31 de mayo de 2020

TROPEL 3 del 31.05.2020.

31 de mayo de 2020
Ocho de cada diez personas opinan bien de la gestión del Gobierno sobre la cuarentena
Con ganas de salir de a poco y con mucho cuidado
La encuesta realizada por Ceop para Página12 muestra el apoyo absoluto a las medidas de protección sanitaria. Esperan flexibilización pero tienen temor al contagio.
Por Raúl Kollmann
Ocho de cada diez argentinos piensan que la cuarentena fue exitosa, aunque casi la mitad de la población sigue estando preocupada porque alguien de su familia se contagie el virus. No obstante, a buena parte de los ciudadanos les parece bien que el aislamiento sanitario se vaya flexibilizando y al mismo tiempo manifiestan que tienen miedo de lo que pueda ocurrir con esa apertura. El mensaje sería: "vayan avanzando, pero con cuidado". La imagen positiva de Alberto Fernández sigue en niveles altísimos --ocho de cada diez personas opinan bien o muy bien de su gestión, incluyendo obviamente votantes de Cambiemos-- y hay acuerdo casi total (90 por ciento) en que manejó de la mejor manera la crisis sanitaria. La popularidad va y viene, pero todos estos diagnósticos contrastan de manera categórica con el insólito término de infectadura que se lanzó el viernes


Las conclusiones surgen de una encuesta --especial para Página/12-- realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que lidera Roberto Bacman. En total se entrevistaron 1.542 personas en todo el país, respetándose las proporciones por edad, sexo, nivel económico--social, y lugar de residencia. Como la situación de la covid-19 es muy distinta en CABA, las ciudades de más de 500.000 habitantes y el resto de la Argentina, el CEOP segmentó las opiniones en cada una de esas franjas. La encuesta se terminó de procesar este viernes.
Bacman afirma que "los datos de este estudio salen al cruce de la discusión que se ha instalado en nuestro país acerca de la importancia de la cuarentena. En tal sentido, al menos desde la perspectiva de la respuesta de la opinión pública ante esta pregunta, la cuarentena ha sido primordial y necesaria para contener el avance de la enfermedad y evitar la importante cantidad de muertes que se produjeron en países de Europa, como ser Italia, España, Francia o el Reino Unido y en la actualidad se están desencadenando en países de nuestro propio continente, tal el caso de Estados Unidos y Brasil, especialmente. En las últimas semanas comenzó a visibilizarse en nuestro país un movimiento anti--cuarentena. Primero voces sueltas, luego llamados a cacerolazos que resultaron poco categóricos. El fin de semana anterior se pudieron ver algunas marchas; con distintos argumentos, muchos de ellos extraños y hasta falaces. Como frutilla de la torta, el viernes pasado se conoció la carta abierta cuestionando con dureza la estrategia del gobierno para combatir la Covid 19 y calificando la situación como infectadura". La impresión del consultor es que esos movimientos --cacerolazos, caravanas, carta abierta-- fueron y son débiles justamente porque hay consenso en la sociedad sobre lo adecuado que resultó la cuarentena.
En general, la aprobación de la estrategia es pareja en todas las franjas: va del 79 al 81 por ciento, un poco más entre hombres que entre mujeres; tiene mucho respaldo entre personas mayores de 60 y en las grandes ciudades, pero en ninguna segmentación está por debajo del 79 por ciento. En términos de opinión pública, es casi unanimidad.
Como en todo el mundo, en la Argentina se plantean cuestiones relacionadas con la flexibilización. Sólo hay un 13,8 por ciento de los encuestados a los que directamente les parece mal, o sea no quieren ninguna apertura. Del otro lado, un porcentaje mayor, 33,5 por ciento están de acuerdo y no ponen casi ninguna condición. Sin embargo, el porcentaje que representa prácticamente a la mitad de los argentinos, el 48 por ciento, afirma que está bien la flexibilización pero que le da miedo. El dato a tener en cuenta es que una mayoría de casi el 52 por ciento del Área Metropolitana Buenos Aires, o sea Capital y el Gran Buenos Aires, está en la última postura: flexibilizar, pero con mucho cuidado. Se nota que allí está el centro del virus y la mayor preocupación.
"Para la gente --analiza Bacman--, la cuestión pasa por la flexibilización de la cuarentena, no por su eliminación. Y en tal sentido las cosas son mucho más complejas que el antagonismo binario. La flexibilización de la cuarentena fue una necesidad desde los primeros días de su puesta en marcha. Y es cierto que en el transcurso del tiempo, ya van más de 70 días, tal necesidad creció debido a dos factores: tanto por la economía como por las consecuencias actitudinales de las molestias producidas por el encierro. La primera conclusión es que la flexibilización de la cuarentena es percibida como necesaria, en tanto más de ocho de cada 10 argentinos están de acuerdo con esta medida. La flexibilización si, pero… da miedo. la mayor parte de los argentinos prefiere que se sumen más actividades económicas a las ya existentes. Solo una pequeña minoría afirma abiertamente que se levante".
Por supuesto que lo que sobrevuela a la situación actual sigue siendo, como en todo el mundo, el miedo al contagio. Y en ese panorama, cómo señaló el infectólogo Pedro Cahn, "la cuarentena es víctima de su propio éxito". Como se logró mitigar mucho el daño en la Argentina, una buena parte de la población le perdió el miedo. Por eso, cuando se le pregunta a los encuestados si tienen temor a infectarse o a que alguien de su familia se infecte, casi la mitad dicen que tienen poco o nada de miedo. Un dato curioso es que en la franja de los mayores de 60 la postura mayoritaria --58 por ciento-- es que tienen poco o nada de temor, pese a que son justamente el grupo de riesgo. Mucho más miedo, hay en la franja de 25 a 40 años, en que los que tienen poco o nada de temor son menos de la mitad, el 45 por ciento. O sea que hay una mayoría que le tiene miedo.
Como ocurrió en todo el mundo, donde en un mismo país hubo zonas críticas y zonas menos afectadas por el virus, en la Argentina --y en la encuesta de Bacman-- se ven también con nitidez las diferencias. " El miedo subyacente (el que se obtiene al preguntar a quién le teme más, si a la enfermedad o a las consecuencias económicas de la propia pandemia), es otra demostración elocuente de la importancia de la cuestión demográfica: el miedo a la Covid19 es mayor en AMBA (donde más han crecido los contagios); en cambio, el miedo a las consecuencias económicas crece en el interior más profundo de nuestro país. Y es lógico: las consecuencias potenciales de la pandemia en muchas provincias se han minimizado y la necesidad de relanzar la economía se hace más presente".
Más allá de estos matices geográficos, lo que se percibe es una notoria unanimidad y acuerdo con lo hecho: en pocos momentos de sus gobiernos los presidentes consiguen 80 por ciento de adhesión a lo que hacen. Y ese consenso es lo que explica que los gobernadores e intendentes de Cambiemos hayan mostrado casi total sintonía con la política puesta en marcha por Alberto Fernández, que además acordó con todos ellos los pasos a seguir.
Esta suma de elementos, que en la encuesta del CEOP se ve en detalle, deja en el vacío el término, ya indescifrable en sí mismo, de infectadura. No existe una política impuesta ni por la fuerza ni por servicios de inteligencia ni silenciando expresiones, sino medidas que tienen un enorme consenso hasta en los votantes y dirigentes opositores.


31 de mayo de 2020
Un gobernador que cada día se supera sí mismo 
Coronavirus: Gerardo Morales, una pieza de la infodemia 
Desde su rol como portavoz del Comité de Emergencia de Jujuy, Morales favoreció la estigmatización y persecución al camionero que reintrodujo el virus en la provincia.
Por Javier Biasotti
El camionero fue testeado al volver a Jujuy y dio negativo, aunque luego resultó que sí estaba contagiado. 
Muchas veces más parecido a un stand up que a un informe sanitario, las apariciones casi diarias del gobernador Gerardo Morales desde el Comité de Emergencia (COE) jujeño dejan abundante tela para cortar, más por los desbordes autoritarios y xenófobos que trasunta que por la actualización de datos de la pandemia que comunica.
Es que el referente norteño de Juntos por el Cambio parece disfrutar de cierto placer discursivo cuando para definir al virus menciona “la guerra contra el bicho” que se encuentra librando, por lo general yendo mucho más lejos que otros mandatarios provinciales. Como ejemplo basta mencionar que esta semana, a través del decreto provincial 944, prohibió el ingreso a "toda aquella persona extranjera que no acredite domicilio de residencia habitual dentro del territorio provincial por el tiempo que dure la emergencia epidemiológica".
Ya a mediados de abril había anunciado que marcaría con una faja el frente de las viviendas en las que una o más personas estuviesen haciendo la cuarentena luego de ingresar a Jujuy provenientes de otras provincias, medida que no llegó a concretar por la ola de repudios que cosechó.
Pero siempre subiendo la apuesta, el jueves último apuntó directo al comportamiento de un transportista que, luego de 50 días de no registrarse casos en la provincia, dio positivo para coronovirus en un control de vehicular en la localidad de Fraile Pintado.
Con un discurso contradictorio, dijo repetidas veces que no había “que estigmatizar al camionero”, para de inmediato cargar sobre él toda la responsabilidad por no haberse aislado durante 14 días luego de que le fuera realizado un test rápido con resultado negativo, dato que Morales no mencionó. Como no tenía rastros de haber generado anticuerpos, el transportista continuó con su actividad habitual y mantuvo encuentros con otras personas.
La solicitud oficial de no estigmatizar generó todo lo contrario, al extremo de que en forma simultánea a los dichos del gobernador, en las redes sociales comenzó a viralizarse una supuesta imagen del camionero acompañada de epítetos y acusaciones, violando así la intimidad de una persona.
No conforme con eso, un Morales compasivo lanzó en vivo un “al camionero no quiero preocuparlo más, hoy estaba llorando en el hospital porque ahora se dio cuenta lo que sucedió”, en alusión a la posibilidad de que haya transmitido la enfermedad a otras personas.
Inicialmente los informes del COE jujeño se realizaban todos los días, reproducidos desde el Canal 7, las emisoras de cable privadas y las redes sociales. Pero desde hace dos semanas se redujeron a sólo dos presentaciones semanales, siempre encabezadas por Morales.
Si bien una de las misiones del COE es informar sobre el escenario epidemiológico provincial, detallar los movimientos del camionero e instigar a que sea denunciado en el contexto de una localidad pequeña en la que la mayoría de las personas se conocen entre sí distó bastante de aquel objetivo.
Sin mencionar expresamente al gobernador, quien salió al cruce del incorrecto uso de la información fue el intendente de La Quiaca, Blas Gallardo. En un documento titulado “La infodemia es como un virus que nos enferma” y que difundió por redes sociales, definió a la desinformación que existe en Jujuy como “información falsa o incorrecta con el propósito deliberado de engañar, en el contexto de la pandemia actual, y que puede afectar en gran medida todos los aspectos de la vida, en particular la salud mental”.
El jefe comunal del Frente de Todos apuntó que “esa desinformación, muchas veces deliberada, alimenta sentimientos xenófobos, exacerba estigmatizaciones y sensaciones de pánico entre otros efectos en la sociedad”.
Por eso Gallardo recomendó a los quiaqueños que “busquen información a través de medios serios y profesionales”, e instó a que los comunicadores “hagan uso de un simple y antiguo método profesional: chequear datos con fuentes fidedignas. Con eso la sociedad estará cada vez más lejos de enfermarse con la infodemia”.
(Con el aporte de Mariana Mamaní)


31 de mayo de 2020
Será por 10 mil pesos y alcanzará a 9 millones de personas
IFE: El Ministerio de Economía anunció el segundo pago 
El ministro de Economía, Martín Guzmán, confirmó que en las próximas horas Anses comunicará los detalles del segundo pago. Explicó que el Gobierno decidió mantener la medida ante la extensión de la cuarentena y "frente al impacto que ello genera sobre los ingresos de los hogares". Ponderó además que con el primer depósito se logró “evitar que entre 2,7 y 4,5 millones de personas caigan transitoriamente en la pobreza”.
El ministro de Economía Martín Guzmán confirmó el segundo pago del Ingreso Familiar de Emergencia en el marco de la pandemia del coronavirus. “Ante la extensión del aislamiento preventivo, social y obligatorio y frente al impacto que ello genera sobre los ingresos de los hogares, decidimos volver a pagar el IFE por un valor de $10.000”, subrayó el funcionario, quien adelantó que la medida alcanzará a 9 millones de personas.


El ingreso de emergencia fue anunciado el 23 de marzo, tres días después de que se dictara por primera vez la cuarentena obligatoria y comenzó a pagarse en abril. El ministro definió en sus redes sociales al programa como “una herramienta fundamental para llegar a quienes no podíamos alcanzar con otras medidas, como los trabajadores informales”. Además, explicó que el primer pagó logró “evitar que entre 2,7 y 4,5 millones de personas caigan transitoriamente en la pobreza”. 
El funcionario confirmó que "en breve" Anses informará los detalles de la implementación de la medida. "Bajo el liderazgo del Presidente Alberto Fernádez, Argentina sienta condiciones para que la salida de esta pandemia sea con un horizonte promisorio", subrayó. 
Además, destacó que ante la propagación de la enfermedad, que impacta en la economía de todo el mundo, el Gobierno actuó "de forma decisiva". "Hoy el Estado está llegando a quienes más lo necesitan, protegiendo los ingresos, el trabajo y la producción. Y lo hace sosteniendo los principios de progresividad y solidaridad", celebró. 

El lanzamiento de una segunda edición del IFE había sido anunciado por el presidente Alberto Fernández a principios de este mes, cuando indicó que una de las cuestiones que reveló la pandemia es el alto grado de informalidad laboral y trabajo no registrado en que se encuentra buena parte de la población.
Esta realidad fue tomada en cuenta para definir la población que podría recibir el IFE y el monto que se les otorgaría. Tal como lo informó este diario , un informe que realizó el Ministerio de Economía indicó que de los 8,7 millones de persona que recibieron esa ayuda, el 24,8 por ciento fueron jóvenes de entre 18 y 25 años.
“Dentro de este grupo de edad se observa que 6 de cada 10 tiene un empleo informal, y dentro de la población potencialmente titular del IFE de esta edad, el porcentaje de informalidad asciende al 98,8 por ciento”, dice el estudio.
Por esos días, los funcionarios de la cartera de hacienda y la Anses ya estudiaban las posibilidades reales de que el Estado vuelva a hacerse cargo de una erogación de esas dimensiones. En lo que no hubo dudas es que la ayuda es clave para frenar el avance de la pobreza en medio de la pandemia que puso a la economía global en una de sus peores crisis.
Tal como lo dijo Guzmán, la decisión fue que el monto volverá a ser de 10 mil pesos y que lo recibirán 9 millones de argentinos . De esta manera se resolvió el destino de los 300 mil inscriptos que se encontraban en proceso de verificación y aguardaban la confirmación del beneficio. Los pagos comenzaron la última semana de abril, mientras quedan 1,2 millones de personas que aún no cobraron la edición anterior.
Una vez puesto en marcha el beneficio, distintas entidades bancarias lanzaron planes de descuento para los beneficiarios. El Banco Provincia, por ejemplo, ofreció para sus clientes que hayan cobrado el IFE descuentos del 20 por ciento en compras en cadenas supermercados. Las ofertas rigen únicamente para compras abonadas mediante billetera digital, que tiene un millón de usuarios, de los cuales se estima que alrededor de 700 mil percibieron el IFE.


31 de mayo de 2020
Un recorrido por "el ejemplo más claro de la injusticia" 
Coronavirus: Cómo viven en Villa Itatí y Villa Azul el aislamiento y el operativo de detección 
Tras el brote y el cierre de Azul, la más grande y vecina Itatí pasó a ser el centro de preocupación, con el drama de la falta de agua. Allí detectaron 43 casos de covid-19.
Por Karina Micheletto
Imagen: Bernardino Avila
Villa Itatí tiene centro y periferia. Construcciones sólidas en una parte del barrio, incluso fachadas de lo que han sido chalecitos en décadas pasadas, calles de asfalto. Tiene también zonas que se dividen en pasillos y más pasillos, pasajes de barro y cloacas a la vista. Y, ya hacia el borde con la autopista, casillas levantadas con chapa, cartones, plásticos, lo que hubo. Tiene rejas, muchas. Tiene, comparada con las villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires, un bien no menor: el sol llega a la mayoría de sus calles. Acá todavía las construcciones no han crecido más de un piso para arriba, aun cuando los vecinos siguen trabajando a ritmo firme con las mezcladoras en muchas casas, tal vez aprovechando el tiempo libre que dejan las changas que se cortaron.
Aquí el jueves pasado se inició el Operativo Detectar, con un camión sanitario en la plaza Papa Francisco, y un equipo médico que hace hisopados a los vecinos que tienen síntomas compatibles con covid-19. Luego les piden aislamiento en sus casas, a la espera del resultado. Mientras tanto, otro equipo dividido en 17 grupos de unos 6 integrantes cada uno, “peina” las manzanas por cuadrículas. Toman la fiebre con la pistolita y preguntan casa por casa si han tenido tos, pérdida de gusto y olfato, contacto con contagiados. El trabajo involucra al municipio de Quilmes, la provincia de Buenos Aires y también a la Nación; a comedores, organizaciones sociales y religiosas. Así se detectaron 7 casos positivos en el primer día del operativo, 20 más el viernes, otros 16 al cierre de esta edición. 
La situación se tensó en los últimos días. Los vecinos de la cercana Villa Azul están aislados. Allí surgió lo que epidemiológicamente se denomina “brote”: varios contagios juntos, en el mismo momento. Hasta el viernes se informaron allí 211 casos de coronavirus confirmados, y 85 personas en aislamiento. 

Una vecina de Itatí conecta una manguera a una bomba, para que el agua llegue a su casa. Imagen: Bernardino Avila.

Derecho al agua

A Villa Itatí le contaron poco más de 40 mil habitantes en el censo de 2018, aunque desde el municipio de Quilmes hablan hoy de entre 25 y 30 mil. En su nombre este lugar lleva cifrado su origen: cuando empezó a formarse, allá por los 60, los primeros vecinos fueron, en su mayoría, inmigrantes de las provincias del norte del país y de países limítrofes que llegaban a buscar mejor suerte, muchos de ellos del litoral y Paraguay.
Como el correntino Juan Alberto Escobar, pensionado de 65 años, que cuenta que vive aquí desde hace más de 40. En Itatí crió a sus hijos, con su esposa ya fallecida; hoy ellos viven en casas que se fueron desprendiendo de la suya: al lado, arriba. El vio crecer al barrio desde que era “todo campo”, cuando llegó, luego “todo chapa”, hasta que de a poco todos fueron construyendo, “bien o mal”.
Escobar invita a pasar a su pequeño patio por un pasillo que sale de otro pasillo, porque quiere mostrar algo: el chorrito mínimo que cae de una fina manguera de goma negra que se arrastra por el piso. Es toda el agua que llega a su casa, y a las de sus hijos. El la está juntando en una palangana “desde las 6 de la mañana”, y la va pasando después a tachos y botellas, y así, todo el día. De lo que junte todos tienen que tomar, lavarse las manos, la ropa, lo demás.
Don Escobar no se queja, pero dice que algo hay que hacer, no por él, por los chicos. El tiene en la cocina la pequeña bomba de agua que compró, como muchos, pero ya no le sirve, lo que llega “es un gotear”. No es de ahora, dice, lleva así ya un par de años, con mayor o menor suerte según las horas y los días, dependiendo de la presión que sube o baja según se sumen más o menos bombas y mangueras de otros vecinos, en una zona que no deja de poblarse y cuyo tendido de agua funciona a válvulas.

Juan Alberto Escobar muestra que el agua casi no llega a su casa. Imagen: Bernardino Avila.

Caño maestro

Más decidido, un grupo de vecinos va a buscar a los que están haciendo el Detectar y los llevan hasta ese pasillo sin agua. Acá somos doce familias sin agua, señalan. La situación se agrava porque la manguera que los abastece pasa por los mismos zanjones cloacales, que corren abiertos por el pasillo. Las juntas no son seguras y hasta los chicos las separan para tomar directamente cuando hace calor. De ahí a la contaminación, es un paso dado.
Los vecinos tienen un plan. Piden un caño maestro, no pueden pagar los materiales, pero sí hacer el trabajo que haya que hacer. Muestran el pasillo que quieren picar y la obra que imaginan. Justo dan con un funcionario municipal a cargo de Aguas, uno de los tantos que se ha sumado al Detectar, junto a militantes de distintas organizaciones sociales. El les explica que eso no se puede hacer, que el Estado debe intervenir con un plan integral, que no puede resolver cada uno como quiere. “Mire, nosotros no tenemos agua. No podemos esperar al Estado”, razonan los vecinos.
Pablo Inzúa es subsecretario de Aguas y Saneamiento Hídrico de Quilmes. Mientras recorre el barrio con el chaleco distintivo del operativo, muestra las cien canillas comunitarias que el municipio instaló a principio de año en el barrio, sobre pilones de hormigón. Conviven con los recursos caseros: bombas eléctricas que los vecinos fueron poniendo en las esquinas, mangueras que se cruzan de calle a calle y de reja a reja, sistemas precarios y peligrosos pero los únicos disponibles para tener derecho al agua.

Discriminados

Ya sobre el mediodía, la fila frente al camión de hisopado crece, hasta allí se acercan los vecinos espontáneamente, o los que son enviados tras la detección de síntomas casa por casa. Si no pueden movilizarse, el equipo médico se traslada hasta el hogar. Manuel se acerca a pedir un hisopado aunque no tiene síntomas, le explican que en ese caso no corresponde hacerlo, se va enojado.
Los testeos masivos complicarían el trabajo desde lo sanitario, lo que sirve es hisopar sobre los síntomas”, explican desde el equipo de emergencias. Entonces otra vecina revela lo que le pasa a Manuel: Cuando Itatí empezó a salir en los medios, en la fábrica en que trabaja le dijeron que hasta que no tuviera un papel que dijera que no tiene coronavirus, no podía volver. Y no es el único al que le pasó, agrega la vecina.
Lo van a buscar a Manuel y le ofrecen lo único posible: tomarle la fiebre, hacerle las preguntas de rigor, y extenderle un certificado que diga que al momento no presenta síntomas. ¿Servirá? Manuel no sabe. ¿Cobrará algo de estos días que está sin trabajar, desde el martes que le dijeron que se fuera? Tampoco. ¿La fábrica podría hacerse cargo de ese control que exige? Eso seguro que no. Solo entonces Manuel pone en palabras lo que sabe de hace rato: “Nos discriminan porque somos de Itatí. Si nos pueden tener lejos, mejor”. 

La Itatí

Una de las que va y viene acompañando a los equipos del Detectar es Itatí Tedeschi, militante y vecina que se presenta como “hija de un secuestrado”, y cuenta la historia de su padre José, Pepe para todo el barrio, un cura tercermundista que militó en el Movimiento Villero Peronista y en el PRT, y que fue asesinado por la Triple A en febrero de 1976 . El llamó a su hija como el barrio donde vivió y se formó, que hoy le rinde homenaje en murales de paredes, o en la baldosa por la memoria de la escuela de Don Bosco, la iglesia donde se formó. O aquí mismo, donde con solo levantar la vista se descubre que el centro educativo que está frente al camión de hisopado se llama José Tedeschi.
“Al principio de la cuarentena esto era una peatonal. Los vecinos fueron entendiendo de a poco, cambiando las costumbres. Después de lo de Azul se asustaron. Y está bien que así sea”, cuenta mientras recorre las calles en las que, efectivamente, se ve poca actividad. “Hoy la fila para los bolsones de comida está ordenada pero ayer se descompaginó todo cuando dieron lavandina. Se juntó un montón de gente, se amontonó mal. La tienen que pensar mejor”, observa otra vecina sobre la intervención municipal en el barrio.
Itatí es una de las representantes de las 17 organizaciones sociales que el sábado se reunieron con la intendenta Mayra Mendoza y que el domingo tendrán otra reunión, esta vez sumando al ministro de Desarrollo Daniel Arroyo, para conformar un "comité operativo" del barrio. Está contenta porque les anunciaron que la ambulancia que donó la fábrica Toyota irá para el barrio. Y preocupada, claro, por los contagios. Ella fue una de las encargadas de ir a avisar a los vecinos que dieron positivo. Los que puedan, cuenta, se quedarán aislados en sus casas. Otros serán trasladados al hospital Iriarte, al Sindicato del Plástico y al Policlínico del Vidrio. 

El cordón policial que hoy rodea Villa Azul, desde el Acceso Sudeste. Imagen: Bernardino Avila.

El barrio cerrado

La bajada del Acceso Sudeste tiene medio carril interrumpido por un cordón policial. Hay patrulleros en cada posible salida de Villa Azul, caminitos de tierra que surgen entre las casas hacia la banquina del acceso. Hay siete móviles del lado de Avellaneda, varios más en el perímetro que completa Quilmes. ¿Cómo va todo, según los agentes policiales que están allí apostados? “Los primeros días tuvimos problemas, la gente no estaba acostumbrada, nunca había cumplido la cuarentena. Ahora van entendiendo que están en peligro. Pero muchos siguen pidiendo salir, tienen fiado en los negocios de Itatí y piden ir a comprar”, describen el panorama desde el borde.
Aun dividido entre Avellaneda y Quilmes, el de Azul es un barrio mucho más posible de aislar, con sus cerca de 5000 habitantes. 3128 tienen contados del lado de Quilmes, donde las construcciones en general son más precarias aún que en Itatí, y el cirujeo como una de las principales fuentes de ingreso deja su marca alrededor de las casas y casillas. Del lado de Avellaneda aparece la foto contrastante del sector urbanizado del barrio, con tendido de servicios, casas de material, calles de asfalto. Desde allí surgieron quejas de los vecinos en los últimos días por haber sido aislados “como los del otro lado”.
Acá el tema son las canchitas, juegan a la pelota, el contacto, la transpiración. En todos estos días no hubo conciencia, ni en Azul ni en Itatí”, denuncia un vecino de este último barrio, que tiene familia en Azul. En Itatí tienen la cancha de césped sintético que dejó en el barrio, por toda obra, la administración de Martiniano Molina. En Azul está la cancha de La Toma, hacia donde apuntan todas las acusaciones por el brote. “Ahí jugaban campeonatos de madrugada, por plata, un montón de pibas y pibes. De un primer contagio ahí apareció la madre, la tía, el abuelo, el sobrino”, lamenta un responsable del centro de aislamiento sanitario de la Universidad Nacional de Quilmes, en la vecina Bernal. No aquí, pero en otros barrios del Conurbano, los municipios han llegado a bloquear las canchitas con camiones de tierra, es un problema que se replica en todo el territorio, cuenta un funcionario.
Hasta el sábado habían ingresado al centro de aislamiento de la Unqui 85 personas, dos de las cuales ya habían recibido el alta tras confirmarse tests negativos. Tras hacerse los hisopados, se quedan en aislamiento 48 horas hasta confirmar un doble resultado, en aulas transformadas con 3 o 4 camas cada una, en pabellones divididos para hombres y mujeres. El viernes varios vecinos se juntaron a apaudir a los equipos de emergencia, como puede verse en videos que circulan en las redes, al grito de ¡Aguante la villa!, ¡Fuerza, barrio!
El Presidente citó a Villa Azul como “el ejemplo más claro de la injusticia”. Es una muy buena definición. Como en tantos otros lugares y cuestiones, lo que vino a hacer la pandemia no fue más que mostrar, con la lente aumentada, una tragedia preexistente.  


31 de mayo de 2020 
El coronavirus provocó la gran recesión global. 
El aislamiento social salva vidas y no es el causante del colapso de la actividad y el empleo 
Con o sin cuarentena, la economía se cae Fríos números del derrumbe del PIB de los países con estrategias diferentes de cuarentena y la cantidad de muertos por millón de habitantes desmienten los argumentos económicos y sanitarios de los anticuarentenas. El Estado tiene que atender con urgencia a la población sin ingresos fijos. 
Por Alfredo Zaiat
Con o sin cuarentena, más estricta o más flexible, el colapso de la economía es inevitable. Esta crisis no se elige ni fue provocada por la orientación de una política económica.
Es un shock externo inesperado provocado por un virus, lo que se denomina "cisne negro", que no discrimina entre países ricos y pobres, aperturistas y proteccionistas, de Estado de Bienestar o centralmente planificados y de economía de mercado.
Está arrasando a la economía global a una depresión, por velocidad y magnitud, superior a la del '30 del siglo pasado precipitada por el crac de la Bolsa de Nueva York del '29.
Quienes proponen el rápido reinicio de la actividad económica a partir de la necesidad social de recuperar la deseada normalidad pasada aseguran que la cuarentena generó la crisis. No es así. El coronavirus fue el que provocó la fulminante alteración del funcionamiento de la economía.

Motores

Como la pandemia todavía no se ha superado, la crisis económica seguirá presente, con cuarentena dura o blanda, con más o menos intensidad. No es una decisión voluntaria, sino que se impone por una crisis sanitaria global que continuará hasta que no haya una vacuna, un tratamiento médico efectivo o el debilitamiento del virus.
Los países están probando cómo volver a arrancar los motores de la economía y es un sendero que debe transitarse, pero ninguno encontró, por ahora, la receta adecuada. No se debería esperar que sean economistas tecnócratas quienes ofrezcan una porque, como se sabe, tienen un sesgo a la protección de trabajadores y de personas vulnerables cercano a cero.
Una rápida reapertura tiene riesgos puesto que el virus sigue presente y va poniendo límites a la ambición de que todo vuelva a ser como era.
En Corea del Sur por ejemplo reanudaron las clases y a los pocos días tuvieron que cerrar más de 200 escuelas afectadas por un nuevo brote. Acá, en Zárate, al otro día de la reapertura de la planta de Toyota, se detectó un operario con coronavirus asintomático. Días antes, por un contagio de Covid-19 el municipio de Escobar tuvo que cerrar en forma preventiva una empresa autopartista fabricante de mazos de cables Yazaki, proveedora de Toyota.
Esto no significa que no haya que ir probando opciones de cómo ir encendiendo los motores de la economía, pero el coronavirus va definiendo restricciones que exceden esa voluntad política cuando el objetivo prioritario es cuidar la salud de la población.

Tecnócratas

Los economistas tecnócratas saben resumir la vida toda en modelitos con ecuaciones y gráficos. Muestran con total desparpajo su tradicional soberbia dando consejos sobre lo que se tiene que hacer y poniendo siempre ejemplos de otros países.
En este caso, no sólo son patéticos y desinformados sino que son promotores de la bronca y angustia en una población muy castigada por el esfuerzo personal y económico de la cuarentena.
Pasaron del elogio a Corea del Sur, siguieron por Suecia, Chile, Uruguay y ahora ponderan la estrategia sanitaria de Israel.
Ocultan en cambio que la reacción argentina en materia sanitaria ha sido elogiada a nivel internacional por la Organización Mundial de la Salud, puesto que ha tenido un éxito relativo, con un saldo muy bueno en comparación con los países de la región y con gran parte del resto del mundo.
El argumento de que hay pocos muertos por coronavirus porque se testea poco es tan débil que provoca pudor tener que refutarlo, puesto que es tan evidente que no es así que ofende la inteligencia.
El nivel de testeo no define la cantidad de muertes. Hay pocas muertes en términos relativos porque hubo medidas preventivas oportunas con una cuarentena estricta definida en forma prematura.
La mayor cantidad de muertos por coronavirus no está relacionado con la magnitud de testeo, sino por la expansión de contagios por filtraciones en el aislamiento social y por deficiencias en el sistema de atención sanitaria.
El biólogo molecular Ernesto Resnik explica que "salir a testear en masa al azar es inútil y sólo es útil testear en masa donde aparece el virus", para agregar que "testear sin orden no tiene sentido. La única solución para bajar los casos a muy pocos, como hace China o Corea, es la cuarentena estricta".
Los economistas tecnócratas que ahora son también especialistas epidemiólogos son los mismos que en más de una oportunidad, a lo largo de las últimas décadas, demolieron las perspectivas de desarrollo nacional y, en los últimos cuatros años, además empezaron a desarticular el dispositivo científico local y hasta decidieron eliminar el Ministerio de Salud. 

Protección

Para evitar malas interpretaciones que impiden analizar que se está transitando un evento inédito y, por lo tanto, sin recetas conocidas, resulta necesario aclarar lo obvio: muchos la están pasando muy mal porque la actividad económica se ha desmoronado.
El Estado tiene que dar entonces respuestas rápidas y eficientes a cada uno de ellos, desde comerciantes, profesionales liberales, trabajadores formales e informales, pequeñas y medianas empresas y cooperativas.
Si bien es amplia la red de contención que se diseñó en tiempo récord teniendo en cuenta que el macrismo desarticuló funciones básicas del Estado, el gobierno de Alberto Fernández debe atender situaciones urgentes escapando de obsesiones fiscalistas o monetaristas respecto a la expansión del gasto público o la emisión de pesos.
Ahora bien, que las medidas económicas de emergencia de protección social y paliativa de la crisis sean más o menos efectivas no deben distraer acerca de que la política sanitaria, o sea la cuarentena, no definirá la situación económica general.
Existen ganadores económicos de la pandemia pero gran parte del sistema económico ha colapsado. El debate relevante a partir de alcanzar el consenso de que la Covid-19 –y no la cuarentena- fue la que provocó la crisis pasa por avanzar en si el derrumbe económico no está siendo más brutal por la fragilidad financiera y económica de la actual fase de la globalización neoliberal.
La forma en que se ha desplegado la globalización neoliberal, con la financierización dominante y la deslocalización de la producción, explica la velocidad del desmoronamiento de la producción global por la pandemia.

Deslocalización

La impresionante rapidez del derrape de la economía global tiene uno de sus orígenes en la deslocalización de la producción.
La caída de una pieza fundamental del rompecabezas de la cadena de producción derribó la estructura de funcionamiento del capitalismo global.
El coronavirus empezó en China, base de la producción de muchas de las partes, insumos intermedios y bienes finales. Al derrumbarse la actividad en esa base de la producción mundial rápidamente afectó al resto y también rápidamente se esparció el virus, afectando la economía global.
Juan Pérez Ventura escribió en el blog "El nuevo orden mundial en el S.XXI" que las multinacionales para mejorar sus ingresos, o sea para amortiguar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, han buscado disminuir sus gastos en procesos de deslocalización de la producción.
En las últimas dos décadas, cadenas de producción han trasladado tareas o funciones de menos calificación a países con mano de obra más barata. El caso de la fabricación de autos es emblemático de ese proceso: el diseño de la unidad se realiza en la casa central, mientras que la producción de distintas partes se realiza en plantas ubicadas en Asia, Latinoamérica o África.
Cuando ese engranaje de la producción mundial se interrumpe por la aparición de un virus de rápido contagio, el sistema económico global cruje. Es lo que sucedió con el coronavirus.

Anticuarentena

Ese es uno de los motivos –no el único- para que el derrumbe sea parejo en los países, con fuerte retroceso de la producción, concentración del consumo en bienes esenciales y depresión en el resto, aumento del desempleo y expansión de la pobreza monetaria.
Las estadísticas que reflejan esas dramáticas consecuencias son tan contundentes que sólo se debe especular con intereses inconfesables de la militancia anticuarentena.
La cantidad de disparates que se difunden sobre la situación económica y la pandemia es impactante. Lideran esa campaña de confusión y desinformación grandes medios de comunicación, periodistas pavos reales y economistas.
Uno de los desatinos más difundidos es que la Covid-19 es una enfermedad más y, por lo tanto, existe una preocupación excesiva motivada exclusivamente por especulaciones políticas. Para rebatirlo el físico y ex rector de la Facultad de Ciencias Exactas Jorge Aliaga, en su cuenta de Twitter, ofreció el siguiente cuadro de animación, que lo titulamos "La Covid-19, la peor de todas":
Pese a la contundencia de las evidencias, ni la pandemia ha inhibido a la secta de economistas del establishment que se cree en capacidad de hablar de todo y de todos con autoridad. Tienen la particularidad de identificarse con el pensamiento ortodoxo en sus diferentes rostros y algunos de ellos han sido funcionarios o adherentes del macrismo.
No sólo han destruido la economía con un nivel de endeudamiento insoportable para las finanzas públicas, sino que ahora hacen también su aporte para provocar un desastre sanitario militando la anticuarentena. El absurdo mayor en estas semanas fue que se han dedicado a criticar con impunidad ofensiva a expertos que entienden cómo cuidar a la sociedad de la pandemia.
La decisión de Alberto Fernández de asesorarse con un comité de infectólogos ha sido fundamental para salvar vidas. Quienes le proponen constituir un comité de economistas, obviamente ortodoxos o heterodoxos conservadores, para aconsejarlo con medidas para atender la crisis desconocen el papel que cumplió la mayoría de ellos en la decadencia de la economía local. Sería como poner verdugos en la tarea de cirujanos.

Números

El derrumbe de la economía global la inició un virus, que para enfrentarlo los países, con estrategias sanitarias diversas, definieron algún grado de confinamiento. Los resultados económicos son desastrosos para todos, también para los países que no aplicaron cuarentena. La diferencia entre ellos es en la cantidad de muertos: los que dispusieron el aislamiento social más firme tienen menos muertos por millón de habitantes.
Algunas cifras de la proyección del Producto Interno Bruto 2020 del FMI de abril pasado para países seleccionados:
* Italia -9,1%.
* España -8,0%.
* Francia -7,2%.
Alemania -7,0%.
Estados Unidos -5,9%.
* Argentina -5,7%.
Rusia -5,5%.
Brasil -5,3%.
* Japón -5,2%.
China +1,2%.
Existe consenso de que las caídas serán todavía más pronunciadas de acuerdo a los últimos indicadores de producción y a que la expectativa de que habría una rápida recuperación en el segundo semestre se está desvaneciendo.
Ahora algunas cifras sobre la situación sanitaria según el mayor o menor grado de aislamiento social dispuesto por los gobiernos. El índice elegido para homogeneizar comparaciones de países es el de muertos por millón de habitantes, según el relevamiento diario de Coronavirus Stats, al 29 de mayo:
España 580,0.
Reino Unido 562,4.
* Italia 549,5.
* Francia 440,0.
* Estados Unidos 316,0.
* Brasil 131,5.
* Alemania 102,6.
* Rusia 30,0.
* Argentina 11,5.
* Japón 6,9.
* China 3,2.
Los números son elocuentes: el derrumbe económico será global, y la cantidad de contagios y muertes se está determinando según la característica de la cuarentena.
Se puede decir de otro modo: la apertura de la economía no frenará la caída y sí aumentará la cantidad de muertes.
Dos casos lo clarifican aún más: 
1. Estados Unidos supera los 100.000 muertos y tiene más de 40 millones de desempleados, la peor tasa de desocupación desde la gran depresión del '30 del siglo pasado.
2. Brasil tiene más de 27.000 muertos con una proyección de terror y la economía se desliza a velocidad a una muy fuerte recesión, igual que la economía argentina con la diferencia fundamental de que aquí la cantidad de muertes es doce veces menor en el indicador por millón de habitantes.
En el suplemento Cash, Diego Rubinzal explica el caso de Suecia (aislamiento social débil) en comparación con Dinamarca (aislamiento social firme), con resultados económicos similares muy malos, incluso la economía sueca está sufriendo más que la danesa. La diferencia se encuentra en la cantidad de muertos por millón de habitantes, al 29 de mayo: Suecia tiene 431 y Dinamarca, 98,1.
Para evitar confusiones deliberadas, no se debe identificar los efectos económicos de la pandemia con los efectos para mitigarla (cuarentena).

AMBA

Como se observa, cada uno de los postulados de los militantes anticuarentena colisiona con datos de la realidad. Las medidas sanitarias preventivas dispuestas por el gobierno de Alberto Fernández permitieron controlar la expansión del virus. Casi todo el país no está en cuarentena como la que se registra en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Un reciente informe del economista Emmanuel Álvarez Agis refuta la campaña mediática acerca de que Argentina está teniendo la cuarentena más larga del mundo. Dice que ese argumento "no resiste mayor análisis, puesto que si se observa la movilidad en el interior se puede ver como la mayoría de las provincias está recuperando los niveles previos al aislamiento".
Para concluir que "la evidencia parece indicar que los países con cuarentenas más estrictas, planes de detección temprana y medidas de contención más profundas lograron resolver el problema con mayor velocidad y pueden flexibilizar la actividad con menores riesgos para la salud de las personas".

Dinero

Para algunos economistas mediáticos y preferidos del establishment, el premio Nobel Joseph Stiglitz no entiende nada cuando opina acerca de la negociación de la deuda, y también dirían lo mismo sobre otro Nobel, Paul Krugman, cuando se refiere a la economía y el aislamiento social.
En el último artículo que publicó en The New York Times, "Sobre la economía de no morir. ¿De qué sirve aumentar el PIB si te mata", Krugman desafía a los militantes anticuarentena que hablan de la necesidad de 'salvar la economía" preguntando "¿cuál es, después de todo, el propósito de la economía?".
Dice que si es 'para generar ingresos que permitan a las personas comprar cosas' la respuesta es equivocada, porque "el dinero no es el objetivo final; es sólo un medio para un fin, es decir, para mejorar la calidad de vida".
Antes que los anticuarentena lo asalten con diatribas, Krugman aclara que el dinero importa porque hay una relación evidente entre ingresos y satisfacción, pero aclara que no es lo único que importa. Para provocar con que "¿saben lo que también es una contribución importante a la calidad de vida? No morir. Y cuando tomamos en cuenta el valor de no morir, el apuro por reabrir (la economía) parece una muy mala idea, incluso en términos económicos".
Concluye con un mensaje contundente, que sirve para mitigar el virus anticuarentena: "El impulso para la reapertura se basa en una ignorancia deliberada. No importa el PIB; el trabajo más fundamental de cualquier líder (Presidente) es mantener vivo a su pueblo".
El movimiento anticuarentena no tiene el objetivo de atender la situación económica ni, obviamente, la cuestión sanitaria, puesto que existen datos objetivos que muestran que la flexibilidad no mejora el nivel de actividad y sí aumenta la cantidad de muertos.
No está en juego la libertad porque si de ella se tratara, el derecho a circular se limitaría cuando pone el riesgo la vida de otros.
Es obvio que muchos están motivados por la angustia económica. Queda entonces evaluar que esa movida alentada por medios, sectores del establishment y fuerzas de derecha tiene un objetivo fundamentalmente político: erosionar la elevada aceptación social y política que hoy tiene el gobierno de Alberto Fernández.
Fuente:Pagina12

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