martes, 09 de septiembre de 2014
El artículo 18 de la Constitución Nacional establece, entre otras cosas: “Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos”.
Sin embargo, invocando el artículo 23 de la misma carta magna en la que se otorgan atribuciones excepcionales al presidente de la República bajo el Estado de Sitio, durante el gobierno democrático de Isabel Martínez de Perón comenzó a utilizarse la figura “legal” en la que se detenía a personas “a disposición del Poder Ejecutivo Nacional”, las que permanecían sin plazos en esa situación, sin proceso judicial, sin posibilidad alguna de defenderse, sin garantías de ningún tipo. Después llegó la cruel dictadura cívico-militar y este procedimiento se siguió utilizando hasta contar por miles de miles los presos políticos desaparecidos, los exiliados, con la devastación de sus familias ante tanta injusticia y dolor.
Pero este sistema de indefensión de la ciudadanía no era nuevo. El sábado pasado se cumplieron 84 años del primer golpe militar de la historia argentina. El 6 de septiembre de 1930 José Félix Uriburu derrocó a quien fue el primer presidente elegido por sufragio universal -masculino- y secreto, don Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen. Tres días después, en Rosario fue detenido de manera ilegal, sin registro escrito, el anarquista español Joaquín Penina junto a dos compañeros suyos, Porta y Constantini y quizá un cuarto de apellido González, desvinculado de toda actividad política. Por motivos que no fueron esclarecidos el 11 de septiembre de 1930, la Policía liberó a Porta y a Constantini pero a Penina lo llevaron a los barrancos del río Paraná, donde lo fusilaron. El cuerpo de Penina no apareció, aunque dos años después una investigación del diario Democracia averiguó dónde fue sepultado como cadáver NN. Este secuestro sería uno de los primeros antecedentes de las desapariciones forzadas de personas en nuestro país, que alcanzaría su más brutal expresión en los años setenta.
Es necesaria la memoria de estos hechos históricos para que tengamos presente que como sociedad no podemos permitir que jamás se repitan.
Fuente:ElEsquiu
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