31 de mayo de 2018

LA PAMPA - SUBZONA 14 II: UNA EMPLEADA POLICIAL DECLARO EN EL JUICIO - "LA CANA LE SIGNIFICO UN DOLOR MUY GRANDE A MI PADRE", DIJO UNCAL.

“Nos contaban que las picaneaban” 
UNA EMPLEADA POLICIAL DECLARO EN EL JUICIO DE LA CAUSA SUBZONA 14 II
31/05/2018 
Mirta Alzamendi de Antonio, una ex empleada policial que prestó servicio como celadora en la Seccional Primera de Santa Rosa, a los 19 años, explicó ayer que su tarea era “atender y custodiar a las detenidas”, que eran divididas en presos comunes, del juzgado federal y del Comando Militar Subzona 14. 
La mujer declaró en el Colegio de Abogados de esta capital y ante el Tribunal Oral Federal, en el marco del juicio de la causa Subzona 14 II en la que hay un grupo de ex militares y ex policías acusados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en la provincia. 
La testigo comentó que los integrantes del grupo de tareas Subzona 14 eran “de las fuerzas armadas” y que las detenidas por ellos “tenían el mismo régimen de detención y estaban registradas”. 
Su tarea era cuidar a las detenidas y en varias ocasiones tuvo que llevar a las víctimas hasta la escalera que daba con la Unidad Regional, que funcionaba en la planta alta de la Primera como centro clandestino de detención, y luego las recibía después de recibir golpes y torturas. 
El querellante Franco Catalani le preguntó sobre la arquitecta Ana María Martínez Roca, quien fue detenida junto a su pareja Hugo Chumbita y Esteban Tancoff en diciembre de 1975 en Buenos Aires, y luego trasladada a la Primera de Santa Rosa. “La noche que ella ingresó a la Primera fue una de las personas más complicadas que me tocó, desde la salud, estaba en estado deplorable, anímica y físicamente”, comentó.
“Estaba mal”.
Además, recordó que aquella noche “no la revisó ningún médico”, aunque estimó que luego sí debió ser atendida en sanidad policial, donde estaban, según dijo la testigo ayer, los médicos Máximo Pérez Oneto, uno de los acusados, y Savioli.
Martínez Roca fue golpeada y torturada y perdió un embarazo en curso, en ese momento. “Cuando vino ni hablaba ni caminaba, de a poco se fue recuperando, pasaron cuatro meses. Estaba mal”, indicó, y desconoció que estaba embarazada.
Por otro lado, la testigo señaló que en su turno la víctima no fue trasladada al hospital “Lucio Molas” y que cuando la trasladaron desde Buenos Aires, “la agarré como si fuera un bebé, estaba esposada y vendada, era como un bulto. Primero la senté en una silla y después la llevé a un pabellón sola, me dieron la orden”.
Alzamendi de Antonio contó que la sacaban “todos los días a un patio interno para que caminara” y reconoció que trasladaban a las detenidas “arriba” de la Primera, donde funcionó un centro clandestino de detención, de secuestro y torturas.
-¿Durante los turnos de la noche se hacían interrogatorios en la planta alta de la Primera?, preguntó la querella.
-Sí, porque se escuchaban gritos.
-¿Cómo salían físicamente las personas cuando las iba a buscar?
-Había que cuidarlas, tenerlas unas horas aisladas, que no tomaran agua. Era una orden.
-¿Por qué no podían tomar agua?
-Porque habían sido picaneadas, golpeadas, algo. Entregábamos la persona en la escalera, no subíamos.
-¿Las víctimas que les decían a usted, después?
-Bueno, contaban que las picaneaban, golpeaban, que los lastimaban con puchos.
-¿Qué personal trabajaba en la planta alta?
-Eran muchos.
Una cena de madrugada.
Por videoconferencia desde Victorica, Emilia Haydeé Haita fue la primera en prestar declaración ayer y recordó que el 23 de mayo de 1978 a la 1 de la madrugada, la directora de la escuela hogar de Pasos de los Algarrobos la despertó, algo que no era común, para que prepare una cena. “No me dijo para quién era”, contó.
“Al otro día no vi a la señorita”, agregó en referencia a la docente Zulema Arizo, que fue secuestrada -por tres meses, estando embarazada- durante esa madrugada, y señaló que en el patio de la escuela vio un coche, pero “al otro día ya no había nada”.
La directora de la escuela rural era hermana del represor Robert Fiorucci, que quedó afuera del juicio del juicio por cuestiones de salud. El represor, que en 2010 fue condenado a 20 años de prisión por delitos de lesa humanidad, fue mencionado por Haita como integrante de aquel operativo en Paso de los Algarrobos, en su anterior testimonio.
Arizo era acusada de guerrillera, por la directora justamente, según se desprende de la lectura de la declaración que Haita brindó en el primer juicio de la Subzona 14 y que el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa, leyó ayer por pedido de la fiscalía. 
Por otro lado, ante la falta de precisiones, el fiscal José Nebbia le preguntó a la mujer si tenía miedo de declarar, a lo que la testigo dio su negativa y aclaró: “Mucho no recuerdo”.
“Sufrí hambre, sed y frío”
Félix Ramón Hurtado fue detenido a los 37 años, el 19 de abril de 1976, por policías de Santa Rosa, entre ellos el ex comisario Roberto Fiorucci, cuando estaba trabajando en el campo del militar Phillipoux, en el oeste pampeano. “No lo encontraron a él, entonces me llevaron a mí”, contó el testigo-víctima.
Durante la audiencia del juicio de la causa Subzona 14 II, fue trasladado al calabozo de una comisaría de Santa Isabel, donde estuvo dos días. Allí, el mismo Fiorucci le preguntaba por su “patrón” y qué vínculo tenían. Luego, lo llevaron, incomunicado, a la Primera y declaró ante un juez, en dos oportunidades.
El 29 de abril a la noche fue liberado, algo que le comunicó el ex policía Fiorucci, según dijo Hurtado ayer, aclarando que no le pegaron. Y sobre su patrón, recordó: “Creo que no le pasó nada, porque él era militar y en ese tiempo estaban los militares, pero no sé…”.
El testigo-víctima comentó que sufrió “hambre, sed y frío” en el calabozo y en los 10 días en los que estuvo detenido vio en una celda enfrente a Mireya Regazzoli. Además, contó que por la noche se escuchaba “gente que se quejaba de los golpes” por las torturas. 
Después de ser liberado, regresó a trabajar con Phillipoux al campo, el 5 de mayo de ese año, explicó.
Un juez preso y perseguido en dictadura 
"LA CANA LE SIGNIFICO UN DOLOR MUY GRANDE A MI PADRE", DIJO UNCAL
31/05/2018
Juan de Dios Uncal estaba al frente del Juzgado Federal de Santa Rosa cuando se produjo el golpe de Estado en 1976 y fue destituido por los militares, que lo consideraban “garantista” hacia los detenidos políticos pampeanos. Por esto, el magistrado, fallecido en 2010, fue detenido y perseguido por la Subzona 14.
“A mi padre lo vendieron como subversivo”, manifestó ayer su hijo Juan Manuel, también abogado, en la audiencia del juicio de la causa Subzona 14 II. En el comienzo de su declaración, señaló que “esta historia tiene dos etapas, cuando mi padre estuvo detenido y después perseguido”. 
Contó que a los 13 años llegó junto a su familia a Santa Rosa, a mediados de 1975, desde Capital Federal a instancias del gobernador José Aquiles Regazzoli y su padre se hizo cargo del tribunal pampeano. En ese momento, el juzgado era subrogado por Walter Lema, que era secretario.
Manifestó que Lema “vivía obsesionado con ser juez federal, y era un problema para mi padre, lo espiaba atrás de las cortinas, pero el gobernador le dijo que no le hiciera caso, que no molestaba a nadie, pero estaba equivocado”. Recordó que le pedían a su padre que aplicara “mano dura” e incluso hubo un cruce fuerte con un secretario por ese tema.
En ese sentido, Uncal agregó que a su padre -que había sido concejal del PJ en Mercedes- lo calificaban “de subversivo y garantista porque no quería aplicar ese criterio” de mano dura y recordó que, en febrero de 1976, su familia se trasladó a Mercedes, porque “se había puesto difícil la situación y se suponía que algo iba a ocurrir”.
El juez Uncal, rememoró el testigo, le decía a su familia que “lo más probable es que me peguen una patada en el culo” tras el golpe militar, y fue detenido una noche en el Juzgado Federal, el 29 de marzo por la noche por el Ejército. 
En un claro y pausado relato, el abogado explicó que allí su madre se vino a Santa Rosa y fue atendida por Lema, quien “evadió” todas las preguntas que le hacía para saber dónde estaba su compañero e incluso quiso justificar “la necesidad” del golpe “para restablecer el orden”. 
La mujer también fue al Obispado y “un cura le dijo váyase que me compromete. Le cerraron la puerta. Ella no podía hacer nada, la poca gente que conocíamos acá estaba detenida”. Y a los cuatro días, recién pudieron verlo, detenido, en la Seccional Primera “por unos minutos, estaba demacrado”, dijo Uncal.
Detenido. 
Luego, el entonces juez fue trasladado a la Colonia Penal junto a otros funcionarios, presos políticos, detenidos en forma ilegal y el abogado Ciro Ongaro se hizo cargo de su defensa, porque “nadie nos abría un estudio”, contó el testigo, emocionado. 
“Los conjueces se excusaban para resolver la situación hasta que se hizo cargo el doctor Fernández, que ordenó la libertad el 14 de junio del 76 y nos fuimos a Mercedes”, continuó. En una causa inventada, lo acusaban de cohecho por haber pedido supuestamente un resarcimiento para interceder a favor de Hugo Chumbita, detenido en 1975.
Paralelamente, durante la detención de Uncal, el Regimiento de Infantería de Mercedes hizo dos allanamientos a la casa de su familia en esa localidad. 
“Mi padre habló siempre de interrogatorios, hasta con reflectores, ruidos por las noches, capuchas, pero nunca me dijo si lo habían torturado, creo que por una cuestión de buen gusto, nunca profundicé en eso”, comentó.
“Lo vendieron”.
Con una publicación del diario “La Razón” sobre la detención de su padre en la mano, el abogado señaló que “Lema lo vendió públicamente como un hombre ligado a la subversión, era la forma de solucionar su deseo de ser juez federal”.
Al negar esa acusación contra su padre, recordó que incluso siendo juez correccional en Capital Federal, Uncal procesó en 1974 a Firmenich y Galimberti, los líderes de Montoneros, cuando la revista “La Causa Peronista” publicó el escrito en el que narraban la ejecución del ex presidente de facto Pedro Aramburu.
Con Uncal detenido y apartado del cargo, el 31 de marzo de 1976 comenzó a subrogar el juzgado Lema y todas las causas de violación a la ley antisubversiva 20840 pasaron por sus manos.
La persecución.
El hijo del magistrado contó que el 19 de junio de 1978 volvían de un cine de Buenos Aires -habían ido a ver el partido del mundial de fútbol entre Argentina y Brasil- y fueron interceptados en Luján por un amigo, quien les avisó que los militares habían ido a buscar a su padre al Colegio de Abogados de Mercedes y que tenía que escapar.
El testigo recordó que al mando del operativo estaba el ex comisario Roberto Fiorucci, “no me voy a olvidar más de ese apellido”, aseguró. Entonces, el amigo que los interceptó se llevó a su padre y su madre siguió manejando el auto hasta Mercedes. Cuando llegaron había un auto de la Policía Federal “vigilando” su casa. 
“Mi padre estuvo hasta octubre de 1979 escondido pensando que lo iban a matar”, recordó. Por otro lado, Uncal también contó que en una oportunidad su padre pudo escapar de los tribunales del partido de San Martín, a donde lo fueron a buscar un grupo de efectivos, encabezados también por Fiorucci. 
Narró que en 1979 se recibió de bachiller y le dijo a su padre que solucionaban la situación o se iban del país, “porque no se puede vivir escondido”. Entonces, siguió, su padre “y tres abogados de Mercedes irrumpieron en el juzgado y de ‘prepo’ lograron sacar el sobreseimiento definitivo, el 31 de octubre, y recién ahí empezamos a vivir medianamente tranquilos”.
“Crecer de golpe”
Uncal comentó ayer que a su padre “le tiraron una mochila de 20 años por la espalda” en referencia a las consecuencias de la detención y “falleció en 2010, parecía un anciano, cuando tenía 76 años. La ‘cana’ le significó un dolor muy grande, la desconfianza de la sociedad pacata de Mercedes, pasó mucho tiempo hasta que pudo salir del ‘algo habrá hecho'”. 
“El escarnio de estar preso o prófugo se nota en las amistades, con un mote delicado, de subversivo, había amigos míos a los que no los dejaban venir a mi casa. Mi vieja vive y ella no se olvidó jamás el tema del Obispado, cuando le cerraron la puerta en la cara. En mi caso, no les perdono a estas personas que se encarnizaron con mi papá, me hicieron crecer de golpe a los 13 años”, afirmó. 
Además, el abogado contó que su adolescencia fue “entre recursos y abogados, parecía un viejo a los 15 años, nos hicieron sufrir sin sentido”.
Fuente:LaArena

No hay comentarios:

Publicar un comentario