2 de julio de 2020

OPINION y ENTREVISTAS.

¿Será inevitable que sólo la derecha saque partido de esta pandemia?
Por Jorge Falcone, Resumen Latinoamericano, 1 julio 2020.-
“La peste y la propaganda que la acompaña transforman a ‘los otros’ en potenciales enemigos y no en los socios de la aventura humana de vivir. El miedo, no la felicidad, pasa a ser un núcleo vital de nuestra existencia”.
Roberto Cirilo Perdía.
COVID 19: Un enemigo no tan invisible
Como han venido pronosticando lxs epidemiólogxs, el crudo invierno favorece que la peste que desembarcó por aire de la mano del turismo más acaudalado del país se expanda desafiando todo tipo de controles, y castigando con particular rigor a las zonas más vulnerables del AMBA. A 46 años de la partida del Presidente Perón, varios distritos del partido bonaerense que lleva ese nombre acusan casos de contagio: Comenzando esta semana cerró preventivamente el municipio de Guernica al detectarse un caso positivo entre su personal, lo propio ocurre en Villa Numancia y el Barrio San Roque. En el frigorífico La Huella (dependiente del Grupo Penta) también apareció infectado un trabajador del turno noche. Y el Equipo de Curas de Villas y Barrios Populares de Capital y Provincia acaba de pronunciarse reclamando ante la emergencia un servicio estable de ambulancias que complemente al existente, ya que este siempre llega cuando la situación se ha tornado irreversible.
Desde fines de 2019, cuando el coronavirus hizo su aparición en la localidad china de Wuhan, se han barajado diversas hipótesis acerca de su origen. Las más ideologizadas sostienen que se trataría de un virus de laboratorio creado en los EEUU a los efectos de avanzar varios casilleros en la guerra comercial que ese país sostiene actualmente con el gigante asiático.
Oportunamente, tal perspectiva fue apuntalada desde los medios en base a acusaciones de un alto diplomático chino.
Desde un ángulo más sistémico, la explicación se concentra en señalar al paradigma de la modernidad y su utopía de un desarrollo ilimitado, que en un desmesurado afán productivista extiende dramáticamente las fronteras agropecuarias generando – mediante desforestaciones masivas – la migración de especies animales silvestres que hasta ahora no convivían con humanos, muchas de las cuales funcionan como huéspedes inmunes de ciertas cepas virales que, en contacto con la gente, desplegarían un potencial de contagio letal.
Si bien la primera es una hipótesis altamente verosímil, la segunda es categóricamente constatable, y en diversas latitudes del globo sobran ejemplos para probarla. Sin ir más lejos, en el reciente lanzamiento del Pacto Ecosocial, Económico e Intercultural, donde se abogó por hablar de terricidio (como reclama el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir) más que de antropoceno, y que reunió a importantes estudiosxs de la crisis civilizatoria – como la argentina Maristella Svampa, el brasileño Rudrigo Rafael, el colombiano Arturo Escobar, la ecuatoriana Patricia Walinga, la mejicana Mina Navarro, o el nigeriano Nnimmo Bassey -, la referente feminista y socioambiental hindú Vandana Shiva se refirió al tema expresando que “hemos roto nuestro pacto con la tierra: Las epidemias han sido causadas por nuestra invasión a los bosques”. Y terminó su intervención reclamando a los movimientos sociales del mundo propender a una “Democracia de la Tierra”.
El imperativo de transformar el sentido común imperante y construir una nueva hegemonía.
Numerosxs politólogos – incluso algunxs pertenecientes al propio movimiento – consideran que el peronismo ha cumplido su ciclo histórico.
Visto que en la década del 90 este adoptó una filosofía neoliberal, y en la primera del 2000 una neodesarrollista, ya para “vender las joyas de la abuela” como para ampliar algunos derechos enarbolando un discurso épico digno de una Segunda Independencia, este cronista humildemente considera – como lo ha expresado en incontables ocasiones – que hoy su potencial transformador reside más en los aportes programáticos de su clase trabajadora en resistencia que en la desactualizada doctrina original.
El celebrado triunfo de la coalición panperonista que encabeza Alberto Fernández, a ojos vista tuvo más que ver con la derrota de la depredadora ceocracia macrista que con la plena confianza en un porvenir de cambios profundos. Cierto es que la irrupción de la pandemia, si alguna vez tuvo pretensiones de ir más lejos, dejó al Ejecutivo con la pólvora mojada. Pero si partiéramos de revisar la perspectiva enunciada en aquel encomiable discurso de asunción pronunciado ante el Congreso Nacional, seguramente salten de inmediato no menos de un par de importantes afirmaciones hasta la fecha incumplidas. Por ejemplo, la de gobernar con las 24 provincias, y la de estar abierto al reclamo popular en caso de que hiciera falta corregir el rumbo escogido.
En el primer caso, un presidente porteño que en entrevista al Diario Perfil afirma “pensar con cabeza socialdemócrata”, hoy gobierna a todas luces de espalda a la flagrante represión desatada contra los sectores sociales más empobrecidos allende la Avenida General Paz, o sea, en la Argentina Profunda. Para más dato, una de las correcciones practicadas para enmendar el desprolijo anuncio de “rescate” estatal de la empresa Vicentin SAIC fue la inclusión en su intervención de alguna representación del gobierno santafesino… ¡Vaya pedazo de omisión!
En el segundo caso – y a propósito de lo anterior -, correspondería que el gobierno tomara nota de que comienzan a alzarse numerosas voces en apoyo a la expropiación de dicha cerealera: Circula profusamente en las redes una “Carta del campo popular a nuestra dirigencia” suscripta por numerosas firmas del espectro kirchnerista menos condescendiente que, además de plegarse al mencionado reclamo, exige – entre otras cosas – efectivizar el impuesto a las grandes fortunas, implementar un salario universal, nacionalizar los puertos, investigar la deuda y recuperar el monto de los pagos ilegales, y expulsar del país a cualquier base militar extranjera. Mayor difusión aún ha tenido el pronunciamiento que, bajo el título “Control estatal de Vicentin. Un camino para resolver el hambre”, firman numerosas organizaciones sociales, entidades gremiales y empresarias del campo nacional-popular (UTEP, CTEP, CTA – A, MNER, Federación Nacional de Inquilinos, etc.) insospechadas de poner “palos en la rueda” al oficialismo, y nucleadas dentro del denominado “Manifiesto por la soberanía, el trabajo y la producción”.
En sintonía con la necesidad de expropiar Vicentin, pero desde una perspectiva mucho más distante del oficialismo, y conmemorando el 18° aniversario de la Masacre de Avellaneda, numerosas organizaciones que vienen desplegando una capacidad de movilización capaz de sorprender a cualquier desprevenido que no siga de cerca su crecimiento, respaldaron el contundente documento leído en el Puente Pueyrredón, en el que, además de exigir el juicio y castigo a los responsables políticos del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki (algunos en la función pública, como Felipe Solá y Aníbal Fernández), se  pidió por el cese del gatillo fácil y la criminalización de la protesta social; la aparición con vida de todas las mujeres secuestradas en las redes de trata y Justicia para todas las víctimas de la violencia machista; y por trabajo genuino, cese de la precarización laboral, el hambre y la represión. Ante tales demandas, resulta ineludible preguntarse si en la Casa Rosada seguirá habiendo disposición de escucha.
Por lo pronto, desde el pensamiento crítico se impone manifestar que, cuando la palabra expropiación suena a cataclismo, es señal de que dentro del capitalismo no hay margen de cambio posible.
De tal modo que en estas horas el oficialismo oscila entre atender a la ínfima masa crítica capaz de montar un “banderazo” en pos de la “libertad perdida”, y la amplia franja de argentinxs que viene respondiendo disciplinadamente a la emergencia sanitaria… sin resignar su convicción de que esta oportunidad histórica exige  mucho más que sostener una cuarentena exitosa.
Como alguna vez escribiera desde la cárcel a su compañera de vida el poeta revolucionario turco Nazim Hikmet, “nos pasa lo que hoy pasa en nuestro mundo”. Y este continúa debatiéndose entre concentración económica y control social o  solidaridad y conciencia ambiental.-



Orlando «Nano» Balbo : «La pandemia visibiliza la profunda desigualdad social»
Por María Soledad Iparraguirre, Resumen Latinoamericano, 01 de julio de 2020
El maestro y pedagogo Orlando «Nano» Balbo reflexiona con La Pulseada sobre el rol de la escuela en el contexto de aislamiento, el futuro en las aulas y la crisis del capitalismo que desnudó la pandemia.
Orlando “Nano” Balbo es docente. Fue discípulo de Paulo Freire y maestro alfabetizador en una comunidad mapuche en la precordillera. Durante el breve gobierno de Héctor Cámpora coordinó la campaña de alfabetización de adultos CREAR (Campaña para la Reactivación Educativa del Adulto para la Reconstrucción) en Neuquén. El 24 de marzo de 1976, fue secuestrado por una patota comandada por Raúl Guglielminetti. Pasó seis meses en la cárcel de Neuquén y fue trasladado al penal de Rawson: sufrió golpes, picana y submarino seco. Quedó sordo a causa de la tortura. Logró exiliarse en Italia, donde trabajó en la imprenta del Vaticano y regresó al país, a poco de iniciada la democracia. En 2015, recibió el doctorado Honoris Causa, por su trayectoria en la Universidad de Luján. Un maestro, es el libro de Guillermo Saccomanno que narra su vida. Actualmente participa en bachilleratos populares y, pandemia mediante, colabora en foros educativos que proponen debatir el rol de la pedagogía en tiempos de coronavirus.
En diálogo con La Pulseada, a través de correos electrónicos y audios de Whatsapp, “Nano” explica la crisis del capitalismo, mayormente visibilizada ante la irrupción de la pandemia mundial; el rol de la educación en el contexto de aislamiento y el desafío pedagógico de refundar una nueva escuela.
“Voy a salir esclavo de las tres pantallas”, sonríe Nano. Y un recuerdo viene a su memoria. “Cuando llegamos a Rawson no sabíamos dónde estábamos, nos encerraron en celdas individuales y nunca pudimos saber qué cárcel era. Sospechábamos que era el sur por el aire, el olor a mar. A veinte días de encerrados ya nos acostumbramos que iba a ser así, íbamos a estar aislados, sin poder hablar con nadie, sin nada; si decíamos una palabra de más nos garroteaban, y un día abren la puerta y la dejan abierta. Nadie se animó a salir, hasta que el celador pegó el grito: ‘¡Salgan, boludos!’ Ahí nos dimos cuenta que podíamos estar en el pasillo, juntos. Nos va a pasar lo mismo cuando nos levanten la cuarentena”, bromea.
–Hablás de la idea del trabajo asalariado como dispositivo de organización social. ¿Cómo se articula esta idea en tiempos de pandemia? ¿Qué complejidades irresueltas ves al respecto en torno a la crisis del capitalismo?–El sistema capitalista entra en crisis cuando se intenta que el mercado regule la sociedad, sustituyendo al Estado. Esto empezó en 2008, cuando se desmadra el sistema financiero y los Estados salen a respaldarlo con millones y millones de dólares que van a ese mismo sistema, pero también a los paraísos fiscales, donde no los agarra la legislación de ningún país. En Argentina, además, se vio a través de una vieja consigna que sostiene que “hay que achicar el Estado para agrandar la nación”. No: se achica el Estado para generar una serie de actividades financieras con fines de lucro. Esta política se muestra miserable cuando irrumpe el coronavirus. Se privatizó la salud pública y hoy, los países con su sistema de salud privatizado tienen serias dificultades para enfrentar el virus, porque la primera regla de oro que tenían esos sistemas es el “justo a tiempo”. Los hospitales no podían tener camas ociosas, tenían que presupuestar cuantas necesitarían con exactitud. Y hoy no sabemos cuántas camas vamos a necesitar. La pandemia vino a mostrar el fracaso del capitalismo financiero y la profunda desigualdad en la que han sumergido a la sociedad mundial.
“La pandemia vino a mostrar el fracaso del capitalismo financiero y la profunda desigualdad en la que han sumergido a la sociedad mundial”
–¿Cómo se reflejó eso en Argentina?–Agravado por la política del gobierno macrista con la formación de emprendedores. El “emprendedurismo” como modalidad del sistema para bajar los costos laborales y que uno fuera su propio patrón, es decir, su propio explotador, trabajando sin descanso, sin pago de horas extras, sin vacaciones ni obra social. Hasta que termina colapsando ese sistema de emprendedores y la única salida es subirse a una bicicleta para distribuir bienes y servicios dirigidos desde una plataforma digital o sumarse a empresas con fines de lucro como mano de obra barata. Esto respondió a la necesidad del capitalismo de desbancar al trabajo asalariado. El que tenía trabajo asalariado tenía obra social, jubilación, tenía derecho a la educación. Al desaparecer ese trabajo, se empiezan a perder derechos.
–Esta crisis atraviesa el tejido social. ¿Qué rol juega la escuela como dispositivo educativo también en crisis?–Nuestra escuela es profundamente patriarcal, colonizadora, etnocentrista y eurocentrista. El Estado busca disciplinar a través de la escuela. La escuela fue privatizada y se la vació de contenido para empezar a considerarla una empresa, una empresa deficiente, además, ya que había que hacerla producir dinero. Lo primero que se hizo fue descentralizar el sistema educativo. Antes, se centralizaba lo administrativo contable en un ministerio nacional y se descentralizaba lo pedagógico, de manera que, la realidad del chico era el punto de partida y de llegada en el proceso de aprendizaje. Esto cambió cuando se centraliza lo pedagógico y desde un ministerio se concentra y distribuye para todos el mismo contenido; y descentraliza lo administrativo, por lo que director y supervisor tienen que ocuparse de pagar cuentas. Distribuir lo mismo en condiciones desiguales es profundamente injusto. Esto se hace mucho más visible en tiempos de encierro.
–¿De qué modo impacta en este tiempo de aislamiento?–La alternativa a la suspensión de la escolaridad fue la educación a distancia, a través de plataformas digitales. En Argentina no existe una cultura tecnológica que permita usar esta tecnología. Los docentes tuvieron que aprender cómo se maneja un aula virtual. Desde el lado de los alumnos, la mitad no tiene conectividad, no tiene computadoras, o si hay una en la casa resulta insuficiente; los más postergados no tienen siquiera el espacio físico para hacer las tareas. Esto tratan de resolverlo los docentes de una manera casi heroica, poniendo su computadora, su wifi, haciendo programas radiales. El Ministerio distribuye unos cuadernillos para quienes no se pueden conectar, pero como el sistema de distribución estaba en cuarentena, encontramos las cartillas en los supermercados. Y la pedagogía terminó yendo a parar al lado de las latas de tomate y los paquetes de polenta.
“Desde el lado de los alumnos, la mitad no tiene conectividad, no tiene computadoras, o si hay una en la casa resulta insuficiente”
Sostenés la idea de que la educación es un hecho eminentemente humano y la plataforma deshumaniza y por eso no es un soporte neutro, ¿cómo se salda esta encrucijada? ¿Cuál pasa a ser el rol del docente en este sentido?–Se deben construir las condiciones para comprender los profundos cambios culturales que implica el uso de las plataformas digitales y los algoritmos en toda la aparatología. Para ello resulta imprescindible hacer una historia situada de la tecnología. Hay intelectuales que sostienen que los cambios en la vida del hombre que implica esta revolución ya no son cambios sino verdaderas mutaciones en la vida social. La escuela deberá vérselas con la reducción de los saberes. Hoy aprender es manejar información para resolver problemas. Yo estoy convencido de que aprender es algo bastante más complejo y profundo; los saberes no son solo información ordenada para resolver problemas.




–¿Creés que la pandemia visibiliza la desigualdad social en cuanto a la imposibilidad de acceso a la tecnológica? ¿Cómo sostener desde la pedagogía a los pibes que no tienen acceso a redes y plataformas educativas?–La pandemia vino a mostrar el fracaso de capitalismo financiero y la profunda desigualdad en la que ha sumergido a la sociedad mundial. El uso de estos aparatos tecnológicos agudiza estas desigualdades, porque son productos comerciales y como tal no tienen como objetivo una distribución más justa, sino fines de lucro. Este es el otro debate, pretender que una mercancía pueda construir condiciones de vida más justas, es una ilusión. La discusión pedagógica será que es lo que vamos a hacer con esas mercancías, así como con la ausencia de ellas, para ponerlas al servicio de un mundo más justo.
“El chico tiene que poder poner en palabras la experiencia traumatizante de este tiempo de encierro. Que pueda resignificarlo es el mejor aporte que puede hacer la escuela para la educación de nuestro pueblo”
–¿Cuáles son los desafíos pedagógicos en tiempos de pandemia tras meses de no asistir a clases?–El chico tiene que poder poner en palabras la experiencia traumatizante de este tiempo de encierro, lejos de sus amigos. Tienen que poder accionar los modos de compartir sus miedos y sus angustias. Y que pueda resignificarlo es el mejor aporte que puede hacer la escuela para la educación de nuestro pueblo. Ese chico encerrado en su casa, aislado, además es víctima de una sobreinformación terrorífica. Toda la información de los medios apunta a los muertos, falta un concurso que diga qué país tiene más cantidad de muertos. Se le agrega el llanto de los economistas que señalan que con la cuarentena no vamos a tener qué comer. Esto se está convirtiendo en una verdadera infodemia, información falsa, interesada, que el chico está absorbiendo y que no puede procesar. ¿Cómo procesa sus miedos el niño? Con el juego, con los cuentos, con la literatura que tiene al alcance. Cuando se vuelva a la escuela el chico tiene que tener la posibilidad de expresarse y jugar. Volver a la escuela en un gran recreo en el que los pibes jueguen, canten, pinten, redacten la experiencia en pandemia, que resignifiquen todo ese trauma que implica el encierro. Sino, la escuela no sirve para nada.
Fuente: La pulseada.





La pandemia tiene que ser una oportunidad para replantear las políticas penitenciarias
Por Anabella Antonelli, Resumen Latinoamericano, 01 de julio de 2020
El Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (CELIV) de la Universidad Nacional Tres de Febrero publicó, recientemente, un informe que aborda el impacto de la pandemia por COVID-19 en cárceles de 18 países de América Latina. La situación es preocupante y Córdoba no es la excepción.
La mayoría de las cárceles del mundo no están preparadas para las medidas de aislamiento, distanciamiento y cuarentena que dictan los gobiernos. El hacinamiento entre presxs, el frecuente contacto con el personal penitenciario, las deficitarias condiciones sanitarias, de alimentación e higiene son moneda corriente.
En América Latina, la crisis carcelaria es proporcionalmente más grave. “Los niveles de hacinamiento son muy superiores a la media mundial. Casi el total de los países tienen más presos que cupos, en algunos casos, la sobreocupación es mayor a 200%”, dado por el crecimiento vertiginoso de la población carcelaria, “que, en la mayoría de los países, se ha duplicado en los últimos 15 años y, en algunos casos, se ha triplicado”, explican desde la CELIV. En nuestro país, según datos oficiales de 2018, la tasa de encarcelamiento a nivel nacional se duplicó en el lapso de 20 años, llegando al máximo histórico de 213 cada 100.000 habitantes, un total de 103.209 personas.
El informe “Impacto del COVID-19 en cárceles de América Latina”, publicado recientemente por el CELIV, estudia 27 sistemas penitenciarios de 18 países de Latinoamérica, habitados por 1.700.000 personas privadas de la libertad. Un primer resultado es llamativo: sólo tres sistemas estudiados avanzaron en esfuerzos serios para descomprimir las cárceles en el marco de la pandemia. Tal vez esto explique que, en los dos primeros meses, hubo motines en más de la mitad de los servicios penitenciarios, mientras los contagios y muertes vienen en aumento.

“Tres de cada cuatro sistemas penitenciarios reportaron hacinamiento, muchos de ellos muy severos” y casi todos los centros están al límite de su capacidad o muy excedidos de población respecto a sus plazas. A su vez, gran porcentaje de internos son población de riesgo en contexto de la pandemia por COVID-19. Los datos recogidos indican que, en más de la mitad de los casos estudiados, alrededor del 5% de su población son mayores de 65 años, tienen problemas de salud preexistentes o son inmunodeficientes.

El informe aborda también las primeras medidas adoptadas en relación a la situación carcelaria. En términos generales, a las pocas semanas de la pandemia, los gobiernos reaccionaron con medidas restrictivas para evitar los contactos de los internos con el mundo exterior. “Esta estrategia instintiva dio lugar a la suspensión de las visitas familiares y al cierre de algunas actividades que dependen del personal (staff) que llega a los penales desde afuera”, explican y estiman que esto pudo haber tenido “fuerte impacto en reacciones organizadas de los internos, especialmente, en los amotinamientos”, ya que la medida afecta la calidad de servicios al disminuir las entradas de profesionales de salud, terapéuticos y trabajadores sociales, limitando o suspendiendo, en el 90% de los casos, las actividades educativas y, en un 53%, las laborales.
Según el informe, las quejas y protestas de lxs presxs se centraron en tres grandes áreas: “Permitir un mayor contacto con familiares, ya que estos proporcionan en los hechos muchos de los bienes que los internos consumen (comida, vestimenta y, en algunos casos, hasta narcóticos); temor a contagios y falta de instrumentos para su protección personal; mejores condiciones de habitabilidad”.


El motín fue la medida de fuerza adoptada por lxs presxs en varias unidades de más de la mitad de los sistemas estudiados, con una media de seis motines por sistema penitenciarioEn el 46% de los casos, hubo muertos, aunque los investigadores estiman que, probablemente, las cifras estén sub-reportadas. “Los primeros dos meses, solo un 30% de los sistemas reportaron tener una capacidad adecuada para testear casos sospechosos de COVID, lo que también generó conflictividad”, indican.
En Argentina, hubo distintos motines “con epicentro en la provincia de Santa Fe que terminaron con, al menos, cinco personas privadas de la libertad fallecidas y un número considerable de lesionados entre personal e internos”, explican y aclaran que, si bien más de la mitad de los sistemas analizados reportaron este tipo de eventos, “la cifra de fallecimientos ubica a la Argentina entre los países de la región con mayor cantidad de decesos, siendo solo superado por Venezuela, Colombia y Perú”.
Para descomprimir las cárceles, varios estados de la región adoptaron medidas de liberación anticipada y/o arresto domiciliario. El estudio afirma que “dos de cada tres sistemas (69,2%) reportan haber utilizado ya esos recursos”. De estos, cinco pre-liberaron menos del 1% de sus internos, nueve entre 1% y 5% de los internos, y tres más del 5%. “Es decir, solo 3 de los 26 sistemas de los que se obtuvo datos han avanzado en esfuerzos serios para descomprimir los respectivos sistemas penitenciarios”, sentencian desde el CELIV.
Entre los criterios de selección para el otorgamiento de pre-liberaciones, el más importante fue la edad de lxs presxs, seguido de madres con hijos dentro de los penales, mujeres embarazadas, delitos menores y enfermedades preexistentes. “Sin embargo, en varios países, algunas excarcelaciones han provocado reacciones de la sociedad civil que ha resistido estas medidas”, explican y ejemplifican con Argentina, donde la pre-liberación de presxs condenados por violación provocó “gran revuelo mediático y resoluciones judiciales de tribunales superiores que limitaron el uso de estos instrumentos”. Estiman que menos del 2% de lxs presxs obtuvieron la excarcelación, por lo que el efecto para reducir la sobrepoblación es mínimo.

Finalmente, el informe alerta sobre el futuro de los centros penitenciarios de la región, entendiendo que la pandemia seguirá alterando la “normalidad”. Estiman que se deberán instrumentar medidas contemplando que la presión por sobrepoblación seguirá en aumento y que “luego de un hiato, el delito muy probablemente crezca y también los niveles de encarcelamiento”, mientras la COVID-19 llegará a todas las unidades penitenciarias. Creen, además, que el ocio por falta de actividades dentro de las unidades “puede resultar un cocktail peligroso” y que, por esto, deben re-pensarse las actividades laborales y educativas.

“La calma actual puede sostenerse si las autoridades flexibilizan los criterios de aislamiento y se adecuan a las nuevas necesidades. O bien, puede desmoronarse provocando escaladas de violencia, incluyendo motines sangrientos”, escriben los investigadores, entendiendo que “la pandemia puede significar una oportunidad para un replanteo integral de las políticas penitenciarias de la región”.


El sistema penitenciario en Córdoba

Lo descrito en el informe refleja también la realidad de las cárceles de nuestra provincia. Adriana Revol, militante anticarcelaria y referente en el tema, explicó a La tinta que no hubo cambios respecto a los requerimientos y las presentaciones de habeas corpus efectuadas. “Por el momento, la situación sigue tensa porque están sin visitas todavía y a las familias se les dificulta la circulación para poder llevar alimentos y elementos de higiene a la cárcel, porque es la familia quien provee”. En cuanto a las demandas por la deficitaria atención de salud, Adriana cuenta que tampoco recibieron respuesta, agravándose las situaciones de algunas personas de riesgo.
“Lo que sí ha cambiado es la situación de los presos: el encierro en el encierro. No tener talleres, no poder salir al área de educación ni hacer deporte. Lo único que no ha cesado de funcionar son las áreas laborales porque el servicio penitenciario maneja muchos dividendos de ahí, muchas fábricas se sostienen con el trabajo de los presos”.
Además, nos cuenta que quienes reclamaron en Villa María o Bouwer para que se siguieran las recomendaciones de los organismos internacionales, terminaron en Cruz del Eje, “en un pabellón de máxima seguridad, que vengo denunciando hace muchos años, porque se maneja con un régimen que empezaron a implementar en Europa, que es para quienes se les dicen terroristas”, afirma.
En las cárceles de Córdoba, no se registraron personas con coronavirus hasta el momento, algo que sería una “masacre, que creo es lo que se pretende de algún modo”, sentencia Adriana y concluye: “Si antes planteaba que las muertes por falta de atención médica forman parte del genocidio del Estado hacia las personas más vulnerables, hoy, con COVID-19 y las pocas medidas que se tomaron, creo que también es parte del genocidio elaborado, una manera de descartar la población sobrante”.
Fuente: La tinta





«Uno no sabe si cuando hablamos de ellos, los muertos queridos nos escuchan»
Por Mario Hernandez, Resumen Latinoamericano, 1 de julio de 2020.
Etrevista a Vicente Zito Lema al recordando a Eduardo Galeano.
M.H.: Eduardo Germán Hughes Galeano, nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940 en el seno de una familia de clase alta y católica de ascendencia italiana, española, galesa y alemana. Fue un niño muy creyente, sabía que esa búsqueda de Dios en los demás permanece, aunque la figura de Dios con mayúscula se le cayó por el agujerito del bolsillo y nunca más lo encontró. Como él mismo recordaba, en ese período místico de la infancia, empezó a garabatear dibujos, en la adolescencia, sus primeras caricaturas fueron publicadas en El Sol, un semanario socialista de Uruguay con el seudónimo “Hughes”. En los 60 fue editor del semanario Marcha y luego director del diario Época. Tenía 31 años cuando publicó Las venas abiertas de América Latina, un texto que encarnó la educación sentimental y política de varias generaciones, un clásico de la izquierda latinoamericana, por el cual fue censurado por las dictaduras uruguaya, chilena y argentina.
V.Z.L.: Hermoso recuerdo que hacés de Eduardo, a través de algo muy importante, abrevar en la infancia. Porque ahí es donde podemos afirmar, estar seguros, se juega a cara o cruz el destino de la gente.
Me parece muy bien que empieces esta recordación de Eduardo, que tendría de estar vivo con 80 años, para la que me convocaste, a partir de contar datos de su vida infantil que en general no son muy tomados en cuenta por los lectores que se lanzan a la obra escrita en general aunque, por supuesto, siempre hay alguno que le interesa conocer un poco más de quién está detrás de ese libro.
Ahí está Eduardo, también nombraste un libro que es fundamental en la cultura latinoamericana como Las venas abiertas de América Latina aunque te cuento, porque he tenido muchas charlas con Eduardo a partir de nuestra amistad, pero también muy importante en la vida cotidiana de uno el compartir el trabajo, y nosotros hemos sido durante años compañeros de trabajo, dirigimos en distintos momentos la revista Crisis, y también en el final de la primera etapa la hemos dirigido en conjunto, hemos trabajado mucho juntos. Eso da un conocimiento más profundo de las personas.
Y terminando lo que había empezado sobre Las venas abiertas de América Latina recuerdo que una noche habíamos ido a comer, estábamos sentados y de golpe se levanta una pareja de jóvenes y se acercan a hablarle del libro y de cómo los había influido en su vida. Cuando se fueron le dije “qué fuerte que ha sido lo que sembraste con ese libro” y él me contesta “sí pero llega un instante en que preferiría que la gente se acerque a preguntarme por las otras cosas que he escrito, porque pareciera que quedo pegado para siempre a un solo libro”.
No es así, porque si bien la figura de Eduardo empezó a difundirse en América Latina, en España y otras partes donde se tradujo su obra que tuvo un gran ímpetu en Occidente en ese momento, también es cierto que a veces uno deja con algo de nuestra vida una huella tan profunda, que sin prejuicio que luego se pueda decir desde el punto de vista más estrictamente literario, artístico, uno pueda elegir algún otro texto de algún otro momento de la vasta escritura de Eduardo, también es cierto que ese libro, si bien toca zonas muy políticas, ideológicas, ya desnuda que Eduardo tenía un talento muy potente para el arte de la escritura.
M.H.: Libros que marcan, como a vos te ha marcado tus Conversaciones con Enrique Pichon Rivière ¿no?
V.Z.L.: Sí. Son de la misma época. Tengo conciencia que ese libro, por el tema que abordaba estaba dirigido a un público no tan extenso como Las venas…, sin embargo, también había un auge del psicoanálisis y una lectura social de lo que podían llamarse los conflictos de cada sujeto  y pocas personas como Pichon habían navegado por ese río y que me cruzara con él, siendo yo joven con todas las preguntas y desafíos y el coraje para desafiar a un maestro, rindió su fruto y fue también una obra que por ser de un género no común, porque no son habituales los libros de diálogo, siguiendo el camino de Platón, que sus diálogos marcaron todo un estilo en la cultura de Occidente; pero es cierto, a veces uno queda marcado con un libro.
Pero en el caso de Eduardo, si bien Conversaciones…, ya que los comparaste, tuvo una gran difusión, también es cierto que Las venas abiertas de América Latina tuvo una difusión por fuera de lo común de los escritores latinoamericanos. Debe ser uno de los libros más, me atrevo a sospechar, difundidos en las últimas décadas del siglo pasado y que ahora sigue siendo material de lectura para muchos jóvenes.
M.H.: Voy a mencionar, para no quedarnos solo en Las venas abiertas de América LatinaVagamundo y otros relatos de 1973, Memorias del fuego de 1982, El libro de los abrazos de 1989, Las palabras andantes de 1993, Patas arriba. La escuela del mundo al revés de 1998, Una historia casi universal de 2008 y Los hijos de los días de 2012, entre otros.
Mencionaste la juventud, no te voy a preguntar por la pinta que tenían ustedes, tanto vos como Eduardo, me imagino que no solamente se acercaban parejas de jóvenes, seguramente también hermosas mujeres en aquellos años. Pero no quiero introducirme en estos temas que son muy privados, no quiero que Regine se enoje. Pero quiero referirme a temas personales, porque me acabo de enterar que jugaban al fútbol en Palermo, en el circuito KDT, vos, Eduardo, Jorge Asís, Kovadloff, cosa que me sorprendió porque lo tengo muy ubicado en otro espacio y lugar intelectual y político.
V.Z.L.: Sí, pero la gente cambia. Yo lo quiero a pesar de que tenemos una mirada distinta sobre el mundo, porque hemos compartido miradas parejas en aquellas épocas. Además le debemos todos, en general, las gigantescas traducciones que hizo de la obra de Güimaraes Rosa uno de los más grandes escritores latinoamericanos y que él lo tradujo con una dedicación y una perfección que nos abrió la puerta a una obra que es de las pocos que me alcanzan los dedos de una sola mano para mencionar entre las que me han tocado profundamente el alma.
Su traducción es de un nivel impecable, porque Güimaraes Rosa inventa una lengua brasilera para reflejar la vida de una zona muy dolorosa, desértica, brutal, única del Brasil. Con un lenguaje muy especial, casi como un dialecto del portugués. Yo leí con mucho cuidado la obra en ese portugués especial y no una vez, porque estaba enamorado de ese libro, con gigantescas dificultades.
Ese es un libro que marca la cultura latinoamericana y Kovadloff fue capaz de traducirlo y recrear en español. También Eduardo Galeano, que fue el que lo convocó para la revista lo quería mucho. Y volviendo al fútbol, se podían dar la mano entre Galeano y nuestro amigo traductor para ver quién jugaba peor, los dos estaban muy entusiasmados, pero la verdad es que uno desde la literatura y el otro desde la filosofía han curtido obra importante, pero en la historia del fútbol, ni en el submundo aparecerían.
Por más que Eduardo después escribió un libro sobre el fútbol que también fue muy leído. Después de haberlo visto jugar, porque jugábamos en el mismo equipo, no leí su libro, jugaba tan mal que cuando me enteré que iba a sacar un libro del tema no lo leí. Él amaba el fútbol y las pasiones más populares.
Y ya que hablás del amor y las compañeras, hay una parte positiva en esto, yo le presenté a quien fue la mujer de su vida, con quien se casó y vivió desde 1974 hasta el final de su vida. Una historia de amor muy fuerte con Elena Villagra, abogada, que había sido esposa de Rodolfo Ortega Peña, con quien estaba el día del atentado a Rodolfo. A ella también le pegaron un tiro en la cara, la bala entró y salió, pudo haber muerto también, como Rodolfo que falleció ahí en Arenales y Carlos Pellegrini.
Elena quedó muy conmocionada, yo era muy amigo de ella y obviamente mucho más de Rodolfo Ortega Peña, habíamos armado un grupo de intelectuales que defendíamos los Derechos Humanos y editábamos libros y revistas, junto también con Gustavo Roca, el hijo de Deodoro Roca, el de la gran Reforma Universitaria; con Eduardo Luis Duhalde, su gran compañero en el trabajo pero también en la escritura y en la edición; han editado hermosas revistas históricas y de militancia como Militancia y De frente. Y como yo era muy amigo de Eduardo y más todavía de Ortega Peña, conocía a Elena y después de la muerte de Ortega, ella todavía conmovida no solo por esto sino porque ella también había sufrido ese brutal ataque de la Triple A y llevaba en su rostro la marca de esa bala.
Ella estaba muy angustiada, muy marcada por su tragedia, me llamaba y hablaba con ella, íbamos siempre a un mismo bar a charlar para tratar de ayudarla para salir a flote de esa angustia. Un domingo a la mañana, me llama Elena para charlar, recuerdo que ese día yo también estaba muy caído por algunas cosas personales que me habían pasado, entonces sentí muy fuerte tener que ir a encontrarme con Elena y escuchar otra vez la historia del atentado y todo su dolor, y se me ocurre llamarlo a Eduardo. Lo llamé y le conté quién era Elena, lo mal que estaba y lo mal que estaba yo también para ir a juntar dos tristezas. Le pedí que me diera una mano y como él era muy generoso vino, nos pusimos a charlar los tres y yo había quedado en ir a almorzar a la casa de Federico Vogelius.
M.H.: Que había sido el mentor de Crisis.
V.Z.L.: Claro, el fundador de la revista que lo había invitado a Eduardo a dirigirla y luego a mí a ser parte de la revista y a hacerme cargo de la dirección cuando Eduardo por razones políticas tuvo que alejarse de Buenos Aires. Entonces le digo a Eduardo que lo conocía mucho a Vogelius también, que viniera a comer y la invitamos a Elena. Nos fuimos a San Miguel a la quinta de Vogelius, almorzamos todos juntos y como él era un hombre de mil actividades simultáneas se tuvo que ir, pero nos invitó a quedarnos ahí hasta el día siguiente. Eso hicimos.
A la noche tomamos unos vinos, seguimos una hermosa conversación, yo vi que ellos seguían conversando y yo estaba muy cansado y me fui a dormir. Serían las 5 am antes de que amaneciera, me golpean en la puerta y era Elena que me dice “perdón Vicente, somos nosotros” los hago pasar y entran tomados de la mano. La voz de Eduardo en nombre de ambos me dice que se habían enamorado y que le había propuesto que se casaran. Y que como yo había generado ese encuentro y también había sido amigo de Rodolfo O. Peña, tenía que ser algo así como un padrino y me pidieron mi “bendición” a ese encuentro porque en poquitos días iban a arreglar sus papeles y se iban a casar.
Yo pensé que Eduardo había tomado algo, pero Elena estaba muy emocionada y nada de bebida. Eduardo tampoco, porque tampoco era de tomar mucho. Así que me desperté un poco mejor y me sentí parte de una historia de amor. O sea que sí, es cierto que Eduardo era muy buen mozo, le gustaba vestir bien, desprolijo, pero elegante; Elena también era una mujer hermosa y muy inteligente e hicieron una fantástica pareja que duró hasta hace cinco años cuando Eduardo murió.
M.H.: Siempre sacás un conejo de la galera, no dejás de sorprenderme.
V.Z.L.: Mejor recordar a Eduardo desde un lugar que tal vez la gente no conoce, porque es un recuerdo íntimo y además un recuerdo feliz, porque recordar a los amigos y compañeros muertos no es fácil.
La última vez hablamos de otro gran amigo, que también era muy amigo de Eduardo, Julio Cortázar, ahí quise recordar esa gigantesca tarea en el campo de los Derechos Humanos que él siempre mantuvo en secreto pero de la que fui testigo porque trabajábamos juntos en ese campo. Ahora de Eduardo quiero recordar esto.
Y ya que estoy, también quiero hablar del cariño que supe que Eduardo me tenía, por más narcisista que suene, porque hay un libro que se llama Días y noches de amor y de guerra donde cuenta historias de gente que conoció, un libro con mucho éxito. Son historias cortas, algunas del Che Guevara, otras de Juan Gelman, de revolucionarios, artistas que él conoció, de gente también muy humilde pero que provocaron impacto en él. Y si prestás atención vas a ver que de todos cuenta una historia, pero de mí cuenta cuatro historias muy fuertes que él conoció y que le impresionaron mucho de mi vida, que no las he contado. Porque yo le conté algunas, otras las vivió conmigo.
Eduardo escribía tan hermosamente bien, que por más que el personaje soy yo y que me nombra y todo, son historias que yo nunca cuento ni jamás escribí. Él las convirtió más que en algo mío, en cuatro historias de un personaje, en el que él me convirtió. Entre ellas cuenta un partido de fútbol, del equipo del que hablábamos antes.
Fuimos a un campeonato de distintos diarios y revistas y nos inscribimos como “Crisis”. Y yo en general, por más que amo el fútbol y lo he jugado mucho, como era domingo y yo los sábados me acostaba tarde por hábito y porque tenía una intensa actividad política, hasta revolucionaria me atrevo a decir, que hacía que los sábados fueran de reuniones que terminaban muy tarde.
Recuerdo que el viernes anterior a ese domingo estábamos con Eduardo en la revista preparando el último número y me dice “Vicente este partido no lo podemos perder”, me hace la cabeza y después me dice “y nos falta uno porque (no me acuerdo cuál amigo periodista no iba a poder ir) no conseguimos a nadie, así que por más que vayas con un ojo medio abierto y el otro cerrado vení que tenés que jugar”.
Yo fui con los dos ojos abiertos porque arreglé mis cosas para dormir temprano, fui al partido y puse toda mi pasión como solía hacerlo. También es cierto que comparado con el resto de “Crisis” adquirí ahí un protagonismo, porque los otros jugaban bastante mal. La cosa es que por suerte, porque la suerte interviene mucho en el fútbol, íbamos cero a cero y como en las películas para chicos, jugábamos con alma y vida, ellos jugaban mejor pero no podían hacernos un gol. Y ya cuando terminaba el partido veo que uno del equipo nuestro corre y siento que es la oportunidad, corro y me quieren agarrar pero llego hasta el arco y le pego a la pelota en el aire y de cabeza metí el gol.
Ese gol y esa jugada Eduardo la registra en Días y noches de amor y de guerra. Pasan los años y cuando alguna gente joven me habla de fútbol yo cuento que jugaba bien, pero como ahora soy un hombre grande, con el pelo todo blanco me miran como si mintiera o tuviera grandes fantasías. Entonces yo esgrimo la prueba fundamental y los mando a leer ese libro y ese cuento. Así que Eduardo, aunque uno no sabe si cuando hablamos de ellos los muertos queridos nos escuchan, yo gracias a él pude más de una vez decir con emoción y orgullo que cuando jugaba al fútbol jugaba bien.
Fuente: Rebelión
Envio:RL

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