9 de julio de 2015

IVANA ROMERO: "LA MEMORIA EMPIEZA A SER NUESTRO NUEVO ORIGEN COLECTIVO".

08.07.2015
IVANA ROMERO
“La memoria empieza a ser nuestro nuevo origen colectivo”
En Las hamacas de Firmat, la escritora y periodista Ivana Romero, a partir de una fábula situada en un pueblo santafesino, reconstruye su origen, el de la fábula y el suyo, alejándose del protocolo periodístico, y pensando a la memoria como un coro fantasmático que si pesa sobre la cabeza de los vivos, lo ha hecho también fundando un nuevo origen colectivo.

El libro, publicado por la Editorial Municipal de Rosario, también transmite la sorpresa de alguien que regresa a su ciudad o a su pueblo y no encuentra exactamente lo que pensaba.
Romero nació en Firmat en 1976. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y Magister en Periodismo por la Universidad de San Andrés. Es redactora de la sección cultural del diario Tiempo Argentino. Este es el diálogo que sostuvo con Télam.

T : Las hamacas de Firmat, ¿es una crónica, una pieza literaria, una suerte de memorial, todo eso o nada de eso? 
IR : Las hamacas de Firmat es una historia habitada por esos registros que enumerás. Por un lado, surgió de la necesidad de indagar el misterio de tres hamacas que se mueven solas en la plaza de un barrio llamado La Patria en un pueblo al sur de Santa Fe. A veces la realidad tiene unos niveles de alegoría que ninguna ficción puede igualar. Y a la vez, las formas de la ficción muchas veces ayudan a dar cuenta de un modo muy elocuente de lo real. Por otra parte, soy periodista. Pero era imposible acercarme a esta historia de un modo estrictamente periodístico. ¿Por qué? Porque se trata de mi propio origen. Nací en ese pueblo, me crié en el barrio La Patria, mi padre tenía una panadería ahí, muchas de mis amigas siguen viviendo ahí, mi familia se armó y se desmemebró ahí. Inicialmente traté de volver para hacer una investigación periodística. Pero cuando empezaba a hablar con la gente me preguntaban ¿y cómo anda tu papá desde que se mudó al campo? Eso no me pasa en Baires, donde nadie conoce mi vida personal, donde no hay ningún origen común. En el pueblo, sí. Encima, cada vez que volvía -lo hago muy esporádicamente- pensaba que la gente se iba a extrañar de verme. Y no fue así: quien se extrañó del pueblo, de cómo había cambiado -por ejemplo- desde el cierre de fábricas en los noventa a esta realidad floreciente producto de su presente fabril y sojero, fui yo. Una se va y cuando vuelve, cree que los lugares se quedan como los dejaste. Y eso nunca es así. Por estas razones, si bien utilicé elementos de investigación periodística, me encargué de que el relato fuera a contrapelo del periodismo. Así que ahí donde el periodismo necesita poner datos, voces, ruido, yo preferí el misterio, el silencio, la incertidumbre. Quizás porque la memoria está hecha de voces fantasmáticas, de silencios que a veces se transforman en palabra y a veces, no. ampliar

T : Se lee el libro y las hamacas funcionan, en efecto, como centro de gravedad, pero más para el texto que para la historia que se cuenta. ¿Cuál es tu opinión? 
R : Me interesaba indagar el fenómeno de las hamacas pero no me interesaba contar sólo una historia freak con chinos que se caen de la hamaca y acusan al fantasma de haberlos empujado o de yanquis que montan programas de tele con grandes ventiladores soplando las hamacas para decir que no se trata más de que viento. Tampoco me interesaba poner distancia de eso que iba pasando a medida que la investigación avanzaba. Y lo que pasaba era que me di cuenta de que la distancia no era posible, de que yo me tenía que meter en riesgos, ponerme en problemas, crear un yo ficcional que por momentos fuera más real de lo que soy en la vida real. Y es que en definitiva, cualquier hecho atravesado por las palabras se transforma en representación. Los periodistas de distintos medios muchas veces cubrimos los mismos hechos y volvemos al diario y al día siguiente aparecen publicadas cosas distintas, con la mirada puesta en distintas zonas, más allá de que el oficio siempre señala algunos hechos comunes que no se pueden soslayar. Pero era necesario ir más allá y crear un yo hecho de palabras. Pero que a la vez, no fuera pura autocomplacencia. No me interesa las autoficciones donde quienes relatan son unos piolas bárbaros. Me interesan los que dudan, los que pierden, los que se bancan volver de la escritura sin respuestas acabadas. Pues bien, cuando indagué mi historia personal, la persecución que sufrió un tío mío durante la dictadura mientras yo nacía (nací en 1976) y los obreros de las fábricas de la zona buscaban organizarse, y más atrás, si pensaba en el Grito de Alcorta, era evidente que la historia del pueblo se sostiene sobre muchos fantasmas que en general no han gozado de buena prensa y cuyo anonimato es consecuencia, entre otras cosas, de un silencio cómplice que echa por tierra la idea de que la gente de los pueblos es buenísima. Ni tanto ni tan poco. La gente es gente, con sus luces y sus oscuridades. También, con sus complicidades. Me parecía que el fenómeno de las hamacas adquiría un nuevo espesor desde esta perspectiva.

T : La idea de la presencia de los muertos, ¿no es capaz de fundar una suerte de mito de origen de un lugar, de un espacio, de una multiplicidad de discursos? 
R : Sí, creo que nuestra historia se erige sobre los huesos de nuestros muertos. Esta idea cristiana de que descansen en paz no es posible en tanto no se les restituya la historia, el nombre, la memoria. Como se mató mucha gente para silenciarla, esa gente habla a través de los huesos cada vez que el Equipo Argentino de Antropología Forense lleva adelante una restitución, cada vez que un familiar evoca el nombre y la historia de un ser querido en un juicio, cada vez que un responsable de esa masacre se pudre en la cárcel, cada vez que un hijo, un nieto o un ser querido escribe un poema pensando en quien le falta. Ok, nuestra historia como país se funda en muertes y traiciones desde sus inicios pero no quiero irme tan lejos. Sólo digo que la generación a la que pertenezco es producto del silencio y que la vez, los discursos de la muerte empiezan a ser respondidos con los discursos de la memoria. La memoria empieza a ser también nuestro mito de un nuevo origen colectivo.

T : Y quizá también podría articular una novela familiar. ¿Cómo verías este texto desde esa perspectiva? 
R : Lo que me llevó a contar esta historia es una frase de mi padre. Él vive en un campo en el borde entre Santa Fe y Córdoba, sin electricidad, alejado de todo. Un campo que cuida, que no es suyo. Y tenemos unas conversaciones telefónicas extrañas porque yo le hablo de las torres de Puerto Madero que veo desde la ventana de mi departamento y él, de los chanchos que ayudó a parir. Así las cosas, él conoce mucho la historia del barrio La Patria y de su gente. Y un día me suelta, lo más campante vos jugabas con el nenito que se murió. Era el hilo rojo que me llevaba a no sé dónde. Pero tenía que tener el valor de tirarlo porque la frase era de una contundencia literaria que yo no podía ignorar. Así que, bueno, también tuve que hablar de una familia disfuncional, la mía, donde parece que cada cual encontró su destino una vez que se fue de la casa común.

T : Finalmente, ¿qué es lo que hace mover a las hamacas de Firmat? 
R : Un fantasma pequeño, claramente.
Fuente:Telam

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