El
22 de Marzo de 2014 la saña y cobardía de un pelotón de “vecinos indignados” de
barrio Azcuénaga organizaba su furiosa embestida sobre la humanidad del joven
David Moreira y segaba su vida bajo chantajes y justificaciones apologéticas
que alientan la reproducción colectiva de linchamientos públicos consumados
bajo violencia privada exprés.
¿Se
trató de un dilema social explosivo o
de la configuración de una tendencia
cultural largamente construida para que anide en lo más profundo de la
subjetividad popular? ¿Cabe presentar y analizar los hechos bajo la falsa
dialéctica moralista que enfrenta justos
y pecadores o su encuadre debe dirigirse a dimensionar los grados de enajenación colectiva que reflejan degradaciones éticas
mas pérdida de rasgos y atributos humanistas? ¿Es el Estado un factor ausente que le abre las compuertas a la
barbarie linchadora o es un componente omnipresente y laborioso en la perversa
trama de desigualdades e impunidades obscenas?
Estas
líneas intentarán responder al imperativo de reflexionar con «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron» (de “Ensayo sobre la Ceguera” - José
Saramago).
Desentrañar
las causas del asesinato de David Moreira obliga a vislumbrar todo un orden histórico que emerge como
productor estructural de violencias e inseguridades cotidianamente
consolidadas. Orden histórico también fabricante de hitos culturales que
explican la paulatina maduración de regresiones en los valores, las vivencias y
hasta la identidad de los sujetos de la sociedad civil. No se trata de
estudiar un rayo en el cielo sereno. Todo
lo contrario.
“Felicito a
cada uno de mis vecinos, orgullosa de mi barrio, la próxima le cortamos las
manos en la plaza….” se
leyó en la cuenta de “Indignados Barrio Azcuénaga” el 24 de Marzo (vaya
fatídica coincidencia de la historia!!!).
La
novia de uno de los imputados al conocer su detención escribió en su facebook
personal: “Justicia por mano propia!!!
Todos juntos podemos!!! La cana, la justicia, están estos negros hijos de
putas!!!!!..... Salgamos a hacer valer nuestros derechos!!! Basta de injusticia
por favor!!!!!!!”
Este
clima ideológico -primitivo y
retardatario- no resulta impropio dentro de un escenario de contrastes y
desigualdades que exhibe opulentas multinacionales, 4X4 y alta gama, shopping
pasatista y espectaculares “fortalezas” urbanas en discordancia con territorios de descarte, degradación y
violencia.
La
narrativa gubernamental y la cartelización mediática se empeñan en instalar como
verdad cultural la falaz ecuación entre pobreza=delincuencia=“inseguridad”. En eso consiste esta verdadera estrategia del miedo permanente.
Porque “cuanto
más delincuentes existan más crímenes existirán, cuanto más crímenes haya más
miedo tendrá la población, y cuanto más miedo en la población más aceptable y deseable se vuelve el
sistema de control policial.” (MICHEL
FOUCAULT – Revista “Barbarie”, Nros. 4 y 5, Brasil, 1981/1982).-
Este
andamiaje conceptual esquiva los intentos políticos por la solución a la
problemática matriz -la vertiginosa concentración vs la flagrante pobreza- y
derrama una especie de metástasis represiva sobre un valor agregado a la
pobreza: la delincuencia.
Deja
a salvo tanto las concepciones reaccionarias y antipopulares imperantes en el campo de las fuerzas
de seguridad, que no son otras que las
impregnadas por la doctrina criminal de los Camps, Saint Jean, Feced,
Lofiego, etc., como su accionar delictivo que la vinculan con la economía
criminal y a la materialización de los delitos mas graves y aberrantes.
Nuevamente, la historia como tragedia y como
farsa. Malinche reencarnada en la burocracia estatal trabaja a destajo como CEO
de las multinacionales. Hernán Cortés exhibe las carpetas de la
Barrick, Chevrón o Monsanto. El Estado Argentino trafica con las nuevas categorías
"civilizatorias": fracking, minería a cielo abierto, país forrajero,
narcotráfico.
David, "el pibe de
18 años" no cabe, no está, no trasciende en este esquema, no cuenta en
la selva de los "commodities", en las comarcas de la precariedad
laboral, en los cementerios de la "tolerancia cero". "No tiene entidad" diría
Videla. David personifica el sujeto de clase discordante con las pautas
estéticas y culturales impuestas por la globalización neoliberal: los jóvenes
trabajadores inmersos en las nuevas condiciones de la exclusión, la
flexibilización y la precarización del trabajo. Sobre él y millones más pesa la
sospecha social de emparentamiento
con las adicciones y la delincuencia. Y la construcción de esta sospecha es el
argumento legitimador para la impunidad de los crímenes del sistema.
El único "obsequio" estatal que los actuales Judas planifican para estos nuevos
"inocentes" es severo control social o disciplinamiento bajo alguna
migaja pecuniaria, miserablemente reparadora. La inmediatez consumista,
alienante, mas las estafas éticas y morales del funcionariado, empujarán a los
“jóvenes pobres” a engrosar el universo del encierro
tecnotrónico y el “ego sistema”, a la inseguridad laboral, a la tropa de los
"soldaditos" o a la de los "pibes chorros". Mientras las
"políticas públicas" escupen patrulleros, cámaras, policía
"próxima" y “táctica”, militarización barrial.
El
Poder Judicial representa un instrumento vital y estratégico como beatificador
de las tremendas desigualdades, injusticias e impunidades imperantes en nuestro
sistema político. Representa esa “razón estatal” que otorga “legalidad” al orden
de inmoralidades imperante. Por ello “hace justicia” exhibiendo una condena express contra el acompañante de
David Moreira por el arrebato (robo simple) de una cartera, pero “niega
justicia” sobre un homicidio de lesa desigualdad.
Es en todo este devenir
histórico concreto que se consolidó la opción del “pánico vecinalista”. Una verdadera cruzada guerrerista contra los “delincuentes”, mostrando rasgos
patéticos y reaccionarios de una indiscutible limpieza de carácter clasista, racista, xenófoba. Potenciar la
fractura social, la “guerra entre pobres”, el “exterminio horizontal”, la
“buchonería”, la colaboración económica activa con la policía. Esa es la opción
que el menú de un importante sector de clase media sugiere en base a la exaltación
de las miserias humanas.
El
clima electoral se hace cargo de esta demanda linchadora. “Vamos a terminar con esta fiesta de las excarcelaciones y el cuento de
los derechos de los chorros”, ha expresado el pre candidato a presidente
Sergio Massa. No le van a zaga otros pre candidatos “progres” exaltando las
recetas de la “saturación policial” o aullando por el regreso de Gendarmería.
La espeluznante iconografía del cuerpo yaciente de
David Moreira retrata una de las facetas de la crisis civilizatoria,
multidimensional del capitalismo de época. La Rosario de los “come gatos” se
colma con otras categorías identitarias: linchadores, soldaditos, sicarios,
trapitos.
¿Podemos enfrentar y transformar esta crisis? La
respuesta reside en la voluntad y el compromiso de resistir la cosificación
imperante, de negarnos a que las vidrieras abarrotadas de mercancía nos
transformen en sujetos cada vez mas opacos.
Las pequeñas “dosis” de
verdadera justicia son arrancadas cada vez que el pueblo movilizado, sin
permisos ni audiencias, se transforma en sujeto real del derecho que posee y
hace cesar la condición de la ley como “letra muerta”.
Beto Olivares
Casa de la Memoria
http://casadelamemoria.wordpress.com/Santiago 2815
Rosario
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