Juicio Escuelita VI: "Los torturadores se ensañaron con Herman por judío"
Miguel D'Agostino compartió cautiverio con el joven de Bariloche desaparecido.
Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar
“Había un grupo de torturadores que se ensañaban mucho con Juan por su condición de judío, eran unos verdaderos nazis”, afirmó Miguel Ángel D’Agostino, quien durante un mes compartió una celda en el centro clandestino de detención El Atlético con Juan Marcos Herman, el estudiante de abogacía secuestrado el 16 de julio de 1977 en la casa de sus padres en Bariloche.
D’Agostino fue la última persona que vio con vida al joven de 22 años, y ayer durante más de una hora y media brindó su testimonio ante el Tribunal Oral Federal de Neuquén en el sexto juicio por delitos de lesa humanidad, en el que se juzga a ocho represores en perjuicio de diez víctimas
Comentó que Herman llegó al centro clandestino de detención que funcionaba en el subsuelo de la Superintendencia de la Policía Federal, en la avenida Paseo Colón, el 18 de julio de 1977. “No tenía ninguna certeza de por qué lo habían secuestrado. No sabía dónde estaba, estaba desconcertado. Sabía que había llegado en avión. En la celda me hablaba de su familia, de su casa y de los dulces de la chacra familiar”.
Afirmó que Herman no fue torturado pero sí golpeado brutalmente con cadenas. Relató las pésimas condiciones en que los mantenían detenidos, vendados y con las piernas encadenadas.
D’Agostino relató que a mediados de agosto, Herman fue sacado de la celda. “Sentía el rozamiento de las cadenas en el piso. Me di cuenta que trasladaban a varias personas. Un traslado significaba la muerte. Desde ese momento no supe nada más de Juan”, expresó.
Contó que al recuperar la libertad, el 30 de septiembre de 1977, mantuvo varios encuentros con los padres de Herman en Bariloche y les contó que habían estado juntos en la misma celda.
Juicio Escuelita VI: "De chica siempre escuché el nombre de Sacchitella"
La hija de una pareja detenida tres veces señaló al ex jefe de Gendarmería.
“Fuimos la única familia de San Martín de los Andes que se exilió en 1980 después de que mis padres fueran detenidos en tres oportunidades por fuerzas de seguridad entre 1976 y 1979”, expresó Marina Ubaldini, hija de Eduardo Ubaldini y María Luján Gómez, ante los jueces del Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén en el sexto juicio por delitos de lesa humanidad contra ocho ex jefes militares, miembros de Inteligencia y Gendarmería, conocido como Escuelita VI.
La mujer aseguró que sus padres fueron víctimas de “una persecución política y económica, que los obligó a exiliarse en México”.
Ubaldini y Gómez fueron detenidos el 24 de marzo de 1976, sin causa, y permanecieron una semana en esa condición en la Comisaría 23 de San Martín.
Posteriormente fueron detenidos en 1978 por militares, acusados como responsables de un corte de energía durante la transmisión del Mundial de Fútbol de ese año.
Un año después volvieron a ser detenidos durante una visita que realizó a San Martín el dictador Jorge Rafael Videla.
Marina, quien en 2011 volvió a la Argentina y se radicó en la ciudad cordillerana, sostuvo en su declaración: “Desde chica supe lo que les pasó a mis padres”.
Precisó que el nombre de Emilio Sacchitella, el ex comandante de Gendarmería de Junín de los Andes, imputado en esta causa, lo escuchó “siempre de chica” cuando sus padres hablaban de lo ocurrido.
“A los que nos fuimos al exilio la vida se nos partió en dos, tenemos dos patrias, familia y amigos en todas partes, tengo acento mexicano para hablar y siempre me preguntan de dónde vengo, porque en definitiva no sos ni de allá ni de acá”, señaló.
Manifestó que su regreso a la ciudad donde nació fue “para sanar mi raíz que fue cortada a poco de nacer”. “Vine a San Martín de los Andes a parir a mi hijo hace cinco años, y eso fue también una sanación de mi raíz”, expresó entre lágrimas.
El caso de Ubaldini y su esposa será abordado nuevamente con el testimonio de ambos el 29 de julio.
Las audiencias se retomarán el 22 de julio tras la feria judicial de invierno
Juicio Escuelita VI: "Mi esposo, a pesar de las torturas, no entregó a nadie"
Lo afirmó Teresa Oliva, secuestrada en julio de 1978 con su marido, el periodista Enrique Esteban.
Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar
“Fueron las acciones y publicaciones de los periodistas durante tres meses lo que nos salvó”, afirmó Teresa María Oliva, esposa del periodista Enrique Esteban, quien se desempeñaba como corresponsal del diario Clarín en Neuquén, y también ella víctima de la represión, durante su declaración en el sexto juicio por delitos de lesa humanidad, en el que están acusados ocho ex jefes militares y miembros de Inteligencia del Ejército y Gendarmería.
Durante más de dos horas, Oliva relató lo ocurrido a partir del 23 de julio de 1978, cuando fueron secuestrados antes de ingresar a su casa en el barrio Alta Barda. Además, describió las constantes amenazas telefónicas recibidas en su casa luego de ser liberados. En su caso, la mujer que se desempeñaba en el área de prensa de la gobernación fue liberada el día después del secuestro; en tanto, Esteban estuvo desaparecido tres meses en un lugar supuestamente de la Marina, cerca de Bahía Blanca, donde fue golpeado y torturado “dos y hasta tres veces por día”.
Oliva relató que quienes participaron del secuestro se identificaron como pertenecientes a Coordinación Federal y que los metieron en autos separados. Señaló que fue vendada, “me dijeron que si me sacaba la venda iba a ser boleta”. Fue interrogada y sus captores le pedían un listado de personas que conocía. “Me preguntaban por una suma de dinero que mi esposo le habría entregado a Luis Borri, militante político perseguido por la dictadura. “Después me dijeron que iban a trasladarme, eso me asustó porque pensaba que me iban a torturar. Además, estaba preocupada por mis dos hijas, que tenían 2 y 3 años y habían quedado en casa”, contó.
La mujer relató que fue liberada al otro día en cercanías a Ingeniero Huergo. “Estaba muy desorientada, me animé a parar un auto que me llevó hasta una terminal donde tomé un colectivo hasta Cipolletti”.
Una vez en Neuquén, Oliva denunció el secuestro de su marido y presentó un habeas corpus. “Empezó una historia de tres meses con la ayuda de periodistas que se pusieron a disposición y arriesgaron su vida para que la desaparición de Enrique se hiciera pública”.
Durante ese tiempo, dos veces por semana Oliva se dirigía al Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña para saber el paradero de su marido. “Iba al Comando y me entrevistaba con el general (José) Sexton, el mayor (Carlos) Guiñazú, y cuando ellos no estaban, con el coronel (Rubén) Castelli y (Oscar) Reinhold”, estos dos últimos, imputados en esta causa.
A principios de octubre de 1978, Esteban apareció atado y amordazado en un vehículo en una ruta en cercanías de Tres Arroyos. Oliva relató: “Cuando lo liberaron adentro de un baúl de su auto había perdido 23 kilos de peso y estaba con la misma ropa que tenía el día del secuestro”.
“Cuando nos reencontramos, Enrique me dijo que a pesar de las torturas no entregó a nadie, porque las listas de nombres que les daba a los torturadores eran de compañeros que estaban muertos”, contó Oliva.
Precisó que tras la liberación recibieron varias amenazas por teléfono. “En febrero de 1979 lo llaman, reconoció la voz de uno de sus secuestradores quien le dijo que le daban 48 horas para dejar Neuquén”. “Nos trasladamos a Buenos Aires con nuestras hijas. Las amenazas continuaron hasta 1983”. Esteban murió en 1990.
El coraje de Felipe Sapag y su hija
El día después a su liberación, Teresa Oliva recibió la visita del ex gobernador Felipe Sapag y de su hija Silvia. “Me emocionó verlo, se arriesgó a venir. Él había perdido a sus hijos. Siempre reconocí ese gesto”, relató. La sorpresa fue mayor porque al mismo tiempo llegaron a la casa de Oliva el general Sexton y el mayor Guiñazú para decirle que el Ejército no tenía que ver con el secuestro de Esteban.






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