1 de abril de 2014

MALVINAS.



Estimados Amigos:
El siguiente material lo escribí en México - donde estaba desterrado (1976-1988) - durante los días de la guerra con Inglaterra en los diarios mexicanos EL COMBATIENTE (Distrito Federal) y CAMBIO (Ciudad de Puebla). Más acá en el tiempo, en el año 2002, fue parte del trabajo “Con la memoria siempre fresca, construyamos nuestra Historia” (132 págs.) de mi autoría, que editó el Sindicato de Empleados de Comercio de Daireaux y distribuyó en las más de cuarenta filiales bonaerenses del Movimiento Mercantil que integra.
Como en general el texto mantiene actualidad, en este nuevo aniversario de los hechos de recuperación (1982) de nuestras Islas Malvinas que desataron  aquella guerra, frente a la persistente actitud colonialista británica, respondida como corresponde por el gobierno que encabeza nuestra compañera presidenta CRISTINA FERNÁNDEZ, es mi intención difundirlo como aporte al debate que la sociedad toda nos debemos en este tema.
Cuando escribí este trabajo, por lo mismo de vivir en el exilio, lo hice teniendo escasa bibliografía de consulta a la mano. En tal razón, le pido a quien crea que hay observaciones que realizar, me las haga llegar al siguiente correo electrónico: prensaccesd5s@gmail.com
Muchas gracias.
Me despido con un cordial saludo, Negro Coria. (Neuquén, 1º de abril de 2014)


Histórica y jurídicamente
las Malvinas son argentinas ([1])

Por ANTONIO ANGEL CORIA

Una de las más audaces medidas adoptadas por el régimen de facto que gobierna en Argentina, interpretada – no sin fundamentos – como una acción diversionista con que los violadores de la voluntad popular pretenden echar un manto de olvido sobre la responsabilidad, grave, que les corresponde en los acontecimientos de índole económica, política y social derivados del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, ha motivado entre otras cuestiones, la oportunidad de hablar sobre un tema que si bien los argentinos conocemos “desde que iba a la escuela primaria”, era un ilustre desconocido: las Malvinas y su pertenencia a la integridad territorial de la República Argentina.
   Más allá de la discusión en que estamos, no sólo los exiliados argentinos, sino también los pensadores progresistas o revolucionarios que en estos días ocupan importante espacio en la prensa mexicana, sobre la inconveniencia o no de sumar adhesiones a la recuperación de las Islas Malvinas  - que, atención, no es lo mismo que apoyar la gestión de la tiranía militar – de la que fueron protagonistas los mismos que ayer estuvieron implicados en la burla de la soberanía popular, frente a la prepotencia colonialista, la actitud es una sola: sumar la voz de nuestro reclamo a las viejas aspiraciones del pueblo argentino, en  el sentido de ejercer plenamente por parte de la Nación, la soberanía total sobre las Islas Malvinas. Y además, en el marco de esta lucha anticolonialista que ahora se da, sin olvidar que las reivindicaciones sociales y económicas levantadas como consignas de la movilización popular del 30 de marzo último – que en las calles de Mendoza, a consecuencia de la represión, costó la vida a dos manifestantes – también tienen vigencia.
   Desde que estalló el conflicto entre los gobiernos de Argentina e Inglaterra a raíz de la recuperación de las Malvinas, Gran Bretaña ha reiterado insistentemente – como argumento para defender la usurpación que desde hace 140 años mantenía sobre las Islas – que se trata de una “violación” por parte de Argentina a “los principios de autodeterminación de los pueblos” (declaraciones de Crispín Tickell*, embajador de Inglaterra ante México).
   Esta actitud, se corresponde con la contumaz posición dilatoria asumida por Gran Bretaña desde que, por Resolución 1.514 (XV) emitida por las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1960, Inglaterra trata de encontrar una “base jurídica” para eludir el cumplimiento del apartado VI de dicha resolución, que define que “todo intento encaminado a quebrantar, total o parcialmente, la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”, como ocurre en el caso de las Islas Malvinas.
   Sobre la base de “reserva de soberanía” efectuada por la República Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas, desde que en 1946 se hizo cargo del gobierno el general Juan Domingo Perón y de la citada resolución 1.514 (XVI), es el mismo organismo internacional el, que por Resolución 2.065 del 18 de noviembre de 1965, habla claramente de “la existencia de una disputa entre los gobiernos de Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña acerca de la soberanía de dichas islas...”
   La introducción por parte de la O.N.U. de los términos “disputa” y “soberanía” en el lenguaje de las negociaciones, si bien disgusta a Inglaterra, ubican el problema sobre la base jurídica que, por “omisión”, daban fundamento a la “argumentación” dilatoria del gobierno británico.
   Situados sobre esta incuestionable “base jurídica”, convengamos entonces, para hablar con propiedad, en que, el de las Malvinas, no es tanto una cuestión de autodeterminación sino que es una cuestión de apropiación por la fuerza de su territorio a cargo del Reino Unido de Gran Bretaña. Para ejemplificar, tengamos que, donde hay que hablar de autodeterminación de un pueblo, es en el caso de Irlanda del Norte, donde el gobierno de su “graciosa majestad” británica, es responsable de un genocidio cualitativamente semejante al que practican los regímenes totalitarios en América Latina y el Caribe, para aplastar la decisión independentista de los irlandeses.
   Como se ve, la falacia es la que ha servido al gobierno de Margaret Tatcher para argumentar a favor de la agresión armada a nuestro país, a nuestro pueblo, tras la recuperación de las Islas Malvinas. Hoy, como hace 176 años, Gran Bretaña marcha al ataque de nuestro territorio y así como ayer no se abandonaron las posiciones, hoy no se debe renunciar a la recuperación de lo que histórica y jurídicamente nos corresponde. Pero eso sí, que quede claro: para afianzar esta decisión, el pueblo debe manifestarse libremente ya que la soberanía nacional, se defiende con el ejercicio pleno de la soberanía popular.

II – Inventario de unas “malas” relaciones

Respecto a la insistente argumentación distorsionadora esgrimida por Inglaterra y reproducida en México por su embajador el señor Crispín Tickell, en su intención de invalidar la pertenencia de las Islas Malvinas a la integridad territorial de la República Argentina, vamos a referirnos a varios puntos que el señor embajador tocó en su nota aparecida en la página dos de “Uno más Uno”, el día 16 de abril último.
   Antes, cabe recordar que en sus relaciones de típico y claro corte imperialista Inglaterra, frente a nuestro pueblo y los pueblos libres del Mundo solidarios con nuestra causa, hizo de la mentira su base de la diplomacia... ¡aunque nunca le surtió efecto a la rubia Albión!
   En 1806 y 1807, años en que respectivamente y con el argumento que “quería” darnos la “independencia”, Gran Bretaña intentó, con catastróficos resultados para sus tropas agresoras, la invasión de todo el país. La intención que escondía tan “generoso” gesto, era transformarnos – ante el inminente estallido independentista – de colonia española... en colonia inglesa.
   Igualmente aconteció a mediados del siglo pasado, cuando con el pretexto de ·”proteger” la “libertad” de sus agentes nativos (libertad que pedía para entregar el país a la corona británica) nuestra nación volvió a ser agredida por Inglaterra. Nuevamente y tras varios años de guerra, el fracaso del amo imperial fue rotundo. Entonces, la intención era impedir que el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas aplicara la Ley General de Aduanas, que por su neto corte proteccionista buscaba promover el desarrollo interno de Argentina, con el marcado “disgusto” inglés.
   Ante el fracaso militar, los agresores no ceden y en la búsqueda del desprestigio de quien “dio importantes pasos hacia la reconstrucción de la unidad nacional desgarrada por la guerra”, como reconoció Domingo Faustino Sarmiento, Gran Bretaña inventó a Rosas “un muerto por penique”, que el agente británico José Rivera Indarte se encargó de descubrir, al precio indicado por cuenta de la banca Samuel Lafone y acuerdo del Foreign Office. Como se ve, otra mentira de la diplomacia imperialista.
   Lo mismo hicieron amos y cipayos, cuando en 1865 Inglaterra organiza y subvenciona, valiéndose del general “argentino” Bartolomé Mitre, la que se llamó “guerra de la triple alianza”. El objetivo en esta ocasión fue destruir la experiencia de desarrollo independiente que impulsaba en Paraguay el gran patriota nacionalista Francisco Solano López.
   Y repitieron la historia de mentiras con Hipólito Yrigoyen, en cuyo ataque por parte del imperialismo británico se unieron la oligarquía vacuna y militares vendepatria, para derrocarle mediante golpe de estado el 6 de septiembre de 1930, porque Don Hipólito se negó sistemáticamente a abandonar las masas que lo apoyaban y a transformar la nación en una vil factoría inglesa.
   Por unos años, tras la caída de Yrigoyen, el imperialismo británico apoyado gozosamente por los terratenientes y sus defensores intelectuales y militares convirtió a nuestra patria en “la perla más preciada” en la corona imperial. Con el advenimiento de las masas al poder tras el triunfo del peronismo en 1946, para el imperialismo y sus socios nativos, en Argentina “¡se acabó el dulce de leche!”.
   Las radicales reformas introducidas por el gobierno de Juan Domingo Perón, se hicieron sobre la base de la afectación de los intereses británicos y de los capitalistas agro exportadores, tan estrechamente ligados a aquellos. Sin entrar en el análisis de las contradicciones que esta política peronista produjo (porque hoy el tema es otro) sí deben reseñarse algunas de las más importantes medidas que se tomaron, en la intención de facilitar elementos para la comprensión del antecedente histórico del actual fervor antibritánico, en su sentido antimperialista, que por extensión hoy se ha transformado antiyanqui.
   Control del comercio exterior, nacionalización de la banca, las comunicaciones y el transporte (especialmente el ferroviario, compuesto por cuarenta mil kilómetros de vía instalaciones, material rodante y de tracción, además de unas veinticinco mil propiedades que figuraban como bienes indirectos entre los cuales existían doscientos mil kilómetros cuadrados de valiosa tierra de cultivo, etc.); impulso de la marina mercante (que en tiempos del peronismo llegó a ocupar el quinto lugar en importancia mundial); nacionalización de los frigoríficos, etcétera, etcétera y como ya fue dicho, reclamo de la soberanía sobre las Malvinas ante las Naciones Unidas, provocan el ocaso y derrota del predominio inglés en Argentina. Sólo, que a consecuencia del golpe de estado del 16 de septiembre de 1955 que produce la caída de Perón y la restauración oligárquica, comienza el predominio imperialista yanqui, que habilidosamente supo usufructuar las acciones del enfrentamiento mantenido por Inglaterra durante los nueve años de gobierno peronista.
   Lo demás de 1955 en adelante, por reciente, es historia conocida. Pero como ocurre con el análisis de la situación interna actual de Argentina y de las perspectivas que tiene el movimiento popular en su “marcha irreversible por la libertad y la democracia”, bien puede ser tema de otra nota.

III – Indiscutible derecho de la Argentina

Pasemos ahora a echar luz sobre los datos obscuros y las imprecisiones del embajador Tickell, lanzados mañosamente por medio de su ya mencionada nota en “Uno más Uno”. Dice el vocero del gobierno británico: “...las islas Falkland (Malvinas, aclaro yo) fueron descubiertas y ocupadas por primera vez por los británicos a fines del siglo XVII...”, lo cual es un dato muy vago (el que brinda el señor embajador) destinado a dar consistencia, otra vez, a las falacias de la diplomacia inglesa para agredir a nuestro pueblo.
   Las Islas Malvinas (y no Falkland, como dice el señor Crispín Tickell) fueron descubiertas cuando promediaba el siglo XVII por los holandeses Verhagen y Sebald, de Wert Ert, quienes las bautizaron como islas Sebaldinas y “desde entonces fueron incorporadas a los mapas”. Como se ve, esto también es contrario a lo dicho por el señor embajador, quien afirmó que “... el nombre de las islas Falkland precede en mucho al de Malvinas...” En todo caso y para acercarnos a la verdad histórica, podría aceptarse que antes de Malvinas, nuestras islas pudieron haberse llamado Sebaldinas.
   Pero correspondió a marinos de Saint Maló (Francia) como anota el investigador Norberto Zingoni en su trabajo “Las Islas Malvinas y la soberanía argentina” respaldado por el Movimiento Continental “Unidad Latinoamericana”, los que, conducidos por el famoso explorador Bougainville, fueron los verdaderos “descubridores” y primeros pobladores de las Malvinas. “Alrededor de 1764 fundaron Port Louis y se instalaron con agricultores, artesanos, mujeres y animales”.
   Frente a lo que los españoles consideraron una intromisión en lo “que formaba parte de su dilatado imperio” (téngase presente el Tratado de Tordesillas, firmado en el año de 1494 entre España y Portugal) prontamente protestaron ante el gobierno francés”, quien tras haber convenido con España una indemnización por los “gastos de colonización”, ordenó la evacuación del territorio invadido. Ocurrió, en 1764.
   En 1765, en franco y típico acto de piratería de Gran Bretaña, marinos contratados por este imperio al mando del capitán Byron, se posesionaron de una pequeña bahía que bautizaron con el nombre de Puerto Egmont (siempre en territorio malvinense) y en el que fundaron un fuerte. Por el reclamo y acción españoles, los usurpadores abandonaron las Malvinas en 1774 – y no en 1772, como “sugiere” en “Uno más Uno” el señor Tickell – hasta que el 3 de enero de 1833, con la concupiscencia de Estados Unidos (igual como pretenden hacerlo hoy) se apoderan mediante acciones de violencia de las Islas Malvinas, que ahora, el pasado 2 de abril, han sido recuperadas para la integridad territorial argentina. Y a este respecto, insistimos, más allá de las intenciones diversionistas que le quiere imprimir la tiranía a este asunto para “lavar” su pasado inmediato, la que se tiene ahora en Malvinas, es una posición que no debe abandonarse.
   Nuestro indiscutible derecho a la soberanía sobre las Islas Malvinas, lo es exactamente igual al que le corresponde a los puertorriqueños sobre su país; a los cubanos sobre Guantánamo; a los panameños sobre el Canal. La agresión armada del gobierno de Gran Bretaña al pueblo argentino y la hipócrita propuesta de “gobierno compartido” sobre las Islas Malvinas realizada por Ronald Reagan, como si la soberanía fuera una cuestión compartible, muestra que el imperialismo y sus objetivos neo coloniales, no tiene frontera.
   Ante esto, los militantes de las fuerzas nacionales y revolucionarias de América Latina y el Caribe, debemos llevar adelante una acción mancomunada, que a la vez que impida la agresión que se pretende ejecutar en Centroamérica, en el Caribe y ahora, a raíz de la recuperación territorial de las Islas Malvinas también en Argentina, concluya en el logro de la manifestación libre y soberana de nuestros pueblos, como principio básico en la toma de decisiones sobre el destino de América Latina, que nosotros queremos para los latinoamericanos. Es decir, que además de cumplir con la defensa de la integridad y unidad latinoamericana, no olvidemos que sin el ejercicio irrestricto de la soberanía popular, la defensa de la soberanía nacional es una utopía, por lo que es una necesidad impostergable el cese de las dictaduras y los gobiernos entreguistas que en América Latina y el Caribe, fungen como sirvientes de las oligarquías nativas y el imperialismo.
ANTONIO ANGEL CORIA, Abril 30 de 1982, Distrito Federal, República Mexicana


[1] Publicado en México, D. F., en  tres partes (30.IV.82 y 5 y 6 de mayo/82) por el diario “COMBATIENTE”, órgano oficial del Partido Popular Socialista y simultáneamente, en el Diario CAMBIO de la Ciudad de Puebla. Había sido entregada en el Diario UNO MÁS UNO como respuesta a declaraciones de Crispín Tickell, embajador inglés en la República Mexicana, pero nunca le dio cabida. Por esos días, en el citado matutino del D.F.  mucha cabida tuvieron notas de periodistas argentinos, también exiliados, que manifestaban su cerrada oposición a la ocupación militar que originó la presente.
* En 1990, este mismo diplomático, fue designado por el gobierno inglés para reiniciar con el gobierno de Carlos Saúl Menem, las negociaciones rotas por la guerra, sobre el tema de la soberanía argentina en las Islas Malvinas.
Envío:Antonio"Negro"Coria

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