LA GREMIAL DE ABOGADOS SALUDA A LA COMPAÑERA ANARQUISTA ANAHI SALCEDO Y A SU TREMENDAMENTE SOLIDARIA FAMILIA.
ANAHI YA ESTÁ EN SU CASA
Hace un año se detuvo a Anahí Salcedo y a Hugo Rodríguez en las proximidades de la tumba de uno de los tantos Jefes de la Policía Federal ejecutados por ser torturadores y asesinos. En este caso el tristemente célebre Coronel Ramón Falcón.
Anahí muy mal herida con varios dedos de su mano perdidos, y serias heridas en su cuerpo.
Hugo Rodríguez nunca la dejó sola.
Ambos fueron detenidos y acusados de tenencia de explosivos, intimidación pública, Asoc Ilícita y montón de delitos más.
Ese mismo día se detuvo a Marco Viola en las cercanía de la vivienda de uno de los más nefastos jueces federales (todos lo son), el Dr Claudio Bonadio.
Se lo acusó de poseer explosivos, tentativa de Homicidio, Intimidación Pública y varios otros delitos.
El Gobierno y el Juez Federal Ercolini pintaron la imputación como si hubieran encontrado una célula de casi veinte personas con estructuras, grados, etc.
Las farsas a las que nos tienen acostumbrados.
Anahí muy mal herida con varios dedos de su mano perdidos, y serias heridas en su cuerpo.
Hugo Rodríguez nunca la dejó sola.
Ambos fueron detenidos y acusados de tenencia de explosivos, intimidación pública, Asoc Ilícita y montón de delitos más.
Ese mismo día se detuvo a Marco Viola en las cercanía de la vivienda de uno de los más nefastos jueces federales (todos lo son), el Dr Claudio Bonadio.
Se lo acusó de poseer explosivos, tentativa de Homicidio, Intimidación Pública y varios otros delitos.
El Gobierno y el Juez Federal Ercolini pintaron la imputación como si hubieran encontrado una célula de casi veinte personas con estructuras, grados, etc.
Las farsas a las que nos tienen acostumbrados.
Los fiscales federales (Justicia Legítima) nos hicieron los versos de progres y la jugaron de «compañeros» de la Gremial.
Uno hasta insinuó que él mismo metió caños en su juventud.
Pero nos negaron absolutamente todo.
Lo peor fue siempre Anahi.
La sometieron entre el Juez Ercolini y el Servicio Penitenciario a la peor de las torturas.
Tirada, aislada en un calabozo. Sin atención médica sin los beneficios de cualquier otro preso.
«Para vos no, porque sos terrorista» escuchó decenas de veces Anahi.
No le ahorraron sufrimiento físico.
Los jueces federales de Lomas de Zamora donde se interpusieron Habeas no fueron menos crueles.
Pero Anahí resistió, y resistió.
Acompañada por una familia maravillosa en generosidad y solidaridad.
Y sobre todo una familia que resistió innumerables embates del Presidente del Tribunal Oral Federal 1, el Dr Grumber para que saque a la Gremial de la causa.
La Gremial dijo desde el primer día que si los jueces y fiscales se animaban a ir a un juicio les íbamos a propinar una tremenda paliza.
Porque ni siquiera estaban seguros de que delitos tenían que acusar, ni con qué pruebas contaban.
No se animaron y debieron llamarnos a negociar.
Y hoy Anahi esta en su casa con sus hijas.
Marco y Hugo a la espera de su libertad.
Estamos contentos.
Pero también sentimos algo como de sensación de que las cosas podrían haber salido mejor.
Uno hasta insinuó que él mismo metió caños en su juventud.
Pero nos negaron absolutamente todo.
Lo peor fue siempre Anahi.
La sometieron entre el Juez Ercolini y el Servicio Penitenciario a la peor de las torturas.
Tirada, aislada en un calabozo. Sin atención médica sin los beneficios de cualquier otro preso.
«Para vos no, porque sos terrorista» escuchó decenas de veces Anahi.
No le ahorraron sufrimiento físico.
Los jueces federales de Lomas de Zamora donde se interpusieron Habeas no fueron menos crueles.
Pero Anahí resistió, y resistió.
Acompañada por una familia maravillosa en generosidad y solidaridad.
Y sobre todo una familia que resistió innumerables embates del Presidente del Tribunal Oral Federal 1, el Dr Grumber para que saque a la Gremial de la causa.
La Gremial dijo desde el primer día que si los jueces y fiscales se animaban a ir a un juicio les íbamos a propinar una tremenda paliza.
Porque ni siquiera estaban seguros de que delitos tenían que acusar, ni con qué pruebas contaban.
No se animaron y debieron llamarnos a negociar.
Y hoy Anahi esta en su casa con sus hijas.
Marco y Hugo a la espera de su libertad.
Estamos contentos.
Pero también sentimos algo como de sensación de que las cosas podrían haber salido mejor.
El Tribunal, y sobre todo el Dr Grumber la castigó a Anahi y también a Marco y Hugo.
Los tres debieron estar en sus casas hace 3 meses.
Pero también sabemos las consecuencias que trae para los y las militantes quedar a merced del sistema para resolver su situación haciéndolos mandar en cana entre sí entre otras cosas que hemos visto en otras causas.
El grado de miserabilidad de este Tribunal Federal 1 fue espantoso.
Mintiendoles a los imputados y a sus familias y presionando mucho para que nos saquen de la causa.
El Fiscal del Tribunal se opuso a la Salida de Anahi y debimos contestar esa oposición con dureza.
Hoy Anahí esta en su casa.
Y esperamos que próximamente esten afuera Marco y Hugo, a pesar de que sabemos que el Servicio Penitenciario no se las hace fácil con malos informes para complicarkos.
Los tres debieron estar en sus casas hace 3 meses.
Pero también sabemos las consecuencias que trae para los y las militantes quedar a merced del sistema para resolver su situación haciéndolos mandar en cana entre sí entre otras cosas que hemos visto en otras causas.
El grado de miserabilidad de este Tribunal Federal 1 fue espantoso.
Mintiendoles a los imputados y a sus familias y presionando mucho para que nos saquen de la causa.
El Fiscal del Tribunal se opuso a la Salida de Anahi y debimos contestar esa oposición con dureza.
Hoy Anahí esta en su casa.
Y esperamos que próximamente esten afuera Marco y Hugo, a pesar de que sabemos que el Servicio Penitenciario no se las hace fácil con malos informes para complicarkos.
No hay Justicia progre o Legítima, ni hay «compañeros», entre jueces y fiscales.
Al menos nunca serán «compañeros» nuestros.
Puede que lo sean de otros colectivos de juristas o de muchos organismos de DDHH.
Pero no nuestros.
Y allá los que creen en estos jueces.
Bien entonces por Anahi y su maravillosa familia.
Al menos nunca serán «compañeros» nuestros.
Puede que lo sean de otros colectivos de juristas o de muchos organismos de DDHH.
Pero no nuestros.
Y allá los que creen en estos jueces.
Bien entonces por Anahi y su maravillosa familia.
Y la Gremial no olvidará las afrentas que sufrimos con esos jueces
Asociación Gremial de Abogados y Abogadas de la República Argentina.
Noviembre 2019
Noviembre 2019
www.gremialdeabogados.org
Los nombres que Alberto Fernández tiene en mente para su gabinete
La nómina de posibles ministros y funcionarios da cuenta de la política de alianzas que integra el Frente de Todos. Pocas mujeres ministras.
Por Felipe Yapur, 16 noviembre 2019
Posibles integrantes del gabinete nacional: Guillermo Nielsen, Santiago Cafiero, Wado de Pedro, Marcela Losardo, Malena Galmarini y María Eugenia Bielsa.
El gabinete de ministros de un presidente suele ser un reflejo de la política de alianzas que le permitió ganar las elecciones. En el caso de los elegidos de Alberto Fernández se verifica un predominio de colaboradores que tienen estrecha relación histórica con él. También están los que vienen del riñón de Cristina Fernández de Kirchner. En menor medida se nombran figuras cercanas a Sergio Massa y también algunas que surgen de la alianza con los gobernadores y sindicalistas. Cuando restan 27 días para la asunción del nuevo gobierno, Página/12accedió a la nómina de ministros y colaboradores del presidente electo del Frente de Todos con más chances de quedar en el organigrama.
En la lista de ministros a la que accedió este diario hay una cantidad importante de mujeres pero está lejos de poder considerarse un gabinete paritario. Por ahora sólo tres ostentarían el cargo de ministras: Malena Galmarini, María Eugenia Bielsa y Marcela Losardo. La primera se haría cargo del novedoso Ministerio de Igualdad y Género y la santafesina asumiría en la cartera de Hábitat y Vivienda. En tanto que Losardo, una abogada que supo compartir el estudio jurídico con Fernández, tendría a su cargo el Ministerio de Justicia.
En otros cargos, también de importancia, hay más mujeres: Vilma Ibarra se haría cargo de la estratégica Secretaría de Legal y Técnica. Victoria Tolosa Paz aparece como posible viceministra de Desarrollo Social y la pedagoga Adriana Puiggros como segunda en el Ministerio de Educación. La actual diputada del Frente Renovador, Mirta Tundis aparece como la designada para encargarse del Anses mientras que la también diputada nacional del Frente para la Victoria, Luana Volnovich, figura como futura titular del PAMI.
El lado femenino de la nómina también incluye a cuatro economistas. Cecilia Todesca, integrante del Grupo Callao, el think tank de Fernández, es licenciada en Economía de la UBA y Magister en Administración Pública de la Universidad de Columbia, de Nueva York. Ella aparece, por ahora, como asesora presidencial. En tanto que la también economista Paula Español, quien supo ser subsecretaria de Comercio Exterior en el Ministerio de Economía hasta 2015, aparece ahora como candidata a trabajar en la misma área pero en la Cancillería. También está Mercedes Marcó del Pont, quien supo estar al frente del Banco Central y del Banco Nación, se prepara ahora para afrontar la dura tarea de conducir la AFIP. Por último aparece Cecilia Nahon aunque sin destino definido.
El cargo más importante de todos los ministerios es el de jefe Gabinete. Este lugar estratégico en los gobiernos de Néstor Kirchner y CFK, parece estar indefectiblemente destinado a Santiago Cafiero, también integrante del Grupo Callao y muy cercano a Alberto Fernández. También figura Fernando Peirano para ocupar lo que será el recuperado Ministerio de Ciencia y Tecnología. Entre 2011 y 2015, fue subsecretario de políticas de esa cartera, actualmente es profesor en la UBA y en la Universidad de Quilmes. Juan Cabandié, actual diputado nacional, tiene como posible destino lo que ahora es la Secretaría de Modernización.
El Ministerio de Economía, según la nómina a la que accedió este diario, será conducido por Guillermo Nielsen. En tanto que el de la Producción recaerá en otro miembro del Grupo Callao, Matías Kulfas, quien ya tiene experiencia en la función pública. Durante los gobiernos kirchneristas ocupó la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional, fue director del Banco Nación y gerente general del Banco Central. El Ministerio de Energía quedaría a cargo de Sergio Lanziani, un ingeniero nuclear que ocupa la misma cartera en el actual gobierno de Misiones.
Entre los que repetirían los puestos que osteraron en los gobiernos kirchneristas se destacan Agustín Rossi, quien volvería a la cartera de Defensa. En tanto que Guillermo Olivieri retornaría a la Secretaría de Culto. Miguel Pesce, amigo personal de Fernández al igual que Olivieri, tiene como destino un lugar en el directorio del Banco Central. El nombre de Jorge Argüello vuelve a sonar como posible embajador en los Estados Unidos, un destino que ya ocupó. En los últimos días –por orden de Fernández– estuvo en contacto con funcionarios del gobierno de Donald Trump.
Claudio Moroni, es un viejo amigo de Fernández y se conocen desde los años noventa cuando ambos trabajaban en la Superintendencia de Seguros de la Nación. Luego fue síndico de la Nación, administrador Federal de Ingresos Públicos y todo indica que a partir de diciembre ocupara la cartera de Trabajo. Por ahora, la conducción de la CGT está contenta con esta posibilidad. Otro viejo amigo de Fernández es Gustavo Beliz quien figura como posible asesor presidencial.
Para el Ministerio del Interior figura uno de los referentes de La Cámpora que logró transformarse en uno de los principales colaboradores del presidente electo: Eduardo Wado de Pedro. La Cancillería estaría a cargo del ex gobernador Felipe Solá, mientras que el Ministerio de Desarrollo Social lo atendería Daniel Arroyo. La cartera de Educación estaría en manos del actual rector de la UMET, Nicolás Trotta. Para el Ministerio de Cultura suena el cineasta Tristán Bauer.
La cartera de Seguridad sería ocupada por el massista Diego Gorgal, en tanto que el de Infraestructura recaería en el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis y el de Salud en el tucumano Pablo Yedlin, que responde al gobernador Juan Manzur. Otro ministeriable es Gabriel Delgado que aparece como posible ministro de Agricultura. Hasta 2015 Delgado fue secretario de Agricultura Ganadería y Pesca de la Nación.
Por otra parte, Remo Carlotto ocuparía la Secretaría de Derechos Humanos y Francisco «Pancho» Meritello estaría al frente de la Secretaría de Medios. Quedan sin definir el destino de Julio Vitobello, amigo íntimo de Fernández que supo trabajar con él en los años que el presidente electo era jefe de Gabinete. En la misma situación se encuentran Natalia de la Sota e Isella Constantini.
Alberto Iribarne, quien fue ministro de Justicia de Néstor Kirchner y amigo íntimo de Fernández, tendría la responsabilidad de hacerse cargo de la Agencia Federal de Inteligencia. Por último, en la nómina de Fernández aparece el juez Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación.
Por Ricardo Ragendorfer/ 16 de noviembre 2019 .–
La negativa oficial a calificar de «Golpe» a la fractura y usurpación institucional en Bolivia reveló las debilidades geopolíticas e ideológicas del modelo macrista.
La violencia golpista en Bolivia no se había aquietado con la renuncia de Evo.
Las hordas fascistas estaban de carnaval. Los ataques incendiarios y saqueos en casas de funcionarios del proceso de cambio y dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS), aderezados con algunos linchamientos, crecían durante la tarde del 10 de noviembre en proporción geométrica.
En ese mismo momento, desde Buenos Aires, el secretario de Derechos Humanos y Pluralismo cultural, Claudio Avruj, y el diputado oficialista Waldo Wolff manifestaban en Twitter su beneplácito por esos acontecimientos.
Quiso el destino que justo aquel día se cumpliera el octogésimo primer aniversario de la Kristallnacht (la Noche de los Cristales Rotos), nombre que evoca los ataques incendiarios y saqueos en casas y comercios de ciudadanos judíos en la Alemania nazi, aderezados con algunos linchamientos. Una faena cometida por las SA y turbas civiles con la bendición de las autoridades.
Vueltas de la vida: los antepasados de Avruj y Wolff fueron víctimas de dicho pogrom.
En tanto, otro hecho mantenía en vilo al presidente Mauricio Macri: el dramático y a la vez venturoso empate de Boca ante Vélez que le permitió al club de sus amores llegar a la cima de la tabla. Recién en la mañana del lunes, aún adormilado y sin detenerse al ingresar a una reunión de gabinete, farfulló por compromiso: “Todos estamos preocupados por Bolivia”.
Fue su canciller Jorge Faurie quien tuvo la responsabilidad de expresar la posición oficial ante el putsch en el país vecino: “No hay ningún elemento para describir esto como un golpe de Estado porque las Fuerzas Armadas no han asumido el poder”.
Había que oír a ese diminuto sujeto de mirada perruna en su cruce radial con Luis Novaresio, obligado a una acrobacia discursiva digna del inolvidable Fidel Pintos. Ya sumido en el ridículo, asimiló con forzada entereza la última pregunta del entrevistador: “¿De verdad sostiene esto porque lo cree o no tiene más remedio porque el gobierno se lo pide?” No hubo respuesta.
Al rato, el presidente electo Alberto Fernández dijo de él: “Faurie es un hecho desgraciado en la historia de la diplomacia argentina”.
Lo cierto es que la notable incompetencia del Poder Ejecutivo saliente hizo que Fernández se anticipara en su rol de estadista. Sus profusas gestiones telefónicas ante los mandatarios regionales fueron determinantes para salvar la vida de Evo y conseguir que partiera hacia México con su vice, Álvaro García Linera. Una trepidante epopeya plagada de obstáculos imprevistos, en la cual la actitud solidaria del presidente azteca, Andrés Manuel López Obrador, no fue un hecho menor.
En paralelo, el titular del Sistema Federal de Medios, Hernán Lombardi, efectuaba su contribución al negacionismo macrista al impartir a los directivos de Radio Nacional y TELAM la orden de no denominar “golpe de Estado” a lo que sucedía en Bolivia.
También en paralelo, ya recorría el mundo la foto de la autoproclamada presidenta Jeanine Añez con una Biblia entre las manos, cuando un alto jefe militar le colocaba la banda tricolor en un recinto parlamentario con solo cinco legisladores en sus bancas.
La elocuencia de esa imagen le causo al Poder Ejecutivo argentino otro problemita lingüístico a la hora de reconocer la legitimidad de la usurpadora, ya que su llegada a la presidencia no tuvo la venia de la Asamblea Legislativa. Y tras un incesante tráfico de consultas telefónicas entre la Casa Rosada y el Palacio San Martín, el diligente Faurie encontró la solución: considerar –por ahora– a la señora Añez con como una “referencia de autoridad”.
Tal ocurrencia movió a risa a diputados y senadores de la oposición que el miércoles sesionaron para tratar el proyecto de repudio al golpe de Estado en Bolivia. En ambas cámaras se aprobó el texto del Frente de Todos –el cual, además, insta al gobierno a conceder asilo a quienes lo soliciten–, mientras los legisladores de Cambiemos se abstuvieron de votar (con la honrosa excepción del diputado Daniel Lipovetzky).
La valoración de esta tragedia histórica no solo posee una importancia ética, dado que lo sucedido en Bolivia reconfigura el mapa político de toda la región. También condiciona al futuro gobierno de la Argentina.
Ya han corrido ríos de tinta sobre la diferencia de los “golpes blandos” –que liquidaron a gobiernos como el de Fernando Lugo en Paraguay y el de Vilma Rousseff en Brasil– con el complot que derrocó a Evo. Es obvio que el caótico devenir de los hechos no formaba parte del plan urdido por quienes encabezaron la conspiración. La pregunta es si en realidad habían previsto un escenario que no se limitara únicamente al derrocamiento y la persecución del presidente constitucional, junto con la dirigencia del proceso de cambio. Por tal motivo quizás transcurrieron 72 horas desde aquel ominoso logro hasta la torpe entronización de Añez. Pero no hay dudas de que el bloque golpista está integrado por sectores civiles, empresariales, religiosos, policiales y también castrenses. De modo que este golpe confirma algo que se suponía superado: el retorno de la cuestión militar en América Latina. Nada menos.
* Revista Zoom
Envio:RL
La historia del "canciller de carrera"
Jorge Faurie, el hecho desgraciado
El hombre formado en asuntos de ceremonial y protocolo que se niega a hablar de Golpe de Estado cuando ocurre un golpe de estado en Bolivia y que acepta los insultos de Jair Bolsonaro al presidente electo de la Argentina. Un ministro de Asuntos Exteriores que deja escasos logros y muchos amigos en la lista de ascensos.
Por Karina Micheletto
Imagen: Bernardino Avila
Cuando Jorge Faurie fue nombrado canciller en reemplazo de Susana Malcorra en 2017, su gran carta de presentación fue la de ser un “diplomático de carrera”. Así lo anunciaron, con pompa y circunstancia, los grandes medios. Llegaba un hombre de “la casa”, antes que un mortal político. El rótulo deslizaba un saber hacer que ubicaría a quien lo porta en las altas esferas de la diplomacia y la geopolítica. Por eso muchos se sorprendieron cuando el canciller mostró argumentos tan débiles y simplones para justificar que la Argentina no hablaría de golpe de estado en Bolivia, o un poco antes, no se pronunciaría sobre los dichos de su par brasileño tras la victoria de Alberto Fernández (“las fuerzas del mal lo están celebrando”). Ocurre que la carrera de este diplomático de carrera se formó principalmente en los asuntos de ceremonial y protocolo, área seguramente no menor tratándose de Cancillería, pero poco embebida de los asuntos concretos de la política exterior.
“Faurie es un hecho desgraciado en la historia de la diplomacia argentina”, lo definió sin medias tintas el presidente electo, luego de que éste sostuviera que Bolivia “está en un impasse” y que “no hay ningún elemento suficiente”, para hablar de golpe de estado. Cuando comenzaron las protestas en Chile sembró la amenaza de un “huracán bolivariano” que “nos va a traer hambre, pobreza, falta de libertad y dictadura" en la Argentina. A principios de año se apuró a reconocer a Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela, y más tarde a una embajadora sin atributos diplomáticos de un gobierno que no existe. Hace unos días, en pleno temblor regional, trascendió su reunión con Amalia Granata, con quien “dialogó sobre la transición y el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea”. Dejará su cargo con una imputación por traición a la patria, junto a Mauricio Macri y Guillermo Dietrich, por el acuerdo con Gran Bretaña que autorizó vuelos semanales de Latam desde Brasil a las Islas Malvinas.
¿Qué significa, en su caso, ser diplomático de carrera? Nacido el 24 de diciembre de 1951, Faurie se recibió de abogado en la Universidad Nacional del Litoral en 1974. Cursó luego los dos años de formación en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación, por entonces recientemente creado. Dentro de la carrera diplomática, trajinó la estricta sucesión burocrática. Hombre de Carlos Ruckauf (y luego de Fulvio Pompeo, principal asesor en política internacional de Mauricio Macri), tuvo un traspié en 2002, cuando fue echado de la vicecancillería luego de que la Oficina Anticorrupción lo denunciara por ocultar una sociedad con Ramón Hernández, el secretario privado de Carlos Menem, conocido como el escándalo de las cuentas en Suiza. Designado en 2002 como embajador en Portugal, se mantuvo en ese cargo hasta 2013. Cuando fue convocado por Macri como canciller, estaba en Francia.
La particularidad, en su caso, es que casi toda la carrera para llegar a estos cargos la hizo en el área de ceremonial y protocolo de Cancillería, en estrecho contacto con Presidencia. Quienes conocen su desempeño coinciden en que ha sabido sacar valioso jugo al roce que otorga esta área y el lugar de poder que significa, por la cercanía que habilita a los personajes “importantes”. Coinciden también en su eficiencia, tanto para la preparación impecable de toda recepción y gala, como en su habilidad para “conseguir lo que sea” al visitante ilustre en cuestión. Oficios, ambos, bien valorados en la diplomacia cotidiana. “Como buen mayordomo, se sabe ubicar y siempre llega a las fiestas importantes”, define con malicia alguien que lo ha visto en acción.
Si hay otra coincidencia en los relatos sobre su condición de “diplomático de carrera”, es en el trato que supo dispensar dentro de Cancillería: déspota hacia abajo, servicial hacia arriba. Gritos sacados por un florero mal puesto, represalias porque el auto no llegó a tiempo, empleados que salen llorando de las reuniones, son relatos habituales al punto de que la crónica de algún gran diario los recoge con sutileza. “Ha sido muy exitoso en su experiencia en ceremonial, porque un hombre perfeccionista y que resuelve problemas. Y además siempre ha sido un gran chupamedias”, sintetiza otra fuente cercana.
Tuvo su momento estelar con aquel célebre audio de WhatsApp en el que, “quebrado en llanto”, le informó a Macri un acuerdo Mercosur-Unión Europea que era apenas un comienzo de entendimiento que fue muy criticado. “Le felicito. En su presidencia se logró. 20 años de negociación. Tenemos acuerdo Unión Europea-Mercosur", transmitieron los diarios que le dijo, “quebrado, con silencios y lágrimas de por medio”. Fue un momento vendido como épico, bien aprovechado para el protagonismo.
Hubo otro hecho inédito en su gestión: la Asociación Profesional del Servicio Exterior de la Nación (APSEN), que nuclea a los diplomáticos de carrera, salió a desmentirlo pública y enfáticamente: "Seguimos con atención la situación de los funcionarios diplomáticos que están asistiendo a los argentinos en la Embajada y nuestros seis consulados en Bolivia, a raíz de la violencia y el golpe de Estado que depuso al Presidente Evo Morales, el cual condenamos", indicó la Asociación en Twitter, minutos después de la conferencia de prensa que había dado el canciller.
Se va con más amigos de los que vino: Antes de emprender la retirada, dejó una lista de funcionarios a ascender en el Palacio San Martín, para su aprobación en el Senado antes del recambio. Quienes cuestionan en la Cancillería la decisión denuncian que la lista fue “cuidadosamente depurada” para que la nómina “no incluya a funcionarios sospechados de sus cercanías con el peronismo”. Faurie fue un hombre preocupado, hasta el último minuto, por la carrera diplomática.
Fuente:Pagina12
Tras el golpe en Bolivia y en medio de los procesos de inestabilidad política en la región, el presidente electo analiza un programa de 3 ejes centrales para las Fuerzas Armadas.
Por Nicolás Lantos
Alberto Fernández tiene, ahora, un problema más. Cuando asuma el gobierno, el 10 de diciembre, no solamente deberá ordenar la ecuación macroeconómica desvencijada, atender a las urgencias de una sociedad que extremó su paciencia durante dos años de estanflación macrista y negociar nuevas condiciones para el pago de la deuda externa más grande de la historia. A su lista de preocupaciones acuciantes debe agregarle, a partir de los sucesos de la última semana, procurar que no lo derroquen. El golpe de Estado en Bolivia no resulta sorpresivo ni novedoso; pero sí llama la atención la reticencia de un sector del establishment político y mediático a llamarlo por su nombre y condenarlo. Lo que está en cuestión, por primera vez desde 1983, es el consenso del Nunca Más. El contexto regional, en el que Bolsonaro y sus aliados protagonizan un crescendo de violencia y violaciones de los derechos humanos, aviva el riesgo. El presidente electo tomó nota de estas circunstancias y se dispone para actuar en consecuencia.
El derrocamiento de Evo Morales por parte de la ultraderecha boliviana no fue, como asegura la narrativa conservadora, un hecho aislado en la historia reciente de América Latina. Aunque menos numerosos que durante el siglo pasado, en los últimos diecisiete años la región fue escenario de ocho golpes de Estado, prácticamente uno cada dos años. El episodio que dio comienzo a esta serie fue el intento de destituir a Hugo Chávez en Venezuela en 2002, sofocado después de 48 horas. En 2004, el presidente de Haiti Jean-Bertrand Aristide tuvo que dimitir después de un ultimatum del ejército. En 2008, Morales había enfrentado otro alzamiento en su contra por parte de los sectores ricos y blancos del oriente boliviano. El ecuatoriano Rafael Correa estuvo secuestrado por un motín policial durante varias horas en 2010. En Bolivia como en Ecuador fue crucial la intervención de Unasur para sostener el orden constitucional y preservar la paz. A partir de entonces, los métodos que adoptó la derecha se volvieron más sofisticados y efectivos.
En 2012, el presidente paraguayo Fernando Lugo fue destituido tras un juicio político express que duró menos de 48 horas y no cumplió con las garantías mínimas para la defensa. La coalición que lo había llevado al gobierno, amplia y heterogénea, estalló en el Parlamento, dejándolo a la merced de los conspiradores. Algo parecido le sucedió a la brasileña Dilma Rousseff, en 2016, cuando a fuerza de reacomodamientos parlamentarios fue depuesta en un impeachment construido sobre una irregularidad administrativa. Ese día saltó al estrellato un ignoto diputado y ex militar que dedicó su voto al torturador de Rousseff durante la dictadura. Su nombre: Jair Bolsonaro. En ese caso, el golpe se completó con la persecución y proscripción de Lula en las elecciones que llevaron a ese diputado al poder, dos años más tarde. Así como en Paraguay se puso a prueba el método de golpe institucional que luego se perfeccionó en Brasil; la elección fraudulenta de Bolsonaro sentó las condiciones para lo que está pasando ahora en Bolivia. Todavía no conocemos el último eslabón de esa cadena.
A partir de la llegada al poder del exmilitar brasileño las Fuerzas Armadas comenzaron a ganar peso en las decisiones políticas de varios países de la región, un fenómeno que quedó en evidencia recientemente, cuando en el lapso de pocas semanas protagonizaron el golpe contra Evo Morales; oficiaron como árbitros en el conflicto constitucional entre el presidente Martín Vizcarra y el parlamento peruano; formaron parte de los enormes operativos de represión montados por Lenin Moreno, en Ecuador y Sebastián Piñera, en Chile, donde además fueron denunciados por la comisión de asesinatos extrajudiciales, secuestros y torturas, algo que ahora se repite en Bolivia. En Uruguay, el partido Cabildo Abierto, con el exjefe del Ejército Guido Manini Ríos a la cabeza, obtuvo el once por ciento de los votos y un puñado de bancas legislativas en las últimas elecciones. Esto no pasó desapercibido para Alberto Fernández, que ya le pidió al exministro de Defensa Agustín Rossi que trabaje ese tema con una consigna: la cuestión militar vuelve a ser de alta prioridad para la política Argentina.
Aquí, la marca que dejó la última dictadura todavía pesa sobre la sociedad de una manera que no tiene equivalencia en otros países de la región. La marcha que hizo retroceder el fallo de la Corte Suprema que beneficiaba con una reducción de pena a los culpables de delitos de lesa humanidad es una muestra de ese límite. Pero también es cierto que los límites se desdibujan a velocidades que no hubiéramos imaginado hace pocos años. Todos los días los títulos de las noticias se encargan de recordarlo. La decisión de Mauricio Macri de no reconocer ni mucho menos condenar el derrocamiento de Morales no solamente rompe una larguísima tradición multipartidaria sino que abre la puerta de la política argentina a hipótesis que parecían desterradas desde hace mucho tiempo. El acompañamiento de esa posición por parte de bloques significativos en el Congreso manifiesta que Macri y el exiguo canciller Jorge Faurie no están solos. Al negar que haya habido un golpe de Estado admiten esas prácticas en su menú. Desde diciembre serán oposición.
El debilitamiento del consenso del Nunca Más por ahora alcanza a un espectro minoritario del arco político: además del peronismo y la izquierda, casi toda la UCR, el Partido Socialista, algunos legisladores y dirigentes del PRO y muchas fuerzas provinciales respaldaron a Morales, al igual que la CGT, los diplomáticos de carrera, los trabajadores de varios medios cuya línea editorial corre en otro sentido y amplios sectores de la sociedad civil que volcaron su apoyo a través de solicitadas y manifiestos. Pero eso no significa que el discurso negacionista no haya vuelto a instalarse en la Argentina. Sin ir más lejos, en los debates presidenciales dos candidatos de los cinco que participaron hicieron reivindicaciones abiertas de la última dictadura y un tercero, por pescar entre los votos de aquellos, acercó su discurso peligrosamente a esas orillas. A treinta y seis años de la recuperación de la democracia y mientras Argentina cursa su cuarta alternancia democrática consecutiva, el huevo de la serpiente parece estar incubando otra vez.
Acuciado por las urgencias de la sociedad argentina y una economía al borde del colapso, Alberto Fernández deberá hacer equilibrio en una situación crítica. La precariedad social de la Argentina es el caldo de cultivo ideal para estallidos sociales, espontáneos o planificados, sobre los que luego se pueden montar intentos de desestabilización. Si no reduce de forma rápida y permanente el hambre en el país, le resultará difícil oponer resistencia a cualquier ataque contra su investidura. La experiencia boliviana indica, sin embargo, que ni siquiera una brutal mejora de las condiciones de vida de la sociedad te exime de ser víctima de un golpe de Estado. Tampoco te salva adoptar las políticas que sugiere el Departamento de Estado o el FMI: el bruto ajuste que aplicó Dilma Rousseff en su segundo mandato no solamente no la salvó de ser depuesta menos de dos años más tarde sino que colaboró (junto con el lawfare) en el divorcio entre el PT y la sociedad, que luego pavimentó la llegada al poder de Bolsonaro.
No existe una vacuna ni una fórmula que sirva para prevenir los derrocamientos. Pero el gobierno entrante actuará sobre tres pilares para fortalecer el Estado de Derecho. En primer lugar, consolidar la conducción civil de las Fuerzas Armadas, reconstruyendo el entramado legal que Macri deshizo. Por caso: se repondrá el decreto de Raúl Alfonsín que le quitaba a la jefatura castrense facultades políticas sobre ascensos y traslados y que fue derogado a comienzos del último gobierno. El segundo eje pasa por reorientar la Defensa para alejarla de la agenda que se diseña en Washington. Ni el presidente electo ni el futuro ministro dudan de que Estados Unidos ha colaborado con cada uno de los episodios de interrupción de la institucionalidad en la región. Será un desafío endurecer el vínculo en este asunto sin comprometer la negociación por la deuda, pero resulta imprescindible encararlo. El tercer punto: darle a los militares un rol claro y activo en el desarrollo del país, a partir de un trabajo enfocado en la defensa de recursos naturales, el desarrollo científico y la producción.
Las mismas precauciones deberán tomarse respecto al accionar de las Fuerzas de Seguridad, protagonistas de muchas de las asonadas en los últimos años, asumiendo un rol de vanguardia represiva mientras los militares muchas veces se repliegan a tareas estratégicas. Los planes para un Consejo Federal de Seguridad siguen en marcha aunque el ánimo reformista del nuevo organismo puede haber perdido algo de impulso en el marco de las novedades regionales. En paralelo, surgió con fuerza en los últimos días la hipótesis de que el cargo más importante en esa materia quede en manos de Diego Gorgal, un hombre de vínculos muy estrechos con la DEA, la agencia de lucha contra el narco de los Estados Unidos, que muchas veces funciona como tapadera de otra agencia. Es difícil que el Presidente electo ponga una fuerza como Gendarmería, mejor pertrechada que el Ejército, bajo la zona de influencia del Departamento de Estado. No por razones ideológicas, sino más bien por todo lo contrario.
Fuente:ElDestapeLa política exterior de Cambiemos
Mauricio Macri hizo todo para agradar a EE.UU
A lo largo de cuatro años el presidente Macri se encolumnó acríticamente con Washington. Se obsesionó con Venezuela y eludió condenar el golpe en Bolivia
Por Werner Pertot
Macri impávido ante el desplante de Trump en el G20.
"O se está con la dictadura o se está con la democracia. La neutralidad es avalar la dictadura." La frase, tajante, tiene como autor al presidente Mauricio Macri. No se refería al golpe de Estado en Bolivia, que no condenó. Ni tampoco a las represiones en Chile o en Ecuador, ambas avaladas por su Gobierno. No: hablaba de Venezuela, por supuesto. La política exterior de Macri en estos cuatro años mostró un alineamiento con Estados Unidos que lo llevó a no ver violaciones a los derechos humanos en ninguna otra parte que dentro de las fronteras del país que gobierna Nicolás Maduro, al que calificó de dictador y le exigió que renuncie. Sus principales hitos, el G20 en Buenos Aires que hizo llorar a Macri o el acuerdo Mercosur-Unión Europea, dejan cero consecuencias tangibles. Al llegar al Gobierno el proyecto de Macri era un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que fue frustrado por la llegada de Donald Trump y su política proteccionista al poder.
Lo de Bolivia no debería sorprender: Macri tiene una historia ya en eso de hacer la vista gorda cuando ocurren violaciones a los derechos humanos en países gobernados por aliados. Toda su condena a esos hechos, como muestra la frase que inicia esta nota, parece haberse consumido en Venezuela. Así como Macri no condenó el golpe de Estado en Bolivia, sino que hizo un rechazo general y en abstracto a "la violencia", cuando comenzó la represión en Chile guardó idéntico silencio.
Chile y Ecuador
No obstante, otros funcionarios de su Gobierno hablaron por él. Fue el caso de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien puso en duda que los muertos fueran por la represión. "El intento de desestabilización de las democracias, el intento de destrucción de la democracia, lo mismo pasó en Ecuador, no se puede comparar con un régimen que cierra el parlamento”, justificó Bullrich, una de las ministras preferidas de Macri, que también avaló la frase por la que Sebastián Piñera tuvo que pedir perdón: cuando dijo que estaba en guerra. “Piñera está en guerra. ¿Cómo está si no? Si le están incendiando medio país¿En Chile qué hay acaso? Un intento de hacer caer ese Gobierno", sentenció Bullrich. En ese caso no les costó hablar de intento de golpe de Estado.
En plena campaña, Alberto Fernández se ocupó de señalar la contradicción: "En este país andan buscando dictadores por todos lados. Piensen ustedes que en dos días de conflicto murieron 11 personas y hay más de 800 detenidos. Piensen si esto hubiera pasado en Venezuela en el presente, ¿qué hubiera dicho Argentina, qué hubiera dicho el mundo, qué hubiera dicho Macri?", remarcó.
Lo mismo ocurrió con Ecuador, a cuyo presidente Lenin Moreno respaldó públicamente el gobierno de Macri cuando reprimió a la población y encarceló opositores. La declaración de la Cancillería argentina en ese momento fue que seguía "atentamente el desarrollo de los acontecimientos que vienen alterando el orden público" en Ecuador, rechazó los "intentos que buscan desestabilizar el país y afectar su institucionalidad". El canciller Jorge Faurie aseguró que el problema eran "los agitadores del correismo financiados por el madurismo". Los culpables eran Rafael Correa y Nicolás Maduro y a otra cosa.
Venezuela, mi obsesión
Venezuela fue, en línea con la política de Estados Unidos para la región, casi una obsesión para Macri. Hizo prácticamente todo lo que estuvo a su alcance para terminar con el gobierno de Maduro, al que no dudó en calificar de "dictador". Hace poco reconoció a la embajadora de Juan Guaidó, el presidente autoproclamado de Venezuela a quien el Gobierno argentino sigue considerando el representante legítimo. Desde el Grupo de Lima hizo todos los llamados para conseguir la salida de Maduro.
En contraste, Macri nunca vio situaciones irregulares en Brasil, donde su relación con Jair Mesias Bolsonaro fue buena desde el comienzo. Mucho antes de que el presidente de Brasil hiciera campaña por Macri y amenazara a los argentinos si votaban a Alberto Fernández con todo tipo de sanciones, ya le había hecho un guiño a Macri: "Ante todo, un abrazo a Macri, que terminó con la Dilma Kirchner", se sonrió. Solo tuvieron unos pocos choques al comienzo, cuando el canciller de Bolsonaro ninguneó a la Argentina y al Mercosur. Lo cierto es que rápidamente se pusieron de acuerdo, Macri viajó a Brasil y luego recibió a Bolsonaro en Buenos Aires. De hecho, uno de los últimos viajes de Macri, el 5 de diciembre, será a encontrarse con su aliado en Porto Alegre, en la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur.
Mucho antes de que ganara Bolsonaro, Macri había eludido pronunciarse, como sí hicieron otros mandatarios, contra el impeachment a Dilma Rousseff. "Ante los sucesos registrados el día de hoy en Brasil, el Gobierno argentino manifiesta que respeta el proceso institucional verificado en el hermano país y reafirma su voluntad de continuar por el camino de una real y efectiva integración en el marco del absoluto respeto por los derechos humanos, las instituciones democráticas y el derecho internacional", fue en ese momento el comunicado de la Cancillería. Lo paradójico es que, en un primer momento, Macri había buscado tender puentes por Rousseff, había sido su primera visita internacional. Apenas cayó ella, no mostró pruritos en ser el primer país en recibir al canciller de Michel Temer, José Serra, y luego al propio Temer. Lo acompañó, incluso, cuando perdía legitimidad interna y las causas de corrupción lo acechaban.
G20, momento de brillo
Pero los momentos de gloria para Macri fueron, sin dudas, el G20 organizado en Buenos Aires, que paralizó por días la Ciudad, y el acuerdo con la Unión Europea, que por ahora sigue en duda de si se concretará. En el primer caso, Macri se codeó en encuentros de gala con los líderes mundiales en lo que seguramente recuerde como lo mejor de su gobierno. Se permitió, incluso, llorar en el Colón. Ya estaba en plena crisis económica, pero los cocteles con figuras internacionales se insuflaron energía a Macri. Siguió hablando de ese momento perfecto durante meses. Lo intentó usar incluso durante la campaña. Faurie llegó a decir que si a Macri lo votaran afuera de la Argentina, ganaría por paliza. No está claro si se dio cuenta, en ese momento, lo que estaba admitiendo.
El acuerdo del Mercosur con la Unión Europea fue otro momento de lágrimas, pero para Faurie. La política exterior -en especial con el primer mundo- suele sacar las emociones del gabinete de Macri, mucho más que la situación social de la Argentina. Si bien apenas anunciado (y festejado) el preacuerdo empezó a tener problemas, como las objeciones de Francia y el boicot de Bolsonaro, Macri lo siguió defendiendo hasta hace poco: "El acuerdo Mercosur- UE es un desafío para que los argentinos se puedan superar", señaló Macri frente a empresarios cristianos, hace algunos días.
Planes frustrados con EEUU
En verdad, el proyecto internacional de Macri comenzó orientado a lograr tratados de libre comercio con diversos países, pero sobre todo con Estados Unidos. Y por un tiempo su sueño parecía funcionar: recibió al presidente Barack Obama en Buenos Aires, en una visita que lo obligó a esconder su caracter fuertemente refractario a los organismos de derechos humanos. Tuvo que acompañar al presidente estadounidense al Parque de la Memoria, donde Obama hizo un homenaje a los desaparecidos y a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Macri optó en ese caso por referirse a la dictadura como una época de "división de los argentinos".
Pero los planes de Macri, que apostó muy abiertamente a una continuidad demócrata con Hillary Clinton, cambiaron con la llegada de Donald Trump al poder. Hasta allí, venía explorando distintas vías para un TCL, incluído el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Esa estrategia se vio frustrada con la renovada política proteccionista de Trump, que optó por apoyar a Macri en momentos concretos, mientras en otros se burlaba de su pretensión de venderle limones. Macri termina su mandato sin el tratado que buscó con Estados Unidos y con el de la UE en stand by.
Fuente:Pagina12





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