5 de diciembre de 2017

MALVINAS: LA CONMOVEDORA HISTORIA DE LOS HÉROES CAÍDOS.

04-12-2017
MALVINAS 
La conmovedora historia de la identificación de los caídos en Malvinas 
En el cementerio de Darwin hay 121 tumbas sin nombre. Son los caídos que jamás fueron identificados. Desde esta semana, el gobierno informará a las familias la identidad de 88 soldados.
El soldado Horacio Echave, caído en la batalla final el 14 de junio de 1982
Abrió el mapa del cementerio de Darwin y lo apoyó en el capó de un auto. Estábamos en un garage subterráneo cerca del Congreso. Recién habíamos terminado de ver el conmovedor documental "El héroe del Monte Dos Hermanas", que expone el heroísmo de los combatientes de Malvinas y el desgarrador dolor de sus madres.

En mi cabeza resonaban aún las palabras de Nélida Montoya, mamá de Horacio Echave, muerto en la batalla final, quien desde la pantalla gigante lloraba y dejaba su testimonio de soledad y olvido: "Y caminé entre las cruces blancas y no lo encontré. Una y otra vez busqué su nombre en esas placas grises. Grité en la terrible soledad de Darwin: 'Hijo mío, ¿dónde estás?'. Esperaba una señal, pero no hubo respuesta. Entonces, besé todas las cruces sin nombre, y elegí una tumba cualquiera para dejar mis flores. ¿Sabés la tristeza que se siente cuando buscás a tu hijo y no lo encontrás?".

Julio Aro, veterano del Regimiento 6 de Mercedes, señaló el mapa con 230 cruces. Me dijo: "Hay 121 tumbas que dicen 'Soldado Argentino Solo Conocido por Dios'. Fui a las islas y no encontré a mis compañeros de trinchera que yo mismo enterré después de la batalla. Muchas madres, como Nélida, necesitan saber dónde están sus hijos, ¿nos ayudás a buscarlos?".

Así comenzó la causa por la identidad de nuestros héroes de Malvinas que el martes cerrará su primer capítulo cuando, en el Archivo General de la Memoria, el gobierno comience a informar a 107 familias la identidad de 88 caídos en el Atlántico Sur. Soldados que fueron identificados luego de un minucioso trabajo que incluyó un acuerdo entre Argentina y el Reino Unido, la intervención de la Cruz Roja Internacional, la labor de forenses de 12 países, y la certificación de tres laboratorios en Argentina, Gran Bretaña y España.

"¿Me ayudás a ayudar a estas mamás?", repitió Aro esa noche fría de 2010. Y me contó que al volver de Malvinas, en ese viaje en el que intentaba "cerrar mi historia", tuvo una sola certeza: "Si a mí me hubiese tocado quedar en las islas, yo no tendría una tumba con mi nombre. Mi chapita identificatoria no estaba grabada y había escrito mi nombre en un papelito que pegué con cinta scotch. A los pocos días, obviamente, se había borrado".

El veterano reveló que su madre, cuando supo de las tumbas anónimas, le dijo sin titubear: "Yo te hubiese buscado hasta el fin de mis días". Y en ese instante comprendió que no iba a descansar hasta poder ayudar a las familias que buscaban a sus hijos, hermanos o padres caídos en la guerra del Atlántico Sur.

La necesidad de encontrar esa respuesta se le hizo carne. En 2008, Julio Aro creó la Fundación No me Olvides en Mar del Plata, y viajó -junto a José Raschia y José Luis Barrionuevo, ex combatientes- a Londres para reunirse con veteranos ingleses de gran experiencia en la post guerra.

El destino quiso que se cruzara con el coronel Geoffrey Cardozo, que oficiaba de traductor ya que hablaba perfecto español. En largas charlas sobre la guerra, Aro le contó sobre esas tumbas que lo desvelaban. El día en que partían, Cardozo se acercó con un sobre de papel madera, se los entregó y les dijo: "Ustedes van a saber qué hacer con esto".

Los veteranos, sorprendidos, encontraron documentos, planos, fotos, listas de soldados. ¿Qué eran esos papeles? En 1982 el Reino Unido le había encomendado a Cardozo la difícil tarea de recoger los cuerpos de los campos de batalla y darles honorífica sepultura en el cementerio. Y ahora él les entregaba cada dato que había anotado y la forma en que los soldados habían sido enterrados, para que ellos pudieran comenzar la búsqueda.

"Vamos acompañar a las madres", le dije a Julio Aro aquella noche en el garage. Como joven periodista me había tocado cubrir los 74 días de la guerra en el sur, y Malvinas me había cambiado la vida. Por los que fueron y no volvieron, por los que fueron y los trajeron escondidos al continente, por las lágrimas de las familias de los caídos, por los hijos que quedaron sin padres, por las madres que entregaron lo que más amaban a la Patria, por la Argentina que dejó la sangre de sus hijos en la turba húmeda y helada. Por todo eso ya nadie, en aquel lejano 1982, volvió a ser el mismo después de la guerra.

Para comenzar esta tarea había que armar un equipo de trabajo. La primera reunión fue con Luis Fondebrider, presidente del Equipo Argentino de Antropología Forense. Sólo ellos, con su enorme experiencia y prestigio, podían decir si las familias al final obtendrían la respuesta que tanto esperaban. ¿Se podía hacer el trabajo forense después de tantos años? ¿Estarían conservados los cuerpos como para poder tomar una muestra y cotejarla con el ADN? "Se puede", respondió Fondebrider. Y los antropólogos del EAAF, con Carlos "Maco" Somigliana a la cabeza, apoyaron la causa sin pausa y sin descanso.


El siguiente contacto fue con Sandra Lefcovich de la Cruz Roja Internacional. Desde Brasil y desde Ginebra nos asesoraron en los pasos a seguir. La CICR debía ser el árbitro entre dos países en conflicto.
Fuente:SinMordaza



Malvinas: objetos hallados junto a cuerpos de soldados 
Por Rubén Armando 
En pequeños sobres transparentes, apoyados con delicadeza sobre una mesa que acaricia apenas una bandera Argentina, se distinguen una alianza de oro, una cruz, dos chapitas gastadas, un anillo, una cadenita rota, algunos documentos de identidad, un carnet, una estampita de la Virgen, y muchas cartas resquebrajadas de letra apretada y papel amarillento que resistieron el paso del tiempo.
Son objetos que los forenses encontraron en los cuerpos de los 88 soldados argentinos que fueron identificados en el cementerio de Darwin en el marco del Plan del Proyecto Humanitario que llevó adelante la Cruz Roja Internacional, desde el 20 de junio hasta el 7 de agosto de este año, junto a un equipo de catorce especialistas forenses de Argentina, Australia, Chile, España, México y Reino Unido.
Desde mañana, a partir de la hora 10, se procederá a informar a los familiares los resultados de las pruebas de ADN. Será en el Archivo Nacional de la Memoria. Ocho familias fueron citadas para esta primera jornada: cuatro a las diez de la mañana, y las restantes a la hora 13.
Allí, cuatro equipos de cuatro integrantes -en representación de la Secretaría de Derechos Humanos, el Centro Ulloa, el Equipo Argentino de Antropología Forense y el Ministerio de Desarrollo Social, más un representante de la Escribanía General de la Nación-, se sentarán con representantes de cada una de las familias de los caídos para dar los detalles del proceso de identificación de sus hijos, hermanos, padres, esposos."
Informa hoy Infobae que en ese momento se les entregarán estos sobres con los objetos de sus seres queridos. “No sé si voy a poder soportar tanta emoción",comentó la mamá de uno de los soldados muertos en Malvinas.
"Es algo que esperé tantos años que siento en mi corazón una mezcla de alivio y dolor. No quería irme de este mundo sin saber dónde estaba mi hijo", destacó Raquel Ugalde, madre de Daniel, muerto en la batalla final el 14 de junio de 1982.
TIEMPO DE RECUERDOS
¿Cómo será reencontrarse con esas pequeñas pertenencias de sus seres amados? ¿Qué recuerdos volverán?
"No lo sé. Yo guardo las pocas cartas que llegó a enviarme de las islas. El tiempo no pasa cuando las heridas no cierran. Para mí es como si hubiese sido ayer cuando me avisaron que Horacio no había vuelto de las islas Yo siento la presencia de mi hijo cada día de mi vida. En la cómoda de mi pieza tengo una foto suya, y yo le hablo. Le cuento cómo estamos, le pido que me ayude", dijo conmovida Nélida Montoya, mamá de Horacio Echave, soldado de Lobos caído el último día de la guerra.
Las jóvenes y truncas historias de estos soldados de Malvinas reviven en los objetos que hoy están en los sobres transparentes esperando a sus madres.
Vuelven a hacerse carne en cada carta que recibieron y leyeron con emoción en sus trincheras, en esas palabras que llegaban desde el continente y los acercaban al amor de sus familias, en cada beso que seguramente le dieron a ese Jesús que colgaba en su pecho, en las plegarias en las que se habrán encomendado a la Virgen en las heladas noches en los campos de batalla, en las cadenitas que llevaron hasta el último día, en todas esas pequeños objetos que guardaron como tesoro en los uniformes que los abrigaron hasta el día en que los encontró la muerte. 
Fuente:LaOpinionDigital                                           

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