Oesterheld, el artista y sus tesoros
Fue geólogo, escritor y periodista. Sus guiones revolucionaron la historieta en la Argentina gracias a clásicos como “El Eternauta” o “Mort Cinder”. La dictadura militar lo secuestró en 1977. Lo mismo hizo con sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas, y tres yernos. Talento, compromiso político y una familia diezmada por la represión.
Por Daniel Giarone
Héctor Oesterheld junto a su familiia: hoy hubiera cumplido años.
Lo foto es de la casa de Beccar. Héctor Oesterheld, con un oso de peluche en una mano, y Elsa Sánchez, están dentro de una cuna. Afuera sus cuatro hijas: una de ellas con la mano en la boca, otra atenta a algo que dice su madre. La imagen ya no es una postal costumbrista sino el vivo retrato de la tragedia argentina, la de una familia diezmada por la última dictadura cívico-militar. Hoy Oesterheld hubiera cumplido 101 años.
“El único héroe válido es el héroe ‘en grupo’, nunca el héroe individual, el héroe solo”, advierte Oesterheld en la página inicial de “El Eternauta”, historieta publicada con dibujos de Francisco Solano López entre 1957 y 1959 en la revista Hora Cero Semanal y que se convertiría en un paradigma del género.
La historia es conocida: Juan Salvo junto a amigos y vecinos se organizan para enfrentar una invasión extraterrestre cuyo epicentro es Buenos Aires. Las implicancias de la cita también: un manifiesto estético, ético y político para la argentina que comenzaba a soñar con grandes transformaciones que casi dos décadas iban a ser ahogadas por el terrorismo de Estado.
Héctor Oesterheld nació en Buenos Aires el 23 de julio de 1919 y está desaparecido desde el 27 de abril de 1977, cuando fue secuestrado en La Plata. La misma suerte corrieron sus cuatro hijas (dos de ellas embarazadas) y tres de sus yernos. De la foto familiar sólo Elsa pudo evitar ser una silueta vacía.
Revolución a cuadros
Hijo de padre alemán (Fernando Oesterheld) y madre de ascendencia española (Elvira Puyol), Oesterheld se graduó como geólogo en la Universidad de Buenos Aires, profesión que abandonó para dedicarse a escribir.
Escribió relatos, novelas y guiones de historietas con la ciencia ficción como género predilecto, aunque no exclusivo: en sus textos no faltaron el Lejano Oeste norteamericano, la Segunda Guerra Mundial, hombres que viajaban en el tiempo y otros que regresaban de la muerte, hasta el retrato de personajes históricos como Eva Perón y el “Che” Guevara.
Acompañado por Alberto Breccia, Solano López o Hugo Pratt compuso historietas donde la solidaridad, la lucha por la justicia y una mirada crítica de la realidad eran fácilmente reconocibles, aunque no de un modo maniqueo sino con los matices y tonos de sus mejores dibujantes.

"El Eternauta", la historieta creada por Oesterheld y Francisco Solano López que se volvió un clásico de la cultura argentina.
En sus textos la acción (y la ciencia ficción) aparecen en una espacio geográfico y cultural reconocible para el lector argentino: la nevada mortal de “El Eternauta” sobre Vicente López, las batallas con alienígenas en la cancha de River o en las inmediaciones del Obelisco.
Además, Oesterheld apostó a reemplazar al superhéroe (por definición individual) por el héroe colectivo. Allí donde había superpoderes provenientes de fuerzas sobrenaturales o de la preponderancia física de un individuo se animó a imaginar al hombre de carne y hueso cuya potencia provenía del hacer con otros.
Todo esto puede leer en las páginas más logradas de sus obras capitales: “Sargento Kirk” (1952), “El Eternauta” (1957), “Ernie Pike” (1957), “Sherlock Time” (1958), “Mort Cinder” (1962) y “La guerra de los Antartes” (1970). También en “Vida del Che” (1968) y “Evita. Vida y obra de Eva Perón” (1970).
Una mirada del mundo

Oesterheld fue miltante de Montoneros y pasó a la clandestinidad a comienzos de los 70.
La opción política de Oesterheld pasó de la tinta a involucrarse activamente con lo que sucedía en en la Argentina. Fue miltante de base de Montoneros y pasó a la clandestinidad a comienzos de los 70. En esas condiciones, incluso, terminó el guión de la segunda parte de “El Eternauta”.
Sin embargo, sus prioridades no variaron. Cuando le preguntaron cuál era su obra maestra, respondió: “No tengo una sino cuatro obras maestras: Estela, Diana, Beatriz, Marina, mis hijas”.
“Las chicas fueron todas de absoluta vocación artística. En casa los libros, la cultura, el arte, los cuadros, los dibujos eran un alimento cotidiano”, recordó Elsa Sánchez en su testimonio para "Los Oesterheld".
En aquel entonces Héctor, Elsa y las chicas eran una familia tipo. Y feliz. “En Beccar nos decían la familia Conejín”, evocó Elsa, ya que “lo veían en el jardín plantando flores con las cuatro nenas y llamaba la atención: ¿en dónde había un padre en esa época que estuviera todo el tiempo con los chicos?, sólo un loco, un escritor como él. Era un padrazo”.
"La militancia de Héctor y sus hijas se fue constituyendo a partir de un vínculo dialéctico. No se puede decir que el padre haya influido en sus hijas o que ellas hayan determinado a Héctor. Todo se gestó en los diálogos y vivencias compartidas en la casa que la familia tenía en Béccar. Allí, se retroalimentó un compromiso por cambiar la realidad", enfatizó Beltrami.
Al igual que muchas otras chicas en los años 60 y 70 las cuatro hijas del matrimonio pasaron del colegio bilingüe a la militancia social y de ahí a un creciente compromiso político, que algunos casos condujo a la lucha armada. Hasta que se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y sobrevino la pesadilla.
El descenso a los infiernos
"Su estado era terrible. Estuvimos juntos mucho tiempo. Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena del 77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y fumar un cigarrillo. Y nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos”, contó Eduardo Arias, psicólogo y compañero de cautiverio de Oesterheld en el centro clandestino de detención conocido como “El Vesubio”.
“Héctor –continuó Arias- dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar a todos, uno por uno. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso".

Oesterheld pasó por los centros clandestinos de detención de Campo de Mayo, El Vesubio y Sheraton.
Oesterheld nunca recuperó la libertad. Pasó por los centros clandestinos de detención de Campo de Mayo, El Vesubio y Sheraton, ubicado en la comisaría de Villa Insuperable, en el partido de La Matanza, donde se lo vio por última vez en 1978.
Estando detenido sus captores le contaron que sus cuatro hijas también habían sido secuestradas. Los detalles de lo ocurrido con sus hijas fue parte de la tortura que sufrió en cautiverio.
La primera en desaparecer fue Beatriz, quien el 19 de junio de 1976 tenía sólo 19 años. Su cuerpo apareció sin vida el 2 de julio del mismo en la localidad bonerense de Virreyes. Fue entregado a su madre, quien había presentado un habeas corpus y mantenido decenas de entrevistas, anticipando lo que sería su trabajo en Abuelas de Plaza de Mayo.
La segunda secuestrada fue Diana, de 23 años. Se la llevaron en San Miguel de Tucumán el 7 de agosto de 1976, embarazada de cuatro meses. Tenía un hijo de un año, Fernando, que los abuelos paternos pudieron recuperar.
Marina (19 años) fue secuestrada el 27 de noviembre de 1977 en San Isidro, junto a su esposo Alberto Seindli. En tanto que Estela (25 años), también embarazada, fue la última en caer en manos de los militares, el 14 de diciembre de 1977. Tenía un hijo, Martín Miguel, de tres años y medio, que finalmente fue entrego a su abuela.
“En la época trágica de este país desaparecieron a mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, y otro yerno que no conocí, y dos nietitos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz”, declaró Elsa Sanchez, quien falleció en 2015, a los 90 años, mientras dormía.
Entonces Oesterheld pudo escribir sobre una cuna, una mujer, sus cuatro tesoros y un oso de peluche. Su verdadera obra maestra.
Fuente:Telam

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