21 de diciembre de 2019

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El problema del Estado: El Estado mercancía (1)
Marcelo D. Cornejo Vilches / Resumen Latinoamericano / 20 de diciembre de 2019
A propósito del llamado proceso constituyente algunas consideraciones teóricas
Este artículo está dedicado a Esteban Bustos, uno más de los casi tres mil prisioneros políticos que pagan con cárcel el alzamiento proletario en las cárceles de la burguesía.
El Estado tiene una base material, ese es el crudo pecado que las teorías políticas liberales pretenden esconder bajo el concepto de “nación”. Al mismo tiempo, como parte de su contradicción asumen que el territorio es la dimensión donde se objetiviza y concreta el poder. Sin embargo, tras la crítica a la economía política de Marx, que los liberales prefirieron obviar para enclaustrarse en la ideología librecambista y mercantilista, el proceso de valorización del capital quedó develado como la sustancia histórica y material del Estado, suplementaria del territorio en que se efectiviza el poder. De paso, cayó en la amnesia total el origen de la comprensión del Estado, la economía política.  
El capitalismo se caracteriza por el incremento y apalancamiento de instrumentos de deuda tanto públicos como privados. Gran parte de la deuda privada es asegurada y solventada por el Estado, pero, ¿de qué depende la capacidad de endeudamiento de los Estados?, el acceso a los mercados de capitales, así como el mercado monetario, el mercado de tipos de cambios, el mercado de tasas de interés, el de materias primas y el de productos derivados está condicionado por los indicadores de riesgo financiero. Una serie de entramados jurídicos, leyes, tratados, contratos, instituciones transnacionales, acuerdos, sirven para elaborar la tolerancia de los procesos de valorización locales a la inyección y circulación de la deuda.  La clase social a la que sirve el Estado  maneja el circuito de reproducción y ampliación del capital integrando al Estado en el proceso de valorización mismo del capital en una escala local y mundial. Si seguimos el esquema D-M-D        D`-M`- D`, descubrimos que este papel no es exclusivo de Chile sino de todos los Estados burgueses del mundo, por tanto es una de las características del mercado mundial de capitales el hecho que el Estado participe a través de los impuestos, la deuda pública, la renta absoluta, el resguardo jurídico de la propiedad privada, la intervención en los circuitos y circulación de capital dinero por medio de Bancos Centrales ligados a entidades internacionales que a la vez que garantizan la existencia de un mercado mundial de valores cada vez más integrado, al mismo tiempo lleva en su seno las aspiraciones e intereses contradictorios de los distintos bloques regionales de Estados burgueses, sectores y ramas de producción enfrentados a la desigualdad entre distintos niveles de productividad y condiciones en que opera la ley del valor; bloques regionales de Estados burgueses que garantizan la participación de las burguesías locales luchando por acoplarse de la manera menos desventajosa en la obtención de distintas fracciones de plusvalía para sus capitales de aquel fondo mundial común de ella misma presente en el mercado mundial. Esta misma actuación, de entidades internacionales que aglutinan a varios bloques de Estados coordinados para garantizar la participación de la burguesía en el reparto mundial de capital en su forma de renta, plusvalía y dinero, lleva en su vientre la unidad de la contradicción entre la integración mundial de la burguesía y simultáneamente las tensiones geopolíticas entre los diversos bloques regionales.  Por cierto, no se debe perder de vista que los impuestos, la moneda, el deuda son parte de la plusvalía, es decir es tiempo de trabajo socialmente necesario extraído de la explotación capitalista y distribuido como plusvalía por el Estado.
En la sociedad capitalista son las relaciones sociales materiales de explotación y dominación las que explican un tipo determinado de Estado, ¿cómo construir hegemonía sin poder político real, sin cambiar radicalmente las relaciones sociales? ¿qué sentido tiene discutir o deliberar sin la posibilidad de aplicar, concretar y materializar la acción y el discurso?, ¿se puede disputar la hegemonía burguesa sin la acción política real y concreta de los explotados?, ¿cómo se hace para que las clases hegemónicas pierdan su preeminencia y obedezcan o se sometan a la voluntad popular? No es posible hablar de hegemonía (en el sentido de Gramsci) sin hablar al mismo tiempo de lucha de clases.  Plantearse la creación de una nueva constitución sin pretender tomar el control y dominio de los procesos de valorización del capital, sin desafiar la propiedad privada de los grandes medios de producción, es simplemente iluso y casi criminal. En efecto, el ciudadanismo (estilo Boric, Frente Amplio, Revolución Democrática) promueve una política de fachada, de apariencia, de participar sin decidir, de discutir sin convertir la voluntad en acción, en proceso y contenido político real. El llamado Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución que promueve la impostura de una Convención Constituyente en lugar de una Asamblea Constituyente (donde la primera carece del poder soberano que tiene la segunda) es el tipo de práctica política formal desprovista de potencial histórico real. Es sólo la palabra desarmada e inerme frente a sus verdugos pues no se aborda el problema de quién ejerce el poder efectivo. Por ejemplo, asumamos que es posible crear una constitución que responda a las demandas enarboladas por la Mesa de Unidad Social, ¿a quién vamos a recurrir para que se haga carne la constitución: a los carabineros, a las fuerzas armadas, a la OEA, a Estados Unidos? la  incapacidad de lograr una síntesis entre teoría y práctica deriva en otra peor, la inhabilidad que separa hegemonía y lucha de clases y la separación entre la capacidad de reunirse a deliberar y la forma en que debe ser impuesta las decisiones de dichas deliberaciones. En definitiva, separar lo social de lo político y lo político del poder. 
Actualmente la discusión sólo considera la disputa entre el firmamento mercantil versus el universo del Estado Social de Derecho. La frustración del ciudadano mercantil genera la aparición de los “mesías”, ese individuo arropado de sombra fascista que asegura violentamente las bases del capitalismo revitalizando el orden de las jerarquías sociales mediante la defensa de la propiedad privada. Este tipo de individuos legitima a una autoridad que adquiere como función máxima asegurar y garantizar la propiedad privada sobre la que se teje la enajenación y alienación social.   En términos marxistas, se trata de ajustar todos los mecanismos posibles que hagan efectiva la enajenación o separación de la masa de asalariados respecto de los productos. Marx expresó esta idea, en sus Manuscritos de 1844: «El objeto que el trabajo produce, su producto, se presenta como algo opuesto a él, como una fuerza independiente del productor«. Es en este contexto que formulo algunas tesis sobre el Estado que podrían ser de cierta utilidad para quienes disputan, batallan y guerrean contra el sistema económico, político y social que nos domina.
En mis planteos realizados desde la Acumulación de Capital en Chile (tercera edición), se establece como tesis central la siguiente: el desarrollo del capitalismo ha descansado en la agudización de la contradicción entre proceso de trabajo y proceso de valorización. A mi juicio, son pocos los marxistas que han tomado el peso a Marx cuando en el capítulo uno de la mercancía (tomo I) señala tajante lo siguiente: «Nadie hasta ahora, había puesto de relieve críticamente este doble carácter del trabajo representado por la mercancía. Y como este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de la economía política, hemos de detenernos a examinarlo con cierto cuidado» (El Capital, Tomo I, pág., 9 FCE, 1973). En lo esencial lo que sigue es cómo el valor de uso (proceso de trabajo) – contenido del valor-y el valor mismo (proceso de valorización del capital) se trenzan y se enfrentan-, y cómo la forma y el contenido de la mercancía no sólo entran en contradicción sino que esta transmuta a «todo el proceso social de producción en su conjunto». La lectura dialéctica de El Capital permite comprender que rápidamente el capitalismo no sólo se construiría amén del mercado mundial de valores, sino que además desaparecerían los compartimentos estancos sobre los que se desenvolvía la ley del valor: sector primario(renta), sector secundario (industria) y sector servicios (finanzas). En adelante los procesos de acumulación de capital (ley del valor) chocan frontalmente con los procesos de centralización del capital (monopolios-imperialismo). Pero no solo eso, sino que además, los aspectos subjetivos (servicios, cultura, ideología, mentalidades, tecnologías de información, modas, fútbol, prostitución televisiva (farándula), etc.), pasarían a jugar un rol cada vez más relevante en el desenvolvimiento de esta tijera propia del desarrollo del capitalismo: aumenta la masa de ganancia y tiende a caer la tasa de ganancia. ¿Cómo se evita que la tijera se rompa?, es en el campo de la lucha de clases donde se define la cuestión. El aumento aceleradísimo de los procesos de proletarización (que con inusual claridad admite un miembro de la elite política latinoamericana, Ernesto Samper) encuentra su correlato en la agudización de la contradicción entre los procesos de caída de la tasa de ganancia versus aumento de la masa de ganancia. En consecuencia, a mayor desarrollo de las fuerzas productivas, mayor desarrollo de la lucha de clases, y viceversa. Esta lucha la podemos cuantificar en una doble perspectiva: por un lado, ¿Cuánto esfuerzo material debe realizar la facción hegemónica de la burguesía para poder sostener la dominación sobre las demás clases sociales?, problema que va asociado con otro, a saber, ¿cuánto esfuerzo deben realizar las clases dominadas y explotadas para zafarse de dicho sistema de dominación? El problema planteado implica asumir los siguientes presupuestos: a) el Estado y la dominación tienen una base material; b) la lucha de clases va en relación directa al desarrollo de las fuerzas productivas; c) La contradicción liberación/dominación de clases se resuelve en el proceso histórico de producción de lo “objetivo y material».  
Los procesos de valorización del capital no pueden ser entendidos sin el rol del Estado. Ya no existe un Estado como aparato separado del proceso de valorización del capital, sino que el proceso de valorización del capital es el propio Estado a su vez. Esta misma cuestión nos remite a la importancia estratégica de agudización de los componente subjetivos de la lucha de clases como elemento sustancial de empeoramiento del quiebre en el seno del proceso de producción en su conjunto. Este aspecto, a mi juicio ha sido comprendido muy bien por algunos cerebros y tanques pensantes de la burguesía. Por ejemplo, a nivel geopolítico, la toma de retaguardia del capital implica fracturas y quiebres en cuanto a la capacidad que usa cada burguesía local para sacar plusvalía del gran fondo mundial de valores pero, simultáneamente, la renta de la tierra pasa a ser el gran eje que le sirve al capital para usarlo como catapulta saltando encima de la clase proletaria mundial y por encima de algunas fracciones de la burguesía mundial y local. Reitero, si alguna vez se concebía al Estado como súper estructura, brazo armado, etc., (siendo estas funciones hoy más relevantes que nunca), actualmente es el propio proceso social de producción el que se ha convertido en Estado al ensancharse como polímero – como la geometría fractal- proletarizando directamente a las masas que antiguamente servían en los «aparatos» de reproducción ideológica que actuaban como estructura separada del proceso. Ahí están los procesos de desaparición de las llamadas «clases medias» o «pequeño burguesía intelectual». Por consiguiente, la dominación ya no solo se realiza por «fuera», sino que desde el corazón mismo del proceso social de producción como campo en que se disputa la lucha de clases.
Si es posible hablar de proceso de valorización del capital sólo lo es en tanto cuanto sea el mismo proletariado quien consienta y sustente al sistema de producción social capitalista en su conjunto. Tampoco podemos hablar de dominación por parte del Estado burgués sin reconocer que precisamente quienes sustentan dicha dominación y dicho Estado son los propios dominados, a saber las clases explotadas y proletarizadas. El horno burgués no está fuera de nosotros, sino que somos precisamente nosotros mismos los que estamos dentro del horno y cautelamos que este funcione asándonos sin mayores sobresaltos. De aquí entonces la importancia de comprender que el objetivo último de la clase proletaria es tomar bajo su control, dominio y goce al sistema de producción social en su conjunto. Pero este salto implica en clave marxista leninista, tres cosas fundamentales: en primer término, la clase proletaria retoma el control y recupera para sí el proceso general de valorización,   de otro  lado, la formación de conciencia política de clases -la conciencia en sí y para sí- y, por último, la destrucción y sometimiento del sistema estatal y de dominación burgués  mediante la dictadura de clases proletaria. Por lo tanto, la clase proletaria no es inocente en la perpetuación del orden burgués.
Aquí cabe hacerse cargo de un abanico de dimensiones plagada de oscuras argumentaciones y tautologías entreveradas en torno al carácter que tienen los trabajadores del Estado y de los llamados «sectores de servicios». En general, se plantea que estos no tendrían carácter productivo por lo que no serían propiamente trabajadores explotados. Por extensión, este conjunto explicativo sirve para la caracterización de los trabajadores del llamado sector servicios. Estos serían una especie de clase parasitaria propia de la decadencia y descomposición del capitalismo monopolista. La racionalidad de su existencia seria la tendencia al derroche del sistema. La expansión del consumo sin límites sería absorbido por esta «clase media» improductiva y ajena a cualquier forma de generación de valor. Por consiguiente, la causa final por la que la clase proletaria no puede realizar su proyecto histórico de liberación social -la revolución- sería esta clase, desde cuya cuna o, a cuyo seno, salen o pretenden llegar los ideólogos, los gendarmes, sociólogos, psicólogos, policías, periodistas, abogados, profesores, promotores de intangibles, guardias de seguridad, publicistas, y casi un sin fin de etc. Pero nuevamente en esta argumentación aparecen los lugares comunes que han nublado el entendimiento de las leyes de desarrollo capitalista: 1) en primer término, la confusión entre proceso de trabajo y proceso de valorización. 2) la creencia de que el sistema capitalista puede funcionar ajeno a la ley del valor. 3) la idea de que existiría un aparato productivo «tragado» por un creciente «sector servicio» cuya participación en la producción de valor sería nulo o marginal. 4) la proliferación de sectores y clases sociales que no producirían plusvalía pero que, sin embargo, serían mayormente responsable de su consumo o realización.
Cabe recordar que, dado el doble carácter de la mercancía, puede entenderse el doble carácter del trabajo: como productor de valores de uso es proceso de trabajo, pero, como valorización del capital es creador de valores, es decir, de tiempos de trabajo sociales, génesis de la plusvalía. No es posible comprender las leyes del desarrollo del capitalismo sin la contradicción entre ambos procesos. En este sentido, el llamado “sector servicio” no tiene mayor significado que la mera función que cumple, dentro del proceso global de valorización del capital, vale decir, dentro del proceso social de producción. Este segundo aspecto es otra distinción fundamental del desarrollo del capitalismo a saber, el proceso social de producción aglutina en una sola gran matriz a todas las actividades económicas. Es menester recalcar que el despliegue de la ley del valor busca alcanzar la universalidad, en tal sentido, a medida que se van ensamblando los mercados, también se van ensamblando todas y cada una de las actividades socio-económicas que en tiempos pretéritos aparecían separados y compartimentados en «sectores». Emerge así no sólo la estandarización de la producción, la distribución y el consumo en un nivel global, compartiendo patrones de distribución y consumo independientemente del lugar de la tierra en que se encuentre la humanidad, sino que además, cada acción ejercida dentro de este proceso social de producción global que se ensancha y profundiza, es esencial dentro de la valorización mundial del capital. En este sentido, los servicios, la venta de intangibles, las finanzas, el comercio, pierden el traje de aparente pulcritud, de su aparente asepsia en relación a la ley del valor. En tanto proceso social de producción y valorización del capital, todas y cada una de las actividades, están manchadas con el lodo y hedor de la plusvalía y por tanto del capital. Todas y cada una de las actividades están afectos a la sucesión sin fin del despliegue de la ley del valor. En este sentido, los trabajadores asalariados del sector servicio, de los intangibles, del Estado, sí son parte de la serie local y mundial de producción de valor, del encadenamiento mundial de explotación y por extensión, sí son trabajadores explotados que cooperan en la producción, distribución y realización de la plusvalía. Por cierto, que en la medida que las fuerzas internas del sistema capitalista empalma a todas y cada una de las actividades socio económicas, alimentan no solo el proceso de acumulación de capital, sino que además el proceso de centralización del capital. Esta nueva contradicción entre acumulación y centralización de capitales no sólo explicará la proletarización masiva de la sociedad y la pérdida de «estatus» a las otrora «capas medias», sino que se expresarán en profundas crisis de productividad, en abultamiento del capital ficticio, en la enojosa tensión entre renta diferencial y renta absoluta, procesos que se explican en la discrepancia y desafecto entre la tasa media de ganancia (a la baja) y la tasa de ganancia extraordinaria (al alza) o, dicho de otro modo, entre la tasa de explotación que oscila a la baja y la masa de ganancia que empuja al alza (aunque hoy día es conveniente aclarar que el fin del súper ciclo de materias primas y energéticos ha significado la desaparición de la renta diferencial, y por tanto de esta tasa de ganancia extraordinaria).
(Mañana, II parte y final.)
Envio:RL

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