26 de enero de 2018

OPINIÓN.

No olvidamos porque amamos a los que fueron arrancados sin piedad A propósito de la propuesta de Massot El diputado Massot (PRO – Cambiemos) propone, como manera de dejar atrás las heridas que aun sangran de la dictadura cívico - militar 1976/83, que se genere un proceso similar al de Sudáfrica, en el que se creó una Comisión de Verdad y Reconciliación (CVR). En primer lugar, hay que considerar que los procesos sudafricano y argentino son muy diferentes. Hay que consignar que, aun con sus deficiencias y las complicidades de un aparato judicial benevolente, lo realizado por Argentina en materia de juicio a los genocidas, es ejemplo mundial, partiendo del Juicio a las Juntas realizado por el gobierno de Alfonsín hasta las condenas dictadas y los procesos en curso. Por otra parte, debemos tener en cuenta el contexto histórico concreto de cada uno de ellos. En ese sentido, las directrices para la CVR fueron acordadas durante las negociaciones: los supervivientes y víctimas de violaciones graves a los derechos humanos recibirían reparación por parte del Estado; los autores materiales recibirían amnistía una vez realizado el recuento completo y veraz de sus violaciones. Sin embargo, muchas de las víctimas y supervivientes sienten hoy que el proceso de la CVR fue defectuoso. Muchas personas nunca acudieron a la CVR; se estima que más de 85.000 personas estaban en condiciones de ser consideradas como víctimas y supervivientes de abusos de derechos humanos, pero la CVR recibió el testimonio de sólo 21.000, y acordó la reparación de 16.000. Paralelamente muchos de los autores materiales de las violaciones (en especial funcionarios de alto nivel del gobierno del apartheid, oficiales policiales y militares) se negaron a declarar, o sólo relataron lo que ya era de conocimiento público. La CVR concedió la amnistía solamente a 849 personas. Sin embargo, el Estado no enjuició a aquellos que no recibieron la amnistía y continuaron con sus vidas inmutables. Siendo así, muchas de las víctimas y supervivientes se sienten defraudados por la CVR, pues los responsables nunca fueron llevados ante la justicia. El proceso de la CVR garantizó la impunidad a los autores ni tampoco hizo responsables a las empresas transnacionales que apoyaron el apartheid. He aquí alguna similitud con nuestro transcurso: ni el diario La Nueva Provincia (¡¡oh, casualidad!!, dirigido por un Massot), ni Loma Negra de Amalita de Fortabat, ni el Ingenio Ledesma de los Blaquier, ni la VW, Ford, Acindar, La Veloz del Norte u otras empresas fueron llevadas al banquillo de los acusados. Entonces, analizando dicho proceso, los argentinos, ¿podemos aceptar esa propuesta que apunta, ante todo, a garantizar la impunidad de quienes perpetraron crímenes de lesa humanidad? La única manera de llegar a una verdadera y profunda reconciliación nacional es mediante la Verdad y la Justicia. Quienes fueron responsables de atrocidades deleznables deben ser juzgados –potestad que no tuvieron quienes fueron secuestrados, torturados, asesinados, desaparecidos- y condenados. No hay otra alternativa. El perdón no viene de la mano del olvido, sino de la asunción completa de las incumbencias correspondientes a quienes les competen. No olvidamos porque amamos a los que fueron arrancados sin piedad; no olvidamos porque entendemos para qué estamos. Los crímenes que hubo fueron a manos del estado, quien robó vidas, despojó identidades, asaltó la memoria e intentó bloquear el pasado. Si olvidáramos, victimizaríamos nuevamente a las víctimas dejándolas sin nada y con ello también a quienes lucharon y luchan por una nueva sociedad, absolutamente distinta a la que hoy conocemos. Y seríamos nosotros las nuevas víctimas al permitir que los asesinos caminen junto a nosotros, en nuestras calles, como si no supiéramos quienes son y qué hicieron. Perdonar sin mas sería quitarle envergadura a lo sucedido, como si hubiese sido algo menor, cuando fue un genocidio. Quedarnos con la propuesta de Massot –apellido emblemático de la dictadura- sería deshonrar el pasado y aprestarnos a que nos suceda nuevamente. Si llegamos a ser un pueblo sin memoria nunca entenderemos para que estamos vivo. Si olvidamos, quitamos al recuerdo un elemento central de la Historia. He aquí una cuestión crucial. La memoria en la cultura se proyecta hacia el futuro y sólo así se dota de pleno sentido. Recordamos para actuar y porque tenemos una obligación con el futuro, con nuestros hijos y nietos, con el mundo. Hay que hacerse cargo y no eludir las responsabilidades. Recordar lo que fue la negra noche de la dictadura significa tomar plena conciencia de una saludable advertencia que implica a las semillas podridas que jamás se les debe permitir echar raíces en ningún corazón humano.
Prof. DANIEL SILBER
Envío:Sara Waitman

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