C.A.B.A., 24 de
abril de 2020.
Redes Sociales
Dentro de la tabla de
usos y costumbres de organismos públicos y privados, entidades educativas,
deportivas, sociales, empresariales, sindicales, etc., existen herramientas que
son consideradas fundamentales en estos acelerados tiempos que transcurren, y
una de esas herramientas es la comunicación.
No tengo nada en contra
al respecto, ya que pienso que la misma es un formidable instrumento para
generar puentes de conectividad entre las conducciones de esos organismos o
entidades y su membresía y también para hacerlo con el resto de los integrantes
de la comunidad en general en un ejercicio de ida y vuelta.
Sin embargo, también
pienso que algunos métodos de comunicación pueden utilizarse, qué duda cabe,
como propaganda de desprestigio, difamación y en muchas ocasiones se manipulan
para convertirlos en mecanismos de desestabilización.
Esto ya ocurría con los
métodos de comunicación tradicionales, pero lo que contribuyó a generalizar la
mala fe reinante fue, sin dudas, el advenimiento de las redes sociales; una
deidad que apareció en el Olimpo posmodernista al que comenzaron a acudir
mediocres feligreses de todo el mundo y de todas las condiciones habidas y por
haber.
Manejadas por gente
talentosa y noble, que tenga la capacidad de justipreciar el mérito ajeno y que
no reniegue de él, es agua clara de manantial, pero he conocido gente mal
avenida y de dudosa reputación moral e intelectual, que supo valerse de las
redes sociales para promocionarse descalificando gratuitamente a quienes hacen
algo por los demás, a quienes contribuyen a mejorar las condiciones de vida de
sus semejantes.
También hay quienes en
las redes sociales describen el correlato de sus importantes actividades: “voy a entrar al ñoba”, “yendo al super” o “ingreso al gym”.
Qué quiere que le diga,
no me los imagino a Aristóteles, Sócrates, Platón, Nietzsche, Descartes,
Confucio, Copérnico o Kant escribiendo vulgaridades para ver si logran concitar
la atención de la gilada.
¿Cree usted que
podríamos leer en el face de Sócrates
“hoy no salí de Atenas, estoy enfrascado
en un estudio sobre filosofía moral, atrás quedó la guerra del Peloponeso y no
sé por qué, pero creo que tengo un alumnito que va a dar que hablar, se llama
Platón y ojalá no me equivoque”?
Tampoco imagino al padre
fundador de la lógica y de la biología, Aristóteles, anunciando desde una red
social: “Estoy escribiendo uno de los
tratados que seguramente en el futuro transformará muchas de las áreas del
conocimiento. Les aviso que el rey Filipo II de Macedonia me encomendó la
formación de su hijo. Por la edad que tiene me parece que es bastante zarpado
el chabón, le dirán Alejandro Magno y por la ambición que veo que tiene quizás
el día de mañana, quién te dice, puede llegar a ser alguien”.
O lo que resultaría más excéntrico
aún, al mismísimo Copérnico twitteando: “¡¡¡aguante
la teoría heliocéntrica… aguante!!!”.
O mucho más acá en el
tiempo a Nietzsche informándonos desde Prusia por Instagram: “no me molesten, estoy meditando… Dios ha
muerto”.
¡Cómo hemos retrocedido
en el pensamiento, en la cultura y en la educación!
Hoy las redes sociales
se utilizan para difamar e injuriar. Es muy raro encontrar a través de las
mismas alternativas constructivas, superadoras.
La utilizan mayormente
quienes mediante la grandilocuencia quieren hacerse notar. No tienen ni idea el
sacrificio que significa construir, lo azaroso que resulta transitar el camino
para dejar alguna huella por la que otros puedan caminar.
Cacarean desde las redes
para ser escuchados, para lograr un protagonismo que desde la virtud les es
negado.
La crítica constructiva
se susurra al oído. La hace pública quien busca salir de la oscuridad en la que
la o lo sumergió su propia mediocridad.
Hoy esa posibilidad ha
sido potenciada con el advenimiento y el auge de las redes sociales, donde
todas y todos podemos decir de todo. ¿Pero de todo, eh?
No leo lo que se escribe
en las redes, excepto lo que escriben quienes considero que tienen aptitud,
formación y capacidad intelectual para hacerlo decentemente, piensen como
piensen. La cuestión no es coincidir en todo, la cuestión es coincidir o
disentir con un adecuado nivel de tolerancia.
Hay personas que
escriben o hablan porque tienen la necesidad de sentirse protagonistas, aunque
sea por un ratito.
Sueñan que los leen
mentes brillantes, que los aluden grandes pensadores, que sus dichos serán
materia de consulta de generaciones futuras. Entonces se dedican a criticar
ferozmente, se sienten una especie de jueces impolutos de la humanidad,
adalides de la justicia. Sentencian con obtusa ignorancia e inocultables encono
y malicia que es lo que está bien y que es lo que está mal.
Ahora, si usted los
analiza se dará cuenta que estos hombres o estas mujeres no hicieron nada
importante en sus vidas como para ser tenidos en cuenta.
Difícilmente un
lenguaraz haya hecho mérito u obra similar a la creada por el espíritu al que
difama.
Estas críticas suelen
convertirse en despiadadas agresiones, en provocaciones.
No se debe reaccionar
ante la afrenta de corazones menguados, la envidia, el resentimiento, el odio y
la estulticia son enfermedades autoinmunes crónicas del alma, no tienen cura y
moran en espíritus oscuros, corresponde entonces aislarlos para que se tornen
asépticas y hagan el menor daño posible. Quienes tienen conciencia del mérito
no necesitan hablar mal de nadie para promocionarse.
Al fin de cuentas uno
concluye en que las redes sociales son un medio importante solo si quienes las
utilizan tienen talento, pero sobre todo si son buenas personas.
Aquellas y aquellos que
están abocados a la difícil e ímproba tarea de crear y construir, de esparcir
semillas y de plantar árboles, seguramente comulgarán con un viejo apotegma: “Hay que construir en silencio, por aquello
de que el silencio de las buenas personas hace más ruido que el grito de las
que no lo son”.
Definitivamente creo que
las redes sociales son una especie de letrina colectiva donde los usuarios
evacúan sus necesidades “literarias”.
La comparación no es
antojadiza si consideramos que tanto en la letrina como en las redes sociales
lo que abunda es la mierda.
Conclusión: podemos ser
usuarios o no, tanto del baño como de las redes sociales, pero créame, no por
eso, debemos estar condenados a consumir mierda.
Etín Ponce
Cultura, Prensa y Propaganda - Atilra
Hipólito Yrigoyen 4054/56 CABA
1148839200


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