31 de octubre de 2017

MURIÓ DANIEL VIGLIETTI: GUITARRA, VOZ y POESÍA PARA RESUMIR A UN ARTISTA ÚNICO.

31 de octubre de 2017 
La muerte de Daniel Viglietti, un referente de la cultura latinoamericana 
Guitarra, voz y poesía para resumir a un artista único 
En su discografía se encuentran los mensajes que le valieron la cárcel y el exilio, pero también una especial sensibilidad que iba más allá de un mero panfleto. Sus restos serán velados en el Teatro Solís de Montevideo, donde se espera una enorme despedida popular. Por Santiago Giordano
Su discografía comienza en 1963, con Canciones folklóricas y seis impresiones para canto y guitarra. 
Ayer, a los 78 años, murió Daniel Viglietti, una de las voces cardinales del canto popular uruguayo y de la canción americana. Murió mientras era sometido a una intervención quirúrgica en Montevideo, la ciudad donde nació en 1939 y donde había regresado tras la ignominia del exilio de los años de la dictadura, que transcurrió primero en Argentina y luego en Francia entre 1973 y 1984. El músico y compositor uruguayo Ruben Olivera dijo a través de la agencia de noticias DPA que Viglietti “no tenía problemas cardíacos”, por lo que la muerte tomó a todos por sorpresa, incluso a sus afectos más cercanos. Su cuerpo será velado hoy hasta las 14 en el Teatro Solís. 
Autor inspirado y enérgico, cantor de voz profunda y firme, guitarrista de notables recursos, Viglietti es por sobre todo el creador de canciones instaladas decididamente en la memoria latinoamericana. “A desalambrar”,” Gurisito”, “Milonga de andar lejos”, “Yo no soy de por aquí”, por ejemplo, son temas que la historia siempre devuelve, cuando la realidad reprograma alguna de las formas de la infamia. Musicalizó además poemas de Nicolás Guillén, Federico García Lorca, Rafael Alberti, César Vallejo, Líber Falco y Mario Benedetti. En más de medio siglo de permanencia en los lugares selectos de la canción de autor latinoamericana, su obra logró una importante proyección mundial. Mercedes Sosa, Víctor Jara, Amparo Ochoa, Isabel Parra, Joan Manuel Serrat, Alí Primera, Chavela Vargas, Soledad Bravo, Leo Maslíah, Fernando Cabrera y Tabaré Rivero, por nombrar sólo algunos, rindieron tributo a la justa perfección de varias de sus canciones.
Viglietti nació en una familia de músicos. Su madre, Lyda Indart, era pianista y César Viglietti, su padre, guitarrista. Daniel recibió una sólida formación académica, si bien de alguna manera siempre hubo música popular en su vida –su padre fue un investigador reconocido del folklore uruguayo en general y de la guitarra uruguaya en particular–. Daniel estudió guitarra primero con Atilio Rapat y más tarde con Abel Carlevaro y a la hora de elegir, ya iniciada la década de 1960, el trovador desplazó al concertista, aunque el segundo ya había definido el estilo del primero. 
Junto a Eduardo Galeano
Fue entonces, con veintipico de años, que Viglietti comenzó una producción febril como autor, compositor e intérprete, además de trabajar como docente, locutor de radio –oficio que también había sabido cultivar Alfredo Zitarrosa– y periodista. Eran los años en los que el pensamiento progresista uruguayo se enfilaba en el semanario Marcha, cuyo secretario de redacción era Juan Carlos Onetti y donde escribían, además del mismo Viglietti,  Mario Benedetti, María Ester Gilio, Ángel Rama, Mario Vargas Llosa, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar, entre otros. Eran los años también del Núcleo de Educación Musical (Nemus), que tuvo a Viglietti entre sus artífices y de una idea de arte popular que se cumplía en obras como Impresiones para canto y guitarra y canciones folclóricas, el primer trabajo discográfico del guitarrista, donde combina un ciclo de canciones propias de cierto respiro académico, con obras de Atahualpa Yupanqui, Horacio Guarany y otras canciones propias más ligado al universo del folklore, que por esos años tenía el epicentro de su boom comercial en Argentina, fenómeno a cuya influencia Viglietti no fue ajeno. En ese primer disco está por ejemplo “Canción para mi América”, esa que dice “Dale tu mano al indio, dale que te hará bien”, el primero de los temas perdurables de un cantautor comprometido con la realidad, desmesurado en una rabia que expresaba con equilibrada belleza. 
De ahí en más su personalidad artística se desarrolló en cinco discos hasta 1972, año en el que la represión a los movimientos libertarios se hizo intensa y planificada en toda Latinoamérica, y en Uruguay culmina en el golpe cívico militar de junio de 1973. Viglietti cayó preso. Su detención despertó una campaña de reclamo por su liberación que fue impulsada por personalidades de la cultura y la política a nivel internacional como Jean Paul Sartre, François Mitterrand, Julio Cortázar y Oscar Niemeyer, entre otros. Liberado, partió hacia el exilio, del que regresó en 1984. Edita obras nuevas, entre ellas Trabajo de hormiga (1984) y A dos voces, con Mario Benedetti (1985), además de reeditar por el sello Ayuí / Tacuabé los discos anteriores a la dictadura, tarea que terminó recién en 1999, cuando después de un largo juicio pudo recuperar los derechos sobre los fonogramas que habían pertenecido al sello uruguayo Orfeo y absorbidos por empresas multinacionales. 
Más allá del músico, el periodista y comunicador mantuvo siempre encendida su llama. Desde 1994 produjo y condujo el programa radial Tímpano? que en Uruguay se transmitía por Radio El Espectador de Montevideo, que fue retransmitido en Argentina (por Radio Nacional), Venezuela y Francia. Párpado, se llamó el programa de televisión que realizó desde 2004 en TV Ciudad de Montevideo. Fue importante también su tarea de investigación, preservación y difusión de la música latinoamericana a través de la construcción y desarrollo de lo que llamó “Memoria Sonora de América Latina”, un inmenso archivo que incluye, además de música, entrevistas a músicos y escritores realizadas a lo largo de su carrera en todo el mundo. ?En octubre de 2014 había recibido el premio “Noel Nicola” en “Casa de las Américas”, en La Habana y recientemente había participado en Vallegrande  en el Encuentro mundial por los “50 años del Che en Bolivia”. 
En la obra de Viglietti queda la memoria de una época aguda de la música latinoamericana. Entre el ser, el poder y el poder ser, queda la obra de un artista que recreó con talento sus convicciones. Una obra que en sus retumbos sigue interpelando: “Yo pregunto a los presentes/ Si no se han puesto a pensar/ Que esta tierra es de nosotros/ Y no del que tenga más”. 


31 de octubre de 2017 
Un recorrido por su discografía
Junto a Silvio Rodríguez 
La discografía de Daniel Viglietti comienza en 1963, con la edición de Canciones folklóricas y 6 impresiones para canto y guitarra. Ahí se evidencia su voluntad de brindar su formación académica a la música popular. Le siguieron trabajos junto al narrador Juan Capagorry y junto al escritor, director y actor Alberto Candeau. Con Canciones para el hombre nuevo, grabado en gran parte en La Habana y editado en 1968, comienza la etapa más politizada de su obra. Allí suenan cuatro temas de su autoría –entre ellos el himno “A desalambrar”–, pero sobre todo versos musicalizados de García Lorca, Guillén, Rafael Alberti y César Vallejo, también “Duerme negrito”, de Yupanqui. ?Su quinto disco solista, Canciones chuecas(1971) es el primero que se transforma en emblemático en su carrera: Allí suenan “El chueco Maciel”, “Gurisito”, la versión de “Qué dirá el santo padre”, de Violeta Parra, “Negrita Martina”, entre otras. Esos dibujos tan originales de Ayax Barnes –dibujante argentino que se desarrolló sobre todo en el campo de la ilustración infantil, también en publicidad y diseño gráfico– que fundían dos caras en una en un trazo continuo, seguramente forma parte entrañable del recuerdo de muchos.
Entre los discos que siguió editando desde entonces –en su mayoría por el histórico sello uruguayo Orfeo– figuran los A dos voces con Mario Benedetti (publicados en 1985 y 1987, y luego como Volúmenes 1 y 2 en 1994). También el disco en vivo que editó desde su exilio en Europa, y que recogía canciones tocadas en la Argentina entre 1971 y 1973. Otros títulos clave son Canto libre (1970), Trópicos (1973), Esdrújulo (1993) y Trabajo de hormiga (1984). Y toda otra cantidad de reediciones y recopilaciones, más los trabajos colectivos en los que participó desde la resistencia a las dictaduras latinoamericanas, como Compañero presidente, dedicado a Salvador Allende, junto a colegas como los Inti Illimani, Alí Primera, Quilapayún, Pablo Milanés y aquel César Isella que se pronunciaba en escenarios de izquierda.

La siguiente entrevista la realicé a fines de noviembre de 2009 en Santiago de Chile. Es mi homenaje modesto a un gigante eterno de la cultura de los pueblos. La fotografía la sacamos entre Daniel y yo. Él propuso colocarse reflejándose en el espejo y yo simplemente apreté el obturador de la cámara. Dejo mi corazón en esta memoria. Andrés Figueroa Cornejo.
“Cuando el pobrísimo tome las cúpulas
y los famélicos tomen las Áfricas
y los indígenas tierra amazónica
y los mecánicos tomen las fábricas
y los utópicos salgan del prólogo
y los daltónicos pinten lo nítido
y los chuequísimos bailen de júbilo
ya lo terrícola será libérrimo
cual ritmo cíclico de un canto esdrújulo.”
Daniel Viglieti
El viernes 27 de noviembre, a las 20:30 hrs., en el Teatro Oriente de Santiago de Chile, el legendario artista popular Daniel Viglietti ofrecerá un concierto a un precio ridículo para ese escenario y la talla del cantautor.
El creador de “A desalambrar”, “Soledad Barret”, “Daltónico” y un sensible cancionero que ha recorrido y recorre las luchas de los pueblos latinoamericanos ya se ha presentado en universidades, haciendo vibrar como siempre, esta vez, a las generaciones nuevas de chilenos que, pese a la mala distribución de su obra, maravilla y estremece.
Cálido, pleno de convicciones, con proyectos infinitos, memoria intacta y esa voz honda que enreda de ternura al que tiene cerca, Daniel Viglietti se sienta en una mesa sencilla colmada de discos, mientras le cuento que me he pasado la vida cantando El Chueco Maciel (a mi modo gritón y malogrado) y que, absurdamente, parece que lo conozco de siempre.
¿Cómo se forjó tu vínculo con Chile?
“Mi relación con Chile es de un gran cariño y de un sentimiento solidario de ida y de vuelta. Cuando yo conocí Chile en 1965 me enteré que los hijos de la cantora formidable Violeta Parra –que  ya conocía por su trabajo-, Isabel y Ángel, habían presentado “Canción para mi América” (“Dale tu mano al indio / dale que te hará bien”) en un programa televisivo por lo cual tuvieron algunas dificultades.  Entonces, cuando yo vine por primera vez al país,  a la ciudad de Valparaíso, integrando un coro como suplente de un bajo al festival de coro de Viña del Mar, lo primero que hice, luego del  evento, fue partir a Santiago, a calle Carmen 340, donde funcionaba la Peña de Los Parra. Ahí estaba Violeta tomándose una sopa.”
¿Así te “emparraste”?¡
“Así comenzó la amistad con Isabel y Ángel. En ese primer viaje  me quedé en casa de Patricio Manns (“Arriba en la Cordillera”, “El cautivo de Til Til”). Él estaba de gira por el norte del país, filmando y me dejó su apartamento de la calle Berlín. Sucesivamente derivé a la casa de los Parra, en calle Los Leones 1278.”
Carmen 340 fue la “fábrica” de la Nueva Canción Chilena…
“En esa peña conocí a Víctor Jara; hice amistad con Rolando Alarcón (“Los Pueblos Americanos”) que aún vivía; con Payo Grondona, que quedó como uno de mis mejores amigos aquí. También con el “Gitano” Rodríguez (“Ha llegado aquel famoso tiempo de vivir”) que se nos fue hace un tiempo. Todo esto hizo una relación entrañable con Chile. Entonces  canté en la feria de Los Cerrillos (Santiago), donde también cantó Violeta junto a esa tan prolífica familia de Los Parra. En otro viaje me trajo a tu país René Largo Farías (muerto en extrañas circunstancias hace algunos años), al Festival Chile Ríe y Canta en el Teatro Caupolicán. René era un hombre tremendamente solidario que después encontré en el exilio.”
Tú eres hijo de músicos y parece que estuvieras desde siempre…
“Canto hace 51 años, así es que en mis visitas a Chile vi el nacimiento de grupos como Inti-Illimani (“Sambalandó”, “Venceremos”) y Quilapayún (“El Pueblo Unido”).”
EL EXILIO
Todo eso fue en los 60 y principio de los 70…luego fue el horror de la dictadura…
“Así también me ata a Chile todo lo que ocurrió durante la Unidad Popular, Salvador Allende, Miguel Enríquez. En ese tiempo, por cierto, no salieron discos míos, lo cual pierde toda importancia después de todo lo que pasó.”
¿Cómo te enteraste del golpe?
“Yo estaba en París, escuchando un concierto del cubano Carlos Puebla (“Hasta Siempre, Comandante”), y cuando empezábamos a abrir unas botella de ron, llegó uno de ellos con el rostro demudado, diciendo “golpe en Chile”. Inmediatamente dejamos las botellas a un lado y nos fuimos cada uno a nuestras casas. Entonces comenzó otra vida para mí. Porque, aun siendo uruguayo, me transformé de pronto en chileno, y más adelante, con el golpe de Estado de Videla, me transformaría en argentino.”
Tú fuiste exiliado también…
“En el exilio me encontré con Joan Jara (viuda de Víctor Jara), en Berlín, en la entonces RDA, donde ella me narró lo concerniente a la muerte de Víctor. Yo siempre he trabajado en radio y televisión, así es que tengo una gran cantidad de entrevistas en mis archivos de varios de esos encuentros.”
¿Cuándo viajaste a Chile otra vez?
“Tuve la oportunidad de entrar a Chile durante la dictadura de Pinochet, a fines de los 80, en una gran iniciativa que se llamó Chile Crea. Allí me reencontré con Isabel Parra, con Payo, y abracé a la extraordinaria folclorista, Margot Loyola.”
“NO ME ARREPIENTO DE NINGUNA DE MIS CANCIONES”
En 1990 terminó el régimen militar…
“En el período después de la dictadura, he venido muchas veces. Y así voy descubriendo gente nueva de Chile que canta, como Pancho Villa (“Yo soy de una generación”), y ayer en un concierto me acompañó el grupo musical Manka Saya y Vanessa Luna. De manera que sigue fluyendo esta memoriosa relación con Chile.”
Muchas de tus canciones son eminentemente libertarias. Hay algunos artistas que ya han desalojado de su repertorio sus “encendidas” obras de juventud…
“Yo no me arrepiento de ninguna canción; las contextualizo en sus etapas y las sigo cantando. Mis dos últimos discos son “Devenir” y “Trabajo de Hormiga”, y ya estoy preparando un disco nuevo.”
LÚDICO EL CHUEQUÍSIMO
Juegas mucho con las palabras acentuadas en la antepenúltima sílaba; las famosísimas esdrújulas, como lo hizo Violeta en “Mazúrquica Modérnica”…
“El esdrujulismo es un género que nos desborda a Violeta y a muchos, y que viene de muy lejos. El mismo Chico Buarque lo emplea en “Construcción”. Violeta Parra apocopó los esdrújulos, volviéndolos diferentes, hizo neologismos. Yo sólo agregué una perla al collar con la canción “Esdrújulo”. Al usar ese tipo de palabras me vi obligado a pensar mucho. A veces una situación de límites obliga a realizar esfuerzos de imaginación importantes. Y esto no quiere decir que las censuras resulten beneficiosas, pero las censuras que ocurrieron aquí y allá, cuando todos tuvieron que arreglárselas para disparar metáforas y eludir los cercos, produjeron buenos ejercicios.”
¿Y de dónde salió “Esdrújulo”?
“Esa surgió en un paseo al campo, jugando con los gurises (niños) de amigos con palabras esdrújulas. Allí partió el trabajo de ingeniería.”
Ya te dije que mi caballito de batalla en la universidad y las fiestas ha sido tu “Chueco Maciel”. ¿Cuál es su historia?
“El Chueco Maciel nació en los cantegriles de Montevideo en 1970. Cantegril era una zona de  mucho lujo en Punta del Este, entonces el pueblo con ese humor crítico que caracteriza a los nuestros, le aplicó a los lugares más pobres el término cantegril. Y allí creció un muchacho que venía del interior del Uruguay, en el proceso de migración campo-ciudad, que se llamaba Nelson Maciel y le decían “chueco”, porque allá nombran así a los que caminan con los pies un poco hacia adentro. Entonces este muchacho comenzó a hacer algunos asaltos para acercar comida a los miembros del cantegril. Asaltó camiones de comestibles y bancos para conseguir dinero para ayudar a los pobladores del cantegril. De este modo, se convirtió en un símbolo creciente. Se le defendió mucho en el cantegril, hasta que un día fue capturado y asesinado dentro de una camioneta. Esto despertó una enorme cantidad de sentimientos. Así yo hice la canción. Tuve la oportunidad de cantarla incluso delante de la madre del propio Chueco Maciel.”
En la década de los 80, secretamente y en cintas mal copiadas, los jóvenes chilenos antidictatoriales oíamos tu canción “Por todo Chile” que siempre pensamos que era un tema dedicado al Frente Patriótico Manuel Rodríguez…
“Nació en enero de 1973 (varios meses antes del golpe militar), y la escribí tal cual es. Después la grabaron Los Parra. Tomo a Manuel Rodríguez como símbolo. Era un momento muy particular en Chile, estaba la huelga de los camioneros contra el gobierno de Allende, se gestaba un avance de la derecha, y mi canción plantea la decisión de muchos sectores de prepararse para la lucha. Y sigo cantando esa canción, respetando su origen.”
También empleas casi como un paradigma la palabra “chueco”…
“Ensancho la palabra “chueco”, como algo imperfecto, frágil, humano, pero que no nos exime de seguir luchando, siempre creando, siempre liberando.”
Envío:Andres Figueroa Cornejo

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