04.04.2015
"Las olas del mundo"
Entre la violencia, el refugio del rock y la memoria
En Las olas del mundo, Alejandra Laurencich aborda la vivencia de una adolescente que construye un universo paralelo para refugiarse del clima opresivo que se inicia en 1976 a partir de la dictadura militar en la Argentina, con la intención de mostrar "lo que puede llegar a generar lo adverso en la vida de una persona".
"Las olas del mundo"
Entre la violencia, el refugio del rock y la memoria
En Las olas del mundo, Alejandra Laurencich aborda la vivencia de una adolescente que construye un universo paralelo para refugiarse del clima opresivo que se inicia en 1976 a partir de la dictadura militar en la Argentina, con la intención de mostrar "lo que puede llegar a generar lo adverso en la vida de una persona".
Desde esa realidad opresiva, la escritora de novelas como Vete de mí y Coronadas de gloria, construye una protagonista que crea un personaje ficticio al que llama "El", surgido de su imaginación y sus afinidades: un hombre que reúne la sonrisa del Che Guevara, la vestimenta de Mick Jagger y la voz y la mirada del músico Luis Alberto Spinetta, que la acompañará a lo largo del proceso de transformación que experimentan ella y su familia a partir de la irrupción de la dictadura.
En diálogo con Télam, la escritora evalúa que Las olas del mundo (Alfaguara) es "fruto de la maduración literaria", que estuvo en gestación durante más de diez años.
T: ¿Qué buscaste al escribir esta historia?
L: Mostrar lo que puede producir el miedo, y también decir cómo crear ficción te puede salvar o sepultar. En esta novela se puede ver esa época tan funesta, tan oscura que atravesamos que fue la dictadura, que dejaron las marcas del miedo y, por otro lado, cómo el motor de la creación hace que uno pueda refugiarse a través de la música, del rock, en una especie de cofradía en la clandestinidad, con canciones de músicos como Spinetta, Mick Jagger, Los Beatles, cuyas frases o expresiones identifican a la protagonista.
T: ¿Por qué llegó ahora esta novela y cuánto tiene de autobiográfico?
L: El personaje inventado sobre la figura de Spinetta fue parte de mi pubertad y adolescencia, como lo cuento en la novela. Mis hermanos también hacían eso que hace Fabián -hermano de la protagonista- en la historia: Ponían en el combinado los simples de Almendra y Manal, de Vox Dei, y nosotras, las más chicas teníamos que adivinar quién cantaba, qué canción era, a qué grupo pertenecía.
La figura de Spinetta entonces estaba presente en la fantasía, pero también en la vida cotidiana. A los 15 años dejé el colegio de monjas para entrar a estudiar Bellas Artes y ese universo fue tan fuerte, tan distinto, porque entre los compañeros había varones, de 20, 25 años, eran como los músicos que había admirado siempre, con pelo largo, 'hippones', en las aulas se podía fumar, discutir con los profesores, así que ese personaje de fantasía se fue diluyendo frente a la potencia de lo real.
Luego llegó el amor, que puso todo patas para arriba, y recién cuando tuve a mi primera hija empecé nuevamente a pensar en ese personaje.
T: ¿Y cómo te planteaste la construcción de esta novela?
L: Era bastante complejo mostrar cómo crece esa historia inventada por el personaje, sostener el suspenso, que tuviera su propia línea de crecimiento narrativo, y a la vez que apareciera lo político de un modo no panfletario. Me documenté con los diarios y noticias de la época, inclusive consulté un libro que se llama "Decíamos ayer" que reúne día a día la tapa de los diarios desde noviembre del 75 hasta el fin de la dictadura, porque el personaje no es comprometido políticamente, y tiene acceso a lo que ocurre a través de lo que pasa a través de la televisión, y de su hermano. Por otra parte, el rock vertebra un poco las acciones, porque tiene el mandato de lo que dicen las letras, porque siente como si fuera su propia voz. Toda una generación se expresaba a través de lo que decían.
T: Por la soledad en la que queda el personaje, ¿cómo definirías su evolución en la historia y el vínculo con los padres a partir de la dictadura?
L: Como dijo Guillermo Martínez en la presentación del libro, se erige un poco en una guardiana de la memoria, de ese pasado. Creo que el tiempo de su felicidad acaba con la irrupción de la dictadura. Era una nena muy feliz, en una familia que la mimaba, la cuidaba, y poco a poco se van filtrando el miedo, el no poder hablar, la tensión, la violencia.
Creo que para los padres sería desesperante ver que un hijo corría peligro, entonces le dicen: - callate la boca, la golpean en un intento desesperado porque no piense, no haga, no se mueva, y la violencia muchas veces era una forma de protegerlos.
T: ¿Qué elemento creés que la salva de la violencia?
L: El amor con su hermano. El vínculo entre ella y su hermano es uno de los ejes principales. Yo tuve una relación y tengo una relación muy fuerte con mis hermanos, porque en esa época en que uno mira el mundo a través de los ojos de los mayores, los hermanos eran adorados, dioses, lo que decían era palabra santa. Y Andrea sigue al hermano y espera de él ese reconocimiento al vínculo, y el amor sigue estando a pesar de la distancia.
Fuente:Telam
No hay comentarios:
Publicar un comentario