comida fue abundante. Canelones era el plato principal. Varios miembros repitieron la ración. Muchos estaban acostumbrados a ambular con el dinero justo. El ERP pasaba un momento de asfixia económica. La organización peronista Montoneros salió en su rescate aportando una fuerte suma de dinero. Las fábricas de armamentos de la guerrilla guevarista habían sido desmanteladas casi en su totalidad.

El casero había salido con su familia cerca de las 13 horas. Su apodo habría sido “Lito” y abandonó la finca junto a su mujer y su pequeño hijo. Además de la enorme cantidad de gente, los movimientos sospechosos, habría visto armas. Se asustó. Fue hasta la estación de Moreno en colectivo y llamó telefónicamente a su patrón, quien se encontraba en la Capital Federal. 

Asombrado, el propietario de la quinta, se comunicó con la Policía Federal. Desde allí tomaron contacto con la Comisaría de Moreno (en aquel tiempo solamente existía la que hoy conocemos como la seccional 1º y tenía delegaciones en la localidades de Paso del Rey y Francisco Álvarez). El Comisario Omar E. Hernández envió al lugar un patrullero y una camioneta. Minutos después llegarían. Eran las 14:30 del lunes 29 de marzo de 1976.

Los gritos resonaron por la amplia vivienda. ¡Alarma! ¡Alarma! Era la advertencia. Algunos de los miembros dormían en el piso superior. Algunos deambulaban por las instalaciones. El personal policial entró en el amplio jardín y furtivamente se acercaron a la vivienda. Los disparos resonaban por el tranquilo barrio. 

Daniel De Santis era uno de los que dormía. “Nosotros creíamos que el golpe iba a redoblar de la lucha popular, pero el pueblo replegó para observar como venía la dictadura. Nosotros no vimos esa postura y lanzamos la consigna “Argentinos a las armas”. No era pecaminosa la consigna, pero sí errada políticamente”. 

“Termina la reunión y nos fuimos a descansar. En las reuniones del PRT se comía bien. Yo comí tres canelones morrocotudos y me fui a dormir la siesta. Cuando estaba profundamente dormido escucho que gritan ¡Alarma!. Yo pensé que era un simulacro, porque ¿cómo iba a caer la dirección de la revolución?, eso no podía pasar. Cuando bajo las escaleras la puerta principal estalló en un racimo de agujeros. Era un escopetazo, pero todavía no me convencía. Recién cuando veo al compañero Tumbetta que sangraba de un ojo ahí me convencí que nos estaban rodeando y pensé que nos mataban a todos”. 

“Había que salir. Algunos compañeros que estaban de guardia sostuvieron la defensa de la casa y el grueso pudo salir”. El ataque se produjo por el frente de la quinta, sobre la calle Monsegur. Pero el predio también tenía salida por la calle trasera, Pereda. Hacia allí se dirigió el desbande. “Casi todos pudimos salir, pero cuatro compañeros murieron dentro de la casa”. 

“Una de las caídas fue Susana Gaggero. Era una compañera con la cual yo había militado mucho tiempo. Ella fue la última persona que vi, porque cuando miré para atrás la observé parapetada en la puerta. El resto de los compañeros muertos fueron secuestrados dentro de la casa o en las inmediaciones. De los doce muertos solo cuatro cayeron en combate. Los demás fueron asesinados”. 

“Había un compañero detrás de una pequeña pared tirando con FAL (Fusil de Asalto Liviano, arma utilizada por las fuerzas armadas argentinas). Era Víctor Hugo González, un obrero de la fábrica Perkins de Córdoba. Por ese sector salimos el grueso de los asistentes”. González caería abatido por las balas, minutos después.

“Yo escape corriendo, para un caserío que se encontraba detrás y hacia la izquierda” se presume que sería el barrio Parque Levin. “era un barrio popular. Yo había perdido un zapato, porque el primer alambrado lo pase como el campeón olímpico de garrocha, pero el segundo, mucho más bajo, no lo podía saltar porque me había ahogado con los canelones. Vomité, recuperé el aire, pero en ese lugar perdí un zapato”.

“Cuando llegamos al caserío sale una señora y nos pregunta que estaba pasando” De Santis escapaba junto a Osvaldo, un obrero metalúrgico de la empresa Tamet de Avellaneda. “Le respondí que no sabía y le pregunté sino tenía un par de zapatos para darme y me dio un par de zapatillas viejas, que me quedaban chicas. Seguimos corriendo con el compañero y llegamos a un monte de eucaliptos. Pregunté donde estábamos, porque nosotros no sabíamos, y me dijeron que en La Reja. Como soy de Chivilcoy, pasaba con el tren asiduamente por la estación de La Reja y me ubique rápidamente”.

“En eso llega un colectivo y nos fuimos para la estación de Moreno. Me tomé el tren a Mercedes y después un colectivo a Chivilcoy”. 

Santucho, Urteaga, Carrizo, Mattini, Merbilhaá, Enríquez y Peredo fueron los primeros en escapar, de acuerdo al plan de contingencias preparado. Santucho y Carrizo “expropiaron” un automóvil. Benito Urteaga tomó un colectivo que también lo depositó en la estación de Moreno. Eduardo Merbilhaá y Enríquez se ocultaron en una zanja en medio de un maizal. 

Mattini junto a Leandro Fote, dirigente sindical azucarero, y Reino Hietala abordaron un jeep. A las pocas cuadras se separaron. Hietala se escondió en un campo junto a otros militantes. El ejército rastrillaba el lugar. Recién al anochecer lograron eludir la vigilancia y caminaron por las vías ferroviarias cercanas. Ellos tampoco sabían donde estaban. Transitaron hacia el Oeste. Cuando amanecía, llegaron a Luján. 

Gabetta también logró escapar. Pero en la huida fue herida mortalmente su compañera María Elena Amadio. La quiso reanimar. No había advertido el disparo que tenía en la espalda. “En el momento del ataque estaba paseando por el parque. La guardia comienza a repeler la intentona. El grupo de contención estaba uniformado de verde oliva. Un verdadero despropósito como se vería después, porque vestidos así, cuando escaparan llamarían aún más la atención. Después que salieran los invitados, el Buró político, el Comité Central, empezamos a salir nosotros, los militantes, mientras los guardias se tiroteaban con la policía, que empezaban a recibir refuerzos militares. Yo tenía una pistola calibre 22 y una granada que estaba fabricada con un pote de yogurt, la que tire al pasto porque pensé que si la encendía me explotaba en la mano. 

Corrimos mi compañera y yo, cuando de pronto ella cayó. Volví, me tire al lado de ella, le pregunté que le pasaba y me dice que me vaya. Años después una compañera, Diana Cruce, que pasó al costado nuestro con un bebé en brazos me contó que María Elena tenía un tiro en la espalda. Del Gesso me salvó la vida. Se paró al lado mío con su itaka, en medio del tiroteo y me dijo que había una compañera con un bebé que no puede pasar el alambrado, que me vaya a ayudarla, que él sacaba a María Elena. Ahí me levanté y quedó mi compañera con Del Gesso. Los mataron a los dos. A María Elena la ejecutaron de un tiro en la sien”. 

“Ayudé a Diana a cruzar el alambrado y tire al bebé de un año y medio para el otro lado, donde lo atajó la mamá. Hace poco vi la foto de este chico con más de 35 años abrazado con Kirchner”. 

“Corrimos un par de metros y nos encontramos con unas casas muy humildes. Yo tenía un raspón en la cabeza y me sangraba mucho, tenía toda la camisa manchada. Nos metimos allí con una compañera de la guardia que había logrado escapar. Pero ella venía uniformada. Salió a nuestro encuentro una pareja de gente muy pobre. Les dijimos que nos ayudaran porque sino nos mataban. Ella agarró a la compañera y le dio ropa, vino él y me lavó la cabeza en una bomba manual y me dio una camisa limpia, pero muy chica. Cuando nos íbamos le dije que prendiera fuego al uniforme y él me dijo “no se haga problemas, compañero”. Años después volví al lugar, para agradecer, junto a Manuel Gaggero. La señora había tenido un ataque cerebral, el marido había muerto, le conté que era el fulano al que habían ayudado y me dijo “¿usted que hacía ahí tiroteándose con la policía?” y le digo que era largo de contar pero que éramos militantes políticos y le pregunto por qué nos había ayudado y me contestó, simplemente, porque “los perseguía la policía”. Increíble”. 

Dentro del perímetro de la quinta murieron Susana Gaggero, María Elena Amadio, Juan Del Gesso y Víctor González. Pero hubo ocho desaparecidos más, algunos de los cuales aún no se conoce la suerte que corrieron. Inclusive hay dos de ellos que no se pudieron certificar fehacientemente sus datos filiatorios. En el caso de Rodolfo Ortiz, el “Negro”, sus restos se encontraron en la fosa común descubierta en diciembre del año 1983 en el cementerio de Moreno; fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en el año 1998. Las circunstancias de su desaparición aún son una incógnita. Era el Secretario Nacional de la Juventud Guevarista, una organización de superficie vinculada con el PRT. Esta causa sigue adelante. Los expedientes tienen como carátula la de “Ibáñez”, ya que el hallazgo se produjo durante la intendencia del Dr. Héctor Francisco Ibáñez. Sí se pudo determinar que tanto Rodolfo Ortiz como Leonor Herrera de Mangini, otra de las concurrentes a la reunión de La Reja, estuvieron secuestrados en el Vesubio entre 40 y 50 días. 

En el caso de Leonor Herrera, su cuerpo, con evidentes signos de tortura, aparecería meses después en la zona de Capital Federal. Las crónicas policiales de la época hablan de un supuesto “enfrentamiento” con fuerzas de seguridad. 

También en las inmediaciones de la quinta cayó Juan Mangini, el “Capitán Pepe”, Jefe de Inteligencia del ERP-PRT. Urteaga le contaría este dato a De Santis semanas después en una reunión secreta. También le relataría que Mangini estaba herido y que gritaba que no lo mataran. Esta circunstancia le fue relatada por un testigo presencial. Mangini era un de los cuadros más valiosos que tenía la organización y cumplía una función más que sensible. A Urteaga le llamaba la atención el pedido de clemencia y sospechaba que la inteligencia militar sabía las tareas que Mangini cumplía. Pero pese a esto, no se produjeron caídas que hicieran presumir que Mangini había sucumbido a la tortura. 

Nelson Agorio logró escapar junto a dos compañeros más y a un chico de 7 años, al que se había comprometido a cuidar, luego que los padres del pequeño cayeran en diferentes operativos anteriores. Ofelia, hermana de Nelson, pudo reconstruir parte de la historia “logran interceptar un auto y escapan. Al llegar a la zona de Marcos Paz se encuentran con una partida policial. Allí se entregan y el nene cuenta que después ve a los tíos, como él les decía, todos desmayados en el suelo” el chico fue posteriormente liberado, pero también desconocen las circunstancias en lo que esto sucedió. “Con estos datos nos dirigimos primero a la Comisaría de Moreno, donde solamente la dejan entrar a mi mamá. Allí le muestran varias fotos para ver si identificaba a mi hermano pero su retrato no estaba entre ellas. Mi mamá se descompuso. Después fuimos hasta la Comisaría de Marcos Paz, por el dato del nene. En Marcos Paz no la dejan entrar. Ella le dice que manejaba información que su hijo estaba ahí dentro. Pero negaron el dato”. 

“Los antropólogos en el año 2003 cruzan las huellas digitales de la Comisaría de Marcos Paz y coinciden en un 99% con las de mi hermano, con lo cual sabemos efectivamente que estuvo allí. No sabemos nada desde el relato del nene, pero sospechamos que los mataron allí, cuando se entregaron porque al otro día le tomaron las huellas digitales. Estimamos que los fusilaron en el momento. Todos los cuerpos fueron encontrados en el cementerio de Moreno” quienes habrían acompañado a Agorio en el escape serían Héctor Gerardo Chávez y Carlos Marcet. 

Pero también hubo víctimas en la comunidad local. Después del enfrentamiento, los vecinos se acercaron al lugar de manera aislada. Algunos fueron detenidos por el ejército Argentino, que ya se habían hecho cargo de la situación. Fueron subidos a camiones y trasladados a la seccional policial de Moreno. Allí, según algunas denuncias, fueron sometidos a torturas. Posteriormente, y gracias a algunas presiones, fueron liberados. Testimonios de estas circunstancias se encuentran reflejados en el expediente que se instruye por el ataque a “La Pastoril” ante el titular del Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 3, Dr. Daniel Rafecas, quien además tiene a su cargo la investigación de los hechos delictuales atribuidos al Primer Cuerpo del Ejército. 

Aún en las zonas cercanas a la quinta se recuerda el hecho. Hay testimonios de helicópteros volando furtivamente, ametrallando objetivos. De soldados conscriptos llorando, ante la magnitud de la tragedia. De vecinos cabizbajos, mostrando signos de tortura. Pero también de solidaridad, de esa solidaridad que solamente es posible cuando, más allá de los errores cometidos por algunos actores políticos y sociales, el pueblo está oprimido y clama por justicia. La historia de “La Pastoril” merece ser contada y esclarecida.

La prensa local 
El ataque ocurrido en la quinta “La Pastoril” fue reflejada en el Semanario Para Ud! de Moreno. En la edición correspondiente a la segunda semana de abril de 1976 publicaron la siguiente crónica: “Represión a extremistas: 

El 29/3 a las 13.30 fue escenario de una represión extremista, la casa quinta de Monsegur y La Patria jurisdicción de La Reja, donde personal de Coordinación Federal y policías de Moreno, apoyados por el ejército, para entrar en el inmueble debieron mantener un prolongado tiroteo, que logrado secuestraron armas, deduciendo servía de reunión a un gran número de personas, incluyendo mujeres y niños, quienes muchos se habían dado a la fuga. En el amplio parque y en distintos puntos, los hombres de seguridad dieron muerte a 5 hombres y dos mujeres, deteniendo en diversos procedimientos a 12 personas entre varones y mujeres, haciéndose cargo de una criatura de meses, que según dicen, su madre al escapar lo abandonó y también dos niños de corta edad.

Con respecto a la cantidad de bajas extremista, la cifra que damos es la que pudimos constatar ya que no tenemos información oficial”.

Se rindió homenaje a los caídos 
El Día de la Memoria en Moreno, tuvo su acto central el lunes 29 de marzo con una ceremonia en la Quinta La Pastoril, de la Reja, donde se hicieron presentes organizaciones de los derechos humanos, sobrevivientes y familiares de la masacre de la Pastoril, políticos y agrupaciones estudiantiles. La conmemoración se extendió de 9 a 14 horas con una gran afluencia de público, entre estudiantes y militantes sociales.

Además de servir como motivo para una recordación, el evento permitió reunir nuevos testimonios que fueron entregados a la Dirección de Derechos Humanos de la Municipalidad. Estas pruebas ya fueron entregadas para ser incluidas en la causa.

El emotivo acto estuvo encabezado por Miguel Fernández, director de Derechos Humanos de la Municipalidad quien dio el puntapié a la Radio Abierta, bajo la consigna “Radio para no callarse”, agradeciendo a los presentes y especialmente al grupo de jóvenes que se hizo cargo de la coordinación de la radio.

El punto elegido fue la intersección de las arterias Monsegur entre Irigoyen y Alberdi, predio donde se colocaron fotos de los caídos en la Quinta y consignas como “ Hasta la Victoria Siempre”, “ Nunca Más”, “ No a la impunidad”, y otras alusivas al infausto día 24 de marzo, fecha en que se inició la dictadura más sangrienta de la Argentina. 

Muy temprano, empezaron a llegar las adhesiones de Comisión de Familiares de la Pastoril, filial Lanús; Comisión por la Recuperación de la Memoria de Campo de Mayo.

La segunda parte de la conmemoración, se llevó a cabo frente a la quinta La Pastoril donde hubo valiosos testimonios. Entre los visitantes más destacados, se hizo presente Carlos Gabetta, director de Le Monde Diplomatique. Gabetta, además de periodista, es uno de los sobrevivientes de la masacre de la quinta. Recordó especialmente el día en que cayó su compañera María Elena Amadio, también periodista. Hizo un emotivo homenaje a Juan del Gesso, un compañero de militancia que le salvó la vida en aquella oportunidad.  
Asistieron la Escuela Media 2, el Colegio Mariano Moreno, Colegio San José, y Creciendo Juntos, entre otros. Durante la jornada también se efectuó la ya tradicional mezcla de material destinados a los monumentos que, por la Memoria, serán colocados en la rotonda de Ruta 23 y Autopista. Dicha tarea es realizada por la Comisión por la Memoria de Moreno y siempre la mezcla para estos cimientos, es realizada por estudiantes y miembros de organizaciones políticas y sociales.


Texto de Ricardo "El Tuerto" Arias tras la muerte de Jorge "El Gallego" Navarro. 
MURÍÓ UNO DE LOS TESTIGOS DE LA CAUSA DE LA QUINTA LA PASTORIL
En Junio 2008, en medio de una enfermedad cardíaca, y de la indigencia en la que se encontraba, aceptó viajar desde Santa Fe a Buenos Aires para testimoniar en la causa de la Quinta de Moreno. Rafecas no lo quiso recibir, estaba muy ocupado para tomar testimonios, nadie en su juzgado lo recibió, ni a él, ni a Ricardo Airas, "Tuerto", entonces dio su testimonio en el Archivo Nacional de la Memoria. 

Gracias a su testimonio sabemos que algunos de los compañeros secuestrados vivos desde la quinta estuvieron en Protobanco, y tenemos relatos desgarradores de lo que les hicieron. 

Quisiera con este mensaje rendirle un sentido homenaje, por sus valores, su integridad, su don de gente, su verdadero "ser revolucionario". Su comportamiento salvó la vida de su compañero. El viernes 16 aproximadamente a las 19 hs. 30 m falleció el Gallego ,Jorge Honorio Navarro era su nombre, a los 69 años . Venía cuerpeándole a su diabetis,a su corazón dilatado y últimamente también a una insuficiencia respiratoria. Murió en la calle ,súbitamente cuando volvía de comprar unos yogurts para su magra dieta....y ,de alguna manera se cumplió su deseo de no morír en una cama..."se siente verguenza de morir de esa manera ,no Tuerto?...nosotros que siempre quisimos estar preparados para morir en la calle ,de bala ..." me dijo una de las últimas veces que charlamos de la muerte, mientras me manifestaba su cansancio por estar enfermo. Para los que no lo conocieron el Gallego cayó el 30 de marzo de 1976 y nunca dijo ni su nombre a la yuta ...con el nombre de Mario Andrés Rodriguez soportó los 7 años de cárcel junto a los cientos de ex-presos poñíticos que poblaron las cárceles de la dictadura. Sí, compañeros como dijo el Lolo ,él fué uno de los "clandestinos que derrotó a la dictadura " fué de los pocos que sufrieron en silencio y con el agravante de no saber nada de su hija, ni de su cra., ni de su madre -porque, lógicamente, jamás recibió visitas ni cartas ,ni paquetes - refregándole en la cara a los milicos la condición sin mácula del pensamiento revolucionario de su entrañable PRT....no vendió chapa de ex-preso -pero sí esperaba su turno de atestiguar en la causa de C.de Mayo por lo de la quinta de Moreno -,ni vendió historias prestadas como muchos cachivaches que hoy se visten de revolucionarios y cuentan la historia -ya escrita -erigiéndose en oráculos de lo que "tendría que haber sido "...echando culpas y escondiendo arrepentimientos propios detras de grandilocuentes anáilisis que ,en su momento no podrían haber hecho ,simplemente porque no estaban a la altura o ,peor no existían en el campo de la revolución por un simple problema de cronología humana. Murió en silencio ,con dignidad ,la que nunca vendió aún en el horror de la indigencia por la que tuvo que pasar durante mucho tiempo. Puede que haya tenido defectos todos los tenemos pero jamás se dobló ante nadie ni ante nada, fiel hasta la muerte con los que él siempre consideró sus cros. ....No nos queda más que saludarlo en silencio o con fuerte A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA ...........ha muerto un revolucionario ...¡que viva la revolución socialista! 


“Estaba ahí esperando que nosotros pudiéramos desentrañar esta historia”
19 de julio de 2011
por Nadia Mansilla 
A raíz de la recuperación e identificación de los restos de Ruperto "Tito" Méndez, se realizó una conferencia de prensa en la sede Nacional de la CTA para informar sobre la investigación que permitió el hallazgo. 

En el marco de tal acontecimiento, plagado de emociones, estuvieron dando testimonio el secretario general de la CTA, Hugo Yasky; Claudia Méndez, sobrina de Ruperto, docente, dirigente de SUTEBA y de CTA Ramallo; el periodista y abogado representante de las familias querellantes en la causa, Pablo Llonto; Miguel Férnandez Director de DD.HH de Moreno y Aida García Buela, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. También estuvieron presentes Carlos Maco Somigliana, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense y familiares de los desaparecidos y asesinados en la quinta "La Pastoril" de Moreno. 

Quién era Tito Méndez 
Ruperto "Tito" Méndez era un obrero de la fábrica Fiplasto de Ramallo, en donde había sido elegido delegado. Allí conformó una agrupación y publicó un periódico interno, “el Sentir de los Trabajadores”. Militaba en el área de sindical y propaganda del ERP-PRT, en la regional norte norte, rivera del Paraná.. Fue desaparecido, junto a otros once compañeros y compañeras, el 29 de marzo de 1976 en una quinta de la localidad bonaerense de Moreno llamada “La Pastoril”. 

En ese sentido Claudia Méndez -sobrina de Tito y quien encabezó la búsqueda de sus restos- señaló sobre la desaparición su tío: “A partir de la segunda semana de marzo del 76 se va de Ramallo, no supimos más de él hasta que nos enteramos que estuvo en Moreno. En ese entonces, mi abuelo fue citado en la comisaría de Moreno en donde le muestran una foto del cuerpo de mi tío, que mi abuelo creyó que podía ser de Tito. Él después va a Campo de Mayo a buscarlo y los militares lo tratan muy mal, le dicen que se vaya a su casa y que no moleste más. Días después fue secuestrado con mi viejo y mi otro tío. Los tuvieron algunos días. Así se impuso el miedo y de mi tío no se habló más. Sólo supimos que había estado en Moreno y que había sido asesinado en este lugar.”

La investigación 
“Gracias a Chicharra Rodríguez, un compañero de la organización que se acercó a darnos datos de mi tío -continúa Mendez- encontramos un documento firmado por Saint Aman, el teniente coronel de la zona de San Nicolás, que dice que mi tío fue asesinado en La Pastoril. En 2008 hice la denuncia de desaparición de mi tío en Derechos Humanos de Rosario. Lo llevamos a mi abuelo a hacer la muestra de ADN y se abrió todo un camino diferente porque con esa muestra, la denuncia y el documento, pudimos establecer que mi tío era el compañero número doce de la quinta de Moreno”. 

Hasta entonces, de la redada que se realizó en La Pastoril -en donde se estaba realizando una reunión de comité- había una lista con el nombre de once militantes que habían sido asesinados. Al haberse realizado la denuncia de la familia Méndez, se pudo establecer que él fue el compañero número doce, identificado por el Equipo de Antropología Forense: “Identificar los restos, es algo increíble. Yo pienso que mi tío estaba ahí esperando que nosotros pudiéramos desentrañar esta historia, esta instancia en la que él desaparece y podamos reconstruir su historia de militancia. Que además se desarrolló relativamente muy rápido, comparada con la historia de muchos familiares de compañeros detenidos desaparecidos. Es una muy buena noticia que podamos identificar sus restos”, afirmó Claudia Méndez sobre el hallazgo de los restos de su tío. 

Por su parte, el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, indicó: “para nosotros recuperar esta historia es recuperar el presente. Este compañero, el “Chato” Méndez (tal como lo llamaban sus compañeros en la fábrica) era un militante político, que tenía una vida como cualquier otro obrero de Ramallo. Que era un militante político y que por esa militancia fue condenado a muerte y su cuerpo entregado como NN al olvido, a esa mazmorra que construyeron los militares que fue la peor de todas: la de hacer desaparecer aquellos que habían tenido historia. La que habló recién, su sobrina, es militante del SUTEBA (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires) de Ramallo y la que tiene, quizá, la responsabilidad mayor de haber roto el silencio familiar. Porque después del secuestro de su padre y su abuelo, en su casa se impuso un pacto de silencio. Ya no hablaron más ni hacia adentro de la casa. Esta cosa que hacían los militares sistemáticamente, tenía una lógica. Haber secuestrado al abuelo y al padre fue la forma de parar ese intento que estaban haciendo sus familiares de recuperar la memoria de Tito”. 

Al mismo tiempo, Yasky señaló la importancia de la tarea del Equipo Argentino de Antropología Forense, que permitió y permite que salgan a la luz todos estos casos, y el rol fundamental de los familiares, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que continúan con la búsqueda para dar sus desaparecidos: “Hoy existe la legalidad para que pueda existir un banco de datos genéticos y un equipo de antropología forense que pueda actuar a cara descubierta. Que pueda actuar. Y si hoy existe la posibilidad de recuperar a este militante es por la lucha de Bonafini, de Carlotto y de todas las Madres y Abuelas de este país. Dentro de 50 años, nadie se va a acordar de quién era Magnetto, Ernestina Herrera de Noble ni de personajes patéticos como Macri. Pero estoy seguro de que Carlotto y Bonafini van a ser apellidos que los maestros van a nombrar en las aulas”. 

“Pese a todo lo relatado, en esta causa no tenemos ningún imputado encarcelado” 

Al respecto, Pablo Llonto, periodista y abogado representante de las familias querellantes en la causa de La Pastoril, apuntó: “este es un día en que se siente lo de la metáfora sobre las piezas del rompecabezas que están allí, frente a nosotros y es cuestión de juntar para que den este tipo de resultados y pequeñas reparaciones para todos. Esta es una causa en la que están empujando además de todos los compañeros nombrados, las familias y es así como se ve que madres, abuelas, hijos, hermanos, hermanas, sobrinos esposas y compañeras, todos juntos, podemos llevar adelante las causas con más fuerza. Esta causa ha sido un trabajo de reconstrucción, y lo sigue siendo, importantísimo. Pero todavía falta. Hay una pieza fundamental: que el juez Daniel Rafecas, quien tiene la causa a cargo, comprenda y atienda el reclamo de justicia, porque pese a todo lo que se ha relatado aquí, en esta causa no tenemos ningún imputado encarcelado. Aún pese a que conocemos los nombres de varios de los responsables. Uno de ellos el comisario Hernández, de Moreno, que todavía se pasea por las calles de su barrio. Necesitamos que el Juez indague lo más pronto posible a los responsables de lo que llamamos “La masacre de la quinta de Moreno”. 

El letrado -autor de una biografía sobre Ernestina Herrera de Noble, despedido de Clarín mientras, como periodista trabajador de ese diario, era representante sindical- también subrayó la ligazón entre este caso y el de Marcela y Felipe Herrera de Noble: “el Caso Noble también tiene un punto de conexión con este caso porque la búsqueda de familiares de los restos para obtener muestras de ADN y la posibilidad de una comparación cuando los restos no están identificados, sirve para abrir una discusión permanente sobre la necesidad de que todos los casos se esclarezcan. Necesitamos la ayuda de todas las familias para difundir este tema. Son muchas todavía las que aún no han dado muestras ni posibilitado la extracción de sangre y muestras de saliva. Es necesario que se acerquen al Equipo de Antropología y al Banco de Datos Genéticos, sobre todo para los casos de mujeres con hipótesis de embarazo y para alentar a todas las familias de sobrevivientes que todavía no han dado testimonio, que todavía son muchas”. 

“Yo me siento orgulloso de formar parte de un equipo que ha trabajado este caso enormemente y más orgulloso y emocionado cuando vimos la reproducción de ese periódico tan sencillo y tan humilde que hacía el “Chato” y que llevaba ese nombre maravilloso para los que alguna vez hemos sido delegados. Sentir que una agrupación le puso a un periódico “El Sentir de los Trabajadores”, nos hace poner la piel de gallina”, concluyó Llonto. 

Para concluir, la palabra de Aida García Buela, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora que dió con los restos de su hijo desaparecido luego de una extensa búsqueda a través del Banco de Datos Genéticos: “me alegra muchísimo encontrar esta gente joven que son los que nos van a seguir en la lucha. Y me alienta terriblemente, porque nosotras ya tenemos de 80 a 90 años, encontrar gente joven que se ocupe, que haga, que siga nuestra lucha es el aliciente más grande que podemos tener. Todo lo que pudimos, ya lo hicimos. "Yo personalmente soy una muestra de lo que se puede lograr: encontré los restos de mi hijo gracias a Maco Somigliana y a los estudios de ADN. Él, mi hijo, al que yo le cuestionaba que hubiese elegido esa carrera, biología. Luego de tantos años gracias a los ADN yo rescaté sus restos y están enterrados y es una alegría enorme. Eso permitió llegar a los juicios y los responsables ahora están presos con cadena perpetua. Ahora, vamos porque ese banco sea totalmente completo. Porque la vida va a seguir y los juicios y las verdades van a seguir y todo se va a saber. Hago un voto porque todos se acerquen y porque todos luchen para que esto continúe”, finalizó García Buela. 

Actividades
Antes de ser asesinado, Ruperto estaba construyendo su casa en un terreno que queda a dos cuadras de la fábrica Fiplasto. Ese predio estuvo abandonado por más de 30 años hasta que el año pasado su sobrina, Claudia Méndez, lo recuperó con la idea de inaugurar ahí un Espacio de Memoria: un centro cultural para desarrollar actividades que continúen con los valores solidarios que como “Tito”, impulsaban aquellos 30.000 compañeros detenidos desaparecidos. El día jueves 21, se realizó se allí un acto homenaje para recibir los restos de Ruperto Méndez y trasladarlos luego al cementerio local. 
Fuente: http://www.cta.org.ar/Estaba-ahi-esperando-que-nosotros.html 

El homenaje en el Sitio de la Memoria, donde “Tito” dejó su casa a medio construir.
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