2 de septiembre de 2020

JUICIO CONTRAOFENSIVA MONTONEROS: Cronicas del los dias 42 y43.

Crónicas del juicio -día 42- El vértigo del olvido
María Lidia Carrasco trabajaba en la Brigada Femenina de San Martín en el ’79. Su testimonio fue breve y plagado de olvidos que ponen en evidencia, más que nunca, la naturaleza caprichosa de la memoria. (Por El Diario del Juicio*) 

✍️ Texto 👉 Fabiana Montenegro

💻 Edición  👉 Martina Noailles/Fernando Tebele


📷 Fotos 👉  Gustavo Molfino/El Diario del Juicio



El diccionario define a la memoria como la “capacidad, mayor o menor, para recordar” (Moliner 1998) (recordar: retener cosas en la mente). Este ejercicio de recordar y olvidar es singular y selectivo, según se pudo comprobar en varios testimonios. Carrasco recordará con precisión el color de pelo de sus jefas de entonces: la oficial principal Riglos, castaño oscuro; la comisario Selva Ruth Cisneros Aráoz, cabello teñido caoba. Pero tendrá dificultades para afirmar si entregó, junto con otros compañeros, a tres niñas menores a sus abuelos. Se trata de las hijas de Regino González, secuestrado con toda su familia. O, como insistirá más adelante Pablo Llonto, si intervino en un episodio en el que hubo periodistas. Carrasco se disculpará en cada ocasión:

—Lamento no poder recordarlo, hice tantas diligencias para pagar el derecho de piso. 
Mariana González declaró como testigo en la audiencia número 12 de este juicio. En su testimonio aseguró haber estado en la Brigada Femenina de San Martín, junto a sus dos hermanas, entre el 13 y el 21 de septiembre de 1979. Ese día, las tres fueron llevadas a la casa de sus abuelos en Wilde. 


***

Durante el año que estuvo en la Brigada, antes de ir a hacer el curso de oficial a La Plata, Carrasco realizó funciones de cabo de guardia. De ese período, pudo aportar en su testimonio que allí se alojaban a mujeres y a niños y niñas antes de ir a Institutos de menores. Recordó “vagamente” que eran niños de 11 años y “quizá de menos edad”, luego de insistentes preguntas de la fiscal Sosti:

—Algunos estaban transitoriamente, los jueces ordenaban el alojamiento por poco tiempo cuando se los abandonaba, les hacían estudios médicos. Nosotros cumplíamos órdenes de los jueces de menores —repetirá la testigo como un latiguillo.  
—¿Recuerda haber escuchado algo sobre la lucha contra la subversión? —pregunta Sosti.
—No entiendo la pregunta.
—¿Usted supo que la policía era una de las fuerzas abocadas a la lucha contra la subversión?
—Sí, se hablaba…
—¿Recuerda algún comentario?
—Era todo muy cerrado en jerarquías de mando, yo era una aspirante a agente y no tenía acceso. Había un Casino en las fuerzas de seguridad separado entre oficiales y suboficiales. Todo reservado. 

Carrasco parece desconocer el rol que las estructuras policiales desempeñaron en el despliegue de la represión, su participación para liberar zonas y para prestar sus instalaciones como centros de reclusión ilegales o para el traslado de la víctima hacia otro centro. En este sentido, la Brigada Femenina de San Martín cumplió la siniestra función de ser un depósito momentáneo de niños y niñas cuyos padres y madres habían sido secuestrados. De hecho, algunos testigos describieron, en audiencias anteriores, su paso por un lugar que podría corresponderse con este establecimiento, por eso la fiscal Sosti insiste:
—¿Había un comedor dentro de la Brigada? ¿Usted accedió a la parte de la Brigada donde estaban alejados los menores? ¿Qué espacios físicos podían ocupar o transitar?
Luego de repetir cada pregunta como una alumna frente a un examen, Carrasco recordará que en la Brigada había un comedor, el Casino, la cocina, los calabozos de las internas y un patio. También que dentro del Casino había un televisor. Y agregará que “eran muy madrazas las compañeras”, en referencia a otras policías de la Brigada. 
Más adelante, pronunciará una frase que queda inconclusa: 

—Muchas veces íbamos a acompañar…
Con una actitud menos paciente que Sosti, a su turno, la jueza María Claudia Morgese Martín no dejará pasar el comentario:
—Usted habló de bebés abandonados en un cesto… incluso dijo “recuerdo haber acompañado”, ¿qué? —le deja la frase para completar.
 —Nos mandaban de custodia a llevarlos ante el juez, a los médicos, al hospital para hacer los exámenes, íbamos a acompañarlos –responde Carrasco, y busca otra vez el desvío—. Yo hacía tareas diferentes… era ayudante de guardia, no recuerdo específicamente haber entregado menores. Había menores en las dependencias, recibíamos los oficios de los jueces. No puedo aportar demasiado porque era aspirante no era oficial de servicio.
—Mi pregunta es puntual –ajusta Morgese— ¿Usted vio algún oficio firmado por el juez?
—No los veía.
—¿Vio alguna vez una mujer amamantando un bebé en la Brigada?
Pese a haber hecho referencia a ese episodio en su declaración de octubre de 2009 donde manifestó que “era común ver a madres amamantando sus bebés” y reconocer su firma al pie, Carrasco dice:
—No recuerdo. Son muchos años.

Es sabido que la infinidad de rituales y hábitos que se incorporan en la vida diaria forman parte de un recordar automatizado; es el compromiso afectivo lo que transforma esos momentos cotidianos y los hace dignos de ser memorables en el tiempo, o de una amnesia (in) voluntaria.



Crónicas del juicio -día 43- El hombre que no quiso saber
El testimonio del General Julio Alberto Conrado Hang era una gran apuesta de las defensas. Sin embargo, terminó en un cruce con la jueza Morgese Martín, quién lo interrogó para saber cuánto conocía de las torturas, las desapariciones y los centros clandestinos de detención. (Por El Diario del Juicio*) 

✍️ Texto 👉 Paulo Giacobbe

💻 Edición  👉 Martina Noailles/Fernando Tebele

📷 Fotos 👉  Capturas de pantalla


Frente a una teleconferencia hay quienes no saben en qué lugar de la casa sentarse, descuidan el fondo que la imagen captará y salen con ropa de entrecasa. En cambio, hay otras personas muy cuidadosas con esos detalles. El General de división retirado Julio Hang integra este último grupo. De saco e impecable nudo de corbata, combinando el rojo y el azul, se presenta como testigo de las defensas en el juicio que investiga los crímenes de la represión a la Contraofensiva de Montoneros. A la espalda de Hang, se puede ver una prolija biblioteca nutrida, donde se adivina algún premio o condecoración, motivo de orgullo del testigo experto en la reglamentación castrense. Pese a su esmero, Hang olvida tener su documento a mano para que el tribunal pueda constatar su identidad. Ese pequeño descuido, de haber ocurrido durante los años de Terrorismo de Estado, le podría haber costado la vida. 

“Pasé a retiro en diciembre de 2003. Realicé durante la carrera todos los cursos que son obligatorios, en particular soy Oficial del Estado Mayor del Ejército argentino. Soy también Oficial del Estado Mayor del Estado Mayor Conjunto argentino”, explica Julio Hang sobre su vasta formación, que incluye haber realizado cursos de la OEA y en Estados Unidos. Según sus palabras, durante la guerra de Malvinas estuvo en Planeamiento y operaciones del Teatro de Operaciones Sur, en Comodoro Rivadavia. Entre otros destinos, fue  a Bolivia como profesor del Colegio Militar. Fue edecán del presidente Raúl Alfonsín y jefe de la Casa Militar del presidente De La Rúa. En el medio fue heredero militar en Estados Unidos. “Mi último cargo fue Comandante del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba”, dice Hang, quien actualmente es profesor de Posgrado de la UBA y en la Universidad del Salvador. Su declaración fue bastante técnica, pero existieron algunos pasajes por fuera de esa línea. 




En Bolivia, entre los años ‘83 y ‘84, conoció a Jorge Apa, el único imputado de este juicio que ya fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Ana María Martínez, militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Trabajaron juntos. En cambio, a Cinto Courtaux lo conocía desde la Escuela Militar pero nunca hablaron de la lucha contra la subversión porque hablaban de otras cosas. De la Contraofensiva de Montoneros escucho hablar más en los medios de comunicación de los últimos tiempos que en esa época. Sobre los centros clandestinos de tortura y exterminio, mencionados por el Ejército como lugar de reunión para detenidos subversivos, apenas escuchó que existían. 

—¿Nos podría contar, contarle al tribunal, qué escuchó, dónde estaban ubicados? —pregunta el abogado querellante Pablo Llonto.
—No, dónde estaban ubicados no tengo idea. Pero sí que escuché que aquellos que eran detenidos en acciones subversivas, iban dete… —titubea unos segundos Hang hasta que remonta— iban reunidos, iban a lugares de reunión de detenidos —contesta sin poder precisar quién se lo contó por no recordarlo. “Pero era vox populi, digamos, no era una cosa oculta. Era conocido en el Ejército que en los lugares donde se llevaba al personal que era detenido en operaciones de lucha contra la subversión era un lugar de reunión”, sostiene el militar retirado que no pudo brindar ninguna información de la ubicación de ninguno de esos lugares: “Supongo que la ubicación estaría más bien bajo control de los comandantes de zona, y consecuentemente ellos podrían haber sabido esa información”. Sin siquiera “tener idea” si esa información llegaba a la jefatura 2 de Inteligencia. 

Mejor no saber

“Era lugar de detención. Es decir allí eran enviados para ser, estar, permanecer detenidos”, amplía el testigo de la defensa sobre el significado de “lugares de reunión”.   

¿Sabe si había algún registro sobre hora, día en que eran detenidos? —le pregunta la jueza María Claudia Morgese Martín. 
—Si había registro, alguien lo debía hacer. Yo no tengo idea. Nunca estuve en un lugar, no sé cómo era el funcionamiento... —se defiende Hang, y aclara que tampoco nunca, ningún compañero, le habló de eso. Ignorando además si existía un límite de tiempo para las detenciones o si la justicia era informada. 
—¿Sabe qué cargo, o en cabeza de qué personas estaba a cargo la detención específicamente, y en medio de qué circunstancias se realizaban las detenciones? —quiere saber la jueza.
—Entiendo que eran múltiples y diversas —contesta Hang
—Eso sí, ¿pero modos?
—No. 
—¿No sabe modos ni cuántas personas iban?
—No.
—¿Nunca se enteró a posteriori ya con los libros de hoy?
—A posteriori supe que hubo operaciones que se realizaron en diversos lugares y que el resultado de eso fue la detención de determinadas personas... pero no… no…
—Eso es genérico, y es un esquema y lo conoce cualquiera. Usted, con su cargo, su profesión y su experiencia, ¿Sabe por algún comentario cómo eran las detenciones, en qué circunstancias se hacían y cómo eran trasladados los detenidos? ¿En qué condiciones físicas eran trasladados los detenidos? ¿Si esposados, encapuchados, atados o alguna otra situación, si es que lo sabe y si es que esto fue así?
—No lo sé...

Hang afirma que eran temas reservados: “Era cuestión reservada a aquellos que tenían responsabilidades ejecutivas. Es decir yo nunca lo hice, ni lo vi hacer, ni lo ordené hacer. Con lo cual no tengo idea exacta de cómo podía ser”. Finalmente admite que con algún compañero había hablado de manera coloquial sobre el tema: “Alguna vez escuché a alguien que decía que habían hecho una operación y alguno de los resultados de la operación era que había gente que había ido a parar a un lugar de detención, pero no sé ni quiénes eran, ni cuándo fueron, ni cómo era la forma de traslado, ni cómo estaban allí alojados”. 

—Ahora una pregunta, ya a nivel personal —insiste la jueza—. Y le vuelvo a repetir: con toda la historia y lo que estamos juzgando. Usted como militar, enterándose de lo que hasta se dice de los militares en esa época, ¿nunca se interesó por eso? ¿Nunca se interesó en preguntar si esto fue así o cómo fue?



La respuesta del militar retirado presentado por la defensa es contundente: “Señora, realmente no me interesaba saber. Escuché las cosas, leí los diarios de la época y he leído después ya retirado un montón de escritos y comentarios, he sido testigo presencial en otros juicios también, y he escuchado este tipo de cosas, pero no me consta, no las retuve, era una situación que no me gustaba para nada, y esa es un poco la experiencia. No quise saber más...”
El hombre que no quiso saber es consultado por la fiscal Gabriela Sosti acerca de si es habitual que el Ejército tenga lugares clandestinos de detención. “Nunca tuvo, excepto en esa época”, fue la concisa respuesta. Pero en realidad la línea es delgada, muy delgada. Durante la mal llamada Campaña del desierto existieron campos de concentración, no solo en Patagonia. Los prisioneros fueron trasladados cruelmente y muchas de las prácticas criminales del ejército fueron replicadas en 1976 por la última dictadura genocida.  

Lugares de reunión de detenidos

Julio Hang es consultado por el abogado de los represores, Hernán Corigliano, acerca de si existía la denominación “lugares de reunión de detenidos” en los manuales castrenses. No puede recordarlo. Pero traza un paralelo entre el Terrorismo de Estado y una guerra: “olvidémonos de la época y pensemos en una operación militar de defensa donde se captura personal enemigo. Ese enemigo es llevado a un lugar de reunión. Porque las tropas en contacto no tienen ninguna función relacionada con los detenidos. Entonces se crean los lugares de reunión. Imaginémonos en Siria o en Yemen, o en Irak, los que son detenidos no quedan en manos de quienes los detuvieron, sino que son remitidos a lugares de detención. Esto es operativamente lo razonable. Entonces si yo sabía que existían lugares donde los que eran detenidos en circunstancias distintas eran remitidos, esa era la acción natural”. Todos los ejércitos del mundo actúan de esa manera en los conflictos, naturaliza Hang, que al fin y al cabo para algo había sido llamado. 
La última pregunta està relacionada a la eliminación de archivos y documentos: 

—¿Cuál sería su mirada respecto de la orden de quemar la documentación vinculada a la lucha con la subversión? ¿Dónde usted entiende que puede tener un fundamento esa orden de destrucción de documentación? —pregunta el presidente del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers.
—En la intención de ocultar algo. Porque en general después de algunos conflictos armados donde los resultados no han sido buenos, ha habido también intenciones de eliminar algunas órdenes que pudieran recaer en los que impartieron órdenes o algo por el estilo. Pero en este caso particular no sé exactamente las causas, pero me imagino, como se imaginará usted, que lo que se quema es para que no sea analizado por otros, ¿verdad?

De ese modo, con un militar preguntando ¿verdad?, finaliza la audiencia número 43 del juicio por la represión a la Contraofensiva de Montoneros. 


*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario