5 de junio de 2018

URUGUAY.

Uruguay

Patricia Ayala: historia de una presidenta que viaja en ómnibus


Es hija de presos políticos, fue también la primera fonoaudióloga de Artigas y la primera mujer en ser Intendente de su departamento.
El teléfono suena y la agarra limpiando su casa, con la ropa apenas colgada para aprovechar los pocos rayos de sol que desafiaron al frío del sábado y los platos del desayuno recién lavados.

Atiende, saluda y avisa que está apurada, porque en una hora deben pasarla a buscar para ir a una actividad. No tiene auto y por eso depende del horario de otras personas. Parece una uruguaya más, de esas miles de amas de casa o trabajadores que dedican las primeras horas del fin de semana para poner la casa en orden. Pero no, es la actual Presidenta de la República Oriental del Uruguay. Y como tal atendió a ECOS, para contar su historia y de cómo se divierte con el imaginario colectivo detrás del cargo presidencial.

Por primera vez en la historia del Uruguay dos mujeres realizaron un traspaso de mando. Lucía Topolansky, en el máximo cargo tras el viaje de Tabaré Vázquez, le delegó la responsabilidad antes de partir rumbo a Rusia. Así fue como esta mujer, nacida en Artigas pero vecina de El Pinar, asumió el cargo más importante. 

“Dormí bárbaro porque fue un día muy largo y de mucho trabajo. Llegué a mi casa, ordene un poco, cocinamos algo, me bañé y caí fundida. Recién ahora como caigo un poco del cargo y de la responsabilidad, pero me levanté como todos los días a ordenar la casa y me puse a limpiar para salir con todo pronto”, le cuenta Ayala, presidenta en ejercicio, a este portal.

A los 51 años, y con una carrera política que la llevó a ser edil, diputada, intendenta de Artigas, senadora, vicepresidente y ahora presidente, Ayala prepara un mate y las respuestas para contar su historia. Sus padres, vinculados al Movimiento de Liberación Nacional, fueron presos políticos. Mientras su padre estuvo más de 10 años en el Penal de Libertad, su madre fue detenida en una cárcel de Artigas por un año.

“Yo siempre los acompañe en su actividad política, desde muy chica y me críe en un contexto educativo a nivel de escuela y de liceo que era en plena dictadura y con todo ese panorama familiar. Mi tío, que también fue preso político, emigró a Suecia y se quedó allá. Lo bueno de todo ese momento, por decirlo de alguna manera optimista, es que mi madre estuvo presa solo un año y al salir nos volvimos a encontrar”, agrega Ayala, quien habla con devoción de sus abuelos maternos, esos que se jugaron la ropa para criarla cuando sus padres estaban recluidos.  

Envío:AgnDDHH

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