19 de julio de 2015

AMIA: 21 AÑOS SIN JUSTICIA.

18-7-2015
Aniversario AMIA
Un nuevo aniversario
AMIA: Luciano y Jenni llevan casi toda su vida luchando por Justicia

Son los hijos de Hugo Fryszberg y Norberto Dubin y se criaron como primos: se veían muy seguido y se iban de vacaciones juntos. El día del atentado sólo sobrevivió Hugo. Los amigos dejaron de verse: el dolor era muy fuerte. El reclmo de Justicia los volvió a encontrar.
Por: Laureano Barrera



Luciano Javier Fryszberg y Jennifer Dubin se conocían antes de la mañana fatídica. Hugo Fryszberg y el "Gordo" Norberto Ariel Dubin, sus padres, trabajaban en la AMIA y se habían hecho muy amigos: tanto que las familias solían vacacionar juntas en viajes que podían durar más de un mes. El 18 de julio de 1994, como el resto de los días, se encontraron en el trabajo. Hugo cumplía funciones en el segundo piso y salió con vida. El “Gordo”, que lo hacía en el primero, no. Después de la voladura Hugo empezó a buscar justicia por su amigo, pero Luciano y Jennifer, los hijos de ambos, iniciaron la parábola inversa a las víctimas desconocidas que se hermanan luego de sobrevivir a la misma catástrofe. “Con los años, Jenny y yo seguimos caminos distintos. Pero creo que lo que nos separó fue también el dolor”, reflexiona Luciano.

Hace un tiempo, después de muchos años sin verse, se reencontraron en las redes sociales. "Por suerte nos pusimos en contacto otra vez”, dice Luciano. Y la acaricia cariñosamente. “Ella ya tiene una hija, no lo puedo creer”. Jennifer sonríe y con una mirada le agradece las muestras de afecto. Un rato antes, Luciano y otra hija debieron leer en el pequeño escenario improvisado los nombres de los 85 muertos de aquél día, al compás de la tradicional suelta de globos negros. "cuando miraba la lista que iba bajando y se acercaba al nombre del padre de ella, que fue como un tío para mí, la verdad es que pensaba ‘no tengo que ponerme a llorar, no llores’. Fue muy fuerte”.

Luciano tiene 24 años y es jefe de redacción en el diario Veloz, que dirige Chiche Gelblum. Jennifer tiene 29 y una hija de cinco que a todos los juguetes los nombra como su abuelo y consuela a su madre diciéndole que está en el cielo cuando la ve llorar. Luciano y Jennifer son los herederos más jóvenes de una lucha con la que prácticamente nacieron.
-Ustedes eran muy chicos cuando explotó la bomba en la AMIA. ¿Cómo sobrellevan casi toda una vida buscando justicia?
-Luciano: Siento mucho dolor, pero a la vez estoy esperanzado, porque lo veo a mi viejo que lucha y que no baja los brazos. Yo tengo la suerte de que mi viejo sobrevivió, pero hoy tuve que leer el nombre de las 85 víctimas y cuando miraba la lista que iba bajando y se acercaba al nombre del padre de ella, que fue como un tío para mí, la verdad es que pensaba ‘no tengo que ponerme a llorar, no llores’. Y verla acá a ella, al lado mío, que a su padre le tocó morir, es feo. Porque la quiero mucho.

-Jennifer: Estamos acá, como cada aniversario, honrando la memoria de los muertos. Y de los que sobrevivieron. Porque el papá de Luciano también estuvo ese día y esa es una cosa que no te la olvidás más. Él fue una víctima. Mi viejo hubiera querido que yo estuviera aquí, asique me parece justo. Vamos a volver a estar cada año, hasta que se logre justicia con las víctimas de la AMIA.

-Son los herederos más jóvenes de esta lucha. Como tal vez el día de mañana su lugar lo tomen sus hijos. ¿Lo sienten como un orgullo o es una mochila?
-Jennifer: No lo vivo como una mochila, para mí es un orgullo estar hoy acá, y el resto de los aniversarios. Yo estuve mucho tiempo apartada, con mucho dolor, y me incorporé hace poquito a las reuniones de la organización. Ojalá que dentro de quince años, o el tiempo que sea, mi hija tenga que venir a un acto sólo a recordar a su abuelo, a evocar su memoria, que para reclamar siempre vamos a estar nosotros, sus padres.

-Luciano: Creo que este lugar tiene que ser para ejercitar la memoria. Cuando se acercan estas fechas, como yo también soy periodista, soy la referencia obligada de varios medios para tener cualquier contacto. Y creo que en esas pequeñas cosas se ve que lo que estamos haciendo vale la pena.

-¿Sus padres cómo se conocieron?
-Luciano: Trabajando en la Amia. Pero eran muchísimo más que compañeros de trabajo. Eran amigos. Eran, como se dice habitualmente, culo y calzón. Nuestras familias veraneaban juntas. Con Jenny jugábamos desde chiquititos, éramos como primos, porque el “Gordo”, su papá, me daba todos los gustos, si yo pedía algo él enseguida iba y me lo compraba. No había forma de no querer a su papá, era un gordo buenísimo, que se la pasaba haciendo chistes con todo el mundo.

-Jennifer: A mi papá lo quería todo el mundo. Trabajaba en el área de sepelios, y se la pasaba haciendo chistes…

-¿Y vos, Luciano, que sólo tenías tres años, lo recordás a Norberto?
-Sí, lo recuerdo perfectamente. Ese tiempito que pasamos con ellos fue muy bueno conmigo. Si hubiera seguido viviendo, hubiera sido como mi tío elegido.
Los amigos
El 18 de julio de 1994, Hugo Fryszberg llegó a las nueve al edificio de la AMIA y tomo, como de costumbre, un café. Trabajaba en el área de personal, en el segundo piso, que iba a quedar casi en pie. A las 9:53, sintió un estruendo y por el instinto de supervivencia se llevó las manos a la cabeza y se tiró debajo de su escritorio. Después –lo que para él fue una eternidad pero pueden haber sido segundos-, sintió un segundo estrépito, mucho mayor que el primero. “Después me explicaron que esa explosión fue el derrumbe del edificio”, le cuenta Hugo a Infojus Noticias antes de empezar el acto. Entonces todo fue polvo, oscuridad, y un intenso olor a amoníaco. “Es el día de hoy que oler amoníaco para mí es oler a la muerte”. Esperaron unos segundos y después salieron por una puerta trasera, y se alejaron del lugar por las terrazas de las casas vecinas. Después empezó el calvario de buscar a sus amigos y compañeros entre los escombros. En 1996, a pesar de haber sobrevivido al atentado, Hugo fue despedido por la dirigencia de la AMIA-DAIA.
Norberto Dubin, con 31 años de edad, llegó a la calle Pasteur 633, y felicitó por teléfono a sus padres por otro aniversario de casados. Era el subdirector de la sección Sepelios de la AMIA, y una semana antes del día del ataque, le pidieron que se mudara transitoriamente del segundo piso –donde tenía un box cercano al de Hugo-, al primero por las refacciones del edificio. El “Gordo” no puso peros para bajar sus cosas al primer piso. Tenía 31 años, un crédito aprobado para construir su propia casa, y vivía para sus hijos Juan Manuel (13) y Jenny (8). Seis días después del atentado encontraron su cadáver entre los escombros. Después de conocer la tragedia, su madre tuvo un infarto y falleció a los siete meses.

El reencuentro
-¿Y qué pasó con sus familias después, todos estos años, se siguieron viendo?
-Luciano: Después del atentado ya nada volvió a ser igual. Cada uno se dedicó un poco a sus cosas, y dejamos de verlas. Hace algunos años nos reencontramos por las redes sociales, por suerte, y ahora vamos a todas estas actividades juntos. ¡Y hasta tiene una hija! Pero creo que fue también el dolor, lo que nos alejó.

-¿Y con qué expectativas esperan el juicio que se viene en agosto por el encubrimiento?
-Luciano: No deberíamos creer en la justicia, pero la esperanza es lo último que se pierde. Esperemos que alguno de estos tipos, los imputados, si tienen alguna ráfaga de lucidez y quieren volver a mirar a la cara a sus nietos, digan algo de lo que saben. Aunque lo que nos preocupa es que no hay ni una sóla prueba, ¿y cómo un tribunal va a condenar sin pruebas? Algún día tiene que llegar la justicia, no puede ser que nos quedemos sin justicia.
-Jennifer: Tengo la esperanza de que se sepa algo, aunque soy bastante escéptica. 



18-7-2015

Investigación
Nuevo pedido en la causa
AMIA: intentan identificar a la víctima número 85

Los fiscales de la unidad especial pidieron la exhumación de un cuerpo sin identificar. En la lista de víctimas del atentado figura un hombre pero hasta ahora no se encontraron sus restos.
Por: Milva Benitez

Sergio Goya
La mañana en la que una explosión barrió con el edificio de AMIA un hombre de unos cincuenta años esperaba para dejar sus datos en la bolsa de trabajo. Su familia supo más tarde donde había estado ese día. Pero durante 21 años lo único que tuvieron fue la certeza de su falta. El cuerpo nunca fue encontrado. “Ausente con presunción de fallecimiento”, de esta manera se tradujo su historia en el expediente donde se investigó en el atentado. Su nombre figuró entre los de las 85 víctimas fatales del atentado. El reciente pedido de exhumación de un cuerpo NN masculino adulto, rescatado entre los escombros de la mutual e inhumado sin identificar en el cementerio de la Chacharita, develó que “ese reconocimiento se tendría que haber hecho, por lo menos, un mes después del atentado”.

La disposición final de ese cuerpo NN en un osario común, en 1998, según informaron a la Unidad Fiscal AMIA las autoridades del cementerio de la Chacharita, vuelve la mirada sobre esta y otras ausencias. La del hombre cuyo cuerpo no fue hallado, pero que judicialmente está reconocido como una de las víctimas. La de un joven libanés señalado por el fiscal Alberto Nisman como el posible conductor de la Traffic que, según la investigación oficial, se utilizó para el ataque. O la de un obrero boliviano que, también según Nisman, podría haber trabajado en obras de refacción en la mutual.

La confirmación de que estos restos no fueron preservados y que, por un mero trámite administrativo, terminaron en el osario común, motivó la presentación de una denuncia por parte de los familiares y amigos de las víctimas del atentado nucleados en 18J ante los fiscales de la Unidad AMIA. La asociación solicitó que los trabajos de identificación, en los que intervendrá el Equipo de Argentino de Antropología Forense, “se extiendan a la comparación con muestras de familiares de Ibrahim Hussein Berro”, el joven libanés cuyo nombre alcanzó el debate público en 2005. Por entonces, los hermanos de Hussein Berro públicamente desmintieron haber declarado ante el fiscal Nisman que el joven se hubiera inmolado en el atentado. Aseguran que falleció en su país.

Las otras posibles identificaciones tiene detrás la posible identificación del cuerpo con la víctima 85. Y el pedido al ministerio de Seguridad, para “la comparación de las huellas y, sin perjuicio del resultado, también se está evaluando ampliar el pedido a las provincias y también a países limítrofes”, atento a la posibilidad de que una trabajador de la construcción se pueda sumar a los fallecidos.

La presentación de 18J apunta también solicitar una nueva investigación sobre el accionar del ex juez Juan José Galeano, el primero que tuvo a cargo la investigación del atentado y que a partir del 6 de agosto ocupará el banquillo de los acusados junto a otros doce acusados. Galeano está señalado por encubrir el atentado y desviar la investigación, plagando el expediente de pistas falsas con los dineros y la complicidad de la ex SIDE, en su titular Hugo Anzorreguy, y con la guía de su jefe, el entonces presidente Carlos Menem. Todo ello, para desviar la investigación de Alberto Kanoore Edul, amigo de la familia presidencial y con vínculos factibles con los imputados iraníes, señalados como los orquestadores del atentado.

La presunta disposición final de los restos sin ningún tipo de resguardo a los fines probatorios de la presente causa”, dice el escrito presentado por 18J motivó que soliciten que se determine la “responsabilidad del magistrado a cargo de la investigación al momento de ordenarse la inhumación de ese cuerpo y el posterior retiro del mismo (Dr. Juan José Galeano), y de cualquier otro funcionario que tuviera a cargo la preservación de los elementos probatorios recogidos del atentado”. Este pedido, se suma a una denuncia -por estos mismos hechos- radicada en el juzgado Criminal y Correccional Federal 5, caratulada “NN s/averiguación de delito” Causa N° 7240/15. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, que actúa como querellante en el juicio por el encubrimiento del atentado, evalúa las presentaciones que intentan correr el velo de la impunidad. 




18-7-2015

Aniversario AMIA
Se cumplen hoy 21 años del ataque a la mutual judía
El aniversario del atentado a la AMIA en diez fotos

Los familiares y amigos de las víctimas hicieron ayer tres actos diferentes para recordar a los 85 muertos del ataque terrorista, ocurrido el 18 de julio de 1994. Estela de Carlotto, presente en el de Memoria Activa, dijo: “El atentado a la AMIA es una llaga que arde y sólo la verdad podrá sanar”. Acá, diez imágenes para seguir ejercitando la memoria.
Fotos:Sol Vazquez, Mariano Armagno, Santiago Cichero











RA




17-7-2015

Aniversario AMIA
A 21 años del atentado a la sede de la AMIA
AMIA: “En nuestras casas hay un vacío que sólo se cubre con dolor y lágrimas”

La Asociación 18J hizo su acto para recordar el atentado en la Plaza de Mayo. “Para mí es un día más, porque todos los días son 18 a las 9:53, porque desde hace 21 años todos los días vuelve a estallar la bomba”, dijo Sergio Burstein. Durante cinco minutos, entre aplausos y gritos de “presente”, la lectura de cada nombre se acompañó con la suelta de un globo negro.
Por: Laureano Barrera
Fotos:Sol Vazquez
La bandera de la Asociación 18J: sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas del atentado, tiene un remiendo: sobre el número cero que se utilizó para denunciar los 20 años impunidad, hay un uno pintado con fibra sobre una cartulina blanca. El número es lo único que cambió en la bandera desde el año pasado: ahora anuncia “21 años sin justicia”. “Hace 252 meses mataron a nuestros hijos, y desde ese momento no podemos verlos crecer, hacerse adultos y personas de bien, como todo padre desea de un hijo”, dijo la locutora que condujo el acto, al leer un texto conjunto de la agrupación. Y pidió un minuto de silencio por la memoria de los 85 muertos en el atentado contra el edificio de la AMIA.

—Ellos ya no están entre nosotros— dijo al retomar la palabra. — En nuestras casas hay un vacío que sólo se cubre con dolor y lágrimas. Para que los muertos no mueran dos veces, una por la bomba y otra por el olvido y la indiferencia, soltaremos un globo en memoria de cada uno de los fallecidos.

Al acto, que se montó al pie de la Pirámide de Mayo y duró algo más de 40 minutos, fueron alrededor de 150 personas entre familiares, amigos, sobrevivientes y miembros de otras organizaciones. Durante cinco minutos, entre aplausos y gritos de “presente”, la lectura de cada nombre se acompañó con la suelta de un globo negro, hasta llenar de lunares el cielo.

Después subió al pequeño estrado Diego Beer, hijo de Gerardo y sobrino de Norberto Ariel Dubin, el “Gordo”, que murió en el atentado. “Mañana se cumplen 21 años del atentado a la AMIA, y lamentablemente mi viejo no pudo obtener la verdad y justicia que tanto anhelaba”, dijo Diego con la voz queda. Su padre sobrevoló todo el acto en boca de los oradores: era él quién iba a hablar, pero murió de cáncer dos meses atrás. “Recuerdo ese día, recuerdo haberlo acompañado todos los 18 de julio al acto por el atentado. Algunos de lluvia, otros de frío, otros soleados”, destacó. Y no ahorró críticas a las autoridades de la comunidad: “Recuerdo cuando se le exigió a la dirigencia comunitaria que deje la política de lado y trabaje por y para las víctimas. Al parecer, muchos de ellos siguen ocupando cargos no representativos para todos”.

Graciela Furman, con un hijo fallecido y otro sobreviviente, fue la siguiente oradora. Pidió “justicia local e internacional”, porque “no es una palabra, sino que es una decisión”. Después contó la tragedia en un relato íntimo, familiar. “Mientras tomábamos un café, la radio sonó diferente: interrumpieron la programación y una voz repetía ‘¡explotó la AMIA!’. Todo a mi alrededor se oscureció, no podía aclarar mis ideas: dos de mis hijos estaban ahí”. Fabián Furman, que tenía 30 años, murió en el ataque. Adrián, su hermano, estaba en el segundo módulo del edificio –el menos afectado- y vivió. Hoy, 21 años después, fue quién cortaba cada globo que remontaba vuelo.

“A eso de las nueve subí a ver a mi hermano y tomé un café con él”, recordó en diálogo con Infojus Noticias. “Nueve y algo bajé, seguí trabajando y en eso la explosión, la oscuridad, el humo, el caos. Pensamos que era un aire acondicionado. Cuando salgo por un agujero que había hecho los bomberos en el edificio trasero, miro desde una terraza, miro y parecía Sarajevo en el peor momento”. Adrián sufrió rasguños, lastimaduras menores, pero cuando vio que el cuarto piso –donde trabajaba su hermano- había desaparecido. “Ahí ya pensé lo peor. Y lo mío ya pasó a un segundo plano”. Siete días después, la familia Furman supo que había aparecido el cadáver de Fabián.

El último orador fue Daniel Komarovsky, curiosamente el único que no sufrió ausencias en el ataque. Cuando voló la AMIA, iba en su auto y escuchó la noticia en la radio. Enseguida se dirigió a Pasteur y se quedó 36 horas despierto, removiendo las ruinas del edificio, donde le quedó impregnado “el olor a destrucción de esa mañana”. “No perdí a ningún familiar, pero estoy aquí porque me siento comprometido con el dolor”, dijo. Luego le dio un contenido político a su intervención.

“Desde el año 2007 en adelante, en las Naciones Unidas, el gobierno argentino en la voz de su presidentes exigió a Irán que entregara a los acusados por la voladura de la AMIA. Incluso ofreció que el juicio se llevara adelante en un tercer país. Irán jamás respondió”. Después se refirió al Memorándum de entendimiento. “Este grupo de familiares lo apoyó, porque como dijo Olga Destiar, cuando nada tenés te aferrás a lo único que hay, como una lucecita que se prende. Sabiamente, Olga y los demás familiares dicen ‘no queremos chivos expiatorios ni que la causa se cierre. Y hoy lo ratificamos: queremos a los verdaderos responsables”.

Laura Judith Ambrosoff integra el Movimiento Judío Patria Grande y no tiene familiares muertos en la explosión. Profesa el “judaísmo libre”: “Israel no nos representa, ni la DAIA, ni la AMIA. Somos judíos independientes, pero básicamente somos argentinos”. El 18 de julio de 1994, a las 9:53 de la mañana, pensó en su tía. Era empleada en la DAIA y debía estar allí. Ese día, de camino al trabajo, sintió un dolor de muelas muy fuerte y se bajó del subte una estación antes para ir a un dentista de urgencia. “Mi mamá, mi abuela y sus hijas salimos corriendo para Pasteur, y vimos los escombros, los llantos y los gritos, y la vimos entre esos escombros a mi tía ayudando víctimas”.

Al final del acto hubo abrazos. Después de tantos años de reclamar justicia, están hermanados por la misma catástrofe. “Para mí es un día más, porque todos los días son 18 a las 9:53. Es parte de mi vida, porque desde hace 21 años todos los días vuelve a estallar la bomba”, dijo Sergio Burstein a Infojus Noticias. Una vez, su hijo le dijo que sentía por él un orgullo infinito. Pero le reprocho que por ocuparse de los muertos se había olvidado de ellos. “Y es verdad: muchos de los que hoy estuvimos acá vivimos hace 21 años rodeados de muertos. Para mí la muerte es una compañía: camina junto a mí. Y la impunidad también. Y es ésa la que siempre nos va a encontrar acá. De pie”.



17-7-2015

Atentado AMIA
A pocos dias de que comience el juicio por encubrimiento
AMIA: “El reclamo de justicia se renueva por las ausencias que duelen”

Jorge Lew, padre de Agustín, que murió a los 21 años en el atentado, participó del acto de Memoria Activa frente a Tribunales. Al mismo tiempo, en Pasteur al 600, la AMIA y la DAIA también pedían justicia y recordaban a sus seres queridos. Crónica de dos conmemoraciones, a 21 años de la voladura de la mutual judía.
Por: Milva Benitez y Cecilia Devanna

Fotos:Mariano Armagno y Santiago Cischero
—Sebastián Barreiro
—¡Presente!

—Jacobo Chemauel
—¡Presente!

—Andrés Malamud
—¡Presente!

Fueron solo tres de los 85 nombres que esta mañana se escucharon tanto en la plaza Lavalle, frente al palacio de Tribunales, como frente a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), donde hace 21 años se produjo la explosión que les quitó la vida y dejó a más de 300 personas heridas. Los actos para conmemorar el atentado se realizaron en simultáneo, frente a la sede de la mutual el organizado por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), la AMIA y Familiares de Víctimas, y el otro por la agrupación Memoria Activa.

En la plaza Lavalle, a la lectura de los nombres siguió el lamento de los shofar, un cuerno de carnero que es utilizado como instrumento litúrgico para conmover el alma. “En la democracia griega representa el llamado al pueblo, y para los familiares y partícipes de Memoria Activa es el sonido con el que esperamos despertar a la Justicia”, contó a Infojus Noticias Patricio. Integrante de Memoria Activa, Patricio fue uno de los primeros en llegar a la plaza, junto a Jorge Lew, el papá de Agustín, un joven de 21 años que perdió la vida entre los escombros.

—¿De qué proyectos hablaban con Agustín? ¿Cuáles eran sus planes?
—Quería vivir—, alcanzó a decir Jorge. Después, retomó el recuerdo. Esa mañana, desayunó con Agustín y con Norma, su esposa, la primera presidenta de Memoria Activa. Una hora después, lo llamaron para avisarle que el lugar donde trabajan su esposa y su hijo había explotado. Cuando llegó a la sede de la mutual, Norma ya estaba internada y él decidió quedarse porque alguien le dijo que había visto a Agustín. Pero estaban equivocados: tres días después, el mismo día de su cumpleaños, le entregaron el cuerpo de su hijo sin vida.

Norma falleció  años después sin tener el alivio de la condena para los responsables del atentado, y cuando todavía la causa por el encubrimiento de estos hechos, iniciada en 2000, se escabullía entre trámites y argucias de los acusados. “Si la causa no está muerta es por Memoria Activa”, dijo Jorge. Y recordó que el reclamo por justicia se renueva para él, cada día, por las ausencias que le duelen.

Ahora, cuando el aniversario del atentado “alcanzó la mayoría de edad”, dijo el periodista Walter Goobar, “vamos a terminar de comprender cuál ha sido el papel que jugó esa siniestra organización –refiriéndose a la SIDE– y por qué lo ocultaron”. Fue el primero de los oradores en el acto de Memoria Activa, y como todos, se refirió así al juicio que comenzará el 6 de agosto, y tiene como acusados al ex juez Juan José Galeano, al ex titular de la SIDE Hugo Anzorreguy, y su jefe el entonces presidente Carlos Menem.

Reclamos frente a la mutual
En medio de un fuerte operativo de seguridad se realizó el acto organizado por AMIA y DAIA que fue conducido por la periodista Cristina Pérez y tuvo entre sus oradores a Ariel Cohen Sabban, tesorero y miembro de la comisión directiva de la AMIA. Cohen Sabban reclamó “esclarecer la conexión local” del atentado y cuestionó el Memorándum de Entendimiento para que Irán colabore en la investigación. “Criticamos el instrumentos y el texto”, señaló Cohen Sabban y rechazó las críticas recibidas por la mutual.

Y resaltó que “mañana también  se cumplen 6 meses” de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que “fue un hecho traumático”. Cerca del escenario la escuchaban Iara Nisman y Sara Garfunkel, la hija mayor y madre del fallecido fiscal. La adolescente, de 15 años, subió al escenario y prendió una vela en memoria de su papá. Y la conductora leyó un texto escrito por la joven.

A Iara también le habló Mario Averbuch, padre de Yanina Muriel, que tenía 20 años cuando explotó la AMIA. Y sobre el final Raúl Lavié interpretó la canción "El sueño imposible".  Entre quienes lo escuchaban estaba Susana, ella le contó a Infojus Noticias que tras el atentado esperó con una campera a su hija, Silvana Alguea de Rodríguez, durante una semana. “Con el tiempo me di cuenta lo estúpida que fui, pero bueno, yo tenía esperanza”, explicó apenas minutos después de terminado el acto, en la esquina de Viamonte y Pasteur, a metros de donde funcionaba la mutual.

Silvana tenía 28 años y trabajaba en el cuarto piso. Era asistente social y había empezado a trabajar ahí cuando volvió de Israel, en 1991. “Lo que no la mató la guerra del Golfo, la mató la AMIA. Vivía a diez kilómetros de la franja de Gaza y volvió”, cuenta Daniela, la hermana menor de Silvana. Ella tenía 16 años e iba al club entrenar cuando escuchó por la radio lo que había pasado en el lugar donde trabajaba su hermana. Se bajó y llamó a su familia. Ellos ya estaban yendo hacia Once y ella se fue a buscar a su sobrina, Gabriela, la única hija de Silvana, a la guardería. La beba tenía solo ocho meses. A Silvana la encontraron el domingo a la noche, fue una de las últimas personas en ser encontradas. Entonces su familia seguía ahí, esperándola. Y desde entonces no dejaron ir un solo año a los actos. Gabriela tampoco. Tiene apenas ocho meses más que la tragedia.

El juicio por encubrimiento
Las referencias al próximo juicio por encubrimiento fueron el eje del acto organizado por Memoria Activa frente a los tribunales porteños.  “Los caminos de la injusticia tienen demasiados vericuetos, demasiadas frustraciones, demasiadas amistades, demasiada gente que vivió y se enriqueció a costa de la causa AMIA”, dijo Diana Malamud, su esposo Andrés Malamud era arquitecto y dirigía las refacciones del edificio cuando estalló.
Antes, el director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) Gastón Schiller recordó el reclamo ante los fueros internacionales, a los que acompañaron a los familiares. Y el periodista Goobar se refirió a las motivaciones de la SIDE de Anzorreguy, para orquestar el encubrimiento, de un atentado del que habrían estado anoticiados.
“Durante 21 años la ahora disuelta SIDE y durante la última década el fiscal Alberto Nisman se negaron sistemáticamente a avanzar un solo milímetro en la investigación de las conexiones locales del atentado”, aseguró el periodista. Frente a unas cuatrocientas personas, Diana retomó la línea que apunta a las deudas de la justicia: “A 21 años del atentado terrorista contra la AMIA queremos que en este juicio oral no fracase la justicia, porque nuestros familiares, nosotros y la sociedad lo merece, porque la memoria de nuestros familiares tiene forma de justicia”.


“En el último tiempo se ha hecho notoria una campaña mediática para intentar lavar la cara de Galeano y convertirlo”, el ex juez que tuvo a cargo la investigación del atentado, ahora imputado por su encubrimiento. Se refería a una serie de entrevistas al ex juez que, “casualmente”, dijo Malamud,  dio asesorado por la “misma agencia de prensa utilizada por (Rubén) Beraja” (ex presidente de la DAIA imputado por el encubrimiento) y por (Alberto) Nisman”, a quien también desde hace tiempo señalaron por la falta de respuesta.

Junto a los integrantes de Memoria Activa, en el escenario estuvo la Abuela de Plaza de Mayo Estela de Carlotto. Recordó que hace 21 años, desde la sede de la asociación “escuchamos el ruido horrible de la muerte”; pero destacó: “la verdad, aunque se la quiera ocultar aflora sin pedir permiso, hay que abonarla con memoria y con el compromiso de un pueblo que no se conforme con mentiras”. “El atentado a la AMIA es una llaga que arde y solo la verdad podrá sanar”, dijo, resaltando que el próximo mes comenzará el juicio por encubrimiento, habló desde la experiencia: “la justicia tarda, pero llega y sana”.
Fuente:Infojus

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