Por Nicolás Lantos
El acto convocado por La Cámpora en Argentinos Juniors se transformó en una verdadera señal de fortaleza a futuro del kirchnerismo puro. La multitud de militantes desbordó la cancha y el principal orador, Máximo Kirchner, destacó que “hay muchas más peleas por dar junto a Cristina”.
LA CAMPORA HIZO AYER UN ACTO MULTITUDINARIO CON MAXIMO KIRCHNER COMO ORADOR PRINCIPAL
“Hay muchas peleas más por dar”
La agrupación de jóvenes kirchneristas hizo una demostración de fuerza, al reunir a más de 40 mil militantes en Argentinos Juniors. En el que fue su primer discurso público, su líder destacó la importancia de “los proyectos políticos” y criticó a la oposición.
Por Nicolás Lantos
Los militantes de La Cámpora colmaron ayer las tribunas y el campo del estadio de Argentinos Juniors.
Máximo Kirchner, el hijo de los últimos dos presidentes de la Argentina, dio su primer discurso público. Fue en el cierre del acto de La Cámpora en Argentinos Juniors, donde el sector más representativo del kirchnerismo hizo una demostración de fuerza de cara a las presidenciales de 2015. Ante un estadio repleto de militantes de la organización que fundó hace ocho años, Máximo Kirchner dijo que “Cristina es el último dique” que separa al país de aquellos que lo gobernaron durante gran parte del último medio siglo. Afirmó que en la política “no hay hombres y mujeres providenciales” ni “apellidos milagrosos”, sino que lo que cuentan son “los proyectos políticos”. A pesar del mal pronóstico meteorológico, más de cuarenta mil personas vieron en vivo su debut, que pareció más un gesto hacia la tropa propia que el lanzamiento de una candidatura, pero que no va a pasar inadvertido en el panorama a once meses de las PASO.
La ocasión no fue casual. Era el primer acto de esta magnitud que organizó La Cámpora en solitario, sin compañía de otros espacios de Unidos y Organizados o del Frente para la Victoria: toda la capacidad del lugar estuvo destinada a miembros de esa organización llegados de todas partes del país. Fue una demostración de fuerza: “No sé si hay muchas organizaciones, kirchneristas o no, que puedan llenar un estadio con militantes”, analizaba uno de los organizadores, satisfecho con el resultado. Además, la fecha elegida fue la del cuarto aniversario del acto del Luna Park que coronó a la juventud como una de las patas principales del kirchnerismo.
Como para no dejar dudas, sobre el escenario estaba, junto a Máximo Kirchner, la mesa chica de La Cámpora: los diputados nacionales Andrés Larroque, Eduardo “Wado” De Pedro, Mayra Mendoza y Juan Cabandié; el presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde; y el legislador bonaerense José
Ottavis. El resto de los invitados, abajo, en las primeras filas: había presidenciables como el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri; y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez; el ministro de Economía, Axel Kicillof; el titular de la Anses, Diego Bossio; los titulares del PJ bonaerense, Fernando Espinoza, y porteño, Víctor Santa María.
También estaban dirigentes como el titular de la Afsca, Martín Sa-bbatella; el titular de Miles, Luis D’Elía; y el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto.
“Detrás de esto no hay ninguna especulación. Más bien una deuda –aclaró Máximo Kirchner al comienzo–. Les debía esto a los compañeros que dieron la cara y pusieron el cuerpo todos estos años. Hay muchas peleas más por dar, y estoy seguro de que van a estar firmes junto a Cristina.” De todos los militantes presentes, sólo habían podido escucharlo algunos pocos que compartieron con él reuniones, asados o encuentros a solas en Buenos Aires y en Santa Cruz.
Luego ratificó que la Presidenta seguirá siendo la conductora del espacio una vez que finalice su mandato (“el futuro está ahí”, dijo), criticó a la oposición que asiste a programas de televisión pero no piensa en política y a “dirigentes sindicales devenidos empresarios” que se fueron del gobierno criticando por izquierda y ahora “están con Macri”, y pidió que “el futuro de la Argentina no quede en manos de los violentos, sino de los que quieran dirimir sus ideas en las urnas”.
En ese sentido, en un mensaje que puede leerse tanto hacia afuera como hacia adentro, desafió a quienes quieran cambiar las políticas de este Gobierno: “Si están tan interesados en terminar con el kirchnerismo, por qué no compiten con Cristina, le ganan y sanseacabó. Volveremos a la calle a hacer lo que tenemos que hacer, que es reconstruir el país”. Fue el momento más caliente de un discurso de casi media hora, marcado por un tono emotivo y los nervios del orador debutante que sin embargo mostró soltura y algunas inflexiones que hicieron recordar a su padre. el ex presidente Néstor Kirchner.
Antes del acto, desde la organización habían hablado de un “punto de inflexión” y del “comienzo de una nueva etapa”. La aparición de Máximo Kirchner sin duda marca una nueva etapa para La Cámpora. “No hay nada seguro, pero no creo que sea la última vez”, confiaba uno de los referentes de la organización tras el acto. “Tendrá un mayor protagonismo desde ahora”, anticipaba otro. Todos descartaron, en cambio, la posibilidad de una candidatura. “Por ahora no está pensado que sea candidato a nada”, fue la respuesta monolítica ante la pregunta de rigor.
Durante su discurso Máximo Kirchner no hizo referencia directa a la posibilidad de postularse a algún cargo, pero aseguró que “en la política no hay apellidos milagrosos” ni “hay hombres ni mujeres providenciales”, sino proyectos políticos y recordó que el lugar natural de La Cámpora es dentro del Frente para la Victoria, que es un espacio “mucho más grande, a pesar de que algunos quieran achicar y crear conflictos sin sentido”. Incluso saludó al Movimiento Evita, que recientemente lanzó al margen de Unidos y Organizados la candidatura de Jorge Taiana, y felicitó a esa agrupación por el acto que realizó hace algunas semanas en Ferro.
Hubo espacio también para las críticas a los medios y a la oposición: “¿Cuál es el cambio? –preguntó–. El único programa que yo les conozco a algunos políticos son los programas de televisión donde siempre dan el presente, todo lo saben y todo lo resuelven, pero después cuando los vemos gobernar pasa lo que pasó hace algunos años en la Argentina. Si realmente este Gobierno es tan malo como uno escucha en la televisión; si es tan malo como dicen en sus medios y que no tiene aceptación popular, pues acá está la cancha de Argentinos”.
Luego de que concluyera el discurso, Máximo Kirchner bajó del escenario para saludar a algunos de los asistentes al evento. Allí también se encontraban otros funcionarios del Gobierno que habían observado el acto desde un costado del escenario. Este epílogo fue breve: la amenaza de la lluvia disuadió a todos para abandonar el predio a paso veloz.
Apostillas
- Tití: Soledad Fernández, la joven que falleció durante el último Mundial de Fútbol en un accidente automovilístico, era militante de La Cámpora y fue recordada por el diputado nacional Juan Cabandié durante su breve discurso. Sus padres (el periodista deportivo Tití Fernández y su mujer Nora) estaban en primera fila acompañando el acto y se emocionaron ante el gesto del legislador, que les agradeció la presencia.
- El otro Máximo: durante el acto, algunos niños que se perdieron momentáneamente de sus familias fueron acercados al escenario para llamar a sus padres a través del sistema de sonido. Que uno de ellos se llamara Máximo despertó varias bromas entre los asistentes.
- Banderas: al tratarse de un acto exclusivamente de La Cámpora no había mucha variedad de colores: la mayoría de las banderas eran blancas, con letras celestes o azules. Había algunas consignas contra los fondos buitre y otras que simplemente destacaban la localidad de procedencia del portador. En la misma gama de colores, pero con otra temática, se destacaba la dedicada a un ex funcionario del Gobierno y simplemente rezaba: “Alberto Fernández botón”.
- Drones: ya no es novedoso, pero sigue sorprendiendo la presencia de robots no tripulados que se usan para filmar los eventos. Controlados remotamente desde un costado del escenario, estos pequeños aparatos de no más medio metro por lado permanecen suspendidos sobre el público para realizar las mejores tomas de lo que sucede en el escenario.
REACCIONES Y HASTA “REVELACIONES”
Desde la tribuna
El estadio de Argentinos Juniors estaba lleno y aunque estaba nublado era un día peronista para La Cámpora. La cita era a las 16 en el Diego Armando Maradona, pero los militantes comenzaron a llegar mucho antes. Estacionaron los micros que los trajeron desde otras provincias cerca de Juan B. Justo, porque el tránsito estaba cerrado cerca del estadio. Hasta ahí llegaron de Córdoba, de Santa Cruz, de Santiago del Estero. También de Morón, Cañuelas, José C. Paz, Tandil, Vicente López. Muchos lugares y muchas banderas. El viento de la tarde ayudaba para que flamearan en las tribunas de la cancha. “Salimos a las dos de la mañana desde Santa Fe”, relató Julia a Página/12. Con una hermana y sus hijas, aplaudieron los discursos y saltaron cada canto en la agrupación que ayer organizó en La Paternal un acto de campaña sin candidato, aunque algunos de los nombres que más suenen para integrar listas estuvieran presentes.
Como La Cámpora es una agrupación de jóvenes, ellos constituyeron la mayoría de quienes asistieron al acto. Bailaron un poco al ritmo de un discurso de la Presidenta remixado, saltaron casi como si fuera un recital, uno donde el repertorio consistió en la marcha peronista, el himno nacional y los clásicos cantos de la organización.
Seguían, desde el campo y las tribunas, lo que pasaba en el escenario, donde desde las 16 empezaron a subir referentes de la agrupación en universidades, centros de estudiantes, federaciones, sindicatos. Los referentes de las villas cosecharon más aplausos entre el público. En especial Rosa Ortega, de Villa Fátima, en el barrio de Soldati. “A ver cuándo cocina para todos”, pidieron por micrófono y hubo más aplausos. También hubo canciones para cada uno de los oradores. Para el final llegó Máximo Kirchner y el público intentó ayudarlo en su primer discurso ante la militancia. Lo acompañó con más cantos. “¿Viste?
Tiene gestos de Néstor. Piel de gallina”, confesó uno de los militantes de La Cámpora Mataderos, cuando terminó el discurso.
Pablo es de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y su “gran revelación” en el acto fue esa intervención de Máximo. “Lo había leído, pero hoy quedó claro que es un cuadrazo”, consideró sobre el principal referente de la agrupación juvenil. Angélica, de Malvinas Argentinas, también quedó contenta con el cierre: “Estuvimos cantando, somos de Miles, pero vinimos a apoyar a La Cámpora”, añadió. Lucía Ferreyra, de Chascomús, aseguró que el acto “representa mucho”. “Cada vez somos más. Hay que seguir haciendo”, expresó.
Florencia, del Ministerio de Economía, sintió que “el objetivo del acto era encontrarse con otros que también trabajan de la misma manera para ver que uno no está solo”. “Esto permite pensar en cómo dar los pasos que ayuden a resignificar lo que nos queda por delante”, agregó. Para Hugo Mangione, de Baradero, el acto también significó “un quiebre en el movimiento político”. “Tantas personas en el estadio da una muestra de que esto va a seguir. La idea es bancar al que sea el ganador en las PASO”, añadió Valeria Emir, junto a él. Como ella, los militantes de La Cámpora no terminan de decidir a quién apoyar en 2015 entre todos los nombres que aparecen para suceder a Cristina dentro del oficialismo. Sin un candidato que lo encabezara, el acto les sirvió a los jóvenes al menos para sentir que los sucesores y los encargados de que “el cambio” sea “irreversible” son ellos mismos.
Informe: Aldana Vales.
OPINION
Salir a la canchaPor Mario Wainfeld
Imagen: Bernardino Avila
A menudo la lectura de los hechos se amolda a la sesgada hechura de los medios. Las “primicias”, sin ir más lejos, predominan sobre los datos relevantes que se conformaron durante mucho tiempo y, por eso mismo, no sorprenden. Las miradas sobre el acto de La Cámpora de ayer seguramente corroborarán esa tendencia.
Todo indica que harán centro en la aparición de Máximo Kirchner, su discurso y en particular su desafío para que la oposición acepte competir contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Sin negarle relevancia y sin renunciar a analizarlos líneas abajo, este cronista piensa que lo sustancial de lo sucedido en el estadio Diego Maradona fue lo que estaba escrito de antemano. La magnitud de la convocatoria, la masividad, la talla de un sector juvenil comprometido. Una mezcla de cuadros parlamentarios o del Ejecutivo con militantes rasos. Un recorte juvenil que tiene algunos “supra-40” mientras suma a pibes o pibas del secundario. Un activismo que ninguna otra fuerza política de la Argentina puede congregar.
La cancha de Argentinos Juniors desbordó de euforia, cánticos, pogos. Flamearon las banderas, los oradores dejaron de serlo eventualmente para sumarse a las consignas. En ese contexto, construido durante los mandatos de Cristina Fernández, habló media hora Máximo.
La agrupación juvenil peronista reventó la cancha y colmó las calles adyacentes. La fiesta y la demostración de poder llegaron juntas como corroboración.
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En la edición de Página/12 del 18 de noviembre de 2007, en una nota titulada “El café literario es para los cuadros”, Kirchner reconoció ante este diario una limitación de su fuerza, “una pata renga”, en sus palabras. Enumeró una serie de carencias: no participar en los debates públicos, no haber organizado a sectores juveniles. Su idea, ya finalizando su mandato y estando electa Cristina, era formar “500 cuadros políticos de menos de cuarenta años”, aptos para la gestión o para la militancia. “Fuerza propia” y “cuadros” eran sus palabras clave. En aquel entonces,menos de siete años atrás, era una hipótesis a desarrollar.
Mucha agua corrió bajo los puentes: Kirchner ya no está, Cristina va a completar una saga de doce años de gobierno. Y cuenta con La Cámpora como aval y alternativa.
Detractores y compañeros les cuestionan falta de peronismo a los dirigentes de La Cámpora. Se suman, con enjundia digna de causas más elevadas, formadores de opinión que no distinguen una Unidad Básica de un bondi. El “cargo” tiene poco asidero: los principales referentes de la agrupación militan desde hace muchos años y son peronistas desde entonces. Su “antigüedad” es mayor que la de muchos compañeros de otros palos o, ya que estamos, de unos cuantos funcionarios o ex funcionarios del gobierno nacional.
El punto es que La Cámpora se define como kirchnerista dentro del magmático espacio peronista. Se mueven convencidos de que su función es bancar a Cristina en el denso corto plazo que precede a las elecciones de 2015. No mocionar candidatos (salvo que ella lo haga o se los indique), no zambullirse en la lid electoral.
La cantera propia le da a Cristina un espacio propio de maniobra para no quedar confinada a los márgenes estrechos del peronismo tradicional, cuyos dirigentes siempre husmean para dónde sopla el viento. Son un vivero de recursos humanos, dotados de mística y con algo que (ay) no todos tienen por delante: décadas de vida útil.
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Los discursos de los diputados Mayra Mendoza y Juan Cabandié fueron breves, el del nieto recuperado tocó una cuerda más vibrante. El diputado Andrés Larroque solo usó el micrófono para presentar al orador que cerró. Llamó la atención que no hablaran él y otros integrantes de la mesa de conducción. Tal vez los apuró la amenaza de lluvia, que Máximo mencionaría luego.
Era el debut público de Máximo, que lo asumió de movida en medio de otras alusiones a su condición de novato. Franqueó sus sentimientos, habló de un sueño concretado. El nerviosismo inicial, el tono coloquial, hasta los propios límites de la exposición, redondearon la imagen de un orador sincero y cálido. El joven Kirchner tiene algunos gestos de su padre, como el de morderse los labios o menear la cabeza en ciertos momentos. Son visajes de un tímido que afronta el desafío de exponerse ante decenas de miles de personas, “mejores que yo”.
Mentó a sus padres presidentes como “Néstor” y “Cristina”. No se arrogó virtudes ni un pasado imaginario. Y puntualizó que “no hay apellidos milagrosos sino proyectos políticos”. Recorrió tópicos del relato kirchnerista, lo que incluye a los medios los fondos buitres o la desolación en 2001.
Tras mirar a través de los paneos de la tele y tras charlar con varios asistentes que pisaron el césped, da la impresión de que la entrada al ruedo de Máximo galvanizó a la concurrencia. La emoción en el palco era palpable, “el Cuervo” lloraba sin ocultarlo, Eduardo “Wado” de Pedro sonreía de oreja a oreja. Seguramente su acto de iniciación, por darle un nombre, tiene que ver con necesidades internas de La Cámpora: darle visibilidad, fomentar que entre en la escena pública, reorganizar sus liderazgos. Imaginar cómo se piensa proyectar en el corto plazo es prematuro.
En cuanto al planteo sobre Cristina como candidata, es factible que motive a la opo a recolocar el mito de la re-re. No hay condiciones dadas para eso, el mismo Máximo manifestó que la Presidenta no estaría de acuerdo. La traducción de volea deriva más a una confirmación del liderazgo y a no embanderarse ante tempus con candidatos propios que a un lance más audaz.
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La Cámpora “juega” desde hace un rato. Sus dirigentes están en la cancha, supeditados a sus desempeños, a las críticas aviesas o razonables. Máximo Kirchner hizo su debut sin alardear ni salirse de la narrativa K. Tuvo el buen gesto de mencionar el acto del Movimiento Evita en Ferro, semanas ha.
Los concurrentes se abrazaron, confirmaron su pertenencia. Y le dijeron a Cristina que cuenta con ellos. Lo que Kirchner maquinó es realidad, imperfecta desde ya. De eso se trataba. El conteo de “¿cuántos fueron?” formará parte de la comidilla de los días futuros. Una muchedumbre, por lo pronto. Fueron porque están convencidos, algo que el escenario seguramente catalizó. No alcanza por sí sola para ganar elecciones, es un envidiable activo para un gobierno con más de once años de rodaje.
Fuente:Pagina12
14 de Septiembre de 2014
Máximo Kirchner habló ante más de 40 mil jóvenes que colmaron Argentinos Juniors en el segundo acto fundacional de La Cámpora
"El futuro no puede ser de los violentos sino de quienes diriman sus ideas en las urnas"El hijo de la presidenta encabezó por primera vez un acto masivo de la agrupación que conduce. "Si están tan interesados en terminar con el kirchnerismo, ¿por qué no compiten con Cristina, le ganan y 'sanseacabó'?", desafió a la oposición.
Sorpresa - La mesa nacional de La Cámpora mantuvo el secreto. El punto de inflexión fue la palabra de Máximo - Foto: Mariano Martino
La primera aparición en público del fundador de La Cámpora e hijo de dos presidentes alimentó el suspenso sobre cuál será su rol lo que resta de mandato. En sus primeras palabras, el propio Máximo coló una aclaración que para algunos buscó desalentar cualquier hipótesis sobre una eventual precandidatura suya a algún cargo electivo. "Es la primera vez que tengo un micrófono de esta manera. Detrás de esto no hay ninguna especulación", señaló. Pero en otro momento del discurso, Máximo reconoció que su estreno como orador en un acto multitudinario –ayer hubo 40 mil militantes de la organización juvenil kirchnerista– activaría interpretaciones en los medios de las que él era consciente y que no se proponía desalentar. En otra parte de su exposición, que duró alrededor treinta minutos y despertó emoción entre quienes le reconocían gestos del padre y la misma modulación para improvisar bromas, Máximo recordó su pertenencia con Río Gallegos, "una ciudad inhóspita mirada con la nuca por tantos medios". Entre tantas especulaciones que circularon en los últimos meses, el compañero de Rocío y padre de Néstor Iván fue mencionado como un posible precandidato a intendente de la capital santacruceña. Ayer, sobre el césped de Argentinos, entre quienes lo habían escuchado se oían comentarios sobre la posibilidad de que pudiera competir por cargos electivos nacionales de los más trascendentes. La incógnita, el suspenso, quedaron en el aire.
Máximo entró al palco acompañado por los seis principales dirigentes de La Cámpora. De izquierda a derecha se fueron ubicando el diputado bonaerense José Ottavis, el titular de Aerolíneas, Mariano Recalde; y los diputados nacionales Juan Cabandié, Andrés Larroque, Eduardo "Wado" De Pedro y Mayra Mendoza. Más flaco pero igualmente más corpulento que sus compañeros, el hijo de Cristina se acomodó en el centro. "Hoy estamos todos, ¿estamos todos?", había dicho Cabandié mientras giraba el cuello y miraba hacia atrás, subrayando su presencia. La presentación oficial recayó en Larroque. "Hoy en este estadio Diego Armando Maradona, cierra el acto el entrañable compañero Máximo Kirchner", anunció el "Cuervo" y la multitud, los periodistas, los invitados especiales del oficialismo que poblaban el corralito se sorprendieron y prepararon para escuchar una voz nueva en la política argentina. "No hay apellidos milagrosos. No hay hombres y mujeres providenciales.
Hay proyectos de país", no tardó en avisar el orador de fondo. El discurso de Máximo estuvo cargado de definiciones contundentes, mensajes a los jóvenes y no tanto que escuchaban en un silencio que se hacía sentir. La juventud debe "tomar la posta para que ningún trasnochado venga a tocar lo conquistado", señaló. Hubo, también, pausas condicionadas por la emoción. El dirigente camporista levantó la voz para acusar a los sindicalistas que están promoviendo un estallido para fin de año, como el secretario de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo. "Uno ve las declaraciones de los dirigentes sindicales devenidos en empresarios, que agotada su representación política en la sociedad vuelven a apostar a la violencia y el miedo... Ellos están rodeados de culatas y de barrabravas, acá hay pueblo. Bastantes problemas tiene nuestro país como para que vengan a instalar miedo. ¡No hay que tener miedo! Hay que tener conciencia, no caigamos en provocaciones, hay que poner la otra mejilla, como decía Néstor", exhortó en un párrafo que incluyó una alusión a la golpiza sufrida en abril de 2013 por militantes de La Cámpora.
Los agresores pertenecían a la UOM platense que encabeza Juan Pablo "Pata" Medina.
Máximo hizo acordar a su padre, no sólo por la gestualidad, por su espontaneidad algo destartalada. Ayer citó tópicos y frases que eran un clásico en los discursos de Néstor, desde la advertencia contra las provocaciones hasta el acento en la necesidad de ser racionales en la administración. Un momento muy emotivo se produjo cuando se refirió al conflicto con los fondos buitre: recordó que los sectores financieros que hoy reclaman contra la Argentina les habían "prestado dinero a los asesinos de los padres de sus compañeros". Otra frase que hizo pensar en Néstor fue la convocatoria de Máximo a ser generosos y amplios en la construcción política. Tras una catarata de elogios a sus compañeros de La Cámpora, Máximo recordó que "el Frente para la Victoria era mucho más grande" que las partes que lo componen y llamó a no caer en la trampa de quienes "lo quieren reducir". Entonces, destacó un acto reciente del Movimiento Evita en Ferro. En las primeras filas del estadio se codeaban dirigentes como el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri; los presidentes del PJ de Capital y provincia de Buenos Aires, Víctor Santa María y Fernando Espinoza; el titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y el vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto. La mayoría de los invitados pertenecía al espacio Unidos y Organizados. Los únicos precandidatos presidenciales eran Urribarri y Domínguez.
Hacia el futuro, Máximo exhortó a los asistentes a mantener los sueños y las convicciones. Y a confiar en el voto de los argentinos. "Nuestro país tiene una oportunidad única. Ha recuperado YPF, va a alcanzar autoabastecimiento energético. Y los números tienen que cerrar con la gente adentro. Con la gente afuera lo hace cualquiera. El futuro no puede ser de los violentos, sino de los que quieran dirimir sus ideas en las urnas", arengó, mientras a su lado comenzaban a aplaudirlo. Su discurso terminó con un estallido de papelitos y música del Indio Solari.
Fuente:TiempoArgentino



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