Opinión
La sentencia de la ESMA en los medios europeos
Por Jorge Alemán
1) En el imaginario europeo América Latina es el continente donde el horror es un fenómeno cuasinatural que campea por sus fueros desconectado de las distintas determinaciones internacionales implicadas en el mismo. En muchísimas ocasiones en los 41 años que llevo aquí me han comentado: “Qué cosas terribles han pasado en su país”. Esto en el lugar donde una dictadura asesina permaneció 40 años realizando con una impunidad absoluta todo tipo de crueldades hacia los que resistieron al fascismo. Luego, en el resto de Europa, la Shoa, Mussolini, Salazar, las políticas colonialistas, etc., pertenecen al archivo documental de las horas nocturnas de la TV.
2) En la sentencia de la ESMA se puso en marcha una maquinaria retórica en concomitancia con lo anterior. “Por fin Argentina juzga los horrores de la dictadura” y distintas variantes moduladas en el mismo sentido. Como si de golpe, bajo el gobierno de Macri, muy reconocible para el oficialismo europeo en sus afinidades políticas, por fin el famoso Estado de Derecho se había hecho cargo de las “víctimas”. La “víctima” es una de las figuras privilegiadas del orden de dominación neoliberal, siempre que se la presente como descontextualizada del engranaje mundial que la ha promovido.
3) Por último, una vaga referencia “humanista” a las Madres, siempre bajo el mismo perfil despolitizado. Y por supuesto sin ninguna mención al gobierno anterior, la mancha “populista” que derogó las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, leyes que bajo distintas modalidades siguen vigentes en Europa y especialmente en España.
En muchas ocasiones, he intentado pensar el horror argentino en su singularidad más radical, intentando entrever que cuestiones cruciales de la cultura argentina habían hecho posible el castillo sadiano de los criminales de la dictadura. Pero, en este aspecto, a excepción de algunos intelectuales, escritores, universitarios y políticos, las poblaciones europeas parecen, ojalá los hechos me lo desmientan, muy contentas de haberse conocido a sí mismas como “demócratas” de toda la vida.
Fuente:Pagina12
El ex detenido que fotografió a sus captores de la ESMA para llevarlos a la Justicia
Víctor Basterra documentó y fotografió a los represores que durante más de cuatro años lo tuvieron cautivo en la ESMA, y tras recuperar su libertad aportó esa información a los organismos de derechos humanos para que la sociedad conociera la verdad sobre lo sucedido en ese lugar, donde la última dictadura militar instaló un emblemático centro clandestino de detención ilegal.
03/12/2017
Para los familiares de las víctimas y los abogados querellantes que intervinieron en el juicio ESMA III, que concluyó el pasado miércoles con las condenas a prisión perpetua para 29 personas, el material confeccionado por Basterra aún hoy es "una prueba fundamental" al momento de incriminar a los genocidas.
"Muchos dicen que mi trabajo fue muy importante, pero creo que la acusación es un proceso colectivo en el que intervienen muchas personas, familiares y compañeros. Lo mío es un aporte que estoy dispuesto a presentar cada vez que se necesite en un juicio de lesa humanidad que involucre a ese lugar en el que estuve detenido", señaló Víctor en una entrevista con Télam.
En relación con el tercer tramo de la megacausa ESMA que finalizó la semana pasada tras un juicio oral y público que se extendió por cinco años, Basterra evaluó que las sentencias significaron un "paso adelante" en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia.
"Las condenas son positivas, pero tenemos que esperar los fundamentos para analizar cada caso en particular. Lamento que el juicio haya sido tan largo y hay condenas que no se van a poder cumplir. Los represores que los condenaron a siete u ocho años y en poco tiempo van recuperar la libertad", apuntó sobre este megajuicio que tuvo 54 acusados de cometer crímenes de lesa humanidad contra 789 víctimas, y en el cual testificó.
Basterra militó desde los años '70 en el Peronismo de Base y trabajó como obrero gráfico en varias empresas hasta que en agosto de 1979 fue secuestrado por un grupo de tareas de la Armada y conducido a la ESMA.
Ese año visitó el país una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Víctor, junto con los prisioneros que encontraban en esa unidad militar de la Armada, fue trasladado a una isla del Tigre llamada "El Silencio", donde debió soportar duras condiciones de detención.
Al año siguiente, los marinos lo ubicaron en Capucha, un altillo ubicado en el Casino de Oficiales de la ESMA que era una suerte de antesala en la que se decidía el destino final de los prisioneros.
"Era el lugar donde ellos determinaban si se vivía o se moría. 'Te trasladaban', es decir te podían subir a un vuelo de la muerte, o seguían viviendo", repasó.
Así es como en 1981, Basterra pasó al "sector cuatro", un área donde trabajó en condiciones de esclavitud para sus captores, elaborando impresiones y tomando fotos para confección de documentos falsos que se usaban en operativos de inteligencia del grupo de tareas 3.3.2 que usaba la ESMA como base.
"En esos años éramos un 20 prisioneros. Quedábamos unos 20 y dos o tres de los que habían sido utilizados para trabajar para el proyecto político del almirante (Emilio Eduardo) Massera. Ahí empecé a tomarles fotos a los represores y empecé a guardar las copias. Juntaba todo ese material con algún propósito que en ese entonces no conocía cuál podía ser", señaló Basterra.
Los marinos y prefectos retratados por este obrero gráfico devenido en fotógrafo se sacaban fotos para un DNI, un registro de manejo, una Cédula de Identidad y una credencial de una fuerza policial.
"Les sacaba cinco fotos, les daba un negativo y con eso no despertaba sospecha. Usaba cuatro para armarles los documentos y me quedaba con una. Y así empecé con el armado de un cuaderno que pensaba a utilizar cuando saliera de allí.
En 1982, los marinos le concedieron el beneficio de salir los fines de semana mientras trabajaba a las órdenes del capitán de navío Julio César Binotti, condenado a ocho años de prisión en el juicio ESMA III.
En esos meses, transcurrió la guerra de Malvinas, y mientras seguía con su trabajo, Basterra escuchaba la BBC y se informaba sobre el desarrollo de la contienda bélica que terminaría en derrota para las fuerzas argentinas.
"Recuerdo que poco tiempo después de la guerra, llegó (Alfredo) Astiz. Que tras rendirse en las Georgias estuvo preso en la isla de Ascensión y los ingleses estuvieron cerca de entregarlo a los franceses que lo buscaban por la desaparición de Leonie Duquet y Alice Dumont. Vino donde trabajaba y se hizo hacer documentos a nombre de un tal Abramovich", evocó.
En 1983, en el año en el que retornó la democracia, Víctor recuperó su libertad, se instaló junto con su compañera en una vivienda de José C. Paz, pero era vigilado por el prefecto Jorge Manuel Díaz Smith, que le realizaba visitas esporádicas que se prolongaron hasta agosto del año siguiente, cuando ya gobernaba el presidente Raúl Alfonsín.
"Binotti me advirtió un día que no me hiciera 'el tonto, porque los gobiernos cambiaban, pero la comunidad de inteligencia continuaba'. Igual me empecé a contactar con los organismos, los familiares, la Conadep y la Justicia para darles la información que tenía sobre le ESMA", repasó.
El testigo recuerda que en 1984 "había mucha desconfianza ante la figura del sobreviviente" porque los familiares creían que podían ser integrantes de los servicios de inteligencia.
"Era como el 'algo habrá hecho' pero ahora desde una lógica inversa. En agosto de 1984 presenté toda la información que tenía a la Justicia y al diario 'La Voz', que vendió dos ediciones completas gracias a ese material. Llevé mi familia a Neuquén para que estuvieran lejos de los marinos y empecé a declarar", reseñó.
Basterra prestó testimonio en el juicio a las Juntas y tras las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y los indultos siguió con sus denuncias públicas a los represores y declaró en los procesos que se abrieron en el exterior.
"Fui el último en dejar la ESMA como prisionero y por eso pienso seguir declarando en todos los juicios a los que me citen. Siento que tengo esa obligación. Esta es una tarea en la que no hay un techo. Hacer Justicia es la única forma de garantizar que no volvamos a tener otro genocidio en Argentina", enfatizó.
Fuente:LaJornada

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